martes, 20 de diciembre de 2022

El triunfo de la muerte


De Bolaño se puede decir lo que dijo Cortázar de Lezama Lima, cuando Paradiso era una obra maestra desconocida, o lo que dijo el propio Bolaño de Philip K. Dick: “Es bueno incluso cuando es malo”. 2666 fue su logro mayor y se dio, de manera especial, en el plano del lenguaje. Por su carácter inconcluso, deja algunas cosas sin resolver…

Con 2666, más vale dejar en suspenso la idea (https://bit.ly/3Dd7wC5) que podamos tener sobre lo que realmente es la literatura y, sencillamente, dejarse llevar... La lectura de 2666 es una experiencia total, una fiesta continua que nos depara sorpresas, casi a cada paso. No importa que esta obra tenga 1.119 páginas. No pesan. Cuando nos queremos dar cuenta, hemos leído seiscientas como si hubiéramos leído sesenta. 2666 le devuelve al lector la alegría elemental, la pasión de la lectura.

La senda de los elefantes, más conocida por su reedición bajo el nombre de Monsieur Pain, y es la segunda novela del escritor chileno Roberto Bolaño, y la primera publicada como único autor. Fue escrita en 1981 o 1982 y publicada por primera vez en 1984 como La senda de los elefantes, gracias al Premio Félix Urabayen del Ayuntamiento de Toledo. En Monsieur Pain, la trama (que el propio Bolaño tildó de indescifrable) gira en torno a un moribundo, y será nada menos que César Vallejo. Allí nos describe cosas tales como el hipo de Vallejo y la negligencia de sus médicos en un hospital de París, durante la primavera de 1938, o nos habla de la muerte de Pierre Curie atropellado por una carroza (https://bit.ly/3j7k4Ty) y de sus últimos trabajos ligados al mesmerismo, conocido también como “el magnetismo animal” que nos habla de un fluido invisible que permite que el cuerpo humano funcione ya que si no lo hace, aparecerían las enfermedades.

En apariencia, nada puede pasar, mas, sin embargo, el mesmerista Pierre Pain se verá envuelto en una intriga en donde planean un asesinato ritual de proporciones planetarias. ¿Quién es el sudamericano que agoniza en el hospital Arago? ¿Por qué unas fuerzas ocultas desean su muerte? ¿Qué se pierde y qué se gana con esa muerte? Pierre Pain se da cuenta de lo que se teje entre bastidores, y él, que no es un héroe sino un hombre común y corriente, solitario, quien esta secretamente enamorado de madame Reynaud; él, delicado, pacífico y descreído, será el menos indicado para intentar resolver una historia extraordinaria a mitad del camino entre la casualidad y la causalidad, una aventura a vida o muerte en donde se pondrá en juego el amor, la soledad, la dignidad y el valor del ser humano, el delirio y la irremediable tristeza. El libro finaliza a su vez con un epílogo titulado “Epílogo de voces: La senda de los elefantes”. Mosieur Pain es una insólita novela en la que el autor de Los detectives salvajes, premiado con el Rómulo Gallegos, exhibe su incomparable altura literaria.

En Nocturno de Chile, la inminencia de la muerte del protagonista es una percepción ilusoria. Sebastián Urrutia Lacroix sacerdote derechista, crítico literario, e ignorado poeta, en su cama se encuentra, en una noche que parece ser su última en este mundo pero más febril que su enfermedad el alud de sus recuerdos, como una avalancha incontenible de un pasado fantasmal -de halcones adiestrados para cazar palomas-, dictado de lecciones de marxismo a un dictador en ciernes; ese artista abandonado es “el joven envejecido” de su consciencia, y el monólogo de Urrutia se alza por encima de los muros de una ciudad hundida en el toque de queda.

En Los detectives salvajes asistimos a una escalofriante evocación de los días finales de Reinaldo Arenas (a quien no se nombra). Enfermo de Sida en Nueva York, el escritor cubano le dicta a un amigo el texto lacerado de Antes que anochezca. Dictado ya, lo consigue terminar, tras lo cual se suicida. Leída retrospectivamente, parece que Bolaño describe antes de tiempo la crónica de su propia carrera contra la muerte, entregado a la escritura de 2666: “No tengo mucho tiempo, me estoy muriendo”, dice uno de los escritores apócrifos hacia el final de la novela, y el lector siente que un sudor frío le recorre la espalda.

Ante un paisaje dominado por la muerte, comprendemos sin aliento que, ahora sí, y en directo, estamos asistiendo a la carrera desenfrenada del autor contra el tiempo. Como una de las sombras que aletea sobre las páginas de la novela. Musil tampoco lograría acabar su obra maestra, como le sucedería a Bolaño, pero hay mucho de grandeza en su derrota. A estas alturas, los defectos importan poco, y es la inteligencia, la humanidad, y la arrolladora simpatía que exudaba la personalidad de Bolaño lo que cuenta…

Si examinamos la historia, nos enteraremos de que Robert Musil (1880-1942) era un escritor austríaco, hijo de una familia de la baja nobleza, quien siendo niño fue internado en una escuela militar (1892 a 1894), de donde pasó al instituto militar para jóvenes oficiales en Hranice (1894-1897) hasta que abandonó la academia para en la escuela superior de Brno, licenciarse como ingeniero (1898-1901). Musil hizo estudios de lógica y psicología experimental en la Universidad de Berlín (1903-1908), y enseñó ingeniería mientras escribía su primera novela Las tribulaciones del estudiante Törless, sobre la vida de adolescente en un colegio militar. Musil sirvió en el ejército imperial austrohúngaro durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918) y vivía en Viena hasta la anexión de Austria a la Alemania nazi en 1938, cuando se exilió en Suiza, con su mujer Marthe Marcovaldi, para finalmente y atravesando grandes dificultades económicas, moriría en Ginebra en 1942. Ya en el final de sus días, escribió los dos volúmenes de El hombre sin atributos (1930–1943).

En español existen de Musil: Los extravíos del colegial Törless, Círculo de Lectores, 2004. Los alucinados, Barral Ed, 1970, El hombre sin atributos, SeixBarral, 2007, Uniones, Sei:xBarral, 1995, Tres mujeres, SeixBarral, 1992 y otros… Lo que nos dejará la lectura de estas obras, es una honda nostalgia de un todo perdido, que es difícilmente calificable, pues impresiona como si hubiésemos dado un largo paseo por la soledad y el caos. Bajo la superficie de todas estas páginas late una profunda humanidad, una visión compasiva de la existencia.

Como una nota más, sobre la lengua, y aunque la obra de Bolaño se inscribe de lleno en la tradición literaria de América Latina, su lenguaje trasciende las marcas de identidad regional, mostrando un cuño de signo claramente transatlántico, panhispánico. Dotado de un oído excepcional, Bolaño capta y registra con gracia irrepetible los más nimios matices del habla coloquial, Bolaño cultiva una prosa polimorfa y perversa, capaz de mimetizarse de española, chilena, mexicana, uruguaya o argentina y, si se tercia, de todas a la vez.

No se sabe bien cómo hizo este hombre para haber podido llegar tan lejos. Ha abierto sin duda, un camino para que pasen los demás y los jóvenes escritores, sobre todo de América Latina, es lo que han visto en él. Esa es la grandeza y la autenticidad de Roberto Bolaño, lo mejor que le ha sucedido a la prosa en lengua castellana desde hace décadas. La fuerza arrolladora de su estilo tiene algo de monstruoso, en el sentido que le daban los clásicos del Siglo de Oro al término. Bolaño marcaría un hito en la historia de la literatura en nuestra lengua y hay que entender que, con él, la novela en español entraría en un nuevo paradigma.

NOTA: Algunas de las citas en este trabajo las he tomado de publicaciones previas ya mencionadas en este blog (https://bit.ly/3Roj1L2), (https://bit.ly/3Dd7wC5)( (https://bit.ly/3D1dmX5).

Maracaibo, martes 20 de diciembre del año 2022

lunes, 19 de diciembre de 2022

José Ramón Yepes


Cuando José Ramón Yepes nació en 1822, el venezolano Francisco Delgado, quien se había pasado al bando patriota, tomaría la ciudad de Maracaibo que estaba en manos del teniente coronel José Rafael Las Heras, jefe de las tropas realistas. Como consecuencia de estos sucesos, el 28 de enero de 1821 una “asambleas de notables” declaro la Independencia de la provincia y su incorporación a Colombia, la Colombia de Miranda y de Bolívar, la que hoy llamamos la Gran Colombia. Asi fue como Yepes quien nació colombiano en diciembre de 1822, en Maracaibo, a los ocho años de edad se convirtió en venezolano, cuando Páez decidió la separación de Venezuela de la Gran Colombia.

Desplazado a Caracas en su adolescencia para cursar allí sus estudios secundarios, tres años después de graduarse de bachiller, ingresó en las Fuerzas Navales Venezolanas (la Armada Nacional). En 1842 estaba de regreso en Maracaibo, en la Escuela Naval y en 1848, como marino, combatió contra las fuerzas paecistas y fue ascendido a primer teniente. En 1850 era comandante del Apostadero de Maracaibo cuando fue ascendido a capitán de fragata, y en 1853 se convirtió en capitán de navío y pasó a La Guaira.


Luego de ser diputado, ocupó varios puestos importantes. En Maracaibo de nuevo, como comandante de la plaza, donde en 1858 fundó un periódico literario llamado El Rayo Azul, y cuatro años después, en 1860, fue ascendido a contralmirante por el presidente Falcón y de nuevo fue Comandante Naval de Maracaibo, hasta que en 1874 fue designado director de la Marina en Caracas. Entre 1875 y 1879 fue Senador y Diputado por el Zulia, Ministro (encargado) de Guerra y Marina y hasta Presidente de la Corte Suprema del Zulia.

José Ramón Yepes (1822-1881) quien fuera general de brigada, ministro de Guerra y Marina, era también un poeta y novelista, que perteneció a la primera generación literaria romántica venezolana, de la cual se le considera uno de sus principales exponentes. Su fama literaria la obtuvo gracias a sus poemas líricos que lo colocan entre los mejores poetas venezolanos. Murió el 22 de agosto de 1881, sin haber cumplido los sesenta años, una noche en su querido lago de Maracaibo. Felipe Tejera, ha relatado que el contralmirante, mientras trabajaba en una poesía para el centenario de don Andrés Bello, decidió interrumpir su tarea para despejar la mente y paseaba por la orilla del Coquivacoa, cuando distraído, cayó, “recibiendo un duro golpe que le impediría evitar ahogarse”. Otra historia, dice que aquel 22 de agosto, Yepes naufragó de una barca en el lago y en aquel terrible accidente, coincidiendo con el destino narrado por Tejera, se ahogó. Los restos de este laureado zuliano, localizados en 1949 fueron trasladados al Panteón Nacional.

Se ha descrito que la tradición reivindicativa del indio, se inicia con la novela Atala de Chateaubriand y en esa misma línea se enmarcan Anaida e Iguaraya, las novelas indianas de Yepes, el poeta zuliano, político y avezado marinero… Dentro de la cosmovisión del romanticismo vigente, Yepes muestra en Anaida personajes que pueden estar saturados de occidentalismo en la acción idílica, pero lograría una novela bien armada en su tema amoroso y con un sustrato mítico envolvente. Óscar Sambrano Urdaneta ha señalado como, “en Anaida preexiste la intención de objetivar ambientes y otros rasgos que habrán de caracterizar la posterior novela de la selva y el indio hasta Gallegos”.

Domingo Miliani diría de Yepes como novelista, que su valor quizá no ha sido entendido del todo todavía: “José Ramón Yepes, poeta de fina meditación escéptica en el crepúsculo romántico, vivió y vivenció una realidad concreta: el lago de Maracaibo y su complejo paisaje perdido en una inexplorada península habitada hasta hoy por indígenas goajiros. En 1860 publicó su novela corta Anaida que tuvo éxito en su momento pero luego fue puesta al margen por la crítica, dogmatizada de regionalismo campesino.

Después vino Iguaraya (1868) y ambas imbrican el idilio amoroso dentro de un mundo mítico-legendario, expresado en lenguaje romántico-sentimental; pero ahí está, palpable, un pedazo de territorio en escorzo "la Goajira venezolana” .José Ramón Yepes también cultivo la leyenda en trabajos publicados bajo el título de Los hijos de la Parayuta. Estas obras en prosa, fueron editadas póstumamente en un volumen titulado Novelas y estudios literarios de José Ramón Yepes (1882).

Yepes considerado un romántico empedernido y enamorado de su lago, fue también llamado “el poeta de la niebla”, como un enamorado de la noche, dejo plasmado en sus poemas cuan hechizado estaba por su región, y muy representativo es su conocido poema “La media noche a la claridad de la luna”: Opacos horizontes/  i rumor de airecillos y cantares, /  i sombras en los montes,/  i soledad dulcísima/ En la tierra feliz de los palmares,/  i allá a lo lejos la luna que se encumbra/  i un cielo azul de porcelana alumbra. ...

El año 2014 a propósito de la ceremonia de clausura de la “Semana Zuliana de la Narrativa” tuve la oportunidad de pronunciar un discurso, y en noviembre del 2021, siete años después, se me ocurrió compartir en el blog retazos de aquellas palabras (https://bit.ly/3UPb1Ur)... En esa oportunidad recordé como, en el año 1991, en un evento de mi especialidad, dije, -para preocupación de mis amigos-, que ya como  "tras 13 años de estar viviendo en Caracas, debería pensar en regresar, quizás buscando, esa luna que se encumbra y un cielo azul de porcelana alumbra, o tal vez para saber si en el lago, la onda medio caliente, entumecida, coronada de espuma, acaso aún continuaba, soñando melancólica…

Su sobrino Gustavo Yepes nos recordó en mayo de este año 2022 que “los poetas nunca mueren” y plantearía que, quizás eso fue lo que Yepes nos quiso decir en su «Poema de la muerte».

Pero un día ese muerto se saldrá de mi tumba

i se irá por los rumbos de la tierra hacia Dios,

i entonces quedaremos por siempre separados

i estará roto el lazo que formamos los dos.

Yo seguiré viviendo con la luz de mis versos,

pero él estará muerto debajo de una cruz,

un desnivel entonces mediará entre nosotros:

el desnivel eterno de la sombra i la luz.

Maracaibo, lunes 19 de diciembre del año 2022

domingo, 18 de diciembre de 2022

Armando Reverón


Armando Reverón (1889-1954). El artista venezolano, fue un precursor del “Arte povera”, movimiento artístico surgido en Italia en la década de 1960 que utiliza para su creación materiales humildes y pobres. Por su carácter exótico, excéntrico y primitivo, Reverón era conocido como “El Loco de Macuto”. Pionero del ensamblaje artístico, de la intervención y de la escultura textil, fue autor de más de 450 pinturas, 150 dibujos y decenas de objetos entre los que se destacan sus famosas muñecas de trapo.

Armando fue el hijo único de Julio Reverón Garmendia y Dolores Travieso Montilla y entre 1885 y 1896 estudiaría en el Colegio de los Padres Salesianos, en Caracas. En 1899 llegan “los andinos” al poder en Caracas y en 1902, Armando viviendo en Valencia enferma gravemente de fiebre tifoidea. En 1908 cuando el presidente Cipriano Castro se va a operar en Europa, Armando es un joven de 18 años y Herrera Toro dirige la Academia de Bellas Artes en Caracas. Aunque se cierra bajo el mandato del general Juan Vicente Gómez, se reabre y Armando va a asistir hasta 1911 cuando egresa. Con una pensión de 120 bolívares mensuales se va a Europa…


Alfredo Boulton, reconocido biógrafo e intérprete de Reverón como artista venezolano, ha propuesto una periodización basada en el colorido de las obras de Reverón la cual ha sido aceptada sin someterla a pruebas críticas. Según Boulton la obra reveroniana se divide en tres segmentos cronológicos sucesivos: un período azul, desde 1919 hasta 1924; un período blanco, de 1924 a 1934; y un período sepia, desde 1935 hasta 1954, año del fallecimiento del artista. Semejante periodización ha sido influida por la célebre taxonomía que circunscribe la producción juvenil de Picasso, con su período azul y su período rosa, aunque para muchos, es bastante discutible para el caso de Reverón.

Es innegable que durante el lapso 1919 a 1924, en la obra de Reverón abundan los cuadros con un dominante azul y diversos tonos de azules desde cobalto, a ultramarinos, cerúleos, malvas y violeta presiden sus composiciones. También hay que entender que durante el bienio 1919-1920, se hace más palpable la influencia del pintor impresionista ruso Nicolás Ferdinandov, debido a la estrecha amistad que ambos mantenían. De esta época son: Grupo familiar, 1919, Mujeres en la cueva, 1919, Quebrada de Morrocotudo, 1919, La luna, o Nocturno con luna, s.f., El río Guaire, 1920, Procesión de la Virgen del Valle, 1920, Antigua carretera de El Valle, 1920, Uveros azules, s.f., La trinitaria, 1922, Fiesta en Caraballeda, 1924, y Aaiguatá, 1924.

Este primer periodo denominado azul es también la época del Castillete donde Reverón va a producir obras de un colorido variable y en ocasiones abigarrado como sucede con Juanita con abanico, 1919, El bosque de la manguita, 1919, Figura bajo un uvero, 1919, Calle de Punta Brava, 1920, Calle de El Valle, 1920, Calle de Maiquetía, 1920, Paisaje azul (Calle del Valle), 1921, y El Parque de Macuto, 1921. En todas estas pinturas, el color azul casi siempre es asumido como un tono local usado para el mar y el cielo de acuerdo con las convenciones, o como un valor de sombras y de penumbras conforme a las características requeridas por el estilo impresionista donde este mismo juega un papel secundario frente a la avasallante presencia de otros vivos colores.

Los otros dos períodos propuestos por Boulton para el decenio 1924-1934, presuntamente denominado período blanco en el cual sobreabundan en la producción reveroniana obras construidas sobre la primacía de blancos lechosos y grises perláceos, no es menos cierto que durante esa misma época, Reverón produjo también otros trabajos pictóricos en los que predominan los tonos marrones claros, ocres y grises cenicientos Estos tonos, serán característicos del supuesto período sepia, que son propuestos para delimitar un lapso entre 1935-1954. En ese período sepia no son infrecuentes tampoco los cuadros dominados por los tonos, blanquecinos y cremas.

Se ha dicho con alguna frecuencia que Reverón usaba el coleto de 'arpillera' y los papeles baratos, porque no tenía la posibilidad de escoger ni de ser exigente, aunque hay quien afirma que Reverón si escogía su material de trabajo y que era exigente (Miguel Arroyo). Cuando Arroyo revisa la obra de Reverón posterior a 1926, encuentra cinco constantes en lo que a materiales y a uso de materiales se refiere y destaca como la primera, su aversión al brillo. Esta aversión lo llevaría a emplear temple, especialmente en los empastes, y a escoger bases mate y de mucha absorción. También Arroyo destacara su predilección por soportes de mucho poro y de trama visible. Finalmente, el uso de las uñas, los cabos del pincel, o cañas de bambú especialmente cortadas, para hacer raspaduras en la tela, para con ellas crear sombras, definir linealmente ciertos perfiles, o enriquece sus planos.

Ese es el mundo de Reverón, ésa es la visión de Reverón, el pintor de la pura visualidad. Reverón es el primer pintor que, en nuestro medio, expresa -de manera consistente y a veces genial- el mundo propio de su visión. De modo que es únicamente en esto, y en su decisión de atenerse exclusivamente a los datos que su mirar le proporcionaba, en lo que Reverón se vincula con los propósitos de los impresionistas. Hasta allí llega su vinculación, pues, para expresar su realidad, Reverón tuvo que hacerse él mismo con sus materiales y crearse su propio lenguaje. Un lenguaje de "sabias marcas instintivas", como diría Bacon, y tan irrepetibles -aún por él mismo- como la realidad visual que percibía. Reverón, además de enseñamos a ver, nos enseña también en qué consiste el ver, como actividad distinta -y complementaria- del palpar, del imaginar y del conocer.


Podría suponerse que, al confiar el pintor exclusivamente en su mirada, y al olvidarse de todo otro conocimiento estaría simplificando su problema, ya que, en el puro mirar, un objeto puede ser no más que una leve o intensa coloración, suspendida -ingrávida y flotante en el campo que abarque la visión. Pero tal suposición carecería de fundamento, pues nada es más difícil que encontrar, para cada ocasión, el signo indefinido pero preciso, y la exacta señal que reconstruirá, para el otro, la esquiva evanescencia que percibió la mirada. Así están evanescentes, están hechas muchas de las imágenes de Reverón.

Así, rodeando con tonos las zonas intocadas del soporte, o dando acentos de luz, sombra o color, en esas zonas, sería como Reverón crearía las más inimaginables transposiciones. En Juanita, por ejemplo, una ligera veladura de blanco y dos suaves tintes de azul alteran sutilmente el color del coleto y lo convierten en una magnífica piel tostada, envuelta en aire y luz. El mismo coleto, en la parte superior, da una variante cálida al tenue azul del cielo, y, en el ropaje, es el coleto, otra vez, el que, por contraste con los blancos, crea las sombras y define el color y la materia de los pliegues.

Reverón: con golpes de pincel, con brochazos, veladuras, raspaduras y empastes, casi siempre directos e instintivos, que traducen cerros, nubes, espumas, carnes y todo cuanto había en el universo visual que él contemplaba. "Casi siempre instintivos", ha señalado Miguel Arroyo, porque hay también algunas obras en las que parecería que Reverón hubiese perdido su instinto y se deleitase en un efectismo demasiado fácil para su talento.

Maracaibo, domingo 18 de diciembre del año 2022

 

sábado, 17 de diciembre de 2022

La piedra de la locura


En septiembre del año 2019, había hablado en este blog sobre Jheronimus van Aken, (https://bit.ly/2ULek1P) conocido también como El Bosco (1450-1516), y llamaba la atención sobre la vida de este pintor holandés de finales de la Edad Media, autor de “El jardín de las delicias” al que me referí en el blog como “Las delicias del jardín” en abril 2020 (https://bit.ly/3ivIv6S). Destacaba igualmente, que su vida y su pintura está recreada en mi novela “Para subir al cielo…” (https://bit.ly/2kqHrJN) reeditada en 2016 en Maracaibo.

Se ha dicho que la protagonista de los cuadros de Jeroen Anthoniszoon van Aeken, conocido como El Bosco, parece ser “la humanidad” que incurre en el pecado y es condenada al infierno; (https://bit.ly/3Bbza0n) la única vía que existe para redimirse, parece sugerir el artista en las tablas con vidas de santos dedicados a la meditación -que debieran ser modelos de imitación- aunque estén rodeados por el Mal. El Bosco no fechó ninguno de sus cuadros y solo firmó algunos. El Rey Felipe II de España compró muchas de sus obras después de la muerte del pintor y como resultado, el Museo del Prado de Madrid posee hoy en día varias de sus obras más famosas.

A principios del siglo XVI Hieronymus Bosch, conocido como El Bosco, pintó en una tablita de roble una obra a la que denominó: “La extracción de la piedra de la locura”. Es una pintura que parece contener una crítica a las antiguas tradiciones, entendidas como supersticiones por la modernidad. En la imagen aparece un “cirujano” acompañado de dos personas, extirpando “una piedra” de la frente de un campesino.

La extracción de la piedra de la locura, de 48 x 35 cm, en la pintura original, es de la primera o segunda juventud de El Bosco, hacia 1474-1485 y se conserva en el Museo del Prado. Las pinturas de los sucesores de El Bosco, muestran como lo que el cirujano saca de la cabeza del paciente es una piedra, mientras que el propio Bosco, quizá más gráfico y expresando mejor la verdad de lo que quería representar, sustituye la piedra por una flor, similar a la que yace sobre la mesa del supuesto médico, flor que en el mundo medieval simboliza la reproducción.

Rhazes, médico y filósofo persa del siglo IX y X, fue el primero en hablar del tema de La extracción de la piedra de la locura, ya que denuncia en su obra médica: "a los charlatanes que pretendían curar la epilepsia haciendo una incisión en la frente y aparentando extraer algo que llevaban escondido en la mano", generalmente se representaba una excreción calcárea o una piedra, tras haber horadado el cráneo del paciente, pero el objeto extraído también puede ser una flor, como ocurre en el cuadro de El Bosco. Algunos historiadores defienden que la extracción de la piedra de la locura es una trepanación terapéutica, práctica que se volvió a utilizar en el Renacimiento, que tiene como objeto causar mejoría en un paciente que sufre algún tipo de alteración cerebral o mental. Otros sostienen que la extracción de la piedra no es sino una puesta en escena en la que un hombre, víctima de la lujuria, es reintegrado en los cauces sociales, anulando, con la operación, su deseo sexual.

Piedra, cálculo o flor, extraída verdaderamente del cráneo del paciente u oculta en la mano del falso médico, es presentada en la iconografía como la oculta causa de la locura, que se revela al ser extraída del cerebro por el cirujano, verdadero o falso, como se extraen los cálculos renales o vesicales. Para algunos autores la escena representaría, pues la castración, que se ha practicado en la Edad Media, en forma epidémica, como necesaria para el ingreso en determinadas sectas religiosas, así se piensa que se trataba de obtener una cierta ascesis eliminatoria del cuerpo de lo que pudiese ser fuente de pasión y desvarío.

El círculo de la pintura de Hyeronimus está rodeado de una decoración dorada sobre fondo negro y una leyenda en hermosas letras góticas, igualmente doradas, que enmarca la escena. En la parte superior se lee: «Meester snijt die Keye ras» y en la parte inferior: «Myne name is lubbert das». Está inscripción adquiere diferente significado dependiendo de la traducción de la palabra “lubbert”. Así sería, “Maestro, quítame la piedra, mi nombre es lubbert Das/ tímido o tejón castrado”. El personaje que opera lleva en la cabeza un embudo, tal vez alegoría de la locura, o según Castelli, un emblema fálico. Está acompañado por dos religiosos, un clérigo y una monja, ésta lleva sobre su cabeza un libro cerrado; lo que indica que sean alegorías de la superstición y la ignorancia, de la cual se acusaba frecuentemente al clero.


Otro elemento es el jarro que pende del cinturón del cirujano. Brand Philip ha estudiado las imitaciones del siglo XVI de este cuadro de El Bosco, todas muy semejantes entre sí, donde han desaparecido el embudo y el libro de las cabezas del cirujano y de la mujer; pero en cambio, el jarro continua, no colgado del cinturón del cirujano, sino en un hueco hecho en la mesa, dejándose abierta la portezuela para que veamos en aéreas finuras la inédita concepción del amplio paisaje del fondo, del todo nuevo en el arte holandés, pero no insólito en otras obras juveniles del pintor.

En el periodo que aparecen estos pintorescos cuadros, no existe ninguna referencia escrita en las obras médicas, a esta cirugía craneal. Por lo anterior, hoy entendemos esta iconografía como una puesta en escena de algo exagerado por la caricatura, que servía a los pintores para retratar la sociedad de su época con ironía, y al hacer una crítica mordaz a los falsos médicos, a los charlatanes de su época y también de los abundantes incautos, que nunca faltan, que se dejaban timar por ellos. El cirujano pintado por El Bosco, quien lleva un embudo en su cabeza, le extrae, no una piedra, sino un tulipán del cráneo a su víctima, que aparece amarrada a la silla donde se realiza el peculiar procedimiento mágico-quirúrgico.



No se conocen precedentes de esta muy particular iconografía, que pueda interesarnos a los interesados en la historia de la medicina, o en la Historia del Arte de la Antigüedad, que además, solo existe en cuadros pintados al óleo, todos flamencos y en un lapso que va de finales del siglo XV hasta el siglo XVIII, llegando a su esplendor en los siglos XVI y XVII. Así que, la pequeña tabla pintada al óleo por El Bosco a finales del siglo XV, titulada Extracción de la piedra de la locura, que se encuentra en el Museo del Prado, es la primera representación del tema. El Prado cuenta con otro óleo sobre tabla de Jan Sanders Van Hemessen, titulado El cirujano, de 1550 (ver). El tema lo abordan en Francia, en 1557, Pieter Brueghel el Viejo y, en 1561, Pieter Huys. En Holanda también se destaca en 1670, el pintor Jan Steen, con su obra titulada Extracción de la piedra.

Maracaibo, sábado 17 de diciembre del año 2022

 

viernes, 16 de diciembre de 2022

Cine mexicano en Maracaib


La época de oro del cine Mexicano en Maracaibo, es el título de un libro de Antonio Soto (Serviluz, Kuruvinda Edt, 2005) cuyo contenido fue revisado por Ileana Morales Gollarza en el No.1 de la ya desaparecida Revista Kuruvinda, en Maracaibo, Noviembre del 2007.

En la presentación del libro La época de oro del cine Mexicano en Maracaibo en 2006, Edixon Caldera señalaba como durante varias décadas en la segunda mitad del siglo XX, las películas mexicanas tenían la preferencia del público maracaibero y zuliano, y cómo fue que a través de ellas serían transmitidos pautas y valores que fueron asumidos por gran parte de la población. Estos se referían a diversos aspectos como el papel de la mujer ante los hombres en hogar y en la sociedad, el culto a la madre como eje de la familia, el machismo y la apología del medio rural, destacándose fundamentalmente el gusto por la música mexicana.

¿Me permiten una interrupción? Es tan solo, que me ha parecido una coincidencia, y quiero volver hasta algo que recordé, un retazo de mi novela de 1978La Peste Loca”, solo eso, en el Capítulo 1, donde dice…“En la noche de "Aquí está el detalle", sin lluvia ni luna, el doctor Ferrer se carcajeó hasta más no poder con las interminables reláficas de Cantinflas. En la oscuridad se le apelotonaban entre el chirrido de las chicharras los recuerdos de su infancia y adolescencia... Al final de la película, los bombillos incandescentes se hallaban rodeados por hormigas voladoras y había sonrisas. Véngase doctor y échese un palo. Abrazo cálido de hombres sencillos. Tengo que volver a la medicatura. ¡Solo un lamparazo! De pie en la tierra de la media calle. Tengo trabajo pendiente. Una vueltica hasta la pulpería de Lucio Portillo. Bueno vamos. Febril pasión de la investigación. Paqueche su conversaíta. Láminas y frotis esperándolo. ¡No me se haga rogar mi doctorcito! El microscopio de Crisanto Navarro. Solo un rato compá Ramón, un rato amigos. ¡Ese si es mi gallo! Vacuolas en los leucocitos, conteo de células blancas. Sin palitos, eso sí. Anjá. Mascada y salivazo sepia que se arropa de arena. El comentario sano de la gente del campo en alpargatas. ¡Tantas cosas vistas en las sábanas de la mujer de Argimiro! Otra vez a discutir sobre "El peñón de las ánimas", tres semanas en eso y ni los chistes de Cantinflas daban fin a la contienda. Inquebrantable posición, sin tregua, los extrapoladores insistían, aquellos eran hechos calcados de la vida del pueblo. La contrariedad del grupito purista. Impúdico el buscar semejanzas, peligroso mezclar el prestigio de las hermanas y de las sobrinas, nunca las hijas ni las esposas. Era el honor de las mujeres y no debían conversarlo en la pulpería. Resquemores de familias enteras, alusiones veladas. Rancheras, huapangos y corríos lo atestiguaban, una historia real para una gente de carne y hueso. Pero Casigua era un pueblo de machos, Jorge Negrete estaba bien respaldado. Nunca me haga busté una comparación. En la rockola de Brinolfo Morales se escucha… De piedra ha de ser la cama, de piedra la cabecera... Las hembras en los botiquines de las carreteras, las mujeres del pueblo en sus casas. ¡No me joda no joda, si viene busté y me jode yo lo jodo, no joda! Emidgio se empinó su botella de refresco casi a temperatura ambiente y en el camino hacia la medicatura meditó sobre la afinidad peculiar de su gente para con aquella música. Venidos del lejano piedemonte, muchos de ellos eran muy andinos en el fondo, en el decir de Don Rafael Osuna emigrado de las montañas muchos años atrás, la explicación radicaba en la identificación de la idiosincrasia cordillerana con todo aquello que cantaban las rancheras y los corríos mexicanos. Esos son, pensó Emidgio, los valores fundamentales de sus vidas. El honor, el amor por la tierra, la defensa de sus mujeres y el suspirar por las hembras. ¡Por ellas aunque mal paguen y nos echamos el otro! Cariño por el aguardiente. Sombrero de paja de ala ancha, mascada de tabaco, en las malas y en las piores. Sentado en el oasis que había creado en la medicatura, aquella noche le costó trabajo al doctor el sumergirse en sus frotis teñidos con Giemsa y con Wright. Pensaba en Crisanto Navarro y en Yolanda, lejos en su ciudad del lago. Por la ventana llegaba como un susurro la música lejana, era valiente y arriesgado en el amor... Bostezo y restregar de ojos. Un día domingo que se andaba emborrachando, la oferta de Don César Cuello, se lo echaron a montón, no le había dicho nada a Yolanda, él también quería casarse, ella nunca se vendría a un pueblo como Casigua, con una beca la cosa cambiaría, podrían irse fuera, estudiar, investigar sobre las infecciones virales de los niños, en uno de esos sitios de los que le hablaba el doctor Navarro, quizás en el Centro de Investigaciones de Atlanta, en los Estados Unidos. En una choza muy humilde llora un niño y las mujeres se aconsejan y se van …”

La época de 1935 a 1940 es revisada en el Capítulo III, del libro de Antonio Soto, y fue en la presidencia de Lázaro Cárdenas, precisamente, es también coincidente con el inicio de la época de oro del cine mexicano. Allá en el Rancho Grande era un película que aunque podría catalogarse como un drama romántico rodado en 1936, fue dirigida por Fernando de Fuentes y protagonizada por Tito Guízar y Esther Fernández. Considerada como la cinta mexicana que inició el “cine industrial mexicano” llevaría a la llamada “época de oro del cine mexicano”, y ​es también la película que inició la denominada “comedia ranchera” cuyas bases parecen haber sido tomadas de las zarzuelas, de manera que ese cine, muy musical se extenderá hasta los años 40 con Las cuatro milpas, Amapola del camino, Bajo el cielo de México, Alma jarocha, Nobleza ranchera, La tierra del mariachi, Adiós mi chaparrita, y El charro Negro”. Será en esta época cuando harán su aparición los cómicos en el cine; Cantinflas, TinTán, y Chaflán.

El libro de Antonio Soto ofrece detalles muy poco conocidos, como la inauguración del Cine Vallejo en 1939, con la presentación de la película Nobleza ranchera, con Alfredo del Diestro como director y actuando igualmente con Daniel Armengol. Fue luego cuando se popularizaría la figura del deslenguado “policía del Vallejo” que controlaba con su pintoresco léxico la entrada de adolescentes a películas prohibidas para para ellos. Vendrían después nuevas películas de 1940 en adelante y algunos de sus títulos me llegan, por el recuerdo del Cine Landia de Bellavista a una cuadra de mi casa y podríamos comenzar por la emblemática Ay Jalisco no te rajes, hasta el famoso Fu Man Chú, con el curioso detalle del libro de poder ver registradas las fechas de cada película estrenada.



El Peñón de las Ánimas es una película mexicana de drama romántico estrenada en 1943, dirigida por Miguel Zacarías y protagonizada por Jorge Negrete y por María Félix. La película marcó el debut cinematográfico de quien con los años se convertiría en una figura legendaria del cine: La Doña. La perla es una película mexicana inolvidable, filmada en 1945 y dirigida por Emilio "Indio" Fernández; es la primera película en lengua hispanohablante en ser galardonada con un Globo de Oro. Sin lugar a dudas, Pedro Gregorio Armendáriz Hastings, simplemente conocido como Pedro Armendáriz, fue otra de las figuras más importantes en la historia de la cinematografía mexicana.

Desde 1945, las películas de Cantinflas se harían cada vez más populares y sus dichos y reláficas disparatadas serían repetidas durante mucho tiempo por mucha gente. Hoy sin ir más lejos, estaba mirando por la televisión El señor fotógrafo y capté varios disparatados comentarios (como decirle a una señora no muy agraciada que llegó tarde a la repartición de caras) que desde la infancia, están en presentes en mi subconsciente. Ni sangre ni arena, El circo, El gendarme desconocido, Allí está el detalle, Un día con el Diablo, El sietemachos y muchas otras que hicieron reír al público maracaibero; luego comenzarían a llegar las películas de Tintán,(https://bit.ly/35SXdiK) como Músico, poeta y loco (1947), El niño perdido (1947), Hay muertos que no hacen ruido (1946), Con la música por dentro (1946), El hijo desobediente (1945), y otras muchas.

Ya entre 1946 y 1952 comienza a verse el cine mexicano de las rumberas y ambientes de cabarets con actrices que ganaron mucha fama como Maria Antonieta Pons y Ninón Sevilla. Después las sentidas epopeyas del pueblo mexicano con las casas de vecindad y los barrios con su población sufrida, como “Nosotros los pobres” y “Ustedes los ricos”. Nosotros los pobres la película mexicana de 1948, corresponde a un género situado en el melodrama urbano. El argumento cinematográfico fue de Ismael Rodríguez y Pedro de Urdimalas; este último interpreta en la cinta a un cargador de apodo "el topillos", es el autor de una serie radiofónica de gran popularidad Una tumba para llorar donde se narraba la historia de una niña apodada "Viruta", hija de un carpintero simpático, muy pobre, pero trabajador y honrado. El personaje de "Viruta" fue el que interpretó Evita Muñoz "Chachita" en la película (Nosotros los pobres), cambiándole el apodo y así la radionovela sirvió de base al argumento cinematográfico de la cinta cuya última frase la dice "Chachita" contestando una pregunta de otro personaje: “No señora, ahora ya tengo una tumba donde llorar”.

Ismael Rodríguez representa en su filme la realidad de un submundo compuesto por personajes que muestran el amor, la alegría y la desgracia de la pobreza en México, desventaja notable para muchos con respecto al resto de la sociedad. Vale la pena mencionar, a Cuando lloran los valientes (1945), cuyo título parece un resumen de su personaje arquetípico; Soy charro de Rancho Grande y Nosotros los pobres, ambas estrenadas en 1947, y en las que comenzaba a brillar Pedro Infante (1917-1957) renovando con su interpretación a un emblemático personaje mexicano. En la novela de Eduardo Liendo “Si yo fuera Pedro Infante” (1999), Perucho Contreras narra su vida imaginando ser un, Pedro Infante, ya figura célebre e ídolo latinoamericano de multitudes por sus canciones y películas. Pedro Infante llegó a grabar más de trescientas canciones que siguen gozando de gran popularidad en toda Latinoamérica y su muerte, en un accidente de aviación en las proximidades de Mérida (Yucatán) en 1957, provocó un dolor y manifestaciones semejantes a las vistas en desaparición del mítico argentino Carlos Gardel.

Ya en el Capítulo VI del libro, el autor se refiere a películas como “La doncella de piedra”, “Santo contra el cerebro del mal, “Dinamita Kid” y “Ando volando bajo”, pero ya me salí de los cines de Maracaibo y esta historia se me hace que ya está “retelaarrga”, así que por hoy será suficiente. Gracias por leerme.

NOTA: Este artículo se publicó en este blog (lapesteloca)en Maracaibo el viernes 27 de diciembre 2019; tres años, después, hoy, de nuevo en diciembre, lo reproduzco aprovechando para recordar un fragmento de mi novela de 1997 “La Peste Loca” publicada en Maracaibo por la Secretaria de Cultura de la Gobernación del Edo Zulia.

Maracaibo, viernes 16 de diciembre del año 2022.

jueves, 15 de diciembre de 2022

El cerebro humano



Javier de Felipe Oroquieta es un científico español, profesor e investigador del Instituto de Neurobiología Ramón y Cajal, considerado como uno de los neurocientíficos mejor cualificados de todo el mundo y el único científico español investigador en el campo de la micro-anatomía del cerebro. Ha dirigido la misión Neurolab, impulsada por la NASA, en la que se enviaron ratas al espacio para estudiar cómo afectaba la falta de gravedad a sus cerebros. Ha sido el primer científico español en recibir el prestigioso premio Krieg Cortical Kudos del Cajal Club de Estados Unidos.

En los últimos años diversos proyectos a escala mundial, entre los que se incluyen el Blue Brain, el Cajal Blue Brain, el Human Brain Project en los que ha participo Javier de Felipe Oroquieta, fueron protagonistas de la nueva sesión del Aula de la Ciencia y la Tecnología de la Universidad de Alicante. El neurocientífico Javier de Felipe Oroquieta, para comprender mejor cómo funciona el cerebro normal y cómo se altera ante diversas enfermedades como el Alzheimer, en 2019 dicto la conferencia “El cerebro humano: una perspectiva científica y filosófica” en el Aula de la Ciencia y la Tecnología de la Sede Universitaria Ciudad de Alicante, como espacio de divulgación, debate y reflexión

El protagonista de excepción, fue el director del Laboratorio Cajal de Circuitos Corticales del Centro de Tecnología Biomédica de la Universidad Politécnica de Madrid y profesor de investigación en el Instituto Cajal (CSIC), Javier de Felipe Oroquieta. La conferencia fue presentada por el catedrático de Biología Celular del Departamento de Fisiología, Genética y Microbiología de la Universidad de Alicante, Nicolás Cuenca, sirvió para anunciar que uno de los objetivos fundamentales de la neurociencia es la comprensión de los mecanismos biológicos responsables de la actividad mental humana y el estudio de la corteza cerebral, que constituye el gran reto de la ciencia en los próximos siglos es principal línea de investigación de Javier de Felipe Oroquieta.


El brillante periodista y escritor Montero Glez (https://bit.ly/3i0npoz) columnista del El País, España, nos hace participes de la historia sobre un investigador del cerebro que mira también a los artistas. El trabajo es del famoso neurocientífico Javier De Felipe Oroquieta, cuyas aportaciones en el campo de la microanatomía del cerebro han servido para comprender el comportamiento de las partículas microscópicas que estructuran la corteza cerebral. El científico posee un libro de reciente aparición titulado De Laetoli a la luna (Crítica), donde DeFelipe nos lleva a través de un viaje por el cerebro humano, desentrañando los misterios que encierra y despejando sus incógnitas.

Durante este trayecto para visitar obras de famosos artistas, no puede faltar la pinacoteca de El Museo del Prado, donde se expone el famoso cuadro La Extracción de la piedra de la locura del pintor neerlandés conocido como El Bosco (https://bit.ly/2ULek1P). Se trata de un grabado satírico donde el pintor se burla de las personas ignorantes que se dejaban operar la locura. El puñal que atraviesa la bolsa del dinero es el símbolo de la estafa, y de una manera didáctica, DeFelipe nos va introduciendo en la consciencia, en la autoconsciencia y en el goce intelectual que hace vibrar nuestras neuronas hasta ponerlas a emitir un canto polifónico.

De Felipe pregona que el cerebro se enferma cuando nuestras neuronas desafinan. En el apartado dedicado a la relación entre locura y creatividad artística, DeFelipe llega hasta la obra del médico renacentista Juan Huarte de San Juan (1530-1588) titulada Examen de Ingenios para las Ciencias, donde hace referencia a Platón, quien aseguraba que los poetas nacieron endemoniados. También a Aristóteles, quien le atribuía el origen de la poesía a la calentura del cerebro de los poetas, siendo la creatividad asunto del temperamento cerebral.

La hipótesis aristotélica es tomada por Huarte de San Juan, para contar el caso de un paje necio que acabó convertido en un hombre brillante. Llegaron a tanto sus delirios que se creyó rey por culpa de la temperatura del cerebro que estaba muy caliente. Cuando le tocó citar ejemplos de creatividad y locura, el primero de la lista fue Edgar Allan Poe (https://bit.ly/2MHKNEx) quien, en el cuento Eleonora, escribe acerca de la locura como forma elevada de inteligencia: “Aquellos que sueñan de día conocen muchas cosas que escapan a los que sueñan solo de noche”.

Para terminar, nos relata Montero Getz, que DeFelipe mostraría el estudio del psiquiatra Felix Post que señalaba trastornos notables en compositores como Chopin y Stravinsky, en pintores como Matisse y Monet y en escritores como Camus y Dickens. Así como trastornos graves en Falla y Wagner, Picasso y Van Gogh, Hemingway y Kafka, entre otros tantos artistas. Llegados aquí, DeFelipe se preguntaba si los primeros artistas podrían haber tenido problemas mentales que se propagaron a lo largo de nuestra evolución. Según Montero Glez, tal vez por eso, Cervantes sabía que aquellos molinos escondían un secreto terrible bajo su forma; un secreto que solo podría ser desvelado por un loco al que se le secó el cerebro por culpa de tantas novelas de caballerías como leyó.

Aunque la ciencia ha avanzado de un modo espectacular en las últimas décadas permitiendo el estudio del cerebro desde todos los ángulos posibles -molecular, morfológico, fisiológico y genético- todavía no hay respuesta a algunas de las principales preguntas, como por ejemplo ¿Cuál es el substrato neuronal que hace que las personas sean humanas? ¿Qué tiene de especial la neocorteza humana y cómo se diferencia de otras especies? ¿Cómo se altera el cerebro y por qué se produce la esquizofrenia, la enfermedad de Alzheimer o la depresión? ¿Cómo integra el cerebro simultáneamente la información procesada en distintas áreas corticales para producir una percepción unificada, continua y coherente? En Maracaibo, jueves 15 de diciembre del año 2022

miércoles, 14 de diciembre de 2022

Ana Augusta, la hija de Lord Byron


Ada Augusta (1815-1852), fue la hija legítima de lord Byron y de su esposa Anna Isabelle Noel Byron, y tendría 9 años de edad cuando su padre, quien poco había sabido de ella, moriría en las marismas de Missolonghi desangrado por los médicos.

La niña llevaba el nombre de la media hermana de Byron, Augusta Leigh, y fue llamada Ada por el propio Byron. El 16 de enero de 1816, por orden de lord Byron, lady Byron se fue a la casa de sus padres en Leicestershire, llevando a su hija de cinco semanas con ella. La ley inglesa en ese momento otorgaba la custodia total de los hijos al padre en casos de separación, pero lord Byron no intentó reclamar sus derechos y solicitó que su hermana lo mantuviera informado sobre el bienestar de Ada. En abril de 1816 su padre abandonó Inglaterra huyendo de sus acreedores y del escándalo que se cernía sobre él por los rumores de incesto. Meses más tarde, Anna Isabelle presentó una demanda de separación. Durante los ocho años que lord Byron estuvo fuera de su país hasta su muerte escribía con frecuencia a Augusta y preguntaba por la hija de ambos. A su hija, Ana Augusta, no se le mostró el retrato familiar de su padre hasta que cumplió 20 años.

A pesar de estos detalles, en “Las peregrinaciones de Childe Harold”, el poeta escribió “¡Ada! Hija única de mi sangre y de mi corazón” y según André Maurois, para Lord Byron, Ada había sido “la más imaginaria de todas sus creaciones”. Su madre Anna Isabelle, con la ilusión de que Ada Augusta no desarrollase las ideas locas de su padre poeta, la condujo desde niña hacia el estudio de las matemáticas y ella terminaría por interesarse en los aspectos filosóficos de las mismas.

Ada empezó su formación en matemáticas. A los once años estaba obsesionada con la idea de volar; estaba decidida a inventar una máquina que le permitiera moverse por el aire. Su primer paso, en febrero de 1828, fue construir alas. Investigó diferentes materiales y tamaños. Consideró varios materiales para las alas: papel, seda de aceite, alambres y plumas. Pasó años estudiando la anatomía de las aves para determinar la proporción correcta entre las alas y el cuerpo, y creando bocetos de su soñado proyecto. Decidió escribir un libro, Flyology, ilustrando, con placas, algunos de sus hallazgos.

En 1834 Ada se relacionaba mucho con William King, al que lady Byron había encargado guiar a su hija moralmente; también se encargó de enseñarle matemáticas. Fue durante esas clases cuando Ada se dio cuenta de que su pasión eran las matemáticas. Ya había encontrado la disciplina a la que aplicar su extraordinaria inteligencia. Durante esa época, madre e hija se relacionaban mucho con Mary Somerville ( https://bit.ly/3BcCrwk ), la matemática más famosa de su país. Otros conocidos incluyeron al científico Michael Faraday y el escritor Charles Dickens.

En la primavera de 1835 Ada conoció a William, lord King. Aristócrata y de una familia muy influyente en lo político, social, intelectual y religioso. William King, era el 8vo barón de King, convirtiéndose Ada a su vez en la baronesa de King desde el 8 de julio de 1835 cuando se casaron y ella paso a ser lady King. Su residencia pasó a ser en Ockham Park (Surrey), junto con otra en el Fiordo de Torridon y otra más en Londres. El matrimonio tuvo tres hijos: Byron, el heredero, nacido en mayo de 1836; Anne Isabella (lAnnabella, posteriormente lady Anne Blunt), nacida en septiembre de 1837; y Ralph Gordon, nacido el 2 de julio de 1839. En 1838 su marido se convirtió en conde de Lovelace, con lo que Ada utilizó el título de "la honorable condesa de Lovelace" durante gran parte de su vida de casada. El conde Lovelace, un joven noble con espíritu científico estudiaba con el astrónomo John Herschel la influencia de la luna sobre la germinación de las plantas. En la década de 1840 existieron una serie de rumores sobre las aventuras amorosas de Ada y sobre su pasión por el juego. En 1851, junto con algunos de sus amigos intentó crear un modelo matemático que les ayudar a ganar grandes apuestas y fracasó generándole deudas y una situación de chantaje donde se vio forzada a confesar ante su marido el problema que tenía.

En aquellos años, Charles Babbage (1991 o 1792-1871) era un matemático y científico de la computación quien diseñó y desarrolló una calculadora mecánica capaz de calcular tablas de funciones numéricas por el método de diferencias. Se considera a Babbage como una de las primeras personas en concebir la idea de lo que es hoy una computadora. Parte de su cerebro conservado en formol se exhibe en el Royal College of Surgeons of England en Londres. En octubre de 1810 Babbage llegó a Trinity College de la Universidad de Cambridge, habiéndose formado de forma autodidacta en matemáticas contemporáneas. En 1812, junto con John Herschel, George Peacock y otros amigos, formaron la AnalyticalSociety. Babbage fue miembro de otras asociaciones como The Ghost Club, asociación de investigación de fenómenos paranormales. En ese mismo año fue enviado a Peterhouse, Cambridge, donde se encontraba en la élite de las matemáticas pero no se graduó con notas elevadas sino que recibió en cambio el título sin tener que examinarse en 1814.

Lady Ada Lovelace, la experta en matemáticas hija de Lord Byron, se enteró de los esfuerzos de Babbage y se interesó en su máquina. Promovió activamente la máquina analítica, y escribió varios programas para la máquina analítica. Algunos historiadores afirman que esas instrucciones hacen de Ada Lovelace la primera programadora de computadoras de la historia.

Para aquella época, cuando el profesor Charles Babbage de la Universidad de Cambridge había inventado una “máquina analítica” que, utilizaba las tarjetas perforadas, Ada Lovelace se entusiasmó tanto con el invento que se autoproclamó “la sacerdotisa de la máquina de Babbage”. Entre sus notas sobre la máquina se encuentra lo que se reconoce hoy como el primer algoritmo destinado a ser procesado por una máquina. Ada Lovelace a menudo se ha descrito como la primera programadora de ordenadores, pudiendo según algunos considerar que Ana Lovelace inventó el software.

Se dice que Ada y Babbage se interesaron en examinar la electricidad, las fuerzas magnéticas y la luz. Entre ambos establecerían protocolos de investigación llegando Ana a tener que empeñar las joyas de la familia para subvencionar sus trabajos. Aprovechando su situación económica Ada soñaba con crear laboratorios donde se lograse poner en ecuaciones las moléculas cerebrales hasta dilucidar las leyes que rigen la neurobiología. Heredera del carácter inquieto y soñador de su padre, aspiraba crear una poesía matemática.

Desde 1844 Ana Lovelace, mantuvo una relación secreta con John Crosse, el hijo de Andrew Crosse un poeta vecino. In 1840 vivían en Broomfield donde Ada, la Condesa de Lovelace, visitaba a su padre. John le enseño sobre equitación un área en la que Ada quiso aplicar fórmulas matemáticas. Para cancelar deudas de juego Ada le había entregado a John unos diamantes que había empeñado en 1844. John Crosse paso a llamarse John Hamilton, y viviría en Broomfield, hasta su muerte en 1880 a la edad de 70 años.

La salud de Ana había decaído cuando ella decidiría confesarle a su esposo el affair que tuvo con John Crosse. Ada Lovelace fallecería en noviembre de 1852 a los 37 años por un cáncer, dejando endeudado a su marido, el conde Lovelace. En 1953, aproximadamente cien años después de su muerte, las notas de Ada sobre la máquina analítica de Babbage fueron publicadas bajo su nombre real, estando ahora reconocida dicha máquina como un modelo temprano de ordenador y las notas de Ada como una descripción de su software.

Maracaibo, miércoles 14 de diciembre del año 2022