martes, 10 de febrero de 2026

Verdad y mito del famoso triángulo


El jueves 5 de febrero del año 2026 en este blog hablamos (https://surl.lu/uhzekh) de una región del Atlántico Norte supuestamente muy peligrosa para la navegación, quizás por olas gigantes y fenómenos magnéticos como causas probables de la desaparición de 50 buques y 20 aeronaves, alrededor de las islas Bermudas.

Un auténtico misterio científico, no por ser el famoso “Triángulo” en el que desaparecen barcos y aviones, pues resulta que estas islas “están encaramadas” en una extraña estructura cristalina, -especie de “flotador” sin el cual hace millones de años que se habrían vuelto a hundir en el océano del que surgieron.

Esta estructura, descrita como una especie de “hinchazón en la corteza terrestre”, no debería estar ahí, y las islas, tampoco. Según ciertas teorías actuales, los científicos llevan más de medio siglo dándole vueltas al tema y ahora, sismólogos, como William Frazer, del Instituto Carnegie de Ciencias, y Jeffrey Park, de la Universidad de Yale, acaban de dar, una explicación presentada en un trabajo que se acaba de publicar en 'Geophysical Research Letters'.

Este asunto, no se trata de tecnologías alienígenas, ni de portales tridimensionales, es algo, más sorprendente que las algunas veces disparatadas propuestas:  una estructura geológica única y desconocida hasta ahora, una especie de 'segundo suelo' de 20 kilómetros de espesor -oculto bajo las islas- que actúa como un gigantesco flotador de roca. Esto es algo que se aleja por completo del modo en que funciona “la fábrica de islas” del planeta.

Si pudiésemos comparar la Tierra con una olla llena hasta arriba de una sopa caliente y espesa (el magma del manto, que forma una capa de casi 3.000 km de profundidad), ella está cubierta por una fina “espuma” sólida de roca fría (la corteza terrestre, que sólo tiene entre 15 y 50 km de grosor). De vez en cuando, una burbuja de calor extremo (lo que podemos llamar “una pluma del manto”) sube desde las profundidades hasta la superficie, y lo hace actuando como un soplete. Pero como la corteza terrestre se mueve, debido a la tectónica de las placas, ese soplete va quemando y agujereando la corteza en diferentes puntos a medida que las placas le pasan por encima, creando una hilera de volcanes.

Así nacieron, por ejemplo, las islas Hawái: que son una cadena de islas donde las más viejas se van apagando y erosionando hasta hundirse bajo el mar, mientras que las nuevas surgen llenas de furia y lava. Es un proceso lógico, ordenado y predecible. El archipiélago canario es también algo parecido.

Resulta que las Bermudas no funcionan del mismo modo. Para empezar, es un archipiélago solitario, no una cadena ordenada por edades. Sus 181 islas e islotes son los restos de un volcán que se formó hace unos 33 millones de años. Según el manual, una vez que el volcán se apaga (y el de Bermudas lleva muerto una eternidad) y la placa se mueve, alejándose de la fuente de calor, la corteza debería enfriarse. Y al enfriarse, se vuelve más densa y pesada, lo que inevitablemente debería hacer que, como en Hawái, el suelo marino se hunda, llevándose la isla consigo. Aquí se observan las Bermudas, en una imagen obtenida en 2024 desde la Estación Espacial Internacional NASA.

Resulta evidente que eso, en las islas Bermudas, no ha ocurrido. De hecho, el archipiélago descansa sobre lo que los geólogos llaman un 'oleaje' o 'abultamiento' del fondo marino. Es como si, bajo la 'piel' de la Tierra, hubiera una hinchazón, una especie de 'grano' que se niega a bajar. ¿Pero qué está empujando ese abultamiento hacia arriba si ya no hay fuego debajo?

Dado que por ahora resulta imposible bajar hasta ahí para comprobarlo, Frazer y Park optaron por la segunda mejor solución: escuchar, y así repasaron los datos de una estación sísmica permanente instalada en las islas para analizar cómo las ondas de los terremotos atravesaban el suelo bajo las Bermudas. Este procedimiento puede compararse con una ecografía. Cuando un médico quiere ver qué hay dentro del cuerpo de un paciente, usa ultrasonidos. Aquí, los científicos usan ondas sísmicas, las vibraciones de los terremotos, que viajan a diferentes velocidades según sea la densidad del material que atraviesan: corren rápido por rocas densas y frías, y se frenan en materiales calientes o menos densos.

Lo que Frazer y Park encontraron resultó asombroso y las imágenes de alta frecuencia de la litosfera, en efecto, revelaron dos interfaces o “fronteras” muy claras. Una era el fondo de la corteza oceánica antigua (el llamado Moho fósil), pero debajo había algo más: una capa masiva, nunca antes vista, de unos 20 kilómetros de espesor. Pero lo más sorprendente es que esa capa extraña no es magma caliente, sino roca sólida que, de algún modo, ha sufrido una profunda alteración química. En su estudio, los investigadores sugieren que esa capa se formó hace más de 30 millones de años, durante la violenta juventud volcánica de las islas. La interacción de los materiales fundidos con el manto circundante creó una nueva clase de roca, una que es significativamente menos densa que el manto normal.

En concreto, esta roca es unos 50 kilogramos por metro cúbico más ligera que el material que la rodea. Puede parecer poco, pero cuando tienes un bloque de 20 kilómetros de grosor de este material ligero, el principio de Arquímedes hace el resto y es lo que en geología se llama 'underplating' (o subplacado), pero el que nombramos existe a una escala descomunal. Por eso la isla no se hunde. Es como querer sumergir una tabla de madera en una piscina; la madera flota porque es menos densa.

Lo que Frazer y Park nos dicen es que debajo de las islas Bermudas hay un inmenso 'chaleco salvavidas' de roca ligera adherido a la base de la corteza. Esa flotabilidad extra es lo que mantiene a las islas por encima del nivel del mar, desafiando a la gravedad y al tiempo, impidiendo que el océano se las trague tal y como dictan las normas del enfriamiento térmico.

Ese hallazgo es importante porque 'tumba' varias teorías anteriores que hasta ahora habían intentado explicar la anomalía de las Bermudas con modelos complejos: desde una 'pluma térmica débil' propuesta por Jason Morgan en los años 80, hasta corrientes de convección impulsadas por los bordes de las placas, o incluso el reciclamiento de materiales volátiles en la Zona de Transición del Manto, como sugerían estudios geoquímicos llevados a cabo en 2019.

Ninguna de esas teorías explicaba satisfactoriamente por qué el abultamiento persistía sin una fuente de calor activa. Si fuera calor lo que levanta la isla, al apagarse el fuego, la isla caería, como un suflé que baja al sacarlo del horno. Pero el archipiélago es una estructura sólida, y no se sostiene por el calor, sino gracias a una alteración química en la composición de las rocas que tiene debajo.

Inevitablemente, la solución al verdadero misterio de las Bermudas plantea nuevas preguntas. ¿Se trata de una simple excepción a la regla o de un mecanismo más común de lo que se creía? ¿Cuántas otras islas están siendo sostenidas por 'flotadores' de roca invisibles? No lo sabemos, pero los investigadores ya planean buscar el mismo tipo de estructuras ligeras bajo otros archipiélagos del planeta, mientras que el misterio del triángulo de las Bermudas parece haber quedado, por fin, resuelto.

Maracaibo, martes 10 de febrero del año 2026

 

 

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