martes, 2 de julio de 2019

Kafka y el insomnio


Kafka y el insomnio

Los investigadores Antonio Perciaccante y Alessia Coralli publicaron en la revista The Lancet Neurology (2016; 15: 1014) un artículo sobre el efecto del insomnio y la parasomnia en la obra creativa de Kafka, donde le dedican especial atención al efecto hipnótico o alucinatorio que la privación de sueño pudo generar en él. Perciaccante y Coralli planteaban que el escritor checo encontró una inesperada fuente de expresión y creatividad en ese instante específico en que el sueño parece sobrevenir al crearse una frontera un tanto vaga entre la realidad de la vida diurna y la vida onírica. 

Los investigadores se detienen en plantear el posible efecto un tanto hipnótico y hasta  alucinatorio que la privación del sueño pudo generar en Kafka, transformándose en algunas de las “visiones” que pueblan sus escritos. Consideran los autores del trabajo en The Lancet Neurology que en el instante en el cual, parece sobrevenir el sueño, se crea una especie de paréntesis entre la conciencia y la pérdida de la misma y sería en ese momento cuando aparentemente en la mente de Kafka llegarán a surgir algunos de sus pensamientos más sorprendentes. 

Perciaccante y Coralli, piensan que Kafka encontró la forma de mantenerse ahí, y  sostener ese estado ambiguo entre la vigilia y el sueño, logrando sacarle provecho y utilizarlo para escribir. Como para darle soporte a dicha propuesta, ellos citan como en una entrada en su diario el 2 de octubre de 1911, Kafka escribió: “Noche de insomnio. Es ya la tercera de la serie. Me duermo bien, pero una hora después me despierto como si hubiese metido la cabeza en un agujero equivocado...Duermo literalmente junto a mí, mientras yo mismo tengo que andar a golpes con los sueños... ...En resumen, me paso toda la noche en el estado en que se encuentra una persona sana unos breves instantes, antes de dormirse realmente. Cuando me despierto, todos los sueños se han congregado en torno a mí, pero evito pasarles revista en mi memoria…… Creo que este insomnio se debe únicamente a que escribo…

El análisis de los escritos de Kafka, ha sido objeto de diversos estudios que parecen señalar indubitablemente que el escritor checo padecía de trastornos del sueño que incluían el insomnio y la parasomnia y evidentemente, él utilizaría estos, que eran sus problemas personales, para enriquecer su lenguaje literario. De esta manera vemos como en 1910 él mismo afirmaría: “Yo creo que mi insomnio me llega, solamente porque escribo”. En carta a Max Brod en 1922, Kafka le escribió: Quizás existan otra formas de escribir, pero esta es la única que yo conozco; en la noche, cuando el miedo me mantiene despierto, y esa es la única manera que yo conozco”. Aaron Mishara señaló que Kafka escribía viviendo un trance, especie de actividad Dionisíaca nocturnal que le permitía penetrar en los abismos de una oscuridad sin fin.  (Mishara AL. Phil Ethics Human Med. 2010; 5: 13). De acuerdo con el examen de estas y de otras muchas otras citas referidas a su diario y a su correspondencia, Kafka torturado por un incesante insomnio, lo sabía aprovechar para en esos viajes, (en términos Jungianos) profundizar en su inconsciente. 

En otro artículo escrito en Sleep Sci. (2016 Jan-Mar); Alessia Coralli y Antonio Perciaccante examinaron nuevamente la coexistencia de los trastornos del sueño y desórdenes psiquiátricos en los jóvenes y extenderán sus comentarios, señalando como a partir del diario y de las cartas a Milena, se hace evidente en Franz Kafka, su personalidad insegura, ansiosa, frágil y depresiva como una muestra de su melancólica relación con sus familiares, amigos y con las mujeres amadas, lo cual conforma el status de una persona con tendencias autodestructivas, alienada por el mundo que le rodeaba. En un trabajo más reciente titulado The insomnia of Franz Kafka publicado en Sleep Medicine (Vol 50, Octubre 2018), A.Iranzo, A.Stefani, B.Högl y J.Santamaria señalan como Kafka muestra 292 referencias relativas al insomnio, las que sin duda sirven para destacar su compleja personalidad con las frustraciones y pensamientos negativos que conllevaría su excesiva preocupación por el insomnio, así como su intolerancia al ruido.

La enfermedad obligaría a Kafka a pasar largas temporadas en diversos sanatorios, primero en los Alpes italianos y finalmente en Kierling, cerca de Viena. A pesar de la enfermedad, de la hostilidad manifiesta de su familia hacia su vocación literaria, y de cuatro tentativas matrimoniales frustradas, en 1920, el encuentro con la traductora y periodista checa Milena Jesenská se transformó en una relación profunda, testimoniada en las Cartas a Milena, quien casada con otro hombre, a partir de 1921 comenzaría también a distanciarse de él. Todas estas circunstancias influenciarían las narraciones del escritor checo, tanto que la lengua común ha incorporado el adjetivo kafkiano para referirse a una situación particularmente absurda y angustiosa.

La existencia atribulada de Kafka se refleja en una especie de pesimismo irónico que impregna toda su obra, con un estilo que transita desde lo fantástico al realismo estricto. Esa manera de escribir donde se hace difícil captar el principio ni el fin, lo ha colocado a la cabeza de la renovación del género novelístico en las primeras décadas del siglo XX, con los grandes maestros Marcel Proust, James Joyce y William Faulkner.

Mississauga, Ontario, martes 2 de Julio, de 2019

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