El jueves 5
de febrero del año 2026 en este blog hablamos (https://surl.lu/uhzekh) de una
región del Atlántico Norte supuestamente muy peligrosa para la navegación,
quizás por olas gigantes y fenómenos magnéticos como causas probables de la
desaparición de 50 buques y 20 aeronaves, alrededor de las islas Bermudas.
Un auténtico
misterio científico, no por ser el famoso “Triángulo”
en el que desaparecen barcos y aviones,
pues resulta que estas islas “están
encaramadas” en una extraña estructura cristalina, -especie de “flotador” sin el cual hace millones de
años que se habrían vuelto a hundir en el océano del que surgieron.
Esta estructura, descrita como una especie de “hinchazón en la corteza terrestre”, no debería estar ahí, y las
islas, tampoco. Según ciertas teorías actuales, los científicos llevan más de
medio siglo dándole vueltas al tema y ahora, sismólogos, como William Frazer,
del Instituto Carnegie de Ciencias,
y Jeffrey Park, de la Universidad de
Yale, acaban de dar, una explicación presentada en un trabajo que se acaba
de publicar en 'Geophysical Research Letters'.
Este asunto, no se trata de
tecnologías alienígenas, ni de
portales tridimensionales, es algo, más sorprendente que las algunas veces
disparatadas propuestas: una estructura
geológica única y desconocida hasta ahora, una especie de 'segundo suelo' de 20 kilómetros de espesor -oculto bajo las islas- que actúa como un gigantesco flotador de
roca. Esto es algo que se aleja por completo del modo en que funciona “la
fábrica de islas” del planeta.
Si pudiésemos comparar la Tierra con una olla llena hasta arriba de una
sopa caliente y espesa (el magma del manto, que forma una capa de casi 3.000 km
de profundidad), ella está cubierta por una fina “espuma” sólida de roca fría
(la corteza terrestre, que sólo tiene entre 15 y 50 km de grosor). De vez en
cuando, una burbuja de calor extremo (lo que podemos llamar “una pluma del
manto”) sube desde las profundidades hasta la superficie, y lo hace actuando
como un soplete. Pero como la corteza terrestre se mueve, debido a la tectónica
de las placas, ese soplete va quemando y agujereando la corteza en diferentes
puntos a medida que las placas le pasan por encima, creando una hilera de
volcanes.
Así nacieron, por ejemplo, las islas Hawái: que son una cadena de islas
donde las más viejas se van apagando y erosionando hasta hundirse bajo el mar,
mientras que las nuevas surgen llenas de furia y lava. Es un proceso lógico,
ordenado y predecible. El archipiélago canario es también algo parecido.
Resulta que las Bermudas no funcionan del mismo modo. Para empezar, es
un archipiélago solitario, no una cadena ordenada por edades. Sus 181 islas e
islotes son los restos de un volcán que se formó hace unos 33 millones de años.
Según el manual, una vez que el volcán se apaga (y el de Bermudas lleva muerto
una eternidad) y la placa se mueve, alejándose de la fuente de calor, la
corteza debería enfriarse. Y al enfriarse, se vuelve más densa y pesada, lo que
inevitablemente debería hacer que, como en Hawái, el suelo marino se hunda,
llevándose la isla consigo. Aquí se observan las Bermudas, en una imagen
obtenida en 2024 desde la Estación Espacial Internacional NASA.
Resulta evidente que eso, en las islas Bermudas, no ha ocurrido. De
hecho, el archipiélago descansa sobre lo que los geólogos llaman un 'oleaje' o 'abultamiento' del fondo marino. Es como si, bajo la 'piel' de la
Tierra, hubiera una hinchazón, una especie de 'grano' que se niega a bajar.
¿Pero qué está empujando ese abultamiento hacia arriba si ya no hay fuego
debajo?
Dado que por ahora resulta imposible bajar hasta ahí para comprobarlo,
Frazer y Park optaron por la segunda mejor solución: escuchar, y así repasaron los datos de una estación sísmica
permanente instalada en las islas para analizar cómo las ondas de los
terremotos atravesaban el suelo bajo las Bermudas. Este procedimiento puede
compararse con una ecografía. Cuando un médico quiere ver qué hay dentro del
cuerpo de un paciente, usa ultrasonidos. Aquí, los científicos usan ondas
sísmicas, las vibraciones de los terremotos, que viajan a diferentes
velocidades según sea la densidad del material que atraviesan: corren rápido
por rocas densas y frías, y se frenan en materiales calientes o menos densos.
Lo que Frazer y Park encontraron resultó asombroso y las imágenes de
alta frecuencia de la litosfera, en efecto, revelaron dos interfaces o
“fronteras” muy claras. Una era el fondo de la corteza oceánica antigua (el llamado Moho fósil), pero debajo
había algo más: una capa masiva, nunca antes vista, de unos 20 kilómetros de
espesor. Pero lo más sorprendente es que esa capa extraña no es magma caliente, sino roca
sólida que, de algún modo, ha sufrido una profunda alteración química. En
su estudio, los investigadores sugieren que esa capa se formó hace más de 30 millones de años, durante la violenta
juventud volcánica de las islas. La interacción de los materiales fundidos con
el manto circundante creó una nueva
clase de roca, una que es significativamente menos densa que el manto
normal.
En concreto, esta roca es unos 50
kilogramos por metro cúbico más ligera que el material que la rodea. Puede
parecer poco, pero cuando tienes un bloque de 20 kilómetros de grosor de este
material ligero, el principio de Arquímedes hace el resto y es lo que en
geología se llama 'underplating' (o subplacado),
pero el que nombramos existe a una escala descomunal. Por eso la isla no se
hunde. Es como querer sumergir una tabla de madera en una piscina; la madera
flota porque es menos densa.
Lo que Frazer y Park nos dicen es que debajo de las islas Bermudas hay
un inmenso 'chaleco salvavidas' de
roca ligera adherido a la base de la corteza. Esa flotabilidad extra es lo que
mantiene a las islas por encima del nivel del mar, desafiando a la gravedad y
al tiempo, impidiendo que el océano se las trague tal y como dictan las normas
del enfriamiento térmico.
Ese hallazgo es importante porque 'tumba' varias teorías anteriores que
hasta ahora habían intentado explicar la anomalía de las Bermudas con modelos
complejos: desde una 'pluma térmica débil' propuesta por
Jason Morgan en los años 80, hasta corrientes de convección impulsadas por los
bordes de las placas, o incluso el reciclamiento de materiales volátiles en la
Zona de Transición del Manto, como sugerían estudios geoquímicos
llevados a cabo en 2019.
Ninguna de esas teorías explicaba satisfactoriamente
por qué el abultamiento persistía sin una fuente de calor activa. Si fuera
calor lo que levanta la isla, al apagarse el fuego, la isla caería, como un
suflé que baja al sacarlo del horno. Pero el archipiélago es una estructura
sólida, y no se sostiene por el calor, sino gracias a una alteración química en
la composición de las rocas que tiene debajo.
Inevitablemente, la solución al verdadero misterio
de las Bermudas plantea nuevas preguntas.
¿Se trata de una simple excepción a la regla o de un mecanismo más común de lo
que se creía? ¿Cuántas otras islas están siendo sostenidas por 'flotadores' de
roca invisibles? No lo sabemos, pero los investigadores ya planean buscar el mismo tipo
de estructuras ligeras bajo otros archipiélagos del planeta, mientras que el
misterio del triángulo de las Bermudas parece haber quedado, por fin, resuelto.
Maracaibo, martes 10 de febrero del año 2026
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