sábado, 12 de abril de 2014

Seguna parte del Capítulo 12 de "El año de la lepra"




El año de la lepra
 Jorge García Tamayo, 2011
Capítulo 12
(Segunda parte )



…Cuando tú viajabas con Mamaina hasta San Cristóbal, en un recodo del camino desde donde ya divisabas las torres blancas de las iglesias y los techos de las casas, con sus tejados ocres y nacidos con parásitas por efecto de la permanente lluvia, tú volteabas a mirar hacia la montaña para ver la casona blanca con la chimenea y el trapiche de paredes amarillas, allá, detrás, desprendiendo motas de humo gris, y era aquel el sitio que una vez tu abuela tuvo la desafortunada idea de señalarte como el hogar de Renata y de tus hermanitas, donde habitaban con el protector y poderoso Don Heliodoro. Con árnica y yodo Mamaina hubo de curar varias veces tus raspaduras y moretones que resultaban una rutina desde que en el sexto grado algunos compañeros comenzaron a fastidiarte con la conseja de que eras hijo de Don Hilarión el cura párroco y tuviste que soportar algunos comentarios terribles que decían barbaridades sobre tu abuela y sobre Renata, hasta llegar al extremo, cuando decidiste no querer asistir más a la escuela parroquial. Mamaina intervino para hablarte con claridad meridiana cuando te expresó pausadamente su opinión: Omarcito, me tienes a mí, tu abuela, y sabes bien que Renata te adora; esto te debe bastar. Es lo que debes saber y es la única verdad que existe. Así que cuando venga el Demonio a tentarte con cuentos y habladurías, y la gente malvada que no te quiere bien te quieran ensuciar el alma con calumnias y otras cochinadas, entiende que ellos solo desean tu perdición; es el Maligno quien anda detrás de ellos y de Satanás es de quien deberás cuidarte, por eso debes rezar mucho, reza hijo mío y estudia bastante para que puedas llegar a ser un hombre de bien. Aquellas palabras de Mamaina no terminaban de satisfacerte pues te parecía que siempre andaban en la misma tónica, sin mayores aclaratorias y te dejaban inerme contra la maledicencia ajena. Siempre había quien murmurase e hiciera chistes sobre las relaciones entre Don Hilarión y las dos beatas de Táriba. Rememorarás Omar que fue justamente el cura párroco quien logró para ti la beca para que pudieses iniciar el bachillerato lejos de Mamaina y del ambiente de tu pueblo y así fue como saliste de Táriba y fuiste confinado interno en un Liceo Monástico Militar entre montañas muy verdes en la lejana población de La Grita. Tu destino estaba planificado para que antes de finalizar el cuarto año pudieses pasar directamente al Seminario.
…Recordarás Omar la época del despertar de tus sentidos como un proceso que se dio presto y explosivo, con interminables noches de insomnio en la cama 12 del dormitorio donde compartiste con otros adolescentes el primer año de tu internado en La Grita. Ellos dormían a pierna suelta mientras tú, durante meses añoraste a tu abuela, y seguías elucubrando cosas sin sentido de las que de pronto te arrepentías para regresar en las noches a tus ensoñaciones sobre algunos de los reveladores comentarios, inventados o no, pero, que te llenaban de dudas. Muy pronto comenzaste a escuchar disparatadas aventuras de tus compañeros, seguramente ficticias pero esclarecedoras para ti quien desconocías la existencia del ignoto y oscuro mundo del sexo. Allí escuchaste de muchas situaciones zoofílicas y de insólitas aventuras prostibularias de las que se jactaban algunos muchachos de los años superiores y varios de tus compañeros de curso, quienes de lo más solícitos intentarían darte lecciones. Tú luchaste denodadamente durante meses para alejar las tentaciones, pero eran inevitables, especialmente por las noches, en la oscuridad fría del dormitorio, cuando pensabas en Mamaína y en Renata y comenzarías a imaginarlas conviviendo con Don Hilarión, tu mentor, quien de cura beatífico con apariencia andrógina inicialmente, terminaba transformándose en un engendro satánico con aspecto de macho cabrío quien se regodeaba con sus dos mujeres haciéndoles cosas como las que te contaban tus amigos, antes inimaginables para ti. Estos sueños o delirios en la penumbra del dormitorio te mantenían despierto hasta el amanecer hasta un momento cuando luego de largos períodos de mortificaciones y de esfuerzos místicos, decidiste que no valía la pena rezar tanto y por el contrario captaste como solo conciliabas el sueño después de saciar tus deseos. La primera ocasión para volver a Táriba fue desechada por ti mismo, y decidiste pasar tus vacaciones en La Grita con algunos compañeros en la casa de uno de tus mejores amigos. Ya en el segundo año te sentías un conocedor de todas las situaciones y con cinco amigos, todos se convirtieron en un grupo con poder para negociar con los nuevos, y con los de los años superiores. Estos negocios, muchas veces sobre literatura no lícita, o sobre cigarrillos y con mayores dificultades algunas veces hasta lograron llegar a comerciar hierba, te llevaron a conocer a Humberto Feleizola un alumno del tercer año cuya influencia haría que la vida cambiara para ti. Convencido de que Satán arañaba con sus garras y compenetrado con un par de compañeros de tu dormitorio quienes estaban aficionados a diversos tipos de juegos sexuales, no resististe la curiosidad y te hiciste parte vital del grupo. Es fácil que recuerdes Omar como te sentiste tranquilo en la seguridad de que la confesión limpiaba tus faltas, que eran al fi n y al cabo, solo unos juegos que se daban en la silenciosa oscuridad del dormitorio, los cuales por lo demás no tenían porqué hacerle ningún daño a nadie. Con Humbertito Feleizola las cosas fueron diferentes. Al finalizar el segundo año ya estabas convencido de que no era una simple amistad lo que había florecido entre ambos. Al rubio y atlético joven quien sabía todo sobre el mundo del arte y de la música, le encantaba conversar contigo, y tú, comenzaste a aprender a seguirle la corriente y también a hacerle caso al querer verlo como un hermano mayor, o quizás a buscar en él la figura paterna que no habías tenido. No tardaste mucho tiempo en comenzar a entender que era algo más que cariño ese deseo de estar con él todo el tiempo y a dejarte controlar psíquica y físicamente por él. Estuviste en Táriba finalmente en vacaciones para pasar al tercer año y allí sería don Hilarión quien habría de bendecirte y decirte “ego te absolvo” cuando le confesaste algunos de tus pecados veniales, ocultándole los que sabías eran tuyos muy personales, los de tus andanzas con Humbertito, y lo hiciste ex profeso para luego reír solo para ti, al escucharle decir como sería él mismo quien iba a asegurarte el futuro y arreglaría tu situación ya que con toda seguridad al pasar al cuarto año ingresarías al Seminario Diocesano. Emocionado regresarías a La Grita y antes de volver al internado tendrías la oportunidad de pasar una semana en la finca de los Feleizola. Parecían ambos convencidos de que existía entre los dos algo casi sagrado, pero al volver a las clases, tu ya conocido historial de amores con un alumno del último año fue pronto mal digerido por tus viejos amigos y compañeros de dormitorio quienes celosos decidieron dilacerar aquella traición. Reportarían tus actividades nocturnas a la Dirección del internado y tan solo sería la providencial intervención de don Hilarión, la que logró que en diciembre te trasladasen directamente al Seminario capitalino, conmutando así la sentencia de expulsión por lo que debería ser la reorganización de tu vida al ingresar por la senda del bien ya que tras recibir el perdón, deberían abrirse para ti las esperanzas de retomar tu puesto entre quienes estarían para llevar a las ovejas al redil y facilitarles como poder ascender al Reino de los cielos.


***

Debo ser yo, Arístides Sarmiento quien relate la curiosa historia personal de Silvester Korzeniowski. Lo hago por cuanto él llegó a nuestra “ciudad de fuego” desde hace ya más de un quinquenio por una iniciativa del doctor Itriago y mía. Así pues, en cierta forma me siento involucrado en casi todo lo relativo a su existencia al ser yo partícipe de sus proyectos de investigación. Por otra parte me parece que estoy llamado a esclarecer cualquier sombra de duda que sobre el profesor Korzeniowsk se quiera plantear, en particular en lo relativo a los hechos acaecidos a finales del año 2011 en Maracaibo en los que se halló involucrado nuestro más brillante investigador. Sin más preámbulos comenzaré por referirme escuetamente a su infancia. Es un hecho notorio que Silvester desde muy niño, emigró con su familia judeopolaca a la ciudad de Kobrin la cual al caer bajo la égida germana sería convertida en un gueto. Las condiciones de la familia fueron empeorando a medida que nuevos contingentes de prisioneros judíos se incorporaban a la ciudad hasta el año 1942, cuando a Silvester, ya de 10 años, con sus padres y sus tres hermanos, Abraham el mayor, Hanna su hermanita y Enoc el menor, le tocó ser testigo presencial de la ejecución de cientos de judíos por los alemanes. Muchos prisioneros fueron enviados a campos de exterminio, así como también algunos fueron fusilados por las tropas soviéticas como había sucedido ya desde el año 1940 en la matanza de Katyn. La masacre de BronnaGora fue presenciada por Silvester desde antes de darse la dispersión y desaparición de su familia. Tras un levantamiento dentro del gueto, él logró escapar y sobrevivió en los extensos territorios de bosques y lagos que ahora pertenecen a Belarus y que en aquellos años todavía eran territorio polaco invadido por las tropas alemanas y asediado por el ejército soviético. La suerte favoreció a Silvester y a otros muchachos escapados del geto al encontrarse con Kopel Kopanistky, un judío ruso de 18 años quien dirigía bandas de jóvenes armados ocupados en hostigar a las tropas alemanas. En 1943 los partisanos de Kopel se incorporaron formalmente al movimiento Armia Krajowa el cual terminaría por ser disuelto a finales del año 43 cuando Silvester con un grupo de las desarticuladas brigadas de Kopanistky decidieron escapar hacia el sur. En la primavera del año 1944, los muchachos dirigidos por Kopel cruzaron parte de Checoslovaquia y por los montes Cárpatos penetraron en territorio magiar hasta arribar a las afueras de Budapest. El 19 de marzo de 1944 cuando las tropas alemanas invadieron Hungría, el Primer Ministro Miklós Horthy ordenó la detención de Ferenc Szálasi y aprovechó la simultánea penetración de las tropas soviéticas en el territorio húngaro para fi rmar un armisticio entre Hungría y la Unión Soviética. Silvester con Kopel y 12 jóvenes partisanos que habían sobrevivido a las vicisitudes de cruzar Checoslovaquia, y arribar a la frontera de Hungría lograron esconderse en la periferia de Buda. Habitaron durante varias semanas en alguna de las casas destruidas en las afueras de la ciudad, hasta cuando Kopel logró hacer contacto con el doctor András Joséf, conocido como “el Dr Fisch” quien luchaba en la clandestinidad y sostenía una secreta red de “hogares sionistas”. En aquellos días, los alemanes lanzaron la Operación Panzerfaust sobre Budapest, y mientras agentes secretos germanos secuestraban al hijo de Horthy forzándolo a deponer el gobierno y abdicar, el 3 de noviembre Ferenc Szálasi fue nombrado Primer Ministro y jefe de Estado. Aún cuando ya la mayoría de la población judía de Budapest había sido enviada a campos de concentración, con Szálasi como aliado de Alemania, se incrementó su persecución y deportación de los aún residentes en aquella ciudad en ruinas. Guarecidos en las viviendas marginales de las estrechas calles de Buda, Kopel y 5 de los jóvenes expartisanos lograron acercarse hasta el refugio del Dr Fish quien mantenía escondidos en los sótanos de un asilo psiquiátrico abandonado a una docena de niños sobrevivientes de familias judías desaparecidas. Allí se refugió Silvester con otros huérfanos a quienes Kopel dejó en las manos del rabino András para no volver a aparecer. Nunca más supieron de él. Los puentes sobre el Danubio habían sido destruidos por los bombardeos, y Buda, se hallaba separada físicamente de Pest, donde se había establecido una concentración de judíos protegidos, en un recinto denominado El Ghetto Internacional de Pest, para resguardar y dar cobertura diplomática a una pequeña parte de la población judía. No obstante, durante esos meses del gobierno de Szálasi, la SS actuaba impunemente y desde Budapest Eichmann deportaría más de 50.000 judíos especialmente durante el invierno enviándolos a la frontera austriaca para construir fortificaciones que intentaban detener el avance soviético. No sería sino hasta el 13 de febrero del año 1945 cuando finalmente las tropas soviéticas penetrarían en Budapest. Gracias el doctor Frigyes Görög quien se encargó del Comité Nacional de ayuda para los niños judíos, Silvester salió del refugio del Dr Fish para llegar hasta el geto de Pest donde sería ubicado en un listado de niños judíos huérfanos refugiados y listos para salir de Hungría vía Yugoselavia, con destino a Palestina. El año 1946 se decidiría su destino al ser enviado a través de Zagreb para hacerse a la mar en Dubrovnik. En esa ciudad amurallada, cuyo nombre era Ragusa también conocida como la Atenas del Adriático, su suerte habría de cambiar. Adoptado como un hijo por la familia del doctor Ángelo Cohen, un médico quien recetaba a sus enfermos y asistía diariamente al hospital de Ragusa donde luchaba para emular a sus ídolos Ignacio Semmelwis y Louis Pasteur, se quedaría Silvester para vivir en su casa cuidado por su esposa Simona y sus dos hijas ya adolescentes quienes lo
estimularían para que se incorporase a aprender un oficio al cumplir el rol de ayudante del doctor Cohen. Todas estas sentidas y en ocasiones trágicas peripecias en la vida de Silvester Korzeniowsk las conozco en detalle porque hace muchos años que él personalmente me las relató y tuve buen cuidado de apuntar muchos nombres de sitios y de personas pensando que serían importantes si alguna vez su pasado regresaba y se inmiscuía en su plácida vida en estas regiones tropicales. Afortunadamente esto nunca aconteció. Es decir, quizás hasta el final…
Nadja Kovac nació en las afueras de Zagreb en el invierno del año 1938, su padre tenía una pequeña granja en el campo donde vivía con su mujer y tres hijos. Nadja fue la primera niña en aquella familia de campesinos croatas, muy católicos. Desde siempre, un ambiente hostil acompañaría a la niña como consecuencia de la guerra y curiosamente éste pareció estar relacionado con su condición religiosa. Por ser croatas y católicos practicantes, paradójicamente no se hallaban en una situación de paz y de amor. La presión que el gobierno regional, comandado por serbios religiosamente ortodoxos, ejercía sobre los campesinos croatas se hizo insostenible y los Kovac terminarían por perder su casa y su tierra. Nadja vería como las posesiones de su padre fueron confiscadas para resignarse toda la familia a vivir en las zonas marginales de Zagreb. Durante la invasión de Alemania, su familia comenzaría a ser diezmada, inicialmente fallecería uno de los hermanos y tuvieron que emigrar todos a pueblos vecinos. La invasión alemana a los territorios de Yugoslavia, fue cruel, especialmente con los judíos pero también fue valientemente rechazada por el pueblo quienes repelerían a las fuerzas de ocupación en las ciudades. En una de estas escaramuzas moriría el padre de Nadja. La persecución en los pueblos les llevó a las montañas. Allí, la resistencia partisana organizada y dirigida por Josip Broz Tito mantendría una confrontación armada permanente hasta que al fi nal de la guerra y apoyado por el partido Comunista, Tito consolidaría La República Popular Federal de Yugoslavia. En 1945 sería elegido primer ministro de esa nación. Nadja escapó de las zonas de guerra logrando con su madre y dos de sus hermanos menores emigrar hacia el sur. A las calamidades de la guerra se le sumarían enfrentamientos con algunos grupos de judíos ya perseguidos por los nazis y con los bosnios por diferencias con su religión musulmana. Finalmente, escapando, Nadja con su madre y sus hermanos llegarían a Dubrovnik durante el invierno del año 1949. Ese año se desataría una epidemia de escarlatina en Zagreb y el doctor Angelo Cohen con su joven ayudante Silvester Korzeniowsk viajarían hasta la ciudad capital para atender algunos de los más de 3.000 casos de pacientes febriles. Los cultivos de los estreptococos que realizaba el doctor Cohen dieron mucho que hablar puesto que en esa época se ensayaba por primera vez la aplicación del descubrimiento del profesor Alexander Fleming, un hongo para combatir a los cocobacilos responsables de la escarlatina. La penicilina había sido preparada en forma cristalina en los Estados Unidos y desde 1943 comenzaba a exportarse a Europa. Cuando Silvester y su padre adoptivo regresaron a Dubrovnik ya la decisión de que el joven debería estudiar medicina en Italia, estaba tomada. Silvester había desarrollado unas habilidades increíbles sobre diversos temas médicos y también era un apasionado por las historias que su padre adoptivo le relataba sobre la cacería de los microbios. El doctor Cohen le recomendaría entusiasmado que estudiara formalmente medicina, de tal modo que activó sus contactos para ayudar al muchacho. El doctor Angelo Cohen movilizó algunos amigos en diversas organizaciones sefarditas, y éstos decidirían llevar a Silvester por mar hasta Venecia y desde allí a Padova, donde habría de matricularse en la facultad de Medicina de aquella famosa Universidad. Nadja y su madre regresaron desde Dubrovnik a Zagreb en 1950. La joven reanudaría sus estudios en esa ciudad. En 1954 Nadja de 16 años emigraría a Italia con su madre. Para la época uno de sus hermanos menores había fallecido y la señora Kovac trabajaba para mantener a Nadja y a Nicolai haciendo bordados multicolores en pañoletas que vendía a determinados comerciantes. Inicialmente vivieron en Venecia y luego se trasladaron a Florencia. Nadja hizo algunos trámites para intentar inscribirse en La Escuela de Arte de la Universidad de Zagreb al año siguiente, pero no lo conseguiría. Finalmente se mudaría con su madre desde la población de Lucca a la ciudad de Padova donde la joven comenzaría a trabajar en un café cercano a la Universidad. Nadja sentía que tenía que ayudar a su madre, quien parecía haber comenzado a perder la vista. Silvester conocería a Nadja en 1955, cuando ella era una rubita mesera de 18 años en el café La Taverna, un sitio frecuentado por los estudiantes de medicina donde se cenaba y se bebía cerveza por un precio muy reducido. Tras unos meses de galanteo y sueños que para el estudiante de medicina eran tórridas pesadillas, Nadja accedió a salir con él y meses más tarde terminarían viviendo juntos en una buhardilla donde Silvester estudiante ya del tercer año de medicina continuaba apasionado por el tema de los microbios soñando quizás con poder dedicarse por entero a la bacteriología.


***

Muy temprano en la mañana del día sábado 4 de diciembre, el profesor Arístides Sarmiento llamó por teléfono a Víctor Pitaluga. Arístides había dormido mal. Le costó conciliar el sueño, probablemente estaba preocupado después de que el presbítero Omar Yagüe Oliva dejara su casa casi a las dos de la madrugada. Le vio partir en su auto y se quedó en la puerta mentalmente regresando a todo cuanto había sabido esa noche, no solo sobre el problema moral o psicológico del cura, también sobre los hallazgos de Zacarías y sobretodo le mortificaba pensar en lo que Pitaluga y sus amigos veterinarios pudiesen encontrar en la isla. El profesor sabía que Brinolfo y Sergio con seguridad acompañarían a su joven investigador. Víctor Pitaluga era su estrella, la esperanza de la continuidad hacia el futuro de las líneas de investigación ya profundizadas por experto microbiólogo Silvester Korzeniowski. Después de que él y Korzeniowski se negaran a recibir ayuda de los investigadores de la Universidad de Columbia, Arístides sabía que sus pares gringos estaban en una carrera contra el tiempo y presentía que Silvester y Víctor en el bioterio de La Cañada de Urdaneta estaban lo suficientemente adelantados como para resolverlo todo en un par de meses. Para el año 2012, ya habían decidido que los resultados los presentarían en el Congreso Internacional de Microbiología en Atlanta. La gente del CDC se quedará boquiabierta. Esto le había dicho a Silvester un par de días antes, y ahora temía por Víctor al escuchar como el teléfono repicaba sin que nadie tomase la bocina. Víctor respondió. Estaba en la ducha y no escuchaba, le dijo a su jefe. Arístides brevemente le advirtió sobre lo peligroso que podía ser la incursión que pretendían llevar adelante en la noche y le sugirió a su joven investigador que le parecía preferible “abortar el plan”. Eso le dijo pero Víctor no quiso darle oídos a su advertencia. Ya casi estamos de salida, le explicó al profesor. Olvídese, pues tomaremos todas las precauciones necesarias, nadie se va a enterar. Cuando Arístides le habló sobre los túneles, Víctor le dijo que ya Rubén le había dado todos los detalles y que él prefería pensar que no eran reales, pero que al día siguiente, ya regresarían para contarle todo cuanto hubiesen encontrado. Finalmente Arístides se tranquilizó a escuchar que Ruth no les acompañaría, ella tenía que hacer la necropsia de un par de cachicamos que seguramente morirían el mismo día sábado, o tal vez el domingo en la mañana. Están agonizando. Esto le dijo Víctor a su jefe antes de despedirse.


***

A las 10 de la mañana del sábado 4 de diciembre, todavía Omar Yagüe Oliva no parecía tenerlas todas consigo. A pesar de dos pepas de Benzodiazepina que se tragó con agua al llegar en la madrugada desde la casa del profesor Sarmiento, había tardado varias interminables horas en conciliar el sueño. Ahora despertaba sin poder precisar si su mortificación mayor era el dolor de cabeza, o era Cheo su dolor de cabeza que le mortificaba y en ese conciliábulo interno andaba cuando decidió levantarse, darse un baño y llamar por teléfono a su atormentador “socio”. Pero José Luís Ortega, alias “Cheito”, no aparecía ni en sus celulares Nokia y Motorola, ni tampoco en su fl amante Blackberry. Comenzó a desesperar ante la imposibilidad de localizarlo. Era como que si él estuviese desaparecido, e indudablemente, pensaba Omar, ese demonio se me está escondiendo. El presbítero Omar vivía en una pequeña casa de la Urbanización “El Naranjal” desde hacía ya unos cinco años. Fue cuando Cheo decidió que era mejor que el párroco, se mudase de la casa parroquial a una urbanización pequeña y más tranquila y le ofreció una vivienda de dos habitaciones que había recibido poco antes como herencia de un tío suyo ya fallecido. La casita casi que ni se veía, oculta tras una tupida cerca de cayenas rojas y amarillas. Cheo, para la época argumentó que mudarse era una necesidad impostergable para Omar, puesto que en su parroquia, los feligreses y sobretodo los vecinos ya organizados en Consejos Comunales, no le dejaban vida al cura. La casa del difunto tío, les permitía a ambos poder descansar y escapar de las obligaciones y compromisos parroquiales que permanecían siempre alborotados en el sector donde había residido Omar durante casi dos décadas. Por otra parte, gozaban de una increíble tranquilidad, los vecinos nunca habían interactuado con quienes entraban y salían aparentemente sin horarios preestablecidos, por lo que la casita de “El Naranjal” era para Omar su “sancta sanctorum” y más musicalmente hablando para Cheo era el “Hernando´s hideaway” de ambos. La necesidad de esa huída, que les llevaba a encapsularse y apartarse “del mundanal ruido” le decía Omar a Cheo, que era aquella una condición necesaria para protegerse de la envidia y la maledicencia de quienes andaban tras sus siempre exitosos y productivos proyectos, los mismos que habían hecho de él casi una mítica fi gura como el empresario religioso más pujante de la región. Esa, la de “El Naranjal”, sería la dirección que Cheo Ortega le daría al moreno y gordo Germán Pinilla la tarde de ese mismo día sábado, para que pudiese buscar y ubicar con calma la otra mitad de la “boloña verde” que habría de valer para que en la noche se diese la negociación perfecta con los hombres del cartel que habría de cuadruplicar los billetes norteamericanos, los de un verde limón.


***

CONVERSACIÓN TELEFÓNICA entre Cheo Ortega y el General Alcides Henares (X) el día sábado 4 de diciembre a las 9:30 am

–Coño Alcides, te llamo para informarte que el Omar, como que nos quiere cagar la jaula.
–X… –¡Si güón!, cuando ya teníamos la verga papita, ha venido este carajo con que, que si tú, y que si yo, y no se que más vergas, como si esta mierda fuera una marisquera de amiguitos, ¡que cagada!, y es que ya lo que consigue con esas güevonadas es sacarme la piedra.
–X… –Sí, sí.
 –X… –Pero es que ¡a que a estas alturas del partido!, ¿cómo se va a poner el hijoeputa a formarme peos?, ¡a mí!, como si antes no hubiésemos acordado nada, ¡somos socios, verga! Yo te lo he dicho…
–X… –¡Ah verga sí!, de bola que sí, es que…
–X… –Verga vino a formarme semejante peo, porque le removí los cobres, por esa huevoná, como si la boloña no fuera de ambos, y pa mí que es como que no cree que la vaina va, el gran carajo ahora como que no sabe o es que no cree que la movida es de pinga.
–X… –Ya sé Alcides, sí, ya lo sé. Es que yo tuve que explicarle que…
–X… –Ajá, Ummhú…
–X… –Mierda, y con todo ya listo, ¡que cagada!, yo no sé que culillo le ha entrado a ese güevón…
–X… –Sí coño, sí. Pero Alcides es que…
–X… –Verga sí, pa mí que el marico está cagao, como que ahora se quiere echar patrás, miedo a las narcovainas dice él, pero yo se lo repetí, no se puede poner ahora con vergas raras…
–X… –Hoy mismo es que me doy de cuenta que, que siento que Omar está de verdá tratando de salirse, y pa mí que lo que está es recagao.
–X… – ¡No Alcides, no!, pero…
–X… –Ajá, así es.
–X… –Es un peligro sí.
 –X…–De bola, pero y ¿qué vamos a hacer entonces con ese idiota? –…
–X… –Sí Alcides, sí, pero ya va…
–X… – ¡No coño no!, es mejor esperar…
–X… –Si Alcides, pero, ¡verga Alcides!, tampoco se puede…
–X… –Tranquilo que yo puedo hablar con él otra vez.
–X… –Bueno puede ser buena idea, eso de la vigilancia, sí, es que…
–X… –¿El gordo Pinilla?
–X… –Coño Alcides, pero cuidao, ve que nos podemos complicar más. Ve que esas vainas no pueden hacerse a lo loco.
–X… – Bueno, sí, el gordo…
–X… –Yo hablo con él, ese coñoemadre, sí claro que él es capaz de sacarle la mierda a cualquiera…
–X… –Sí, si a cualquiera…
–X… –¡Ya va!, pero…
–X… – ¿Qué parezca un atraco?
 –X…–Limpio e bola lo puede dejar. Yo le hablo, sí…
–X… –Será lo mejor. Ajá…
–X… –Yo mismo llamo a Pinilla.
X –… –Si, no hay vergas, es mejor que resuelva, si, pero temprano…
–X … – ¡Ajá!, yo lo mantengo en su casa.
–X… –Que me espere, si…
–X… –Sí, ¡mierda!, pero yo te llamo, sí.
–X… –Dame hasta esta noche, temprano sí, solo así, te juro que antes de las nueve te informo, con seguridad…
–X… – ¡Verga sí¡ Yo te aviso Alcides, ¡coño!
–X… –No podemos precipitarnos, tranquilo, que pa mañana tendremos todo listo, gracias a la boloña…
–X… –Como una maquina de multiplicar, sí, de bola. Hasta la noche, sí…
–X… –Te aviso pues, está bien…

martes, 8 de abril de 2014

Primera parte del CAPITULO 12 de "El año de la lepra"



El año de la lepra
 Jorge García Tamayo, 2011
Capítulo 12
Con la partida de Ruth hacia la capital, tras la muerte de su madre dejé de visitar a los Romero. Rubén se había marchado a estudiar en los Estados Unidos y yo volví a caer en mis tempranos conflictos existenciales. Había abandonado el Derecho para estudiar solamente Letras, por lo que estaba consciente de que las perspectivas de ganar dinero cuando me graduase no eran muy halagadoras. Me tracé como meta, la búsqueda de horizontes que quizás me abrirían una carrera como escritor, así que me inicié con la escritura de historias cortas sobre personajes comunes, logré un espacio semanal en uno de los diarios locales y más en serio redacté algún ensayo sobre la literatura en general. La lucha mía personal estaba planteada en lograr donde publicar. Por otra parte, busque compartir mis inquietudes con algún ser que me pudiese tomar en cuenta seriamente. Si hubiese sido bebedor creo que me habría transformado en un borrachín, lo digo porque fueron bastante los tropiezos y en aquellos meses cuando tuve que lidiar con un par de compañeros en situaciones similares, pensé en aquello de “somos burros del mismo pelaje, nos juntaremos para rascarnos”, puesto que algunos lidiaban con problemas personales difíciles, problemas con chicas o con mujeres ya mayores, cuyos desasosiegos llegaron a inspirarme temor y afortunadamente me valieron para crear algunos personajes de mis breves narraciones, algunas de ellas, por cierto, por allí han sido publicadas más como ejercicios narrativos que como verdaderos cuentos. La literatura se transformó para mí en un credo y leyendo y garrapateando cuartillas, durante varios años, mientras era estudiante y más tarde, los que pudieran parecer de bohemia siento que en medio de la desesperanza y la irresolución los disfruté ad libitum. Es posible que todas estas cosas, hayan hecho de mí un tipo con más cerebro e imaginación que un hombre de acción y con gran arrojo personal, y esto lo pensé especialmente cuando me tocó enfrentar situaciones reales, esas que son comunes para sobrevivir, como pagar una renta y comprar comida con un exiguo salario. Me hacían mucha falta los consejos de Carmen Luisa. ¡Cuanto me hubiese ayudado para adquirir cierto grado de seguridad en mi trato con las mujeres! Acepto que mis intentos de conquistar a jóvenes féminas durante mis estudios y en ocasiones después, fueron fallidos, no creo que haya sido por mi físico, no soy un Adonis, pero tampoco era un adefesio, pero así fue como marcharon las cosas para mí. Llegó el momento de tomar una trascendental decisión y, luego de pensarlo y madurarlo durante varios años, me lancé a la aventura de la conquista de la pequeña Ruth, a corto plazo y resultó ser casi como la captura de el vellocino de oro y para rematar la jornada con nuestro regreso a una Itaca de fuego, retorno éste que transformó mi vida, y la de ella también, en un oasis casi paradisíaco, que solo comenzó a ensombrecerse, y así lo asumo, cuando comencé a ser asediado por el demonio de los celos.

Retazos del diario de Ruth
4 de marzo, 2002: Querido diario, ya contigo no es aquella, mi vieja relación diaria, la de mis situaciones, ya no sé si escribo para mí, o para ti, y si algunas veces me falta tiempo y dejo pasar los días y hasta transcurren semanas antes de regresar a ti, debo confesarte que en ocasiones me ha provocado dejarte tranquilo, definitivamente. Pero no te abandonaré de nuevo, es una promesa. Las cosas, podría decirse que andan bien, por un lado, en el trabajo con el profesor Korzeniowski, que es algo subyugante, estoy aprendiendo cada vez más. El manejo de los animales y los experimentos con la cuantificación de los bacilos de lepra, con datos novedosos. Me da la impresión de que estamos encima del mycobacterium leprae una bacteria que no es cultivable y de allí las  dificultades para su investigación. El examen de la respuesta en los diferentes hospederos tiene que ser la manera lógica de comprender como funciona la bacteria, de conocer su genoma y de cómo los proteosomas crearán los mecanismos de resistencia microbiana que deben existir para diversas cepas. Éstas variables estarán dentro de cada bacteria y dependerán del genoma de las mismas. Creo que eso lo estamos percibiendo cada vez con mayor claridad. Hemos comenzado trabajando con las almohadillas plantares de ratones y a estos los estamos sometiendo a diversos procedimientos para alterar su respuesta inmune. Todas estas ideas las ha venido madurando mi admirable maestro, el gran Silvester Korzeniowski. En medio de estas razones de trabajo, están las noticias de las cosas que nos suceden en el país, ¡un desastre!, con todos sus alborotos. En la capital, la plaza de Altamira es un foco de disturbios, allí se están reuniendo muchos militares que han decidido renunciar a sus
cargos antes de continuar acatando las ideas del presidente. Creo que sus promesas de perdón y de bondad que él ha expresado no se ven muy claras. Como me gustaría que pudiésemos trabajar en paz y publicar nuestros resultados pronto.

9 de abril, 2002: Querido diario, ya esto no es un diario, parece más bien un parte de guerra. ¡¡Que locura!! Desde el pasado mes de marzo comenzaron a desertar varios militares, ellos se agruparon en la plaza de Altamira de Caracas, y por las noches la gente iba a ese sitio donde se han organizado, hasta vigilias. La gente reza para que las cosas cambien. No sé si esto servirá de algo, papaíto piensa que lo que hace falta es gente con guáramos y él opina que los militares hacen mal en desertar. A pesar de la inestabilidad política que existe desde que comenzó este año, se han reiniciado las marchas, sobretodo en la capital, la gente marcha, llenan las autopistas y las calles ya casi todos los fines de semana, cientos, a veces miles de personas que no están de acuerdo con lo que está haciendo el gobierno. Casi como una consecuencia de
estas cosas el presidente, nada más que anteayer, el día 7, despidió a los gerentes de PDVSA. Lo hizo de una manera cruel, yo diría que fue grotesca e irreverente, por la televisión, como si fuese él un referí de un juego, tocaba un pito como si estuviese en un partido de football y gritaba, ¡fuera! Tan solo dos días han pasado desde que el presidente despidió a los gerentes de PDVSA. Rubén está muy preocupado, él esta sindicado en su trabajo como ingeniero petrolero, y parece que sus opiniones son contrarias a los intereses de algunos políticos que siguen líneas de una nueva gerencia. Rubén está muy bien formado y ocupa un alto cargo en la industria petrolera pero no sabe si a él también lo quitarán de su posición. Es mi hermano mayor, ya casado y con hijos, mis sobrinos lindos, se preparó muy bien en los Estados Unidos, tiene miles de cursos, para mi él es un súper experto en petróleo, y está mal pues se siente en una situación muy inestable. Se han intensificado las marchas y se está convocando a un paro General y a una gran marcha para el 11 de este mes. Mi trabajo en el laboratorio continúa increíblemente interesante, cada vez vamos a cosas más complejas sobre los bacilos de Hansen. Hay cosas nuevas que estamos conociendo sobre el corynebacterium leprae. Víctor ha regresado de la capital, y de inmediato aunque todavía no es oficialmente, ya sabemos que ingresará en el personal del Instituto que conduce el profesor Sarmiento. Él se ha incorporado también al trabajo de investigación con el profesor Silvester Korzeniowski. A mi me ayuda en los experimentos con los cultivos de los bacilos en las almohadillas plantares de los ratones. Brinolfo ha logrado desde finales del año pasado un cargo en el ICLAM, su trabajo es sobre la contaminación del Lago Coquivacoa y los peces. Brino me cuenta que hay mucha gente y poco trabajo, cosas de la política, el director ya no es un científico, es un militar. Alejo no quedó en la secretaría del Colegio y eso lo ha golpeado, estaba muy seguro, no se si fue la política que intervino, pero perdió. Ha reiniciado sus dudas sobre Víctor y mi trabajo. Es algo que no quiero comentar, pero aunque me parece una tontería, en el fondo me preocupa, por él, es decir, por ambos. Está escribiendo de nuevo sus historias, relatos cortos les llama él y yo creo, lo siento, me parece que estas absurdas mortificaciones pueden entorpecer su labor creativa. Yo lo incentivo, cuando quiere me deja que lea sus manuscritos, pero algunas veces anda como un cascarrabias. 15 de abril, 2002: Escribo muy brevemente para resumir una verdadera tragedia nacional. Es para no creer lo que nos está sucediendo. En la capital, hace unos días tan solo, el 11 de este mes, hubo una gran manifestación pública, millones de personas avanzaron hasta el palacio presidencial y hubo una matazón, dicen que fueron francotiradores, pero fue algo horrible, dantesco, disparos y muertos se sucedieron y una podía ver por la TV como iban matando a la gente. Tipos disparando sus armas contra quienes manifestaban, militares disparando como no lo habían hecho desde el Caracazo, era algo increíble, muy triste y se veía todo por la televisión. Al anunciarse que el presidente había renunciado, aparecieron unos militares y unos tipos que parecían banqueros, enfluxados, y decidieron montar un nuevo gobierno pero tan solo unos días después, ya el 13, otros militares se alzaron también y trajeron de vuelta al presidente quien apareció en la tele con un crucifijo en la mano ofreciendo perdonar a todos. Rubén con su mujer y sus hijos se vinieron desde Lagunillas y están viviendo en la casa grande.

20 de julio, 2002: Sergio se comprometió con Zulay. Desde finales del año pasado ya eran novios formales y piensan casarse en unos meses. Bueno, eso dicen ellos. Es que las cosas no andan muy bien. Después del golpe de Estado, todavía hay quien dice que no fue tal golpe y siguen creyendo que todo fue una maniobra, un “autogolpe”, sobretodo, está el tema de la Renuncia, que no es la de Andrés Eloy Blanco, más bien otra que dijo un militar del alto mando, “se le solicitó, la renuncia la cual aceptó”, pero después, reapareció y aquí lo tenemos, como si nada hubiese acontecido y una tal “Comisión de la verdad”, no se concreta, de tal manera que parecemos vivir de puras mentiras. Rubén está atravesando graves problemas en su trabajo. Alejo ha comenzado de nuevo con las peleas al saber que trabajamos juntos Víctor y yo, por más que le explico que es todo su imaginación y que no hay nada entre nosotros. Me asusta solo pensar en proponerle ir a la capital de nuevo para completar la maestría que dejé pendiente y en la cual el profe Korzeniowski cree que podré ayudar a plantear alguna de sus locas teorías sobre la respuesta de cultivos de células de Dasypus ante los bacilos. Ya veremos, pero dudo que Alejo me acepte la idea.

16 de septiembre, 2002: Un día ocurrió algo tan espeluznante que llegué a pensar que el mundo se acabaría pues se tendría que desatar una guerra atómica y toda la humanidad habría de perecer en cuestión de días. Se produjo un atentado terrorista en las torres gemelas de Nueva York, el día 11, hace cinco días y ya sabemos todos que fueron terroristas árabes, lo que parece querer decir que El Islam le está declarando la guerra al mundo cristiano. No se, pero ahora que han transcurrido varios días, y el mundo todavía no reacciona ante el horror de lo que este crimen ha significado. Parece una crueldad pero hay quienes ven con beneplácito que a los Estados Unidos les esté sucediendo algo así y esa actitud, a mi en particular me parece fatal, me suena a fanatismo, a odios reconcentrados, a reconcomios que se basan seguramente en equívocos, o en ideas aupadas por quienes solo tienden a crear maldad y desgracias para todos en este mundo. Para hablar de algo menos cruel querido diario, Eusebio está modificando la casa, eso le entusiasma, pero en el fondo veo que su intención es alojar a Rubén y a Mayra y sus hijos, puesto que ya está en una situación ambigua, como si no pudiera hacer nada en su trabajo. El presidente no ha modificado en mucho su conducta agresiva. Rubén siente que lo van a botar de PDVESA y está muy preocupado. Él cree que lo van a despedir, ya que ahora tienen un nuevo gerente.

10 de diciembre, 2002: Se veían venir cosas muy graves y se produjo un paro General auspiciado por la llamada Coordinadora Democrática, los partidos políticos, la iglesia, Fedecámaras, y el grupo de directivos despedidos de PDVSA denominado “la gente del petróleo”. El paro se inició el 2 de diciembre. Todos los trabajadores de PDVSA se sumaron al paro. El 5 de diciembre la tripulación de un buque petrolero, el “PilinLeón” también se declaró en paro. Se ha paralizado la industria petrolera. En la noche del 6 de diciembre hubo una plomazón en la Plaza de Altamira, tiros, con varios muertos y ahora dicen que un portugués loco es el culpable. Su apellido es Gouveia, y el presidente se refiere a él como “el caballero”.Todas las televisoras muestran estos horrores. Al “caballero Gouveia”, ya lo han puesto preso, tras un cruce de acusaciones entre el gobierno y la oposición quienes alegan que Gouveia es un sicario contratado por el alcalde del Municipio Libertador de Caracas políticamente vinculado al presidente. El gobierno comenzó a importar gasolina del Brasil y hay largas fi las para cargar combustible, todo el país padece por esta situación. Hay “cacerolazos” en todas las ciudades en protesta y las universidades suspendieron clases. Rubén ya está fuera de PDVSA.

20 de febrero, 2003: El día 21 de diciembre del año pasado, ya el gobierno había recuperado el buque “Pilín León” y detuvo a los marinos mercantes en huelga. En realidad el gobierno en el mes de enero retomó el control de la industria petrolera con la ayuda de los empleados que no se sumaron al paro. Nos duele mucho todo cuanto nos ha ocurrido, pero se me ocurre que debo decir que a los venezolanos se nos solicitó el paro y la gente lo acató, pero igual que “la renuncia”, nunca se dio. Así que vivimos una temporada de angustia, con una huelga General indefinida por 62 días y sabemos que el país y PDVSA se paralizaron, con luchas en las calles, con marchas y grupos que se pelearon, muchos rumores y cacerolazos, hasta el momento cuando el gobierno el 23 de enero convocó a una marcha de respaldo, la cual fue masiva, de manera que ya el 3 de febrero pudo decirse formalmente que terminó el paro petrolero. El presidente y la industria han despedido ya a entre 15 y 20.000 trabajadores, quienes como Rubén, quedan en la inopia, sin prestaciones, y casi sin opciones, a pedir ni cacao. Así también, indirectamente perdió Brinolfo su cargo. Por hablar en voz alta, fue despedido del ICLAM. Sergio quien insiste en casarse con Zulay pese a toda esta grave situación, logró para Brinolfo unas supervisiones en varias polleras, unas granjas avícolas de amigos y de algún familiar de Zulay que los conocen a ambos, y que tienen sus instalaciones de cría de pollos por la Cañada y en la Concepción…

***
Debo concretar, ahora ya en la distancia de los hechos cumplidos, algunos aspectos relativos a la conversación que sostuve con el presbítero Omar Yagüe Oliva, en mi casa de habitación, la noche del 3 de diciembre del año 2011.            He preferido no hacerlo de manera coloquial para evitar la necesidad de precisar algunos detalles (me temo que si los coloco como transcritos, tal y como fueron expuestos, podrían acarrear inconvenientes futuros a terceras personas). Inicialmente debo expresar que la confesión que me hiciera el padre Yagüe sobre lo que su sobrino Zacarías decía haber descubierto, realmente me alarmó. Los hechos relatados aparentemente trastocaban el futuro de su “Insula Barataria”. Si lo revelado por Yagüe era cierto (y no tenía yo por que dudar de la sinceridad de quien lucía molesto, pero asustado y al parecer contrito), el proyecto del parque infantil en la isla de Lázaros parecía haberse transformado para él en un monstruoso y complejo asunto. (Evidentemente la situación se le escapaba de las manos a quien hasta el momento parecía ser un hábil, perspicaz y siempre efi ciente negociante, el cura Omar Yagüe). Había pactado con una empresa y (aparentemente sin saberlo) les abría un camino expedito a quienes dirigirían la fabricación de ciertos medicamentos genéricos (esto era lo que estaba en el papel) para tener a la mano un orfanato utilizable con fi nes perversos. De allí a lo inicialmente acordado, había mucho trecho. Ciertamente. Era algo desproporcionado, pensar en que pudiese ser realidad la idea de que alguien quisiera utilizar niños indígenas, huérfanos wayúus, con la finalidad de determinar la eficacia de algunas drogas para poder luego comercializarlas con éxito. (Esto era lo que aparentemente, según Yagüe había detectado su sobrino Zacarías y yo no tenía evidencia alguna que me llevase a ir más allá como para plantearme asuntos relacionados con el plutonio o con la energía nuclear). Tal vez Omar tenía razón al acusarme de ser un fanático contrarevolucionario, enemigo de la robolución en la que supuestamente él creía. No podrás tú, aseverar de momento, si de veras el profesor Arístides había aceptado tu historia. Tú mismo inicialmente no habías creído en Zacarías y solo fue después que te diera a leer la traducción de los protocolos de experimentación sobre diversas drogas, cuando aceptaste la verdad. A pesar de las irónicas insinuaciones del profesor Sarmiento y sus eternas críticas sobre tu proyecto, te parecerá que luego de haberte escuchado con atención había creído en ti y sus palabras seguramente fueron sinceras...
Esto, de un proyecto para aprovechar niños huérfanos para experimentar, a mí, a Arístides, me sonaba como algo ruin, casi insólito, y era justamente lo que aquella noche parecía haber llevado al presbítero Yagüe hasta mi casa, en medio del desespero que lo embargaba luego de de la lectura de los documentos confidenciales traducidos y facilitados por su sobrino Zacarías.
… Preferirás tú, pensar que Arístides, el profe, estuvo más proclive a creer en ti, pero luego tú dudarás y regresarás a preguntarte si por el contrario, él no podría jamás creer en tus palabras. ¿Por qué habría de hacerlo? Él, quien durante años fue tu más decidido adversario, el contestatario opositor de tu proyectada isla de la fantasía, de aquella jauja para los niños, una esperanza de felicidad para los huérfanos, wayúus…
Creí de momentos entender la angustia del cura Yagüe, aunque debo
confesar que no me conmovió (es posible que las diatribas sostenidas previamente con él, durante el curso de varios años, me forzasen a verlo como un personaje poco confiable). Yo le veía como el tipo que clásicamente denominamos “el vivito criollo”, aprovechador de oficio, de apariencia correcta
y hasta circunspecta, pero siempre listo para lograr beneficios económicos en cualquier situación que se hiciese presente. Lamentablemente, esa era la fama que le precedía.
Tú calcularás de momento como habrías podido padecer con terribles consecuencias, por el hecho, tal vez estúpido de haberte atrevido a abrirle tu corazón al profesor. Te preguntarás por tu actuación previa ante el profesor Sarmiento, frente a tu implacable perseguidor, llegaste y lo hiciste. ¿Habrá sido un error? Pero hablaste, sucedió, fueron hechos cumplidos. Entonces, ¿habías acaso claudicado ante tu peor enemigo?, y seguramente esa habrá de ser tu estocada final, con toda seguridad… Tú lo pensarás y te convencerás de que has cometido un error garrafal...
Atormentado lucía Omar quien realmente parecía vivir una situación crítica. Arrastraba la fama de ser un pequeño Midas criollo pero las cuentas no parecían haberle cuadrado bien en el negocio en que se encontraba inmerso.
…Tú regresarás entonces a buscar el hilo negro en la estopa de tus desdichas y no cesará tu mente de volver y volver sobre la figura del General retirado Alcides Henares. Le verás como es él, ¡un muérgano podrido en cobres!, y le dedicarás por instantes especial atención a la imagen de tu amiguito, desdibujada ahora cuando te has enterado de que no le han bastado tus confidencias. Comprenderás ahora, tristemente, cuanto representó todo tu negocio para él y te dolerá su doblez, ¡cuanto ha valido todo para postrarse ante el General! Como uña y mugre, así son, y recién te enteras, tú, ¿y él?, quizá más mugre, o ¿el General mismo?, tan mugre como él, y así, amargamente tendrás que aceptarlo, esta es una nueva pero tremenda percepción, aparentemente ya bien consolidada, a tus espaldas, este viceversa canallesco, es un golpe bajo a tu proyecto, al tremendo negocio de la isla, mas sobretodo, a tu amor propio, a tu amor, que se torna en temor ahora, precisamente en este momento cuando sientes haber flaqueado emocionalmente, cuanto te has expuesto, te has abierto de par en par ante tu enemigo, sin pudores, y es ahora cuando pareces haber captado como se te está desmoronando todo, cuanto posees, cuanto escondes y lo que conoces. Tal pareciera, cual si todo se desbaratase ante ti. Las malas noticias te encuentran inerme y es que recién captas cuan metido estás, hasta el cuello, y sin poder escapar. No hay remedio y creerás escuchar un susurro profundo, ¡no hagan olas!, el pleamar de las excretas, un sube y baja, y todo parece presagiar que irá en ascenso. Comprenderás que si de momento tomas aire, pronto ascenderá la marea y estarás solo, porque ya lo sabes, tu Cheo te ha volteado. Tú dirás para tranquilizarte, que no es nada nuevo, que los negocios de ambos siempre fueron turbios, y no por eso te desconcertabas, pero ahora, si de algo estás seguro, es del camino que ha elegido tu amiguito con su socio, él quien conoce el jardín donde están sembradas tus lechugas, lo sabes, solo él conoce tus intimidades, y ahora sucede que no estás tan seguro de su cariño, que los años de amistad, de estar regando tus jardines, al fi n y al cabo, una amistad entregada a confidencias siempre puede correr ese riesgo, lo repites para ti, todas las acciones, tantas, resabiadas, las buenas y las malas artes, a la perfección, ambos las han vivido así como las ha denominado él mismo, hasta “la intimacoya”, compenetrados, hasta “los tequeteques”, ¡tan ocurrente Cheo!, los billetes del Tío Sam, nuestras lechugas como les dice él, pueden correr peligro, y al recordar sus carcajadas, no podrás olvidar que Henares tiene demasiado poder. Pero no terminarás de creerlo, ¿que ha sido de él?, él tan chispeante, tu JoséLuisito, mi Cheito como le llamas tú, cariñosamente, en la intimidad de ambos, esa amistad profunda que de momento parece ya no valer un céntimo, ahora tras tantos años de chismes y de secretos grandes, de secretitos menudos, tras años de proyectos comunes, de cariño y de respeto mutuo, él… Resulta que es ahora, precisamente cuando recibes el golpe de la traducción de Zacarías, ahora mismo es cuando te enteras de como es la cosa. La verdad. Recordarás de momento una frase del primer mandatario, “nada es más peligroso que la verdad”. Comprenderás que el buen Cheo tiene también sus conexiones, tanto aprecio, tan especial, “la intimacoya” de él, y te dejó al descampado, y es recién cuando captas como las cosas se venían sucediendo desde un tiempo atrás, con sus contactos, los de él, ellos quienes tanto les han ayudado, él quien sabe codearse con los tipos más aguerridos, él, tu Cheo, ahora cuando ha quedado expuesto ante ti. Sin remedio. Rebobinarás entonces tus ideas y en medio de tus recuerdos las evidencias surgirán por si solas. Desde el momento mismo cuando logró afianzar su conexión con el General Alcides Henares, Alcidito como te lo nombró una vez él, cuadró todo el negocio y te dejó entendiendo. ¡Como una guayabera! Tu amigo del alma. ¡Maldición! Con tantos malandros malvivientes como los que él se gasta, el mismísimo Cheo, ¡la partidapatrás!, ¿como podías tú imaginarlo?, ¡y claro está, habría de ser con el propio Alcides!, a ti te consta que entre los compinches de José Luís hay mucha lacra, tipos del bajo mundo y tú que le has visto codearse con ellos, los choros de Cheo, te obligan a caer en una de terror, él puede ser capaz de cualquier cosa y tú, tú estás crisiándote, habían sido ellos por lo demás y para ambos, siempre, como una especie de seguro, tranquilidad comprada, “full estabilidad”, protección para los dos, así les veías tú, eso te decía él, una mampara, viéndolo bien, no es cualquier cosa haber contado con tamaña protección. Pero esto es otra cosa. Son ambos dos, son Cheo y Alcides juntos, ellos están encompinchados… Por eso… ¿Que dirán ellos si llegan a saber que has recurrido al profesor?, ¿que te acercaste a Sarmiento? ¿A llorarle? Acaso, ¿se te ha ido la lengua? ¿Que te dirá Cheo? La lengua, ida, su lengua…
 
…Tú siempre recordarás Omar la manera como Mamaina te lo dijo. Aquel día ella quiso hacerlo cariñosamente en la seguridad de que serías capaz de entender todo, o quizás de aceptar la explicación del porqué no podías irte a vivir con Renata y sus niñas. Mamaina te había criado como a un hijo, tan amorosamente que en ocasiones te daba por pensar que ella era tu verdadera madre y no tu abuela, por imaginar que Renata era solamente una señora que aparecía a visitarte algunas veces por la tarde en aquel gran auto negro con “chauff eur”. Renata quien desde hacía ya un par de años que se aparecía en la casa de Mamaina con dos niñas bien vestiditas que decían ser tus hermanitas. Tú estabas claro al entender que Mamaina era la madre de Renata y que Lucero y Estrella eran sus hijas y llegaban con ella casi siempre al atardecer cuando ya la neblina había comenzado a descender sobre Táriba. Luego, en la noche, cuando estabas solo, te sentías molesto y regresabas a los sucesos diarios y a las palabras trucadas y a las simulaciones, y te negabas a aceptar que pudiese existir razón alguna que te impidiese salir con ellas y pasear como ellas en el auto negro con “chaufeur”. Cuando terminaba la visita y te abandonaban en la salita para perderse en el zaguán, Mamaina iba a despedirlas hasta la puerta y tú te quedabas malhumorado y rumiando conjeturas. En ocasiones, antes de perderse en la penumbra del zaguán, Renata te miraba de una manera especial que tú juzgabas como de una extraña tristeza y te estrujaba hasta dejarte sin aire y algunas veces llorosa te besaba y te decía mi hijito. Eran esos instante de contacto con ella los que regresaban a ti en las noches trayendo hasta tu almohada su perfume para llenarte de inquietante angustia que terminaba en una rabia sorda e intentabas sofocarla al inventar tú mismo historias disparatadas en la oscuridad de tu pequeña habitación, allí donde veías nacer versiones personalizadas por ti, trasmutado en alguno de aquellos poderosos personajes de los cuentos de hadas y de las vidas de los santos y de los mártires con las que desde muy niño Mamaina te inducía al sueño. Entonces pasabas a ser un caballero de armadura brillante y dorada, de mandoble en mano, quien iba a rescatar a Renata y aniquilaba al “chauff eur” y despachaba a tus hermanitas sin piedad alguna para escapar hacia un reino lejano donde tan solo con Renata y Mamaina podrías vivir en paz. Su perfume era parecido al que exudaban al amanecer las matas de nardos que plenaban el patio central de la casita de Mamaina y tú lo aspirabas soñoliento mientras esperabas, sabías que llegaría un momento cuando las cosas habrían de cambiar, quizás sería ese instante que tu abuela llamaba “el de adquirir el uso de la razón” y aspirabas a que seguramente alguien vendría a ofrecerte una versión aceptable para tu historia personal. Fue Lucerito, en la inocencia de sus cinco años quien te informaría con impoluta claridad, a ti, quien suponías ser tan solo su hermanito mayor de nueve años, la cruda realidad de tu sino. Te enteraste de que tú para ella eras únicamente “su medio hermanito”. Repasarías aquella aritmética absurda por la que no eras uno solo, sino medio, y te preguntabas cuanto serían de ti Lucero y Estrella, quizás un cuarto y ¿cuanto significarías para Rebeca?, ¿una ñinga? Esas “cuentas” que no te cuadraban, te llevaron a exigirle a tu abuela una explicación plausible con toda la seriedad que ameritaba el caso. En la escuela parroquial venías sosteniendo entre tus compañeros la versión de que Mamaina era tu madre y que era “un poco vieja” por lo que había sufrido. Padeció mucho, decías, cuando tu padre se murió “desbarrancado” en los desfiladeros de un páramo andino. Tus amigos del tercer y cuarto grado en la primaria de la escuela del párroco Don Hilarión, te habían comprado la historia, hasta un día lluvioso y gris cuando Mamaina decidió que ya estabas listo para hablarte “como a un hombrecito” y aprovechó para hacerlo en presencia de Don Hilarión quien visitaba ese día la casa de tu abuela. Había llegado en medio de su rutina a tomarse un cafecito, como acostumbraba a hacerlo, un par de veces a la semana. El cura párroco ya conocía de oídos el cuento del “desbarrancamiento” de tu padre postizo y fue muy enérgico al prohibirte continuar “diciendo mentiras”. Mamaina y Don Hilarión insistieron en recalcarte sobre la fealdad del pecado de la mentira y de cómo, si continuabas inventando disparates, podrías perder tu puesto como monaguillo en la iglesia del pueblo. Tras la prohibición de continuar imaginando historias fantasiosas, esa misma noche Mamaina decidió secar tus lagrimones y tras soplarte los mocos, pareció estar dispuesta a sincerarse contigo. Te explicó entonces y en detalle el signifi cado de ser “hijo natural”. Fuiste informado allí mismo sobre la existencia de Don Heliodoro Contreras, el esposo de Rebeca quien no quería recibirte en su casa por la sencilla razón de que no eras su hijo, como si lo eran tus hermanitas, Lucero y Estrella, quienes deberían crecer lejos de ti en aquella casona blanca que habitaban en las montañas frente a San Cristóbal. Comprendiste Omar, que las hijas de Rebeca no eran “naturales” porque ellas tenían a su padre, Don Heliodoro, un señor muy rico y muy bueno quien tenía trapiches y un carro negro muy grande con “chaufeur”. Antes de que pudieses indagar sobre tu padre desconocido, Mamaina te abrumó con las incontables virtudes de Renata y de cuanto sufría la pobre por no poder tenerte a su lado como sí podían hacerlo Lucerito y Estrellita, quienes tenían la suerte de vivir con ella y con Don Heliodoro, el señor muy rico dueño del auto negro y del “chaufeur”. Tu abuela te llamó a la reflexión, te recomendó dedicarte a rezar y a la aceptación de tu destino. Al reiterarte su cariño, insistió en que supieras que siempre tendrías a tu “mamá vieja” y si seguías los consejos de Don Hilarión, si eras buen niño, si rezabas y no mentías, te enrumbarías por el camino de la salvación eterna pues solo para eso veníamos al mundo, para portarnos bien y poder ingresar al final en el Reino del Señor. Eso debería ser siempre lo más importante pues este valle de lágrimas estaba lleno de pecadores y de malhechores. Tu destino habría de ser estudiar para irte al Seminario y ser sacerdote como Don Hilarión y al renunciar a las mentiras y alejarte de un mundo de falsedades, la oración te abriría las puertas del cielo.

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Es todavía viernes y es de noche, ya muy tarde y estáis que no te aguantáis vos mismo Víctor Pitaluga, y no sabéis si es por el temor de lo que tendréis que enfrentar mañana en la noche, o si es la excitación que te provoca, cual si fuese un preludio musical, creer en las truculentas historias que Rubén ha sembrado en tu mente sobre lo que realmente sucede en la isla, en tu isla, en la de ambos, la de Ruth y tuya… Tengo que prepararme para lo peor, siento que no es normal que la isla esté siendo custodiada de una manera tan exagerada, y además es que hace ya muchos meses que se dicen demasiadas cosas y Rubén está convencido de que el asunto es más grave de lo que creemos. Hace ya más de un año que los militares controlan la isla, la tienen como sitiada, vigilada desde el puente, y desde Punta de Leiva. La gente dice que han visto moverse embarcaciones desde El Tablazo y nadie se atreve a hablar. Pero Rubén sabe más de lo que nos puede informar. Le creo, y es que no pueden existir razones que sean sanas para tener esa tapadera. No sé si habrá algo podrido en esa Dinamarca donde cientos de leprosos vivieron y murieron durante tantos años. Mañana en la noche resolveremos este lío. Pero primero debe ser lo primero, no podremos llevar adelante el plan sin informarle al profesor Arístides Sarmiento, él es la cabeza de todos nosotros y con seguridad él será involucrado si se tuercen las cosas, a espaldas de él, no me atrevería a hacer nada y menos si es cierto lo que cree Rubén, tengo que avisarle antes de ir a ver que hay en la isla. Lo llamaré por teléfono…

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Arístides notaba como cada vez más Omar parecía estar compungido y se removía inquieto. Le propuso entonces que dejasen la conversación para el día siguiente. Será sábado y podemos vernos al mediodía si quiere usted. Esto le dijo, pero el cura parecía no querer ponerle punto final a la reunión, era como que existía una fuente inagotable para recibir sus cuitas. Todavía hay cosas que necesito decirle. Esto fue lo que murmuró con un hondo suspiro. En ese preciso momento repicó el teléfono en la habitación contigua. Arístides se levantó y tras pedirle permiso a Omar salió de la sala de estar. Era Víctor Pitaluga quien le planteaba su viaje hacia la isla para el día siguiente. Al informarle que ya tenían planificado acercarse desde la costa oriental del lago hasta la isla de Lázaros, por la noche, él joven investigador insistió en que necesitaba tener el visto bueno de él como director del Instituto, puesto que si acaso tenían algún inconveniente, él quería que aunque supiese de sus andanzas, no se diese por enterado. Entonces le expresó enfáticamente que aunque la vigilancia de la guardia existía, ya habían buscado la manera de burlarla y que no tenía que preocuparse pues el domingo ya le estarían dando los detalles precisos de cuanto hallasen y entonces habrían de cesar las especulaciones. Vamos definitivamente a liquidar ese asunto. Víctor se lo dijo al profesor Sarmiento con énfasis y su entusiasmo hizo que el profesor se sintiese feliz momentáneamente. Al despedirse, Arístides prefirió no comentarle nada a Víctor sobre la entrevista que sostenía con el cura Yagüe. Sin embargo le pidió que antes de salir al día siguiente, le llamase por teléfono nuevamente. Hay algunas cosas que tengo que informarte y son muy importantes, creo que te convendrá conocerlas antes de que vayan a la isla, no se te olvide, mira que es algo grave. Así le dijo Arístides antes de colgar el teléfono. Cabizbajo regresó a la sala de estar para hallarse con un Omar pálido quien estaba bebiendo de nuevo café.


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Víctor colgó el teléfono y decidió contactar a Ruth. No le había dicho nada y al día siguiente, sábado, quizás saldrían desde muy temprano. El plan estaba ya cuadrado y justamente era con Brinolfo, el hermano de Ruth y con Sergio con quienes esperaba acercarse hasta la orilla oriental del lago. Recapacitó entonces si de veras funcionaría el plan, si sería posible que Rubén lograse contactarles en la taguara de los hermanos Cardozo, allá en los Puertos de Altagracia, y sobretodo si al tratar de conectarse telefónicamente con Ruth, a tan altas horas de la noche, no le causaría cierto desasosiego. No estaban las cosas como para crearle más mortificaciones a “su doctora”…

***

El presbítero continuó su cháchara inclemente y Arístides le escuchó de momento como si estuviese perdido, a ratos pensó estar creyendo interpretar otras cosas sin mucho sentido hasta que finalmente Omar arribó a los detalles para explicarle, dándole vueltas y revueltas al asunto, de como había logrado enterarse sobre la necesidad imperiosa de efectivo que de momento había surgido, lo cual transformaba todo en una situación crítica. Arístides aguardaba por mayor claridad en sus informaciones. Iba y venía y en medio de todo cada vez sonaba más incoherente. Realmente creía él que había sido una suerte de oportunidad, también era la otra manera de ver la cuestión, y seguramente por ello fue que Cheo se había decidido por lo más seguro, según él, Cheo se había volcado hacia su nuevo amigo del alma, ¿Cómo decirle quien?, nada menos que el General Henares, pero así y todo, muy a pesar de las múltiples conexiones del militar, parecería que Cheo no podía desprenderse de su amistad original, y así fue como, sin avisarle, le había entrado a las lechugas, a sus lechugas, las de su huerto, o del de ambos. ¿Cómo poder explicarle?…
Omar Yagüe no había podido resistir más tiempo con aquello en el buche y parecía que el dolor por la pérdida de la confianza en Cheo fuese mucho mayor que el desgarro de sus lechugas, seguramente por ello sintió de momento la necesidad de confiarle a su más acervo crítico toda aquella terrible realidad. Cheo, le expresó casi lloroso.
–Es el único que conoce el sitio donde las sembramos, él escarbó y de allí mismo las extrajo. Sacó más de la mitad de lo que era nuestro tesoro y eso es en este momento lo que ha venido a constituir la tapa del frasco. El negocio se dará con el General ese… Todo de un solo trancazo, en un solo día, sin tener premoniciones, ni sospechas, él me ha traicionado…
Arístides tan solo fue capaz de sugerirle que hablase de nuevo con su socio y que tal vez él pudiese entrar en razón.
–Imposible, –exclamó Omar. –No ve usted que esto es un asunto de vida o muerte. La inversión es millonaria y los narcotraficantes no perdonan. Si no se resuelve la semana entrante ya no habrá remedio.

CONTINUARÁ