La bióloga canaria
Ana Crespo quien nació en Santa Cruz de Tenerife, en 1948, es la presidenta de la Real Academia
de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de España (RAC) desde el 27 de octubre del año
2025. Hija de familia numerosa y extensa, sintió desde siempre un gran respeto
por la ciencia. Desde su despacho de la RAC, con la imagen de Santiago
Ramón y Cajal a sus espaldas, rememora sobre su vida, la propia doctora Crespo.
“Había sobre todo médicos y algún
historiador. Y muchas mujeres profesionales”.
Electa el 27 de
octubre de 2010, tomó posesión el 28 de noviembre de 2012 con un Discurso de
recepción: "El discurrir de una Ciencia amable y la vigencia de sus
objetivos: de Linneo al código de barras de ADN se pasa por Darwin". Apasionada
de su trabajo, reniega de que la ciencia la escogiera, porque dice que es una
frase “terriblemente petulante”; desde
que comenzara a estudiar Biología, cada vez fue a más, sobre todo cuando se
especializó en líquenes, organismos capaces de colonizar casi todos los
ecosistemas que se conocen. Quienes la eligieron fueron 37 de los 46 académicos
que votaron en junio para nombrarla como la nueva cabeza de la RAC, la primera
mujer al frente de esta institución desde su creación, en 1847. En total, fueron
177 años de historia en los que los nombres femeninos han brillado por su
ausencia.
La primera académica numeraria fue la bioquímica Margarita Salas, elegida en 1986. La segunda fue la matemática Pilar Bayer, electa en 2004. Y la propia AnaCrespo fue la tercera, en 2010, reconocida tras una extensa carrera y condecorada con distinciones como la Acharius Medal (máxima distinción individual por mérito científico que otorga la International Association for Lichenology) o la Medalla de la Universidad Internacional Menéndez y Pelayo.
—¿Qué se siente al ser la primera presidenta de la
Real Academia de Ciencias de España? Le preguntaron en una entrevista: -Yo no me siento especial. Pero sí me gusta
pensar que soy un símbolo de que las mujeres podemos hacer lo que los hombres
hacen, en igualdad profesional. Con eso sí que siento orgullo. La única
responsabilidad que tengo es la de hacerlo bien, la misma que los anteriores
presidentes.
Ana Crespo fue la
tercera mujer en entrar en la Academia, un lugar donde no se permitieron
mujeres hasta el año 1986. Ella aclara: —En
realidad no es que no se permitiera, es que no se las nombraba. Hay que tener
en cuenta que existen diferentes tipos de académicos: numerarios o de pleno
derecho; supernumerarios, que es una categoría voluntaria a la que acceden los
numerarios; correspondientes nacionales, que están por debajo de los numerarios;
y académicos extranjeros. Salvo la última categoría, el resto están limitadas
por número, por lo que hay competencia.
Le hacen la pregunta de que si ella se ha sentido discriminada por ser
mujer... - He vivido muchísimas anécdotas
al respecto, pero la mayoría de las veces la discriminación venía porque,
aunque en general te trataban muy educadamente, pero no te hacían caso. Era
común que un profesor no te dedicara tiempo si eras chica, más aún mediterránea,
porque pensaba “esta luego se casa, lo deja todo y se está
perdiendo el tiempo con
ella'. Una vez que tu carrera se
estabiliza puedes estar más asentada, pero después viene la maternidad y
ahí te conviertes en mujer orquesta: tienes que hacer de todo, y tener mucha
suerte para que las decisiones de la maternidad sean compartidas con tu pareja
y tener un buen apoyo familiar. Aun así, creo que se puede ser científica y
feliz. Tenemos que trabajar muchísimo, pero es algo tan apasionante, tan
atractivo, tan bonito, que tira de ti. Muchas veces me cuesta distinguir el
trabajo del ocio.
A la pregunta de: ¿Qué opina de la financiación de la ciencia en España? La Dra
Crespo responde: -La investigación no es
algo de hoy para mañana: siempre que hay un hallazgo científico, hay mucho
trabajo de años atrás, mucha investigación constante. Yo creo que la gestión de
los presupuestos de ciencia tiene
que contar con el compromiso del país. Y para eso se tiene que poner de
acuerdo, en primer lugar, la sociedad, que le tiene que dar la importancia
adecuada a la ciencia, no tratarla como si fuera un adorno o un collar. La
Ciencia es la base del desarrollo armónico de un país.
-¿Cree que, hay poca conciencia de lo
que significa la investigación? -Se tiene respeto social, pero poca confianza en sus
posibilidades. Es decir, yo no percibo que la gente piense que la ciencia puede
resolver sus problemas o crear un país más próspero. Es como si la ciencia
fuera una medalla que te cuelga. Pero no es eso. Y se ha demostrado con la
pandemia, por ejemplo.
-Como sociedad… ¿Nos hemos olvidado ya de
aquello? -No, no lo creo. Sigue
creciendo el presupuesto desde entonces -aunque con el techo de gasto no sé en
qué va quedar-. Pero sigue creciendo. El mismo sistema ya detecta sus errores,
sus carencias, y se ha hecho transparente, de tal forma que es más difícil
equivocarse en términos de financiación. Y el asesoramiento que presta la
ciencia se escucha más. Los científicos nos sentimos libres, tanto si se nos
pide una opinión como si no, para darla. Muchos científicos, de hecho,
participamos en la elección de los integrantes de la Oficina
Nacional de Asesoramiento Científico.
—Los científicos ya asesoraban al
Gobierno y hubo quien dijo que era duplicar cargos. —El sistema estaba inspirado en el modelo
inglés que allí ha funcionado muy bien. Aquí habrá que verlo. También es mucho
más difícil inventarse un sistema de cero: yo opino que los experimentos, con
el método científico y en el laboratorio. Para este tipo de cosas no puedes
estar con prueba y error. De momento partimos con un sistema que ha funcionado
en otro país, formado por 22 personas elegidas por expertos de procedencias diversas,
desde las Academias, los grandes centros de investigación, los sindicatos. Es
decir, los mimbres están puestos. Posiblemente algunas cosas no funcionarán,
otras sí… pero habrá mejorado el diálogo y la participación de los científicos
en la actividad de distribución del poder.
-En
resumen, la Real Academia de Ciencias de España está
inmersa en un profundo proceso de transformación, con el objetivo de adaptarnos
a los desafíos del siglo XXI y mantener nuestra relevancia en el panorama
científico español. Diversidad, juventud y excelencia
científica son los pilares sobre los que estamos construyendo este nuevo
proyecto. Finalmente, quiero destacar que este proceso de transformación se
basa en el consenso y el respeto mutuo entre los académicos, lo que nos ha
permitido avanzar de manera sólida y cohesionada. Estamos decididos a
implementar estos cambios de manera eficaz.
En
Maracaibo, para lapesteloca, el viernes 23 de enero del año 2026
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