lunes, 18 de julio de 2022

De la microscopía electrónica...

 De la microscopía electrónica


El doctor José A. Serrano, cuando era profesor activo en la Universidad de Los Andes, escribió un trabajo sobre el orígen de la Sociedad Venezolana de Microscopía Electrónica fundada en Mérida en el año 1971. Esta exhaustiva revisión muestra la historia de la microscopía electrónica en Venezuela, donde el Dr Serrano nos cuenta haber recibido información oral y escrita solicitada a los doctores Orlando Castejón y a quien escribe, Jorge García Tamayo, sobre el primer microscopio electrónico traído a Venezuela el año 1948 por el Rector de la Universidad del Zulia, para aquel entonces, el Dr Jesús Enrique Lossada.


Reseñaba el Dr Serrano como en mi libro “La Entropía Tropical”(Ediluz 2003) se informa que el Rector Losada tenïa un proyecto de avanzada, como visionario que quería desarrollar la Ciencia en su tierra natal, pero el microscopio permaneció embalado por mucho tiempo sin que nadie lo pusiese en funcionamiento. Así, oculto, desarmado en grandes cajones, según cuentan, debajo del escenario del Paraninfo de la ilustre universidad… Hasta que, el Rector, claro está, se murió.


Hago un alto en esta historia para retroceder a la década de 1948 a 1958, época ésta cuando el desarrollo de las investigaciones sobre la ultraestructura y el inicial uso de la microscopía electrónica eran fundamentalmente los trabajos de investigación que se hacían en el Instituto de Investigaciones Neurológicas ubicado en los Altos de Pipe, bajo la dirección del Dr Fernández Morán. En estos años pocos investigadores se dedicaban a explorar la ultraestructura en el resto del país nacional.


Tras aquella época, se inició el proceso de la instalación de laboratorios de investigación sobre ultraestructura en el país comandados por grupos de científicos interesados en estas técnicas para examinar diferentes áreas de la Biología. En la Universidad del Zulia, (LUZ) ya en 1968 trabajaban los doctores Haydee Viloria de Castejón y Orlando Castejón, y en el hospital Sanatorio Antituberculoso de Maracaibo inniciaría sus labores el Dr Jorge García Tamayo. En Caracas, estaba en la Universidad Central de Venezuela(UCV) el Dr Fortunato Rosa, en el hospital Vargas de Caracas el Dr César Alemán y en el hospital Militar, también en Caracas, el Dr Leandro Potenza usaban microscopios electrónicos. En la ciudad de Mérida el ya mencionado Dr José Antonio Serrano desarrollaba sus investigaciones en la Universidad de Los Andes donde también trabajaba el Dr Ernesto Palacios Prú utilizando el microscopio electrónico (ME).


La Sociedad Venezolana de Microscopía Electrónica, nacería en un momento donde en el país se está gestando una masa crítica de investigadores que buscaba organizarse e ir más allá de la ASOVAC para crear un espacio propio de fomento, discusión, trabajo y desarrollo de la microscopía electrónica en el país. El Dr. Serrano, con el Dr. Castejón, decidiría crear la SVME, con la aspiración de fundar la Sociedad Latinoamericana de Microscopía Electrónica (SLME). La SVME, en el año 1972, fue fundada en Maracaibo, durante el Primer Congreso de Microscopía Electrónica, la Sociedad Latinoamericana de Mi croscopía electrónica (SLME) y así mismo se creó la Revista de Microscopía Electrónica. La Revista de Microscopía Electrónica fue fundada y su primer coordinador, el Dr. Serrano, sólo logró que se publicaran cuatro números. Lamentablemente pese a que la revista logró ser reconocida por el Current Contens y otros sistemas de referencia bibliográfica, tanto nacionales, como internacionales, ésta, no logró sobrevivir, pues la ayuda oficial no se manifestó, los primeros números fueron financiados por las compañías productoras de equipos y accesorios de microscopía electrónica presentes en Latinoamérica.


Entre los años 1968 y 1975, el crecimiento y desarrollo de los grupos de investigación con el ME continuó y nuevos equipos de microscopía electrónica fueron incorporados en la UDO y en SIDOR. En la UCV, se instalaron ME en las Facultades de Medicina, de Odontología, y en la Facultad de Ciencias. El apoyo del CONICIT al desarrollo de algunos de estos proyectos fue muy importante. En la Facultad de Medicina de la UCV, el Instituto Anatomopatológico (IAP) recibió un ME HitachiH500, y trabajamos en lo que denominamos la patología ultraestructural, la cual ya se había iniciado en Maracaibo desde 1969 con un ME JEM7A logrado a través de una donación por el Dr Pedro Iturbe para instalar el Laboratorio de Microscopía Electrónica en el Sanatorio Antituberculoso con el asesoramiento del Dr Humberto Fernández Morán.


Los resultados de este activo surgimiento de la microscopía electrónica en todo el país se materializó en el número de publicaciones que a nivel nacional e internacional que se fueron registrando. En el área de la Anatomía Patológica, la aplicación diagnóstica del ME, particularmente para los tumores malignos y la incorporación de conceptos ultraestructurales a la docencia del postgrado para los patólogos modificaría el ejercicio de la especialidad en la formación de patólogos desde finales de los 70 hasta la década de los años noventa. La productividad medida en trabajos de investigación con aportes ultrestructurales publicados estableció cifras tope para el IAP entre los Institutos de la UCV.


Durante los años 1980 al 2008, otros laboratorios de microscopía electrónica fueron surgiendo en el país, así en la Universidad Nacional Experimental “Simón Rodríguez”, en la Universidad Experimental “Francisco Miranda” en Coro, en la Universidad de Carabobo, en la Universidad Central en diversas Facultades e Institutos de Investigación de dicha Universidad. Luego a este período de auge de los grupos de investigación en ultraestructura en el país, le siguió un tiempo de decadencia de esta actividad.


Mi compromiso con el trabajo de la Sección ME desde al año 1976, en Caracas se desarrolló al comienzo, en parte como Adjunto a la Dirección del Instituto Anatomopatológico (IAP) de la UCV durante los años 1982 y 1983 y luego cuando ascendería a Profesor Titular el año 1983, desde el año siguiente, 1984, cuando me tocó trabajar desde la posición de Director del IAP-UCV hasta el año 1994. Toda esta secuencia de actividades me proporcionó la oportunidad de poder continuar impulsando el desarrollo de la Patología Ultraestructural y por ello, lo señalo en este artículo.


Pero, como sucede en ocasiones, la historia habría de cambiar y ahora me encuentro con dos maneras de finalizar este artículo: una de ellas sería relatando brevemente mis vivencias personales, la otra más compleja y de dolorosos resultados sería intentar actualizar la situación de los ME en Venezuela. Lamentablemente ya el final del país cuya historia aprendimos y vivimos se modificó de una manera drásticamente negativa desde el año 1999, por lo que optaré por la primera modalidad y voy a lo personal..


En 1964 comencé a trabajar en microscopía electrónica con un ME-RCA durante mi entrenamiento como anatomopatólogo en la Universidad de Wisconsin en EUA. Desde aquella fecha hasta 1998 cuando tuve que pasarme a la condición de Profesor Jubilado en la UCV, transcurrieron 34 años de trabajar intensamente en microscopía electrónica y un centenar de publicaciones dan cuenta de ello. Cuando me tocó jubilarme, la conducción del ME del IAP pasó a otras manos y desplaazado del ME del IAP, tuve que pedir ayuda fuera de la UCV y afortunadamente el Dr Antonio Bretaña me aceptó durante varios meses para continuar trabajando en ultraestructura, pero tenía que trasladarme hasta muy lejos de la ciudad capital(en terrenos del dique La Mariposa que le proporciona agua a Caracas). Acepte queno podría seguir trabajando con el ME, y hube de dedicarme a la inmunohistoquímica diagnóstica.


Luego de dolorosas situaciones familiares, en 2005 me fui a Maracaibo para hacer ejercicio privado de la patología a través de la inmunohistoquímica diagnóstica, pero esta ya no es la historia de los ME, por lo que doy por concluido este relato, que puede complementarse examinando la publicación previa en este blog sobre los trabajos sobre microscopía electrónica en patología.

En Surrey, Londres, hoy lunes 18 de julio del año 2022

 


 

El doctor José de Briceño

 El doctor José de Briceño



Esta historia, poco conocida, podría titularse como la de “el abanderado del batallón “Tiradores” y es la del niño que estuvo presente en la batalla de Carabobo. Cuando en 1821, el Libertador visitó Maracaibo, estuvo en la casa del Licenciado Domingo Briceño y Briceño y conoció a su hermana Narcisiana y a su hermano Antonio Nicolás apodado “el Diablo”, quien fuera fusilado en junio de 1813 en Barinas por el realista Tiscara.


Los Briceño eran oriundos de Mendoza y pertenecían a familias de Mérida, Barinas, Trujillo y del Zulia. Don Domingo había hecho esfuerzos por apoyar la causa patriota con la idea de sumar a el Zulia a la causa de la Independencia. En 1808, con el médico Dionisio Torres comandó intentonas revolucionarias y con el mismo Dionisio, estuvo en la célebre “Escuela de Cristo”. Cuando Bolívar salió de Maracaibo, se llevó con él al pequeño José, quien pasaría a ser el abanderado del Batallón Tiradores y sería así como José pudo asistir el 24 de junio de 1821 a la edad de 14 años a la memorable jornada de Carabobo donde quedó sellada la independencia de Venezuela.


Después de estas situaciones del destino, su padre don Domingo, decidió enviarlo a educarse y estudiar en los Estados Unidos y luego se fue a Europa donde estudiaría Matemáticas y Química. Cuando regresó al país se dedicaría a estudiar Medicina en la Universidad Central de Caracas, donde el Dr Vargas regentaba la Cátedra de Anatomía. José se consagró al estudio con tesón y adquirió reputación como científico y esto valdría para que sustituyese a su maestro en la Cátedra de Anatomía durante seis lustros.

Francisco Antonio Rizquez quien fuera uno de sus discípulos, nos diría: entre 1853 y 1883, aquel viejo de voz recia -el doctor José de Briceño- de mirada escudriñadora, de hablar ameno, ocupaba la curul donde se había sentado aquel que él llamaba respetuosamente “ el Señor doctor Vargas”, y así, “Pepe Briceño, como familiarmente le llamábamos a espaldas de sus discípulos era un catedrático sugestivo, hasta donde podría serlo en aquella materia cuando no se acostumbraban las “prácticas anatómicas de obligación”.


José de Briceño se graduó de Doctor en Medicina el 28 de octubre de 1838 y pronto se haría de una gran clientela en el ejercicio profesional; aceptaría el cargo de Rector del Colegio de Calabozo y al regresar a Caracas se dedicó por entero a su carrera profesional mientras publicaba numerosos artículos donde su espíritu de sagaz investigador ofreció interesantes apreciaciones sobre la etiología y patogenia de diversas enfermedades con buen sentido en cuanto a sus tratamientos. Algunos de los trabajos serían “El vómito prieto”(La fiebre amarilla) y La fiebre remitente biliosa. “Thesis circa tetanum-Cólera morbus”: medidas preventivas del mal y métodos curativos. Fisiología:experimentos sobre el nervio glosofaríngeo en el sentido del gusto. En un artículo titulado “La espada redentora”, se refiere a la espada que le regalara al Libertador el general José Antonio Páez a su regreso en el año 1827 en el Perú. El 3 de agosto del año 1871 ofrecería el discurso de instalación para anunciar grandes reformas en la Facultad Médica de Caracas, situación apremiante ya que las continuas contiendas políticas habían llevado casi a la disolución de los estudios médicos. El 23 de agosto de 1871 el doctor José Briceño presidiría la Gobernación del Distrito Federal y sería el presidente de la Facultad Médica de Caracas. Además de ser durante 30 años, el profesor de Anatomía, sería Catedrático de Higiene y de Fisiología…



Quizás la revisión de la historia de este insigne médico y profesor zuliano, pueda servir para que en el futuro se recuerde su labor tal vez con la designación de su nombre para algunas de las promociones médicas que egresan de LUZ.


Wimblendon, Londres en Julio del 2022


viernes, 15 de julio de 2022

La mujer del Metro

La mujer del Metro

Este breve relato, nació en 1993 como un ejercicio planteado en el Taller de Narrativa del escritor Eduardo Liendo y surgió de una frase de Henry Miller en su novela “Sexus”, la cual, como epígrafe, decía: “esa mujer del Metro a la que has seguido, un fantasma anónimo que reaparece ahora de repente”.

 

Acepto que ya lo he publicado antes en el blog. Inicialmente hace ya siete años en julio del 2015. Años después lo mostré estando en la periferia de Toronto en Canadá, en septiembre del 2019. Hoy regreso desde Londres, con este breve relato que

 

 

“Percibes el calor de su mano, más sientes sorprendido que te empuja, imaginas sus dedos largos e intentas atraparlos y notas que se escapan sin remedio, los sentiste clavados en el pecho con el impulso de su cuerpo todo, su palma y dedos en tu costillar cuando esperabas tierna caricia tibia y ese tu asombro al inclinarte y trasponer la línea amarillenta que se pierde en la boca iluminada por el destello parpadeante de la máquina que crece prontamente.

 

Trataste de agarrarla, sí, mas ya vas torciéndote de angustia y tratas de voltear pero tu cuerpo cae antes de dar la espalda, sin posibilidad alguna de apoyarte, y entonces distingues aún su mano, pálida, sus uñas escarlata y hasta su rostro crees detectar entre el gentío, cuando ya has comenzado a descender iluminado todo tú por el monstruo creciente que emite su mugido agudo y te eclipsa el rumor y los gritos de la muchedumbre estática, petrificada en el andén. 

 

Te alejas de ellos sin asidero, sin balance, sin remedio y sabes que era ella. Entiendes que es esa la mujer del metro, la que has seguido hasta la calle, hermosa y misteriosa, es esa joven, la del guiño amable, cuando colgabas de la abrazadera, tú, ser anónimo y te sonrió con su mirada cómplice, guindando tú con tantos otros cuerpos y aquel multiplicarse de su sonrisa reflejada en las puertas, ¡tantas!  Esa, la mujer del metro, la que casi se pierde entre el tropel a la salida de la calle y tropezarse y empujar y correr desesperadamente y la impotencia en la escalera atiborrada de figuras inermes, interminable la escalera eléctrica, ascendiendo.

 

Esa, la mujer del metro que desapareció en el resplandor incandescente de la calle, colmado de empujones e improperios y en el espacio caes y casi ya no ves el brillar de sus ojos, más otra vez, quizás muy al final logras atisbar su sonrisa. Esa, la mujer del metro, la que has seguido hasta la calle, la que has perseguido desde lejos sin entender por qué tenías que hablarle, se esfumó tras un auto antes de desaparecer tragada por la esquina, ¡es ella!


 









Tú captaste el mensaje y corriste como loco escaleras abajo, ese fantasma anónimo se ha materializado, y carne y huesos, y sonrisa, y aquel guiño achinado y amable, estuvo por segundos a tu alcance, hasta tocarla casi, cuando ella colocó su hermosa mano con largos dedos de uñas esmaltadas de un rojo sangre sobre el pecho tuyo, y la sorpresa, el fuerte ramalazo y tu trastabillar en el asombro.

 

Esa, la mujer del metro te entregó todo el peso de su hermosa figura y tú te fuiste más allá de la línea amarilla y no obstante, todavía lograste detectarla entre la gente, arriba, desde el abismo, sin retorno ya, ante la máquina que gruñe y pita y bufa encandilándote.

 

Esa mujer del metro, seguro estás, proviene de esa tú pesadilla reiterada, la de un sinfín de madrugadas sudorosas, de tantísimos despertares crispados, corazón al galope tendido, de angustias sostenidas, toda una vida de búsqueda infructuosa, hasta encontrarla, ¡al fin!, ¿después de cuantos años?, ya casi de cabeza lo entiendes todo, ¡claro!, es tú fantasma anónimo que reaparece ahora de repente cuando la máquina acezante ruge casi encima de ti...

Wimbledon, Londres el viernes 15 de julio del año 2022

jueves, 14 de julio de 2022

Elisabeth y las briofitas

 

Elisabeth y las briofitas

El 9 de enero de 1858 nacía en Nueva York Elisabeth Gertrude Knight, una niña que, pasaría a ser una de las botánicas estadounidenses más destacadas de finales del siglo XIX y principios del XX.  Elisabeth fue una de las cinco hijas de James Knight y Sophie Anne Compton. Su familia se trasladó a Cuba donde gestionaban una fábrica de muebles y una plantación de caña de azúcar en las proximidades de Matanzas, el lugar donde pasó la joven Elizabeth la mayor parte de su infancia.

Durante su niñez en la isla caribeña, en compañía de su padre, un gran aficionado a la flora, la fauna y la geología, realizó numerosos paseos por el campo, que despertarían en Elizabeth un gran interés por los organismos vivos. En esos años adquirió el dominio del castellano, muy útil en sus posteriores exploraciones botánicas en Cuba y Puerto Rico. Cuando era una adolescente se trasladó a Nueva York, donde asistió a una escuela privada. A los 17 años de edad, en 1875, acabó su bachillerato con excelentes notas y, tras graduarse, ejerció de profesora de ese mismo colegio hasta 1885.

La joven profesora con una clara vocación por el estudio de las plantas, llegó a incorporarse en 1879 a la Sociedad de Botánica Torrey fundada en 1867, la más antigua de América. En 1881, publicaba su primer artículo científico en el Boletín de esta institución. Observaciones sobre la aparición de flores albinas en vez de coloreadas en dos especies de plantas. Como se describe en un diccionario sobre destacadas mujeres americanas y desde 1886 hasta 1888, Elizabeth G. Knigth fue la editora del citado Boletín.

Cuando tenía 27 años de edad, en 1885, se casó con el geólogo Nathaniel L. Britton (1859-1934), con quien compartía un gran interés por la botánica y Elizabeth G. Knight Britton renunció a su trabajo como profesora, y se incorporó a la Universidad de Columbia con un cargo no oficial y sin sueldo, en el que se dedicaría a la pequeña colección de musgos con que contaba este centro. En este cargo Elizabeth Knight Britton consiguió ampliar la colección de Columbia mediante acertados intercambios con otros centros, y además adquirió diversas colecciones en un intenso trabajo personal de campo. Tras una serie de apropiadas decisiones de gestión, el herbario de Columbia experimentó una notable expansión en calidad y cantidad de sus ejemplares.

A partir de esas fechas, E. Knigth Britton empezó a especializarse en las plantas que se convertirían en la principal materia de trabajo a lo largo de toda su vida: las briofitas. Estos vegetales, técnicamente llamados Bryophytas, son pequeñas plantas terrestres que incluyen mayoritariamente a los musgos y las hepáticas. Se describe que son importantes pioneras en las rocas o en lugares devastados, ya que ayudan a crear las condiciones del suelo adecuadas para el establecimiento de organismos mayores y proporcionan el hábitat para seres vivos de menor tamaño como las algas, cianobacterias y animales pequeños. Las briofitas son abundantes en los bosques tropicales húmedos y en los bosques boreales, donde pueden formar una proporción significativa de la biomasa. Se estudian junto a los líquenes debido a sus semejanzas en la apariencia y en el nicho ecológico en que viven.

Impulsada por su acuciante interés en ampliar conocimientos, durante 1888 Elizabeth Knight Britton viajó junto a su marido a Inglaterra, se incorporó a la prestigiosa Sociedad Linneana de Londres y dedicó sus esfuerzos principalmente al estudio de la rica colección de musgos con que contaba dicho centro. Durante esta estancia en el Reino Unido, Elizabeth K. Britton, intensamente inspirada por la excelencia del herbario del Jardín Botánico de Kew con su biblioteca y sus hermosos jardines, decidiría organizar una institución de estatura comparable en Nueva York.

De retorno a su país, en octubre de 1888, y optó por convocar una reunión de la Sociedad de Botánica Torrey y, hasta que consiguió en 1891 que ciudadanos neoyorquinos ricos y prominentes aceptaran participar en el establecimiento legal del Jardín Botánico de Nueva York. En 1896, Elizabeth K. Britton lograba su propósito, al tiempo que su marido, Nathaniel Britton, fue nombrado el primer director de la nueva institución. Durante los primeros diez años desde su fundación, Elizabeth Knigth Britton fue quien más fondos conseguiría para el importante Jardín Botánico, abierto al público en 1900, y muy pronto uno de los centros punteros de la investigación botánica de los Estados Unidos. En la década de 1890, el herbario de la Universidad de Columbia se transfirió al Jardín Botánico, enriqueciendo con su colección de briofitas la variedad de especímenes ya obtenidos por la científica.

Elizabeth Knight Britton fue nombrada en 1899 conservadora del Jardín, aunque seguiría con un cargo no oficial y sin salario. Pese a tan clara discriminación con respecto a sus compañeros varones, esta brillante científica desplegó un dilatado abanico de actividades, logrando que la briología alcanzara una posición destacada en el programa de investigación del Jardín Botánico de Nueva York.

La perseverante experta, con su excepcional capacidad como gestora y habilidad para reconocer y adquirir valiosas colecciones de plantas, reunió una impresionante cantidad de briófitas que engrosaron la rica lista del Jardín. En 1906 logró comprar la colección de una gran autoridad en briofitas, el británico (1819-1906), considerado «el primer briólogo de la segunda mitad del siglo XIX». Este coleccionista, Mitten, había reunido más de 50 000 especímenes de briofitas procedentes de todo el mundo. Solo tras su muerte, y a instancias de la científica, el Jardín Botánico logró adquirir ese magnífico conjunto de plantas.

En la actualidad el herbario del Jardín Botánico de Nueva York alberga la colección más importante de briofitas del mundo en términos del número de especímenes con que cuenta y la calidad de los mismos. Siguiendo el proyecto de Elizabeth K. Britton, por ejemplo, en 1945, el Jardín adquirió el valorado herbario de la Universidad de Princeton, como se apunta en la página web del New York Botanical Garden.

La emprendedora científica, realizó junto a su marido más de veinte viajes a las islas del Caribe recolectando un elevado número de valiosos ejemplares. Bajo el incansable impulso de Elizabeth Kinght Britton, en el Jardín Botánico se iniciaron programas de exploración, esto es, viajes realizados para crear inventarios sobre la diversidad vegetal existente en distintos ecosistemas; tales expediciones resultaron tan fructíferas que todavía hoy continúan realizándose. Principalmente, estudios realizados en Sudamérica, la mayoría en bosques lluviosos situados a lo largo de la costa atlántica de Brasil y en las zonas bajas de las montañas de los Andes. En algunos casos, las exploraciones se ampliaron a otros continentes.

Elizabeth Knigth Britton fue, además, una prolífica escritora. En 1889, publicó el primer artículo de una serie que constaba de once partes agrupadas bajo el título Contribuciones a la briología americana en la revista de la Sociedad de Botánica Torrey. Tres años más tarde, publicaba un catálogo sobre los musgos de Virginia Occidental. En 1894, salía a la luz el primero de sus ocho artículos escritos para una revista popular y agrupados bajo el título Cómo estudiar los musgos.  En 1934, un colega expresaba que «estos artículos fueron suficientes para colocar a Mrs Knight Britton al mando del ámbito de la briología en América».

Elizabeth Knight Britton destacó, además, por su activa defensa del mundo natural. Fue la principal fundadora en 1898 de la Sociedad Americana de Briología y su presidenta entre 1916 hasta 1919.  En 1934, víctima de un ataque cardíaco, fallecía Elizabeth Knight Britton a la edad de 68 años. En su recuerdo se ha colocado en el Native Plant Garden, situado en el Jardín Botánico de Nueva York, la llamada Roca de Elizabeth Knight Britton, un monumento de piedra que lleva una placa con el nombre de la científica y una leyenda agradeciendo sus incontables contribuciones.

Londres, jueves 14 de julio, 2022

 


 

miércoles, 13 de julio de 2022

Shakespeare y Marlowe

 Shakespeare y Marlowe

William Shakespeare, nació en abril de 1564 y falleció en el mes de abril de 1616. Durante el sexto año del reinado de Isabel I de Inglaterra, el 26 de abril de 1564, en Stratford-upon-Avon, un pueblecito del condado de Warwick de menos de dos mil habitantes, un recién nacido fue bautizado como William... William Shakespeare, marchó a Londres en el año 1588, se fue, lejos de su casa y allí inició su carrera como escritor, actor y poeta.  Primero se le conoció como un actor de teatro, luego se dio a conocer cuando se atrevió a escribir sus propias obras e incluso a interpretar él mismo a los protagonistas sobre el escenario. 

 

En sus obras más famosas, como “Romeo y Julieta”, que trata del amor imposible entre dos enamorados, “Hamlet”, que habla de traición, y “Macbeth, que habla del poder y su peligro, y hablar de sus comedias más famosas “El sueño de una noche de verano”, “El mercader de Venecia” y “Los dos hidalgos de Verona”. Henry Wriothesley, conde de Southampton, fue su mecenas y le dio tanta ayuda económica y tanta publicidad como pudo para que la fama de William continuara creciendo y fuera así conocido cada vez más. Después de conseguir amasar una fortuna como escritor, actor y poeta, ya cercano a los 50 años decidió volver a su pueblo natal, Stratford-upon-Avon, donde se recluyó hasta su muerte. 

 

Según la Encyclopædia Britannica, «Shakespeare es generalmente reconocido como el más grande de los escritores de todos los tiempos, figura única en la historia de la literatura. El crítico estadounidense Harold Bloom ha situado a Shakespeare junto a Dante Alighieri, en la cúspide de su «canon occidental». Jorge Luis Borges escribió sobre él: «Shakespeare es el menos inglés de los poetas de Inglaterra. Comparado con Robert Frost (de New England), con William Wordsworth, con Samuel Johnson, con Chaucer y con los desconocidos que escribieron, o cantaron, las elegías, es casi un extranjero. Inglaterra es la patria del understatement, de la reticencia bien educada; la hipérbole, el exceso y el esplendor son típicos de Shakespeare”.

 

Se ha discutido si Shakespeare es el verdadero autor de sus obras, atribuidas por algunos a Francis Bacon, y a Christopher Marlowe. La verdad es que todas esas imaginaciones derivan del simple hecho de que los datos de que se dispone sobre el autor son muy pocos y contrastan con la desmesura de su obra genial. Los documentos históricos demuestran que entre 1590 y 1620 se publicaron varias obras teatrales y poemas atribuidos al autor William Shakespeare, y que la compañía que representaba estas piezas teatrales, Lord Chamberlain's Men (luego King's Men), tenía entre sus componentes a un actor con este nombre. Los llamados «anti-stratfordianos» discrepan y según ellos, el Shakespeare de Stratford no sería más que un hombre de paja que encubriría la verdadera autoría de otro dramaturgo que habría preferido mantener en secreto su identidad. Esta teoría tiene ambigüedades y lagunas en la documentación histórica acerca de Shakespeare.

 

Durante el siglo xix, el candidato alternativo más popular para respaldar estas teorías fue sir Francis Bacon. El poeta y dramaturgo Christopher Marlowe se ha barajado también como alternativa, aunque su temprana muerte lo relega a un segundo plano. La posición más extendida en medios académicos es que el William Shakespeare de Stratford fue el autor de las obras que llevan su nombre, pero existen quienes cuestionan que William Shakespeare, un plebeyo del siglo xvi criado en un hogar analfabeto de Stratford-upon-Avon escribiera las geniales obras que llevan su nombre.

 

Un dato que ha permitido relacionar ambas obras a los defensores de la teoría Marlowe es que se desconoce que Shakespeare escribiera cualquier obra con antelación a la muerte de Marlowe. Lo cierto es que existe una similitud entre la producción literaria principalmente dramática, salpicada por poemas de inspiración clásica de ambos autores. Christopher Marlowe (1564 —1593) era un dramaturgo, poeta y traductor inglés del Período isabelino popularizó el verso blanco incorporándolo a su teatro y es considerado como el gran predecesor de Shakespeare.

 

Cuando era estudiante, Marlowe, estuvo al servicio de la Reina, y viajó a Rheims, ciudad de origen de intrigas católicas en contra de la Corona, época ésta cuando ejerció labores de espionaje por su relación con Thomas Walsingham un primo de Sir Francis Walsingham, quien era el responsable de los servicios de espionaje., Marlowe era amigo de Thomas Kyd, a quien se le acusó de traición; ambos amigos de compartían residencia y Kyd sometido a tortura lo delataría. Tras la detención de Kyd, Marlowe salió de Londres para alojarse en la finca de Thomas Walsingham.  Tres días antes de su muerte, el informador Richard Baines presentó ante el consejo privado de la reina un informe contra Marlowe acusándolo de ser blasfemo, ateo, delincuente y homosexual.


 


La combinación de estas circunstancias se supone que se decidirían su desaparición. Marlowe estaba reunido en una taberna con unos personajes al servicio de Thomas Walsingham relacionados con actividades de espionaje. Ocho horas, después de la cena se produjo una supuesta discusión sobre la cuenta y Marlowe moriría cuando la daga que él mismo empuñaba es desviada por su rival, le atravesó el ojo y le llegó al cerebro.

 

De acuerdo con "la Teoría Marlowe", este no habría muerto en esta ocasión. Todo habría sido un montaje. Se habría buscado un cuerpo que simularía ser el de Marlowe y, él habría pasado a Francia y, tal vez, habría llegado hasta Italia. En aquella circunstancia, el hombre seleccionado para cubrirlo fue William Shakespeare, un simple cómico aventurero que accedió al acuerdo a cambio de ganar unos dineros.

En Londres, hoy miércoles 13 de julio del año 2022

jueves, 7 de julio de 2022

Maracaibo del ayer

 Maracaibo del ayer…

Desde los tiempos de la Colonia hasta el año 1891solo existían dos universidades en Venezuela; la de Caracas y la de Mérida. Sería el 29 de mayo del año 1891 cuando el Congreso Nacional decretaría que el Colegio Federal de Maracaibo adquiriese el rango de universidad y el 11 de septiembre en la iglesia de San Francisco vecina del Colegio, se instalaría la que habría de ser la Universidad cuyo primer Rector sería el Dr. Francisco Ochoa.

El 24 de mayo de 1899, el general Cipriano Castro, al frente sus “sesenta” compatriotas entró por el Táchira en una ola de guerra que traería al poder por muchos años a “los andinos”. Ya en noviembre de ese año, el Rector de nuestra universidad que era el Dr. Francisco Eugenio Bustamante decidiría con preocupación escribirle al presidente Ignacio Andrade con el pretexto de solicitarle 16.000 bolívares para los laboratorios de Física y de Química, le pedía por la República y por su propio nombre “que protegiese la instrucción en su forma más elevada que es la Universidad”.

El General Castro creía que todas las universidades eran un peligro y en el Zulia, su imagen no era nada grata. En 1901 el Dr. Raúl Cuenca fundaría el Instituto Maracaibo y uno de sus discípulos, F.A.González Maldonado compraría el Instituto Pestalozziano y en sociedad con Hermágoras Chávez crearía el Liceo San Andrés. Llegaría el 11 de marzo del año 1900 y el General Cipriano Castro quien a propósito de las burlas por “La Sagrada” cerró la Universidad de Caracas y en decreto firmado por el General y ministro, Eduardo Blanco (el mismo de su “Venezuela Heroica”) en septiembre de 1903 clausuró la Universidad del Zulia. Entre otras razones aduciría que “ya había un exceso de médicos y abogados en la República.

El 23 de noviembre de 1908 Juan Vicente Gómez si haría con la silla presidencial que le había dejado “al cuido” su compadre Cipriano quien tuvo que marcharse para ser operado en Europa de una fístula recto vesical complicada y nunca más pudo el expresidente Castro regresar a su patria. Ya en diciembre de 1909 Gómez le entregaría la primera concesión petrolera del Zulia a manos extranjeras y comenzaría nuestra historia del Zulia y el petróleo.

La historia iba a seguir su curso y solamente habría de cambiar legalmente el 31 de diciembre del 1975 cuando el presidente Carlos Andrés Pérez ejecutó la Ley de Nacionalización Petrolera cunado ya habían transcurrido 66 años de explotación extranjera del petróleo del Zulia. En todos esos años, tenemos que entender que nuestra “tierra del sol amada” atravesaría difíciles tiempos cuando como relataría Nerio Belloso, cuando para 1918 una grave epidemia de influenza se cernió sobre Maracaibo.

Maracaibo era en el decir de Nerio Belloso “un pueblo grande con presunción de gran ciudad”; con escasamente 50.000 habitantes tenía un sistema de acueductos imperfecto que utilizaba las aguas del lago ya contaminadas, una ciudad donde el agua para beber provenía de aljibes que recogían el agua de las lluvias y de cacimbas y pozos artesianos; donde las calles no estaban pavimentadas y los techos de tejas rojas alternaban con techumbres de eneas…

A pesar de estas realidades, en enero de 1917 Maracaibo fue sede del II Congreso Venezolano de Medicina, en el mismo año cuando se había ya fundado la Sociedad Médico Quirúrgica del Zulia. Dos años después en 1918 se desataría la pandemia mundial de influenza, denominada también la “gripe española”. En noviembre ese año se instaló en Maracaibo una Seccional de la Cruz Roja Venezolana presidida por el Sr Luis Emiro Belloso y el 16 del mismo mes se habilitó el Colegio Federal de Varones en la calle Ciencias para funcionar como hospital que se llamó “el hospital universitario”.

En Wimbledon, Londres, martes 5 de julio del año 2022

viernes, 1 de julio de 2022

Las Siete Noches de Borges

 Las Siete Noches de Borges

Siete Noches, el libro, fue editado en 1980 para reunir las conferencias ofrecidas por el escritor argentino Jorge Luis Borges en el Teatro Coliseo de la ciudad de Buenos Aires en 1977. Cada una de las conferencias constituye un capítulo de este libro cuya revisión fue realizada en colaboración con Roy Bartholomew.Las conferencias sobre La Divina Comedia, La pesadilla y Las mil y una noches fueron dictadas el 1º, el 15 y el 22 de junio. El budismo, La poesía y La cábala fueron dictadas el 6, el 13 y el 26 de julio, y La ceguera el 3 de agosto.  


Las Siete Noches constituyen el ciclo de conferencias cuando Borges se hallaba en un período de mala salud y ánimo depresivo. De sus charlas se tomó registro en cintas magnetofónicas y, de ellas, se utilizó material para publicar en siete suplementos especiales de un diario porteño y otras tantas versiones, con cortes arbitrarios, errores de transcripción y un exceso de erratas. En 1979 Borges aceptó reunir todas las conferencias en un solo volumen con la expresa  condición de someter a revisión lo ya publicado. 


Bartholomew un poeta natural de Adrogué, ciudad al sur del Gran Buenos Aires, y redactor de La Nacion, discípulo de Pedro Henríquez Ureña, había tenido la oportunidad de presentar a Borges en una conferencia del ciclo Mes de las Letras que tradicionalmente se realizaba en la Sociedad de Distribuidores de Diarios en la avenida Belgrano. Roy Bartholomew decía tener una amistad que lo unía con Borges y Carrizo. Ambos, Carrizo y Bartholomew, eran viejos lectores y seguidores de Borges. 


De manera que en el “Epílogo” de Siete noches (FCE,  México, 1980) libro que reúne la transcripción, revisada y corregida con el autor, de las siete conferencias que Borges dictó, en 1977, Roy Bartholomew, su amanuense para el caso, anota que él estuvo presente entre quienes asistieron a la primera conferencia que Borges dio en su vida, de viva voz. Sobre la misma, que se desarrolló en el Colegio Libre de Estudios Superiores de Buenos Aires en 1946, y trató sobre Nathaniel Hawthorne, Bartholomew relata que la exposición oral de Borges, luego fue transformada en un ensayo reunido por él en Otras inquisiciones (1937-1952). 


De aquella primera conferencia diría  Roy Bartholomew: “Fue la primera vez que lo vi. Habló lentamente, con muchas vacilaciones, en voz baja; todo el tiempo mantuvo las manos unidas en actitud de orante”.  “Seguro que estaba rogando para que no se desplomara el techo”, le comentaría Borges años más tarde  cuando Bartholomew  le recordó la remota tarde siete lustros atrás, en la oportunidad cuando Borges le confesaría. “La verdad es que estaba aterrado.” Todo esto lo relata Roy Bartholomew en su “Epílogo” del libro  “Siete noches”.


Roy Batholomew tuvo a su cargo la tarea de conseguir los ejemplares publicados sobre las conferencias, y se encargó de corregir los errores de transcripción, confrontar las citas, y finalmente, leerle el resultado a Borges. Una y otra vez, cinco, seis y siete veces debió leerle cada párrafo, cada oración, dos o tres veces en cada conferencia, con el objeto de corresponder a la implacable responsabilidad de Borges para revisar y corregir sus escritos. Éste quitó muchas cosas, casi no agregó nada, transformó todo, respetando escrupulosamente la idea original. 


Los temas del libro son algunos de los que han apasionado a Borges durante toda su vida y vale la pena leerlos y releerlos, se pueden encontrar en pdf en internet. Terminada la tarea de la revisión de sus conferencias, y puesto el título de Siete noches, Borges dijo: "No está mal; me parece que sobre temas que tanto me han obsesionado, este libro es mi testamento".

En Londres, el llamado “Reino Unido”(UK), el dia 1 de julio del 2022