Las células de Merkel fueron descubiertas por Friederich Merkel en 1875 por medio de la tinción de cortes de piel con Azul de Metileno. Hoy día se detecta su presencia por técnicas de inmunohistoquímica y se identifican por la expresión de una citoqueratina, la CK 20 que permite su detección precisa. El viernes 21 de febrero de 2020 (https://bit.ly/4541IWU) ya en el blog se dijo algo sobre estas curiosas células.
sábado, 20 de mayo de 2023
Las células de Merkel
viernes, 19 de mayo de 2023
¡Otra vez el regionalismo!
Aunque me digan como en el chiste aquel… ¡Vais a seguir, rascaito!
Acepto que en 2015 ya hablé del regionalismo en este blog (lapesteloca) y aproveché para hacerlo a propósito de haber
festejado mis 40 años en "la SLAP" (Sociedad Latinoamericana de
Patología). Recordaría la grata sorpresa cuando me eligieron Secretario de la
Sociedad Venezolana de Anatomía Patológica (SVAP), en 1971, tan solo
tres años después de haberme iniciado como patólogo en Maracaibo…
¿Qué tiene que ver esto con el regionalismo? Es una pregunta casi lógica, pero es que todo vino a suceder casi inmediatamente después del VIII Congreso de la SLAP, un evento que en 1971 se dio en Maracaibo con gran éxito y gracias al doctor Franz Wenger, quien supo aglutinar a los pocos especialistas en Anatomía Patológica de la ciudad y nos convenció de que sí podíamos. Cuando el doctor Alberto León -patólogo de Valera- se encargó de la presidencia de la SVAP, nosotros -los patólogos maracuchos- quienes además de sabernos regionalistas, no éramos muchos, (y el verso sale sin ningún esfuerzo), asumimos aquel éxito como un logro local, al entender que, con aquello, precisa y simultáneamente, la directiva de la SVAP, por vez primera había “salido del cenáculo capitalino”. Por eso, este asunto que suena “gremial” fue visto como un triunfo muy “regionalista”. ¡Así somos nosotros!
Como secretario de Alberto pasaría a organizar con él, unas complicadas
Jornadas de la SVAP en Margarita y él en una “campaña admirable” visitaría los Servicios de patología del país
para conocer sus necesidades. En 1973 me correspondió aceptar la presidencia de
la Sociedad y durante los dos años de mi gestión, recuerdo que en el 74 hicimos
las Jornadas en Valera, y era importante, para que el país conociese el
Servicio de Patología del Alberto León: que era una joya… Éramos una directiva
de maracuchos, y con Ennio Fereira, Ávila Mayor, y Alberto León, todos
trabajamos muy duro. En mi novela La Entropía Tropical relato
algunas vivencias de aquellos tiempos que allí quedarían plasmadas.
La SVAP continuaría durante seis años más fuera de Caracas y en ese ínterin, ocurrió que el Sanatorio Antituberculoso se transformó en el hospital General del Sur de Maracaibo, y su laboratorio de microscopía electrónica se deterioró terriblemente ya que la investigación en patología ultraestructural se vino abajo al dejar el doctor Pedro Iturbe el Sanatorio para dedicarse a la Medicina Familiar. Esa es una historia conocida que se asocia al porqué decidí pedir un año sabático en LUZ y me fui a Caracas aceptando trabajar como neuropatólogo en el Instituto de Patología del hospital Vargas.
Ya he hablado antes de “el regionalismo” que nos caracteriza a los
zulianos y también he relatado de cómo estando en Caracas, tras haber recibido
la aprobación del CONICT para un microscopio electrónico HitachiH500- esperaba
proseguir mis trabajos de investigación en enfermedades virales (EEV y VPH) y
debí dejar el hospital Vargas pero afortunadamente, pasé a ser profesor de
patología a dedicación exclusiva del Instituto Anatomopatológico (IAP) de la
Universidad Central de Venezuela (UCV). Esto que yo denominé durante
muchos años “mi exilio capitalino”, valdría para desarrollar mis
trabajos de investigación sobre la patología ultraestructural de los tumores y
de las enfermedades virales tratando de estimular la investigación en todo el
país a través de las Jornadas de la SVAP la cual me tocó volver a presidir
en 1991.
Regreso al tema del regionalismo, precisamente ese año 1991, cuando en un evento nacional de mi especialidad dije públicamente, -para preocupación de mis amigos-, que ya tras 13 años de estar viviendo en Caracas, me preguntaba si acaso en ese “andar por el trillado sendero de la ciencia”, no habría llegado para mí el momento de regresar a mi tierra, pero nadie estuvo de acuerdo… Así, que el tiempo siguió su curso inexorable; y entretanto, en la Dirección de Cultura de la UCV, me convencieron de que mi manuscrito de La Entropía Tropical, era una novela y con el correr de los años, seguí escribiendo, y publicando varias novelas, todas muy llenas de maracuchismos… Estos avatares con muchas luchas, y tristezas que me marcaron profundamente, durante los años 1997 al 2004, cuando finalmente decidí regresar a Maracaibo…
El año 2014 ya tras 9 años de
estar ejerciendo medicina privada en mi ciudad natal en la ceremonia de
clausura de la “Semana Zuliana de la Narrativa” tuve la oportunidad de
pronunciar un discurso queriendo resumir lo complejo que para mí había sido ser
patólogo y escribidor de novelas. En aquella oportunidad un
joven politólogo Miguel Insignares, resumiría brillantemente mi novela “Escribir
en La Habana” mostrándonos en una caleidoscópica e inolvidable revisión
toda la música, literatura, cine, santería y las terribles desigualdades del
sistema político que acabaría con la libertad del pueblo cubano desde 1959,
pero meses después, Miguel sería fatalmente asesinado para robarlo, por el
hampa, impunemente ya desbordada, en las calles de nuestro Maracaibo, donde ya
era muy evidente que estábamos padeciendo la tragedia que aún vive la nación
entera desde que se inició este siglo XXI.
En diversas ocasiones he hecho
un comentario y nunca me ha mortificado ya que ha ido siempre acorde con mi
particular definición al decir que soy: “un maracucho regionalista de la
República del Zulia”. Así lo afirmé en 2001 ante Mandy Zambrano una
joven periodista de “Vitae Academia Biomédica digital” la revista
virtual de la UCV en una entrevista (El don de la palabra hecho literatura).
Aquella frase fue dicha para fastidio e incapacidad absoluta de asimilarla por
numerosos interlocutores. Quizás el recuerdo de este hecho es lo que me ha
llevado hoy -a estas alturas del partido- a volver a escribir aquí puede que
repetitivamente sobre el regionalismo zuliano. Una expresión sentida de algo
que de lo más complacido arrastro desde mi muy lejana infancia.
En una novela del doctor Manuel Dagnino
(1834-1901) “Misterios en el lago”, él postulaba a Maracaibo como la ciudad alternativa
a Caracas, destacando sus propios valores históricos: la Batalla del Lago; sus
valores civiles innegables, como Rafael María Baralt o el propio Dagnino
quien era un representante de innegables avances en la Medicina. Las
particularidades lingüísticas, vegetales y/o animales, la geografía, el
lago y sus alrededores, todo esto y muchos otros índices le permitían remarcar
desde aquellos tiempos el sentido de pertenencia de una conciencia nacional
independiente característica del habitante de esta región.
Esta realidad, eran hechos, puesto que ya en 1880
éramos el principal puerto exportador de café y cacao, y en 1882, se fundó el
Banco de Maracaibo, y luego vendría el Banco Caracas y el Banco Comercial. En
1883 cuando se constituyó la Compañía Tranvías de Maracaibo, el 24 de julio de
ese año, fue inaugurado el Teatro Baralt. El alumbrado eléctrico, brillaría
desde 1888 y ese año, el 24 de octubre nacería la primera edición de la Revista
"El Zulia Ilustrado" y se crearía la Escuela de Artes y Oficios.
Maracaibo habría de ser la primera ciudad del país donde se proyectó una
película. "Muchachas bañándose en el Lago" filmada en 1897 por
los hermanos Trujillo Duran. Recordando a Chinco Ferrer… “Me doy la lija de decir yo, al
Zulia lo quiero mucho, cuando de ese lago escucho el chapoteo del marullo, se
me infla el pecho de orgullo al saberme maracucho". Acotaré como
señalara él mismo, que fue Simón Bolívar quien, en su Carta de Jamaica,
escribiría: "La Nueva Granada se unirá con Venezuela, si llegan a
convenirse en formar una república central, cuya capital sea Maracaibo".
Para corroborar detalles de cuanto regionalismo puede hallarse en mis
novelas, les invito a leer, o releer La Peste Loca, La Entropía
Tropical, Ratones desnudos, Escribir en La Habana, El
año de la lepra y Para subir al cielo…”. Se puede
complementar este ejercicio con la lectura de historia nacional en El
movedizo encaje de lo uveros y así, creo, al menos quienes se aun sean
capaces de sentirse “regionalistas” creo asegurarles que pasarán un buen rato.
Gracias anticipadas.
Maracaibo, viernes 19 de mayo del año 2023
jueves, 18 de mayo de 2023
SAMPLEGORIO
miércoles, 17 de mayo de 2023
Las coplas de Jorge Manrique
martes, 16 de mayo de 2023
El olfato en las moscas
En el
aire hay disueltas millones de sustancias que dan origen a los olores que
percibimos. La naturaleza siempre no ha prodigado con aromas
agradables y la mayoría de las flores, la madera o los cítricos, exhalan sus
olores característicos pero también hay olores desagradables, como los que desprenden los cuerpos en
descomposición o los excrementos.
Aunque les suene a aquello de
Ripley “aunque usted no lo crea”, la nómina de los animales con mejor
olfato la puntean los elefantes, que tiene casi
cinco veces más receptores olfativos que el ser humano, que la rata, la vaca,
el caballo o los tiburones. En este listado también tenemos que incluir a las
moscas y ya les explicaré por qué. En febrero de este año, decíamos en este
blog que Mejía Godoy decía que eran “los
perjúmenes” los que nos sulibeyan
(https://bit.ly/3HBx4cl), pero lo cierto es que antes nos bastaba el aroma para
saber que un café era “Imperial” o “Fama de América”; ahora ya expropiadas
las cafetaleras, nos queda tan solo su aromático y grato recuerdo.
El descubrimiento de los receptores
olfativos se produjo hace casi 20 años, en 1991. Sin embargo, desde entonces se
ha avanzado poco en la identificación de los genes involucrados en estos
procesos. Los receptores olfativos (OR) están distribuidos por toda la cavidad
nasal, principalmente en las células olfativas. Cada neurona expresa sólo un
tipo de receptor y, por tanto, toda la población de neuronas responde a un
determinado odorante. En los mamíferos, estos receptores se expresan
exclusivamente en el epitelio olfativo, donde se unen a odorantes específicos y
desencadenan la liberación de neurotransmisores como la acetilcolina
y la dopamina, que median la percepción del olor.
El
olfato de las moscas está muy desarrollado, y les permite detectar compuestos
volátiles a grandes distancias sin gastar tiempo ni energía hasta la fuente
odorífera. No es la nariz prodigiosa lo que usan las moscas ya que sus
receptores de aromas se encuentran localizados en las antenas, en donde hay
unas neuronas que son receptoras olfatorias capaces de captar las moléculas que
forman los olores. Estas conexiones explican, entre otras cosas, por qué las
moscas se cepillan de forma meticulosa y regular sus antenas, como una forma de
evitar que haya sustancias que puedan dificultar la recepción olfativa.
Hoy día sabemos que las moscas son capaces de diferenciar centenares de compuestos orgánicos volátiles a concentraciones muy bajas pudiendo, además, diferenciar olores químicamente muy similares. Una vez que han sido identificados las neuronas receptoras de las moscas generan una señal eléctrica específica que es enviada, a lo largo de un axón neuronal, hasta el centro olfativo primario del cerebro de la mosca (el lóbulo antenal). En este lóbulo hay dos clases de neuronas, unas que son, primariamente excitatorias y otras que son inhibidoras. Desde allí la información se envía hasta la zona cerebral que se encarga de regular el aprendizaje de las respuestas a los olores y a las regiones responsables de dar respuestas innatas a los olores.
En los
excrementos hay cuatro sustancias responsables del mal olor: indol, cadaverina, putrescina y escatol,
los cuales se producen a partir de la fermentación pútrida. El indol se origina a partir de la
degradación metabólica del triptófano,
un proceso que es llevado a cabo por algunas bacterias (Bacterium linens y Clostridium
sporogens) que poseen enzimas capaces de hidrolizar y desaminar el triptófano (triptofanasas). La cadaverina es un líquido incoloro que en
contacto con el aire húmedo despide vapor y un olor fétido. Es un metabolito
que se origina a partir de la descomposición de otro aminoácido, la lisina. Por último, el escatol se produce a partir de la
disgregación de la hemoglobina, la proteína que se encarga de transportar el
oxígeno en la sangre. Químicamente el escatol
es similar al indol y contribuye
al olor inconfundible de los gases intestinales.
Pues
bien, las moscas sienten una atracción incontrolable hacia el escatol, ya que les ayuda, como si de un
GPS se tratase, a localizar los excrementos, el lugar en el que depositarán sus
huevos. En general las moscas no suelen construir nidos, es decir, no edifican
estructuras para reproducirse, sino que ponen sus huevos en lugares
estratégicos, que puedan ser utilizados por sus larvas como alimento.
En los
mamíferos, estos receptores se expresan exclusivamente en el epitelio olfativo, y es en la nariz donde se unen a
odorantes específicos y desencadenan la liberación de neurotransmisores como la acetilcolina y la
dopamina, que median la percepción del olor. Además de estar implicados en la
detección de los olores, los ORs desempeñan un papel en la regulación de la
actividad de las neuronas sensoriales.
Los ORs son una familia de receptores
acoplados a proteínas G que detectan los odorantes e inician la cascada de
transducción de señales en el cerebro. Los OR se expresan en
los cilios de las neuronas sensoriales olfativas situadas en la cavidad nasal y
se unen a la membrana que se encuentran en la superficie de las neuronas sensoriales olfativas (OSN).
Las OSN son neuronas especializadas que se encuentran en la mucosa olfativa,
que recubre el tracto respiratorio superior. Cada receptor está codificado por
un gen, que produce un único receptor funcional (una proteína) compuesta por 7
dominios transmembrana.
Los receptores se dividen en dos
grupos basados en la homología de la secuencia: Clase I: tienen siete
dominios transmembrana y son los responsables de detectar los olores volátiles,
y Clase II: contienen ocho o más dominios transmembrana. Se cree que
estos receptores están implicados en la detección de odorantes no
volátiles. Cada ser humano contiene aproximadamente 100 millones de neuronas
sensoriales olfativas que se localizan en dos regiones distintas: el epitelio olfativo principal y el
órgano vomeronasal. La región del epitelio olfativo principal consta de tres
capas: la capa basal, la capa sustentacular y la capa apical. La capa basal
contiene células madre que dan lugar a nuevos OSN durante la edad adulta.
Cuando un odorante entra en la cavidad nasal,
interactúa con los OR, desencadenando una reacción en cadena que conduce a la
activación de moléculas de segundo mensajero en el interior de la Neurona
Sensorial Olfativa (OSN), también llamada Neurona Receptora Olfativa (ORN).
Esto desencadena la apertura de los canales iónicos, permitiendo que los iones
de sodio entren en la célula. Como resultado, el potencial eléctrico de la OSN
aumenta, haciendo que las fibras nerviosas disparen potenciales de acción.
Se
estima que hay entre 1.000 y 2.500 genes ORs en los seres
humanos que nos hace capaces de distinguir hasta 1 billón de olores distintos.
Estos genes codifican proteínas que actúan como interruptores moleculares que transmiten
mensajes químicos a través de las membranas celulares. La diversidad
genética reside en nuestro ADN, es decir, en la información que se
encuentra codificada en nuestra secuencia del genoma. Cuando hablamos de
receptores olfativos, existen variantes genómicas que influyen en dicha
diversidad.
Entre las variantes genómicas existentes
encontramos el gen OR51B5 (Gen receptor olfativo 51 B5). Es en
este gen que se encuentra asociado con la sensibilidad al olor de la canela. El gen OR10A2 (Gen receptor
olfativo 10 A2): en este gen existe una variante genética que estudios
científicos consideran responsable de la aversión
que ciertas personas sienten por el cilantro. El gen OR6C70 (Gen del receptor olfativo 6 C70):
entre las distintas regiones genómicas de este gen se encuentra una variante
asociada a la intensidad con la que
percibimos el olor del regaliz. Los daños en los receptores olfativos
pueden producirse debido a diversos factores como son la exposición a toxinas
ambientales, las mutaciones genéticas y el envejecimiento.
Las toxinas ambientales que pueden dañar la función de los
receptores olfativos incluyen metales pesados como el mercurio, el plomo, el
arsénico y el cadmio; disolventes orgánicos como el benceno, el tricloroetileno
y el xileno; pesticidas como el DDT, la dieldrina y el endosulfán; herbicidas
como la atrazina y el glifosato; productos químicos industriales como el
formaldehído, el etilbenceno, el estireno y el tolueno; y contaminantes
atmosféricos como el ozono y el dióxido de nitrógeno.
Las mutaciones genéticas que pueden dañar los receptores olfativos están las asociadas a la fibrosis quística, a la insensibilidad congénita al dolor con anhidrosis y el síndrome de Kallmann. Finalmente, se sabe que el envejecimiento afecta a la función de los receptores olfativos. De hecho, hay pruebas que sugieren que el número de receptores olfativos disminuye con la edad.
Maracaibo, martes 16 de mayo del año 2023
lunes, 15 de mayo de 2023
Onírico (2)
domingo, 14 de mayo de 2023
Onírico (1)
El paseo en auto se ha interrumpido. La
tropa marcha bajo el sol. El cielo es azul y a lo lejos revolotean unos
pajarracos. Se han detenido ante un contingente de hombres armados. Un oficial
se acerca. Tú le escuchas llamarte por tu nombre y apellido. Piensas entonces…
¿Cómo demonios sabrá mi nombre? Pero tienes que descender del auto y los
obligan a entrar en formación detrás de la tropa. Es todo un exabrupto y tú lo
aceptas ya que, si no hay más remedio, deberán proseguir a pie... Te miras la
correa y con orgullo al contar los huequitos, piensas que has perdido peso,
sonríes mientras te colocas en la fila, absurdamente, uno detrás del otro, fila
india, y marchas, caminas, tropiezas bajo el sol inclemente y estás con pasmosa
seguridad, esperando acercarte paso a paso, hasta el campamento militar. Tibia
y seca, la brisa acaricia tu rostro mientras ves como los soldados organizan sus
bártulos y van armando las tiendas de campaña. Escuchas... A discreción,
atención, fiurrrrrmmm... Sabes cuan imperativo es el almorzar antes de
proseguir la marcha. Observas las rústicas mesas de madera, ni las
habías notado a pesar de ser interminablemente largas, están ubicadas debajo de
los árboles, con asientos de listones de madera infinitamente largos... El viento
agita la verde arboleda que sombrea el improvisado comedor. Es una orden. ¡A
comer!, así lo entiendes, y si no queda más remedio, pues habrá que
alimentarse... El cocinero es un gordo y va sirviendo arroz, pollo, plátanos
maduros y un humeante plato de espesa sopa. El delantal que luce, fue blanco,
ahora está sucio de grasa, tú lo miras y detallas minuciosamente los mapas de
la grasa sobre su abdomen globuloso.
Sin saber por qué
te has levantado y caminas hacia una choza cercana, abres la puerta, y penetras
en la densa oscuridad, tú notas como casi tocas el techo con la cabeza. Una
anciana encadenada te mira silenciosa desde un ángulo del recinto sombrío y
maloliente. Esa escena, la has visto antes, estás casi seguro, hace tiempo… Fue
quizás en la revista Life, en una
fotografía en blanco y negro, un reportaje, sí, seguramente… ¿Te impresionó,
cuando eras niño? Pero esta es una situación nueva, se está produciendo en este
momento y la anciana está ante ti, encadenada, prisionera… ¿Es esta una
reservación del ejército? Un campo de prisioneros, tal vez, o tan solo es un
recodo perdido en la maraña de tus neuronas, esto lo piensas, pero no logras
ensamblar tus ideas... Al recapacitar por un momento, concluyes que no estás en
los Humocaros, ni en la Sierra de San Luis, el sitio es, hacia el Oriente, no
sabes por qué, pero tú lo has visitado antes, es un campamento para entrenar
personal en la lucha antiguerrillera… ¿Acaso T4 Cocuyar? No lo precisas y eso
te hace sentir mal, aunque estás seguro de que todo ocurre en predios del
ejército, por eso hay tantos muchachos, son jóvenes, visten de caqui, vienen
llegando en camiones, repletos, parecen estudiantes, todo lo detectas a través
de una hendija en la pared, no hay ventanas, la vieja parece sonreírte en la
penumbra, está escribiendo algo en la arena del suelo, pero tú sabes que tienes
que salir… Ya, al estar en el sol los verás haciendo calistenia, todos a pleno
sol hacen ejercicios, disparatadamente. ¿Qué será de la vieja, y que habrá
querido decirme? Te preguntas estas cosas, y escuchas, reciben una orden, como
hormigas otra vez se reúnen todos, ya lo sabes, en formación, a marchar, un
dos, un dos, una mano te toma por el brazo, y te colocan frente a un Jeep. Tú,
saltas, te sientas, y arrancan brincando como locos y en medio de una polvareda
gris, se lanzan en una carrera desenfrenada envueltos en una nube densa de
tierra y tú te aferras a un tubo para no salir despedido, y saltas y brincas bajo el sol
mirando como salen disparadas las piedras, la grava, tú le dices granzón y
entonces piensas que seguramente todas esas piedras deben venir desde las
canteras de la isla de Toas...
La marcha por el camino lleno de peñascos,
hace saltar constantemente al jeep. Dando brincos, llegaste hasta el borde, ¿a la
periferia de tu mente?, ves un suburbio del pueblo, divisas las primeras casas
y las otras, blancas y grises se pierden en una bruma caliza. Es un pueblo a
orillas del mar. ¿Cuál ciudad? Casas blancas con techos muy negros, alternan
con casas grises, las calles parecen tortuosas y las viviendas se apiñan
encaramándose unas sobre las otras. El cielo es azul y el mar brilla con
destellos intermitentes. Súbitamente frenazo y polvareda. Un oficial nos
detiene. Te preguntas si será capaz de identificarte... Te miran. Has
descendido del vehículo oficial. Ellos hablan. Ves como discuten y entiendes
que se refieren a tu situación. Alguien se ha ofrecido para llevarte, parece
ser una persona con mucho dinero porque tiene un gran auto, pero tú no le ves
bien la cara, es joven y está bien vestido, de paltó y corbata, tú no le ves la
cara, pero ya sabes cuál era la propuesta, quieren buscar algo que necesitan con urgencia,
aunque no comprendes exactamente que puede ser... Ya en el auto, el chofer
elegante te comenta sobre la gran cilindrada del motor, máquina nueva, último
modelo, eso te dice... Tú no logras identificarlo. ¿Quién es él? Van muy
rápido. Percibes con la velocidad como entra seseante el aire por una de las
ventanillas laterales, silbando, y se te ocurre que es un Ford y que debe tener
problemas de ensamblaje, algo chilla, ese detalle te preocupa, pero el chofer
te explica que desaparecerá el chillido cuando alcancen la máxima velocidad.
Una vertiginosa carrera se está iniciando a través de las irregulares callejuelas
del pueblo. A menudo bordean precipicios a la orilla del mar, las casas grises
y blancas de un lado y del otro, el aire y allá en el fondo, muy lejano, el
mar. Tienes miedo y se te ha olvidado el asunto de la identidad del conductor,
ahora solo piensas en el riesgo que corren a esa velocidad, cada vez mayor.
Ha llovido y el pavimento
está mojado. Las curvas son muy cerradas. Tú, piensas en el peligro, y dices
para ti, hay que tener cuidado, quieres decirle al conductor que debería tener más
cuidado ! Las palabras no salen de tu garganta, se ahogan y tú comienzas a
sentir miedo, estás empezando a asustarte... En realidad, estás aterrorizado. Pánico sientes al ver como se
atraviesa en el camino un autobús, y el chofer tiene que maniobrar con destreza
para evadirlo, escuchas el frenazo de un automóvil blanco. Piensas que
afortunadamente el tipo es buen conductor, pero te preocupas cuando notas que
se ha propuesto ir tras el auto blanco, quiere darle alcance y tú miras su pie en el
acelerador, a fondo, se acercan, viene una curva muy estrecha, en un segundo
logra rebasarlo. Miras el seguro de la puerta, ves hacia el mar, piensas que
deberías sacarlo, “por si acaso nos caemos al mar”, te lo dices en tu mente,
será más fácil escapar, salirme, viene otra curva más cerrada, piensas que
estás en peligro, pero no puedes decir nada, no salen tus palabras. El tipo
sigue conduciendo a una velocidad desenfrenada y notas que en realidad no has
logrado verle bien su cara, no le conoces, ni sabes quién es él y eso te preocupa.
Súbitamente, unos segundos bastan, seguramente se descuidó, lo dices para ti al
notar como se salen del camino. Están en el vacío y sientes que van en el aire
y como caen, percibes todo como en una película con cámara lenta y logras
pensar en la puerta, en el seguro de la puerta, ¡Oh Dios! Ves cómo van cayendo
a través de la ventana, el seguro, casi lo alcanzas, y en medio de la caída te
sientes más tranquilo, podré salirme cuando estemos bajo el agua, lo dices para
ti cuando sabes que has logrado quitado el seguro a la puerta, será más fácil…
Continua y finalizará mañana.
NOTA:
El texto dividido en dos partes, es copia textual de la novela La Entropía
Tropical -Maracaibo Ediluz, (2003)-
Maracaibo, domingo 14 de mayo, del año 2023