domingo, 8 de febrero de 2026

Del cine mexicano…


La década de los sesenta constituye una era de transición en el cine mexicano, una etapa difícil, compleja y contradictoria que marcaría el fin de su época de oro, glorioso período que llevó al cine mexicano a dominar como industria y espectáculo al mundo de habla hispana.         

El realizador de una obra maestra del cine mexicano que ha sido recientemente, restaurada por el Laboratorio de Restauración Digital de la Cineteca Nacional y dice la historia que un historiador e investigador cinematográfico fue censurado por ofrecer en el cine mexicano, su visión crítica de la corrupción, la manipulación y el enriquecimiento ilícito de la clase gobernante. El cineasta diría Julio Bracho Pérez Gavilán (1909-1978) afirmaría al culminar el rodaje. “Hoy puedo afirmar que he logrado la ambición más grande de mi vida y la culminación de mi carrera de director cinematográfico. Es más, podría morir ahora mismo”. La sombra de un caudillo, es una película basada en la novela homónima de Martín Luis Guzmán

La sombra de un caudillo (1960) del director Julio Bracho ocuparía un lugar singular en los anales del cine mexicano, no sólo porque fue la película más censurada en toda su historia, sino porque se trató de una obra maestra del cine político e histórico mexicano merced a su dirección, su guion, sus actuaciones, y, fundamentalmente, a su absoluta fidelidad a la esencia de la novela de Martín Luis Guzmán –una de las obras más sobresalientes de la literatura mexicana.    

El proyecto de la película se inició cuando Julio Bracho leyó por primera vez la novela en 1936 y su gran sueño seria llevarla a la pantalla. Tuvieron que transcurrir más de dos décadas para que el proyecto de la filmación empezara a materializarse en 1959, cuando Martín Luis Guzmán recibió el Premio Nacional de Literatura, y Bracho el cineasta le comentó al presidente Adolfo López Mateos su idea de filmar La sombra de un caudillo. El presidente, era amigo personal de Martín Luis Guzmán desde que ambos fueron militantes en la campaña de José Vasconcelos para la presidencia de 1929, e interesado en el tema del cine, accedió a tal petición. “Ya era tiempo de que se filmara esa película” –le respondería el presidente López Mateos. México en 1960 celebraba el cincuentenario de la Revolución mexicana y existía interés oficial por apoyar propuestas relacionadas con esta temática.

Cuando la Secretaría de Gobernación le dio su aprobación al guion de La sombra de un caudillo, se inició oficialmente la filmación en febrero de 1960. Bracho filmó varias escenas en la Cámara de Diputados, en el Castillo de Chapultepec y en cuarteles militares. La producción se concluyó en cinco semanas y media. Era un thriller político al retratar la lucha descarnada por el poder en los años de la posrevolución. La pugna entre las facciones políticas y sus abanderados; queda de manifiesto que los ideales de la Revolución mexicana fueron evidentemente traicionados por políticos que mantenían su discurso revolucionario como fachada.

El filme mostraba a los principales dirigentes del país mostraba que se enriquecían mientras grandes sectores populares seguían en la pobreza. La película también dramáticamente presenta la intriga, el uso/abuso del poder, la traición y la venganza, el chantaje político, la manipulación de la opinión pública a través de la prensa subrayando el lado oscuro de los orígenes del sistema político posrevolucionario y de sus fundadores en los años veinte.

Los protagonistas son los dos principales contendientes a la presidencia de México, ambos secretarios de Estado, uno, el General Hilario Jiménez, Ministro de Gobernación, favorecido por el líder máximo de la Revolución de ese momento –El Caudillo–; y el otro, el General Ignacio Aguirre, Ministro de la Guerra, apoyado por otras facciones políticas. Al enterarse de que El Caudillo ha decidido apoyar a su contrincante y antiguo compañero de armas, el General Aguirre decide dimitir de su posible candidatura a la presidencia y se lo hace saber a El Caudillo y al General Jiménez, pero, no les convence su ofrecimiento de ausentarse de la contienda política –dado que el General Aguirre con una personalidad sumamente carismática tenia apoyos, y con una exitosa trayectoria militar y política.

Al percibir que no aceptan su palabra dada de buena fe, el General Aguirre choca fuertemente con El Caudillo y con el General Jiménez y el resultado inmediato es la agresión violenta que dirige en contra de los colaboradores más cercanos del General Aguirre, ordenada por el General Jiménez. El mismo Aguirre señala enfáticamente en la película, todas las circunstancias que lo llevan irremediablemente a aceptar su candidatura y a romper definitivamente con El Caudillo. Cuando el General Aguirre decide salir de la Ciudad de México para formular una estrategia y reunir aliados para su campaña política, El Caudillo lo “madruga” haciéndolo caer en una trampa con la traición de quien creía uno de sus más fieles seguidores: el General Elizondo, quien arresta abruptamente a Aguirre y a sus colaboradores cuando se creían totalmente seguros bajo su protección.

La película concluye con el fusilamiento sin juicio del General Aguirre y del grupo que lo acompañaba por órdenes expresas de El Caudillo. Como justificación de estos sangrientos hechos, se muestra cómo la prensa –totalmente manipulada– había reportado que el General Aguirre se había levantado en armas en contra del presidente y que había muerto en el intento. La última escena de la cinta revela que hubo un sobreviviente, Axcaná González, el más cercano colaborador del General Aguirre, quien herido recibe auxilio de un carro diplomático y se asume que es trasladado a la capital para convertirse en el único testigo de los trágicos acontecimientos.

Bracho trató de impedir cualquier situación adversa y acudió a Martín Luis Guzmán para que filmara un prólogo a la película. La idea central era resaltar los avances democráticos del país y presentar al caudillaje y al autoritarismo como hechos ya lejanos al México de los sesenta. Julio Bracho estaba convencido de que era su mejor película y acudió a Martín Luis Guzmán con la idea de que filmara un prólogo a la película. Dicho prólogo se añadió a todas las copias programadas para el estreno de la película y se suponía que evitaría las objeciones de funcionarios del gobierno.

Las perspectivas para La sombra del caudillo parecían muy positivas cuando se llevó a cabo su primera exhibición para la prensa e invitados especiales en el teatro Versalles de la Ciudad de México, el 17 de junio de 1960. El periodista Laureano González Porcel publicó una amplia crónica de la cinta. El público puesto de pie, tributó una emocionada ovación al autor, director y dirigentes del sindicato., en ese momento, el escritor José Revueltas dijo que La sombra del caudillo es la primera gran película que ha hecho nuestro cine. (Últimas Noticias, julio de 1960).

El 29 de junio de 1960, la Dirección General de Cinematografía otorgó la autorización formal número 30268 para la exhibición nacional de La sombra del caudillo, dándole la categoría “C”, sólo para adultos (1962). Al final, el anticipado estreno nunca ocurrió: “Ya que muchas de las figuras que participaron en los hechos que narra la novela y que figuraban como personajes clave en la película aún estaban activas políticamente, la solución más eficiente era silenciar el filme”.

Lo que sucedió posteriormente fue un hecho insólito en la historia del cine mexicano. Con dos días de antelación a su ya programada exhibición pública en una premier de gala, en horas avanzadas de la noche, miembros de las fuerzas armadas entraron sin previo aviso a las instalaciones de la empresa Películas Nacionales encargada de la distribución de la cinta. Por la fuerza, procedieron a apoderarse y a decomisar todas las copias y el material publicitarioDespués de la confiscación, el destino de las copias de película fue incierto. Julio Bracho nunca se dio por vencido y emprendió una intensa lucha personal para lograr su estreno. Usó todos los medios a su alcance para lograr la exhibición de la cinta, pero el resultado de sus esfuerzos fue siempre decepcionante.

Maracaibo, domingo 8 de febrero del año 2026

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