martes, 11 de agosto de 2026

Paganini y Vivaldi, violinistas…


En este blog (lapesteloca) he escrito 3 artículos sobre el llamado “violinista del diablo”. El primero el 26 de marzo del 2018 titulado Siempre Paganini, el 8 de agosto del 2020 otro con su nombre de pila: Niccolò Paganini y el  27 de enero de 2021, finalmente Paganini.

 

En marzo del año 2018, recordaba haber visto en Youtube a una chinita de seis años interpretando magistralmente un concierto de Paganini, y su recuerdo me retrotraería a la Viena de Strauss, en el año 1986 cuando con mi amigo Hernando Salazar estábamos alojándonos en un pequeño hotel donde el silencio era interrumpido por un violinista en la calle que dejaba escuchar su melodía, cuando me señaló acuciosamente Hernando, que el violinista en la calle estaba interpretando a Paganini. Yo recordé la historia porque era la misma enrevesada melodía que la chinita de seis años tocaba desde el Youtube… Muy poco sabía yo de música clásica y sinceramente ni conocía a Paganini, y por ello me sorprendió Hernando quien experto en patología ginecológica también era conocedor de la música clásica y por demás un fanático de la ópera. Así era Hernando de quien, en su sentido obituario, yo denominaría “un caballero de la patología universal” (Patología (Mex) 38: 233-238, 2000).

 

Nicola Paganini (1782-1840) fue un violinista y compositor italiano, nacido en Genova, considerado uno de los violinistas más virtuosos de todos los tiempos. Con dieciséis años era ya muy conocido, pero abusando de su éxito se emborrachaba frecuentemente. Se dedicó al juego y llegó hasta el extremo de vender su violín para pagar sus deudas. No sólo el juego, sino también las damas constituían su pasión. De 1801 a 1804, mantuvo relaciones con una dama de la alta sociedad toscana quien lo salvó de esa vida licenciosa para llevarlo a su villa donde aprendió a tocar la guitarra y el piano. Llegó a profundizar en el estudio de la guitarra, para cuyo instrumento también escribió numerosas composiciones. En 1801 compuso más de veinte obras en las que combinaba la guitarra con otros instrumentos.

 

El modo de tocar de Paganini llamaría rápidamente la atención en esa ciudad. Es sabido que en el concierto realizado en la catedral de la "Santa Croce" hizo una sorprendente exhibición por su habilidad para imitar con la cuerda de su violín, el canto de los pájaros y también a otros instrumentos, tales como la flauta, el trombón y el corno. Su técnica asombraba tanto al público de la época que llegaron a pensar que existía algún influjo diabólico sobre él.

En 1828 fue a Viena, más tarde a París y en 1831 estuvo en Londres. En París conoció al pianista y compositor húngaro Franz Listz, quien fascinado por su técnica, desarrolló un correlato pianístico inspirado en lo que Paganini había hecho con el violín. Su imaginativa técnica influyó notablemente en compositores posteriores como Franz Liszt, Johannes Brahms, Sergei Rachmaninoff, Boris Blacher, Andrew Lloyd Webber, George Rochberg, Witold Lutosławski y Robert Fripp entre otros. Sus obras incluyen 24 caprichos para violín Op 1(1802-1817), seis conciertos y varias sonatas. Además creó numerosas obras en las que involucraba de alguna manera a la guitarra, exactamente 200 piezas.

En los años 1834 y 1840 tuvo dos graves episodios de hemoptisis. Durante el avance de la enfermedad, que pasó de sus pulmones a la laringe, padeció afonía crónica los dos últimos años de su vida. El músico además se medicaba con mercurio para tratar la sífilis que también padecía. Con tan solo 57 años de edad, Paganini falleció en Niza el 27 de mayo de 1840.  

Antonio Lucio Vivaldi (1678- 1741) fue un compositorviolinistaempresario, profesor y sacerdote católico quien era apodado Il prete rosso («El cura rojo») por ser sacerdote y pelirrojo. Curiosamente su iconografía lo muestra siempre con una peluca de manera que nuca le veremos su roja cabellera.

Antonio Lucio fue uno de los grandes compositores barrocos, y su influencia durante su vida se extendió por toda Europa siendo fundamental en el desarrollo de la música instrumental de Johann Sebastian Bach. Su padre Giovanni Battista enseñó a Antonio a tocar el violín y luego recorrió Venecia tocando dicho instrumento con su hijo. Probablemente aprendió a tocar el instrumento a una edad temprana, dado el amplio conocimiento musical que había adquirido a la edad de veinticuatro años, cuando comenzó a trabajar en el Ospedale della Pietà.

Su maestría se refleja en haber cimentado el género del concierto, el más importante de su época. Compuso unas setecientas setenta obras, entre las cuales se cuentan más de cuatrocientos conciertos, para flautaviolín y diversos instrumentos musicales, y cerca de cuarenta y seis óperas. Es especialmente popular como autor de la serie de conciertos para violín y orquesta Las cuatro estaciones. Muchas de sus composiciones las escribió para el conjunto musical femenino del Ospedale della Pietà, un hogar para niños abandonados. Vivaldi había trabajado allí como sacerdote católico durante dieciocho meses y estuvo empleado de 1703 a 1715 y de 1723 a 1740. También tuvo cierto éxito con costosas representaciones de sus óperas en Venecia, Mantua y Viena.

En septiembre de 1703 Vivaldi se convirtió en maestro di violino (maestro de violín) en  el orfanato Ospedale della Pietà en Venecia. Aunque es más famoso como compositor, también fue considerado como un violinista con una excepcional técnica. Vivaldi tenía sólo veinticinco años cuando comenzó a trabajar en el Ospedale della Pietà. Durante los siguientes treinta años compuso la mayor parte de sus obras más importantes mientras trabajaba allí. Escribió conociertos, cantatas y música sacra vocal para ellos. Estas obras sacras, que suman más de sesenta, son variadas, ya que incluyen motetes solistas y obras corales a gran escala para solistas, coro doble y orquesta. En 1704 se añadió el cargo de maestro de viola all'inglese a sus funciones como profesor de violín.

Antonio Vivaldi había tenido diversos trastornos de salud. Uno de sus síntomas, la opresión en el pecho, se ha interpretado como una forma de asma, en realidad toda su vida sufrió de problemas respiratorios crónicos, específicamente asma bronquial (strettezza di petto- estrechez del pecho), por lo que incluso lo había alejado de dar misa años atrás. Esto no le impidió aprender a tocar el violín, componer ni participar en actividades musicales, aunque sí le impedía tocar instrumentos de viento. 

Vivaldi viajó a Viena y Praga en 1730 acompañado por su padre, donde presentó su ópera Farnace. Como muchos compositores contemporáneos, en los últimos años de su vida pasó dificultades económicas. Sus composiciones ya no tenían tanta estima como antes en Venecia, ya que habían cambiado rápidamente los gustos musicales y eran consideradas pasadas de moda. En respuesta, este optó por vender un número considerable de sus manuscritos a precios ínfimos para financiar su traslado a Viena.

Poco después de su llegada a la ciudad, Carlos VI falleció, lo que le hizo perder cualquier protección imperial o una fuente estable de ingresos. Al poco tiempo, empobreció y murió de una “infección interna” durante la noche del 27 al 28 de julio de 1741, a la edad de 63 años, en una casa propiedad de una viuda de un fabricante vienés de sillas de montar. El 28 de julio fue enterrado en una tumba sencilla del cementerio que era propiedad de un hospital público, cerca de la iglesia de San Carlos Borromeo.

Maracaibo, martes 11 de agosto del año 2026

lunes, 10 de agosto de 2026

Leer es un riesgo


Karina Sainz Borgo nació en Caracas (Venezuela) en 1982 y a la edad de 24 se trasladó a España, país en el que vive desde entonces y en el que ha desarrollado gran parte de su carrera. Karina es una periodista y como narradora venezolana, ya afincada en España desde 2006 y es la autora de La hija de la española y de El Tercer País. Su obra aborda el exilio, la memoria y la identidad de los venezolanos con una mirada literaria y social.

Leer es un acto de insurrección. Un riesgo. Un contagio. Gracias a su lenta acción de riego se han declarado independencias; defenestrado élites religiosas y políticas. Leer es traicionar a las versiones más precarias de nosotros mismos. Leer, como dice el italiano Alfonso Berardinelli, el agitador cultural más indómito y polémico de Italia, "leer es un riesgo”.

Habrían de ser estas, palabras dichas por Karina Sainz Borgo, la autora venezolana traducida a más de treinta idiomas, y una a de las voces esenciales de la literatura de la diáspora venezolana y de la narrativa hispanoamericana actual. Karina nos hablaría del “riesgo”, en una videoconferencia de la Feria del Oeste en diciembre del 2025, donde la escritora, quiso reconocer la persistencia de los autores venezolanos de la diáspora, y expresaba así, la necesidad de saber cuál era su mirada desde aquella Venezuela que existió antes del chavismo…

Ahora cuando estamos escribiendo, ya no tan solo presenciando los estertores de la esclavizante patraña del socialismo del siglo XXI y tras el doble terremoto de la Guaira y de Caracas este trágico año 2026, todavía el país espera cauteloso por el total desmembramiento de las estructuras de una cruel dictadura que ha sumido al país en un descomunal atraso a través de lo que va de este infortunado Siglo XXI. Destacaré  como, en medio de tanto desastre, lo que sucedió con la primera novela de Karina fue impresionante para cualquier primera novela de cualquier parte del mundo.

La hija de la española (Lumen, 2019), ha sido traducida a 26 idiomas y ha recibido galardones como el Gran Premio de la Heroína Madame Fígaro de Francia, el International Literary Prize y el prestigioso premio O. Henry Prize de EEUU (https://bit.ly/3upiCfJ) Su segunda novela fue  El Tercer País, que salió justo dos años después del éxito de la primera, ya fue publicada en la misma editorial… La obra más reciente de Karina Sainz Borgo es Nazarena (2026), novela que retrata una casa marcada por la decadencia y el peso del pasado, donde un grupo de hermanas vive entre tensiones, silencios y presagios inquietantes. A través de una atmósfera intensa, la obra explora la culpa, el deseo y la violencia en un universo donde lo real y lo alucinado se entrelazan con una fuerza perturbadora.

Por todas estas circunstancias, la elección de Karina Sainz Borgo cuando inauguraron la Feria del Oeste en noviembre del año 2025 no fue casual. Escritores que han dejado su país se dieron cita virtual en aquella Feria del Libro del Oeste de Caracas promocionada por la UCAB para hablar de la vida que han dejado atrás y la que estaba en construcción. El trabajo periodístico de Francisco Olivares, relataría el sentir de un joven que traspasaba la última frontera venezolana hacia Brasil, y en un vídeo de despedida, decía: “Estoy mirando por última vez ese que fue mi país. Allá he dejado la vida que conocí y ahora camino sobre éste que no sé a dónde me conducirá. Hice todo lo que se puede para cambiar las cosas; pero no pude más, me rindo. Me he marchado por mis hijos y para buscarles una nueva vida”.

Olivares también, al entrevistar a nuestra muy recoconocida escritora AnaTeresa Torres buscando en agosto, el año 2022, una explicación para la incertidumbre a la que parecemos estar condenados los venezolanos, le escucharía decir: “Para la mayor parte de Latinoamérica, el militarismo es el pasado. Cuando en Venezuela teníamos democracia, muchos países vivían dictaduras militares, y ahora pareciera que el juego se ha revertido y es nuestro país el que sigue bajo el signo del poder militar, aunque el Gobierno esté presidido por un civil… …ha habido un desenlace militarista que tiene mucho que ver con la historia del poder y que puede entenderse desde las claves de la guerra de Independencia. La escritora entonces con sabias palabras se referiría a su libro “La herencia de la tribu. Del mito de la Independencia a la Revolución Bolivariana” (Alfa, 2009).

Francisco Olivares, también entrevistaría al sociólogo Rafael Uzcátegui (Mérida, Venezuela, 1973) quien para explicar el deterioro de los derechos humanos en el país, se refirió a “la discusión que se dio entre Albert Camus y Jean Paul Sartre en 1952, de la que nosotros solamente vimos la versión latinoamericana, -la discusión entre Mario Vargas Llosa y Gabriel García Márquez-Según Uzcátegui, aquel debate legitimó la postura pragmática de la izquierda internacional sobre los Gobiernos afines, adoptando una muy conveniente capacidad para “olvidar sus principios cuando era conveniente, justificar permanentemente el doble estándar y utilizar la inteligencia para falsear la realidad”.

Pero debo regresar al tema de la literatura y la diáspora venezolana y mencionaré algunos de los personajes que fueron ya antes destacados por Francisco Olivares. Fedosy Santaella (Puerto Cabello en 1970) licenciado en Letras en laUCV, antiguo profesor de Semiótica y Publicidad en la UCAB. Santaella se encuentra asentado en México desde el año 2017, y explicaría como ha logrado ubicar y publicar la mayoría de las cosas que ha escrito. Gabriel Payares nacido en Londres en 1983 y criado en Caracas, es Licenciado en Letras de la Universidad Central de Venezuela, magíster en Literatura Latinoamericana por la Universidad Simón Bolívar y magíster en Escritura Creativa por la Universidad Tres de Febrero de Argentina. Payares decidió emigrar a la Argentina, para continuar con su escritura y tras ya más de siete años en Argentina, decía Gabriel: aprendí mucho sobre Argentina y sobre quiénes somos. Siguió un proceso muy largo en el que no escribí nada. ¿A quién le escribe uno? Siempre se escribe para alguien o de algo. Y ese vacío, como decía Fedosy, es la sensación de emigrante, de desaparición de la vida reciente, de lo que uno había acumulado a lo largo de tantos años, especialmente para quienes son mayores, debe ser más dramático… 

Cuando se dio la Feria del Oeste, Olivares entrevistaría también a la joven escritora y poeta Enza García Arreaza (Puerto La Cruz, 1987) ganadora del concurso para obras de autores inéditos de la editorial venezolana Monte Ávila con el libro de cuentos Cállate poco a poco. Entre sus libros de poemas, destaca Cosmonauta (Fundación La Poeteca, 2020), y Escarbar en la nada, es el recuerdo más sentido de sus últimos años en Venezuela, escrito desde el sur de Estados Unidos. 

Una Encuesta Nacional de Juventud (ENJUVE del año 2021) realizada por la UCAB indicaba como en aquellos últimos 8 años la población venezolana de entre 15 y 29 años se había reducido en un 38%... El 30% de la población joven venezolana culminó sus estudios en 2013 y vendría a ser parte de esta juventud con formación de nivel profesional quienes conforman estos escritores, poetas, músicos, artistas plásticos y otras profesiones que comienzan a destacarse en distintos países. Son aquellos venezolanos que encontraron en la literatura, el ensayo o el periodismo, una forma de renacer. En este blog señalamos la compleja situación sobre “La literatura y la diáspora” ya desde diciembre de 2022.

Maracaibo, lunes 10 de agosto del año 2026

 

domingo, 9 de agosto de 2026

Neuropatología en el hospital Vargas de Caracas


Quisiera iniciar este relato en la época cuando el Director del Instituto de Patología del hospital Vargas de Caracas, había sido designado para ser el Ministro de Sanidad en el llamado Primer Gobierno de CAP (Carlos Andrés Pérez). Una época cuando el Dr. Javier Arias Stella prominente patólogo peruano ocupaba el cargo del director que había quedado vacante y don Javier Arias brillaba en sus reuniones con los ginecólogos del hospital Vargas, mientras los doctores Héctor Vegas Rodríguez, Manuel Emilio Labrador y Félix Valderrama eran los patólogos adjuntos quienes en el Instituto estaban encargados de las biopsias, las reuniones con los Servicios del hospital, también de la enseñanza de las autopsias y de la patología quirúrgica a los médicos que cursaban la residencia en patología.

 

Existía un sagrado respeto, casi veneración hacia la egregia figura de “el director en comisión de servicio”, de quien se sabía estaba luchando por organizar “el cuero tieso” que siempre había -según decía él mismo-, sido el MSAS, e iba representado al Ministerio de Sanidad y Asistencia Social del país, él mismo, en su esforzada labor que percibíamos como algo casi místico. En realidad, el Dr Blas Bruni Celli, era un personaje mítico, con un inmenso prestigio, y era respetado por todos los patólogos del país por sus aportes académicos en diversas ramas de las ciencias. En ese ambiente me aparezco, venido del Zulia, un maracucho a cumplir la tarea asignada para el año sabático que me otorgaba la Universidad del Zulia y llegaba para trabajar casi exclusivamente como neuropatólogo.


 

Mis primeras experiencias con los tres médicos patólogos adjuntos y encargados del Instituto de Patología en el hospital Vargas de Caracas, fueron positivas, ellos me enseñaron -para comenzar-  que las cosas no serían como en mi tierra natal. Fui captando prontamente ciertas novedades, y advertiría cuando hablaba, que si no me entendían, era por decir las cosas sin mucha “seriedad”… Era que no abandonaba esa especie de “tomadera de pelo” característica de mi región, y entretanto me iba enterando de que en Caracas no existían “lampazos” sino coletos, que no se debía decir “coger” por tomar y que las cholas no eran unas chancletas. Me parecía impresionante ir a almorzar en algún restaurante en La Candelaria con mis colegas patólogos, lo cual era un acontecer muy común. Más tarde aprendería que salir con algunos residentes como Valdemar Balza, Justo Roa y con Rojitas, a beber cerveza en las inmediaciones de La Candelaria, o con los estudiantes y /o con mi personal técnico, paso a paso, fueron dándose naturalmente y ahora, años luz atrás, quedan para el recuerdo, muchas reuniones felices, informales, especialmente con imborrables momentos en El Pozo Canario.

 

En realidad, se me hace muy difícil no personalizar esta temporada de todo un año, desde julio de 1975 a julio del 1976, sin referirme en particular a la situación de la microscopía electrónica (ME) en el Instituto de Patología del hospital Vargas. Existía un ME que estaba abandonado en el sótano del Instituto y con la esperanza de poder usarlo para proseguir los trabajos de investigación iniciados en mi tierra, traté de ponerlo a funcionar con la ayuda de un joven técnico, el hijo de nuestro técnico de ME, Jesús “Chucho” Vivas quien se había trasladado al Instituto de Investigación Clínica de LUZ y quedaba yo en  las manos de su hijo, Francisco “Quiko”, quien me ayudó a entrenar a dos jóvenes recién graduadas como histotecnólogas en el mismo Instituto, Saudy Escorihuela y Teresa Cabañas, interesadas quienes aprenderían a cortar en el ultramicrotomo y a procesar material para su estudio con el ME. No obstante, era poco lo que se podía hacer con el equipo existente por lo que introduje una solicitud ante el CONICIT para lograr un ME Hitachi H-500 y poder proseguir los estudios sobre el virus de la encefalitis equina venezolana (EEV). En el ínterin, el director continuaba dirigiendo el MSAS del país, con toda su compleja estructura “de cuero tieso”.

 

Debo explicar que mis obligaciones como neuropatólogo en el Instituto, consistían en fijar adecuadamente los cerebros de las autopsias, examinar las biopsias neuroquirúrgicas y todos los viernes a las 9 de la mañana, hacer en la sala de autopsias una reunión para cortar los cerebros de las autopsias habidas en la semana a la cual asistían obligatoriamente todos los patólogos, los neurólogos y los neurocirujanos del hospital. El mismo día viernes de 10 a 12m hacíamos una reunión clínico-patológica en el auditórium del Instituto, con la presentación de un par de casos de Neurocirugía y de Neurología, los cuales se discutían-en ocasiones acaloradamente- y donde los neurólogos del Dr Ponce Ducharne y de su Sra, (https://tinyurl.com/4v6c4ja5) capitaneados por el incansable Jaime Boet planteaban sus opiniones logrando que los neurocirujanos del Dr Martínez Coll, discutiesen siempre acaloradamente, sus diversos puntos de vista. Aquellas reuniones marcaron toda una temporada de febriles acciones con gran interés por estas actividades neuropatológicas en el hospital Vargas.

 

Durante cada semana, uno de los residentes de Neurología permanecía en el espacio que me habían designado en el Instituto, examinando aspectos de interés sobre neuropatología, en lo que constituyó un experimento de docencia que me llevó a conocer y a querer como buenos amigos a mis colegas, hoy día destacados neurólogos –y recuerdo particularmente a Freddy González Merlo, a Douglas Barrios y a la diminuta y hermosa Dra Beatriz González.

 

Estando en Caracas, había aprovechado para reactivar mis contactos con la virología, en el IVIC con el Dr José Esparza y juntos, ambos maracuchos, reactivamos los planes para hacer investigación sobre el virus de la EEV, particularmente en el desarrollo de un proyecto para demostrar experimentalmente como se producía el daño intrauterino provocado por este virus en el cerebro de fetos y recién nacidos. Ya casi había transcurrido un año cuando sucedió algo impensable, pero que los patólogos del Instituto Anatomopatológico (IAP) de la Universidad Central de Venezuela (UCV) ya me lo habían advertido. El Director del Instituto de Patología regresó del Ministerio de Sanidad, el Dr Arias Stella le entregó su cargo y afortunadamente él fue acogido por su amigo el Dr Luís Carbonell en el IVIC ( Javier era para el momento un exiliado político ), y a mí, el director que regresaba a su posición original en el MSAS  “me sugirió” que regresase a mi ciudad natal, con el argumento de que “es mejor ser cabeza de ratón que cola de león”.

 

Debía pues regresar a Maracaibo, cuando casi se cumplía el tiempo de mi año sabático. Avisado como estaba de que esa situación podría plantearse, traté de sostenerme argumentando que ya había recibido la aprobación del CONICIT para un nuevo ME y que deseaba quedarme y reactivar las actividades de investigación en ultraestructura. Supe entonces que existían otros proyectos, que ya incluían el regreso de un nefrólogo para hacer inmunofluorescencia en las biopsias renales, y que bien podía yo utilizar el ME del Instituto del Dr Convit.  Un nuevo ME parecía ser, meterse un compromiso demasiado complicado y aquella era la opinión definitiva de la dirección del Instituto…

 

Vino un fin de semana tormentoso donde los patólogos en el IAP de la UCV me recordaron lo que ya me habían pronosticado, pero también se mostraron amables y amistosos de manera que tras conversar con el Dr Pedro Grases director del IAP, acepté pasarme a la UCV si se hablaba en buenos términos con el director del Instituto del hospital Vargas y podía ingresar al IAP con el nuevo ME Hitachi H-500 del CONICIT. Estos trámites se cumplieron en cosa de una semana y pasé a incorporarme como “Profesor Contratado” en el Instituto Anatomopatológico de la Facultad de Medicina de la UCV hasta tanto se pudiese homologar mi cargo de Profesor Asistente en LUZ. La tramitación de esta especie de “traslado” habría de durar  casi tres largos años y relato aquí, algo que creo les he contado,  y es como durante aquellos años iniciales, con 5 hijos en colegios privados, y el sueldo básico en la UCV, pasaría muchas noches pintando al óleo con espátula para vender mis cuadros con paisajes de mi tierra y logré hacer varias exposiciones  de pintura hasta llegar a vender más de un centenar de pinturas que me permitieron sobrevivir mientras me ocupaba con la ayuda de Saudy y de Abilio a organizar la Sección de Microscopía Electrónica del IAP de la UCV.


NOTA: hasta aquí llego con estas remembranzas o rememoraciones que por ser reales suenan medio truculentas

 

Maracaibo, domingo 9 de agosto del año 2026

sábado, 8 de agosto de 2026

Los Lobópodos


Lobópodo, es el nombre colectivo para dos filos de animales: Onicófora y Tardígrados. Los filos Onychophora y Tardigrada durante mucho tiempo fueron vistos como distintos de sus parientes cercanos, los artrópodos. Es que ambos grupos poseen apéndices locomotores pares similares, llamados lobópodos; una cavidad corporal ( el hemoceloma ); una cutícula ( la piel ) que es  secretada por células superficiales que se desprende periódicamente (una muda); un intestino que suele ser un tubo recto; y sexos y gónadas separados.  Los grupos también difieren, ya que  solo los onicóforos tienen sistemas de órganos bien desarrollados; mientras que los de los tardígrados están reducidos o ausentes.

Estos grupos son de interés principalmente porque guardan un fuerte parecido con los tardígrados primitivos, los cuales parecen o presentan formas de anélidos así como los del filo de Los artrópodos ( por ejemplo, insectos, o crustáceos que son los invertebrados más evolucionados. Al igual que los artrópodos, tanto los onicóforos como los tardígrados mudan periódicamente una cutícula externa, y los lobópodos en general, asi como los artrópodos a veces se agrupan bajo el nombre de Panarthropoda.

De todos estos filos tan curiosos hemos hablado en este blog en diversas ocasiones:

Ya en 2018 hablabamos (https://tinyurl.com/2v2awbda) de “los extremofilos tardígrados y en 2025 señalamos que existía una proteína, el Dsup que protegía su ADN (https://tinyurl.com/es9kvx9k). En enero de este año 2026, llamamos la atención sobre los Lobópodos (https://tinyurl.com/4zbcvkkt )... Con estos detalles les invitamos a regresar sobre estos diminutos seres muy interesantes. 

Los lobópodos, al igual que los artrópodos, se originaron en tiempos precámbricos a partir de formas marinas bentónicas que también pueden haber sido ancestros de los anélidos modernos. La evolución de los lobópodos, al igual que la de otros grupos muy antiguos con pocos o ningún fósil, es un tema especulativo sobre el que aún no se ha llegado a un consenso . La adquisición de Los lobópodos pueden haber llevado a la disolución de compartimentos celómicos separados y a la formación de unhemocele ; también puede haber permitido el desarrollo de una más firme cutícula , lo que lleva a la evolución demuda . El desarrollo de la cutícula también conllevó la pérdida de los cilios externos.

Los tardígrados evolucionaron hacia un tamaño pequeño, con la consiguiente simplificación de su organización corporal. Algunas de sus características primitivas —como la cutícula proteica, el cerebro y la ausencia de patas especializadas en la cabeza— sugieren que sus ancestros divergieron muy pronto del tronco oncopodo-artrópodo. Los tardígrados presentan interesantes similitudes con algunos asquelmintos (gusanos redondos).

La formación de un esqueleto robusto bajo una epidermis blanda es una característica de la evolución de los onicóforos y permite la deformación del cuerpo. Entre los lobópodos, los onicóforos presentan las combinaciones más extensas de rasgos primitivos —p .ej., estructura de los cordones nerviosos, persistencia de cilios,  y músculos lisos— con características anélidas o características básicas de artrópodos ( p. ej., quitina y muda, hemocele, gónadas, desarrollo embrionario) o ambas. También desarrollaron especializaciones propias ( p. ej., dermis, tráqueas, viviparidad). Según algunos autores, los lobópodos podrían haber sido el origen evolutivo de los apéndices en anélidos y artrópodos. 

Los tardígrados (Tardigrada), llamados comúnmente osos de agua debido a su aspecto y movimientos, constituyen un filo de ecdisozoos dentro del reino animal, caracterizado por ser invertebradosprotóstomos, segmentados y microscópicos (de 500 µm de media). Además se agrupan dentro del gran grupo de los panartrópodos por presentar caracteres que sugieren que comparten un antecesor común con los artrópodos, junto a los onicóforos.

Son organismos extremófilos (resistentes a condiciones extremas), con características únicas en el reino animal como poder sobrevivir en el vacío del espacio o soportar presiones muy altas de casi 6000 atm; pueden sobrevivir a temperaturas de -200 °C y hasta los 150 °C,[  a la deshidratación prolongada (pueden pasar hasta 10 años sin obtener agua) o a la radiación ionizante. 

Fueron descritos por primera vez por Johann August Ephraim Goeze en 1773, el cual los denominó “osos de agua” (del alemán Kleine Wasser-Bären, literalmente ‘ositos de agua’) y hace referencia a la manera en la que caminan, similar al andar de un oso. Más tarde, el término “tardígrado” (que significa ‘de paso lento’) fue dado por Lazzaro Spallanzani en 1777, justamente debido a la lentitud de este animal.El 1ero de septiembre del 2015 referí en este blog a la historia del cura Lazzaro Spellanzani  quien realizaba experimentos con sapos Bufus marinus. y comentaba en esa oportunidad que curiosamente, el escritor brasileño Rubem Fonseca había publicado una excelente novela negra, con el título de “Bufo & Spallanzani (https://bit.ly/3f4dOUB). 

Finalmente, en 1769, Spallanzani confirmó que los organismos unicelulares son seres vivos y refutó la generación espontánea, anticipándose a Pasteur. El sacerdote católico inglés Needham había hecho una serie de experimentos en favor de esa teoría pero Spallanzani repitió los experimentos prolongando el periodo de calentamiento y sellando con más cuidado los recipientes evitando que aparecieran las colonias, lo que contradecía la teoría de la generación espontánea. En un experimento de trasplante, Spallanzani implantó con éxito la cabeza de un caracol sobre el cuerpo de otro. Estudió la circulación de la sangre a través de los pulmones y experimentó con los jugos digestivos que, según observó, están especializados en la digestión.

Maracaibo, sábado 8 de agosto del año 2026

 

 


viernes, 7 de agosto de 2026

El elefante y la Echerchia coli…


Este ejercicio del recuerdo, les ofrece fragmentos de una Conferencia dictada por el Dr. Ruy Pérez Tamayo el 19 de abril del año 1991 en el Colegio de Médicos del Estado Zulia, en Maracaibo, para inaugurar el Primer Simposio Venezolano de Patología Ultraestructural.


… Hemos escuchado ahora al Dr García Tamayo, y todo este Simposio de Patología Ultraestructural está dedicado a un análisis concienzudo de detalles sobre esta ciencia, y yo procuraré eliminarlos y mantener mis comentarios a un nivel muy amplio, muy general

Respecto a la Medicina, los físicos filósofos, aceptaban galantemente la elegante y desde luego absurda proposición de que la Medicina es un arte. Presentada sobre todo por médicos o literatos, que probablemente pensaban de esta manera, y nos calificaban como artistas cuando lo más que llegamos, dicho sea con dignidad, es a aspirar a artesanos…

… ¿Qué entendemos cuando se habla de Patología Experimental? A primera vista parece muy sencillo; se trata del estudio de las enfermedades por medio de experimentos, casi siempre en animales de laboratorio. El análisis más detallado nos permitirá ver que tal definición aunque en principio impecable, emite problemas en los tres aspectos importantes para otorgarle valor operacional…

Mencionaré tres de sus características: en primer lugar, se trata de cambios anormales provocados por el investigador… El ejemplo…  Pasteur sumergiendo las patas de unas gallinas en agua fría con lo que las gallinas desarrollarán cólera. Si Pasteur no trata de esta manera extraña a las gallinas, éstas no desarrollarán la enfermedad. En segundo lugar, la intención de investigador es reproducir un fenómeno que ocurre espontáneamente en otra especie animal y muy frecuentemente en el hombre. Esta característica de la Patología, calificada como experimental, ocurre con frecuencia, casi exclusivamente diría yo, en la literatura paracientífica que se conoce con el término general de Literatura. Los ejemplos que vienen a la mente son naturalmente “Arrowsmith” de Sinclair Lewis o los “Cazadores de Microbios” de Paul de Krruief uy otras novelas de este tipo…

Si de caricatura se trata, me parecería más cercana a la realidad, la que representa al investigador con aspecto y en actitud sugestiva de un mono que examina una máquina de escribir, en lugar de aquella que lo retrata con una impecable bata blanca, mirada cansada y actitud mesiánicamente desprendida.

Es a través de la Patología que la casi infinita versatilidad de la materia viva encuentra una expresión más objetiva. En el Dr Faustus, Thomas Mann expresa con penetración clarividente la idea que ya asoma en su Montaña Mágica, “el genio se expresa más en la adversidad”. Lo mejor que tenemos asoma cuando la salud flaquea. Koch si tuberculosis, van Gogh sin locura, Bethoven sin cirrosis hepática. ¿Qué hubiera sido de estos genios? ¿No es acaso cierto que el ruiseñor ciego canta mejor? La Patología es una oportunidad, un teatro donde se representan obras grotescas pero todavía vivas, reveladoramente vivas. Una tribuna donde la vida dice, todavía puedo hacer esto y esto más.

Las excepciones a estas reglas generales del modo de ser de la materia viva, no hacen sino confirmar el hecho importantísimo de que la gran mayoría de los seres biológicos están hechos de acuerdo con un mismo plan fundamental. En otras palabras que  lo que vale para el elefante, también vale  para la Echerichia coli.

El postulado de la unidad del mundo biológico se opone a la objeción, tantas veces repetida, a éste y otros métodos que se apartan del hombre para estudiar la enfermedad humana. Tal objeción es que siempre existe la duda de si el modelo utilizado, generalmente animales de laboratorio, se comporta de manera idéntica a la enfermedad humana…

Por lo tanto, al simplificar los fenómenos con el objeto de entenderlos y manejarlos mejor, debe tenerse cuidado de no alejarse demasiado de las condiciones que se trata de reproducir, de modo que el modelo resulte aplicable al propósito. Aquí es donde el ingenio y los conocimientos de investigador se ponen a prueba ya que no existen límites precisos o bien definidos que indiquen el momento en que se ha simplificado más allá de la posibilidad de extrapolar al hombre. El problema no siempre se reduce a la selección de la especie animal…

 

… a veces el animal de laboratorio puede estar muy lejos de la especie humana en la escala zoológica y al mismo tiempo muy cercana a ella en el fenómeno especial que se estudia. Un claro ejemplo de esa dicotomía es el primer estudio de la fagocitosis, realizado por Metchnikoff en 1884. Este lo considero el experimento más romántico de toda la Patología. La razón es que Metchnikoff utilizó una espina de rosa y una estrella de mar para demostrar que las células ameboides se dirigen al sitio de la lesión e ingieren el agente responsable y los restos de los tejidos dañados. El fenómeno como tal ocurre a todo lo largo de la escala zoológica y sus características parecen ser idénticas o muy semejantes a pesar de que se trate de fagocitos derivados de platelmintos, de ratones o de humanos. De hecho no solo se presenta a animales multicelulares, sino que constituye uno de los mecanismos fisiológicos fundamentales de organismos unicelulares. Aquí el genio de Metchnikoff estableció una generalización biológica a partir de un modelo extremadamente simple…

Cualquier hipótesis necesita ciertas bases, un grupo más o menos amplio de observaciones, que permitan elegir una explicación susceptible de análisis experimental objetivo, o bien necesita del sueño de un genio. Por ejemplo, mientras el estudio de muchas enfermedades infecciosas se hizo posible con los descubrimientos fundamentales de Pasteur y de Koch que abrieron fecundos surcos de trabajo experimental y establecieron la teoría infecciosa de la enfermedad, los padecimientos del tejido conjuntivo como la esclerodermia o la dermatomiositis, cuya naturaleza es todavía un misterio, no han sido reproducidos experimentalmente.

Quizás lo que realmente he venido a decirles a ustedes, no es lo que creo yo que es la Patología Experimental, sino a decirles que yo creo que, si somos hombres de ciencia, si somos investigadores, nos debemos preocupar por la estructura filosófica general del área del conocimiento a que nos dedicamos. Esto no es un signo de caducación intelectual; todo lo contrario, creo que esto es un signo de reconocimiento de la postura que nos corresponde en el momento actual dentro de la evolución de la Biología. 

Muchas gracias.

 

Nota : este artículo,  es copia de uno publicado en este blog en diciembre del año 2015

Maracaibo, viernes 7 de agosto del año 2026

jueves, 6 de agosto de 2026

Un siniestro


Veníamos bordeando la cinta del mar desde Paraguaipoa cuando el helicóptero decidió depositarnos en aquella playa infinita. Finalmente habían precisado el sitio y era necesario recomenzar la búsqueda, quizás desde la falda de la lejana montaña. Mientras esperábamos por la Comisión, recordé su imagen en la pantalla chica. Esa gestualidad tan suya, y su sonrisa de oreja a oreja. ¡Él quería ser presidente! A lo lejos se perdía el añil en la bruma caliza. No hacía ni una semana que me lo habían pronosticado. ¡Les va a hacer un macuare! Ahora la situación era preocupante.

 

Contemplando el mar recordé sus planteamientos sobre la importancia estratégica del Golfo. Ese era uno de sus temas favoritos por el cual los politiqueros lo acusaban de “un exceso de nacionalismo”. Eran muchos los intereses en su contra. El oleaje gris parecía orlado de azahares. ¿Un nuevo líder? No era un político de esos de partido ¡pero era carismático! Él sabía cómo llegarle al pueblo y desde luego eso lo hacía muy peligroso. El encaje del mar era absorbido en segundos por los tornasolados gránulos de arena cubiertos cadenciosamente por el inexorable regreso de las olas.

 

Llegó la guardia. ¡Al fin! Nos encaramamos en dos grandes camiones. ¡Yo estaba tan seguro de que seríamos los primeros! Cuando todavía en el aire escuchamos la funesta noticia radiada por la guardia fronteriza, estábamos convencidos de que nadie podría llegar hasta el sitio adelantándose a nosotros. Muy pronto los camiones se metieron tierra adentro. Penetramos en el espesor caluroso de la tarde. La brisa hirviente lamía las piedras y arañaba los cardones con un gusto salobre, como si quisiera encender en chispas los resecos pajonales que emergían tercos entre las dunas.

 

Era un asunto delicado. Sin duda alguna; el candidato venía diciendo demasiadas cosas y en el fondo, yo estaba convencido de que había sido amenazado... Dejamos muy atrás la playa, entre nubes de polvo y traqueteando fuimos cogiendo el monte. Después de un par de horas saltando y dando tumbos y bandazos descendimos al pie de las montañas. El lebrel y los hombres bien entrenados comenzaron a hollar la maleza y todos fuimos penetrando en la intrincada ramazón. Grandes resoplidos acompañaban al animal husmeante entre la cada vez más espesa vegetación. Una humedad salvaje parecía haber conquistado los secos pastos de la yerma Guajira e iba espesándose y multiplicando sus enredaderas tentaculares hasta transformar el encalado infierno de arena en un retorcerse de brotes tiernos. La vegetación agigantándose emergía sobre una húmeda hojarasca de esmeraldas vrdeamarillentas y jades burbujeantes. Envueltos en una blanda y rastrera neblina gris avanzábamos respirando el soplo denso y asfixiante de la selva que iba empegostándonos hasta sofocarnos.


 

Nosotros los intrusos, insistíamos mancillando paso a paso las capas superpuestas de humus y detritus, buscando el sitio señalado. Yo iba íntimamente deseando no llegar a encontrarlo jamás. Recordé su expresión sonreída en la pantalla chica cuando nos proponía las soluciones lógicas. Hacía solo dos días al desaparecer la nave y declararla en emergencia, todos hicieron conjeturas. Se dijo entonces que el país no soportaría más marramucias…  Paso a paso íbamos avanzando durante horas con una exasperante lentitud. El lebrel se detenía por segundos olisqueando e instantes después, perseguido por nosotros continuaba adelante. Pensaba en sus mensajes por la tele, ellos le granjearon el respeto y el cariño del pueblo, él estaba sin ninguna duda desenmascarándolos. Un país de televidentes no soportaría otro cuento chino, era evidente, un siniestro, aquello nunca podría considerarse un accidente...

 

En lo alto, el cielo estaba fragmentado en hojas acuchilladas por la luz. El aliento ácido de la tierra emanaba un vaho denso, fosforescente. Destellos de arco iris seccionaban las lianas multiplicándose entre los troncos leñosos y bajo los inmensos helechos llenos de silentes recovecos umbríos, salpicados de turquesa, con trazos de celestes ignotos e índigos indescifrables. El lebrel inquieto, atendía a un lado y al otro, levantaba su testa negra y brillante, alzaba su hocico mojado y su jadear constante nos contagiaba con una desesperante incertidumbre. Se detenía, husmeaba y proseguía su búsqueda incansable. Las piedras eran negros espejos arropados con líquenes y musgo blando. Rollizos hongos bermejos, amarillos y grises aplastados por nuestras botas, lloraban gotas nacaradas.

 

Comenzaba ya a caer la tarde cuando los lagartos decidieron todos asomarse entre los montones de florecillas malva, campánulas purpúreas, clavellinas moradas y violetas magenta. Ellas se separaban y les dejaban ver el sol revolcándose entre las cenizas del atardecer. Se agitaron inquietos los machorros y los gordos tuqueques silbadores al percibir el intenso chirriante estridor de las chicharras creando una sinfonía in crescendo. Ensimismado como estaba en su olisqueante búsqueda, el lebrel no parecía prestarles la menor atención.

 

El día se estremeció agonizando entre los últimos candiles del sol de los venados. El animal súbitamente se detuvo. Su cola tensa, una pata delantera en el aire, parecía una sombra chinesca presintiendo lo irremediable. Mariposas cansadas regresaban a posarse en la tibia humedad de las grandes hojas, aleteando suavemente, sin querer despertar a los cocuyos durmiendo aún entre parásitas y helechos. Abejorros plateados y libélulas orladas de un halo azul eléctrico zumbaban fijando su posición ante el astro incandescente.

 

Haces de fuego se colaban entre las ramas impregnadas por una bruma de naranjas pasadas. Sentíamos ulular el viento sobre los árboles centenarios. Estrías rosadas y manchones violáceos remplazaban la luz empapando los cenicientos algodones de la noche inminente. Ya no veíamos ni nuestras propias manos. Yo solo percibía el brillo de las pupilas del lebrel y podía escuchar su incesante jadeo cuando súbitamente ladró. Fue un estruendo horroroso que provocó decenas de ecos centuplicados en la oscuridad de la selva.


Decidimos acampar en aquel sitio, porque la noche inmisericorde se nos había arrojado encima. Yo casi no dormí a pesar del cansancio. Las horas se me confundieron y pensando en la imagen de nuestro candidato y en sus proyectos, temía elucubrar sobre el próximo día. La madrugada todavía transpiraba un azul de maleza y rocío y se podía vislumbrar un titilar de estrellas entre las hojas, arriba, muy en alto, cuando percibí una vaharada de carroña y gasoil. Estaba aún despertándome, pero podía sentir la hedentina en mis narices y supongo que fue entonces cuando escuché los gemidos del lebrel. Era un quejido sordo, doliente, sonaba muy lejano. Me levanté en silencio y me dejé conducir por el eco lastimero del animal aullando. Así fue como casi sin darme cuenta llegué hasta el sitio. La cabina de plexiglas brillaba herida por los primeros destellos del amanecer. Habíamos acampado casi a un tiro de piedra del sitio del siniestro y podía ver las aspas de uno de los motores Allison y una parte de un ala.

 

Entonces los pude detectar bastante bien, lucían sus boinas terciadas, e iban uniformados de camuflaje, algunos descendían en rapell desde los árboles, otros se desplazaban silenciosamente en el claro abierto en medio de la verde maraña. En ese instante, desde el fondo de la maleza vi el fogonazo y abruptamente cesó el lastimero aullido del lebrel. Todavía humeaba el arma cuando de la espesura surgió el comisario. Venía rodeado por sus subalternos e iban todos de lo más pertrechados. Pude incluso, notar el brillo de sus prótesis dentales e imaginé la Escarpa Mutia, no sé por qué, pero pensé en el marfil de los colmillos de los elefantes cuando iban a morir al propio sitio donde Tarzán y yo nos conocimos en mi infancia.

 

Un hilo blanco todavía emergía en la boca del silenciador de su magnum. Se acercaron hasta las retorcidas piezas del aparato y él, aún sonriente, le asestó una patada a la mancha negra e inerte del lebrel desmadejado sobre la tierra llena de sangre. Pronto los hombres sacaron entre aquella chamusquina de hierros y de planchas metálicas, lo que andaban buscando. Entonces se alegraron. Pude notarlo, lo percibí en los gestos y el eco de las risas. Ellos usaban guantes, simulando ser títeres en la escena de un macabro teatro. Él dio la orden. ¡Nos largamos! Los guoquitoquis creaban ruidos muy extraños dentro de aquel aterrador paisaje donde como un dinosaurio herido emergía entre el follaje, terso y plateado el fuselaje de la nave. El comisario señaló el camino. Misión cumplida, se dijeron, estoy seguro de que logré escucharlo…

 

Se dieron media vuelta, a rastras se llevaron la sombra ensangrentada del lebrel y desaparecieron en el acto. Allí quedé, tan solo a una pedrada de distancia, maniatado de furia nuevamente y además convencido de que todos los hechos estaban irremediable y tristemente consumados.


Hoy es jueves 6 de agosto del año 2026.

NOTA: Este artículo fue publicado en la edición número 9 del año 2001 en “El gusano de luz” y publicado el 13 de abril del año 2007 en este blog lapesteloca.