viernes, 28 de enero de 2022

Al final del régimen…

 Al final del régimen…

Detrás de las cortinas escuchó el tronar de su voz y él se sintió temeroso. Él, sin entender por qué en ese momento, quizás removiendo viejos temores de su infancia, recordó a su tierra y a su gente. Él, quien había sido dos veces Rector de la Universidad del Zulia y tres veces Secretario de Gobierno del Estado Zulia. Ni la Restauración, ni el General Castro, ni su importante posición frente al Ministerio, ocupaban su mente.

Él se encontró rememorando su regreso a Maracaibo hacía tantísimos años, en 1880, ostentando orgulloso el Título de Doctor en Ciencias Médicas de la Universidad de París. Él, ¡caray!, él nunca pensó que pudiera encontrarse un día en tan penosa situación. Detrás de unas cortinas palaciegas. ¡Él, temeroso! Él, escuchando tronar aquella voz. En sus cincuenta y siete años, hallarse él mismo escondido tras unos pliegues de tela, rodeado de trapos, tras bastidores, entre cortinas. Hasta le estaban dando ya ganas de orinar. Fue entonces cuando pensó en su próstata que estaba bastante grande y en las sondas de Beniquet para las estrecheces uretrales y las de Raynal para las blenorragias crónicas, y es que le apremiaban los deseos de orinar... ¡Carajo! Él las había usado, las había introducido al país, las puso en uso, de moda, a su llegada, cuando era aún joven, y le interesaba la urología.

Él, un afamado galeno marabino a su regreso de Europa. Pues sí, él había practicado con la crisoarabina en los tumores hemorroidales, los mariscos anales, condilomas, pero, ¿por qué este pujo?, será la próstata. ¡Carajo! Recordó cómo una vez, llevó a cabo el acto de la dilatación forzada del esfínter anal para tratar las hemorroides, una dilatación, la dilación, delación. Ahora, él se hallaba detrás de unas infamantes cortinas, escondiéndose en el palacio presidencial. ¡Que vejación! Él estaba ya sintiendo retorcijones en sus tripas y desde hacía mucho rato, con apremios miccionales ¡Qué vaina tan seria! Contuvo la respiración al oír acercándose el ruido de las pisadas, y de nuevo comenzó a temblar al escuchar aquella voz que retumbaba gritando. -¿Dónde está ese otro gran carajo? 


 

Sentía su rostro encendido, tenía las orejas calientes, sus sienes le latían, transpiraba, hervía, estaba al rojo vivo. Como el termocauterio de Paquellin, y, ¿la curación algodonosa?, ese había sido un buen método de antisepsia, lo había propuesto le professeur Guerin. Sí, era como el guayacol, casi podía percibir su olor, ¿a miedo?, el guayacol, umhú, él lo usó, guayacol-yodoformado, para la tuberculosis pulmonar. Ya en ese entonces, las denominaban, las inyecciones de Serafón. ¡Cuántas cosas! ¡Que de vainas, señor! ¡Tantas! Él quien fuera Rector de la Universidad del Zulia en el siglo pasado, y presidente provisional del Estado Zulia ya en el siglo que vivían… Fueron muchas cosas, muchas más, en el comienzo, a su llegada a su ciudad de las palmas y del lago…

Tantos esfuerzos, viniendo de París, pero él se estableció en su tierra, la del lago de Coquivacoa. ¡Que de años! ¿Y ahora? Cabría preguntarse, ¿qué demonios hacía oculto detrás de un cortinaje? Él, antes todo un Señor Ministro, ahora escondido, y orinándose. ¿Esperando qué? Las piernas le dolían, le pesaban como plomo. Años atrás él trataba las elefantiasis con aceite de Chalmugra. Dos veces fue Rector, tres veces fue Secretario del Gobierno, había sido el médico de cabecera de Señor Presidente, ahora era el Ministro de Relaciones Interiores, y ahora… ¿Escondiéndose? Como una rata medrosa. ¡Ocultándose en el Palacio Presidencial capitalino! ¡Infamante desgracia! Él, detrás de un cortinaje, ¡en un vergonzante desiderátum!

En esto estaba cuando la voz retumbó como un trueno nuevamente creando ecos en el salón. -¿Dónde está ese otro carajo? Se le confundió el eco con el tropel de las pisadas y el ruido de los sables. Sentía sus manos sudorosas, y, ¡se orinaba! Estaba envuelto en las cortinas, y mientras percibía los latidos del corazón en sus oídos, un escalofrío le recorría el cuerpo. Tenía un incendio en la cabeza y estaba helado. Trató de ver a través de la tela. Atisbar, husmear. Veía, sí, veía. Él, quien había operado tantas cataratas. Él, considerado por sus colegas como un experto en cirugía ocular. Él, quien había probado el óxido amarillo de hidrargirio en las queratitis, y sus pacientes se recuperaron con éxito, ellos volvieron a ver, mejor de lo que él podía hacerlo de momento, detectar, vislumbrar, en esa situación, cuando se orinaba, sí, cuando tenía una agitada taquicardia. Él, quien  tan solo escuchaba la atronadora voz que increpaba. -¿Dónde anda el otro? ¿Dónde está ese gran carajo?

Entonces él encontró un par de hilos fuera de su sitio y pudo divisar al General Juan Vicente Gómez. Estaba vestido de militar, con sus largas botas y sus bigotes puntiagudos. Iba y venía y pasó a su lado gritando otra vez. -¿Dónde está? Por el descosido de la tela, vio acercarse a Lorenzo Carvallo, quien caminó directamente hacia él, y era impresionante, pues parecía como si él no estuviese escondido detrás de las cortinas, como si fuesen transparentes. Así ocurrió y vino aproximándose hasta estar muy cerca de él, quien detrás de la tela pudo ver aquella sonrisa, algo velada, pero evidente. Carvallo se reía, y sus dientes desiguales no podían ocultar el placer de la delación. Fue entonces cuando Carvallo abrió de golpe las cortinas y él quedó expuesto, en evidencia, flagrante. -¡Anjá! Como un trueno retumbó el vozarrón en sus oídos, cuando como una garra, la mano temblorosa de Carvallo, le tomó del brazo y lo sacó hacia fuera.

Se adelantó un grupo de soldados, tomaron al doctor Rafael López Baralt por ambos brazos, y se lo llevaron a rastras. Cuando pasó al lado del General Juan Vicente Gómez, éste no resistió la tentación y le asestó una tremenda patada al depuesto Ministro del Interior, la cual por acertarle un poco por encima de las posaderas hizo que el galeno de la Restauración pensase que se le habían desprendido los riñones de su sitio. López Baralt rodó por el piso de parqué alfombrado. Al levantar la vista, adolorido, vio rostros de odio, escuchó  risas y luego mirando las armas largas que le apuntaban a la cabeza pudo percibir los insultos de la soldadera.

Se levantó tembloroso el médico, y al llegar a la puerta, recibió otro empellón. Ahora era Félix Galavís quien le empujaba hacia afuera y a pesar de todo, aún se pudo voltear el doctor López Baralt y ver al General Gómez enfrentado al también corpulento doctor Rafael Garbiras quien en ese momento estaba gritándole imprecaciones. Entonces escuchó cargar las armas. El ruido de fusiles en manos de los soldados que le llevaban hacia fuera le hizo estremecerse. Como en contracorriente, vio llegar a otro contingente de hombres armados. Ellos le detuvieron, y mientras todos gritaban encañonándolo, juntos volvieron de regreso al salón donde el doctor Rafael Garbiras Guzmán con su vozarrón le gritaba colérico al nuevo Presidente. -¡Yo no tengo madera de traidor!  Garbiras trató de sacar un pañuelo del bolsillo porque su rostro rubicundo sudaba copiosamente, pero bastó su gesto para que los soldados le clavaran los fusiles en sus costillas haciéndole gemir de dolor.

Un instante después los sacaron a los dos del salón, y dando tumbos descendieron por las escaleras hacia el patio del Palacio. Llegaron azorados para hacerle compañía a Pedro María Cárdenas quien estaba de pie y con la frente en alto, y mientras soportaba los gritos e insultos de los guardias esperaba por ellos en el centro del patio del Palacio Presidencial.                                                                                                                           

 NOTA esclarecedora en nuestros tiempos : Escenario: el Palacio de MirafloresÉpoca: mes de diciembre del año 1908.  Situación: cambio de una a otra dictadura: cómo decir, de mal a peor. Referencia musical: Por la vuelta  de E, Cadícamo y J. Tinelli. Cantado por:  Felipe Pirela.  Corolario: ¡Ojo que... “la historia vuelve a repetirse”!..

Maracaibo, viernes 28 de enero del año 2022

jueves, 27 de enero de 2022

Vacunas y tramposones

 Vacunas y tramposones

Cuando a principios de este siglo se obtuvo la secuencia nucleotídica de los 3.000 millones de pares de bases que constituyen el genoma humano, se confirmó que una gran parte, casi el 30%, está constituido por transposones. Los transposones también llamados “genes saltarines” son secuencias de ADN que sólo llevan  información genética para poder moverse dentro de los genomas de los seres vivos; al no llevar información útil para los organismos, y poder integrarse dentro de genes o regiones genómicas útiles, pueden interrumpir o alterar su funcionamiento, por lo que se ha considerado que los transposones sólo tienen efectos negativos sobre la salud.

En la actualidad, los transposones de nuestro genoma están fijados en sus “posiciones inocuas” y en general, han perdido la capacidad de transponerse. Sin embargo, excepcionalmente algunos transposones se pueden mover “de novo” a la hora de formarse las células reproductivas -o en células embrionarias tempranas-, integrándose en el interior de algunos genes alterando su expresión; originando con ello algunas enfermedades como se sabe existen ciertos casos de hemofilias o leucemias y algunos casos de cánceres (como ciertos de colon o de mama) que se pueden producir como consecuencia de la integración de ciertos transposones en genes claves de células somáticas adultas.

Los transposones resultan ser unos elementos realmente interesantes y además,  tienen cierta similitud con los virus. Existe un tipo de transposones, los retrotransposones ERV -reciben su nombre por sus siglas en inglés: Endogenous RetroViruses (retrovirus endógenos)-, por su similitud con los retrovirus y por ser, posiblemente, el origen de los mismos. En realidad los llamados retrovirus endógenos (ERV) son secuencias integradas en el genoma de forma permanente que derivan de pasadas infecciones. Su presencia es destacable ya que ocupan un 8% del genoma (casi el 50% si se consideran también fragmentos derivativos).

La mayor parte de los retrovirus endógenos se mantienen silenciosos, razón por la cual durante mucho tiempo se consideraron “basura molecular”. Sin embargo, en los últimos años se han encontrado evidencias de que algunos de ellos pueden intervenir en ciertas funciones fisiológicas. Por otra parte, también se ha observado el efecto patológico de ciertos retrovirus endógenos en algunas enfermedades. Por ejemplo, la activación de HERV-K (HML-2) se ha relacionado con neurotoxicidad, aunque hasta el momento se desconocía el mecanismo biológico de esta relación. En el Centro de Investigación Helmholtz en Munich, han mostrado cómo la activación de ciertos retrovirus endógenos presentes en el genoma humano compromete la diferenciación y función de las neuronas de la corteza cerebral.  Han usado un sistema de edición del genoma basado en CRISPR para activar o reprimir la expresión del retrovirus endógeno HERV-K (HML-2) en células madre embrionarias y poder ver sus efectos en el desarrollo y diferenciación a células nerviosas; esto ha permitido identificar cómo la activación HERV-K (HML-2) es perjudicial para el desarrollo y función de las neuronas de la corteza cerebral. Mediante esta estrategia, el equipo ha encontrado que la activación de HERV-K (HML-2) tiene efectos negativos específicos sobre las neuronas.


Las vacunas tradicionales consisten en inocular a la persona con un patógeno atenuado (capaz de infectar y multiplicarse, pero no de producir la enfermedad), un patógeno inactivado (que no puede infectar) o como estamos viviendo en la pandemia de Covid-19, algunas proteínas del virus para estimular al sistema inmune. El objetivo ha sido siempre el mismo: desarrollar una respuesta inmunitaria que proteja frente a futuras infecciones.

Las vacunas de ARN mensajero se diferencian de las anteriores en que no se inocula ningún patógeno ni fragmentos del mismo. En su lugar, los científicos crean un ARN mensajero sintético en el laboratorio, el cual contiene una copia de parte del código genético viral. Este ARN mensajero se introducirá en nuestras células y permitirá a la maquinaria celular poder fabricar la proteína viral directamente, la cual estimulará al sistema inmune. Se ha planteado que las vacunas de ARN pueden modificar nuestro genoma y causar daños desconocidos e irreparables.

Pero se ha señalado que no es posible que este tipo de vacunas pueda alterar nuestro ADN ya que la infección natural haría lo mismo; cada vez que el virus infecta de forma natural a la célula se producen millones de ARN mensajeros y sin embargo, eso no supone ningún riesgo para nuestro ADN. El ARN mensajero por otra parte, desaparece muy fácilmente ya que su molécula es muy frágil –tanto, que estas vacunas tienen que conservarse a temperaturas bajísimas– y el tiempo que permanece en las células es muy corto, algunas horas. El ARN inyectado no se va a quedar dentro de la célula tiempo suficiente como para poder hacer algo más que producir la proteína del virus y desaparecerá.

Si por arte de magia este ARN mensajero inoculado pudiese permanecer dentro de las células un tiempo indeterminado, para poder alterar nuestro ADN tendría que poder interactuar con él y hay una separación física entre ellos: el ADN se encuentra en el núcleo de la célula y el ARN estaría en el citoplasma. Sabemos que hay ciertos ARN que pueden viajar al núcleo, como por ejemplo los del virus de la gripe, pero para ello deben contener una información genética determinada que permitiría la participación de proteínas muy específicas, y ese no es el caso con los ARN usados en este tipo de vacunas. El ARN mensajero de las vacunas del Covid-19 no puede integrarse en el ADN celular. La secuencia de ARN mensajero usada en la vacuna no puede integrarse en el genoma ya que para ello el ARN tendría que convertirse en ADN lo cual solo es posible mediante una enzima especial denominada transcriptasa reversa.

Esta enzima, la transcriptasa reversa se encuentra principalmente en retrovirus como el virus de la inmunodeficiencia adquirida humana o VIH, así como en los retrotransposones (tramos auto-replicantes de nuestro genoma) o en las telomerasas (enzimas que replican el ADN en los extremos de nuestros cromosomas) enzimas que son muy específicas y requieren de condiciones muy especiales para funcionar.

Ya inicialmente dijimos que los retrotransposones son un tipo de secuencias genéticas móviles que se encuentran en el genoma de muchos organismos eucariotas y pueden copiarse a sí mismos y pegarse en otras partes del genoma. Existe una amplia diversidad de elementos genéticos móviles o transposones (“genes saltarines”). Ya señalamos que estos “genes saltarines” son muy abundantes. De hecho, alrededor del 30 al 40% del genoma humano está compuesto de retrotransposones, unos elementos móviles han acompañado a los organismos vivos durante su evolución y su contribución en los cambios genéticos que han ido aconteciendo ha sido decisiva.

Lo que caracteriza a los retrotransposones y los diferencia de otros transposones es su estrategia de transposición (la manera que tienen de saltar). Para ello, antes de integrarse en otro sitio del genoma, primero se convierten en ARN y después vuelven a transformarse en ADN mediante la anteriormente mencionada transcriptasa reversa. ¿Se podría pensar que existe la posibilidad de que el ARN de la vacuna se convirtiera en ADN usando las herramientas de las que disponen elementos genéticos como los retrotransposones o incluso retrovirus endógenos?  De hecho, hay que recordar que hasta un 5-8% del genoma humano está comprendido por retrovirus endógenos. Sin embargo, esto no es posible porque para que la transcripción reversa tenga lugar hace falta un iniciador y unas secuencias específicas que no se encuentran en el ARN de la vacuna.

Si realmente se descubriera la forma de modificar nuestro genoma simplemente inyectando secuencias de ARN mensajero sería un gran avance en el campo de la terapia génica. Si acaso el ARN mensajero de la vacuna fuera finalmente capaz de convertirse en ADN, y viajar al núcleo, e integrarse con el genoma, lo más probable es que tendríamos una célula que empezaría a producir la proteína del SARS-CoV-2, sería un antígeno que sería reconocida por el sistema inmune y destruida inmediatamente.

Maracaibo, jueves 27 de enero del año 2022

miércoles, 26 de enero de 2022

Desault, Bichat y Beauperthuy

 Desault, Bichat y Beauperthuy

Bajando por la calle Bouchette cualquiera podía llegar hasta el hotel Dieu a orillas del Sena. Durante los siglos VII al XVII aquel hospital-hotel había sido un símbolo de la caridad cristiana, era el más antiguo de la ciudad. El hospital-hotel, había sido fundado por el obispo San-Landry y edificado sobre la ribera izquierda de la Isla de París, y estaba allí desde el año 651. Fue en el Hôtel Dieu, el hospital más antiguo de la ciudad de París, donde Pierre Joseph Desault (1738–1795) pasaría visita a algunos de sus enfermos privados, mientras Marie François Xavier Bichat (1771-1802) preparaba la parte histórica de las lecciones de su maestro. 

 


El médico francés Pierre Joseph Desault había creado la mejor escuela de Anatomía y Cirugía de su tiempo; había fundado la primera clínica quirúrgica y fue considerado uno de los cirujanos más renombrados. Desault se veía como el más  Ilustre anatomista y cirujano francés de finales del siglo XVIII. Durante la Revolución francesa había sido el médico del hijo de Luis XVI de Francia durante su encarcelamiento en la prisión de la Tour du Temple. Desault, como años atrás lo hiciera Andrés Vesalio, aquel hombre quese atrevió a disecar cadáveres y había nacido en 1514 en Wesel una pequeña población entre Bravante, Güeldres y la frontera de Alemania, en el ducado de Cleves, para esa época, una ciudad flamenca que pertenecía al ducado de Borgoña y era parte del Sacro Imperio Romano Germánico.

Andrés Vesalio había roto todas las tradiciones del método didáctico medieval, para descender hasta la mesa donde yacía el cadáver e ir disecando y mostrando por sí mismo las partes anatómicas a las que en sus explicaciones se refería. La Universidad de Padua Universites aristarum, lo graduó "magna cum laude" el 5 de diciembre del año 1537 y sería nombrado Explicator chirurgiae o profesor de cirugía con la responsabilidad de explicar cirugía y anatomía a los estudiantes. El ilustre Senado de Venecia, también lo nombraría profesor de cirugía y en la misma universidad comenzaría a dar conferencias sobre anatomía y cirugía, lecciones éstas que también ofreció en la Universidad de Bolonia y de Pisa.

Desde aquel entonces habían transcurrido ya un par de siglos cuando Desault fue nombrado sucesivamente profesor de la "École Pratique", miembro del Colegio de Cirugía en 1776, y ya era el cirujano jefe del Hospital de la Charité en 1782. Cuando Bichat tenía 24 años, sería él quien se encargaría de publicar la obra dispersa de su mentor y posteriormente Desault pasaría a ser el jefe del Hospital l'Hôtel-Dieu en 1788, y estaba allí cuando fallecería Bichat en 1795.

Las clases de Anatomía de Pierre Joseph Desault se caracterizaban por ser impartidas con la disección de cadáveres y no con la mera ayuda de ilustraciones o imágenes de cera. Contribuyó de forma importante al desarrollo de la anatomía quirúrgica. La cirugía le debe gran número de innovaciones y perfeccionamientos, entre los que destacan sus instrumentos para el tratamiento de las fracturas y para el de las enfermedades de las vías urinarias. Entre sus alumnos más insignes se cuenta a Xavier Bichat y a Dominique-Jean Larrey.


 

Marie François Xavier Bichat el médico francés fallecido antes de cumplir 31 años de edad, que dio el paso más importante en la evolución de la patología. Bichat, era el alumno y protegido del gran cirujano Desault y en  1800 fue nombrado médico del Hôtel-Dieu. Bichat trabajaba  día y noche en las salas clínicas, en el laboratorio y en la sala de autopsias, se dice que su  único descanso era cambiar de un tipo de trabajo a  otro. En 1800 apareció su  Traité des Membranes, donde Bichat describió los 21 tejidos o membranas de los que se componen los órganos y entre ellos distinguió el nervioso, conectivo, el vascular, muscular, óseo, cartilaginoso, mucoso, seroso, sinovial, glandular, etc. Bichat, creó el concepto de tejido y los métodos que empleó en sus investigaciones fueron la disección, y el tratamiento de los tejidos con diversas substancias químicas y condiciones físicas. Bichat fue sustituyendo su vocación de cirujano por la de anatomista y reduciendo también sus horas dedicadas al ejercicio clínico.

Bichat comenzaría a publicar sus primeros trabajos: Traité des membranes en général et des diverses membranes en particulier (1800), Recherches physiologiques sur la vie et la mort... En 1800, Bichat ya era médico del Hôtel Dieu y estaba redactando el texto de la Anatomie générale appliquée à la physiologie et à la médecine (1801) Trabajaba sin descanso llevando a cabo un gran número de disecciones, autopsias anatomopatológicas, experimentos de laboratorio, discusiones en la Société d'Êmulation, así como impartiendo lecciones teóricas. Se dice que en un solo invierno llegó a diseccionar seiscientos cadáveres. Entre 1801 a 1802, Bichat con fallas en su salud, impartió un curso de anatomía patológica que tenía pensado publicar, pero que ya no pudo redactar (lo hizo más tarde Beclard). Un accidente sufrido en las escaleras del Hôtel Dieu aceleraron su dolencia, de la que ya no se recuperó. Fue privado para la vida y para la ciencia. Desault había ya pasado a ser el jefe del Hospital de l'Hôtel-Dieu en 1788, cuando fallecería Bichat en 1795.

Dentro de su querido Hotel-Diu, el doctor Desault pernoctaba en las noches a fin de atender las Urgencias quien puede considerarse el padre de la Cirugía de Trauma mundial), así como su sistema clínico de enseñanza, idealizó el sistema de las residencias médicas más de 100 años antes que Halsted, iniciaba a las 7am con paso de visita, 1000am curaciones, clase a las 1200 disección de cadáveres por la tarde, Diseñó un sistema de amputación que sustituyó a todo lo concebido por Celso y Paré e inició la escuela que culminaría en los procedimientos de Larrey, Farabeuf, Sedillot, Malgaigne, Montes de Oca y Le Fort. Sería en 1897 cuando se abrió en la calle "du Foin" el primer curso de anatomía en el que tenían cabida como novedades“disecciones acompañadas de vivisecciones, demostraciones operatorias, complementos fisiológicos y noticias sobre los resultados de sus trabajos de investigación”.


 

Vivía en Venezuela Luís Daniel Beauperthuy (1807-1871), cuando en el año 1850, tenía ya 43 años y (https://bit.ly/2Yn9Wrc) ya había sido designado Profesor de Anatomía en los cursos de Ciencias Médicas del Colegio Nacional de Cumaná. Dos años después, en 1852, fue nombrado Inspector Químico de las Minas de Carúpano y en 1857, Napoleón lo designó Agente Consular de Francia en la ciudad de Cumaná, una ciudad donde la lepra era endémica, y que había sido parcialmente destruida por un violento terremoto en julio del año 1853. Beauperthuy extraía de las semillas verdes de merey un aceite cáustico y había ensayado su poder destructivo sobre las lesiones en la piel de los enfermos de lepra controlando su efecto gracias a las mezclas oleosas que fabricaba. Toda aquella información y sus conclusiones con una detallada explicación sería enviada a los médicos de la Academia de Ciencias de París y en el año 1861 esta fue publicada en los Comptes Rendus. Sus colegas franceses nunca le creyeron…

Luis Daniel Beauperthuy (https://bit.ly/2rjMKhr) cuando estudiaba Medicina, asistía a los cursos de Terapéutica Médica dictados por el profesor Jean Louis Alibert, fundador de la Escuela de Dermatología del hospital Saint Louis. El profesor Alibert combinaba sus lecciones con la presentación de grandes láminas mostrando lesiones dermatológicas. Luis Daniel también era un asiduo asistente a la Cátedra de Fisiología que dictaba en el College de France, Magendi, quien se había hecho famoso por sus descripciones dermatológicas. Allí aprendería a conocer las lesiones de la micosis fungoides, el aspecto de los queloides y una pústula muy particular llamada “botón de Alepo”, lesiones como las que vería en sus pacientes leprosos…

En aquellos años, Magendi propiciaba  intensas reuniones sobre la Medicina Experimental, una cátedra que había heredado del famoso Claude Bernard quien se había trasladado al hotel Dieu y estaría allí hasta el año 1823 cuando una epidemia de peste les obligó a evacuar a los enfermos del antiguo noscomio. Allí precisamente, en el hotel Dieu, sería donde Beauperthuy aprendería cuando era estudiante de Medicina, mientras también el hacinamiento era uno de los graves problema del hospital hotel Dieu pues con una capacidad limitada para 264 camas, pero habían llegado a contarse en sus tiempos hasta casi 800 pacientes. Esta es solo una parte de las numerosas historias que se vivieron en el hotel-hospital Dieu de París.

Maracaibo, miércoles 26 de enero del año 2022