Kafka y el insomnio
Los investigadores Antonio Perciaccante
y Alessia Coralli publicaron en la revista The Lancet Neurology (2016; 15: 1014) un artículo sobre el efecto del insomnio y la
parasomnia en la obra creativa de Kafka, donde le dedican especial atención al
efecto hipnótico o alucinatorio que la privación de sueño pudo generar en él.
Perciaccante y Coralli planteaban que el escritor checo encontró una inesperada
fuente de expresión y creatividad en ese instante específico en que el sueño
parece sobrevenir al crearse una frontera un tanto vaga entre la realidad de la
vida diurna y la vida onírica.
Los investigadores se detienen en plantear
el posible efecto un tanto hipnótico y hasta
alucinatorio que la privación del sueño pudo generar en Kafka,
transformándose en algunas de las “visiones” que pueblan sus escritos. Consideran
los autores del trabajo en The Lancet Neurology que en el instante en el cual, parece sobrevenir el
sueño, se crea una especie de paréntesis entre la conciencia y la pérdida de la
misma y sería en ese momento cuando aparentemente en la mente de Kafka llegarán
a surgir algunos de sus pensamientos más sorprendentes.
Perciaccante y Coralli, piensan que
Kafka encontró la forma de mantenerse ahí, y
sostener ese estado ambiguo entre la vigilia y el sueño, logrando
sacarle provecho y utilizarlo para escribir. Como para darle soporte a dicha
propuesta, ellos citan como en una entrada en su diario el 2 de octubre de
1911, Kafka escribió: “Noche de insomnio. Es ya la tercera de la
serie. Me duermo bien, pero una hora después me despierto como si hubiese
metido la cabeza en un agujero equivocado... …Duermo literalmente junto a mí,
mientras yo mismo tengo que andar a golpes con los sueños... ...En resumen, me
paso toda la noche en el estado en que se encuentra una persona sana unos
breves instantes, antes de dormirse realmente. Cuando me despierto, todos los
sueños se han congregado en torno a mí, pero evito pasarles revista en mi
memoria…… Creo que este insomnio se
debe únicamente a que escribo…
El análisis de los escritos
de Kafka, ha sido objeto de diversos estudios que parecen señalar
indubitablemente que el escritor checo padecía de trastornos del sueño que
incluían el insomnio y la parasomnia y evidentemente, él utilizaría estos, que
eran sus problemas personales, para enriquecer su lenguaje literario. De esta
manera vemos como en 1910 él mismo afirmaría: “Yo creo que mi insomnio me
llega, solamente porque escribo”. En carta a Max Brod en 1922, Kafka le escribió: “Quizás
existan otra formas de escribir, pero esta es la única que yo conozco; en la
noche, cuando el miedo me mantiene despierto, y esa es la única manera que yo
conozco”. Aaron Mishara señaló que Kafka escribía viviendo un trance, especie
de actividad Dionisíaca nocturnal que le permitía penetrar en los abismos de
una oscuridad sin fin. (Mishara AL. Phil
Ethics Human Med. 2010; 5: 13). De acuerdo con el examen de estas y de otras
muchas otras citas referidas a su diario y a su correspondencia, Kafka
torturado por un incesante insomnio, lo sabía aprovechar para en esos viajes,
(en términos Jungianos) profundizar en su inconsciente.
En otro artículo
escrito en Sleep Sci. (2016 Jan-Mar); Alessia Coralli y Antonio Perciaccante examinaron nuevamente la
coexistencia de los trastornos del sueño y desórdenes psiquiátricos en los
jóvenes y extenderán sus comentarios, señalando como a partir del diario y de las cartas a Milena, se hace
evidente en Franz Kafka, su personalidad
insegura, ansiosa, frágil y depresiva como una muestra de su melancólica
relación con sus familiares, amigos y con las mujeres amadas, lo cual conforma
el status de una persona con tendencias autodestructivas, alienada por el mundo
que le rodeaba. En un trabajo más reciente titulado The insomnia of Franz Kafka publicado en Sleep Medicine (Vol 50, Octubre 2018),
A.Iranzo, A.Stefani, B.Högl y J.Santamaria señalan como Kafka muestra 292 referencias relativas
al insomnio, las que sin duda sirven para destacar su compleja personalidad con
las frustraciones y pensamientos negativos que conllevaría su excesiva
preocupación por el insomnio, así como su intolerancia al ruido.
La enfermedad
obligaría a Kafka a pasar largas temporadas en diversos sanatorios, primero en
los Alpes italianos y finalmente en Kierling, cerca de Viena. A pesar de la
enfermedad, de la hostilidad manifiesta de su familia hacia su vocación
literaria, y de cuatro tentativas matrimoniales frustradas, en 1920, el
encuentro con la traductora y periodista checa Milena Jesenská se transformó en
una relación profunda, testimoniada en las Cartas a Milena, quien
casada con otro hombre, a partir de 1921 comenzaría también a distanciarse de
él. Todas estas circunstancias influenciarían las narraciones del escritor
checo, tanto que la lengua común ha incorporado el adjetivo kafkiano
para referirse a una situación particularmente absurda y angustiosa.
La existencia
atribulada de Kafka se refleja en una especie de pesimismo irónico que impregna
toda su obra, con un estilo que transita desde lo fantástico al realismo
estricto. Esa manera de escribir donde se hace difícil captar el principio ni
el fin, lo ha colocado a la cabeza de la renovación del género novelístico en
las primeras décadas del siglo XX, con los grandes maestros Marcel Proust, James Joyce y William Faulkner.
Mississauga, Ontario, martes 2 de Julio, de 2019
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