Esta es la historia de un
rinoceronte lanudo, que fue hallado en el estómago de un lobo que vivió hace
14.400 años… No prosigue ni finaliza esta historia diciéndoles que era una
broma, o un cuento… ¡No! Seriamente hablando, me he enterado de que unos investigadores
del Centro de Paleontología de Estocolmo el año 2018 lograron recuperar el
genoma de un rinoceronte lanudo a partir de un pequeño trozo hallado en la
autopsia de una cachorra de lobo gris…
Les
cuento: resulta que hace 14.400 años, unas cachorras de lobo gris de apenas dos
meses de vida se resguardaban en su madriguera después de cenar un suculento
pedazo de carne de un rinoceronte lanudo.
La cueva, que se encontraba cerca de donde hoy se erige la aldea de
Tumat, en el noreste de Siberia, y súbitamente se derrumbó sobre ellas,
sepultándolas.
Las
bajas temperaturas provocaron que aquella tumba quedase congelada en el tiempo
durante milenios. No obstante, aquel trágico momento se ha convertido en un
feliz hallazgo que ha permitido a investigadores del Centro de Paleogenética de
Estocolmo recuperar todo el genoma de aquel animal peludo el cual, a pesar de
estar extinto ahora, hace mucho tiempo que sirvió como última cena a aquellas
cachorras de lobo.
Los
resultados fueron publicados en la revista 'Genome Biology and Evolution'
con el comentario de que:”Nunca antes se
había secuenciado el genoma completo de un animal de la Edad de Hielo hallado
en el estómago de otro”; esto lo afirmaba Camilo Chacón-Duque, quien fue investigador
del Centro de Paleogenética y ahora trabaja en la Unidad de ADN antiguo de SciLifeLab,
de la Universidad de Uppsala. “Además, es
la primera vez que se obtiene con tan alta resolución a partir de una muestra
tan inusual”.
“En aquel momento, ellos se encontraron un pedazo
de carne –así lo relató el investigador-.“y
fue un hallazgo inesperado, dado el nivel de preservación en el que se
encontraba el tejido, que no había sido digerido en absoluto”. De
inmediato, los investigadores supieron que aquella 'última cena' pertenecía a
un “mamífero mediano o grande”. Su
primera sospecha fue que, por el color, aquel trozo, en el que claramente se
distinguía músculo, piel e incluso pelaje, perteneció a un “león de las cavernas”. “Pero como no estaban seguros, le pidieron a
Love Dalén (Universidad de Estocolmo)
y a David Stanton (Universidad de Cardiff) que hicieran un análisis genético del tejido, lo cual permitió
obtener suficiente ADN para identificar la especie con certeza”; así lo
relataría Chacón-Duque.
¡Epa! No
crean ustedes que el trabajo fue fácil: nada que ver. El ADN del rinoceronte
lanudo se mezcló con el de la loba gris… Los análisis de ADN les sacaron de su
error: aquellos restos pertenecían a un rinoceronte lanudo (Coelodonta antiquitatis), un enorme
animal de hasta cuatro metros de largo por dos de alto y que podía pesar más de
tres toneladas. No obstante, este espécimen, aunque muy común en Europa y el
norte de Asia en el Pleistoceno, era especial: se trataba de uno de los últimos
rinocerontes lanudos recuperados hasta la fecha (al menos, una pequeña parte de
sus restos), muy cercano al momento de la extinción de la especie, que se dio
hace unos 14.000 años.
Pero como
decía, el trabajo no fue fácil. Aunque el permafrost había conseguido preservar
el tejido y el ADN en buenas condiciones, al estar en el estómago de la
cachorra de lobo gris, los materiales genéticos de ambos animales se mezclaban,
complicando los análisis. Además, el objetivo que se marcó el equipo era una
empresa muy ambiciosa: a partir de aquel material, su intención era reconstruir
todo el genoma del rinoceronte lanudo; es decir, todo el 'libro de
instrucciones' genético de aquella especie.
“Fue realmente emocionante, pero también muy
desafiante”, dice la estudiante Sólveig Guðjónsdóttir, autora
principal del estudio, quien realizó el trabajo como parte de su tesis de
máster en la Universidad de Estocolmo. Usando técnicas moleculares de
laboratorio muy sofisticadas para trabajar con ADN altamente degradado, además
de tecnologías de secuenciación, los científicos del Centro de Paleogenética
pudieron rescatar todo ese tesoro genético.
“Las condiciones de baja temperatura y de
congelamiento relativamente constantes que ofrece el permafrost nos dan una
oportunidad única de recuperar ADN de especímenes que murieron hace decenas de
miles de años e incluso cientos de miles de años”, señala
Chacón-Duque. “Por ejemplo, el año pasado
lideré un estudio donde logramos extraer información
genómica de varios mamuts desde cientos de miles e incluso hasta más de un
millón de años. Y Love y otros miembros de nuestro equipo han logrado
recuperar genomas completos de individuos de
más de un millón de años”.
El resultado les sorprendió: esperaban encontrar signos de deterioro genético a medida que la especie se acercaba a la extinción, pero no los hallaron. Esto indica que el rinoceronte lanudo probablemente mantuvo una población estable y relativamente grande hasta justo antes de su desaparición, y que se extinguió de manera 'súbita'.
“Si bien esto no era lo que esperábamos encontrar,
no es una idea completamente nueva. En la última década, muchos estudios que
usan genomas obtenidos a partir de especímenes de museo de especies que aún
existen hoy en día, han demostrado que en algunos casos este colapso puede
ocurrir en 100 o 200 años. Estas cosas dependen mucho de la historia natural de
una especie. A veces una población puede permanecer estable por miles de años
(pero con una adaptabilidad y diversidad genética muy reducidas), incluso
después de haber sufrido colapsos poblacionales (esto lo encontramos el año
pasado en un estudio en el que analizamos mamuts lanudos de la Isla de Wrangel, el
último lugar en el que existieron, donde vivieron por más de 6000 años)”.
El
equipo piensa que la hipótesis más factible es que el colapso se produjo por el cambio climático. “Este periodo final de 400 años coincide perfectamente con el inicio de
un fenómeno de calentamiento climático ampliamente descrito en la literatura
científica, el Máximo Tardiglaciar. Dado que el rinoceronte lanudo era una
especie altamente adaptada a condiciones temperadas y que no se caracterizaba
por dispersarse fácilmente y colonizar otros hábitats”, incide el investigador. Dalén
señala también: “Nuestros resultados
muestran que los rinocerontes lanudos tuvieron una población viable durante
15.000 años después de que los primeros humanos llegaran al noreste de Siberia,
lo que sugiere que el calentamiento climático, más que la caza humana, causó la
extinción”.
Maracaibo, lunes 26 de enero del año 2026
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