En un reportaje de Patricia Fernández de Lis, el pasado 8 de enero en El País, España, ella mostraría los resultados de un estudio realizado con simios “macacos” que revela como sus gestos no son meros reflejos emocionales sino que ellos constituyen el resultado de la compleja coordinación entre distintas regiones cerebrales que operan a velocidades diferentes.
A pesar de que la industria del
cautiverio y hasta la del cinematógrafo, quiere hacernos creer lo
contrario, el significado de la
expresión facial que todos estábamos acostumbrados a ver en los chimpancés
“artistas” (la mona Chita) no tiene nada que ver con una supuesta alegría…
De manera general, podríamos acertar si entendemos que cuando un mono muestra
los dientes, aplana sus orejas y tensa los músculos de la garganta, es por miedo.
Los gestos y las expresiones
faciales y corporales sin duda alguna, son muy importantes y existe una gran
variedad gestual de las mismas en los seres humanos. Cuando un chimpancé siente miedo, muestra todos sus dientes
apretados, como en una sonrisa humana, y en cambio, cuando los chimpancés juegan y ríen, solo
muestran los dientes de la mandíbula inferior y… Vaya que esta es una
diferencia gestual de risa o de satisfacción que no conocemos en los seres
humanos.
Sonreír, fruncir el ceño, mostrar los dientes en señal de amenaza en
general en los primates (humanos incluidos) y utilizamos constantemente el
rostro para comunicarnos, pero se desconocía cómo es que el cerebro coordina
los músculos faciales para producir esos gestos. En la revista Science se
ha demuostrado en un estudio reciente, que las
expresiones faciales no son simples descargas emocionales automáticas, ellas
son el producto de una red cortical
distribuida que funciona con una jerarquía temporal: algunas regiones
procesan información rápida y dinámica para controlar el movimiento momento a
momento, mientras que otras mantienen representaciones
estables, que podrían reflejar el contexto social.
Este trabajo de Science fue liderado
por Geena Ianni, de la Universidad de Pensilvania, quien
registró la actividad de cientos de neuronas
en cuatro regiones cerebrales de dos
macacos mientras los animales producían espontáneamente tres tipos de gestos;
los lipsmack (chasquido
de labio, como una sonrisa), amenaza y masticación. Los
resultados echan por tierra la idea clásica de que existe una división estricta
entre circuitos cerebrales: uno lateral para movimientos voluntarios y otro
medial —que atraviesan la línea media del cerebro— para expresiones
emocionales.
“Lo que hemos encontrado es que todas las regiones corticales motoras faciales
están involucradas en todos los tipos de gestos”, explica Ianni. Es
decir, que todas las zonas que antes se suponían separadas para diferentes
tipos de gestos contienen neuronas que respondían tanto a gestos
socioemocionales como a movimientos voluntarios. Para desentrañar cómo operan
estas regiones en conjunto, los investigadores utilizaron técnicas de resonancia magnética combinadas con implantes de microelectrodos.
La clave fue registrar la actividad cerebral simultáneamente en las
cuatro áreas mientras los animales interactuaban con estímulos sociales —vídeos
de congéneres, avatares interactivos, o encuentros cara a cara— que
provocaban gestos naturales sin entrenamiento previo. El hallazgo más
sorprendente fue que las regiones cerebrales no se organizan según una
jerarquía espacial clásica —de áreas inferiores a superiores—
sino según una jerarquía temporal.
Los resultados también desafían
la idea de que las expresiones faciales son meros reflejos. La actividad
neuronal segregaba los distintos tipos
de gestos mucho antes de que comenzara el movimiento —hasta un segundo antes—,
lo que indica preparación e
intencionalidad. Además, las trayectorias neuronales de cada gesto nunca se solapaban, incluso en períodos
de reposo facial, sugiriendo que el cerebro ya está preparando el
gesto específico que vendrá.
Es decir: cuando sonreímos o amenazamos, nuestro cerebro está ejecutando
una compleja sinfonía neuronal en la que diferentes secciones de la orquesta —rápidas y lentas, dinámicas y estables—
colaboran para producir el gesto exacto en el momento social preciso.
Ignacio Morgado,
catedrático emérito de Psicobiología en el Instituto de Neurociencias de la
Universidad Autónoma de Barcelona, que no ha
participado en el estudio, valora que :“la
novedad principal radica en que las
regiones de la corteza frontal del cerebro que controlan los músculos de las expresiones faciales
voluntarias y las que controlan las
expresiones faciales emocionales codifican ambos tipos de expresión”. Sin embargo, añade una nota de
cautela sobre las implicaciones: “La
investigación tiene más interés neurológico que psicológico, pues no hay
novedad en cuanto al papel social de las expresiones faciales”.
Este trabajo tiene potenciales implicaciones clínicas muy precisas.
Comprender cómo funciona nuestro cerebro a la hora de generar nuestras
expresiones podría usarse en el diseño de interfaces cerebro-computadora, para
restaurar estas funciones en pacientes con lesiones cerebrales.
Maracaibo, lunes 19 de enero del año 2026
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