miércoles, 17 de mayo de 2023
Las coplas de Jorge Manrique
martes, 16 de mayo de 2023
El olfato en las moscas
En el
aire hay disueltas millones de sustancias que dan origen a los olores que
percibimos. La naturaleza siempre no ha prodigado con aromas
agradables y la mayoría de las flores, la madera o los cítricos, exhalan sus
olores característicos pero también hay olores desagradables, como los que desprenden los cuerpos en
descomposición o los excrementos.
Aunque les suene a aquello de
Ripley “aunque usted no lo crea”, la nómina de los animales con mejor
olfato la puntean los elefantes, que tiene casi
cinco veces más receptores olfativos que el ser humano, que la rata, la vaca,
el caballo o los tiburones. En este listado también tenemos que incluir a las
moscas y ya les explicaré por qué. En febrero de este año, decíamos en este
blog que Mejía Godoy decía que eran “los
perjúmenes” los que nos sulibeyan
(https://bit.ly/3HBx4cl), pero lo cierto es que antes nos bastaba el aroma para
saber que un café era “Imperial” o “Fama de América”; ahora ya expropiadas
las cafetaleras, nos queda tan solo su aromático y grato recuerdo.
El descubrimiento de los receptores
olfativos se produjo hace casi 20 años, en 1991. Sin embargo, desde entonces se
ha avanzado poco en la identificación de los genes involucrados en estos
procesos. Los receptores olfativos (OR) están distribuidos por toda la cavidad
nasal, principalmente en las células olfativas. Cada neurona expresa sólo un
tipo de receptor y, por tanto, toda la población de neuronas responde a un
determinado odorante. En los mamíferos, estos receptores se expresan
exclusivamente en el epitelio olfativo, donde se unen a odorantes específicos y
desencadenan la liberación de neurotransmisores como la acetilcolina
y la dopamina, que median la percepción del olor.
El
olfato de las moscas está muy desarrollado, y les permite detectar compuestos
volátiles a grandes distancias sin gastar tiempo ni energía hasta la fuente
odorífera. No es la nariz prodigiosa lo que usan las moscas ya que sus
receptores de aromas se encuentran localizados en las antenas, en donde hay
unas neuronas que son receptoras olfatorias capaces de captar las moléculas que
forman los olores. Estas conexiones explican, entre otras cosas, por qué las
moscas se cepillan de forma meticulosa y regular sus antenas, como una forma de
evitar que haya sustancias que puedan dificultar la recepción olfativa.
Hoy día sabemos que las moscas son capaces de diferenciar centenares de compuestos orgánicos volátiles a concentraciones muy bajas pudiendo, además, diferenciar olores químicamente muy similares. Una vez que han sido identificados las neuronas receptoras de las moscas generan una señal eléctrica específica que es enviada, a lo largo de un axón neuronal, hasta el centro olfativo primario del cerebro de la mosca (el lóbulo antenal). En este lóbulo hay dos clases de neuronas, unas que son, primariamente excitatorias y otras que son inhibidoras. Desde allí la información se envía hasta la zona cerebral que se encarga de regular el aprendizaje de las respuestas a los olores y a las regiones responsables de dar respuestas innatas a los olores.
En los
excrementos hay cuatro sustancias responsables del mal olor: indol, cadaverina, putrescina y escatol,
los cuales se producen a partir de la fermentación pútrida. El indol se origina a partir de la
degradación metabólica del triptófano,
un proceso que es llevado a cabo por algunas bacterias (Bacterium linens y Clostridium
sporogens) que poseen enzimas capaces de hidrolizar y desaminar el triptófano (triptofanasas). La cadaverina es un líquido incoloro que en
contacto con el aire húmedo despide vapor y un olor fétido. Es un metabolito
que se origina a partir de la descomposición de otro aminoácido, la lisina. Por último, el escatol se produce a partir de la
disgregación de la hemoglobina, la proteína que se encarga de transportar el
oxígeno en la sangre. Químicamente el escatol
es similar al indol y contribuye
al olor inconfundible de los gases intestinales.
Pues
bien, las moscas sienten una atracción incontrolable hacia el escatol, ya que les ayuda, como si de un
GPS se tratase, a localizar los excrementos, el lugar en el que depositarán sus
huevos. En general las moscas no suelen construir nidos, es decir, no edifican
estructuras para reproducirse, sino que ponen sus huevos en lugares
estratégicos, que puedan ser utilizados por sus larvas como alimento.
En los
mamíferos, estos receptores se expresan exclusivamente en el epitelio olfativo, y es en la nariz donde se unen a
odorantes específicos y desencadenan la liberación de neurotransmisores como la acetilcolina y la
dopamina, que median la percepción del olor. Además de estar implicados en la
detección de los olores, los ORs desempeñan un papel en la regulación de la
actividad de las neuronas sensoriales.
Los ORs son una familia de receptores
acoplados a proteínas G que detectan los odorantes e inician la cascada de
transducción de señales en el cerebro. Los OR se expresan en
los cilios de las neuronas sensoriales olfativas situadas en la cavidad nasal y
se unen a la membrana que se encuentran en la superficie de las neuronas sensoriales olfativas (OSN).
Las OSN son neuronas especializadas que se encuentran en la mucosa olfativa,
que recubre el tracto respiratorio superior. Cada receptor está codificado por
un gen, que produce un único receptor funcional (una proteína) compuesta por 7
dominios transmembrana.
Los receptores se dividen en dos
grupos basados en la homología de la secuencia: Clase I: tienen siete
dominios transmembrana y son los responsables de detectar los olores volátiles,
y Clase II: contienen ocho o más dominios transmembrana. Se cree que
estos receptores están implicados en la detección de odorantes no
volátiles. Cada ser humano contiene aproximadamente 100 millones de neuronas
sensoriales olfativas que se localizan en dos regiones distintas: el epitelio olfativo principal y el
órgano vomeronasal. La región del epitelio olfativo principal consta de tres
capas: la capa basal, la capa sustentacular y la capa apical. La capa basal
contiene células madre que dan lugar a nuevos OSN durante la edad adulta.
Cuando un odorante entra en la cavidad nasal,
interactúa con los OR, desencadenando una reacción en cadena que conduce a la
activación de moléculas de segundo mensajero en el interior de la Neurona
Sensorial Olfativa (OSN), también llamada Neurona Receptora Olfativa (ORN).
Esto desencadena la apertura de los canales iónicos, permitiendo que los iones
de sodio entren en la célula. Como resultado, el potencial eléctrico de la OSN
aumenta, haciendo que las fibras nerviosas disparen potenciales de acción.
Se
estima que hay entre 1.000 y 2.500 genes ORs en los seres
humanos que nos hace capaces de distinguir hasta 1 billón de olores distintos.
Estos genes codifican proteínas que actúan como interruptores moleculares que transmiten
mensajes químicos a través de las membranas celulares. La diversidad
genética reside en nuestro ADN, es decir, en la información que se
encuentra codificada en nuestra secuencia del genoma. Cuando hablamos de
receptores olfativos, existen variantes genómicas que influyen en dicha
diversidad.
Entre las variantes genómicas existentes
encontramos el gen OR51B5 (Gen receptor olfativo 51 B5). Es en
este gen que se encuentra asociado con la sensibilidad al olor de la canela. El gen OR10A2 (Gen receptor
olfativo 10 A2): en este gen existe una variante genética que estudios
científicos consideran responsable de la aversión
que ciertas personas sienten por el cilantro. El gen OR6C70 (Gen del receptor olfativo 6 C70):
entre las distintas regiones genómicas de este gen se encuentra una variante
asociada a la intensidad con la que
percibimos el olor del regaliz. Los daños en los receptores olfativos
pueden producirse debido a diversos factores como son la exposición a toxinas
ambientales, las mutaciones genéticas y el envejecimiento.
Las toxinas ambientales que pueden dañar la función de los
receptores olfativos incluyen metales pesados como el mercurio, el plomo, el
arsénico y el cadmio; disolventes orgánicos como el benceno, el tricloroetileno
y el xileno; pesticidas como el DDT, la dieldrina y el endosulfán; herbicidas
como la atrazina y el glifosato; productos químicos industriales como el
formaldehído, el etilbenceno, el estireno y el tolueno; y contaminantes
atmosféricos como el ozono y el dióxido de nitrógeno.
Las mutaciones genéticas que pueden dañar los receptores olfativos están las asociadas a la fibrosis quística, a la insensibilidad congénita al dolor con anhidrosis y el síndrome de Kallmann. Finalmente, se sabe que el envejecimiento afecta a la función de los receptores olfativos. De hecho, hay pruebas que sugieren que el número de receptores olfativos disminuye con la edad.
Maracaibo, martes 16 de mayo del año 2023
lunes, 15 de mayo de 2023
Onírico (2)
domingo, 14 de mayo de 2023
Onírico (1)
El paseo en auto se ha interrumpido. La
tropa marcha bajo el sol. El cielo es azul y a lo lejos revolotean unos
pajarracos. Se han detenido ante un contingente de hombres armados. Un oficial
se acerca. Tú le escuchas llamarte por tu nombre y apellido. Piensas entonces…
¿Cómo demonios sabrá mi nombre? Pero tienes que descender del auto y los
obligan a entrar en formación detrás de la tropa. Es todo un exabrupto y tú lo
aceptas ya que, si no hay más remedio, deberán proseguir a pie... Te miras la
correa y con orgullo al contar los huequitos, piensas que has perdido peso,
sonríes mientras te colocas en la fila, absurdamente, uno detrás del otro, fila
india, y marchas, caminas, tropiezas bajo el sol inclemente y estás con pasmosa
seguridad, esperando acercarte paso a paso, hasta el campamento militar. Tibia
y seca, la brisa acaricia tu rostro mientras ves como los soldados organizan sus
bártulos y van armando las tiendas de campaña. Escuchas... A discreción,
atención, fiurrrrrmmm... Sabes cuan imperativo es el almorzar antes de
proseguir la marcha. Observas las rústicas mesas de madera, ni las
habías notado a pesar de ser interminablemente largas, están ubicadas debajo de
los árboles, con asientos de listones de madera infinitamente largos... El viento
agita la verde arboleda que sombrea el improvisado comedor. Es una orden. ¡A
comer!, así lo entiendes, y si no queda más remedio, pues habrá que
alimentarse... El cocinero es un gordo y va sirviendo arroz, pollo, plátanos
maduros y un humeante plato de espesa sopa. El delantal que luce, fue blanco,
ahora está sucio de grasa, tú lo miras y detallas minuciosamente los mapas de
la grasa sobre su abdomen globuloso.
Sin saber por qué
te has levantado y caminas hacia una choza cercana, abres la puerta, y penetras
en la densa oscuridad, tú notas como casi tocas el techo con la cabeza. Una
anciana encadenada te mira silenciosa desde un ángulo del recinto sombrío y
maloliente. Esa escena, la has visto antes, estás casi seguro, hace tiempo… Fue
quizás en la revista Life, en una
fotografía en blanco y negro, un reportaje, sí, seguramente… ¿Te impresionó,
cuando eras niño? Pero esta es una situación nueva, se está produciendo en este
momento y la anciana está ante ti, encadenada, prisionera… ¿Es esta una
reservación del ejército? Un campo de prisioneros, tal vez, o tan solo es un
recodo perdido en la maraña de tus neuronas, esto lo piensas, pero no logras
ensamblar tus ideas... Al recapacitar por un momento, concluyes que no estás en
los Humocaros, ni en la Sierra de San Luis, el sitio es, hacia el Oriente, no
sabes por qué, pero tú lo has visitado antes, es un campamento para entrenar
personal en la lucha antiguerrillera… ¿Acaso T4 Cocuyar? No lo precisas y eso
te hace sentir mal, aunque estás seguro de que todo ocurre en predios del
ejército, por eso hay tantos muchachos, son jóvenes, visten de caqui, vienen
llegando en camiones, repletos, parecen estudiantes, todo lo detectas a través
de una hendija en la pared, no hay ventanas, la vieja parece sonreírte en la
penumbra, está escribiendo algo en la arena del suelo, pero tú sabes que tienes
que salir… Ya, al estar en el sol los verás haciendo calistenia, todos a pleno
sol hacen ejercicios, disparatadamente. ¿Qué será de la vieja, y que habrá
querido decirme? Te preguntas estas cosas, y escuchas, reciben una orden, como
hormigas otra vez se reúnen todos, ya lo sabes, en formación, a marchar, un
dos, un dos, una mano te toma por el brazo, y te colocan frente a un Jeep. Tú,
saltas, te sientas, y arrancan brincando como locos y en medio de una polvareda
gris, se lanzan en una carrera desenfrenada envueltos en una nube densa de
tierra y tú te aferras a un tubo para no salir despedido, y saltas y brincas bajo el sol
mirando como salen disparadas las piedras, la grava, tú le dices granzón y
entonces piensas que seguramente todas esas piedras deben venir desde las
canteras de la isla de Toas...
La marcha por el camino lleno de peñascos,
hace saltar constantemente al jeep. Dando brincos, llegaste hasta el borde, ¿a la
periferia de tu mente?, ves un suburbio del pueblo, divisas las primeras casas
y las otras, blancas y grises se pierden en una bruma caliza. Es un pueblo a
orillas del mar. ¿Cuál ciudad? Casas blancas con techos muy negros, alternan
con casas grises, las calles parecen tortuosas y las viviendas se apiñan
encaramándose unas sobre las otras. El cielo es azul y el mar brilla con
destellos intermitentes. Súbitamente frenazo y polvareda. Un oficial nos
detiene. Te preguntas si será capaz de identificarte... Te miran. Has
descendido del vehículo oficial. Ellos hablan. Ves como discuten y entiendes
que se refieren a tu situación. Alguien se ha ofrecido para llevarte, parece
ser una persona con mucho dinero porque tiene un gran auto, pero tú no le ves
bien la cara, es joven y está bien vestido, de paltó y corbata, tú no le ves la
cara, pero ya sabes cuál era la propuesta, quieren buscar algo que necesitan con urgencia,
aunque no comprendes exactamente que puede ser... Ya en el auto, el chofer
elegante te comenta sobre la gran cilindrada del motor, máquina nueva, último
modelo, eso te dice... Tú no logras identificarlo. ¿Quién es él? Van muy
rápido. Percibes con la velocidad como entra seseante el aire por una de las
ventanillas laterales, silbando, y se te ocurre que es un Ford y que debe tener
problemas de ensamblaje, algo chilla, ese detalle te preocupa, pero el chofer
te explica que desaparecerá el chillido cuando alcancen la máxima velocidad.
Una vertiginosa carrera se está iniciando a través de las irregulares callejuelas
del pueblo. A menudo bordean precipicios a la orilla del mar, las casas grises
y blancas de un lado y del otro, el aire y allá en el fondo, muy lejano, el
mar. Tienes miedo y se te ha olvidado el asunto de la identidad del conductor,
ahora solo piensas en el riesgo que corren a esa velocidad, cada vez mayor.
Ha llovido y el pavimento
está mojado. Las curvas son muy cerradas. Tú, piensas en el peligro, y dices
para ti, hay que tener cuidado, quieres decirle al conductor que debería tener más
cuidado ! Las palabras no salen de tu garganta, se ahogan y tú comienzas a
sentir miedo, estás empezando a asustarte... En realidad, estás aterrorizado. Pánico sientes al ver como se
atraviesa en el camino un autobús, y el chofer tiene que maniobrar con destreza
para evadirlo, escuchas el frenazo de un automóvil blanco. Piensas que
afortunadamente el tipo es buen conductor, pero te preocupas cuando notas que
se ha propuesto ir tras el auto blanco, quiere darle alcance y tú miras su pie en el
acelerador, a fondo, se acercan, viene una curva muy estrecha, en un segundo
logra rebasarlo. Miras el seguro de la puerta, ves hacia el mar, piensas que
deberías sacarlo, “por si acaso nos caemos al mar”, te lo dices en tu mente,
será más fácil escapar, salirme, viene otra curva más cerrada, piensas que
estás en peligro, pero no puedes decir nada, no salen tus palabras. El tipo
sigue conduciendo a una velocidad desenfrenada y notas que en realidad no has
logrado verle bien su cara, no le conoces, ni sabes quién es él y eso te preocupa.
Súbitamente, unos segundos bastan, seguramente se descuidó, lo dices para ti al
notar como se salen del camino. Están en el vacío y sientes que van en el aire
y como caen, percibes todo como en una película con cámara lenta y logras
pensar en la puerta, en el seguro de la puerta, ¡Oh Dios! Ves cómo van cayendo
a través de la ventana, el seguro, casi lo alcanzas, y en medio de la caída te
sientes más tranquilo, podré salirme cuando estemos bajo el agua, lo dices para
ti cuando sabes que has logrado quitado el seguro a la puerta, será más fácil…
Continua y finalizará mañana.
NOTA:
El texto dividido en dos partes, es copia textual de la novela La Entropía
Tropical -Maracaibo Ediluz, (2003)-
Maracaibo, domingo 14 de mayo, del año 2023
sábado, 13 de mayo de 2023
Género Cordyceps…
La serie de HBO “The last of us”, inspirada en el
videojuego del mismo nombre, y cuya expectativa entre el público telespectador
es grande, fue comentada ya este año en el blog (lapesteloca) (https://bit.ly/3FffWJ4)
y nos mostró un futuro distópico tras una epidemia
provocada por un hongo, el Cordyceps, que supuestamente había mutado por causa del calentamiento
global.
En la serie, los hospedadores humanos pierden el control de sí mismos y
se convierten en zombis dispuestos a atacar violentamente, devorar e infectar a
cualquiera que se cruce en su camino. Ese apocalipsis zombi es provocado por el
hongo Cordyceps, el mismo que
arrebata la voluntad a las hormigas y este detalle nos lleva a regresar al tema
de los hongos patógenos los cuales pueden ser responsables de la extinción de
numerosas especies de crustáceos, anfibios o peces... Afortunadamente, los
seres humanos podamos regular nuestra temperatura corporal para evitar que
hagan lo mismo con nosotros.
Es necesario destacar que los hongos del género Cordyceps son parásitos, mayormente de insectos y otros artrópodos (por eso se les denomina entomopatógenos). Algunos son parásitos de otros hongos; de manera que si un hongo del género Cordyceps se introduce en un insecto, el micelio lo invade y termina por reemplazar los tejidos del huésped, con un esquema parecido al que se muestra en la serie “The last uf us” y mientras el cuerpo fructífero y elongado que es el estroma de Cordyceps podrá adquirir diversas formas, cilíndrico, ramificado o en formas complejas, y en el estroma aparecerán pequeños brotes, los peritecios en forma de botella que contienen las “ascas” que poseen ascosporas filiformes que la mayoría de las veces se abren en fragmentos que son infecciosos.
Algunas especies de este género son capaces de afectar a la conducta de
su insecto hospedador. Cuando un insecto es parasitado por el Cordyceps unilateralis por
ejemplo, este hongo, altera su comportamiento habitual, lo hace subir hasta la
parte más alta de una planta antes de morir, liberando esporas que brotan del
cadáver del insecto. Algo terrorífico si se aumentara el tamaño trasladando en
fenómeno a los humanos, como lo plantea la mencionada serie televisiva.
Estos hongos de distribución mundial poseen la mayor parte de sus 400
especies se en Asia, especialmente
localizados en China, Japón, Corea y Tailandia.
Las especies de Cordyceps son
especialmente abundantes y diversas en bosques húmedos templados y tropicales.
La familia a la que pertenece el género Cordyceps tiene
muchas formas asexuales (anamorfos) de los cuales los más conocidos son Beauveria (posiblemente Beauveria
bassiana, Metarhizium e Isaria, que se han utilizados en el control
biológico de plagas de insectos.
Algunas especies de Cordyceps son
fuentes de sustancias bioquímicas con importantes propiedades biológicas y farmacológicas como
la cordicepina.
El anamorfo de Cordyceps subsessilis (Tolypocladium inflatum)
que resulta ser la fuente de la ciclosporina -un
medicamento que se usa en el trasplante de órganos humanos
como inmunosupresor y se le conoce en China
como zong chao, usado tan solo por los emperadores y la élite
gobernante buscando la vitalidad y longevidad. La filosofía china enseña que Cordyceps “es un elemento que fomenta el equilibrio entre el cuerpo y el alma por
lo cual la medicina ancestral lo recomienda para recuperar la armonía de los
órganos del cuerpo humano”. En
1951 el Dr. Ge Ning Han logró obtener un antibiótico derivado de Cordyceps, el cordycepin,
útil para el tratamiento de la tuberculosis.
Estudios japoneses iniciados en 1986 encontraron
también un factor FTX-20 al que se
le atribuyen propiedades para evitar el rechazo de órganos trasplantados e
injertos de piel. Actualmente hay empresas que cultivan cepas naturales
de Cordyceps en
cantidad suficiente para cubrir la demanda. El micelio de Cordyceps contiene como
principio activo principal adenosina,
además de las vitaminas naturales B1, B2 y E. También posee oligoelementos,
como zinc, manganeso, selenio, cromo, fósforo, potasio y aminoácidos.
De manera que
termina resultando que el Cordyceps, es un hongo parásito que
es beneficioso para la salud, y ha sido descrito como un potente vigorizante
que favorece el aumento de la energía física y mejora sobre manera el
rendimiento deportivo en los atletas. Pero el Cordyceps es un hongo que
trabaja convirtiéndose en parásito de arañas, orugas y hormigas y que crece a
través de ellas, lo cual es algo muy desagradable, es verdad, pero que, sin
embargo, extraído correctamente es sumamente beneficioso para nuestra salud.
El hongo Cordyceps Sinensis, genuino y muy raro
en la India generalmente se conoce como “Kira Jhar”, lo que significa planta
de insectos. El nombre científico de esta hierba es Cordyceps Sinensis, y la
goma Yarsa
es una combinación excepcional de una oruga amarilla y un hongo. Justo antes de
la temporada lluviosa, las esporas de hongos cordyceps infectan
estas orugas del Himalaya que viven en hierba húmeda y tierra hueca. Después de
que el hongo se entierra en el cuerpo de la oruga, funciona a través de la
cabeza del insecto. El parásito obtiene la energía de la oruga. El parásito de
hongos penentra en el cuerpo de las orugas que drenan toda la energía del
insecto y, en última instancia, mueren.
A
medida que aumenta la temperatura y la nieve se derrite, la goma yarsa
emerge y se recoge en este momento. Durante el monzón, la goma yarsa
es barrida. Las investigaciones han revelado que el cuerpo de Yarsagumba contiene: ácido de cordicepina,
cordicepina, D-mannitol, polisacárido, SOD, ácido graso, proteína de
nucleocida, vitamina A, vitamina B1, B2, B6, B12, serie, zinc, cobre,
carbohidratos, etc. Se ha demostrado que la cartilcepina y el ácido cordiépico
son los principales componentes.
Yarsagumba
también es conocido como el "oro del Himalaya" por su alto valor
medicinal y comercial. Yarsagumba es una
hierba excepcional e increíble que crece en los pastos por encima de
10.8 ft hasta 13,123.4 ft en las regiones del Himalaya de Nepal,
Bután, India y Tíbet. Yarsagumba significa
literalmente planta de verano e insectos de invierno (dong cong xia cao) en tibetano.
Hasta aquí esta curiosa historia de un hongo que mata insectos como si fuesen los zombies de la serie de HBO y al final nos enteramos de que este hongo que mata insectos tiene otras propiedades extrañamente beneficiosas…
“El
que tenga ojos que vea”…
Maracaibo, sábado 13 de
mayo del año 2023