domingo, 24 de enero de 2016

Historias dentro de las novelas. ¿Escriben los personajes?





      HISTORIAS DENTRO DE LAS NOVELAS. ¿Escriben los personajes?

        El recurso de incluir una o varias historias dentro de la narrativa principal de una novela es antiguo. En “La Odisea” el protagonista se convierte en el curso del relato en el narrador de sus propias aventuras. En el conocido libro de “Las Mil y una noches”, Scheherazada la hija del visir que se ofrece como esposa del sultán desde la primera noche le sorprende contándole un cuento que ella interrumpe antes del alba prometiendo el final para la noche siguiente. Así, con muchas historias durante mil y una noches salvará su cabeza. En “El Decamerón” de Boccacio y en “Los cuentos de Canterbury” de Chaucer se reúnen historias una tras otra, las que relatan los florentinos que huyen de la peste, o las de los peregrinos que van a Canterbury a ver la tumba de Tomás Becket; todas son historias de la vida cotidiana. “Don Quijote de la Mancha” escrita por Cervantes es la  novela estelar de la literatura y está constituida por las historias de don Alonso Quijano y de Sancho Panza en su correrías por tierras españolas. Cumbres Borrascosas, de Emily Brontë usa el recurso de intercalar todo una narración ára relatar la historia de Heathcliff y Catherine. Lo mismo se podría decir de Joseph Conrad en el corazón de las tinieblas, o de Frankenstein, de Mary Shelley donde Robert Walton le comentará por carta a su hermana una historia que a su vez le relató el doctor Víctor Frankenstein. Recientemente comentaba en este mismo blog, como Paul Auster escribió “La noche del oráculo” en lo que parece un juego de muñecas rusas ya que nos hallamos ante una novela que dentro lleva otra novela que está insertadas en otra novela. Una historia generará otra historia, y ésta a su vez originará otra historia, y ésta otra, en un interesante movimiento continuo. Es una interesante y atractiva manera de, novelar.

       Quisiera referirme en esta oportunidad a algunas de mis novelas publicadas donde además del recurso de mezclar historias dentro de la trama original de las novelas, presentan un detalle particular, y es suponer que están escritas por un personaje concreto, quien finalmente le hará llegar sus notas manuscritas al autor, quien terminará por publicarlas como si fuese una novela.
1- Al final de la novela “Escribir en La Habana” (Eds de 1994,1997 y 2011), después de un Epílogo esclarecedor, se lee en una nota que señala: “Las anotaciones del doctor Marcelo González, manuscritas en La Habana durante la semana del primero de mayo de 1989, permanecieron en sus manos y sin hacerse públicas hasta el mes de diciembre de 1993, cuando por un azar del destino tuve la suerte de poder revisarlas”.
2- En las dos últimas novelas publicadas por la Editorial elotro@elmismo, “Ratones desnudos”(2011) y “El año de la lepra”(2012), se puede observar una modalidad semejante.
 En “Ratones desnudos” el personaje se llama Hernando Salazar, un comunicador social, sociólogo y ensayista, que intenta descifrar el misterio de los ratones desnudos en un desaparecido instituto de investigaciones (el INP). Salazar regresa al teatro de los acontecimientos diez años después para indagar sobre el INP y entrevistará a varias personas hasta reunir una amplia documentación como resultado de sus entrevistas, la cual discute con el autor, su amigo, y ambos transcribirán el producto de las notas manuscritas, que se transforman en varias historias sobre los entrevistados y escribirán la novela a la limón. Al final señalan la decisión de que la autoría la asumiría uno de ellos, quien previamente ya había publicado un par de novelas…
3- El Capítulo 2 de mi novela “El año de la lepra” comienza así: “Mi nombre es Alejo Plumacher y estoy decidido a escribir”… No tengo otra salida. Lo voy a hacer. Es mi decisión. Tengo que atreverme. Comenzar, pareciera ser siempre lo más difícil… Me veo en la imperiosa necesidad de poner por escrito ciertos hechos que involucran mi historia personal, y sé que el hablar conlleva riesgos, pero callar sería imperdonable. No lograría aplacar la voz de mi conciencia”… Además de las diversas historias, en esta novela existe un diario íntimo y Plumacher más adelante señalará que le preocupa su decisión de utilizar el diario de su mujer (Ruth Romero) para darle cuerpo a lo escrito. Finalmente ya en el último capítulo, a pesar de su desorden natural y de sus etapas depresivas, llegará para Alejo Plumacher el momento cuando su novela sobre el médico de Cumaná pareció estar lista para la imprenta, y será esa historia verdadera novelada, sobre Luis Daniel Beauperthuy la que se leerá en los capítulos impares de la novela “El año de la lepra”. El trabajo de Plumacher será compilado por otro personaje Arístides Sarmiento, quien aclara que estará incluyendo retazos del diario de la mujer de Alejo, y como él dice, lo que ha “garrapateado” en sus cuadernos. Igualmente señala que ha utilizado la trascripción de algunas grabaciones suyas en cintas magnetofónicas, y varias resmas de papel escritas de su puño y letra. Terminará insistiendo en que escribe desde un pequeño pueblo en el Norte de Santander, y al final, todavía hay una nota indicada como, Nota del autor que dice: “el manuscrito del profesor Arístides Sarmiento recibido en el mes de febrero de este año 2011, “el año de la lepra”, ha sido enviado a publicación sin hacerle modificaciones de fondo”.
       Finalizo esta retahíla de comentarios explicándoles que pensé pudiesen ser de interés sobre el tema de la creación literaria, y en concreto, de la escritura de novelas. Vale recordar que la literatura, según decía Oscar Wilde, “es el arte de mentir”, frase ésta que resume una gran verdad sobre el escritor y especialmente de quien escribe novelas, pues tendrá siempre en ellas, el poder o la opción de ser él y ser otro. El ejemplo del personaje narrador que aparece inmerso en la misma novela es un buen ejemplo. En esa búsqueda de cuanto haya que imaginar, y para acometer la empresa de escribir la novela, solo se posee un instrumento, y este será el lenguaje. Goethe, señalaba que todo ya está dicho, y lo difícil es saber cómo decir esas mismas cosas otra vez. Por estas razones, el planteamiento de cómo escribir, no siempre resulta sencillo, pues no basta con repetir historias, no se trata de volver a decir ciertas cosas, hay que escribirlas y para cumplir ese cometido habrá que hacerlo de un modo especial buscando siempre un nivel de excelencia en el lenguaje. No se trata de “echar cuentos”. El asunto es más difícil. No es “como decirlo”, se trata de “como escribirlo”. Por eso hemos repetido que escribir literatura es un oficio que requiere mucho trabajo y en particular en el caso de las novelas, el cometido debe ser cumplido con paciencia, resistencia y mucha pasión.

Maracaibo 23 de enero del año 2016

Julio Florez, poeta colombiano.



JULIO FLOREZ.  Poeta colombiano

Mariposa te llaman, no por hermosa
sino porque te cubres con ricas galas;
tú bien sabes que es siempre la mariposa...
un gusano con alas.
(Julio Flórez de “Gotas de Ajenjo”)

       Destacado bardo de la poesía, nació el 22 de mayo de 1867 en la ciudad de Chiquinquirá (Boyacá) y murió el 7 de febrero de 1923 en el municipio de Usiacurí (Atlántico). Como poeta colombiano, fue el más popular de su tiempo, romántico y becqueriano tardío. Julio fue el séptimo de los diez hijos del médico liberal Policarpo María Flórez, presidente del Estado Soberano de Boyacá en 1871, y de Dolores Roa de Flórez. Fue educado en los colegios de Chiquinquirá, nacionalmente conocida como la Villa de los Milagros, sede de la Orden Dominica devota de la Virgen del Rosario, Patrona de Colombia. En 1881 la familia se trasladó a Bogotá, y Julio entró a estudiar literatura en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario. Las guerras civiles, incidieron afectando su estabilidad socio-económica y malogrando sus probabilidades de educación, por ello tuvo que interrumpir sus estudios. Dada la condición bohemia de su carácter, nunca retomó la senda académica, no obstante, comenzó a frecuentar los ambientes literarios donde entabló relaciones con diferentes personas de gran valor artístico y humano, como el poeta Candelario Obeso, contraviniendo los cánones de vida ordenada impuestos por la Iglesia y la sociedad bogotana.

        Su hermano Leonidas fue herido en un mitín armado en la Plaza de Bolívar, de cuyas secuelas psicológicamente destruido moriría cuatro años después. En 1884 Candelario Obeso se suicidó y en su sepelio el joven Julio Flórez, de 17 años, exaltó su memoria en versos emocionados. Flórez quien fue considerado el último romántico, era de naturaleza enfermiza, de temperamento bohemio y aventurero, fue un hombre de gran éxito con las mujeres, pero su educación católica le creó dificultades para deslindar los conceptos de amor carnal y el amor platónico, y durante 42 años no se identifican mujeres en su vida, siendo curiosamente el erotismo uno de los rasgos más marcados de su poesía. La sensualidad de sus rimas que hoy día se ha convertido en la mayor fuente de sus éxitos, sirvió muchas veces de escándalo para sus seguidores. Cuando se suicidó el poeta José Asunción Silva, en 1896, Flórez declamó en sus funerales una elegía que fue condenada como blasfémica por el obispo de Bogotá, quien le propinó al poeta una seria amonestación. Su nombre aparecía ya en la antología “La lira nueva” (1886), años antes de que publicara su primer libro, “Horas”. En su obra se cruzan el fervor religioso, la blasfemia y la entonación pagana; triste y sentimental, su dolor es sincero y con él llega a lo hondo del pueblo.

        En medio de guerras, penurias y de la censura, los colombianos se agrupaban en cofradías o hermandades de tipo cultural. Julio Flórez fundó la Gruta Simbólica, una tertulia literaria de 70 miembros, que permaneció desde fines de 1900 hasta fines de 1903. Estando en el punto culminante de su carrera literaria, Flórez fue señalado como sacrílego, blasfemo y apóstata. En 1904, el caudillo militar general Rafael Reyes, le "aconsejó" abandonar el país y en 1905 Flórez se dirigió a la Costa Atlántica, y luego a Caracas. Desde allí, inició una gira poética por los países centroamericanos que se prolongó por dos años (1906-1907). Tuvo un recorrido triunfante en países como Venezuela, Panamá, Nicaragua, El Salvador, México, Cuba, Costa Rica y España. Pasó algún tiempo en Caracas. Fue declarado "ciudadano de honor" en México y estuvo en Madrid como agregado a la Legación de Colombia en España. Conoció a personalidades literarias españolas y latinoamericanas como Emilia Pardo Bazán, Francisco Villaespesa, Rubén Darío, José Santos Chocano, José María Vargas Vila y Amado Nervo. En febrero de 1909 Julio regresó a Colombia, y luego de un recital en Barranquilla, desapareció. Se había retirado al balneario de Usiacurí de aguas medicinales y en ese pueblo se enamoró de una colegiala de 14 años de edad, Petrona Moreno Nieto, su verdadero e inmortal idilio con quien se casaría.

       Regresaría a Europa. Publicó nueve títulos, dos de ellos en España: “Fronda lírica” (Madrid, 1908) y “Gotas de ajenjo” (Barcelona, 1909). Fue invitado especial para dar recitales en Francia y en Alemania, alcanzando grandes éxitos. Durante las celebraciones del primer centenario de la Independencia de Colombia en 1910 ofrecería un recital en el Teatro Colón de Bogotá. En 1917 se editó “De pie los muertos”, recopilación de sus versos alusivos a la primera Guerra Mundial, que recitó en el Teatro Cisneros. En 1922 publicó la segunda edición de su libro “Fronda lírica”, última obra publicada en vida, “Oro y ébano” apareció como edición póstuma, en 1943. En la aldea de Usiacurí llevó una vida de hogar tranquila y ordenada, al lado de su esposa y sus cinco niños. Sus tendencias populares y su afán de soledad lo convirtieron en un hombre "incomprendido" y en un poeta subestimado; cuando se le tributa el homenaje nacional de su coronación, le faltaban veintitantos días para su muerte. Pese a la incomprensión de los mejores, Flórez fue uno de los poetas más populares de su tiempo. Fue coronado poeta nacional poco antes de morir, en su retiro de Usiacurí.

        La obra de Flórez consta de diez libros: "Horas", "Cardos y lírios", "Gotas de ajenjo", "Cesta de lotos", "Manojo de Zarzas", "Haz de espinas", "Flecha roja", "De pié los muertos", "Fronda lírica" y "Oro y ébano". Entre sus poesías más destacadas se recuerdas "Mis flores negras", "La araña", "Idilio eterno", "Abstracciones", "Resurrecciones", "La voz del río", "Reto", "Altas ternuras" y "Oh poetas. Sus temas son típicos del Romanticismo: el amor no correspondido, el misterio lunar, el fúnebre ciprés, la orgía de los cementerios, la vanidad de las glorias humanas, el dolor, la voluptuosidad y la muerte. A pesar de su torrentosa espontaneidad, la expresión formal de la poesía de Julio Flórez  posee poemas enteros dignos de figurar en la más exigente antología de la poesía americana. Por esta rara virtud, perviven en la memoria de las gentes poemas suyos como "La araña", "Idilio eterno", "Job", "La pedrada" o "La gran tristeza".
Como una muestra de su obra poética está aquí mostramos:

RETO
Si porque a tus plantas ruedo como un ilota rendido y una mirada te pido con temor, casi con miedo; si porque ante ti me quedo extático de emoción, sintiendo que el corazón se va en mi pecho a romper, piensas que siempre he de ser esclavo de mi pasión. Te equivocas, te equivocas, -fresco y fragante capullo-yo quebrantaré tu orgullo como el minero las rocas. Si a la lucha me provocas, dispuesto estoy a luchar: tú eres espuma, yo, mar que en sus cóleras confía. ¿Me haces llorar? Algún día yo también te haré llorar.    Te haré llorar; y después de que tú también rendida, me ofrezcas toda tu vida perdón pidiendo, a mis pies, como mi cólera es formidable en sus accesos, ¿sabes tú lo que haré en esos instantes de indignación? Arrancarte el corazón para... comérmelo a besos.

FLORES NEGRAS
Oye: bajo las ruinas de mis pasiones, y en el fondo de esta alma que ya no alegras, entre polvos de ensueños y de ilusiones yacen entumecidas mis flores negras.       Ellas son el recuerdo de aquellas horas en que presa en mis brazos te adormecías, mientras yo suspiraba por las auroras de tus ojos, auroras que no eran mías.           Ellas son mis dolores, capullos hechos; los intensos dolores que en mis entrañas sepultan sus raíces, cual los helechos en las húmedas grietas de las montañas.      Ellas son tus desdenes y tus reproches ocultos en esta alma que ya no alegras; son, por eso, tan negras como las noches de los gélidos polos, mis flores negras.       Guarda, pues, este triste, débil manojo, que te ofrezco de aquellas flores sombrías; guárdalo, nada temas, es un despojo del jardín de mis hondas melancolías.

IDILIO ETERNO
Ruge el mar, y se encrespa y se agiganta; la luna, ave de luz, prepara el vuelo
y en el momento en que la faz levanta, da un beso al mar, y se remonta al cielo.
Y aquel monstruo indomable, que respira tempestades, y sube y baja y crece,
al sentir aquel ósculo, suspira... ¡y en su cárcel de rocas... se estremece!
Hace siglos de siglos, que, de lejos, tiemblan de amor en noches estivales;
ella le da sus límpidos reflejos, él le ofrece sus perlas y corales.
Con orgullo se expresan sus amores estos viejos amantes afligidos:
ella le dice "¡te amo!" en sus fulgores, y él prorrumpe "¡te adoro!" en sus rugidos.
Ella lo duerme con su lumbre pura, y el mar la arrulla con su eterno grito
y le cuenta su afán y su amargura con una voz que truena en lo infinito.
Ella, pálida y triste, lo oye y sube, le habla de amor en su celeste idioma,
y, velando la faz tras de la nube, le oculta el duelo que a su frente asoma.
Comprende que su amor es imposible, que el mar la copia en su convulso seno,
y se contempla en el cristal movible del monstruo azul, donde retumba el trueno.
Y, al descender tras de la sierra fría, le grita el mar: "¡En tu fulgor me abraso!
¡no desciendas tan pronto, estrella mía! ¡estrella de mi amor, detén el paso!
¡Un instante mitiga mi amargura, ya que en tu lumbre sideral me bañas!
¡no te alejes!... ¿no ves tu imagen pura, brillar en el azul de mis entrañas?"
Y ella exclama, en su loco desvarío: "¡Por doquiera la muerte me circunda!
¡Detenerme no puedo monstruo mío! ¡Compadece a tu pobre moribunda!
Mi último beso de pasión te envío; ¡mi postrer lampo a tu semblante junto!..."
y en las hondas tinieblas del vacío, hecha cadáver, se desploma al punto.
Entonces, el mar, de un polo al otro polo, al encrespar sus olas plañideras,
inmenso, triste, desvalido y solo, cubre con sus sollozos las riberas.
Y al contemplar los luminosos rastros del alba luna en el obscuro velo,
tiemblan, de envidia y de dolor, los astros en la profunda soledad del cielo.
¡Todo calla!... el mar duerme, y no importuna con sus gritos salvajes de reproche;
y sueña que se besa con la luna ¡en el tálamo negro de la noche!

Maracaibo, 25 de enero del año 2016


miércoles, 20 de enero de 2016

Apuntes de viajero. Regreso de Viena por Swissair




   APUNTES DE VIAJERO EN TIERRAS LEJANAS VIII

REGRESAR  DE  VIENA  POR  SWISSAIR

Dormitas en las nubes y te preguntas con un aire de curiosidad… ¿Quién puede pensar que en Hamburgergasse, una calle perdida de un barrio aledaño de Viena, existe un local con el nombre de Macondo? Es un pequeño restaurante visitado por jóvenes de diversas nacionalidades, usualmente con aspecto de estudiantes de pocos recursos. Allí se les puede escuchar hablando en alemán, en inglés, español, francés, papiamento, cuti, o cualquier otra jerigonza. El dueño es un señor chileno quien tiene una hija de ojos negros muy grandes y de mejillas coloradas. Se llama Marisol y sonríe constantemente. Siempre será agradable ver sonreír a una joven en Viena, ella tiene los incisivos postizos, pero sonríe bonito y su mirada le brilla. Hace unos meses enviudó. Su marido era un persa corpulento y bien parecido hasta un día cuando se descuidó un furúnculo en la mano, y le dio mucha fiebre. Murió súbitamente... Posiblemente hizo una endocarditis bacteriana y un shock séptico, eso nos decimos el par de patólogos latinoamericanos reorganizando la triste historia clínica de Hazim. Ahora Marisol vive con sus padres y sus dos hijos, el mayor de año y medio parecido a su padre con la mirada de la madre y el pequeñín tan solo de tres meses. En Macondo, el restaurante del viejo chileno tienen música todas las noches. Hernando y yo llegamos hasta allá atraídos por el nombre del local pero en realidad citados por Claudia Hirsch, la polifacética joven del viaje por el Danubio, quien nunca apareció en Macondo. Conversamos, esperamos, cenamos… Había una guitarra y un joven melenudo concentrado en ella empeñado en improvisar un cante jondo. En otras noches, supimos que se escuchaba la quena y el tamborcito del altiplano andino, eso nos lo dijo Marisol y yo recordé las palabras en quechua escuchadas en boca de la muñequita Claudia Hirsch, quien nos embarcó... Otras veces son ruidosos grupos rockeros, pero según Marisol, no importaba porque siempre encontraríamos algo especial en Macondo. Ella habla como chilenita y nos dice no tener ni idea de quien es nuestra misteriosa rubita que ha faltado a la cita. Conocís a una jovencita y criís que va a venir pues, no seáis bobo, huy no me vengai con cosas, ¡pues!, queriís decir que sois ¿doctores, sí?, uy papito vengai a conocer los señores, que lis hubiera mostrado la guagüita pues, pucha qui honor ¿sí? En este Macondo ubicado en un barrio lejano de la Viena de Johan Strauss, tomamos cerveza por varias horas, sin escuchar una cumbia, ni una quena, tan solo unas cuerdas de guitarra del peludo franchute que intentaba hacerlas sonar para decirnos cosas sobre el Barrio de Santa Cruz con su lunita plateada y del Monte del Olvido...
        Cabeceas. Tal vez te has dormido por unos segundos, o ha sido un minuto, ¿quizás? La aeromoza se ha dirigido a ti en francés. No sabes que te ha dicho y automáticamente has recordado a madame Donné. Elle habite en province, merci beaoucoup, je vous en price, belle... Hace más de tres siglos, en Louisiana, la genética comenzó a funcionar para terminar creando a esta niña mezclada con raíces de indios seminolas, de conquistadores, españoles y franceses, los legítimos dueños de todos aquellos territorios que le arrebataron a los indios al sur del río Grande, por esos predios, en el estuario del Missisipi, se daría la afortunada conjunción y habría de nacer y crecer una jovencita de Nueva Orleáns, quien es gringa, pero no lo parece, quien vive en Lyón y parla en francés pero no es gala, quien posee destellos especiales en el negro de sus pequeños ojos que irradian un poder de simpatía maravilloso y  circunda a toda su persona, traducido en gestos de cariño, ella es, la sin par, madame Donné. En este viaje me he tropezado con un par de gringas al cual más diferentes, una con pinta de latina y la otra con el cielo nórdico en las pupilas, la gringa de Portland, Karen, la de la boca siempre sonreída y sus dientes con una ligera inclinación hacia adentro dejando ver dos pequeños colmillos a través de sus labios, entreabiertos. De nuevo sonríe, Karen y con el destello celeste de su mirada hace un mohín con su respingona nariz para ampliar la sonrisa y dejarnos ver patas de gallo en el ángulo de sus ojos de cervatillo. El cabello castaño en un moño le da el aspecto de maestra de escuela, pero se lo ha soltado y un incendio de puntas rojizas y reflejos castaños la aureola... Tenía que apellidarse Ireland, como el país verde, el de James Joyce, el de la ginebra y de las estrechas calles, Dublin y ¿por qué no?, para que rime, el de Cronin quien aunque es escocés siempre lo pensé irlandés...
       Ahora está finalizando el concierto de Mozart, volamos a una altura de qué sé yo cuantos pies, miles... May I have a beer? Please. Oui, dankz, dankenschen?, biar, beer, bear, el oso y la birra, que chabocha, como en casa, el oso y las polas, un sorbito, está helada, un trago y pienso nuevamente en Karen, una rubia linda, en venezolano le dirían catira, o en maracucho catiramalbañada, o mejor malbañáa, Karen Ireland, gringa, patóloga, treintona, eficiente, pico de oro, muy bien preparada. Una mujer que nació y creció en las montañas de Oregon, hermosa, es como diría una vieja gringa que conocí hace años, is gorgeous and terrific, she is something! Hija de un veterinario, por eso desde niña vivió en el campo. Se iban juntos padre e hija a las fincas, él examinaba las yeguas, ella correteaba jugando en el prado, él se entendía con los granjeros y atendía a las grandes vacas lecheras, Karen corría hasta enrojecer sus mejillas cual manzanas y luego, lentamente se acercaba a él, su padre trabajando, y el becerrito está atascado y uf, su padre sabiamente logra la versión adecuada, y uf, lo vamos a sacar, todo saldrá bien, y aquí viene, y uf, uf! Y sus largos remos se mueven rompiendo la bolsa gigante, y se yergue poco a poco, vacilante, tambalea, y Karen emocionada aplaude palmoteando de felicidad mientras observa con admiración a su padre, ojos azul de cielo como ella y pecas en su cara que se le acerca para decirle al oído, es la naturaleza... Allí quizás nació ese amor de Karen por todo lo que es vida, tal vez por eso decidió estudiar Medicina, pero prefirió irse de Oregon, estuvo en Nueva York, se graduó con honores, se fue a Boston, más al Este, donde está la acción, y demostró calidad, clase, le ofrecieron entonces muy buenas plazas, querían que se quedara, pero ella decidió regresar a Portland. Volvió para casarse con el hombre de su vida, su novio de high school y de toda su carrera médica, y como suele suceder, no eran ya los mismos, no se entendieron, no hubo reencuentro y vino la separación, el trauma, el dolor para Karen, el fracaso de no poder querer a quien tenía que ser para toda la vida, porque así es Karen, aunque todo pasó, y se acabó, ella sigue enamorada. Así como ama a las mariposas y al agua que salta en los riachuelos, como disfruta con la música y el paisaje y con las cosas sencillas de la vida, así Karen encuentra la belleza en la gente común, la que llevan por dentro y ella sabe cómo descubrirla, lo dice ella, le basta con una breve mirada, con una leve sonrisa. Karen es así, y tú tienes que detener el hilo de tus pensamientos porque te han traído la comida, ¡prosaico sí!, pero es almuerzo de avión con menú de primera, ya has pedido otra cerveza y suspiras pensando lo que es volar de Zurich a Caracas por Swissair en un 727, Oh! Karen!, y pensar que hace horas la dejaste en Viena, como imaginar que quizás nunca más volverás a verla!...
         Tú has venido escuchando los Cuentos de Hoffman, de Offembach, en tus audífonos personales, los del 727, sin mucho volumen, has oído cantar a Joan Sutherland y a Plácido Domingo, has cerrado los ojos, pero estabas en otras cosas, andabas viajando sobre el Danubio, pensando en las extrañas circunstancias de la vida, y ahora con la barcarola de Weber estás transportado a tu juventud, épocas de escolar, puedes ver la gran lámpara facetada de vidrio y barras de plomo en el centro del techo de multicolores retazos, puro Art Déco, estás en el Teatro Baralt, y con las notas  musicales de Hoffman vuelves a ver a Zizi JeanMarie, bailando, danza en el escenario y los pensamientos afloran desde lo profundo de tus circunvoluciones cerebrales, en el aire, sobre el océano Atlántico, en un avión suizo, de regreso después de seis días de trabajo, tan solo eres un muchacho con tus audífonos y estás regresando a tu película musical en el Baralt, y Zizi baila ballet vestida de rojo sangre, ella gira, y luego regresa en puntas de pie, Hoffman suena profundamente, y tú quien has culminado con éxito un compromiso internacional, tal vez el más difícil de tu carrera profesional, has vivido esos días creando un canto emocionado a la amistad. Estás convencido de que valió la pena, ni idea tienes de cómo pagarás tu tarjeta de crédito, si te ayudarán con la deuda, si te darán la subvención esperada, pero aunque hay quien dice que música paga no suena, tú sigues confiando, y mientras tanto, vas escuchando música que se te confunde con un chas, tras, tras, chas, chus chas, como el ruido de un tren que te adormece...
        Así vas en tu Swissair 727, rememorando  y queriendo excusarte por esa manía de dejarte flechar platónicamente por las mujeres. ¿Debo ser más, pragmático?, tal vez más avispado, o, ¿menos tímido? Lo dices y te contradices, e imaginas que todo podría quedarse dentro del bolígrafo. Al fin y al cabo, quizás las verás de nuevo, ¿algún día?, es lo último que se pierde, hope?, mantiene la vida de los cautivos, de muchos exiliados, la esperanza es verde, como el color del que espera y el laurel de los poetas... Cuando en el salón inmenso del Palacio de los Hausburgos, el mismo donde la emperatriz María Teresa recibía las delegaciones extranjeras, bajo una treintena de lámparas con millares de lágrimas de cristal de Bohemia, sobre una gruesa alfombra púrpura para proteger la madera del piso, entre columnas de capiteles dorados, nosotros, los profesores invitados presentamos nuestros casos, Karen, Kostianovky, Pepe, y yo, no hicimos otra cosa que darle un espaldarazo a nuestro amigo Hernando y a su vez, él y todos agradeceríamos esa incomparable oportunidad, y los aplausos, y la discusión del aguerrido Harold Fox y las carreras y las ausencias del japonés Okagaki, las felicitaciones de los amigos, el rabiar de los agoreros, la sonrisa de madame Donné, todo aquello en conjunto, no era otra cosa sino una sinfonía que tronaba para reconocer la labor de nuestro genial coordinador, él singular y único, Hernando. Ahora siento crujir el tren de aterrizaje y me veo obligado a buscar el cinturón de seguridad para decirme que pronto he de estar de vuelta en casa. !Oh!, ¡que felicidad!... 


Este octavo relato, realmente el último de los comentados en tweeter o en Facebook, fue extraído de la novela “La Entropía Tropical”, con algunas modificaciones, para ponerle punto final a la serie denominada RELATOS DE VIAJERO publicados en lapesteloca.blogspot.com
Maracaibo, enero, 2016.