“Barkis quiere”

“-Ya ejecuté su encargo, míster Barkis -dije-, escribiendo
a Peggotty. -¡Ah!
-dijo Barkis. Estaba de mal
humor y respondía secamente. -¿Es que no
lo hice bien, míster Barkis? -pregunté después de un momento de duda. -¡No! -dijo Barkis. -¿No
era aquel su encargo? -Quizá usted hizo
bien el encargo -contestó Barkis-; pero
no ha pasado de ahí. No comprendiendo a qué se refería, repetí
sus palabras, sólo que interrogando: -¿No ha pasado de ahí, míster Barkis? -¡Claro! --explicó, mirándome de lado-. ¡No me ha contestado! -¡Ah! ¿Tenía que haberle contestado?
-dije abriendo los ojos. Aquello daba
una luz nueva al asunto. -Cuando un hombre le
dice a una mujer «que está dispuesto» -dijo
Barkis, volviéndose muy despacio a mirarme-
es como si se dijera que ese hombre espera una contestación. -¿Y bien, míster Barkis? -Pues bien -dijo, volviéndose a mirar las orejas del caballo-. ¡Este hombre está esperando una contestación
desde entonces! -¿Y no le ha hablado usted, míster Barkis? -No -gruñó Barkis
mientras reflexionaba- No tenía por qué
ir a hablarle. No le he dicho nunca seis palabras ¿y voy a ir a contarle eso
ahora? -¿Quiere usted que me encargue yo de ello? -dije
titubeando. -Puede
usted decirle, si quiere -prosiguió Barkis dirigiéndome otra mirada lenta-,
que Barkis está esperando una
contestación. ¿Dice usted que se llama? -¿Su nombre? -Sí -dijo Barkis
moviendo la cabeza. -Peggotty. -¿Nombre
de pila o apellido? -preguntó Barkis. -¡Oh!, no es su nombre de pila; su nombre es Clara. -¿Es posible? -preguntó
Barkis. Y pareció encontrar
abundante materia de reflexión en ello, pues permaneció inmóvil meditando
durante mucho tiempo. -Bien -repuso por último-; le dice usted: «Peggotty: Barkis está esperando una contestación».
Ella quizá le diga: « ¿Contestación a qué?». Y usted le dice entonces:
« A lo que ya te he dicho». «¿A qué?», insistirá ella. «A lo de que Barkis
está dispuesto», le dice usted. Esta extraordinaria y
artificiosa sugerencia la acompañó Barkis con un codazo, que me dolió bastante.
Después siguió mirando a su caballo como siempre, sin hacer la menor alusión al
asunto hasta media hora después, que, sacando un trozo de tiza de su bolsillo,
escribió en el interior del carro: «Clara
Peggotty», supongo que para no olvidarlo”.
Yo sí que había olvidado toda
aquella conversación urdida por la imaginación de Dickens y ahora, gracia a la
magia de internet, tuve a la mano la posibilidad de regresar al texto de “David
Copperfield” y entender que todo giraba en torno al hecho de que Barkis el
cochero estaba dispuesto a aspirar al amor de Clara Peggotty, y que esa
emocionada posibilidad se traducía en aquella frase de: “Barkis quiere”, la que había me había despertado revoloteándome en
la cabeza en la mañana de hoy, martes 6 de agosto del año 2019.
Mississauga, Ontario, el martes 6 de agosto de 1019
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