domingo, 22 de febrero de 2026

Los leprosos de Franco


Aunque La lepra no cesa de existir en el mundo, es necesario recordar que esta “enfermedad bíblica” es un mal que, como la mayoría, se esparce mejor entre la miseria, el hambre, y la ausencia de condiciones higiénicas, pero, realmente la lepra es una enfermedad curable y poco contagiosa, pese a que muchos piensen lo contrario. La clave es el diagnóstico temprano. Sobre este tema hemos hablado varias veces en este blog (lapesteloca) y una de mis novelas que están en Amazon se titula  El año de la lepra

Los Historiadores han documentado atrocidades cometidas por las autoridades franquistas en la leprosería de Mikomeseng, en la Guinea Española. El historiador británico David Brydan se encontraba buscando información en el Archivo General de la Administración en Alcalá de Henares cuando se topó con una misteriosa carpeta que contenía un polvoriento documento donde se describía la Leprosería de Mikomeseng,

En 1946 las autoridades franquistas metieron a los 4.000 enfermos de lepra de la Guinea Española, dentro de un insólito recinto vigilado por guardias armados. La investigación le llevo a revisar el documental del NO-DO de la época donde se revelan imágenes del lugar. Los leprosos aparecen tocando el tambor con sus manos sin dedos. La narración característica de los noticiarios franquistas proclama: “Estos son los enfermos, ¡y a fe que no parecen demasiado abatidos!”.

Las cámaras muestran a miles de pacientes haciendo cola para recibir sus medicinas, mientras el narrador celebraba diciendo: Hoy la lepra se cura. ¡Y alegraos también de que España pueda presentar ante el comicio de las naciones la obra que está llevando a cabo en su africana colonia de Guinea!”,

Sin embargo, la carpeta hallada por David Brydan desenterraría otra versión de los hechos. “Es una investigación judicial realizada tras una rebelión en la leprosería”, explica el historiador, del King's College de Londres. El 18 de febrero de 1946, los leprosos se alzaron. “La actitud de los enfermos, sin exceptuar ni edad ni sexo, era violentísima”, aseguraba el administrador territorial de Mikomeseng y en el informe se acusaba directamente a cinco hombres y a una mujer —J. Nguema, M. Sanga, M. Ndongo, L. Edu, P. Mba y J. Mangue— de ser “los promotores en el interior del recinto de la leprosería del levantamiento general de los demás enfermos”.

“Mikomeseng era casi un campo de concentración, un sitio donde había represión y donde los niños eran arrancados de sus madres, donde la dictadura franquista utilizaba la leprosería para hacer propaganda del régimen”, explica Brydan, que en septiembre publicaría  un libro (Franco's Internationalists, Oxford University Press) sobre este en un intento de las autoridades españolas  para legitimarse internacionalmente a través de su supuesta obra social.

Ante los inspectores, el director de la leprosería, Víctor Martínez Domínguez, minimizaba la revuelta en sus dominios. “El sentirse rechazado por la sociedad imprime en el carácter del leproso un sello especial de irritabilidad que es clásico en todas las leproserías del mundo”, argumentaba. Pero la investigación incluye testimonios espeluznantes.

 El practicante José Luis Martínez Díaz, un madrileño de 29 años, describía la rebelión…“Con los rebeldes detenidos se cometían “actos de verdadera barbarie en los que, amenazados pistola en mano, eran apaleados hasta quedar casi sin respiración”, donde un acto de simple y leve protesta que, con toda razón, hicieron unos desgraciados enfermos abandonados y destinados a morir a los que solo se les ha dado hasta ahora hambre, trabajo y “melongo”,  una palmera local y sus varas servían para dar unos latigazos que en la colonia tenían un nombre: “Melongazos”. Martínez Díaz denunciaba que El practicante español declaraba haber enterrado a varios leprosos “muertos de hambre y abandono a consecuencia de no poder andar por falta de sus extremidades”.

La gallega Benita Sampedro, especialista en estudios coloniales de la Universidad de Hofstra en Nueva York, ha visitado Mikomeseng en varias ocasiones. “He conocido a señoras que estuvieron allí de niñas y lo recuerdan como un lugar de terror”, explica. “La leprosería de Mikomeseng era una especie de cárcel amurallada. Las autoridades iban por los pueblos y se llevaban a los enfermos a la fuerza. La medicación en la década de 1940 era totalmente ineficiente y muy cruel, y a las personas con lepra les quitaban a sus hijos”,

El NO-DO franquista que se proyectaba en los cines españoles pregonaba que los enfermos de Mikomeseng gozaban de “entera libertad”, pero era mentira, según lamenta Sampedro. En un ensayo publicado en 2016, la profesora  Benita Sampedro, describía la leprosería como “un miniestado semiindependiente, autocontrolado y totalitario, con su propia moneda de metal” para evitar contagios.

Sus investigaciones construyen un relato de enfermos de lepra, con úlceras, muñones y los rostros deformados, tratando de escapar a la luz de la Luna de las gruesas murallas patrulladas por la guardia colonial franquista. “Había mucha resistencia femenina. Las mujeres embarazadas intentaban fugarse porque sabían que les quitarían a sus hijos”, dice Sampedro.

El informe de 1946 rescatado por David Brydan incluye multitud de testimonios del horror en Mikomeseng, pero los ignora. “No se ha comprobado ninguno [de los hechos denunciados]”, concluían las autoridades. La última vez que Sampedro estuvo en la antigua fortaleza colonial, en 2013, la leprosería seguía en funcionamiento, con 18 enfermos a cargo de una monja concepcionista de Vigo.

Lo cierto es que para la dictadura franquista, Mikomeseng fue mucho más que una leprosería escondida en el corazón del África ecuatorial. “Se utilizó como una herramienta de legitimación del régimen”, subraya Carlos Tabernero, historiador de la ciencia en la Universidad Autónoma de Barcelona. “El NO-DO mostraba en Mikomeseng era una ciudad independiente y autárquica, controlada por el ejército y la iglesia, como la propia España. No era casualidad. Todo era felicidad pura", apunta el profesor.

El historiador Francisco Javier Martínez, de la Universidad de Évora (Portugal), también ha investigado los documentales médicos franquistas filmados en la colonia española: Los enfermos de Mikomeseng (1946) y Misión sanitaria en Guinea (1953), ambos dirigidos por el cineasta Manuel Hernández Sanjuán. “El equipo cinematográfico contaba con un presupuesto astronómico. Era una iniciativa 100% oficial. Y por eso los documentales reflejaban fielmente la ideología franquista".

De la lepra sabemos “poco y mal”. Es la opinión de José Ramón Gómez, un médico que conoce mucho y bien esta enfermedad olvidada y estigmatizada de la que apenas queda un ligero recuerdo en los países ricos. Un dato de la Organización Mundial de la Salud (OMS) indica que 214.000 personas se infectaron en 2014. En 2026, el Día Mundial de la Lepra se celebró el domingo 25 de enero, pero… ¡La lepra aún existe! Alrededor de 200.000 personas son diagnosticadas con lepra cada año y muchos millones viven con discapacidades relacionadas con la lepra, especialmente en Asia, África y Sudamérica.

Maracaibo, el domingo 22 de febrero de 2026

No hay comentarios: