sábado, 27 de julio de 2013

Hugo Luis y Paco, los sobrinitos…




Texto extraído de la página 104 de la novela “El año de la lepra” publicada por la Editorial   elotro@elmismo:
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“- Dimitri. ¿Tú sabías que a los bielorusos en las primeras décadas del siglo XX les llamaban los “polacos blancos”?
La sorpresa de Dimitri fue grande, pero hábilmente sonrió y su respuesta al profesor Silvester no se hizo esperar.
-¡Claro! Seguro que sí. Es por eso, mi estimado amigo que nosotros nos entendemos tan bien, ¡somos del mismo suelo! Lo digo y lo repito…   Silvester Korzeniowski ahora sabía muy bien como el 24 de junio del año 1942 dos días antes de que Alemania y la Unión Soviética entraran en guerra, ya en la cercana villa de Patryki habían asesinado a más de 170 judíos. Silvester revivió los días cuando se iniciaba el otoño del 42 y ya se había creado un geto dividido en dos secciones, una de ellas para quienes estaban aptos para trabajar y la otra con los enfermos y las gentes que se consideraban discapacitadas para el trabajo. Para la época él había cumplido los 10 años y vivía allí con sus padres, su hermano mayor Avraham, su hermano menor Enoc y su hermanita Hanna.
 Sacudiéndose los fantasmales recuerdos de un pasado muy lejano, Silvester volvió a interpelar a su amigo bieloruso.                        
–Sí, Dimitri, pero ahora, hasta tendrás que recordar que en aquellos tiempos el gobierno de Polonia pudo haber sido cruel con las minorías, expulsaron a los sacerdotes y a los profesores bielorusos. Algunos fueron a dar hasta Cracovia. El gobierno polaco de aquel tiempo apoyó la religión ortodoxa para evitar que los bielos de la Polonia oriental se hicieran comunistas, tenían temor, y se les enseñaba en el alfabeto latino en vez de usar el cirílico de los rusos. Los rusos, a los polacos evidentemente nos inspiraban temor…  Entonces Silvester recordó otras cosas, de cuando se decía que los alemanes asesinaban a los polacos pero la gente sabía que los rusos también cometían todo tipo de tropelías. Sin embargo, con los años todos llegaron a saber como antes de declararse la guerra, Stalin había hecho ejecutar a once mil polacos que vivían en las provincias orientales anexionadas a la Unión Soviética. También entre el 3 de abril y el 19 de mayo de 1940, se produjo la matanza cerca de 22.000 prisioneros de guerra y prisioneros comunes en el lugar habitual de ejecuciones en masa de Smolensko, llamado el bosque de Katyn, y sería luego, durante la invasión del verano de 1941 cuando fueron ejecutados otros tres mil prisioneros polacos. 
El teniente Yakolev con un gesto amargo, aceptó la verdad comprendiendo que su anciano interlocutor estaba bien enterado de los antecedentes políticos de sus países y que esa no sería la vía por la que iba a lograr sus propósitos. Pareció estar consternado y con cierta resignación expresó sus pensamientos. 
- Fue una época cruel, sí, y se produjo una resistencia en el pueblo polaco, y era una resistencia que era lógica…” etc, etc, etc.
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Artículo publicado en “el gusano de luz”  el año 2005.

Hugo Luis y Paco, los sobrinitos…
                                                                         Para Vilma Isabel,  con mucho cariño.

Voy a escribir nuevamente sobre Sergio Ramírez. Lo hice por esta prensa virtual el 03 de septiembre del año 2003, y ahora, lo he recordado. Hace tan solo un par de días, una amiga nica me envió un artículo, publicado en el diario La Prensa, de Managua. Me llamó la atención el sugestivo título de “Los sobrinos del Pato Donald” por la real coincidencia de que los venezolanos, encadenados o no, hemos escuchado desde hace casi un mes y reiteradamente, las explicaciones del teniente coronel presidente Chávez sobre como todos esos personajes de “las comiquitas” son agentes de la CIA, programados por el Imperio para sus fines colonizadores. Pensé. Aquí están los sobrinos del pato, también como Batman, El Fantasma y Mandrake, seguramente sus planes desestabilizadores serán desvelados por Sergio. El artículo sobre los sobrinos, había sido publicado justamente el 26 de julio, una fecha como para recordar el asalto al cuartel Moncada que diera origen a la revolución cubana…
Por si acaso, nunca está de más recordar que Sergio Ramírez (1942), es un famoso escritor nicaragüense, abogado, activo militante clandestino, miembro de la dirigencia del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), quien luego del asalto al Palacio Nacional en 1978, llegó al poder a finales de julio de 1979 para ser, con Violeta Chamorro, Daniel Ortega, Alfonso Robelo y Moisés Hassan, uno de los miembros de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional. Después de ser Vicepresidente de Nicaragua durante el sandinismo, crudamente expuso en su libro “Adiós Muchachos”, interesantes reflexiones sobre la historia de su país y las causas del triste destino de la revolución sandinista. Para mi sorpresa, los sobrinos de Donald no aparecen como agentes encubiertos de la CIA, ellos se mencionan para señalar como un par de gemelos, mellizos polacos, el uno presidente de la República, Jaroslaw, y el otro primer ministro, Lech, gorditos, sonrosados e idénticos en pensamiento, voz y ademanes, parecen gnomos de un cuento de hadas tenebroso, o recuerdan a los sobrinos del Pato Donald, entre otras cosas porque la frase iniciada por uno es siempre terminada por otro”.
Estos singulares personajes de la historia, parecen salidos de la mente de un brillante novelista o de uno de estos creadores de ciencia ficción, pues como bien lo dice Sergio Ramírez, “cuando la historia, que se mueve sobre el piso de la realidad terrena da a luz a una de estas criaturas, los mortales, que padecemos de la debilidad de la admiración por lo singular, o por lo anormal, solemos siempre decir que esa criatura parece “un personaje de novela”. Nos comenta el escritor sobre algunos de estos conocidos “fenómenos” en la historia de nuestra América, como Isabel Perón y López Rega, como Montesinos y los generales Idígoras Fuentes en Guatemala y Somoza en Nicaragua, y pasa a la curiosa realidad actual de los mellizos Kaczynski, el par de polacos que “con mansedumbre de graciosos osos de peluche, han reclamado el restablecimiento de la pena de muerte en toda Europa, y han puesto bajo investigación el programa de televisión Teletubbies bajo el cargo de que ayuda a provocar la homosexualidad, alientan un discurso antisemita, en un país donde el antisemitismo costó millones de vidas, e intentaron prohibir el estudio de las obras de Kakfa, Flaubert y Dostoyevski en los colegios, para sustituirlos por “autores polacos nacionalistas y patriotas”.
Es muy interesante ver como en Polonia, donde millones de seres humanos fueron víctimas del régimen nazi y padecieron y murieron en campos de concentración, en esta Polonia, la patria del papa Karol Wojtyla, se estén dando estos cambios políticos que parecieran querer regresar a los tiempos del fascismo y de la intolerancia. En este mundo tan globalizado y a la vez tan lleno de contrastes, escuchamos a Sergio Ramírez, brillante escritor, político y hombre de izquierda quien nos cuenta con preocupación como estos fenómenos circenses son circunstancias reales y que lejos de ser noveladas, las pare la historia. Quizás si nos basamos en la premisa de que “cada defecto es un tesoro”, pudiésemos poner en práctica un método para el éxito competitivo desarrollado por los japoneses conocido como “haizen”, y quizás logremos desvelar estos fenómenos, para con las evidencias grotescas de sus imperfecciones y apoyándonos en el peso de la historia, hacer el intento de corregir tales defectos para mejorar hacia el futuro. Esto deberíamos intentar… Me parece a mi que algunas veces no basta creer, inocentemente, como piensa Sergio, en que …”los hermanos Kaczynski no tardarán en salir por donde entraron, la engañosa y caprichosa puerta de los votos. Tras una denuncia de corrupción han perdido la mayoría parlamentaria, y las encuestas los reducen ahora, de cara a las elecciones anticipadas que ya han sido convocadas, a su mínima expresión. Que el ejemplo se repita”.  
Recapacitemos, pues si bien es cierto que en Polonia, “la puerta de los votos” puede parecer caprichosa, también puede ser más que engañosa, si ella es utilizada para la trampa y la falacia… ¿Quién no ha escuchado sobre las elecciones presidenciales en el Estado de La Florida, en la nación que pregona sobre los más idóneos procedimientos democráticos? Significativa fue sin duda la intervención de la todopoderosa mano presidencial, y por ello se dio la protesta del ex presidente Carter, popular árbitro de elecciones mundiales… Existe una nación donde quién controla el poder electoral termina siendo premiado por el gobierno con presidencias, de Cortes Supremas, o de Vicepresidencias de la República. Sobre estos jerarcas del “poder electoral”… Significativa fue sin duda la intervención de la todopoderosa mano presidencial y ella se dio con la venia y el silencio del expresidente Carter, popular árbitro de elecciones mundiales… ¿Usted ve alguna diferencia?  Elecciones…
“Que el ejemplo se repita”, nos dice Sergio, pensando en los gemelos polacos. Él sabe en carne propia cuanto daño le hizo la corrupción a la revolución sandinista ( favor leer “Adiós muchachos” ) y conoce como en un sistema electoral legal, normal, la corrupción se paga caro. El brillante novelista está consciente de que la corrupción siempre ha sido parte consustancial de la historia política y social de nuestro continente, pero cree que, si se puede expresar libremente, el pueblo sin duda castigará a los ladrones y a los sinvergüenzas. El ejemplo del llamado “voto castigo” se puede repetir, piensa Sergio Ramírez, quien se imagina estar viviendo en un mundo recto y legal. Quizá por allá en Polonia, pero no es la primera vez que en el ejercicio de nuestra mal llamada “política” no se pueda creer en “pajaritos preñados. Sobretodo si hay tantos miles de millones de billetes verdes en juego, hasta para repartir…
Al comenzar su artículo sobre los sobrinos del pato creados por Walt Disney, Sergio nos había dicho que la historia tiene una extravagante tendencia de parir personajes hechos a la medida de la novela”. Nadie puede dudar sobre lo exótico, original, peculiar, dilapidador de los dineros de su patria, auténtico, enamorado de causas obsoletas, populista, y sobretodo, militar latinoamericano que es el presidente Chávez. Lo que muchos ni se atreven a recalcar es cuan peculiar es su  figura histórica, tanto que aspira a quedarse en el poder, per secula seculorum... Volveré a las palabras de Sergio Ramírez sobre algunos de estos personajes del mundo real, al insistir él en que: “de estas criaturas nacidas de la historia para reinar en la novela, y que son a veces verdaderos fenómenos, como los terneros de dos cabezas, o los potrillos de seis patas, y que causan nuestra admiración, hemos tenido muchas en América Latina, y nos gusta asociar su aparición al subdesarrollo, como si la pobreza y el atraso fueran su mejor caldo de cultivo.
Finalmente, no resisto la tentación de repetir una frase tomada de otro personaje de la historia, un fenómeno, pero en este caso, un civil, y sin duda alguna, con otra visión del mundo y de la gente, el reverendo Martin Luther King: “Nos arrepentiremos en esta generación, no tanto de las maldades de los perversos, sino del silencio de la gente buena”.

ACTUALIZACIÓN DE LA FICCIÓN Y LA REALIDAD PARA EL AÑO 2013
Lech Aleksander Kaczyński Varsovia, 18 de junio de 1949 - Smolensk, 10 de abril de 2010). Político polaco quien ejerció el cargo de Presidente de la República de Polonia desde 2005 hasta su fallecimiento en un accidente de aviación en 2010. También lideró, junto con su hermano gemelo idéntico, Jarosław, el partido político conservador Ley y Justicia

Kaczyński falleció durante un vuelo de Varsovia a Smolensk, al estrellarse el avión en el que viajaba, un Tupolev Tu-154 para participar en un homenaje en memoria de las víctimas de la Masacre de Katyn.  Según el gobernador de Smolensk y la agencia PAP de Polonia, citando a fuentes rusas, no hubo supervivientes y en el accidente murieron los noventa y seis pasajeros, entre ellos su esposa Maria Kaczyńska, 8 miembros de la tripulación, la cúpula militar polaca con  el jefe del Estado Mayor y los comandantes en jefes de los Ejércitos de Tierra, Mar, Aire y Fuerzas Especiales, el gobernador del Banco Central, el Defensor del Pueblo, varios viceministros, miembros del Parlamento, una delegación del Gobierno, su gabinete político, prelados de la Iglesia Católica y otros altos cargos, lo que provocó la desaparición de toda la élite del poder en Polonia en lo que se ha denominado ya como "la maldición de Katyn". Existen algunas hipótesis de que los Servicios Secretos rusos derribaron el avión porque Lech era un político molesto para los intereses de la capital moscovita. Sin embargo, la investigación de las cajas negras descartó un fallo en el aparato, por lo que se piensa que la causa del accidente fue la desobediencia del piloto a la torre de control del aeropuerto militar de Smolensk (Rusia) negándose a abortar al aterrizaje por mal tiempo. Más recientemente, en enero de 2012 se conoció un intento de suicidio de un fiscal militar polaco que investigaba el accidente aéreo.

Tras la trágica muerte del presidente Lech, en el accidente de aviación, Jaroslaw intentó catalizar el duelo nacional y se presentó como candidato a la presidencia de la República frente a Bronisław Komorowski, presidente en funciones. Aunque consiguió El 20 de junio pasó a una segunda vuelta, pero perdió en las elecciones del 4 de julio del mismo año. Su consigna de campaña fue "Polonia es lo más importante"; meses después su jefa de campaña Joanna Kluzik-Rostkowska abandonó el partido y adoptó esa consigna como nombre para una nueva agrupación.
Maracaibo, 27 de julio del año 2013

sábado, 20 de julio de 2013

... tan solo un fragmento de EL AÑO DE LA LEPRA

 ... copiado de las páginas 272 y 273 de la novela "El año de la lepra"




Con nostalgia recuerdo muchos episodios que ahora me parecen lejanos y se me antojan insólitos por cuanto no se como me atrevía yo, tan joven a hablar de tantas cosas con Carmen Luisa, madre y amiga, siempre sonriente y dispuesta a escucharme. Ella atenta a mis cuitas, muchas veces lo hizo en medio de los padecimientos del tratamiento y de su enfermedad. Todas estas remembranzas, ahora que la vida ha seguido su curso, tórpido y cruel dejando en mi haber lamentables secuelas de amores, y tristes recuerdos, me han obligado a analizar mis errores. Revisando los papeles de mi mujer, encontré unas breves notas que Ruth escribiera el año 2010, sobre el análisis de las secuelas que tuvo una reunión donde ella me confesó que quizás si hubiese salido preñada, las cosas habrían sido diferentes. También, y no sé si fue con un tono retaliativo, ella me informó que se había hecho todos los estudios necesarios con un buen ginecólogo y supuestamente, insistió en que no ella tenía ningún problema para poder tener hijos… Tardíamente logro ver que en buena medida todos estos hechos pueden estar relacionados con nuestros problemas como pareja. Pienso también que desde joven, he partido de un error craso al creer que el mundo debe ser un emporio de justicia y de bondad, y que a la larga, estos dones del espíritu serían los vencedores sobre el mal. La honestidad, creía yo que a mediano o a largo plazo, habría de imponerse sobre la falsedad. Tampoco he sido yo un modelo a seguir por lo que ahora, no estoy tan seguro, de nada. Esa idea, la de los malos moviendo las cuerdas de los habitantes de las ciudades y los pueblos de mi país como si fuesen marionetas, sin importarles otra cosa que no sean sus propios intereses, crematísticos o sencillamente de poder, la veía como un disparate y aunque antes me pareciese inaceptable, he terminado por considerarlo como un hecho irrefutable. Me parece es el corolario de tantas bajezas y traiciones como las que hemos tenido que padecer in crescendo. Ha sido triste haber visto caer y arrodillarse a unos cuantos personajes entre quienes están algunos de quienes en un tiempo pensé serían incorruptibles. Como Plutarco, he pasado a creer que la pasión del poder transforma a mis congéneres en bestias. Pero hay un detalle para mí particular que en el fondo me duele. Debo aceptar que al escribir mis comentarios demuestro tener cierto compromiso sociopolítico, y siento que eso me descalifica como escritor de novelas. Aunque la realidad sabemos que supera la ficción, no creo que las novelas puedan conllevar tareas orientadoras o aleccionadoras porque esto las desvirtuaría en su esencia. Ya al final de mi situación personal, y de incorporar los retazos del diario de mi mujer, tengo la impresión de que lo escrito por mí, sobre la historia del sabio Beauperthuy seguramente valdrá para clausurar mis delirios escriturales. Lo acepto.
Para ponerle fin a esta perorata intentando elucubrar ideas bajo el ominoso signo de la lepra, y con la intención de poder condensar todo lo pasado, así como comprender lo que subsiste en el presente, me pregunto si cuanto he escrito sobre el doctor Luís Daniel Beauperthuy es una novela histórica o si es una historia novelada que he puesto a correr en paralelo a los retazos del diario de mi Ruth… Ahora cuando he llegado al final de la misma entiendo que sería un absurdo que fuese yo mismo su relator. Uno no debe ser juez y parte, aunque ahora esté de moda administrar justicia de esa manera. Me toca a mí dejar en manos de otra persona la decisión de cómo organizar los sucesos que nos han avasallado hasta aventarnos fuera del país. Cuanto sea dicho, podrá ser tal vez considerado como una historia verdadera, y no faltará quien lo vea como el desquiciado intento de crear una novela para disfrazar hechos reales. Finalmente, la decisión de cómo organizar los eventos que nos marcaron definitivamente durante el año de la lepra, la he dejado totalmente en manos de Arístides Sarmiento en la seguridad de que por su condición de investigador y de hombre de ciencia, su decisión será la más acertada.
AP
PD: debo acotar algo adicional sobre el profesor Sarmiento que tal vez ayude a aclarar su situación, personal, sobretodo después de ya que somos varios quienes hemos tenido que abandonar el suelo patrio subrepticiamente. Sarmiento había dejado de ofrecer sus opiniones en los periódicos, desde el episodio del año 2004 cuando aquel artículo donde él hablaba de Darwin y del Big Bang publicado en el Diario del Occidente, reportaje este que suscitó una airada respuesta de parte del presbítero Omar Yagüe, Sarmiento pareció decidido a no escribir más en la prensa local. De fuentes seguras he sabido que desde esa época él decía que escribir en los periódicos era una manera de hacer catarsis. Eso lo dijo en una reunión del laboratorio y según me comentaron, Sarmiento complementó sus ideas diciendo: “Pocas veces tocamos en estas reuniones el tema de la política y es mejor así. Hay grandes preocupaciones entre nosotros pero uno se las guarda, o prefiere callar por la inseguridad y la justicia vendida, estos y otros males que afectan a nuestros ciudadanos, van creciendo con las restricciones a la libertad de expresión pero seguimos confiando en que estas cosas no nos afectarán a nosotros. Quizás cuando eso suceda, cambiaremos de actitud”.
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martes, 16 de julio de 2013

La loca de la casa



“La loca de la casa”                                                                            
Jorge García Tamayo                                                       
Reproduzco aquí un artículo escrito por mi en octubre del año 2003, a propósito de haber leído el libro de Rosa Montero titulado “La loca de la casa” y lo hago, consciente de que no acostumbro a escribir sobre literatura, ni a hacer comentarios sobre libros, sencillamente por que aunque pudiese tener el atrevimiento de imaginarme como “escritor de oficio”, no me veo asumiendo el papel de crítico literario. Menos aún después de leer lo que dice Rosa Montero sobre ellos, “los críticos, esas raras criaturas a menudo tan envidiosas, tan equivocadas y tan snobs”. Tampoco poseo títulos ni estudios que puedan avalar semejante atrevimiento. No obstante, en ocasiones, la lectura de un texto pareciera decirte algo, como ocurre en ocasiones con la música, y de momento sientes que si la compartes, disfrutarás más con ella. La única manera posible de lograr esto, es a  mi modo de ver, comentando mis impresiones sobre el texto leído, aunque sea con ignotos lectores y este viene a ser el meollo de cuanto he garrapateado en estas cuartillas.

Quiero referirme a “La loca de la casa”, el libro de Rosa Montero (1), la novelista, periodista y psicóloga madrileña quien nos ha regalado muchas excelentes novelas y cientos de artículos en su ya laureada carrera como periodista. Sus acertadas crónicas y reportajes se pueden leer en los diarios y revistas de España y del mundo.

 “La loca de la casa” es el título de una novela, que puede llevar a pensar en una obra autobiográfica, pero resulta que así era como Santa Teresa de Jesús denominaba a, ¡la imaginación!  Rosa Montero ha creado una novela que es ensayo y autobiografía y es un libro sobre los sueños, las fantasías, las pasiones y las dudas que existen en la mente de los escritores. Al final, “La loca de la casa”, es un canto a la imaginación y nos muestra con profunda sinceridad, el conocimiento que sobre su oficio, posee esta magnífica escritora. En un lenguaje muy sencillo, Rosa Montero ha escrito una excelente novela. Uno encuentra en el texto, innumerables comentarios sobre la vida de muchos escritores y sobre variadas situaciones que enfrentaron y de cómo estas influyeron en sus obras literarias, de tal modo, que cuanto nos dice la autora sobre escribir como oficio, parece estar avalado por el peso indiscutible de la historia vivida por varios famosos escritores en todo el mundo.

El talento narrativo de Rosa Montero impregna todas las páginas desacralizando a figuras consagradas como Goethe, Calvino, Tolstoi, o Malraux, y relatándonos vivencias poco conocidas sobre otros escritores como Salgari, Rimbaud, Klemperer, Jung Chen o sobre el fraile John Clyn. El fenómeno del agotamiento de la imaginación cuando se produce la muerte de “ese sueño que llevamos dentro” es desnudado por la autora al hablarnos entre otros de César Aira y de Truman Capote. Muy interesantes resultan sus observaciones sobre la importancia para los escritores de no tener ataduras ni compromisos, esto con el fin de poder dejar libre a la imaginación... “esa loca de la casa”. Quizá lo más acertado es dejar que sea la misma Rosa Montero quien nos hable, y al ir intertextualizando fragmentos de lo escrito, espero que así pueda ofrecerles una visión somera de algunas de las ideas que plenan esta novela.

Dice Rosa Montero que: “ para aprender a escribir hay que leer mucho”, pero quizá más interesante resulta esta otra aseveración: “Para ser un buen escritor, hay que desear serlo, y desearlo, además, de una manera febril”. Al hablarnos del duro trajinar del escritor nos dice: “Escribimos en la oscuridad, sin mapas, sin brújula, sin señales reconocibles del camino”. “Redactar una novela lleva muchísimo trabajo, la mayor parte tedioso, desesperante, a menudo desmesurado y es que la novela, es el único territorio literario en que reina la misma imprecisión y desmesura que en la existencia humana”. Hará también algunas reflexiones sobre vivencias que son comunes entre los escritores y recordé algunos de los nuestros quienes han profundizado en el tema de la otredad como leimotiv para trabajar, quizás pudiésemos pensar en Eduardo Liendo, Ednodio Quintero o José Napoleón Oropeza...

“Los narradores sabemos que dentro de nosotros somos muchos”. “La escritura es el esfuerzo de trascender la individualidad y la miseria humana, el ansia de unirnos con los demás en todo, el afán de sobreponernos a la oscuridad, al dolor, al caos y a la muerte”.

Apasionada por la novela, Rosa Montero nos habla con emoción de su sentir por este género literario: “La vida es incomprensible, absurda y ciega, por eso la novela que es un género vivo, se mantiene en perpetua evolución. La novela intenta poner orden en el caos de la vida”. “El narrador intenta ordenar el caos y atisba el dibujo final del laberinto. Las novelas como los sueños, nacen de un territorio profundo y movedizo que está más allá de las palabras”.  Al penetrar más en las profundidades del subconsciente, o tal vez en las interioridades del alma, nos dice la escritora: “Basta con pensar en lo que soñamos para que sea posible intuir que tenemos otras existencias, ¿vidas paralelas?, las reales y las del sueño. Cuando nos dormimos y empezamos a soñar, entramos en realidad en otra vida, en una existencia paralela que guarda su propia memoria, su continuidad, “su causalidad enrevesada”.

Eduardo Liendo nos dijo una vez : “El escritor, por muy desamparado que se encuentre, por suicida que sea, es el amante preferido de la existencia. Por eso quizás su mayor desafío es vencer a la muerte con el filo de la palabra escrita” (2). Rosa Montero nos comenta en su libro: “Eres eterno mientras inventas historias. Uno escribe siempre contra la muerte”, y cita a Vila-Matas en su novela premiada con el Rómulo Gallegos, “El viaje vertical” quien afirmó que: “La novela es la autorización de la esquizofrenia”.  He citado a nuestro escritor, Eduardo Liendo, porque él no padece de un mal que es común en muchos escritores de oficio y sobre el cual Rosa Montero nos habla con gran desparpajo. Es el tema de la vanidad del escritor consagrado. “La vanidad del escritor no es sino un vertiginoso agujero de inseguridad”... “un basurero emocional”. “La fama es la versión más barata, inestable y artificial del triunfo”, y “el éxito en la sociedad de hoy no está relacionado con la gloria sino con la fama”. “Uno puede vender su alma al poder por tantas cosas, y lo que es peor, por tan poco precio”... “Lo malo es que luego llega el poder y el embeleso por el poder, y a menudo lo desbarata y lo pervierte todo”. “Escribir para dar un mensaje, traiciona la función primordial de la narrativa, su sentido esencial es la búsqueda del sentido. Se escribe, pues, para aprender, para saber, y una no puede emprender ese viaje de conocimiento llevando previamente las respuestas consigo”.

Apoyándome en el postulado de que la literatura no se hizo para leerla sino para releerla, les invito, a disfrutar nuevamente con la lectura de la novela de Rosa Montero, “La loca de la casa”. En la seguridad de que en su lectura y su re-lectura, aprenderán muchas cosas sobre la vida, la imaginación, y los misterios de la creación literaria y servirá para sondear esos intrincados meandros que existen en la mente de quienes se internen en la aventura de escribir literatura como oficio.


Referencias:
1-Montero Rosa. La loca de la casa. Novela. Alfaguara 2003.

2-Liendo E. Reflexiones de un Narrador. En “El Narrador y su Arte”. Dominios. Rev de la Univ. Rafael Maria Baralt. Maracaibo,  9: 135-137, 1994.

viernes, 12 de julio de 2013

Medicina rural





Medicina rural
Jorge García Tamayo  


El cine de Casigua a lo que más se parece es a un gallinero. Sillas de tablitas, tres bancos de listones desiguales, incomodísimos, venidos de una placita del pueblo desmantelada a finales de la dictadura gomecista; tres sillas de paleta bajo el limonero y el piso todo el día abonado por los patos, gallinas, yaguazas y las dos guacharacas de Argimiro Fuentes. En Diciembre y Enero, el cielo lleno de estrellas brilla y la proyección cinematográfica pareciera detenerse cada vez que surca el firmamento un astro incandescente, fulgor sucedido de tres deseos que casi nunca se materializan. En otros meses el techo está formado por tumultuosos nubarrones, a veces parecen desgarrados y descubren resplandores precursores de lluvia y cuando llega, ella viene en inmensas gotas heladas y hay súbita interrupción de la función. En ciertas y determinadas noches se le ocurre asomarse a la arepa de luz y henchida tras algodonosas motas grises, brilla en las sábanas de la mujer de Argimiro para fastidiar a los asistentes quienes esperan un reacomodo de las nubes para disfrutar otra vez de las imágenes en blanco y negro en el fondo del solar.

Véngase doctor Ferrer, era lo único que le habían dicho, y él sin que mediaran más explicaciones se calzó sus pantalones de caqui, se trenzó las botas y en un dos por tres estaba en la camioneta con los hijos del viejo Brígido. Un rato después, la luz de los faros de la pickup se reflejaba en la ribera encharcada, brillando contra el rojo de la curiara. Detrás, en el más allá oscuro, se adivinaban las sombras tumultuosas del gran Catatumbo. Emidgio venía pensando en plantas medicinales, raíces y yerbas, todos aquellos secretos desvelados por el viejo Brígido, en los días cuando empezaba a ejercer la medicina en Casigua. Cuán útiles le habían sido los consejos del hombre, y cuantas veces él, médico recién graduado, llegó a usar aquellos récipes naturales. En ese entonces todavía Brígido no se había asentado en su conuco y permanentemente merodeaba con su burro y sus frascos por la medicatura vendiendo menjurjes y pociones con propiedades milagrosas. Ahora, lo menos que Emidgio podía hacer por él era atender a su llamado. Ya hacía casi un año que no le veía la cara y sus hijos se notaban muy preocupados por el estado de su salud. Siguiendo a los dos muchachos en la oscuridad, saltó sin mojarse dentro de la curiara y se alejaron de la orilla a golpes de canalete. Unos minutos después, la lámpara de carburo encendida en la proa era el único signo de vida humana sobre las aguas del río. No quería comenzar a clarear todavía, sin embargo curiosamente, él recordó como el gallo había cantado varias veces en el patio de la medicatura cuando arreglaba las cosas en su maletín. Aún no amanecía cuando Emidgio notó a sus espaldas el cielo palpitando con un extraño resplandor. Comenzaba a cambiar de un azul pizarra a violeta y el fondo era magenta y negro tachonado con parches rosados.

En la noche de "Aquí está el detalle", sin lluvia ni luna, el doctor Ferrer se carcajeó hasta más no poder con las interminables reláficas de Cantinflas. En la oscuridad se le apelotonaban entre el chirrido de las chicharras los recuerdos de su infancia y adolescencia... Al final de la película, los bombillos incandescentes se hallaban rodeados por hormigas voladoras y había sonrisas. Véngase doctor y échese un palo. Abrazo cálido de hombres sencillos. Tengo que volver a la medicatura. ¡Solo un lamparazo! De pie en la tierra de la media calle. Tengo trabajo pendiente. Una vueltica hasta la pulpería de Lucio Portillo. Bueno vamos. Febril pasión la de la investigación. Paqueche su conversaíta. Láminas y frotis esperándolo. ¡No me se haga rogar mi doctorcito! El microscopio de Crisanto Navarro. Solo un rato compá Ramón, un rato nomás amigos. ¡Ese si es mi gallo! Vacuolas en los leucocitos, conteo de células blancas. Sin palitos, eso sí, tengo trabajo. ¡Anjá! Mascada y salivazo sepia que se arropa de arena. El comentario sano de la gente del campo en alpargatas. ¡Tantas cosas vistas en las sábanas de la mujer de Argimiro! Otra vez a discutir sobre "El peñón de las ánimas". Tres semanas en eso y ni los chistes de Cantinflas daban fin a la contienda. Inquebrantable posición, sin tregua, los extrapoladores insistían, aquellos eran hechos calcados de la vida del pueblo. La contrariedad del grupito purista. Impúdico era buscar semejanzas. Peligroso mezclar el prestigio de las hermanas y de las sobrinas, nunca las hijas ni las esposas. Era el honor de las mujeres y no debían conversarlo en la pulpería. Resquemores de familias enteras, alusiones veladas. Rancheras, huapangos y corríos lo atestiguaban. Una historia real para unas gentes de carne y huesos. Pero Casigua era un pueblo de machos. Jorge Negrete estaba bien respaldado. Nunca me haga busté una comparación. En la rockola de Brinolfo Morales se escucha… “De piedra ha de ser la cama, de piedra la cabecera”...

Las hembras en los botiquines de las carreteras, las mujeres del pueblo en sus casas. ¡No me joda no joda, si viene busté y me jode yo lo jodo, no joda! Emidgio se empinó su botella de refresco casi a temperatura ambiente y en el camino hacia la medicatura meditó sobre la afinidad peculiar de su gente para con aquella música. Venidos del lejano piedemonte, muchos de ellos eran muy andinos en el fondo. En el decir de Don Rafael Osuna, emigrado de las montañas muchos años atrás, la explicación radicaba en la identificación de la idiosincrasia cordillerana con todo aquello que cantaban las rancheras y los corríos mexicanos. Esos son, pensó Emidgio, los valores fundamentales de sus vidas. El honor, el amor por la tierra, la defensa de sus mujeres y el suspirar por las hembras. ¡Por ellas aunque mal paguen y venga y nos echamos el otro! Cariño por el aguardiente. Sombrero de paja de ala ancha, mascada de tabaco, en las malas y en las piores...

Todo el paisaje empezó a pintarse de colores tenues y el rosado violáceo parecía dominar entre las ramas retorcidas de los mangles . Se habían metido por una serie de caños cubiertos con un intrincado encaje malva que creaba galerías y túneles en el manglar. Al apagar la lámpara, Emidgio pudo divisar desde la curiara, todavía a lo lejos, el rancho del viejo Brígido con sus paredes blanqueadas sobre el bahareque y el techo de palmas. Los hijos de Brígido eran jóvenes y fuertes, remando, iban acercando la curiara por el caño. No tendrían más de doce y quince años, expertos remeros en el gran Catatumbo, también lo eran seguramente ayudando a su padre en las labores de tala, la quema y la siembra del conuco... Una claridad anaranjada los rodeaba cuando el doctor tomó su maletín y se adelantó con pasos rápidos hacia la casita. Del rancho salía un estimulante olor a café recién colado. En la puerta la mujer de Brígido le tomó del brazo. Mirando los ojos de la joven y robusta indígena comprendió Emidgio con cuanto anhelo le esperaban.

Sentado en el oasis que había creado en la medicatura, aquella noche le costó trabajo al doctor el sumergirse en sus frotis teñidos con Giemsa y con Wright. Pensaba en su amigo Crisanto Navarro y en su mujer, Yolanda, lejos en su ciudad del lago. Por la ventana llegaba como un susurro la música lejana. … “era valiente y arriesgado en el amor”... Bostezo y restregar de ojos. “Un día domingo que se andaba emborrachando, a la cantina le corrieron a avisar”… La oferta de Don César Cuello era buena, irse fuera… “se lo echaron a montón”…, no le había dicho nada a Yolanda, él también quería casarse, y seguro estaba de que ella nunca se vendría a un pueblo como Casigua… Con una beca la cosa cambiaría, podrían irse fuera, estudiar, investigar sobre las infecciones virales de los niños, en uno de esos sitios de los que le hablaba el doctor Navarro, quizás en el Centro de Investigaciones de Atlanta, en los Estados Unidos... “En una choza muy humilde llora un niño y las mujeres se aconsejan y se van”… Yolanda podría especializarse en obstetricia, eso le gustaría a ella, y él, a prepararse haciendo investigación. Ilusión codiciada por años, mirando a su profe Crisanto… “de Juan ranchero charrasqueado y burlador”, bostezó nuevamente y retiró sus ojos de los oculares del microscopio.

El paciente todavía tenía ánimos para sonreír y tendido en un camastro bajo su chinchorro se quejaba. Todo le dolía. Eran varios días con calentura, y estaba como envarado. Ahora casi no puedo comer. Eso le dijo. Sí doctor, le cuesta hasta abrir la boca. Era la mujer quien le hablaba. Emidgio lo examinó. Había trismo incipiente. En un pie encontró una herida mal cuidada. El doctor Ferrer sabía que en los hospitales de beneficencia del Zulia no se aceptan tetánicos… Mientras auscultaba el tórax pensaba rápidamente como si quisiera ganar tiempo y recuperar horas perdidos, pero no había ninguna esperanza de hospitalizar al viejo, y él lo sabía. Así es la vida, pensó. ¡Cuan injustos son los reglamentos de la Sanidad! Me lo llevaré a Casigua y en mis predios lo defenderé. Sí, en Casigua lucharé con la pelona. Veremos si el viejo aguanta. Confiemos en que ella no pueda más que yo... Con palabras sencillas se lo explicó a la mujer y a los hijos. No tiene más remedio. Ellos aceptaron la situación. Confiaban en el doctor. Si se queda se les muere y no podemos llevarlo hasta Santa Bárbara o hasta Cabimas, no lo aceptarán, tiene tétanos y eso es muy grave, puede que no se salve, vamos a ver como lo podemos ayudar en Casigua, tengo que llevármelo ya. Entretanto había preparado la inyectadora con un sedante y varias dosis de toxoide tetánico. ¿Me entendéis viejo? Me tenéis que acompañar a la medicatura, allá vamos a ponerte un tratamiento, pero vais a tener que dejar de trabajar unos días, no te preocupéis por Tairuma que tus hijos la cuidarán bien. La mirada angustiada de Brígido se dirigía hacia su mujer. Vamos muchachos ayúdenme a improvisar una camilla para trasladarlo a la curiara. Ya se avecina una tormenta...



Había terminado el corrío. Emidgio pensó en Rafael Rangel. Estaba acariciando la platina del microscopio y pensó cuanto le gustaría ser un investigador de verdad… ¿Cuantas veces conversó con el profe Crisanto sobre el bachiller Rangel y sus luchas? Rafael había nacido a finales del siglo XIX, era trujillano, había estudiado bachillerato en Maracaibo y a comienzos del  siglo XX se fue a Caracas y nunca se graduó de médico. Tampoco Louis Pasteur había sido médico... Pero al bachiller lo acosaron… El mejor, el único investigador de verdad que ha tenido el país. Le hicieron la vida imposible. ¡La política! Unos decían que eran cosas de racismo. No. Era la política, eterna mala compañera, ¡politiquería!. Yolanda esperaba por él. ¿Hasta cuándo ese afán? Casarse, tener hijos, tal vez sentar cabeza. La voz del hombre del mechón blanco le llegó con el viento... “Tú y las nubes me traen muy loco, tú y las nubes me van a matar”... Me voy a dormir. “Yo parriba volteo muy poco tú pabajo no sabes mirar”. Tras otro bostezo apagó la luz de la lámpara.



Ya se fue la noche pero el sol no sale, parece que no quiere brillar hoy. Ya venía como tan bonito cuando despuntaba el día, pero ahora cuando todavía es muy temprano y ya se ha escondido tras grises nubarrones que presagian lluvia.  Ya han colocado al viejo en la curiara cuando comienzan a caer como piedras las gotas heladas. Ya en medio del balanceo Emidgio lo cubre parcialmente con un mantel plástico de cuadros rojos y con ese impermeable de emergencia, remando de un lado y del otro y achicando con unas latas de leche, ya se van hacia la medicatura, remontando la corriente del gran Catatumbo.



Texto ligeramente modificado de “La Peste Loca” novela publicada por la Secretaría de Cultura de la Gobernación del Estado Zulia en 1997

martes, 9 de julio de 2013

Marie Curie ( Marie Salomea Skłodowska Curie )




El domingo, 12 de mayo de 2013, en RADARLIBROS se publicó un artículo intitulado como Rosa conversa,  sobre el libro más reciente de la escritora Rosa Montero.  
(“La ridícula idea de no volver a verte”. Rosa Montero, Seix Barral 237 páginas)

Refiere que Todo comenzó con un pequeño encargo: un prólogo para el Diario que Marie Curie escribió en los meses posteriores a la muerte de su esposo. La conmoción frente al texto fue tal que Rosa Montero decidió convertirlo en otra cosa, un libro propio, un espacio propio. Así, La ridícula idea de no volver a verte se presenta como un ejercicio de libertad literaria, lejos de convenciones y lleno de reflexiones, en el tono íntimo que caracteriza a esta destacada escritora española”.

Del texto del artículo de Claudia Piñeiro, he extraído la parte final que se refiere a la Dra Maria Curie:
“Más allá de este libro, no hay dudas de lo interesante que es Madame Curie como personaje. Sin embargo, la pericia de Montero lleva el texto a esos lugares donde la historia duele, por sufrimiento, o por sacrificio, o por entrega; allí donde una vez leída será difícil de olvidar. Primera mujer que recibió un Premio Nobel, la única que lo recibió dos veces, primera mujer que se licenció en Ciencias en la Sorbona y primera en doctorarse en Ciencias en Francia. También la primera mujer que fue enterrada por sus méritos en el Panteón de Hombres Ilustres de París, que aún hoy sigue llamándose así, de “hombres ilustres”. Pero no todo fueron reconocimientos por sus logros: “Además su fama pasó por todo tipo de avatares: primero fue considerada una santa, luego una mártir y después una puta, y todo ello de una manera ardiente y clamorosa”. Varios años después de enviudar, Madame Curie tuvo la mala suerte de enamorarse de Paul Langevin, un discípulo de su marido que estaba casado, un mal matrimonio que él no se atrevía a desarmar. Y aunque ella era una mujer libre y el comprometido era él, la sociedad la repudió sin más. La mujer de Langevin amenazó con publicar las cartas de amor entre los amantes, y el deshonor de Marie llegó a lugares impensables.

La ridícula idea de no volver a verte es un texto íntimo, conmovedor, difícil de pasar por alto. El dolor de la autora se encontró con el Diario de Madame Curie y gracias a ello Montero dio con las palabras justas para poder contar el suyo. Con esas palabras narra también preciosas imágenes que alivian la conmoción que provocan otros pasajes, como la de esa niña que canta bajo una higuera madura

La escritora y periodista española Rosa Montero (Madrid 1951), quien trabaja en el diraio El País desde 1976 ha publicado numerosas novelas y ha sido galardonada  con el Premio Nacional de Periodismo en 1981 y con distintos premios literarios.  Sus novelas son :
Crónica del desamor (1979),La función Delta (1981),Te trataré como a una reina (1983), Amado amo (1988),Temblor (1990),Bella y oscura (1993),La hija del caníbal (1997),El corazón del tártaro (2001),La loca de la casa (2003),Historia del Rey Transparente (2005),Instrucciones para salvar el mundo (2008),Lágrimas en la lluvia (2011), y La ridícula idea de no volver a verte (2013).


domingo, 7 de julio de 2013

R A B I A



RABIA
Jorge García Tamayo
 
3 de mayo: Una polvareda gris se eleva creando remolinos desde la tierra, se acumula en forma de arena fina sobre los visillos de las ventanas, en el quicio de las puertas, entre las grietas del cemento pulido, sobre los hilos de los chinchorros, en los flecos y en las cabulleras, en el fondo mismo de las amarillentas hamacas. Gime y susurra cálido el vaho del viento. Los chamizos son bolas reticulares que saltan y vuelan como fantasmales esqueletos vegetales, van rebotando elásticos, ruedan alocados sobre la tierra seca y agrietada queriendo escapar entre las bocanadas grises de polvo caliente. A lo lejos, entre una y otra estertorosa expiración, se dejan ver las casas terrosas de Quisiro. Pueblo soleado, pleno de viento y soledad, de gentes que madrugan para el rudo trabajo en los arrozales. Sus habitantes no existen, no se ven ya, nadie se mueve entre las casas, tan solo un hálito de fuego y gres se retuerce creando tolvaneras para dispersarse como lluvia de fina arena cubriéndolo todo. Al final del día, con el silencio del atardecer, vendrá la noche y solo entonces cesará el viento. En medio de la calma, si acaso hay luna llena, se verán merodear los perros y en la oscuridad se escucharán desde lejos sus ladridos, o trémulos aullidos. Desde el interior de las habitaciones caldeadas, muy quedamente, susurradas, las historias sobre espantos y espíritus nacerán de las agrietadas cavernas sin dientes de arrugadas ancianas. Ellas esculcanrán los socavones de la memoria para rememorar los tiempos de la guerra federal y la llegada de los hombres a caballo, con él al frente, bigotudo, enteco, de pómulos salientes, el general del pueblo soberano...
Así era Quisiro el nefasto día cuando en el solar de la casita de Chinca Soto se metió el perro aquel. Un can flaco, sarnoso, desesperado, pelando, los dientes y brotando los ojos, soltando espumaradas de baba, ronco porque ya casi ni le salían los ladridos. El animal estaba azuzado por una turbamulta de chiquillos, agotado por las carreras y las pedradas y los palazos de aquella jauría de muchachos, sus perseguidores. Allí en el patio había de estar la pequeña Yamelis Josefina, sentadita en la tierra, jugando con la muñeca plástica a la que le faltaba un brazo porque se lo había arrancado Wilmer, y ella casi ni sintió llegar al perro. Solo fue un grito, luego verse la manito y el brazo sangrante y los muchachos chillando, llamando a Chinca y cayéndole a pedradas y dándole palazos al perro, hasta que lo sacaron al solar y la algarabía retumbaba y ellos iban lanzando piedras, y todos se perdieron entre un polvero más allá de los cujíes y del cardonal.  
Más de cincuenta años tenía el profesor Pasteur cuando se quedó ensimismado, mirando al perro, lanudo, de mirada triste, encerrado en su jaula. El animal aquel le observaba como si quisiera decirle algo. Él lo pensó por un momento y durante unos segundos creyó que podría entenderle. Luego, el animal volvió a gruñir, un estridor sordo que se transformó en un ladrido afónico, entonces se perdió la tristeza de sus ojos y dio paso al brillo alucinado del mal de rabia. Con infinita paciencia y gran cuidado el profesor tomó un tubo de vidrio y comenzó a chupar por un extremo pegado a una manguerilla que acercó a las fauces del perro. El profesor era  químico, se había transformado en un experto en la fermentación de la remolacha, conocía los secretos de los males que afectaban a los gusanos de seda y había inventado una suerte de vacunas que acabaron de una manera casi mágica con el carbunco que diezmaba a las ovejas francesas. ¿La rabia? Pues allí estaba el profesor Pasteur, e iba chupando la saliva espumosa del animal y antes de que llegara a su boca, la colocaba en un frasco de vidrio. El perro se movía inquieto tratando de morder el extremo del tubo. Aquel hombre no era médico, pero estaba en esos menesteres, mientras iba recapitulando escenas de su infancia lejana. Los campesinos de Artois mordidos por perros rabiosos y el hierro candente haciendo chisporrotear la carne de las heridas y los alaridos de dolor, y el olor a chamusquina, y siempre la muerte... Después de todos los esfuerzos, y los sufrimientos de aquellos hombres, habría de sobrevenir la muerte de la que nadie escapaba. Al lado del profesor estaban Roux y Chamberland, ellos eran sus colaboradores, ellos trasladaban la saliva del perro a otros frascos y luego pacientemente harían las inoculaciones subcutánea e intramuscular, en los conejos y los acures y también en otros perros que esperaban enjaulados. Después vendría la espera, los días y las noches hasta ver aparecer los primeros síntomas del mal de rabia y finalmente, la muerte... 
5 de mayo: Detrás de su escritorio en el Dispensario rural, el doctor Gutiérrez recibió a la señora Soto y le pidió que pasara adelante.
-¡Pero usted es Aurora, la abuelita de Yemelis! Yo creí que vendría Chinca ¿Y donde está ella?
Se abre un paréntesis, porque resulta que la madre no quiere que le puyen a la hija y menos ponerle “un pocotón de empolletas en la barriga”.
-¡No mijito!
-¿I que vais a hacer Aurora?
El médico insistirá en que es importante, que es urgente, es necesario, le dirá a la abuela que no hay tiempo que perder, tratará de hacerla entrar en razón, pero ella le responderá que ella no es la madre, que ella está preocupada por su nieta, pero, que puede hacer ella?, ella le promete, y le promete...
-Mirá, si no nos dejáis ponerle las ampolletas en la barriga, se te va a morir tu nieta. ¿Vos no entendéis?
Aurora lo mira, ella si le entiende al doctorcito, le entiende y ya casi hasta le cree, pero no hace más que estrujar nerviosamente la tela de florecitas de su batolón, porque piensa que ella, no puede, ella no controla a su hija, es verdad...
-¿Que queréis que haga yo criatura? Vos sabéis como es Chinca de terca, a ella se le metió en la cabeza que Yamelita tiene que esperar por su padre. Ella dice que antes de hacerle nada a Yamelis, es su padre el que tiene que decidir. Ella dice que su padre es quien la va a traer al Dispensario, vos sabéis que él es policía, ella dice que él tiene que saber de eso, y además, que él es su padre, vos sabéis como son las jaibas... ¡Ay doctorcito!  ¿Como hacemos con Chinca?
       -Mirá Aurora, no podemos esperar que venga el padre de Yamelis desde Lagunillas, ¡que mamón!, tendríamos que aguantarnos hasta el sábado y serán casi cinco días, eso será  demasiado, mucho tiempo, ¿me entendéis? Mirá Aurora, haceme vos el favor, traete a Yemelis Josefina porque sino yo mismo te la voy a buscar a que Chinca y le pongo las ampolletas en la casa. ¿Vos no sabéis lo que es el mal de rabia? ¿Ah?, si sabéis!, entonces, explicáselo a Chinca, vai, haceme la caridad...
Los bigotes engominados del doctor Vulpin se erizaban y su cara enrojecía al escuchar la historia que pausadamente le relataba el profesor Pasteur. Aquella tarde Vulpin estaba con su colega Grandier y ambos, sentados en la salita de espera de la rue d`Ulm, oían de boca del investigador, del químico de la barba entrecana, la historia de Joseph. Era un cuento sobre un perro y el niño Joseph, para quien Pasteur había solicitado la consulta a sus amigos médicos. Ellos esperaban para examinar y atender al muchacho quien habría de llegar al laboratorio a las tres en punto. Un momento después y a la hora convenida, tocó la puerta una joven señora con su hijo en brazos. En la tarde del día anterior, la señora Meister de Meissengott con su hijo Josep habían visitado al profesor Pasteur. El pequeño había sido mordido en las piernas y en un brazo por un perro rabioso y sus heridas estaban todavía abiertas. Pasteur las había curado superficialmente pero sabía que requerirían de la atención de un médico y para ello les había pedido ayuda a sus amigos Vulpin y Grandier. El pequeño Josep fue tendido en un diván y en medio de su llanto estremecido y de sus sollozos, los doctores examinaron y curaron una a una las dentelladas y arañazos en la delicada piel del niño. Ellos conocían al profesor y habían llegado a un acuerdo previo. Por eso fue completamente a conciencia cuando decidieron inyectarle en el tejido subcutáneo al niño, aquel líquido que provenía de la saliva del perro y de cultivos de animales rabiosos... 
9 de mayo: Chinca está toda atribulada porque a Yamelis le empezó a dar calentura y ella ha ido hasta el Dispensario a discutir la situación con el doctor Gutiérrez.
-¡Fijate, que menguao!. Nada más lleva tres empolletas y ya se me está prendiendo en fiebre! ¡Yo lo sabía, sí, yo te lo dije! Esa puyaera en la barriga no puede ser buena. No te la voy a traer más. Me voy a ir pa Lagunillas a buscar al papá de Yamelis y que él decida lo mejor pa ella.
      -Chinca por favor, entendeme, vos no le podéis suspender las vacunas. Si te vais a llevar a Yamelis pa Lagunillas, tenéis que ir a la Sanidad de allá y que sigan vacunándola. Dejame que te voy a dar una orden escrita. Fijate que la vida de tu hija va a depender de que me hagáis caso. ¿Me estáis entendiendo lo que te estoy explicando? ¡Chinca, por Dios!
Un mes después de la inoculación subcutánea de los cultivos con saliva de perros rabiosos, ya el niño no tenía fiebre y sus heridas habían cicatrizado. Josep parecía estar curado del mal de rabia. Un par de semanas más tarde él y su madre regresarían felices a su pueblo en las afueras de Paris...
18 de mayo: Es domingo en Quisiro, pueblo de entendidos en espiritismo y de facultos en brujería. El padre Ocando ya cumplió con su deber, estuvo en la iglesia, ofició la misa, y repasó el catecismo con los muchachitos. En el Dispensario acaba de terminar la consulta de puericultura dominguera y la plaza ya se está quedando sola pues es hora de que las madres regresen a sus caseríos. El sol cae verticalmente sobre las casas. El viento hace casi media hora que ha dejado de soplar. Con su maletín negro, el doctor Gutiérrez camina por las polvorientas calles de las afueras del pueblo. Se dirige hacia los cujíes y el cardonal que rodea la casita de Chinca Soto. Alrededor de él saltan varios niños y dos perros creando una nube de polvo gris amarillento que se disipa para dejar entrever su figura. Bajo la resolana destaca su blusa blanca con botones a un lado. Debajo del matapalo que está frente a la casa está sentado Ramón Zabala. Sin su uniforme de policía se ve como un paisano más. A su lado en unos taburetes están sus amigos José Cubillán, Arnulfo Prieto y Ruperto Peña. Todos tienen en la mano derecha una botellita de color ámbar y a un lado, en la tierra, está una caja de plástico roja con letras doradas que dice Regional.
- Nas tardes doctorcito.
- Buenas Ramón, vengo a saber de Yamelis...
- ¡Chinca vení y traete a Yamelis que aquí está el doctor Gutiérrez!  La madre temerosa, luciendo un pañolón rojo en la cabeza, se asoma a la puerta. Detrás de ella la pequeña niña se esconde entre los pliegues de la falda.
- ¿Cuando regresaron? Chinca, vengo a que me contéis como te fue en la Sanidad de Lagunillas...  El viento trae los trinos de los turpiales anidados en el frondoso matapalo. El polvo se ha quedado en el suelo al cesar el viento y la casita con sus paredes de azul añil y de blanco nube, brilla casi incandescente bajo el sol. Aurora, la abuela ha salido y estruja su blusa de un negro verdoso. Los niños regresan al pueblo brincando con sus dos perros, se divisan a lo lejos, y en el matapalo continúan trinando los turpiales. Es la abuela quien se decide a hablarle. El policía Zabala se levanta y le ofrece una cerveza al doctor. El no la acepta...
- Están friítas. Quédese quieto que nada va a pasarle a Yamelita, ya usted lo verá mi doctor, ella ya está bien, solo fue la calentura de las empolletas lo que la enfermó. Estese tranquilo doctorcito que ya Don Simón la vio y con unas cataplasmas que le puso se le pasó todo, venga  y tómese una frías, o si quiere nos acompaña en una partidita de bolas... De nada valieron las explicaciones del doctor Gutiérrez, no sirvió querer enojarse con Ramón y con Chinca. Tampoco sirvieron sus amenazas, y todo se le fue convirtiendo en un un gran dolor y un nudo en la garganta al mirar los grandes ojos de Yamelis, condenada a muerte. Medio en serio y medio en broma, lo corrieron de la casa para que los dejara pasar el domingo en santa paz. 
Los diecinueve mujics con sus trajes sucios, sus gorros de piel y sus barbas empegostadas llegaron a Paris desde Smolesko por tren. El viaje desde la lejana Rusia había durado casi una semana y ya cinco de ellos no podían ni caminar. Quince días atrás, una manada de lobos furiosos les había cercado. Todos ellos habían sido mordidos y estaban condenados a morir del mal de rabia. Pero allá lejos, a oídos de alguien había llegado la fama del profesor Pasteur y ahora, en un vagón del tren en la estación de San Lázaro en la ciudad luz, entre pieles, vendajes y tazas de té caliente, veían esperanzados el cielo azul radiante de la capital francesa. Ya en manos del profesor Pasteur, tan solo tres rusos habrían de fallecer, los demás se iban a salvar. El profesor recibiría una carta de agradecimiento del zar de Rusia, por haberles permitido seguir viviendo, a unos campesinos rusos quienes atacados por lobos rabiosos no perdieron totalmente la esperanza de salvarse de la rabia. 
20 de mayo: Don Simón es el de las cataplasmas y el de los sinapismos. Don Simón es sobador y usa caraña y tacamaca, unta suelda con suelda y sangre de drago y para las fracturas preconiza el ron de culebra. A Don Simón no le gusta que le digan brujo, pero todos saben que él es faculto... “Mis esfuerzos y mi insistencia han sido en vano y no he logrado persuadir a la señora Chiquinquirá Soto ni al agente Zabala que es el padre de la criatura, del perjuicio que le están causando”...   Don Simón es quien receta los parches porosos y pone los emplastos de antiflogistina caliente con semillas de mostaza. A Don Simón le gusta usar el kerosén frotado con aceite de eucaliptus en las plantas de los pies y acostumbra a colocar parchos de caraña en el ombligo...  “Quisiera exigirle como máxima autoridad de la Sanidad en el Municipio el que a través de la Policía del Estado traten de convencer al agente Zabala de su error, pues al fin y al cabo, él es el padre de la niña y es él quien nos impide llevar a cabo cualquier procedimiento médico que pueda beneficiar  a la pequeña Yemelis Josefina Soto”...  El doctor Gutiérrez mira la esquela escrita con su bolígrafo y piensa nuevamente en Don Simón...

La controversia sobre la vacunación de la rabia había aumentado y se había hecho virulenta con el correr de los años. En 1888 Pasteur sufrió un nuevo ataque de parálisis y se vio obligado a abandonar definitivamente sus estudios experimentales. Si hubiera podido trabajar unos años más habría visto que sus  hipótesis se acercaban cada vez más a la verdad. 
25 de mayo: Se ponía toda morada Yamelis cuando era atacada por las convulsiones. Estaba cianótica hasta la raíz de las uñas cuando se la llevaron al doctor. En el Dispensario se escuchan murmullos y quejidos y el garrapateo de una nota escrita con mano temblorosa por el doctor Gutiérrez. Es para su colega Eligio Salazar, allá en la Unidad Sanitaria de Maracaibo. Los ojos húmedos del joven médico miran desalentados a Yamelita quien yace respirando pesadamente entre una y otra convulsión. Al oír los gemidos de Chinca se le hace un nudo en la garganta pero él no sabe si es de rabia o de dolor. Los desgarradores gritos de Aurora, segura de perder a su nietecita del alma, continuarán sonando en sus oídos hasta mucho después de haber salido la ambulancia para la capital del Estado.

En el patio del Instituto Pasteur está la estatua del valiente Jupille, un joven pastor del Jura, quien luchó con un lobo rabioso para salvar a sus compañeros y a sus ovejas. El muchacho tendría la suerte de recibir la segunda vacunación subcutánea del profesor Pasteur y se salvaría de las garras de la muerte. Ahora está luchando con un lobo, en bronce, en el centro de un patio en el Instituto Pasteur, en Paris, muy lejos del Zulia y de Maracaibo y de Quisiro donde hay muchos espíritus y el viento levanta nubes de polvo gris...

Novelas y pie de páginas



Sobre novelas y notas de pie de páginas

Se supone que «Las notas de pie de página sirven para la mejor comprensión del texto. Se llama pie de página porque las notas se colocan en la parte inferior, ya que si se  colocaran en el texto, implicaría confusión para el lector».  Cuando se trata de traducciones, algunos opinan que poner notas de pie de páginas representa un fracaso del traductor. Otros consideran que usarlas en las llamadas «novelas históricas» viene a ser casi una necesidad. El rechazo de las mismas en las novelas es un concepto general que tiene explicaciones sencillas y de una cierta lógica.

En este caso, esta «Edición Especial» de «Escribir en La Habana» tiene 812 notas al pie de página. Los temas que se abordan en esta novela van desde la literatura al cine, de la música y las canciones, hasta la santería y la política, bajo la mirada de quien analiza el conocido fenómeno de la revolución cubana, para el año 1989.

Para no cansar al lector con detalles que puedan sonar como excusas, o aclaratorias, señalaré un solo ejemplo: si examinamos las notas a pie de página, tan solo de la No 1 a la No 85 (seleccionamos tan solo esta muestra arbitrariamente, para usarla como ejemplo). Si decidimos escoger un solo tema, como puede ser : la música. Hallaremos en el texto y citados en los pie de páginas, 35 fragmentos de canciones, usualmente boleros que se encuentran intertextualizados, por lo que no es de esperar que sean detectables como retazos de composiciones musicales. Si examinamos los nombres de músicos, cantantes o cantautores, o de conjuntos musicales entre los primeros 85 pie de páginas, encontraremos a 10 personas citadas, pero si examinamos el mismo renglón en los breves textos al pie de las páginas, hallaremos 42 personas o agrupaciones musicales citadas y 48 títulos de piezas musicales de diversos estilos.

Si este ejercicio se realiza con todo el texto, es comprensible que exista mucho más de un centenar de personajes, canciones, y referencias musicales, usualmente asociadas con el Caribe, y ellas estarán inmersas en el texto de la novela, pero seguramente pasarán absolutamente desapercibidas para el lector. Si vamos más allá y el ejercicio lo repetimos con algunos temas como pueden ser, la literatura, las obras literarias y sus autores, el cine y sus artistas hombres y mujeres, directores de cine, la música de las películas, la santería y el sincretismo religioso, la política y algunos otros aspectos menores, el resultado puede llegar a ser sorprendente. El resultado de este experimento que constituye la tercera edición de esta novela, con pie de páginas ( Edición Especial de Escribir en La Habana), confío en que lejos de distraer la atención de los lectores, enriquezca la emoción de vivir la trama a través de hendijas o espacios que se acerquen a la corriente de pensamiento del autor. Al final he de parafrasear a una joven personaje de esta misma novela quien casi al final de la misma dice un par de frases: «la literatura no se ha hecho para leerla sino para releerla» y «lo que cada uno encuentre en los libros depende más del lector que del autor, sobretodo
del lector que sea capaz de releer».

Nota del Autor

Escrito al inicio de la 3ra edición de "Escribir en La Habana"