sábado, 20 de julio de 2019

Mi primo Ernesto ( 1 )


Mi primo Ernesto ( 1 )

He sentido la necesidad de escribir algunas vivencias sobre mi primo Ernesto y antes de que mis palabras se perciban como la evaporación de su recuerdo en mi imperfecta y a veces traicionera memoria. Así quiero, tener el valor de expresar en palabras los pensamientos que llegan a mí mente como lejanos e inolvidables recuerdos. Para poder hablar a través de mi blog (lapesteloca.blogspot.com), me he visto obligado a dividir el texto en dos partes. 

Ernesto García Mac Gregor era nuestro primo-hermano, con quien crecimos y a quien vimos formarse como médico ejemplar, académico, escritor, especialista en reumatología reconocido internacionalmente y en el país; Ernesto fue muy querido y respetado en nuestra Maracaibo natal. Ernesto, era el hijo menor de mi tío José García Nebot y de Paulina Mac Gregor. Su papá era un viajero empedernido, fotógrafo laureado en varios eventos y cineasta quien llegó a filmar un largometraje en color con 16mm, sobre un viaje en auto por los Estados Unidos “Al volante Belén”. Ernesto era el hermano menor de Ricardo, de Guillermo y de Belén, quien con Marina García Araujo eran nuestras don únicas primas hermanas hembras, ambas algo mayores que nosotros, los 4 varones García Tamayo. Nuestro primo Ernesto, encajaba a la perfección entre los dos menores, Carlos y Lorenzo y los dos mayores Fernando y yo, Jorge. 

Mi tío José con su familia estuvo viviendo unos años fuera del país y construyó en 1942 una casa de dos pisos (La Alquería) en el terreno al lado de la nuestra (Los Arrayanes) donde vivíamos desde 1940, en la avenida Santa Rita todavía recién asfaltada. Realmente conocimos a Ernesto cuando después de pasar varios años en La Florida llegó con sus padres y su hermana a vivir en “la casa de al lado”. Era un carricito de pantalón corto, muy decente y quien además, también hablaba inglés. Nosotros, los primos vecinos de “al lado”, éramos “los báquiros”, así nos decía mi papá y desde aquel entonces, ¡cuántas cosas aprenderíamos de nuestro primo Ernesto!, quien al inscribirlo en el Gonzaga, preguntaría si en aquel colegio, de curas, estaba permitido “anemorarse”…

La Alquería sería testigo de incontables aventuras protagonizadas por nuestro ingenioso primo hermano, Ernesto. Su habitación estaba en una esquina de la planta baja, pero él poseía un “cuarto de jugar” ubicado en la azotea del segundo piso donde él era el cabecilla, para llevar adelante curiosas ideas como las de oscurecer el ambiente para crear una “casa del terror” con fantasmas que aparecían entre arañas y serpientes, y era que además contábamos con numerosos huesos humanos, y dos cráneos, todos procedentes de un saco, o costal, que eran una especie de herencia de su hermano mayor Ricardo, quien había estudiado Medicina en la Universidad Javeriana y se trajo sus macundales desde Colombia al abandonar la carrera. En el que fuera su cuarto que daba a la misma azotea, existía una biblioteca cuyos tratados de Medicina hojeábamos con curiosidad admirando las láminas en colores de horrendas lesiones en tratados de Patología Médica. Recuerdo haber sabido sobre la epífisis como el tercer ojo en un libro del Dr Gregorio Marañón. De allí procedían los 4 tomos de la Anatomía de Testüt Letarjet que sirvieron para que hermanos, primos y otros familiares estudiásemos el primer año de Medicina en la Universidad del Zulia.

El tema de los dos costales de huesos, algunos hermosamente barnizados, los que usábamos para jugar durante nuestra infancia y adolescencia, tras extraños y misteriosos sucesos de origen oscuro, terminarían por ser sepultados por mi tío. Desde la azotea de La Alquería mirábamos el patio trasero de un restaurant chino que hacía esquina con la avenida Bella Vista, y desde allí veíamos secarse, los cueros de gatos colgados al sol en las cuerdas para la ropa. Nunca pedimos comer en aquel “lestolant”. Igualmente era en la parte trasera de La Alquería debajo de copudos mangos y entre la grama, el sitio donde cazábamos iguanas y con Ernesto “las operábamos”. Al final les cerrábamos de nuevo el abdomen que cosíamos con una “sedalina” de color rojo y llegamos a cazar en alguna oportunidad a alguna de nuestras pacientes sobrevivientes que indemnes, podíamos identificar por las visibles suturas.  

El 28 de agosto del año 1960 fallecería en Maracaibo la mamá de Ernesto, Paulina Mac Gregor. Mi tío José consideró que Ernesto debería irse unos meses a Nueva York y me pidió que lo acompañase en el viaje. Ambos estudiábamos Medicina y nos ausentaríamos en un receso entre septiembre y octubre de ese año 1960. Llegamos con mi tío al apartamento de mi prima Belén quien residía en ese entonces en Manhattan con su esposo y sus tres hijos que para aquel entonces eran unos chamos. Ernesto quien hablaba buen inglés se transformó en mi maestro y guía, para que escudriñásemos la gran manzana de arriba abajo. Nos moveríamos por el Metro que en aquellos días era un modelo de limpieza con letreros donde decía “Spit is punished by the law”. Un par de años más tarde, tras el asesinato de Kennedy, la guerra de Vietnam se intensificaría y con “la revolución de los sesenta” el mundo se transformaría por completo y el metro pintarrajeado de grafitis se volvería un sitio peligroso, como cualquiera puede verlo en incontables películas de Hollywood.

Pero en 1960, fue el Metro de Nueva York el que nos permitió ir desde Manhattan hasta Brooklyn y desde allá hasta el Greenwich Village y de vuelta al Bronx, una y otra vez. Con Ernesto de guía nos metimos en el barrio chino y estuvimos en Harlem donde veríamos a los barbudos cubanos, Fidel y el Che estaban en el hotel Theresa donde también se hospedaba Malcolm X, y decían estar con los negros y los pobres cuando los habían rechazado previamente en otro hotel más lujoso. Allí estuvimos entre el gentío expectante. De Coney Island pasamos a las caminarías a lo largo del Hudson y luego hasta la estatua de La Libertad y no dejamos por fuera ni el edificio Empire State. Todo aquello conformó para mí una increíble experiencia tutelada siempre por la ocurrente y desenfadada guía de mi primo Ernesto.
( Fin de la parte 1:continuará mañana )

En Mississauga, Ontario, Canadá, el sábado 20 de julio del 2019

3 comentarios:

Unknown dijo...

Excelente escrito sobre la juventud de nuestro querido Ernesto, ignoraba algunas cosas que cuentas de él. Seguiré pendiente de tu próximo escrito.

Jorge Hamana dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Jorge Hamana dijo...

Excelente escrito mi doctor....le mando un gran abrazo!!!