Antonia Isabel Palacios Caspers (1904-2001) fue una poetisa, novelista y
ensayista venezolana Premio Nacional de Literatura en
la categoría de narrativa en 1976. Hija del ingeniero Andrés Palacios,
descendiente directo de Bonifacio Palacios, tío de Simón Bolívar, y su madre,
Isabel Caspers, sobrina de Ezequiel
Zamora. Nacida en 1904, tuvo una sólida formación
intelectual consolidada bajo la guía de su madre, quien la aproximó a los libros
y al arte. Los Palacios Caspers, a pesar de sus apellidos ilustres, no tenían
medios de fortuna. En su infancia, la familia vivió en La Candelaria, en la
Plaza del Panteón y en Maiquetía.
Antonia Palacios tuvo una vida
larga, intensa y fecunda, fue una venezolana ejemplar, joven activista política
quien, junto a sus compañeros de la Generación del 28, luchó contra la
dictadura de Juan Vicente Gómez, fue también la elegante y entusiasta dama que,
que a finales de los años 70 y principios de los 80, abrió generosamente su
casa y brindó los secretos de su largo oficio de escritura, sabiduría y
refinada sensibilidad a los entonces jóvenes escritores en el taller Calicanto.
Cuando Antonia Palacios, la
famosa autora del libro “Ana Isabel, una
niña decente” murió, en 2001, el gobierno de Hugo Chávez en aquellos días,
no le rindió ningún homenaje, ni publicó una simple esquela funeraria. Antonia
había nacido en el seno de una familia aristocrática de Caracas, pero su hogar
fue muy pobre y ella combatía esto imaginando cosas, así fue como Antonia
Palacios vivió presa de un inmenso despojo existencial que en ocasiones la
condujo a dudar de sus méritos literarios y a considerar sus libros, como
"mediocres, por no decir malos"
a excepción quizás de "Textos del
desalojo" (1978).
"Ana Isabel,
una niña decente", fue la primera novela de Antonia con la que
obtendría reconocimiento continental, la cual se editaría en Buenos Aires y fue
publicada en 1944. La novela sobre la infancia feliz de la protagonista,
recupera en sus recuerdos ciertas zonas del centro de la ciudad de Caracas.
Antonia fue la primera mujer en ganar el Premio Nacional de Literatura. La vida
de Antonia Palacios giraría en torno a su quinta “Calicanto” ubicada en la
zona de Caracas denominada Altamira y se apagaría el 13 de marzo del año 2001
luego de un período de soledades, acentuado por la pérdida de la audición.
A mediados
de los años setenta, Antonia había vuelto a caer en una depresión cuyas
intermitencias, desde la muerte de su hija e incluso antes, eran parte
constitutiva de su ser. Oswaldo Trejo, desde la dirección de los recién creados
talleres del Celarg, invitaría a Antonia a dictar el taller de narrativa. Ese
mismo año de 1976, Antonia acaba de recibir el Premio Nacional de Literatura, un
reconocimiento que venía e a ser, especie de broche de oro de su vida
literaria.
Con la
aceptación del taller del Celarg Antonia comenzaría aquella aventura que
germinará luego en el taller “Calicanto”.
Ya para entonces los talleres del Celarg duraban un año. En el taller de
narrativa de Antonia participaron, inscritos formalmente o como oyentes,
Eduardo Liendo, Alberto Guaura, Eleazar León, John Petrizzelli, Gustavo Morales
Piñango y María Elena Ramos quien una vez recordaría… “Asistí al
Centro Rómulo Gallegos, un día, a ver qué pasaba, al taller de Antonia
Palacios, como oyente. Y pasó que me encontré con uno de los seres más
especiales que han transcurrido y seguirán transcurriendo, para siempre, en mi
vida. Señora de rojo, señora vibrante y sonora, Antonia supo hacerse también
tenue: habló con la poesía, el gesto, la gracia. Relató sueños que parecían ya
escritos”...
Culminado el lapso que la
institución fijaba para la vida de sus talleres, los jóvenes escritores
talleristas pedirían, una segunda etapa y Antonia, ofrecería inmediatamente su
casa como el lugar de reunión y años más tarde ya sobre “Calicanto”, ella confesaría… “Estos jóvenes artistas que yo, en
un prolongado momento de ilusión, los llamo «míos, ya que todos los lunes
vienen aquí a comunicarme, por medio de la palabra escrita, sus anhelos y sus
dudas, y yo les espero como si fuese uno de ellos. olvidándome del tiempo,
muralla indestructible que se levanta sobre nosotros”
Como si fuese uno de ellos, y en
verdad lo era, “los calicantinos” han referido como desde el principio Antonia
los impulsaba a sentirse en confianza, a tratarse de iguales. No era nuevo,
este amor de Antonia por los jóvenes, tampoco era nueva para ella, la
conciencia de esa inyección de vida que los jóvenes le daban. En sus años
parisinos Antonia estuvo rodeada de sus contemporáneos “sus adolescentes” (Uslar, Otero Silva, Carpentier, Sanoja, Silva
Estrada, Parra y Guevara), era “adolescentes que ya tenían canas”, y como decía
en tono de broma Vasco Szinetar, “esa
“vampira espiritual” que es Antonia necesita sangre nueva”.
Calicanto
llegaría a tener una participación variable de entre quince y veinticinco
personas cada lunes, de manera que así empiezan las reuniones en la vieja casa
de Altamira, en la Primera avenida, entre la Novena y Décima transversales, en
una apacible y acogedora calle, en la tercera, la última de las Calicantos. “El
mejor lunes que ha habido en la literatura venezolana se llama Calicanto”, diría
Leonardo Padrón, uno de los talleristas.
Eduardo Liendo Zurita(1941-2025)
se consideraba el mismo “cofundador del
Taller Literario “Calicanto” al que perteneció hasta 1979. También coordinó
talleres literarios de narrativa en el Centro de Estudios Latinoamericanos
Rómulo Gallegos, Celarg, y fue profesor instructor del Taller de narrativa de
la Escuela de Letras de la Universidad Católica Andrés Bello, (1990–2005). Debo
confesar que supe sobre “Calicanto”
y de la vida de Antonia Palacios, a través de Eduardo Liendo, quien durante las
sesiones de su (https://tinyurl.com/2s46jruh) Taller de Narrativa (1993-1994) (https://tinyurl.com/y6sc47as) nos relataba con emoción sus días en Calicanto y de la
maravillosa Antonia Palacios quien nos había dado a conocer a María Isabel,
aquella “niña decente” de Caracas.
Las últimas publicaciones que
realizó Antonia Palacios fueron Una
plaza ocupando un espacio desconcertante (relatos, 1981), Multiplicada sombra (1983), La piedra y el espejo (1985), Ficciones y aflicciones (1989), Largo viento de memorias (1989), Ese oscuro animal del sueño (1991), Hondo temblor de lo secreto (1993).
La vida de Antonia Palacios
terminaria en el año 2001 en Caracas, en su quinta Calicanto ubicada
en Altamira el 13 de marzo de 2001 luego de un período de soledades, acentuado
por la pérdida de la audición.[
Maracaibo, domingo 14 de junio del año 2026
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