La década de los sesenta constituye
una era de transición en el cine mexicano, una etapa difícil, compleja y
contradictoria que marcaría el fin de su época de oro, glorioso período que
llevó al cine mexicano a dominar como industria y espectáculo al mundo de habla
hispana.
El realizador de una obra maestra del
cine mexicano que ha sido recientemente, restaurada por el Laboratorio de
Restauración Digital de la Cineteca Nacional y dice la historia que un historiador
e investigador cinematográfico fue censurado por ofrecer en el cine mexicano,
su visión crítica de la corrupción, la manipulación y el enriquecimiento
ilícito de la clase gobernante. El cineasta diría Julio
Bracho Pérez Gavilán (1909-1978) afirmaría al culminar el rodaje. “Hoy puedo afirmar que he logrado la ambición
más grande de mi vida y la culminación de mi carrera de director
cinematográfico. Es más, podría morir ahora mismo”. La sombra de un caudillo, es una película basada en la novela
homónima de Martín Luis Guzmán
El proyecto de la película se
inició cuando Julio Bracho leyó por primera vez la novela en 1936 y su gran
sueño seria llevarla a la pantalla. Tuvieron
que transcurrir más de dos décadas para que el proyecto de la filmación
empezara a materializarse en 1959, cuando Martín Luis Guzmán recibió el Premio
Nacional de Literatura, y Bracho el cineasta le comentó al presidente Adolfo
López Mateos su idea de filmar La
sombra de un caudillo. El presidente, era amigo personal de Martín Luis
Guzmán desde que ambos fueron militantes en la campaña de José Vasconcelos para
la presidencia de 1929, e interesado en el tema del cine, accedió a tal
petición. “Ya era tiempo de que se
filmara esa película” –le respondería el presidente López Mateos. México en
1960 celebraba el cincuentenario de la Revolución mexicana y existía interés
oficial por apoyar propuestas relacionadas con esta temática.
Cuando la Secretaría de Gobernación
le dio su aprobación al guion de La
sombra de un caudillo, se inició oficialmente la filmación en febrero
de 1960. Bracho filmó varias escenas en la Cámara de Diputados, en el Castillo
de Chapultepec y en cuarteles militares. La producción se concluyó en cinco
semanas y media. Era un thriller político al retratar la lucha
descarnada por el poder en los años de la posrevolución. La pugna entre las
facciones políticas y sus abanderados; queda de manifiesto que los ideales de
la Revolución mexicana fueron evidentemente traicionados por políticos que
mantenían su discurso revolucionario como fachada.
El filme mostraba a los principales
dirigentes del país mostraba que se enriquecían mientras grandes sectores
populares seguían en la pobreza. La película también dramáticamente presenta la
intriga, el uso/abuso del poder, la traición y la venganza, el chantaje
político, la manipulación de la opinión pública a través de la prensa subrayando
el lado oscuro de los orígenes del sistema político posrevolucionario y de sus
fundadores en los años veinte.
Los protagonistas son los dos
principales contendientes a la presidencia de México, ambos secretarios de
Estado, uno, el General Hilario Jiménez,
Ministro de Gobernación, favorecido por el líder máximo de la Revolución de ese
momento –El Caudillo–; y el otro, el General Ignacio Aguirre, Ministro de
la Guerra, apoyado por otras facciones políticas. Al enterarse de que El
Caudillo ha decidido apoyar a su contrincante y antiguo compañero de armas, el
General Aguirre decide dimitir de su posible candidatura a la presidencia y se
lo hace saber a El Caudillo y al General Jiménez, pero, no les convence su
ofrecimiento de ausentarse de la contienda política –dado que el General
Aguirre con una personalidad sumamente carismática tenia apoyos, y con una
exitosa trayectoria militar y política.
Al percibir que no aceptan su palabra
dada de buena fe, el General Aguirre choca fuertemente con El Caudillo y con el
General Jiménez y el resultado inmediato es la agresión violenta que dirige en
contra de los colaboradores más cercanos del General Aguirre, ordenada por el
General Jiménez. El mismo Aguirre señala enfáticamente en la película, todas
las circunstancias que lo llevan irremediablemente a aceptar su candidatura y a
romper definitivamente con El Caudillo. Cuando el General Aguirre decide salir
de la Ciudad de México para formular una estrategia y reunir aliados para su
campaña política, El Caudillo lo “madruga” haciéndolo caer en una trampa con la
traición de quien creía uno de sus más fieles seguidores: el General Elizondo,
quien arresta abruptamente a Aguirre y a sus colaboradores cuando se creían
totalmente seguros bajo su protección.
La película concluye con el fusilamiento sin
juicio del General Aguirre y del grupo que lo acompañaba por órdenes expresas
de El Caudillo. Como justificación de estos sangrientos
hechos, se muestra cómo la prensa –totalmente manipulada– había reportado que
el General Aguirre se había levantado en armas en contra del presidente y que
había muerto en el intento. La última escena de la cinta revela que hubo un
sobreviviente, Axcaná González, el más cercano colaborador del General Aguirre,
quien herido recibe auxilio de un carro diplomático y se asume que es
trasladado a la capital para convertirse en el único testigo de los trágicos
acontecimientos.
Bracho
trató de impedir cualquier situación adversa y acudió a Martín Luis Guzmán
para que filmara un prólogo a la película. La
idea central era resaltar los avances democráticos del país y presentar al
caudillaje y al autoritarismo como hechos ya lejanos al México de los sesenta. Julio Bracho estaba convencido de que
era su mejor película y acudió a Martín Luis Guzmán con la idea de que filmara
un prólogo a la película. Dicho prólogo se añadió a todas las copias
programadas para el estreno de la película y se suponía que evitaría las
objeciones de funcionarios del gobierno.
Las perspectivas para La sombra del caudillo parecían
muy positivas cuando se llevó a cabo su primera exhibición para la prensa e
invitados especiales en el teatro Versalles de la Ciudad de México, el 17 de
junio de 1960. El periodista Laureano González Porcel publicó una amplia
crónica de la cinta. El público puesto de pie, tributó una emocionada ovación
al autor, director y dirigentes del sindicato., en ese momento, el escritor
José Revueltas dijo que La
sombra del caudillo es la primera gran película que ha hecho
nuestro cine. (Últimas Noticias, julio de 1960).
El 29 de junio de 1960, la Dirección General de Cinematografía
otorgó la autorización formal número 30268 para la exhibición nacional de La sombra del caudillo, dándole
la categoría “C”, sólo para adultos (1962). Al final, el anticipado estreno
nunca ocurrió: “Ya que muchas de las figuras que participaron en los hechos que
narra la novela y que figuraban como personajes clave en la película aún
estaban activas políticamente, la solución más eficiente era silenciar el
filme”.
Lo que sucedió posteriormente fue un
hecho insólito en la historia del cine mexicano. Con dos días de antelación a
su ya programada exhibición pública en una premier de gala, en horas avanzadas
de la noche, miembros de las fuerzas armadas entraron sin previo aviso a las
instalaciones de la empresa Películas Nacionales encargada de la distribución
de la cinta. Por la fuerza, procedieron
a apoderarse y a decomisar todas las copias y el material publicitario. Después
de la confiscación, el destino de las copias de película fue incierto. Julio Bracho nunca se dio por
vencido y emprendió una intensa lucha personal para lograr su estreno. Usó
todos los medios a su alcance para lograr la exhibición de la cinta, pero el
resultado de sus esfuerzos fue siempre decepcionante.
Maracaibo, domingo 8 de febrero del año 2026
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