viernes, 30 de enero de 2026

El pastelero biólogo


Eduard Batlle pasó todas las navidades de su juventud en la pastelería de sus padres, ayudando a elaborar roscones de reyes en los años 80 y en el horno familiar que estaba en un barrio obrero entre Barcelona y Hospitalet de Llobregat. “Había muchísima droga, algunos de mis amigos acabaron mal con la heroína. Los sábados, acompañaba a mi madre en la pastelería para que no estuviese sola, porque nos atracaban continuamente a punta de cuchillo. Fue una época bastante jodida”, dice Eduard.

En la actualidad, el biólogo Eduard Batlle, criado en la pastelería de sus padres, es uno de los seis inventores del petosemtamab, un revolucionario tratamiento experimental contra el cáncer. Eduard estudió Biología, inspirado por la serie de televisión Cosmos, hace ya una década desde cuando inventó con cinco colegas una molécula, el petosemtamab, que en sus primeras pruebas lograría la aparente curación de algunos casos de cáncer. La empresa danesa Genmab acaba de pagar unos 7.000 millones de euros para hacerse con este fármaco experimental diseñado por el antiguo pastelero.

Este es Peto”, dice Batlle mientras muestra un frasquito de vidrio vacío. En su minúsculo despacho del Instituto de Investigación Biomédica de Barcelona, recuerda como en mayo de 2018 se trató a la primera persona con el fármaco y los primeros resultados fueron prometedores, hasta la sorpresa que llego hace meses ya el año pasado, cuando el petosemtamab, combinado con la inmunoterapia estándar, logró la remisión completa de los tumores de seis personas con cáncer de cabeza y cuello.

Este tipo de cáncer es una enfermedad que invade la boca y la garganta, asociada al tabaco y al alcohol. De los 43 participantes en ese ensayo, el 63% tuvo una respuesta parcial o total al tratamiento, y Batlle, nacido en Barcelona hace 55 años, muestra la dramática fotografía de una mujer con un cáncer enorme en su boca que ni la quimioterapia ni la inmunoterapia habían funcionado con ella y a quien se le administró petosemtamab en vena y… “El tumor desapareció”, resume Batlle. “Es bestial. Todos los que nos dedicamos a la investigación básica soñamos con curar a la gente. Para nosotros esto es un sueño, muy inesperado”.

La historia con mayores detalles, es que el petosemtamab existe porque dos niños se hicieron amigos hace más de medio siglo en un colegio holandés. Uno era Hans Clevers, quien hoy es un genetista candidato al Nobel por haber concebido los organoides: versiones en miniatura de órganos humanos que se cultivan en el laboratorio a partir de células madre. El otro era Ton Logtenberg, hoy un emprendedor en serie de empresas biotecnológicas quien fundó en 2003 una compañía en Utrecht, bautizada Merus, para intentar crear anticuerpos contra el cáncer, utilizando proteínas artificiales que se unen a las células tumorales en un punto característico y provocan su destrucción. La novedad de Merus es que dispone de una tecnología para producir anticuerpos capaces de actuar en dos lugares de la misma célula a la vez, para garantizar su aniquilación.

En 2012, el empresario Logtenberg preguntó a su amigo científico por algún experto mundial en cáncer de colon, con el objetivo de intentar curar este tumor, que mata a casi un millón de personas al año y Clevers le propuso un nombre: Eduard Batlle, un biólogo español que había trabajado entre 2000 y 2004 como investigador posdoctoral en su laboratorio, en el Instituto Hubrecht, en Utrecht. Los tres se pusieron manos a la obra.

Batlle ya era por entonces un referente internacional en el cáncer de colon. Cuando todavía era un treintañero, en Utrecht, había iluminado la relación entre las células madre que regeneran el intestino y las que desencadenan el cáncer de colon. En 2005 lo ficharon para ayudar a fundar el Instituto de Investigación Biomédica, un centro de la Universidad de Barcelona y la Generalitat de Cataluña.

Así fue como la empresa holandesa Merus sabía producir anticuerpos con doble acción, y Hans Clevers dominaba los organoides, esas bolitas de células vivas derivadas de pacientes en las que probar estos fármacos en el laboratorio. Batlle conocía ya de los entresijos del cáncer de colon. Así fue como todo el equipo se puso a buscar puntos débiles de las células tumorales y a elaborar anticuerpos diversos. Probaron más de medio millar durante meses, hasta que encontraron uno con “resultados espectaculares”: al que denominaron primero MCLA-158 y después petosemtamab. Ahora todos lo llaman Peto, como si fuera otro colega. Su mecanismo de acción es revolucionario. Es el primer candidato a fármaco dirigido a células madre cancerosas de tumores sólidos.

El gigante danés Genmab anunció hace tres meses que compraba la holandesa Merus por casi 7.000 millones de euros, con el objetivo declarado de adquirir el petosemtamab y llevarlo a los hospitales en 2027. La empresa nórdica, especializada en anticuerpos contra el cáncer, habla públicamente de “un potencial de ventas anuales de al menos 1.000 millones de dólares en 2029 e ingresos de varios miles de millones de dólares cada año posteriormente”.

En su diminuto despacho, con vistas al estadio de fútbol del Barça, el biólogo español responde en tercera persona a la pregunta de qué porcentaje de este negocio milmillonario es para él. “Eduard Batlle no se lleva nada”, afirma. En la patente del petosemtamab figuran seis inventores: los dos amigos de la infancia (Hans Clevers y Ton Logtenberg), el propio Batlle, el entonces director científico de Merus, Mark Throsby; el director ejecutivo de la empresa holandesa HUB Organoids, Robert Vries; y el biólogo Bram Herpers, implicado en el ensayo de los cientos de anticuerpos con otra compañía neerlandesa, OcellO BV.

Este artículo en el blog lapesteloca es tomado de la entrevista con EL PAÍS en la primera vez que Batlle hablaba tras la venta de la molécula y ni siquiera puede revelar qué porcentaje se lleva su centro. “Ni yo ni el Instituto de Investigación Biomédica de Barcelona podemos dar información sobre posibles acuerdos con Merus”, recalca. Peto es excepcional en la historia de la biotecnología en España. Cinco entidades solicitaron la patente: las empresas holandesas Merus y OcellO BV, la Real Academia de Artes y Ciencias de los Países Bajos -a la que pertenece el Instituto Hubrecht de Hans Clevers- y las dos de Batlle: el Instituto de Investigación Biomédica de Barcelona, donde trabaja desde hace 20 años, y la Institución Catalana de Investigación y Estudios Avanzados, que es la fundación pública de la Generalitat de Cataluña que le paga el sueldo.

La imagen tridimensional de la molécula es sencilla (ver). Es una especie de i griega mayúscula, Y, con dos brazos para unirse a los dos puntos de la célula tumoral. Batlle y sus colegas la diseñaron para tratar el cáncer de colon, pero en las primeras pruebas funcionó mejor en el de cabeza y cuello, el séptimo más común en el mundo, con casi medio millón de muertes al año. Estados Unidos ya ha concedido dos designaciones de terapia innovadora al petosemtamab para esta indicación de la boca y la garganta, un paso burocrático que permite acelerar el desarrollo de un tratamiento experimental si hay evidencias claras de que funciona.

Batlle se lamenta de “un problema general” en la creación de medicamentos contra el cáncer. Los fármacos experimentales se prueban en enfermos ya desahuciados, en quienes diferentes rondas previas de quimioterapia han transformado la biología del tumor. El petosemtamab no funciona en estos casos de cáncer colorrectal ya tratados en exceso, pero un reciente ensayo con medio centenar de pacientes sugiere que sí es eficaz si se usa como primera o segunda opción junto a la quimioterapia.

El biólogo cuando cuenta la historia del petosemtamab rememora la suya propia: su abuela que montó la pastelería junto a su abuelo y pasaban las noches sin dormir elaborando miles de roscones de reyes, mientras pululaban las jeringuillas en la calle, le dijeron algo que lo marcaria para siempre, haz lo que quieras, pero estudia”.

Maracaibo, el viernes 30 de enero del año 2026

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