domingo, 14 de junio de 2026

“Calicanto”


Antonia Isabel Palacios Caspers (1904-2001) fue una poetisa, novelista y ensayista venezolana  Premio Nacional de Literatura en la categoría de narrativa en 1976. Hija del ingeniero Andrés Palacios, descendiente directo de Bonifacio Palacios, tío de Simón Bolívar, y su madre, Isabel Caspers, sobrina de Ezequiel Zamora.  Nacida en 1904, tuvo una sólida formación intelectual consolidada bajo la guía de su madre, quien la aproximó a los libros y al arte. Los Palacios Caspers, a pesar de sus apellidos ilustres, no tenían medios de fortuna. En su infancia, la familia vivió en La Candelaria, en la Plaza del Panteón y en Maiquetía.

Antonia Palacios tuvo una vida larga, intensa y fecunda, fue una venezolana ejemplar, joven activista política quien, junto a sus compañeros de la Generación del 28, luchó contra la dictadura de Juan Vicente Gómez, fue también la elegante y entusiasta dama que, que a finales de los años 70 y principios de los 80, abrió generosamente su casa y brindó los secretos de su largo oficio de escritura, sabiduría y refinada sensibilidad a los entonces jóvenes escritores en el taller Calicanto

Cuando Antonia Palacios, la famosa autora del libro “Ana Isabel, una niña decente” murió, en 2001, el gobierno de Hugo Chávez en aquellos días, no le rindió ningún homenaje, ni publicó una simple esquela funeraria. Antonia había nacido en el seno de una familia aristocrática de Caracas, pero su hogar fue muy pobre y ella combatía esto imaginando cosas, así fue como Antonia Palacios vivió presa de un inmenso despojo existencial que en ocasiones la condujo a dudar de sus méritos literarios y a considerar sus libros, como "mediocres, por no decir malos" a excepción quizás de "Textos del desalojo" (1978).

 

"Ana Isabel, una niña decente", fue la primera novela de Antonia con la que obtendría reconocimiento continental, la cual se editaría en Buenos Aires y fue publicada en 1944. La novela sobre la infancia feliz de la protagonista, recupera en sus recuerdos ciertas zonas del centro de la ciudad de Caracas. Antonia fue la primera mujer en ganar el Premio Nacional de Literatura. La vida de Antonia Palacios giraría en torno a su quinta “Calicanto” ubicada en la zona de Caracas denominada Altamira y se apagaría el 13 de marzo del año 2001 luego de un período de soledades, acentuado por la pérdida de la audición.

 

A mediados de los años setenta, Antonia había vuelto a caer en una depresión cuyas intermitencias, desde la muerte de su hija e incluso antes, eran parte constitutiva de su ser. Oswaldo Trejo, desde la dirección de los recién creados talleres del Celarg, invitaría a Antonia a dictar el taller de narrativa. Ese mismo año de 1976, Antonia acaba de recibir el Premio Nacional de Literatura, un reconocimiento que venía e a ser, especie de broche de oro de su vida literaria.

Con la aceptación del taller del Celarg Antonia comenzaría aquella aventura que germinará luego en el taller “Calicanto”. Ya para entonces los talleres del Celarg duraban un año. En el taller de narrativa de Antonia participaron, inscritos formalmente o como oyentes, Eduardo Liendo, Alberto Guaura, Eleazar León, John Petrizzelli, Gustavo Morales Piñango y María Elena Ramos quien una vez recordaría… “Asistí al Centro Rómulo Gallegos, un día, a ver qué pasaba, al taller de Antonia Palacios, como oyente. Y pasó que me encontré con uno de los seres más especiales que han transcurrido y seguirán transcurriendo, para siempre, en mi vida. Señora de rojo, señora vibrante y sonora, Antonia supo hacerse también tenue: habló con la poesía, el gesto, la gracia. Relató sueños que parecían ya escritos”...  

Culminado el lapso que la institución fijaba para la vida de sus talleres, los jóvenes escritores talleristas pedirían, una segunda etapa y Antonia, ofrecería inmediatamente su casa como el lugar de reunión y años más tarde ya sobre “Calicanto”, ella confesaría… “Estos jóvenes artistas que yo, en un prolongado momento de ilusión, los llamo «míos, ya que todos los lunes vienen aquí a comunicarme, por medio de la palabra escrita, sus anhelos y sus dudas, y yo les espero como si fuese uno de ellos. olvidándome del tiempo, muralla indestructible que se levanta sobre nosotros”

Como si fuese uno de ellos, y en verdad lo era, “los calicantinos” han referido como desde el principio Antonia los impulsaba a sentirse en confianza, a tratarse de iguales. No era nuevo, este amor de Antonia por los jóvenes, tampoco era nueva para ella, la conciencia de esa inyección de vida que los jóvenes le daban. En sus años parisinos Antonia estuvo rodeada de sus contemporáneos “sus adolescentes” (Uslar, Otero Silva, Carpentier, Sanoja, Silva Estrada, Parra y Guevara), era “adolescentes que ya tenían canas”, y como decía en tono de broma Vasco Szinetar, “esa “vampira espiritual” que es Antonia necesita sangre nueva”.

Calicanto llegaría a tener una participación variable de entre quince y veinticinco personas cada lunes, de manera que así empiezan las reuniones en la vieja casa de Altamira, en la Primera avenida, entre la Novena y Décima transversales, en una apacible y acogedora calle, en la tercera, la última de las Calicantos. “El mejor lunes que ha habido en la literatura venezolana se llama Calicanto”, diría Leonardo Padrón, uno de los talleristas.

Eduardo Liendo Zurita(1941-2025) se consideraba el mismo “cofundador del Taller Literario “Calicanto” al que perteneció hasta 1979. También coordinó talleres literarios de narrativa en el Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos, Celarg, y fue profesor instructor del Taller de narrativa de la Escuela de Letras de la Universidad Católica Andrés Bello, (1990–2005). Debo confesar que supe sobre “Calicanto” y de la vida de Antonia Palacios, a través de Eduardo Liendo, quien durante las sesiones de su (https://tinyurl.com/2s46jruh) Taller de Narrativa (1993-1994) (https://tinyurl.com/y6sc47as)  nos relataba con emoción sus días en Calicanto y de la maravillosa Antonia Palacios quien nos había dado a conocer a María Isabel, aquella “niña decente” de Caracas.

Las últimas publicaciones que realizó Antonia Palacios fueron Una plaza ocupando un espacio desconcertante (relatos, 1981), Multiplicada sombra (1983), La piedra y el espejo (1985), Ficciones y aflicciones (1989), Largo viento de memorias (1989), Ese oscuro animal del sueño (1991), Hondo temblor de lo secreto (1993). La vida de Antonia Palacios terminaria en el año 2001 en Caracas, en su quinta Calicanto ubicada en Altamira el 13 de marzo de 2001 luego de un período de soledades, acentuado por la pérdida de la audición.[

Maracaibo, domingo 14 de junio del año 2026

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