viernes, 20 de diciembre de 2019

A mis colegas doctoras ( I )


A mis colegas doctoras ( I )

Preparada como una charla, al no poder ofrecerla verbalmente, por razones de cómo estamos viviendo en el país, decidí colocarla en mi blog lapesteloca.blogspot.com,  y será un regalo navideño para las doctoras patólogas egresadas del Curso de Postgrado de Anatomía Patológica del IAP,UCV… Dividida en tres partes, para facilitar su lectura en el blog, les presento las tres partes de una sola vez.

Antes de dirigirme a ustedes, quisiera identificarme. Siento que debo hacerlo, porque hace ya unos cuantos años, que no tengo contacto personal con las nuevas generaciones de colegas especialistas en Anatomía Patológica. Para quien vivió muchos años en la capital identificándose como “maracucho de la República del Zulia”, creo necesaria esta presentación, no me vengan a decir como en la canción de Perales “¿y quien es él?”. Es que eso, ya me tocó vivirlo  hace 5 décadas. 

Nací un 22 de noviembre del año 1939; lo que significa que tengo ya 80 años cumplidos. Graduado en julio del año 1963 cómo médico-cirujano en la Universidad del Zulia (LUZ), en Maracaibo, mi ciudad natal, tuve la suerte de comenzar temprano en Anatomía Patológica. En febrero del 64, ya había hecho unas 60 autopsias, con un cargo hospitalario sin sueldo, por lo que el doctor Franz Wenger, jefe del Servicio de Patología del hospital Universitario de Maracaibo gestionó para mí una beca con un Club Rotario de Wisconsin. Así pude irme a los Estados Unidos donde permanecí hasta el año 1967. Hice la residencia en patología en la Universidad de Wisconsin, con un año en el Philadelfia General Hospital y en la Universidad de Pennsylvania, hice un curso de microscopía electrónica (ME) en Berkeley-California, y regresé a Maracaibo llamado por la Facultad de Medicina de LUZ, en enero del año 1968. Tuve la suerte de poder trabajar en el Sanatorio Antituberculoso, en un ME que conseguiría el doctor Pedro Iturbe, y con el asesoramiento de Fernández Morán, y allí iniciaría lo que llamaríamos la patología ultraestructural. 

Mi primer contacto con los patólogos de Hispanoamérica fue en el VII Congreso Latinoamericano de la SLAP en Buenos Aires, en 1969, y desde ese entonces, tengo memoria de muchos encuentros en diversos países con los patólogos latinoamericanos, especialmente en las reuniones bianuales de la SLAP y en diversos eventos centroamericanos de patología, todos paralelos a mi permanente actividad en el país desde 1968 con la Sociedad Venezolana de Anatomía Patológica (SVAP). 

Durante los años 1968 a 1973, el Sanatorio Antituberculoso se transformó en hospital General; el director, doctor Iturbe se fue a la Medicina Familiar, y mis técnicos buscaron mejores posiciones. Con todo esto y a pesar de existir ya casi una veintena de publicaciones en revistas indexadas, el jefe del Servicio de AP y los patólogos de mi ciudad no creían en la investigación y el laboratorio de ME comenzó a quedarse desamparado. Esta situación, y la mía personal, se hicieron ambas cada vez más difíciles y complicadas… Decidí entonces aceptar una oferta para trabajar un año como neuropatólogo en el hospital Vargas de Caracas. 

Me fui aprovechando mi año sabático de LUZ, donde era Profesor Asociado de la Facultad de Ciencias Veterinarias ya que a mi regreso de EUA no había conseguido cargo en Medicina. Así, fue como en 1975 me trasladé a Caracas. El director del Instituto de Patología del hospital Vargas para aquel momento, era el Ministro de Sanidad. Tras una intensa actividad en Neuropatología y trabajando con un viejo ME durante un año en el hospital Vargas, logré que el CONICIT me aprobase un nuevo ME, un Hitachi H-500, pero al finalizar abruptamente la gestión en el MSAS el director del Instituto, regresó y decidió plantearme, devolver el nuevo ME al CONICT y me sugirió, que me convendría irme de regreso a mi tierra... 

Decidí entonces pasar del hospital Vargas al Instituto Anatomopatológico (IAP) de la Facultad de Medicina en Universidad Central de Venezuela (UCV) en julio del año 1976, encargándome con el nuevo ME del CONICIT de la Sección de Microscopía Electrónica. El proceso de regularizar mi situación, los llamados trámites de “homologación” del cargo universitario, un sencillo papeleo entre dos universidades nacionales  que debería ser breve, duró tres largos años, y para sobrevivir con sueldo de instructor, y 5 hijos en colegios privados, me puse a pintar, cuadros al óleo, con espátula, muy coloridos, con guajiras y paisajes de mi tierra. Llegué a vender más de un centenar de ellos, y funcionó, pagué deudas... Así fue como me inicié en el IAP de la UCV, incorporado con el nuevo ME, y allí transcurrirían casi 30 años de mi vida, productivos, de los que quiero hablar. Allí ascendería a Profesor Titular y durante 12 años, del 84 al 96, me tocaría la responsabilidad de ser el director de aquel Instituto. 

Repito que permanecí en Caracas de 1975 al 2004. En aquellos años iniciales en el IAP de la UCV y en la SVAP, tuve la suerte de conocer a Mario Armando Luna y comenzamos con una intensa actividad de invitaciones a famosos patólogos latinoamericanos quienes llegaban a dictar cursos y conferencias en el Instituto o asistían a los Congresos de la SVAP. La lista de aquellos patólogos que estuvieron con nosotros y de quienes tanto aprendimos, fue interminable, tan larga que se me escaparían nombres. Prefiero no decir más sobre la importancia nacional de estas reuniones para elevar el nivel en la formación de nuestros estudiantes del postgrado. Internacionalmente el IAP de la UCV estaba muy bien reconocido e igualmente el IAP fue Centro Nacional de Referencia en Anatomía Patológica del Ministerio de Sanidad. Con Eduardo Blasco Olaetxea y el doctor Luna crearíamos una colección de libros, Avances en Patología para actualizar nuestra especialidad, sosteniendo activa nuestra biblioteca, promocionábamos los 5 volúmenes publicados “del Rio Grade a la Patagonia”; todo esto y mucho más, por muchos años desde el IAP de la UCV.

Es aquí justamente donde quiero situar esta historia y espero me perdonarán por el largo prolegómeno, que ha demorado el momento de relatar la maravillosa oportunidad que tuve, al poder conocer, yo diría que serían alrededor de ochenta doctoras, jóvenes estudiantes quienes en aquellos años harían el Postgrado de Patología, y a quienes pude apreciar como seres maravillosos durante los tres años que duraba el entrenamiento de cada una de ellas en el IAP de la UCV. Es sobre ellas, que he querido conversar hoy, un rato… Puedo asegurarles que de todas guardo los más gratos recuerdos, pero sería imposible nombrar a todas. Por otra parte, entiendo que atreverme a hablar de vivencias que reposan en mi subconsciente puede resultar muy arriesgado puesto que el tiempo y la memoria conspiran en mi contra; sin embargo espero traducir en palabras algunos de mis recuerdos pidiendo me excusen por las muchas lógicas omisiones. Acudo al viejo refrán de que “el cariño es el mismo”, con el recuerdo las muchas lágrimas derramadas durante las “palabras de despedida” en cada final de curso, por lo que creo que ellas, húmedamente, testifican la reciprocidad de mi cariño por todas ustedes.

Quisiera hablar sobre muchas mujeres, jóvenes, graduadas como médico-cirujano en distintas universidades del país, quienes decidirían estudiar Anatomía Patológica. Pero todo cuanto pueda decir de aquella época, para mí, estuvo siempre compartido y amparado por la devoción y el cariño de una jovencita que ingresó al IAP de la UCV conmigo en el 76, quien desde aquel entonces fue mi queridísima esposa, histotecnóloga, ultramicroscopista, quien se graduó de psicopedagoga, y fue la madre de dos de mis hijos, Pablo y Fernando. Puedo asegurarles, que absolutamente todo cuanto hice en aquella institución universitaria de la UCV no hubiese sido posible, ni tendría valor alguno, si no hubiese contado con su dedicación, su cariño y decidido apoyo, y estoy convencido, de que el recuerdo de Saudy, será imperecedero para todos quienes en el IAP de la UCV tuvieron la suerte de conocerla. 

Final de la primera parte (continuará).

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