De la microscopía electrónica …
De la microscopía electrónica …
El doctor José de Briceño
La mujer del Metro
Este breve relato, nació
en 1993 como un ejercicio planteado en el Taller de Narrativa del escritor
Eduardo Liendo y surgió de una frase de Henry Miller en su novela “Sexus”, la
cual, como epígrafe, decía: “esa mujer del Metro a la que has seguido, un
fantasma anónimo que reaparece ahora de repente”.
Acepto que ya lo he
publicado antes en el blog. Inicialmente hace ya siete años en julio del 2015.
Años después lo mostré estando en la periferia de Toronto en Canadá, en
septiembre del 2019. Hoy regreso desde Londres, con este breve relato que
“Percibes el calor de su
mano, más sientes sorprendido que te empuja, imaginas sus dedos largos e
intentas atraparlos y notas que se escapan sin remedio, los sentiste clavados
en el pecho con el impulso de su cuerpo todo, su palma y dedos en tu costillar
cuando esperabas tierna caricia tibia y ese tu asombro al inclinarte y
trasponer la línea amarillenta que se pierde en la boca iluminada por el
destello parpadeante de la máquina que crece prontamente.
Trataste de agarrarla,
sí, mas ya vas torciéndote de angustia y tratas de voltear pero tu cuerpo cae
antes de dar la espalda, sin posibilidad alguna de apoyarte, y entonces
distingues aún su mano, pálida, sus uñas escarlata y hasta su rostro crees
detectar entre el gentío, cuando ya has comenzado a descender iluminado todo tú
por el monstruo creciente que emite su mugido agudo y te eclipsa el rumor y los
gritos de la muchedumbre estática, petrificada en el andén.
Te alejas de ellos sin
asidero, sin balance, sin remedio y sabes que era ella. Entiendes que es esa la
mujer del metro, la que has seguido hasta la calle, hermosa y misteriosa, es
esa joven, la del guiño amable, cuando colgabas de la abrazadera, tú, ser
anónimo y te sonrió con su mirada cómplice, guindando tú con tantos otros
cuerpos y aquel multiplicarse de su sonrisa reflejada en las puertas,
¡tantas! Esa, la mujer del metro, la que casi se pierde entre el
tropel a la salida de la calle y tropezarse y empujar y correr desesperadamente
y la impotencia en la escalera atiborrada de figuras inermes, interminable la
escalera eléctrica, ascendiendo.
Esa, la mujer del metro
que desapareció en el resplandor incandescente de la calle, colmado de empujones
e improperios y en el espacio caes y casi ya no ves el brillar de sus ojos, más
otra vez, quizás muy al final logras atisbar su sonrisa. Esa, la mujer del
metro, la que has seguido hasta la calle, la que has perseguido desde lejos sin
entender por qué tenías que hablarle, se esfumó tras un auto antes de
desaparecer tragada por la esquina, ¡es ella!
Tú captaste el mensaje y
corriste como loco escaleras abajo, ese fantasma anónimo se ha materializado, y
carne y huesos, y sonrisa, y aquel guiño achinado y amable, estuvo por segundos
a tu alcance, hasta tocarla casi, cuando ella colocó su hermosa mano con largos
dedos de uñas esmaltadas de un rojo sangre sobre el pecho tuyo, y la sorpresa,
el fuerte ramalazo y tu trastabillar en el asombro.
Esa, la mujer del metro
te entregó todo el peso de su hermosa figura y tú te fuiste más allá de la
línea amarilla y no obstante, todavía lograste detectarla entre la gente,
arriba, desde el abismo, sin retorno ya, ante la máquina que gruñe y pita y
bufa encandilándote.
Esa mujer del metro,
seguro estás, proviene de esa tú pesadilla reiterada, la de un sinfín de
madrugadas sudorosas, de tantísimos despertares crispados, corazón al galope
tendido, de angustias sostenidas, toda una vida de búsqueda infructuosa, hasta
encontrarla, ¡al fin!, ¿después de cuantos años?, ya casi de cabeza lo
entiendes todo, ¡claro!, es tú fantasma anónimo que reaparece ahora de repente
cuando la máquina acezante ruge casi encima de ti...
Wimbledon, Londres el viernes 15 de julio del año 2022
El 9
de enero de 1858 nacía en Nueva York Elisabeth Gertrude Knight, una
niña que, pasaría a ser una de las botánicas estadounidenses más destacadas de
finales del siglo XIX y principios del XX. Elisabeth fue
una de las cinco hijas de James Knight y Sophie Anne Compton. Su familia se
trasladó a Cuba donde gestionaban una fábrica de muebles y una plantación de
caña de azúcar en las proximidades de Matanzas, el lugar donde pasó la joven
Elizabeth la mayor parte de su infancia.
Durante
su niñez en la isla caribeña, en compañía de su padre, un gran aficionado a la
flora, la fauna y la geología, realizó numerosos paseos por el campo, que
despertarían en Elizabeth un gran interés por los organismos vivos. En esos
años adquirió el dominio del castellano, muy útil en sus posteriores
exploraciones botánicas en Cuba y Puerto Rico. Cuando era una adolescente se
trasladó a Nueva York, donde asistió a una escuela privada. A los 17 años de
edad, en 1875, acabó su bachillerato con excelentes notas y, tras graduarse,
ejerció de profesora de ese mismo colegio hasta 1885.
La
joven profesora con una clara vocación por el estudio de las plantas, llegó a
incorporarse en 1879 a la Sociedad de Botánica Torrey fundada en 1867, la más
antigua de América. En 1881, publicaba su primer artículo científico en el
Boletín de esta institución. Observaciones sobre la aparición de flores albinas
en vez de coloreadas en dos especies de plantas. Como se describe en un
diccionario sobre destacadas mujeres americanas y desde 1886 hasta 1888,
Elizabeth G. Knigth fue la editora del citado Boletín.
Cuando
tenía 27 años de edad, en 1885, se casó con el geólogo Nathaniel L. Britton (1859-1934),
con quien compartía un gran interés por la botánica y Elizabeth G. Knight Britton
renunció a su trabajo como profesora, y se incorporó a la Universidad de
Columbia con un cargo no oficial y sin sueldo, en el que se dedicaría a la
pequeña colección de musgos con que contaba este centro. En este cargo
Elizabeth Knight Britton consiguió ampliar la colección de Columbia mediante
acertados intercambios con otros centros, y además adquirió diversas
colecciones en un intenso trabajo personal de campo. Tras una serie de
apropiadas decisiones de gestión, el herbario de Columbia experimentó una
notable expansión en calidad y cantidad de sus ejemplares.
A
partir de esas fechas, E. Knigth Britton empezó a especializarse en las plantas
que se convertirían en la principal materia de trabajo a lo largo de toda su
vida: las briofitas. Estos vegetales, técnicamente llamados Bryophytas,
son pequeñas plantas terrestres que incluyen mayoritariamente a los musgos y
las hepáticas. Se describe que son
importantes pioneras en las rocas o en lugares devastados, ya que ayudan a
crear las condiciones del suelo adecuadas para el establecimiento de organismos
mayores y proporcionan el hábitat para seres vivos de menor tamaño como las
algas, cianobacterias y animales pequeños. Las briofitas son abundantes en los
bosques tropicales húmedos y en los bosques boreales, donde pueden formar una
proporción significativa de la biomasa. Se estudian junto a los líquenes debido
a sus semejanzas en la apariencia y en el nicho ecológico en que viven.
Impulsada
por su acuciante interés en ampliar conocimientos, durante 1888 Elizabeth
Knight Britton viajó junto a su marido a Inglaterra, se incorporó a la
prestigiosa Sociedad Linneana de Londres y dedicó sus esfuerzos principalmente
al estudio de la rica colección de musgos con que contaba dicho centro. Durante
esta estancia en el Reino Unido, Elizabeth K. Britton, intensamente inspirada
por la excelencia del herbario del Jardín Botánico de Kew con su biblioteca y
sus hermosos jardines, decidiría organizar una institución de estatura
comparable en Nueva York.
De
retorno a su país, en octubre de 1888, y optó por convocar una reunión de la
Sociedad de Botánica Torrey y, hasta que consiguió en 1891 que ciudadanos
neoyorquinos ricos y prominentes aceptaran participar en el establecimiento
legal del Jardín Botánico de Nueva York. En 1896, Elizabeth K. Britton lograba
su propósito, al tiempo que su marido, Nathaniel Britton, fue nombrado el
primer director de la nueva institución. Durante los primeros diez años desde
su fundación, Elizabeth Knigth Britton fue quien más fondos conseguiría para el
importante Jardín Botánico, abierto al público en 1900, y muy pronto uno de los
centros punteros de la investigación botánica de los Estados Unidos. En la
década de 1890, el herbario de la Universidad de Columbia se transfirió al
Jardín Botánico, enriqueciendo con su colección de briofitas la variedad de
especímenes ya obtenidos por la científica.
Elizabeth
Knight Britton fue nombrada en 1899 conservadora del Jardín, aunque seguiría
con un cargo no oficial y sin salario. Pese a tan clara discriminación con
respecto a sus compañeros varones, esta brillante científica desplegó un
dilatado abanico de actividades, logrando que la briología alcanzara una
posición destacada en el programa de investigación del Jardín Botánico de Nueva
York.
La
perseverante experta, con su excepcional capacidad como gestora y habilidad
para reconocer y adquirir valiosas colecciones de plantas, reunió una
impresionante cantidad de briófitas que engrosaron la rica lista del Jardín. En 1906 logró comprar la colección de una gran
autoridad en briofitas, el británico (1819-1906), considerado «el primer
briólogo de la segunda mitad del siglo XIX». Este coleccionista, Mitten,
había reunido más de 50 000 especímenes de briofitas procedentes de todo el
mundo. Solo tras su muerte, y a instancias de la científica, el Jardín Botánico
logró adquirir ese magnífico conjunto de plantas.
En la actualidad el herbario del Jardín Botánico de
Nueva York alberga la colección más importante de briofitas del mundo en
términos del número de especímenes con que cuenta y la calidad de los mismos.
Siguiendo el proyecto de Elizabeth K. Britton, por
ejemplo, en 1945, el Jardín adquirió el valorado herbario de la Universidad de
Princeton, como se apunta en la página web del New York Botanical Garden.
La emprendedora científica, realizó junto a su marido más de veinte viajes a
las islas del Caribe recolectando un elevado número de valiosos ejemplares. Bajo
el incansable impulso de Elizabeth Kinght Britton, en el Jardín Botánico se
iniciaron programas de exploración, esto es, viajes realizados para crear
inventarios sobre la diversidad vegetal existente en distintos ecosistemas;
tales expediciones resultaron tan fructíferas que todavía hoy continúan
realizándose. Principalmente, estudios realizados en Sudamérica, la mayoría en
bosques lluviosos situados a lo largo de la costa atlántica de Brasil y en las
zonas bajas de las montañas de los Andes. En algunos casos, las exploraciones
se ampliaron a otros continentes.
Elizabeth Knigth Britton fue, además, una prolífica
escritora. En 1889, publicó el primer artículo de una serie que constaba de once
partes agrupadas bajo el título Contribuciones
a la briología americana en la revista de la Sociedad
de Botánica Torrey. Tres años más tarde, publicaba un catálogo
sobre los musgos de Virginia Occidental. En 1894, salía a la luz el primero de
sus ocho artículos escritos para una revista popular y agrupados bajo el
título Cómo estudiar los musgos.
En
1934, un colega expresaba que «estos artículos fueron suficientes para colocar
a Mrs Knight Britton al mando del ámbito de la
briología en América».
Londres, jueves 14 de julio, 2022
Shakespeare y Marlowe
William Shakespeare, nació en
abril de 1564 y falleció en el mes de abril de 1616. Durante
el sexto año del reinado de Isabel
I de Inglaterra, el 26 de
abril de 1564, en Stratford-upon-Avon, un pueblecito del condado de Warwick de
menos de dos mil habitantes, un recién nacido fue bautizado como William... William
Shakespeare, marchó a Londres en el año 1588, se fue, lejos de su casa y
allí inició su carrera como escritor, actor y poeta. Primero se le
conoció como un actor de teatro, luego se dio a conocer cuando se atrevió a
escribir sus propias obras e incluso a interpretar él mismo a los protagonistas
sobre el escenario.
En sus obras más famosas, como “Romeo y
Julieta”, que trata del amor imposible entre dos enamorados, “Hamlet”, que
habla de traición, y “Macbeth, que habla del poder y su
peligro, y hablar de sus comedias más famosas “El sueño de una noche
de verano”, “El mercader de Venecia” y “Los
dos hidalgos de Verona”. Henry Wriothesley, conde de Southampton, fue
su mecenas y le dio tanta ayuda económica y tanta publicidad como pudo para que
la fama de William continuara creciendo y fuera así conocido cada vez
más. Después de conseguir amasar una fortuna como escritor, actor y poeta,
ya cercano a los 50 años decidió volver a su pueblo natal, Stratford-upon-Avon,
donde se recluyó hasta su muerte.
Según la Encyclopædia
Britannica, «Shakespeare es generalmente reconocido como el más
grande de los escritores de todos los tiempos, figura única en la historia de la literatura.
El crítico estadounidense Harold Bloom ha situado a Shakespeare junto a Dante
Alighieri, en la cúspide de su «canon occidental». Jorge Luis Borges escribió sobre él: «Shakespeare es el
menos inglés de los poetas de Inglaterra. Comparado con Robert Frost (de New England), con William Wordsworth,
con Samuel Johnson, con Chaucer y con los desconocidos que escribieron, o
cantaron, las elegías, es casi un extranjero. Inglaterra es la patria del understatement,
de la reticencia bien educada; la hipérbole, el exceso y el esplendor son
típicos de Shakespeare”.
Se ha discutido si Shakespeare es el verdadero
autor de sus obras, atribuidas por algunos a Francis Bacon, y a Christopher Marlowe. La verdad es que todas esas imaginaciones derivan
del simple hecho de que los datos de que se dispone sobre el autor son muy
pocos y contrastan con la desmesura de su obra genial. Los documentos
históricos demuestran que entre 1590 y 1620 se publicaron varias obras
teatrales y poemas atribuidos al autor William Shakespeare, y que la compañía
que representaba estas piezas teatrales, Lord Chamberlain's Men (luego King's
Men), tenía entre sus componentes a un actor con este nombre. Los llamados
«anti-stratfordianos» discrepan y según ellos, el Shakespeare de Stratford no
sería más que un hombre de paja que encubriría la verdadera autoría de otro
dramaturgo que habría preferido mantener en secreto su identidad. Esta teoría
tiene ambigüedades y lagunas en la documentación histórica acerca de
Shakespeare.
Durante el siglo xix, el candidato alternativo más popular para respaldar
estas teorías fue sir Francis Bacon. El poeta y dramaturgo Christopher Marlowe se ha barajado también como alternativa,
aunque su temprana muerte lo relega a un segundo plano. La posición más extendida en medios académicos es que el William
Shakespeare de Stratford fue el autor de las obras que llevan su nombre, pero existen quienes cuestionan que
William Shakespeare, un plebeyo del siglo xvi criado
en un hogar analfabeto de Stratford-upon-Avon escribiera las geniales obras que
llevan su nombre.
Un dato que ha
permitido relacionar ambas obras a los defensores de la teoría Marlowe es que
se desconoce que Shakespeare escribiera cualquier obra con antelación a la
muerte de Marlowe. Lo cierto es que existe una similitud entre la producción
literaria principalmente dramática, salpicada por poemas de inspiración clásica
de ambos autores. Christopher Marlowe (1564
—1593) era
un dramaturgo, poeta y traductor inglés del Período isabelino popularizó el verso blanco
incorporándolo a su teatro y es considerado como el gran predecesor de
Shakespeare.
Cuando era estudiante,
Marlowe, estuvo al servicio de la Reina, y viajó a Rheims, ciudad de origen
de intrigas católicas en contra de la Corona, época ésta cuando ejerció labores
de espionaje por su relación con Thomas Walsingham un primo de Sir Francis
Walsingham, quien era el responsable de los servicios de espionaje., Marlowe era amigo
de Thomas Kyd, a quien se le acusó de traición; ambos
amigos de compartían residencia y Kyd sometido a tortura lo delataría. Tras la
detención de Kyd, Marlowe salió de Londres para alojarse en la finca de Thomas
Walsingham. Tres días antes
de su muerte, el informador Richard Baines presentó ante el consejo privado de
la reina un informe contra Marlowe acusándolo de ser blasfemo, ateo,
delincuente y homosexual.
La combinación
de estas circunstancias se supone que se decidirían su desaparición. Marlowe estaba
reunido en una taberna con unos personajes al servicio de
Thomas Walsingham relacionados con
actividades de espionaje. Ocho horas, después de la cena se produjo una
supuesta discusión sobre la cuenta y Marlowe moriría cuando la daga que él
mismo empuñaba es desviada por su rival, le atravesó el ojo y le llegó al
cerebro.
De acuerdo con "la Teoría Marlowe", este no habría
muerto en esta ocasión. Todo habría sido un montaje. Se habría buscado un cuerpo que simularía ser
el de Marlowe y, él habría pasado a
Francia y, tal vez, habría llegado hasta Italia. En aquella circunstancia, el hombre seleccionado
para cubrirlo fue William Shakespeare, un simple cómico aventurero que accedió
al acuerdo a cambio de ganar unos dineros.
Maracaibo del ayer…
Desde los tiempos de la Colonia hasta el año 1891solo
existían dos universidades en Venezuela; la de Caracas y la de Mérida. Sería el
29 de mayo del año 1891 cuando el Congreso Nacional decretaría que el Colegio
Federal de Maracaibo adquiriese el rango de universidad y el 11 de septiembre
en la iglesia de San Francisco vecina del Colegio, se instalaría la que habría
de ser la Universidad cuyo primer Rector sería el Dr. Francisco Ochoa.
El 24 de mayo de 1899, el general Cipriano Castro, al
frente sus “sesenta” compatriotas entró por el Táchira en una ola de guerra que
traería al poder por muchos años a “los andinos”. Ya en noviembre de ese año,
el Rector de nuestra universidad que era el Dr. Francisco Eugenio Bustamante
decidiría con preocupación escribirle al presidente Ignacio Andrade con el
pretexto de solicitarle 16.000 bolívares para los laboratorios de Física y de
Química, le pedía por la República y por su propio nombre “que protegiese la
instrucción en su forma más elevada que es la Universidad”.
El General Castro creía que todas las universidades eran un
peligro y en el Zulia, su imagen no era nada grata. En 1901 el Dr. Raúl Cuenca
fundaría el Instituto Maracaibo y uno de sus discípulos, F.A.González Maldonado
compraría el Instituto Pestalozziano y en sociedad con Hermágoras Chávez
crearía el Liceo San Andrés. Llegaría el 11 de marzo del año 1900 y el General
Cipriano Castro quien a propósito de las burlas por “La Sagrada” cerró la
Universidad de Caracas y en decreto firmado por el General y ministro, Eduardo
Blanco (el mismo de su “Venezuela Heroica”) en septiembre de 1903 clausuró la
Universidad del Zulia. Entre otras razones aduciría que “ya había un exceso de
médicos y abogados en la República.
El 23 de noviembre de 1908 Juan Vicente Gómez si haría con
la silla presidencial que le había dejado “al cuido” su compadre Cipriano quien
tuvo que marcharse para ser operado en Europa de una fístula recto vesical
complicada y nunca más pudo el expresidente Castro regresar a su patria. Ya en
diciembre de 1909 Gómez le entregaría la primera concesión petrolera del Zulia
a manos extranjeras y comenzaría nuestra historia del Zulia y el petróleo.
La historia iba a seguir su curso y solamente habría de
cambiar legalmente el 31 de diciembre del 1975 cuando el presidente Carlos
Andrés Pérez ejecutó la Ley de Nacionalización Petrolera cunado ya habían
transcurrido 66 años de explotación extranjera del petróleo del Zulia. En todos
esos años, tenemos que entender que nuestra “tierra del sol amada” atravesaría
difíciles tiempos cuando como relataría Nerio Belloso, cuando para 1918 una
grave epidemia de influenza se cernió sobre Maracaibo.
Maracaibo era en el decir de Nerio Belloso “un pueblo grande
con presunción de gran ciudad”; con escasamente 50.000 habitantes tenía un
sistema de acueductos imperfecto que utilizaba las aguas del lago ya
contaminadas, una ciudad donde el agua para beber provenía de aljibes que
recogían el agua de las lluvias y de cacimbas y pozos artesianos; donde las
calles no estaban pavimentadas y los techos de tejas rojas alternaban con
techumbres de eneas…
A pesar de estas realidades, en enero de 1917 Maracaibo fue
sede del II Congreso Venezolano de Medicina, en el mismo año cuando se había ya
fundado la Sociedad Médico Quirúrgica del Zulia. Dos años después en 1918 se
desataría la pandemia mundial de influenza, denominada también la “gripe
española”. En noviembre ese año se instaló en Maracaibo una Seccional de la
Cruz Roja Venezolana presidida por el Sr Luis Emiro Belloso y el 16 del mismo
mes se habilitó el Colegio Federal de Varones en la calle Ciencias para
funcionar como hospital que se llamó “el hospital universitario”.
En Wimbledon, Londres, martes 5 de
julio del año 2022
Las Siete Noches de Borges
Siete Noches, el libro, fue editado en 1980 para reunir las conferencias ofrecidas por el escritor argentino Jorge Luis Borges en el Teatro Coliseo de la ciudad de Buenos Aires en 1977. Cada una de las conferencias constituye un capítulo de este libro cuya revisión fue realizada en colaboración con Roy Bartholomew.Las conferencias sobre La Divina Comedia, La pesadilla y Las mil y una noches fueron dictadas el 1º, el 15 y el 22 de junio. El budismo, La poesía y La cábala fueron dictadas el 6, el 13 y el 26 de julio, y La ceguera el 3 de agosto.
Las Siete Noches constituyen el ciclo de conferencias cuando Borges se hallaba en un período de mala salud y ánimo depresivo. De sus charlas se tomó registro en cintas magnetofónicas y, de ellas, se utilizó material para publicar en siete suplementos especiales de un diario porteño y otras tantas versiones, con cortes arbitrarios, errores de transcripción y un exceso de erratas. En 1979 Borges aceptó reunir todas las conferencias en un solo volumen con la expresa condición de someter a revisión lo ya publicado.
Bartholomew un poeta natural de Adrogué, ciudad al sur del Gran Buenos Aires, y redactor de La Nacion, discípulo de Pedro Henríquez Ureña, había tenido la oportunidad de presentar a Borges en una conferencia del ciclo Mes de las Letras que tradicionalmente se realizaba en la Sociedad de Distribuidores de Diarios en la avenida Belgrano. Roy Bartholomew decía tener una amistad que lo unía con Borges y Carrizo. Ambos, Carrizo y Bartholomew, eran viejos lectores y seguidores de Borges.
De manera que en el “Epílogo” de Siete noches (FCE, México, 1980) libro que reúne la transcripción, revisada y corregida con el autor, de las siete conferencias que Borges dictó, en 1977, Roy Bartholomew, su amanuense para el caso, anota que él estuvo presente entre quienes asistieron a la primera conferencia que Borges dio en su vida, de viva voz. Sobre la misma, que se desarrolló en el Colegio Libre de Estudios Superiores de Buenos Aires en 1946, y trató sobre Nathaniel Hawthorne, Bartholomew relata que la exposición oral de Borges, luego fue transformada en un ensayo reunido por él en Otras inquisiciones (1937-1952).
De aquella primera conferencia diría Roy Bartholomew: “Fue la primera vez que lo vi. Habló lentamente, con muchas vacilaciones, en voz baja; todo el tiempo mantuvo las manos unidas en actitud de orante”. “Seguro que estaba rogando para que no se desplomara el techo”, le comentaría Borges años más tarde cuando Bartholomew le recordó la remota tarde siete lustros atrás, en la oportunidad cuando Borges le confesaría. “La verdad es que estaba aterrado.” Todo esto lo relata Roy Bartholomew en su “Epílogo” del libro “Siete noches”.
Roy Batholomew tuvo a su cargo la tarea de conseguir los ejemplares publicados sobre las conferencias, y se encargó de corregir los errores de transcripción, confrontar las citas, y finalmente, leerle el resultado a Borges. Una y otra vez, cinco, seis y siete veces debió leerle cada párrafo, cada oración, dos o tres veces en cada conferencia, con el objeto de corresponder a la implacable responsabilidad de Borges para revisar y corregir sus escritos. Éste quitó muchas cosas, casi no agregó nada, transformó todo, respetando escrupulosamente la idea original.
Los temas del libro son algunos de los que han apasionado a Borges durante toda su vida y vale la pena leerlos y releerlos, se pueden encontrar en pdf en internet. Terminada la tarea de la revisión de sus conferencias, y puesto el título de Siete noches, Borges dijo: "No está mal; me parece que sobre temas que tanto me han obsesionado, este libro es mi testamento".
En Londres, el llamado “Reino Unido”(UK), el dia 1 de julio del 2022