lunes, 5 de junio de 2017

Permiso para soñar



Permiso para soñar

Venezuela está entre las cuatro mejores selecciones sub20 del Mundo. No es un cuento chino, tal vez sí coreano, pero nunca una mentira. La épica de un equipo magnifico, que hoy le dice a su país que puede creer que con trabajo y esfuerzo siempre se puede mejorar

Pablo A. García Escorihuela

La vida está llena de ironías. La gesta más grande de la historia del fútbol venezolano se está escribiendo en dos tiempos. El de la delegación Sub20 que se encuentra en Corea del Sur, y el de todo un país, que perdió el sueño creyendo en ellos, soñando despierta a pesar de vivir madrugando. El horario tiene sus cosas curiosas. Pero el sentimiento es, exactamente el mismo.

La épica de la Vinotinto juvenil de Rafael Dudamel ya tiene su lugar en la historia. Selo había labrado al clasificarse al Mundial, en un fútbol que tiene pocas cosas para celebrar y muchos cabos para atar y corregir. Sin embargo, al vencer 2-1 a Estados Unidos y clasificarse a semifinales, enhebró la hoja dorada más gloriosa del balompié criollo.

Todo comenzó hace dos años, con la idea del yaracuyano al ser llevado a la Sub20 por el entonces seleccionador nacional, Noel Sanvicente.  “Mi idea es que después que esto termine, estos muchachos tengan la capacidad y la convicción de creer que pueden ser profesionales de este deporte, que pueden ganar, no sólo dinero, también prestigio y hacerse un nombre, y poner al país en alto”, dijo Dudamel cuando iniciaba los módulos de entrenamiento del equipo. La oncena criolla trabajó duro. Mucho. Horas de repeticiones, de ideas claras, y de sacrificio que hoy valen la alegría trasnochada de todo un pueblo.

Sin embargo, el trámite del partido tampoco fue sencillo. La suerte, esa que también se necesita para ganar en este tipo de torneos, estaba de espaldas. Dos postes, un gol bien anulado con el Video Asistant Referee y mucho desgaste, así como la insistencia del DT en el modelo inicial de juego, sin refrescar las líneas, llevaron al plantel a la fundidora. Era una nueva épica. De esas que han forjado el carácter de un equipo que está lleno de ambición y de ganas de ganar. “Estos jóvenes están acostumbrados a lidiar con el éxito”, aseguró el propio Dudamel ya desde Corea días atrás en Conexión Goleadora.

Sin piernas pero con voluntad, cayó el gol de Adalberto Peñaranda en la prórroga y la explosión de júbilo se hizo mayor con el de Nahuel Ferraresi. El descuento gringo fue un agregado a la reláfica sufrida de una Venezuela que hoy, cuando está en su peor momento histórico, entre muertes, represión, dolor, escasez y hambre; recibe una alegría inconmensurable desde el deporte colectivo más desordenado, escandaloso (lo de Trujillanos es un ejemplo de los oprobios recientes del fútbol venezolano) y vapuleado históricamente.

Ya en semifinales del Mundial ahora todo es ganancia. La de la sub20 es un relato sufrido, basado escrita en a trabajo duro y esfuerzo. De sacrificio. De lucha, de entrega. De la Venezuela posible, de esa que hoy muchos sienten que no existe más, pero que de vez en cuando te regala historias así, momentos como estos, que te dan pie para recuperar la fe, el optimismo, y te hacen volver a solicitarle a la vida un permiso para soñar que todo estará bien.

Maracaibo, 5 de junio, 2017

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