martes, 4 de agosto de 2026

Llullaillaco y sus momias

 


El Llullaillaco tiene una altura de: 6723 metros sobre el nivel del mar(m.s.n.m.). Es un volcán activo, y se encuentra en la Cordillera de los Andes, en la Puna de Atacama. Este gran volcán destaca por su ubicación fronteriza, su enorme altura y su historia arqueológica. Está situado exactamente en la frontera entre Argentina (Salta) y Chile (Antofagasta). El Llullaillaco es el segundo volcán activo más alto del mundo y una de las cumbres más destacadas de Sudamérica. Se trata de un estratovolcán de gran volumen, conformado por domos y coladas de lava de erupciones pasadas. Su última gran erupción registrada ocurrió en 1877, aunque en tiempos geológicos recientes ha mostrado actividad.

El Llullaillaco es considerado el segundo volcán activo más alto del mundo, luego del Nevado Ojos del Salado, y su última erupción ocurrió en 1992. En realidad, el volcán más alto de los Andes chilenos en la región de Atacama es el Nevado Ojos del Salado, el cual también se alza como el volcán activo más alto del mundo y el punto máximo de todo el territorio chileno. El Nevado Ojos del Salado es un estratovolcán a 6891 m s. n. m,  y es el volcán más alto de la Tierra, la segunda cima más alta de los hemisferios sur y occidental, siendo solo superado por el Aconcagua (6960 m s. n. m.).  Su bloque principal culmina en 3 picos, los cuales poseen una alineación oeste-este; en ese orden, Oeste (6721 m s. n. m.), Central (6752 m s. n. m.) y Principal (6893 m s. n. m.). Este gigantesco complejo volcánico está ubicado al este de Copiapó (región de Atacama) y al oeste de Fiambalá (provincia de Catamarca). Debido a su ubicación en plena Puna de Atacama, la montaña presenta condiciones climáticas muy secas, con nieve únicamente durante el periodo invernal y solo en las cotas superiores. Existen fumarolas en los alrededores de la cima, pero no se han registrado erupciones en tiempos históricos. Se ha sugerido que la ausencia de registros eruptivos se debe a la remota ubicación de la montaña, virtualmente inaccesible hasta tiempos muy recientes.

También conocidas como cima chilena y cima argentina, respectivamente, si bien ambas son cumbres limítrofes. Debido a su ubicación en plena Puna de Atacama, la montaña presenta condiciones climáticas muy secas, con nieve únicamente durante el periodo invernal y solo en las cotas superiores. Pese a que existen fumarolas en los alrededores de la cima, no se han registrado erupciones en tiempos históricos. Se ha sugerido que la ausencia de registros eruptivos se debe a la remota ubicación de la montaña, virtualmente inaccesible hasta tiempos muy recientes.

Las momias de Los Andes, son cuerpos de la época prehispánica extraordinariamente conservados de manera natural por el frío extremo, el viento seco y la altitud de las altas cumbres cordilleranas. Los casos más icónicos son las Momias de Llullaillaco (Argentina-Chile) y la momia Juanita (Perú). Los incas realizaban sacrificios humanos de niños y jóvenes elegidos por su pureza como ofrenda a los dioses (apus) en las cimas de los volcanes. Los menores eran preparados meses antes y llevados en procesión desde Cuzco hasta santuarios de altura superior a los 6,000 metros. Junto a los cuerpos se enterraban objetos de oro, plata, conchas marinas y ajuares textiles intactos. El clima gélido de alta montaña congeló los tejidos blandos, órganos, cabellos y vestimentas sin intervención artificial. Los niños de Llullaillaco (descubiertos en 1999) y la Doncella se resguardan hoy bajo estrictos controles de frío en el Museo de Arqueología de Alta Montaña en Salta, Argentina. El estudio de su ADN y contenido estomacal ha permitido conocer la dieta, el consumo de coca y chicha, y la genética de los pueblos andinos de hace quinientos años.

Los niños del volcán, son los nombres con que se conocen los cuerpos de tres niños quienes fueron hallados a una altitud de 6.739 metros sobre el nivel del mar, cerca de la cima del volcán Llullaillaco, al oeste de la provincia de Salta, noroeste de Argentina es la segunda cima de los hemisferios sur y occidental siendo solo superado en altura por el Aconcagua, que es la montaña más alta de América (6.971 metros sobre el nivel del mar es el punto más alto del hemisferio sur y se encuentra en la provincia de Mendoza, en el oeste de Argentina.

Las momias de los niños, que fueron sacrificados por los incas, y se hallan excepcionalmente conservados por alrededor de quinientos años. El 1 de diciembre de 1964 Bión González y Juan Harseim escalaron el Llullaillaco, descubriendo un Santuario de Altura. El arqueólogo estadounidense Johan Reinhard dirigió tres expediciones entre los años 1983 y 1985 investigando sitios arqueológicos en la cumbre y las laderas de la montaña. Durante una expedición dirigida por Johan Reinhard y la arqueóloga argentina Constanza Ceruti en 1999 se desenterraron los tres Niños del Llullaillaco, sacrificados en el lugar y momificados por congelación, con una antigüedad aproximada de 400 años. Los cadáveres corresponden a una niña de 11 años, conocida como «la doncella», una niña de unos 6 años, «la niña del rayo» y un niño de 4 años. Las momias son exhibidas en el Museo de Arqueológía de Alta Montaña de la provincia de Salta  en Argentina.

El excepcional estado de preservación de las momias halladas en la cima del volcán provocó la curiosidad del especialista en microbiología Steve Schmidt, de la Universidad de Colorado, EUA., quien dedujo que los microbios que podrían existir en este ambiente extremo, si había alguno, deberían tratarse de extremófilos muy especiales.]En 2009 Schmidt organizó una expedición a la cumbre del volcán a fin de tomar muestras de suelo cerca del yacimiento arqueológico. Luego de realizar pruebas genéticas sobre los microbios, su grupo encontró varias cepas únicas que no se habían descrito antes. Los más abundantes eran de un subconjunto de actinobacterias, el grupo que diera origen a los antibióticos de uso humano.

Otra historia, la relata Verónica Silva Pinto (Santiago, 49 años), quien es curadora del área de antropología del Museo Nacional de Historia Natural de Santiago de Chile. Ella reescribió la historia del Niño del cerro El Plomo, hallado intacto en 1954 a más de 5.400 metros de altura en los Andes meridionales, frente a Santiago, en la zona central de Chile. Hasta su indagatoria, el relato, que perduró por siete décadas, fue que el niño de unos ocho años había muerto por hipotermia, hace más de 500 años. Pero hoy se sabe que su deceso fue por un golpe en el cráneo, en el contexto de la ceremonia de la Capacocha, durante el Imperio inca, en una ofrenda a los dioses en la alta montaña. Para ello peregrinó desde Cuzco, acompañado de una gran comitiva y en un largo viaje de nueve meses, lo que Silva reconstruyó al analizar el cabello, peinado con decenas de pequeñas trenzas, que dio cuenta de la alimentación que recibió en el periodo de preparación. No fue su único hallazgo, en una investigación que le demoró 14 años.

Silva cambió otro relato, sobre la causa de muerte de las llamadas Doncellas del cerro Esmeralda, una joven de 18 años y una niña de nueve, también ofrendadas en una ceremonia de la Capacocha en la cordillera de la Costa. Sus cuerpos fueron hallados en 1977 a unos 900 metros de altura en Iquique, en el extremo norte chileno, cuando el terreno se dinamitó para construir un camino. Por las marcas en sus cuellos se había concluido que fueron estranguladas, pero la antropóloga del MNHN, en base a evidencia bioantropológica y tomográfica, ha determinado que aquellas huellas son producto de los textiles con los que sus cuerpos fueron envueltos. Y por el análisis de su cabello pudo establecer que su peregrinaje fue de cinco y tres meses.

La antropología es la ciencia que estudia los cuerpos humanos desde la evolución hasta hoy Veronica Silva lideró una investigación junto al profesor Domingo C. Salazar-García, de la Universidad de Valencia, en España, donde cursó su doctorado. Es un equipo multidisciplinario de distintas áreas, en el que destacan las chilenas Marcela Sepúlveda, arqueóloga; Eugenia Gayó, paleoecóloga; María Luisa Cerón, química e ingeniera y Verónica Catalán, dermatóloga.

Veronica Silva fue una niña curiosa y observadora que creció husmeando en enciclopedias, en una casa en el sector suroriente de Santiago de Chile, a mediados de los años ochenta, se convirtió en julio de 2026 en la primera antropóloga física chilena. Hija de un veterinario y una paramédica. Momia, sin embargo, es un término que, desde que estudió antropología física, ella no se permite usar. “Yo hablo de personas, con mucho respeto. Para mí, momia es objetivarlos”. El de las Doncellas fue el primer estudio de Silva, lo que le abrió una ventana para después abocarse al Niño del cerro El Plomo. Los tres murieron en la Capacocha, en las dos ceremonias de este tipo que han sido registradas en Chile. La antropóloga enfatiza que, para los incas, y “en general para los pueblos andinos”, la muerte tenía un significado totalmente distinto al que se entiende hoy, pues “no es el fin de la vida, sino un tránsito hacia otro estado, hacia los dioses y el mundo espiritual”. Y agrega: “La Capacocha era una ceremonia en la que se elegían niños, niñas y mujeres jóvenes por su belleza y su perfección. Es decir, eran los más preciado que tenía el Imperio y eran ofrendados a huacas o lugares sagrados. El poder que iban a tener era mucho más importante que el que tendrían vivos".

Maracaibo, martes 4 de agosto del año 2026

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