domingo, 21 de julio de 2019

Tinitus: poesía y de cantar rancheras…



Tinitus: poesía y de cantar rancheras…

En la duemevela de mis tiníticas chicharras, a mi mente acudió repetitivo, aquel poema de Ezequiel Bujanda: No toques ese vals cierra ese piano, no broten nunca de tu blanca mano, esas notas que invitan a llorar”; pero resulta que estaba equivocado, pensé que aquel era un poema titulado, “Música triste” cuyo autor,  que era Andrés Mata, se preguntaba… ¿Un amor que se va? ¡Cuántos se han ido! Otro amor llegará más duradero y menos doloroso que el olvido.  

Aquel poema de Bujanda, cuya primeras letras conocía, “Sobre las olas” se llamaba, y fue ese mismo día, cuando logré leerlo totalmente, y era lóbrego y triste, ¡demasiado!, tanto me pareció, que regresé a pensar en la oración de Bello, el rezo aquel, “por todos”, el que culminaba, arrancado una lágrima, un suspiro que llegaba hasta el lóbrego retiro para hacer al helado polvo rebullir.  No pude dormir más, y para mi consuelo, recordaría que es el alma cual pájaro inseñero, que roto el nido en el ruinoso alero, bajo otro alero reconstruye el nido. Me dije entonces que Andrés Mata (ver), tenía mucha razón: mientras más torturado y abatido, el corazón del hombre es más sincero, y por ruda tormenta sacudido, florece hasta morir el limonero.

Todo había comenzado por estar “tiniqueteado”, y pensando, en la letra de un corrido mexicano, tan mentado que recordé, que sí, lo había cantado, por allá, no en la hacienda de La Flor… A la historia triste de un ranchero enamorado me refiero, que fue borracho jugador y parrandero… Entonces, me vi de nuevo en una casa en San Antonio de los Altos, estaba cantando a duo, con un amigo colombiano... Mexicanísimos, cantábamos los dos, Gerzaín y yo, cual si fuésemos cuates, tal vez compadres… ¡Como hermanos! “Pistola en mano se le echaron a montón. Estoy borracho les gritaba y soy buen gallo”…Tras muchos años sin saber nada de él, la suerte me lo había presentado, pues sin pensarlo, un par de meses antes lo había detectado, por allá en Bogotá: a poco… mejor les cuento…

A Gerzaín Rodríguez Toro lo había invitado a participar en el Primer Simposio de Patología Ultraestructural, en Maracaibo. ¡Muchos años atrás! Fue en abril del año 1971, can you imagine that?,  acostumbraba a preguntarme otro amigo, el neuropatólogo cubano: Julio Martínez… Este otro, mi amigo colombiano, era de su país, el número uno en la ultraestructura de las enfermedades virales. Puedo mostrar la foto de Gerzaín, joven de pelambre hirsuta, quien en el 71, aparece entre los maestros Wenger y Pérez Tamayo (ver). Como dice el bolero, “pasaron desde aquel ayer, ya tantos años”, hasta que sería en 1995, cuando me invitaron a un Curso Internacional de Microscopía Electrónica en Santa Fé de Bogotá, donde no reconocía a un señor calvo quien intervenía para hacer un sin fin de acertadas preguntas, y quien resultó ser, ¡el propio Gerzaín! Poco tiempo después, casi al año siguiente, yo lo invité a Caracas y nos dio un par de conferencias en nuestro Instituto de la UCV. Fue en aquella ocasión, cuando juntos cantamos el corrido de Juan Charrasqueado y nuevamente, han pasado desde aquel ayer ya muchos años, pero por internet sé que él está bien y me contenta saber que sigue siendo un gran patólogo del hermano país, ahora luciendo así:(ver).

Gerzaín Rodríguez Toro me relató su historia. Era hijo de una familia campesina de Villeta (Cundinamarca), y fueron obligados a migrar a Bogotá durante la violencia bipartidista de los años cuarenta. Gerzaín Rodríguez Toro, hoy se ha convertido en un destacado patólogo en el hermano país y en el exterior, con más de 120 publicaciones sobre dermatopatología y patología de las enfermedades infecciosas, así como varios premios otorgados por instituciones como el Colegio Iberoamericano de Dermatología, la Sociedad Colombiana de Ciencias Biológicas, y recientemente fue ganador del Premio Nacional de Medicina de Colombia.

Esta historia, que parece estar ya algo enredada. Se inició en una duermevela “tiniqueteada” cuando recordé a Ezequiel Bujanda un poeta natural de Cabudare, (ver), y por eso, desde allí, pasé imaginariamente a Barquisimeto donde tengo tantos colegas patólogos conocidos,  y es que no he vuelto desde hace años, quizás estuve pensando en el Cordon-Blue del Colegio de Médicos del Estado Lara, pero con el recuerdo de Bujanda me llegó la imagen de otro Ezequiel, seguramente por culpa del corrido de Juan Charrasqueado pues este Ezequiel, es precisamente mexicano. Ezequiel Velez Gómez, a quien sus amigos apodan “el Cheke”, y quien a mí, me recuerda al “flaco de oro”, Agustín Lara, sin la cicatriz, claro está, pero es un cuate de una contagiosa simpatía, y es gran patólogo, y con Guillermo Juárez y Alfredo Ávila son cofradía y mueven con fortuna el ejercicio de la patología,  allá, en la patria chica de nuestro maestro inolvidable, Mario Armado Luna.

A propósito del compositor jarocho, dicen que no se sabe con certeza el lugar y la fecha de su nacimiento, sin embargo, Agustín Lara (ver) señalaba ser originario de Tlacotalpan, Veracruz, donde pasó una buena parte de su infancia. En su canción Veracruz, Lara celebraba el lugar donde creció, expresando su deseo de regresar al sitio de la luna y las olas plateadas... “Yo nací­ con la luna de plata, nací­ con alma de pirata, he nacido rumbero y jarocho, trovador de veras, y me fui lejos de Veracruz…  Veracruz, rinconcito donde hacen su nido las olas del mar, Veracruz, rinconcito de patria que sabe sufrir y cantar.  Veracruz, son tus noches diluvio de estrellas, palmera y mujer, Veracruz, vibra en mi ser, algún dí­a hasta tus playas lejanas tendré que volver”. Con estos detalles musicales, dedicados a Lupita y a mi hermano Fernando, cierro hoy este repertorio disparatado esperando les haya distraído, un poco...

Mississauga, Ontario, lunes 22  de julio, del 20119


1 comentario:

Ana Carvajal dijo...

Excelente escrito Dr Tamayo, andaba yo buscando su paradero y he aquí, serendepidad, me encontré con un poeta, de los que todavía creen en la magia de la luna, a pesar que el hombre rompió su encanto hace 50 años, en tan épica hazaña el inolvidable Neil Armstrong.

Dr si es tan amable, me puede escribir al correo: anacarvajal09@gmail.com. o al correo tomcar@gmail.com

Gracias y saludos !

Mis respetos de siempre.

Ana Carvajal.