miércoles, 17 de mayo de 2023

Las coplas de Jorge Manrique


Tuve la suerte de tener un profesor de literatura en bachillerato (3er año) que logró acentuar mi amor por los libros y mi interés por la lectura de las obras de los grandes escritores: Mariano Parra León fue un sacerdote de gran importancia para los zulianos...


"Si hay en el Siglo XV un nombre y una composición que haya resistido todos los cambios y perdurado para todos los gustos, es sin duda alguna “Las coplas de Jorge Manrique”. Tomada en conjunto, la obra lírica y didáctica de Jorge Manrique, es la del primer poeta de su siglo, exceptuando a Santillana. Podríamos decir, sin embargo, que, si no fuese por su obra maestra, “Las Coplas”, que en un momento supremo de inspiración en el que esta le venció a él y él venció a todos, yacería olvidado entre el vulgo de los muchos trovadores provenzales.

La principal característica de su obra, es la originalidad. En ella, todo lo que dice son conceptos y decires ya conocidos antes de él. De aquí proviene precisamente el prestigio de su fama. Durante la Edad Media, el tema de toda meditación era la muerte. Era repetida en prosa y en verso, en latín y en lenguaje vulgar, resonaba en los pulpitos y tomaba forma dramática en las danzas de la muerte asediando la imaginación de todos. Se comparaba la vida humana con el sueño, el sol, la sombra, con la flor que pronto se marchita, con los ríos que van a la mar…

Ya para el siglo XV la idea de la muerte era tan común que llegó a vulgarizarse. Es entonces cuando aparece Manrique quien sacando las ideas de su abstracción las renueva y les da un acento de ternura y melancolía, poniendo junto a los temas de lo pasajero y terrenal tan corrientes en la Edad Media al exponer un mejor concepto sobre la existencia humana y terrenal, que lleno de novedad y grandeza supone nada menos que un nuevo sentido de la muerte.

Manrique escribió esta elegía, inspirado en la honda emoción que le causo el recuerdo de la inestabilidad de las cosas de este mundo, ante el cadáver de su padre. Las coplas suman cuarenta estrofas y en las veinticuatro primeras, habla de lo efímero de la vida y de la vanidad de las cosas de este mundo.

Recuerde el alma dormida/ avive el seso y despierte, contemplando

Como se pasa la vida/ como se viene la muerte, tan callando.

Cuan presto se va el placer/ como después de acordado, da dolor

Como a nuestro parecer/ cualquier tiempo pasado, fue mejor

Y pues vemos lo presente/ como en un tiempo se es ido, y acabado

Si juzgamos sabiamente/ daremos lo no venido, por pasado

Nuestras vidas son los ríos/ que van a dar a la mar, que es el morir

Allá van los poderíos / derechos a su acabar y consumir.

Estos son los primeros versos de “Las Coplas” y como se puede ver, la estrofa es de pie quebrado, compuesta de dos octosílabos seguidos de un tetrasílabo y formando una estrofa de doce versos. Todo el poema exhala un aire consolador y reconfortante que se extiende en las conmovedoras escenas. En las dieciséis ultimas coplas, Manrique evoca la figura de su padre, don Rodrigo y se lamenta de su muerte con varonil entereza. Para él, la vida nuestra en la tierra es solo un camino para la muerte que iguala a todos y llama a todos a su hora. Por ella entramos a la otra vida, pero mientras vivimos esta vida, labramos con nuestras obras una tercera vida: la vida sobrenatural.

La vida terrenal, la de la fama, es según Manrique el fundamento de la vida humana y por el cual debemos conseguir la salvación…

Estos reyes poderosos/ que vemos por escrituras, ya pasadas

Son casos tristes llorosos/ fueron sus buenas venturas, trastornadas

Así que no hay cosa fuerte/ que a papas y emperadores y perlados

Así los trata la muerte/ como a pobres pastores de ganado.

Jorge Manrique nos enseña como las cosas de este mundo, son pasajeras y lo podemos ver en estas otras estrofas:

¿Que se hizo en rey don Juan? / ¿Los infantes de Aragón?, ¿Que se hicieron?

¿Qué fue de tanto galán? / ¿Qué fue de tanta invención?...

Hasta aquí llegaba mi trabajo del tercer año de bachillerato en un cuaderno escolar “Tesis” cuando nuestro inolvidable profesor de Literatura en el Gonzaga era el padre Mariano Parra León, quien, para aquellos años, era el párroco del templo de Santa Bárbara en Maracaibo y le dio una puntuación de aa/a lo que uno jactancioso (“jochao”) llamaba “20 puntos”. Lo cierto es que he copiado textualmente (mi letra era y sigue siendo pésima -la clásica “letra de médico” a pesar del “método Palmer de caligrafía comercial”) - pero descifré el manuscrito para plasmarlo en este mi blog lapesteloca.



Jorge Manrique (1440-1479) era miembro de una familia de la nobleza más rancia de Castilla (hijo de don Rodrigo Manrique, maestre de la orden de Santiago, y sobrino del poeta Gómez Manrique). Jorge Manrique compaginó su afición por las letras con la carrera de las armas, participando junto a su padre en las luchas que precedieron al ascenso de los Reyes Católicos. Combatió con su padre del lado de Isabel la Católica contra los partidarios de Juana la Beltraneja. Su obra maestra, son “Las coplas” compuestas a raíz del fallecimiento de don Rodrigo (1476) y publicada en 1494 en Sevilla.


Su estilo posee una elegante sobriedad, fruto del empleo de los vocablos más sencillos pertenecientes al habla patrimonial. Las coplas de pie quebrado (por la popularidad de la obra, pasarían a llamarse coplas manriqueñas), donde el tono exhortativo característico del poema refuerza la gravedad de los versos, en una evocación serena del tiempo pasado.


Maracaibo, miércoles 17 de mayo, del año 2023

martes, 16 de mayo de 2023

El olfato en las moscas


En el aire hay disueltas millones de sustancias que dan origen a los olores que percibimos. La naturaleza siempre no ha prodigado con aromas agradables y la mayoría de las flores, la madera o los cítricos, exhalan sus olores característicos pero también hay olores desagradables, como los que desprenden los cuerpos en descomposición o los excrementos.

 

Aunque les suene a aquello de Ripley “aunque usted no lo crea”, la nómina de los animales con mejor olfato la puntean los elefantes, que tiene casi cinco veces más receptores olfativos que el ser humano, que la rata, la vaca, el caballo o los tiburones. En este listado también tenemos que incluir a las moscas y ya les explicaré por qué. En febrero de este año, decíamos en este blog que Mejía Godoy decía que eran “los perjúmenes” los que nos sulibeyan (https://bit.ly/3HBx4cl), pero lo cierto es que antes nos bastaba el aroma para saber que un café era “Imperial” o “Fama de América”; ahora ya expropiadas las cafetaleras, nos queda tan solo su aromático y grato recuerdo.

 

El descubrimiento de los receptores olfativos se produjo hace casi 20 años, en 1991. Sin embargo, desde entonces se ha avanzado poco en la identificación de los genes involucrados en estos procesos. Los receptores olfativos (OR) están distribuidos por toda la cavidad nasal, principalmente en las células olfativas. Cada neurona expresa sólo un tipo de receptor y, por tanto, toda la población de neuronas responde a un determinado odorante. En los mamíferos, estos receptores se expresan exclusivamente en el epitelio olfativo, donde se unen a odorantes específicos y desencadenan la liberación de neurotransmisores como la acetilcolina y la dopamina, que median la percepción del olor.


El olfato de las moscas está muy desarrollado, y les permite detectar compuestos volátiles a grandes distancias sin gastar tiempo ni energía hasta la fuente odorífera. No es la nariz prodigiosa lo que usan las moscas ya que sus receptores de aromas se encuentran localizados en las antenas, en donde hay unas neuronas que son receptoras olfatorias capaces de captar las moléculas que forman los olores. Estas conexiones explican, entre otras cosas, por qué las moscas se cepillan de forma meticulosa y regular sus antenas, como una forma de evitar que haya sustancias que puedan dificultar la recepción olfativa.

 

Hoy día sabemos que las moscas son capaces de diferenciar centenares de compuestos orgánicos volátiles a concentraciones muy bajas pudiendo, además, diferenciar olores químicamente muy similares. Una vez que han sido identificados las neuronas receptoras de las moscas generan una señal eléctrica específica que es enviada, a lo largo de un axón neuronal, hasta el centro olfativo primario del cerebro de la mosca (el lóbulo antenal). En este lóbulo hay dos clases de neuronas, unas que son, primariamente excitatorias y otras que son inhibidoras. Desde allí la información se envía hasta la zona cerebral que se encarga de regular el aprendizaje de las respuestas a los olores y a las regiones responsables de dar respuestas innatas a los olores.


En los excrementos hay cuatro sustancias responsables del mal olor: indol, cadaverina, putrescina y escatol, los cuales se producen a partir de la fermentación pútrida. El indol se origina a partir de la degradación metabólica del triptófano, un proceso que es llevado a cabo por algunas bacterias (Bacterium linens y Clostridium sporogens) que poseen enzimas capaces de hidrolizar y desaminar el triptófano (triptofanasas). La cadaverina es un líquido incoloro que en contacto con el aire húmedo despide vapor y un olor fétido. Es un metabolito que se origina a partir de la descomposición de otro aminoácido, la lisina. Por último, el escatol se produce a partir de la disgregación de la hemoglobina, la proteína que se encarga de transportar el oxígeno en la sangre. Químicamente el escatol es similar al indol y contribuye al olor inconfundible de los gases intestinales.

 

Pues bien, las moscas sienten una atracción incontrolable hacia el escatol, ya que les ayuda, como si de un GPS se tratase, a localizar los excrementos, el lugar en el que depositarán sus huevos. En general las moscas no suelen construir nidos, es decir, no edifican estructuras para reproducirse, sino que ponen sus huevos en lugares estratégicos, que puedan ser utilizados por sus larvas como alimento.

 

En los mamíferos, estos receptores se expresan exclusivamente en el epitelio olfativo, y es en la nariz donde se unen a odorantes específicos y desencadenan la liberación de neurotransmisores como la acetilcolina y la dopamina, que median la percepción del olor. Además de estar implicados en la detección de los olores, los ORs desempeñan un papel en la regulación de la actividad de las neuronas sensoriales. 

 

Los ORs son una familia de receptores acoplados a proteínas G que detectan los odorantes e inician la cascada de transducción de señales en el cerebro. Los OR se expresan en los cilios de las neuronas sensoriales olfativas situadas en la cavidad nasal y se unen a la membrana que se encuentran en la superficie de las neuronas sensoriales olfativas (OSN). Las OSN son neuronas especializadas que se encuentran en la mucosa olfativa, que recubre el tracto respiratorio superior. Cada receptor está codificado por un gen, que produce un único receptor funcional (una proteína) compuesta por 7 dominios transmembrana.

 

Los receptores se dividen en dos grupos basados en la homología de la secuencia: Clase I: tienen siete dominios transmembrana y son los responsables de detectar los olores volátiles, y Clase II: contienen ocho o más dominios transmembrana. Se cree que estos receptores están implicados en la detección de odorantes no volátiles. Cada ser humano contiene aproximadamente 100 millones de neuronas sensoriales olfativas que se localizan en dos regiones distintas: el epitelio olfativo principal y el órgano vomeronasal. La región del epitelio olfativo principal consta de tres capas: la capa basal, la capa sustentacular y la capa apical. La capa basal contiene células madre que dan lugar a nuevos OSN durante la edad adulta.

 

Cuando un odorante entra en la cavidad nasal, interactúa con los OR, desencadenando una reacción en cadena que conduce a la activación de moléculas de segundo mensajero en el interior de la Neurona Sensorial Olfativa (OSN), también llamada Neurona Receptora Olfativa (ORN). Esto desencadena la apertura de los canales iónicos, permitiendo que los iones de sodio entren en la célula. Como resultado, el potencial eléctrico de la OSN aumenta, haciendo que las fibras nerviosas disparen potenciales de acción.

 

Se estima que hay entre 1.000 y 2.500 genes ORs en los seres humanos que nos hace capaces de distinguir hasta 1 billón de olores distintos. Estos genes codifican proteínas que actúan como interruptores moleculares que transmiten mensajes químicos a través de las membranas celulares. La diversidad genética reside en nuestro ADN, es decir, en la información que se encuentra codificada en nuestra secuencia del genoma. Cuando hablamos de receptores olfativos, existen variantes genómicas que influyen en dicha diversidad. 

 

Entre las variantes genómicas existentes encontramos el gen OR51B5 (Gen receptor olfativo 51 B5). Es en este gen que se encuentra asociado con la sensibilidad al olor de la canela. El gen OR10A2 (Gen receptor olfativo 10 A2): en este gen existe una variante genética que estudios científicos consideran responsable de la aversión que ciertas personas sienten por el cilantro. El gen OR6C70 (Gen del receptor olfativo 6 C70): entre las distintas regiones genómicas de este gen se encuentra una variante asociada a la intensidad con la que percibimos el olor del regaliz. Los daños en los receptores olfativos pueden producirse debido a diversos factores como son la exposición a toxinas ambientales, las mutaciones genéticas y el envejecimiento.

 

Las toxinas ambientales que pueden dañar la función de los receptores olfativos incluyen metales pesados como el mercurio, el plomo, el arsénico y el cadmio; disolventes orgánicos como el benceno, el tricloroetileno y el xileno; pesticidas como el DDT, la dieldrina y el endosulfán; herbicidas como la atrazina y el glifosato; productos químicos industriales como el formaldehído, el etilbenceno, el estireno y el tolueno; y contaminantes atmosféricos como el ozono y el dióxido de nitrógeno.

 

Las mutaciones genéticas que pueden dañar los receptores olfativos están las asociadas a la fibrosis quística, a la insensibilidad congénita al dolor con anhidrosis y el síndrome de Kallmann. Finalmente, se sabe que el envejecimiento afecta a la función de los receptores olfativos. De hecho, hay pruebas que sugieren que el número de receptores olfativos disminuye con la edad.

 

Maracaibo, martes 16 de mayo del año 2023

 

lunes, 15 de mayo de 2023

Onírico (2)


La caída es lenta. Por debajo del auto ves pasar las casas del pueblo, cual, si fueses volando, y logras ver a la gente, el impulso es tan grande que como ya sabes, irán directamente al mar. Todo es muy lógico, como una consecuencia, pero no acaban de llegar al agua, se acercan, ya va a ser, y te aferras con todas tus fuerzas al asiento, te adhieres a la puerta, puedes todavía acurrucarte, en espera del golpe, cada vez más pequeño, chirriquitico, te vas volviendo, engurruñado esperas y logras pensar en que el golpetazo te aturdirá, pero no llega aún, y de repente estás libre. Sobrevuelas la plaza del mercado del pueblo, estás flotando y desciendes entre las gentes quienes no parecieran verte. Todo es extraño, no te ven, pero tú si puedes palparlas, las tocas, les hablas, las empujas, no te perciben, les revuelve el pelo, es el viento se dicen, algunos se ríen. No puede ser, te lo dices a ti mismo, es como un sueño. Estás bastante más tranquilo. Ahora piensas en quien te quiere, en ella, quien te ha querido. Te elevas suavemente, te vas volando, sabes que vas hacia ella, vas planeando, inicias un periplo aéreo y estás contento porque vas hacia donde ella debe estar, esperándote...

Todo esto es muy extraño. Creo comenzar a entenderlo. ¡Volando! Me parece cómico ser Superman después de viejo. ¡Shazam! Como un mismísimo Capitán Maravilla. Esto es ridículo, lo dices para ti... Entonces recuerdas la carrera loca en el automóvil, las casa grises y blancas, el cielo azul, las curvas en la carretera mojada y luego, la caída... La caída lenta. Me confunde ese tiempo, corre a otra velocidad, no es de ocho a superocho, ni de dieciséis a treinta y cinco milímetros, es simple y en una vulgar cámara lenta, slow motion. Tiene que existir una explicación para el fenómeno... Cuando lo piensas, tú regresas al recuerdo de algunas historias escuchadas sobre “vida después de la muerte”. El cono luminoso para subir al empíreo, admirado en un cuadro de Hyerónimus Bosch... Volar. Libre, como un pájaro, estabas en el aire y no quieres terminar de convencerte.

Son ficciones, me digo insistiendo. Me miro las manos, son reales, debo aceptarlo. Me sorprende el verme vestido todo de blanco. No lo había notado. Estoy envuelto en una especie de túnica, como un sari… ¿Hindú? Parezco un senador romano, César, y los idus de marzo, y te da risa. ¿Qué es esto de andar embatolado? ¡Como Ghandi! No me hace mucha gracia, ya él se murió, pero no es eso lo que me preocupa. Siento que voy descendiendo, miro de nuevo mis manos, notos mis dedos, son morenos, mis uñas son diferentes. No puedo estar dándole valor a estos detalles, superfluos... Me estoy viendo a mí mismo, atisbando mi propia apariencia, y he cambiado, creo que sí, pero no estoy ante un espejo, pero soy yo, de eso estoy bien seguro... Soy real, soy yo, no tú, ni él. Me aferraba a cualquier cosa para analizar las variables, pero me desconciertan, to be or not to be, y en el ínterin, me está invadiendo una preocupación que considero está justificada. ¿Miedo tal vez? Una especie de temor larvado, silente, me acongoja, me embarga...

Estoy llegando al sitio. No se cómo he flotado hasta el patio interior de esta casa. Ahora es de noche y hay frío, todo es lúgubre, las paredes mohosas, hay antiguas estatuas de piedra y de mármol, la hiedra que asciende reptante y sinuosa, se funde con la maleza en el suelo ocultando lápidas pringosas. Hay grandes árboles y me aturde el silencio. Desciendo, voy caminando y percibo el frío de las losas en mis pies. Heladas, rectangulares, mármol blanco jaspeado de gris, manchado por la humedad del tiempo, con inscripciones que no deseo leer, lapidas que van aflorando entre la maleza. En el fondo diviso una pared de piedra bordeada de sauces y cipreses. Siento ganas desesperadas de llorar, de gritar, de llamarte... El silencio es total. Una de las lápidas parece estar fuera de su sitio. ¿La he tropezado? Me detengo, creo que comienzo a entender mejor lo que está ocurriendo. La losa movida deja ver un gran hueco en la tierra húmeda y negra. Lo sé. Estoy ante mi tumba. Todo parece llevarme a una irrefutable conclusión. Estoy muerto. He regresado y es un contrasentido. Así como estoy aquí, afuera, de pie ante la tierra removida también sé que estoy allí, adentro. Las malezas se agitan a uno y otro lado como barridas por un viento gélido. Las losas se desplazan entre la grava y la tierra se remueve sola, se entreabre el negro suelo y escapan chorros de un vapor extraño, sulfuroso, observo una argamasa de cartones mojados, de capas superpuestas de detritus y tejidos en descomposición que se agitan y se van deshojando ante mí. Algo crece, late, comienza a emerger de aquella masa informe con apariencia humana, como si le costara un gran esfuerzo.

Se desgarran liencillos, se abren múltiples gasas, se rasga la mortaja y húmedo, oscuro y maloliente, entre un deshilachado envoltorio, cual, si rompiese una crisálida, mi cadáver emerge. Sé que estoy obligado a aceptarlo, soy yo, y me miro con detenimiento, joven aún, al muerto le han hecho una autopsia pues está suturada la piel con la forma de una “y” griega que va desde los brazos hasta el pubis, es evidente que lo han hecho muy rápido, lo noto por el trazo desviado de las costuras en el pecho, el tórax entreabierto deja ver en el fondo que nada late adentro. El cabello se nota húmedo, quizás es demasiado negro, los ojos entreabiertos son la noche misma y el soplo permanente del helado cierzo coagula estrías color vino que emergen de la boca y se riegan por el rostro creando un bermejo arabesco en las mejillas. A pesar del profundo desasosiego que me embarga, siento que están las cosas llegando a un punto muerto, esclarecido y sin retorno, y ahora para mi todo parece ser muy cuerdo. Me estoy viendo yo mismo desde fuera, pero ya sé que ahora sería absurdo tener miedo.

Me han hecho saltar, he dado un respingo, me han tomado por los brazos y me hablan quedamente, no debo hacerlo, no puedo oponerme ante los hechos. No sé quienes me atrapan, me tienen maniatado para tratar de convencerme de que desista ya. Eso está mal, no puedo levantarme, está prohibido, es un absurdo, ya no hay más remedio, tengo que aceptarlo. Me rebelo No quiero. ¡No! Llanto, lágrimas que no emergen, no hay palabras, y grito, aúllo, vocifero en silencio. Quienes me retienen son otros entes similares, cubiertos de mortajas, con grandes costras cochambrosas, uno de ellos burbujea de una manera extraña, masas viscosas que me susurran en los oídos. Me piden que me tranquilice. Quiero llamarte, grito sin resultado alguno. Me desespera ver que mi amada no está para escucharme, o para ayudarme, siento que se levantan más figuras, estoy perdido y… ¡Quiero que me oigas! Ellos sonríen, tratan de calmarme, pegajosos, apacibles, untuosos y desmigajándose, mis descarnados compañeros. ¡Qué horror!

No quiero resignarme, yo te amo. ¿Cómo resignarme a perderte para siempre? Ellos se integran en una sola cosa nebulosa y sé que formaré parte de ellos y de la tierra misma, yo estoy fuera de cierta manera, pero no quiero, no acepto esta locura que me ocurre. Al final del desconsuelo y la tristeza paso a la resignación. Sin duda tengo que aceptarlo, con este aspecto… ¿Cómo regresar? Todo se vuelve muy oscuro y no ceso de pensar en ti, amor, en ti, cariño, aquí, embargado por esta horrible soledad, en ti que ya no estás conmigo, en ti a quien no he de ver más nunca, solo este fría profunda y silenciosa soledad, tal vez, ¿Cuando? Aquí arriba, ¿Volverás flotando? Quizás, y nuevamente regresaremos para siempre, a juntarnos...

Fin de Onirico 1 y 2

NOTA: El texto dividido en dos partes, es copia textual de la novela La Entropía Tropical -Maracaibo Ediluz, (2003). Maracaibo, lunes 15 de mayo del año 2023


domingo, 14 de mayo de 2023

Onírico (1)

 


El paseo en auto se ha interrumpido. La tropa marcha bajo el sol. El cielo es azul y a lo lejos revolotean unos pajarracos. Se han detenido ante un contingente de hombres armados. Un oficial se acerca. Tú le escuchas llamarte por tu nombre y apellido. Piensas entonces… ¿Cómo demonios sabrá mi nombre? Pero tienes que descender del auto y los obligan a entrar en formación detrás de la tropa. Es todo un exabrupto y tú lo aceptas ya que, si no hay más remedio, deberán proseguir a pie... Te miras la correa y con orgullo al contar los huequitos, piensas que has perdido peso, sonríes mientras te colocas en la fila, absurdamente, uno detrás del otro, fila india, y marchas, caminas, tropiezas bajo el sol inclemente y estás con pasmosa seguridad, esperando acercarte paso a paso, hasta el campamento militar. Tibia y seca, la brisa acaricia tu rostro mientras ves como los soldados organizan sus bártulos y van armando las tiendas de campaña. Escuchas... A discreción, atención, fiurrrrrmmm... Sabes cuan imperativo es el almorzar antes de proseguir la marcha. Observas las rústicas mesas de madera, ni las habías notado a pesar de ser interminablemente largas, están ubicadas debajo de los árboles, con asientos de listones de madera infinitamente largos... El viento agita la verde arboleda que sombrea el improvisado comedor. Es una orden. ¡A comer!, así lo entiendes, y si no queda más remedio, pues habrá que alimentarse... El cocinero es un gordo y va sirviendo arroz, pollo, plátanos maduros y un humeante plato de espesa sopa. El delantal que luce, fue blanco, ahora está sucio de grasa, tú lo miras y detallas minuciosamente los mapas de la grasa sobre su abdomen globuloso.

 

Sin saber por qué te has levantado y caminas hacia una choza cercana, abres la puerta, y penetras en la densa oscuridad, tú notas como casi tocas el techo con la cabeza. Una anciana encadenada te mira silenciosa desde un ángulo del recinto sombrío y maloliente. Esa escena, la has visto antes, estás casi seguro, hace tiempo… Fue quizás en la revista Life, en una fotografía en blanco y negro, un reportaje, sí, seguramente… ¿Te impresionó, cuando eras niño? Pero esta es una situación nueva, se está produciendo en este momento y la anciana está ante ti, encadenada, prisionera… ¿Es esta una reservación del ejército? Un campo de prisioneros, tal vez, o tan solo es un recodo perdido en la maraña de tus neuronas, esto lo piensas, pero no logras ensamblar tus ideas... Al recapacitar por un momento, concluyes que no estás en los Humocaros, ni en la Sierra de San Luis, el sitio es, hacia el Oriente, no sabes por qué, pero tú lo has visitado antes, es un campamento para entrenar personal en la lucha antiguerrillera… ¿Acaso T4 Cocuyar? No lo precisas y eso te hace sentir mal, aunque estás seguro de que todo ocurre en predios del ejército, por eso hay tantos muchachos, son jóvenes, visten de caqui, vienen llegando en camiones, repletos, parecen estudiantes, todo lo detectas a través de una hendija en la pared, no hay ventanas, la vieja parece sonreírte en la penumbra, está escribiendo algo en la arena del suelo, pero tú sabes que tienes que salir… Ya, al estar en el sol los verás haciendo calistenia, todos a pleno sol hacen ejercicios, disparatadamente. ¿Qué será de la vieja, y que habrá querido decirme? Te preguntas estas cosas, y escuchas, reciben una orden, como hormigas otra vez se reúnen todos, ya lo sabes, en formación, a marchar, un dos, un dos, una mano te toma por el brazo, y te colocan frente a un Jeep. Tú, saltas, te sientas, y arrancan brincando como locos y en medio de una polvareda gris, se lanzan en una carrera desenfrenada envueltos en una nube densa de tierra y tú te aferras a un tubo para no salir despedido, y saltas y brincas bajo el sol mirando como salen disparadas las piedras, la grava, tú le dices granzón y entonces piensas que seguramente todas esas piedras deben venir desde las canteras de la isla de Toas...

 

La marcha por el camino lleno de peñascos, hace saltar constantemente al jeep. Dando brincos, llegaste hasta el borde, ¿a la periferia de tu mente?, ves un suburbio del pueblo, divisas las primeras casas y las otras, blancas y grises se pierden en una bruma caliza. Es un pueblo a orillas del mar. ¿Cuál ciudad? Casas blancas con techos muy negros, alternan con casas grises, las calles parecen tortuosas y las viviendas se apiñan encaramándose unas sobre las otras. El cielo es azul y el mar brilla con destellos intermitentes. Súbitamente frenazo y polvareda. Un oficial nos detiene. Te preguntas si será capaz de identificarte... Te miran. Has descendido del vehículo oficial. Ellos hablan. Ves como discuten y entiendes que se refieren a tu situación. Alguien se ha ofrecido para llevarte, parece ser una persona con mucho dinero porque tiene un gran auto, pero tú no le ves bien la cara, es joven y está bien vestido, de paltó y corbata, tú no le ves la cara, pero ya sabes cuál era la propuesta, quieren buscar algo que necesitan con urgencia, aunque no comprendes exactamente que puede ser... Ya en el auto, el chofer elegante te comenta sobre la gran cilindrada del motor, máquina nueva, último modelo, eso te dice... Tú no logras identificarlo. ¿Quién es él? Van muy rápido. Percibes con la velocidad como entra seseante el aire por una de las ventanillas laterales, silbando, y se te ocurre que es un Ford y que debe tener problemas de ensamblaje, algo chilla, ese detalle te preocupa, pero el chofer te explica que desaparecerá el chillido cuando alcancen la máxima velocidad. Una vertiginosa carrera se está iniciando a través de las irregulares callejuelas del pueblo. A menudo bordean precipicios a la orilla del mar, las casas grises y blancas de un lado y del otro, el aire y allá en el fondo, muy lejano, el mar. Tienes miedo y se te ha olvidado el asunto de la identidad del conductor, ahora solo piensas en el riesgo que corren a esa velocidad, cada vez mayor.

 

Ha llovido y el pavimento está mojado. Las curvas son muy cerradas. Tú, piensas en el peligro, y dices para ti, hay que tener cuidado, quieres decirle al conductor que debería tener más cuidado ! Las palabras no salen de tu garganta, se ahogan y tú comienzas a sentir miedo, estás empezando a asustarte... En realidad, estás aterrorizado. Pánico sientes al ver como se atraviesa en el camino un autobús, y el chofer tiene que maniobrar con destreza para evadirlo, escuchas el frenazo de un automóvil blanco. Piensas que afortunadamente el tipo es buen conductor, pero te preocupas cuando notas que se ha propuesto ir tras el auto blanco, quiere darle alcance y tú miras su pie en el acelerador, a fondo, se acercan, viene una curva muy estrecha, en un segundo logra rebasarlo. Miras el seguro de la puerta, ves hacia el mar, piensas que deberías sacarlo, “por si acaso nos caemos al mar”, te lo dices en tu mente, será más fácil escapar, salirme, viene otra curva más cerrada, piensas que estás en peligro, pero no puedes decir nada, no salen tus palabras. El tipo sigue conduciendo a una velocidad desenfrenada y notas que en realidad no has logrado verle bien su cara, no le conoces, ni sabes quién es él y eso te preocupa. Súbitamente, unos segundos bastan, seguramente se descuidó, lo dices para ti al notar como se salen del camino. Están en el vacío y sientes que van en el aire y como caen, percibes todo como en una película con cámara lenta y logras pensar en la puerta, en el seguro de la puerta, ¡Oh Dios! Ves cómo van cayendo a través de la ventana, el seguro, casi lo alcanzas, y en medio de la caída te sientes más tranquilo, podré salirme cuando estemos bajo el agua, lo dices para ti cuando sabes que has logrado quitado el seguro a la puerta, será más fácil…

Continua y finalizará mañana.

NOTA: El texto dividido en dos partes, es copia textual de la novela La Entropía Tropical  -Maracaibo Ediluz, (2003)-

Maracaibo, domingo 14 de mayo, del año 2023


 

sábado, 13 de mayo de 2023

Género Cordyceps…


La serie de HBO “The last of us”, inspirada en el videojuego del mismo nombre, y cuya expectativa entre el público telespectador es grande, fue comentada ya este año en el blog (lapesteloca) (https://bit.ly/3FffWJ4) y nos mostró un futuro distópico tras una epidemia provocada por un hongo, el Cordyceps, que supuestamente había mutado por causa del calentamiento global.

 

En la serie, los hospedadores humanos pierden el control de sí mismos y se convierten en zombis dispuestos a atacar violentamente, devorar e infectar a cualquiera que se cruce en su camino. Ese apocalipsis zombi es provocado por el hongo Cordyceps, el mismo que arrebata la voluntad a las hormigas y este detalle nos lleva a regresar al tema de los hongos patógenos los cuales pueden ser responsables de la extinción de numerosas especies de crustáceos, anfibios o peces... Afortunadamente, los seres humanos podamos regular nuestra temperatura corporal para evitar que hagan lo mismo con nosotros.


Es necesario destacar que los hongos del género Cordyceps son parásitos, mayormente de insectos y otros artrópodos (por eso se les denomina entomopatógenos). Algunos son parásitos de otros hongos; de manera que si un hongo del género Cordyceps se introduce en un insecto, el micelio lo invade y termina por reemplazar los tejidos del huésped, con un esquema parecido al que se muestra en la serie “The last uf us” y mientras el cuerpo fructífero y elongado que es el estroma de Cordyceps podrá adquirir diversas formas, cilíndrico, ramificado o en formas complejas, y  en el estroma aparecerán pequeños brotes, los peritecios en forma de botella que contienen las “ascas” que poseen ascosporas  filiformes que la mayoría de las veces se abren en fragmentos que son infecciosos.


Algunas especies de este género son capaces de afectar a la conducta de su insecto hospedador. Cuando un insecto es parasitado por el Cordyceps unilateralis por ejemplo, este hongo, altera su comportamiento habitual, lo hace subir hasta la parte más alta de una planta antes de morir, liberando esporas que brotan del cadáver del insecto. Algo terrorífico si se aumentara el tamaño trasladando en fenómeno a los humanos, como lo plantea la mencionada serie televisiva.

 

Estos hongos de distribución mundial poseen la mayor parte de sus 400 especies se  en Asia, especialmente localizados en China, Japón, Corea y Tailandia. Las especies de Cordyceps son especialmente abundantes y diversas en bosques húmedos templados y tropicales. La familia a la que pertenece el género Cordyceps tiene muchas formas asexuales (anamorfos) de los cuales los más conocidos son  Beauveria (posiblemente Beauveria bassiana, Metarhizium e Isaria, que se han utilizados en el control biológico de plagas de insectos.

 

Algunas especies de Cordyceps son fuentes de sustancias bioquímicas con importantes propiedades biológicas y farmacológicas como la cordicepina. El anamorfo de  Cordyceps subsessilis   (Tolypocladium inflatum) que resulta ser la fuente de la ciclosporina -un medicamento que se usa en el trasplante de órganos humanos como inmunosupresor y se le conoce en China como zong chao, usado tan solo por los emperadores y la élite gobernante buscando la vitalidad y longevidad. La filosofía china enseña que Cordyceps “es un elemento que fomenta el equilibrio entre el cuerpo y el alma por lo cual la medicina ancestral lo recomienda para recuperar la armonía de los órganos del cuerpo humano”. En 1951 el Dr. Ge Ning Han logró obtener un antibiótico derivado de Cordyceps, el cordycepin, útil para el tratamiento de la tuberculosis. ​

 

Estudios japoneses iniciados en 1986 encontraron también un factor FTX-20 al que se le atribuyen propiedades para evitar el rechazo de órganos trasplantados e injertos de piel. Actualmente hay empresas que cultivan cepas naturales de Cordyceps en cantidad suficiente para cubrir la demanda. El micelio de Cordyceps contiene como principio activo principal adenosina, además de las vitaminas naturales B1, B2 y E. También posee oligoelementos, como zinc, manganeso, selenio, cromo, fósforo, potasio y aminoácidos.

 

De manera que termina resultando que el Cordyceps, es un hongo parásito que es beneficioso para la salud, y ha sido descrito como un potente vigorizante que favorece el aumento de la energía física y mejora sobre manera el rendimiento deportivo en los atletas. Pero el Cordyceps es un hongo que trabaja convirtiéndose en parásito de arañas, orugas y hormigas y que crece a través de ellas, lo cual es algo muy desagradable, es verdad, pero que, sin embargo, extraído correctamente es sumamente beneficioso para nuestra salud.

 

El hongo Cordyceps Sinensis, genuino y muy raro en la India generalmente se conoce como “Kira Jhar”, lo que significa planta de insectos. El nombre científico de esta hierba es Cordyceps Sinensis, y la goma Yarsa es una combinación excepcional de una oruga amarilla y un hongo. Justo antes de la temporada lluviosa, las esporas de hongos cordyceps infectan estas orugas del Himalaya que viven en hierba húmeda y tierra hueca. Después de que el hongo se entierra en el cuerpo de la oruga, funciona a través de la cabeza del insecto. El parásito obtiene la energía de la oruga. El parásito de hongos penentra en el cuerpo de las orugas que drenan toda la energía del insecto y, en última instancia, mueren.

 

A medida que aumenta la temperatura y la nieve se derrite, la goma yarsa emerge y se recoge en este momento. Durante el monzón, la goma yarsa es barrida. Las investigaciones han revelado que el cuerpo de Yarsagumba contiene: ácido de cordicepina, cordicepina, D-mannitol, polisacárido, SOD, ácido graso, proteína de nucleocida, vitamina A, vitamina B1, B2, B6, B12, serie, zinc, cobre, carbohidratos, etc. Se ha demostrado que la cartilcepina y el ácido cordiépico son los principales componentes.

 

Yarsagumba también es conocido como el "oro del Himalaya" por su alto valor medicinal y comercial. Yarsagumba es una hierba excepcional e increíble que crece en los pastos por encima de 10.8 ft hasta 13,123.4 ft en las regiones del Himalaya de Nepal, Bután, India y Tíbet. Yarsagumba significa literalmente planta de verano e insectos de invierno (dong cong xia cao) en tibetano.

 

Hasta aquí esta curiosa historia de un hongo que mata insectos como si fuesen los zombies de la serie de HBO y al final nos enteramos de que este hongo que mata insectos tiene otras propiedades extrañamente beneficiosas… 

“El que tenga ojos que vea”…


Maracaibo, sábado 13 de mayo del año 2023

 

viernes, 12 de mayo de 2023

La guerra de los mundos


La guerra de los mundos es el título de una famosa novela de ciencia ficción escrita por H. G. Wells, publicada por primera vez en 1898. Esta fue la primera descripción de una invasión alienígena de la Tierra y de esta novela de Wells se han hecho muchas adaptaciones en varias películas. Sonaría inicialmente en un programa de radio, creando una conmoción, pero ahora existen cientos de videojuegos, cómics, series de televisión divulgando la idea

La historia de la novela de HG Wells “La guerra de los mundos” es relatada por un narrador en el año 1904, como si fuese escrita seis años después de la invasión marciana, donde un escritor cuyo nombre nunca es mencionado, relata la visita a un observatorio en Ottershaw donde un famoso astrónomo, el Sr Ogilvy y el han sido de una explosión en la superficie del planeta Marte, que suponen es por actividad volcánica. Días después, un supuesto "meteoro" impacta cerca de Londres cerca de la casa de narrador quien habrá de ser uno de los primeros en descubrir a los "marcianos" grandes y grisáceos, de piel "marrón aceitosa", "del tamaño, tal vez, de un oso", con "dos grandes ojos de color oscuro y bocas en forma de uve sin labios, que gotean saliva" y "dos grupos de tentáculos de górgona", seres “inhumanos, lisiados y monstruosos" que parecen tener dificultades para respirar en la atmósfera terrestre, y se retiran rápidamente otra vez al cilindro donde llegaron.

Cuando el astrónomo Ogilvy, se acerca con una bandera blanca, los marcianos los incineran a ellos con un rayo calórico, y esa noche el ejército rodea el campo. Tras el ataque, el narrador lleva a su esposa a Leatherhead con sus parientes hasta esperar que los marcianos estén muertos, pero los marcianos han construido una "máquina de guerra". Gigantescos trípodes andantes metálicos de 30 metros de alto, coronados por una "capucha" de latón de la cual cuelgan tentáculos metálicos con una cesta gigante de metal en la que capturan a los humanos.

Las máquinas guerreras aplastan las unidades que el ejército británico coloca ahora en todos los cráteres y atacan a las comunidades circundantes. Al llegar a su casa el narrador conoce a un artillero, que le dice que otro cilindro ha aterrizado entre Working y Leatherhead, separando al narrador de su esposa. Los dos hombres intentan escapar juntos, pero al llegar al río Támesis ven trípodes en el horizonte que empiezan a destruir el pueblo con el rayo calórico. Las baterías inglesas atacan y un obus explota en la capucha de una máquina guerrera. El robot se tambalea, se tropieza con la iglesia de Shepperton y cae en el río produciendo una gran explosión. Al caer el generador del rayo calórico en el agua provoca una gigantesca ola que mata mucha gente. El narrador por poco muere ahogado. Al salir del agua es casi aplastado por la pata de una máquina guerrera.

El narrador conoce a un cura, y al escapar junto a él observan a los marcianos utilizar una nueva arma, el humo negro. Más cilindros caen en el campo inglés y comienza una gran y frenética evacuación masiva de Londres, gigantesca y desordenada, sin rumbo alguno. Entre la multitud que huyen está el hermano del narrador, quien ayuda a dos señoras a librarse de unos ladrones que querían quitarles su carruaje. El hermano recibe una tremenda paliza y sólo se salvan porque la señora Elphinstone tenía escondido un revólver bajo el asiento. Después, ellos tres logran subir a un barco, y cruzaran el Canal de la Mancha mientras un barco de guerra, el HMS Thunder Child trata de proteger a los demás barcos y lucha con las máquinas guerreras, que se adentran en el agua y al final vuelan en pedazos junto con el navío.

El narrador y el cura son atrapados en medio de una casa destruida, con vista al cráter de uno de los últimos lugares de aterrizaje marciano. Es testigo encubierto de las acciones de los marcianos, incluida su utilización de los seres humanos capturados como suministro de alimento a través de la absorción directa de sangre. Se oculta allí junto con el cura traumatizado por los eventos, que se comporta como un demente. El cura comienza a gritar y aterrado de que sean escuchados, el narrador lo golpea y deja inconsciente. El cuerpo del cura es descubierto por los marcianos y es arrastrado lejos. La máquina marciana captura al cura y el narrador no puede evitar correr la misma suerte. Los marcianos abandonan su campamento y el narrador entonces viaja a una Londres desierta, pero en el camino se encuentra nuevamente con el artillero quien ha planeado que la humanidad comience a vivir bajo tierra, en las cloacas de Londres, para oponer resistencia a los marcianos.

Al llegar, descubre que tanto la hierba roja como los marcianos han sucumbido abruptamente al interactuar con bacterias terrestres (por efecto del inicio de una contaminación interplanetaria de regreso), a las que no tienen inmunidad natural. El narrador regresa a Woking y se reúne inesperadamente con su esposa, y, junto con el resto de la humanidad, se establece para hacer frente a las nuevas y más amplias vistas del universo que la invasión ha hecho caer sobre ellos.

La novela de H.G.Wells fue adaptada por Orson Welles, en octubre de 1938 para crear un serial radiofónico que en su momento creó gran alarma social. Welles cambió algunos aspectos del argumento, incluso el lugar del primer aterrizaje marciano: Grover's Mill, Nueva Jersey. Con el formato de noticiario de carácter urgente ( hubo un aviso al principio sobre su carácter ficticio, pero los que se perdieron el aviso creyeron que era real). Esto provocó escenas de pánico entre ciudadanos de Nueva Jersey y Nueva York, que creyeron que se estaba produciendo una verdadera invasión alienígena y Welles, debió ofrecer disculpas públicamente a los radioyentes.

Casi 11 años después de la adaptación radial neoyorquina, un fenómeno similar pero de consecuencias mayores, ocurrió en Ecuador, el 12 de febrero de 1949, con la transmisión de un programa musical nocturno por Radio Quito, que los locutores lo interrumpieron para reportar ciertas apariciones de ovnis en las cercanías de Quito y que éstas estaban destruyéndolo todo a su paso con un saldo de heridos y fallecidos. El pánico se desató sin control en las calles quiteñas, y al ver la gravedad de la situación, dieron por finalizada la obra anunciando que se trataba sólo de una radionovela, pero posteriormente, una enardecida turba estaba rodeando el edificio de Radio Quito y diario El Comercio 8 que funcionaba en las mismas instalaciones de la emisora. Causaron un gran incendio en el lugar y muchos se salvaron saltando hacia el techo de algún edificio colindante pero cinco personas fallecieron calcinados entre las llamas, otras más, acabaron con su vida debido al terror causado por la transmisión radial.

La novela ha sido adaptada muchas veces al cine y la primera y exitosa adaptación fue la de 1953 a pesar de alejarse de la trama de la novela. Los protagonistas son un científico y una jovencita y los extraterrestres utilizan vehículos voladores con forma de manta raya para destruirlo todo a su paso; los eventos tienen lugar en los alrededores de Loa Ángeles, California. En ningún momento aparecen en el filme los trípodes, la maleza roja, el buque Thunderchild, ni el personaje del artillero. En una escena, se intenta destruir a la raza invasora utilizando la bomba atómica, idea que no tiene éxito.

La última adaptación fue estrenada en 2005, protagonizada por Tom Cruise y Dakota Fanning y dirigida por Steven Spielberg y. La película era la tercera de Spielberg sobre el tema de las visitas extraterrestres, junto con Encuentros Cercanos del Tercer Tipo y E.T., el extraterrestre. Con La guerra de los mundos, Spielberg tuvo la oportunidad de explorar la antítesis de los personajes traídos a la vida en ET y Close Encounters of the Third Kind. Spielberg declaró que sería divertido hacer una "película realmente aterradora con alienígenas realmente terroríficos", algo que nunca había hecho antes. Después de releer la novela, Koepp decidió hacer el guion siguiendo un solo narrador, y el personaje de Tim Robbins era una amalgama de dos personajes en el libro, con el nombre prestado de un tercero. Spielberg aceptó el guion después de descubrir que tenía varias similitudes con su vida personal, Para Spielberg, las historias de supervivencia de los personajes presentaban la mentalidad estadounidense de nunca darse por vencido. War of the Worlds está enfocado en mantener a la familia unida.

La guerra de los mundos fue nominada a tres Premios de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de Hollywood, incluyendo efectos visuales, mezcla de sonido y el montaje de sonido, perdiendo todo frente a King Kong. La película fue nominada a seis Premios Saturn, y el premio al mejor funcionamiento de un agente más joven (Dakota Fanning). La película ganó un premio Golden carrete de efectos de sonido y Foley, un Premio Mundial de la banda de sonido a la mejor banda sonora original.

Existen dos versiones más del filme, también de 2005, para video doméstico. Una de ellas, es bastante fiel a la novela aunque vuelve a transcurrir en Estados Unidos en la actualidad y sustituye los trípodes por robots orgánicos con forma de cangrejo de bajo presupuesto. Esta “War of the Worlds” resulto ser una película de bajo presupuesto realizada por la productora The Asylum para aprovecharse del tirón de la superproducción de Hollywood dirigida por Steven Spielberg y protagonizada por Tom Cruise.

Maracaibo, viernes 12 de mayo del año 2023

jueves, 11 de mayo de 2023

Novela histórica vs Historia novelada


Quien haya leído algunas de las novelas que he publicado seguramente le habrá llamado la atención que frecuentemente en ellas transcurren sucesos o personajes de la historia. Hago este comentario, y comentaré con mayor detalle más adelante, para explicar la razón de este artículo.

Sin entrar en definiciones académicas se dice que la Novela histórica es un relato, cuyo contexto se desarrolla en un momento histórico concreto, como puede ser, en “La Grecia de Pericles”, “la Roma de Augusto”, “la Revolución Francesa”, o “la Guerra Fría”, pero su trama y su argumento son una ficción.

Por otra parte, lo que se define como Historia novelada, resultaría ser más bien un ensayo divulgativo, para que los historiadores presenten los resultados de sus investigaciones al público.

Las diferencias entre ambos géneros, están claras no solo en cuanto la finalidad -entretenimiento la novela histórica y divulgación la historia novelada- sino en lo que respecta la forma de presentar la Historia. Sin embargo, en la práctica pueden darse problemas ya que en ocasiones no parece estar claro dónde empieza la Novela histórica y dónde la Historia novelada.

Los historiadores en ocasiones han reaccionado algo incomodos ante la ficción de la novela histórica por considerar que la gente común puede confundir la historia con la ficción y pudiera parecer comprensible que ellos exijan veracidad a los novelistas que utilizan -utilizamos- la historia en ejercicios literarios.

La novela histórica, aunque invente personajes, o cambie la fecha de los hechos para adecuarlos a la trama, aunque exponga argumentos ficticios, tiene toda la intención de ser verosímil y así la novela histórica termina por ser una forma de divulgar elementos de la Historia a los lectores y éstos, adicionalmente pueden aprender mucho de ella.

En realidad, podemos afirmar que la Historia como disciplina es también, aunque en menor medida, una obra literaria... Por otra parte, hay quienes llegan hasta recomendar -lo que deben hacer los escritores cuando escriban una novela histórica- como si intentasen tratar de “reconciliar” a estas dos “primas hermanas”, la historia novelada y la novela histórica.

La novela histórica no es la única forma literaria que hace especial hincapié en la problemática del tiempo, el ya clásico tempus fugito (carpe diem) que se ha ido formando también en una serie de manifestaciones literarias no narrativas, y por lo tanto, siempre puede ser oportuno repasar los géneros limítrofes de la novela histórica para evitar confusiones terminológicas y para saber lo que es y lo que no es, la novela histórica.

Había dicho que iba a referirme concretamente a mis novelas y a sus conexiones con la historia. Puedo avanzar en ellas, desde la publicación tardía de mi primera novela La Entropía Tropical (EdiLuz 2003) donde existe la historia interpuesta de Nabonido el último rey de Babilonia, y regresar a La Peste Loca (1997) donde serán los presidentes de Venezuela desde Betancourt hasta Lusichi quienes son dilacerados en medio de los acontecimientos de la historia del mundo en una fiesta del lenguaje. En El movedizo encaje de los uveros (2003) el presidente Cipriano Castro y Rafael Rangel crean el marco para hablar del país a comienzos del siglo XX.

Si continuamos analizando una de las novelas que fue literariamente premiadas (Bienal Elías David Curiel 1997) Para subir al cielo… (1998-re editada en 2016), será la historia de El Bosco-Hyeronimus Bosch- la que corre en paralelo a un fin de semana en la capital alrededor de muertos en la Morgue de “Bello Monte” y narcotraficantes. En Ratones desnudos(2011) una historia de médicos e investigadores gira alrededor del doctor Fernández Morán, y en la novela El año de la lepra (2011) citada en abril de este año (https://bit.ly/3AHXTsk) es la historia del médico investigador Luis Daniel Beauperthuy la que se narra en los capítulos impares de la novela.

Mi última novela publicada, Vesalio el anatomista (2016) narra noveladamente los acontecimientos en la vida de Andres Vesalio durante el siglo XVI. He dejado por fuera a la primera de mis novelas laureadas (Bienal José Rafael Pocaterra 1994) muy divulgada (tiene ya 3 ediciones 1994, 1998 y la edición especial del 2011 con 812 referencias) Escribir en La Habana donde se analiza en medio del cine, la literatura y el sincretismo religioso, a la mal llamada “revolución cubana” y los acontecimientos que se provocarían en Cuba el año 1989.

Para finalizar quisiera señalar que los límites entre los distintos géneros y subgéneros de la novela histórica son muy fluidos y no siempre es fácil deslindarlos El diario es un género "íntimo" como las memorias donde la diferencia más llamativa sea su ordenación cronológica; fue utilizado en El año de la lepra. La biografía y sobre todo la autobiografía, tanto la real como en la literaria ficticia el autor no tiene que respetar las exigencias de una autenticidad histórica; en mis novelas esta modalidad de estilo autobiografico, aparecerá en “El proyecto oposum” una novela que tiene mucho que ver con los rabipelados y que aún no ha sido publicada.

Finalmente, digamos que la novela de ciencia ficción, si bien implica un tratamiento del tiempo, que se aleja ya de nuestro ámbito dado que donde su tiempo es el del futuro, describirá siempre una historia por venir, todavía no acontecida y no podría corresponder por tanto a la llamada “historia novelada”.

Maracaibo, jueves 11 de mayo del año 2023