miércoles, 7 de junio de 2017

La historia de Rosalind Franklin




 La historia de Rosalind Franklin

Si hubieses sido una persona aficionada a las apuestas a principios de la década de los años cincuenta, casi habrías apostado tu dinero a Linus Pauling, del Instituto Tecnológico de California, el químico más sobresaliente del país, como descubridor de la estructura del ADN. Pauling no tenía rival en la tarea de determinar la arquitectura de las moléculas v había sido un adelantado en el campo de la cristalografía de rayos X, una técnica que resultaría crucial para atisbar el corazón del ADN, pero con el ADN acabó convenciéndose de que la estructura era una hélice triple, no una doble, y nunca consiguió llegar a dar del todo con el procedimiento adecuado. El que más se aproximaba a la condición de cerebrito convencional era Mauríce Wilkins, quien había pasado gran parte de la Segunda Guerra Mundial ayudando a proyectar la bomba atómica. Los otros dos, Rosalind Franklin y Francis Crick, habían pasado los años de la guerra trabajando para el Gobierno británico en minas... Crick en las que explotaban, Rosalind Franklin en las que producían carbón. El menos convencional de los cuatro era James Watson, un niño prodigio estadounidense que ya se había distinguido de muchacho como participante en un programa de radio muy popular llamado The Quiz Kids. Había ingresado en la Universidad de Chicago cuando sólo tenía quince años, había conseguido doctorarse a los veintidós y ahora estaba trabajando en el famoso Laboratorio Cavendish de Cambridge.

La cuestión es que supusieron (correctamente, como se demostraría) que, si se podía determinar la forma de la molécula de ADN, se podría ver cómo hacía lo que hacía. Como Watson comentaría alegremente, «yo albergaba la esperanza de poder resolver lo del gen sin tener que aprender química». Aunque a Crick y a Watson se les atribuye en las versiones populares casi todo el mérito de haber aclarado el misterio del ADN, su descubrimiento tuvo como base crucial el trabajo experimental de sus rivales> que obtuvieron sus resultados «fortuitamente», según la historiadora Lisa Jardine. Muy por delante de ellos, al menos al principio, se encontraban dos académicos del Colegio King de Londres, Wilkins y Franklin.

Wilkins, oriundo de Nueva Zelanda, era un personaje retraído, y Rosalind Franklin era el personaje más enigmático de todos ellos. Watson, en La doble hélice, hace un retrato nada halagador de ella en el que dice que era una mujer muy poco razonable, reservada, que siempre se negaba a cooperar y (esto parecía ser lo que más le irritaba) casi deliberadamente antierótica. Él admitía que “no era fea y podría haber sido bastante sensacional si se hubiese tomado un mínimo de interés por la ropa”, pero en esto frustraba todas sus expectativas. Nunca usaba ni siquiera barra de labios, comentaba asombrado, mientras que su sentido del atuendo “mostraba toda la imaginación de las adolescentes inglesas que se las dan de intelectuales”. Sin embargo, tenía las mejores imágenes que existían de la posible estructura del ADN, conseguidas por medio de la cristalografía de rayos X, la técnica perfeccionada por Linus Pauling. La cristalografía se había utilizado con éxito para cartografiar átomos en cristales, pero las moléculas de ADN eran un asunto mucho más peliagudo. Sólo Franklin estaba consiguiendo buenos resultados del proceso pero, para constante irritación de Wilkins, se negaba a compartir sus descubrimientos.

No se le puede echar a Rosalind Franklin toda la culpa por no compartir cordialmente sus descubrimientos. En la década de los años cincuenta, a las mujeres se las trataba en el Colegio King con un desdén formalizado que asombra a la sensibilidad moderna en realidad, a cualquier sensibilidad. Por muy destacada que fuesen o mucho prestigio que tuviesen no se les daba acceso al comedor del profesorado y tenían que comer en una habitación más funcional, que hasta Watson admitía que “era deprimentemente carcelaria”. Además la presionaban sin parar y la acosaban activamente para que compartiera sus resultados con un trío de hombres cuya ansia desesperada de echarles un vistazo raras veces iba acompañada de cualidades más atractivas, como el respeto. “Por desgracia, creo que siempre adoptábamos digamos que una actitud paternalista con ella”, recordaría más tarde Crick. Dos de aquellos hombres eran de una institución rival v el tercero se alineaba más o menos abiertamente con ellos. No debería haber sorprendido a nadie que ella guardase bien cerrados sus resultados. Watson y Crick parece ser que explotaron en beneficio propio el hecho de que Wílkins v Franklin no congeniaran. No tiene nada de sorprendente que la propia Rosalind Franklin estaba empezando a actuar de una manera decididamente extraña. Los resultados que había obtenido dejaban muy claro que el ADN tenía forma helicoidal, pero ella les decía a todos insistentemente que no la tenía. En el verano de 1952, hemos de suponer que para vergüenza y desánimo de Wilkins, Rosalind colocó una nota burlona en el departamento de física del Colegio King que decía: “Tenemos que comunicarles, con gran pesar, la muerte, el viernes 18 de julio de 1951, de la hélice del ADN... Se espera que el doctor M. H. F. Wilkíns diga unas palabras en memoria de la hélice difunta”. El resultado de todo esto fue que, en enero de 1953 Wílkins mostró a Watson las imágenes de Franklin… “Al parecer, sin que ella lo supiese ni lo consintiese”. Watson y Crick, armados con el conocimiento de la forma básica de la molécula de ADN y algunos elementos importantes de sus dimensiones, redoblaron sus esfuerzos. Pauling se disponía a viajar a Inglaterra para asistir a una conferencia, en la que se habría encontrado con toda probabilidad con Wilkins y se habría informado lo suficiente para corregir los errores conceptuales que le habían inducido a seguir una vía errónea de investigación. Todo esto sucedía en la era McCarthy, y Pauling fue detenido en el aeropuerto de Idlewild, en Nueva York. Le confiscaron el pasaporte, basándose en que tenía un carácter demasiado liberal para que se le pudiera permitir viajar al extranjero. Crick y Watson tuvieron, además, la oportuna buena suerte de que el hijo de Pauling estuviese trabajando en el Laboratorio Cavendish y de que les mantuviese inocentemente bien informados de cualquier noticia o acontecimiento. Watson y Crick, que aún se enfrentaban a la posibilidad de que se les adelantasen en cualquier momento, se concentraron febrilmente en el problema. Sabían qué el ADN tenía cuatro componentes químicos (adenina, guanina, citosina y tiamina) y que esos se emparejaban de formas determinadas, así que, jugando con piezas de cartón cortadas según la forma de las moléculas, Watson y Crick consiguieron determinar cómo encajaban las piezas.

A partir de ahí construyeron un modelo tipo Mecano (tal vez el más famoso de la ciencia moderna>, que consistía en placas metálicas atornilladas en una espiral, e invitaron a Wilkins, a Rosalind Franklin y al resto del mundo a echarle un vistazo. Cualquier persona informada podía darse cuenta inmediatamente de que habían resuelto el problema. Era sin duda un brillante ejemplo de trabajo detectivesco, con o sin la ayuda de la imagen de Franklin. La edición del 25 de abril de Nature incluía un artículo de 900 palabras de Watson y Crick, titulado “Una estructura para el ácido desoxirribonucleico”, acompañado de artículos independientes de Wilkins y Franklin. Rosalind Franklin no compartió el premio Nobel. Murió de cáncer de ovarios con sólo treinta y siete años, en 1958, cuatro años antes de que se otorgara el galardón. Los premios Nobel no se conceden a título póstumo. Es casi seguro que el cáncer se debió a una exposición crónica excesiva a los rayos X en su trabajo, que podría haberse evitado.

Maracaibo, 7 de junio del año 2017
Con algunas modificaciones, tomado de  : Bill Bryson “Una breve historia de casi todo”

lunes, 5 de junio de 2017

Ana Ajmátova




Ana Ajmátova

En medio de las penurias, del acoso, de la amenaza que se cierne, ominosa, sobre nuestro país, podemos admirar a una mujer de otra época y de otra patria, la lejana Rusia, Ana poeta quien sufrió el acoso del despiadado régimen comunista y quien en medio de las penurias, de la amenaza que se cernía, ominosa, sobre ella y que amagaba con arrancarle la vida y destruir la de sus seres queridos y amigos, Ana Ajmátova, al igual que una pléyade de escritores y artistas de la entonces Unión Soviética, se negaron a plegarse al régimen y a prostituirse. Los falsos escritores, versificadores mediocres, obtusos emborronadores de cuartillas, capaces de cualquier infamia por recibir las migajas de la camarilla de truhanes que gozaban del poder total, hoy no son nadie, sus obras nadie las lee, y, por el contrario, el valor y la integridad de escritores como Ana Ajmátova, Boris Pasternak, Vassili Grossman y tantos otros autores talentosos que escogieron la dignidad a costa de privaciones, maltratos, celdas o el balazo artero, fulguran mostrándonos que la dignidad siempre es posible, aun en la peor de las circunstancias.

La vida de Ana Ajmátova es, en muchos aspectos, la de los escritores y artistas rusos en aquellos lúgubres tiempos del “socialismo real”. Hostigada, perseguida, deportada, vivió el turbio mundo de la sangrienta dictadura de Lenin y de Stalin. Su primer esposo y padre de su único hijo, el poeta Nikolái Gumiliov, fue fusilado por los bolcheviques. Su último esposo, el historiador del arte Nikolái Punin, murió de agotamiento en un campo de concentración. Su hijo, Lev Gumiliov, fue apresado y ella tuvo que, colocarse en el frente de la prisión de Leningrado cada día, para saber de él. La dictadura la llevó a quemar sus cuadernos de poesía para impedir que su hijo fuera fusilado por los verdugos de Stalin. Su poesía fue proscrita. Y en medio de aquel régimen gris y homicida, se sostuvo con valor. Joseph Brodsky, el gran poeta ruso, que la trato y admiró dice de ella: “Su sola mirada te cortaba el aliento. Alta, de pelo oscuro, morena, esbelta y ágil, con los ojos verdosos de un tigre polar, durante medio siglo la ha dibujado, pintado, esculpido en yeso y mármol, fotografiado un sinnúmero de personas, empezando por Modigliani. Los versos dedicados a ella formarían más volúmenes que su obra entera.”

Anna Andréievna Gorenko fue una destacada poeta rusa. Junto con Nikolái Gumiliov y Ósip Mandelshtam, una de las figuras más representativas de la poesía acmeísta de la Edad de Plata de la literatura rusa.  Nació el 23 de junio de 1889 en un pueblo cercano a Odessa, hija de una noble familia de origen tártaro.  Estudió latín, historia y literatura en Kiev y en San Petersburgo. Allí se casó con Nikolái Gumiliov en 1910, promotor del acmeísmo, corriente poética que se sumaba al renacimiento intelectual de Rusia a principios del siglo XX. Los acmeístas rompían con el simbolismo, de carácter metafórico, y restablecían el valor semántico de las palabras. En esta línea Anna publicó en 1912 su primer libro de poemas titulado La tarde. En ese mismo año nace su único hijo Lev, que se convertiría en un famoso historiador neoeurasianista. El matrimonio de Anna y Nikolái duraría desde 1910 hasta 1918. Las trágicas consecuencias de la revolución rusa de 1917 afectarán a toda Rusia, y por supuesto, Anna y su familia padecerán sus efectos. En 1921 su marido fue acusado de conspiración y fusilado. Más tarde, su hijo será también arrestado y deportado a Siberia, y por último, su amigo e historiador de arte, Nikolai Punin, moriría de agotamiento en un campo de concentración en 1938. Los poemas de Anna se prohibieron, fue acusada de traición y deportada. Por temor a que fusilaran a su hijo quemó todos sus papeles personales. En 1944 pudo regresar a Leningrado con su hijo, ciudad devastada tras el asedio nazi. En 1945 el joven intelectual británico Isaiah Berlin quiso visitarla antes de regresar a Londres. Durante ese encuentro que se prolongó durante veinte horas donde Anna le leyó sus poemas y se sinceró con él, estos detalles están en el libro de Michael Ignatieff sobre la vida de Berlin. Lamentablemente aquella entrevista tuvo trágicas consecuencias ya que el hijo de Ana volvió a ser encarcelado durante diez años. Esta vez la escritora se negó a silenciar su voz y siguió adelante con su poemario más importante, Réquiem, que explica como en aquella Unión Soviética los únicos que estaban en paz eran los difuntos y que los vivos pasaban su vida yendo de un campo de concentración a otro.

El libro fue publicado sin su consentimiento y conocimiento en 1963 en Múnich. Al año siguiente viajaría a Taormina (Italia), donde recibió el Premio Internacional de Poesía. Modigliani la pintó varias veces y uno de esos cuadros se muestra en este breve reseña. En 1965 recibiría un Doctorado Honoris Causa de la Universidad de Oxford. Viajará a Gran Bretaña con escala en París y publica en Moscú El correr del tiempo (1909-1965), un balance incompleto (y censurado) de su obra. En 1966 Anna morirá de un infarto en un sanatorio de las afueras de Moscú y sería enterrada en Komarovo. Su obra, traducida a un sinnúmero de lenguas, sólo aparecerá íntegra en Rusia en 1990.

Maracaibo, 5 de mayo del año 2017
REF: Isaiah Berlin, su vida. Michael Ignatieff, Taurus Ed, 1999

Permiso para soñar



Permiso para soñar

Venezuela está entre las cuatro mejores selecciones sub20 del Mundo. No es un cuento chino, tal vez sí coreano, pero nunca una mentira. La épica de un equipo magnifico, que hoy le dice a su país que puede creer que con trabajo y esfuerzo siempre se puede mejorar

Pablo A. García Escorihuela

La vida está llena de ironías. La gesta más grande de la historia del fútbol venezolano se está escribiendo en dos tiempos. El de la delegación Sub20 que se encuentra en Corea del Sur, y el de todo un país, que perdió el sueño creyendo en ellos, soñando despierta a pesar de vivir madrugando. El horario tiene sus cosas curiosas. Pero el sentimiento es, exactamente el mismo.

La épica de la Vinotinto juvenil de Rafael Dudamel ya tiene su lugar en la historia. Selo había labrado al clasificarse al Mundial, en un fútbol que tiene pocas cosas para celebrar y muchos cabos para atar y corregir. Sin embargo, al vencer 2-1 a Estados Unidos y clasificarse a semifinales, enhebró la hoja dorada más gloriosa del balompié criollo.

Todo comenzó hace dos años, con la idea del yaracuyano al ser llevado a la Sub20 por el entonces seleccionador nacional, Noel Sanvicente.  “Mi idea es que después que esto termine, estos muchachos tengan la capacidad y la convicción de creer que pueden ser profesionales de este deporte, que pueden ganar, no sólo dinero, también prestigio y hacerse un nombre, y poner al país en alto”, dijo Dudamel cuando iniciaba los módulos de entrenamiento del equipo. La oncena criolla trabajó duro. Mucho. Horas de repeticiones, de ideas claras, y de sacrificio que hoy valen la alegría trasnochada de todo un pueblo.

Sin embargo, el trámite del partido tampoco fue sencillo. La suerte, esa que también se necesita para ganar en este tipo de torneos, estaba de espaldas. Dos postes, un gol bien anulado con el Video Asistant Referee y mucho desgaste, así como la insistencia del DT en el modelo inicial de juego, sin refrescar las líneas, llevaron al plantel a la fundidora. Era una nueva épica. De esas que han forjado el carácter de un equipo que está lleno de ambición y de ganas de ganar. “Estos jóvenes están acostumbrados a lidiar con el éxito”, aseguró el propio Dudamel ya desde Corea días atrás en Conexión Goleadora.

Sin piernas pero con voluntad, cayó el gol de Adalberto Peñaranda en la prórroga y la explosión de júbilo se hizo mayor con el de Nahuel Ferraresi. El descuento gringo fue un agregado a la reláfica sufrida de una Venezuela que hoy, cuando está en su peor momento histórico, entre muertes, represión, dolor, escasez y hambre; recibe una alegría inconmensurable desde el deporte colectivo más desordenado, escandaloso (lo de Trujillanos es un ejemplo de los oprobios recientes del fútbol venezolano) y vapuleado históricamente.

Ya en semifinales del Mundial ahora todo es ganancia. La de la sub20 es un relato sufrido, basado escrita en a trabajo duro y esfuerzo. De sacrificio. De lucha, de entrega. De la Venezuela posible, de esa que hoy muchos sienten que no existe más, pero que de vez en cuando te regala historias así, momentos como estos, que te dan pie para recuperar la fe, el optimismo, y te hacen volver a solicitarle a la vida un permiso para soñar que todo estará bien.

Maracaibo, 5 de junio, 2017

sábado, 3 de junio de 2017

Acercándonos al Sol …



Acercándonos al Sol …

Las erupciones solares, con partículas energéticas solares y perturbaciones geomagnéticas, se producen regularmente, y se notan a través del Sistema de Posicionamiento Global (GPS), los satélites, la aviación y la red de energía eléctrica. El astrónomo inglés Richrad Carrington, fue el primero en observar la que hasta ahora es considerada la tormenta solar más potente registrada en la historia. La tormenta solar en 1859, sería conocida como el “evento Carrington”. La llamarada solar, denominada gran eyección de masa coronal y a finales del mes de agosto se vieron auroras que llegaban hasta el norte de Colombia aumentando de intensidad  el 1 y 2 de septiembre, con fallos de los sistemas de telégrafo en toda Europa y América del Norte. Comenzando el mes de agosto cuando por toda Norte América desde Maine hasta Florida, se vieron auroras boreales con intensas cortinas de luz. En Cuba los capitanes de barco registraron en los cuadernos de bitácora la aparición de luces cobrizas cerca del firmamento.  En 1859 los cables del telégrafo, recién habían empezado a funcionar en los Estados Unidos, y sufrieron cortes y cortocircuitos que provocaron numerosos incendios, en Europa y en Norteamérica. Se observaron auroras en zonas de latitud media, como Roma y Madrid e incluso en zonas de baja latitud como La Habana, y las islas Hawái  y ciudades de Colombia entre otras. Si una tormenta solar de estas dimensiones se produjese en nuestros días, los satélites artificiales dejarían de funcionar, las comunicaciones de radio se interrumpirían durante semanas y los apagones eléctricos tendrían proporciones continentales. 

En 1989, un transformador en Nueva Jersey quedó inutilizado dejando a 6 millones de personas en la provincia de Quebec (Canadá) sin energía eléctrica a causa de una eyección de plasma solar. En una sociedad como la nuestra muy dependiente de la tecnología, el caos llegaría sin remedio. El año 2012, una gran eyección de masa coronal (CME), fue probablemente más poderosa que el famoso «evento Carrington» de 1859, cuando el Sol golpeó la atmósfera de la Tierra dos veces lo suficientemente fuerte como para iluminar el cielo desde el Polo Norte hasta América Central, permitiendo que los ciudadanos de Nueva Inglaterra leyeran el periódico por la noche a la luz de las auroras. Un bombazo solar rompió el escudo magnético de la Tierra nuevamente el año en 2015, y la nube de plasma lanzada por el Sol golpeó nuestro planeta a 2,5 millones de km por hora, comprimió la magnetosfera y provocó apagones de radio en muchos países. No es posible predecir estos eventos, ni cuándo sucederán exactamente, ni con qué intensidad nos golpearán. Sólo los vemos después de haberse producido y para tomar las debidas precauciones el tiempo de reacción es mínimo, de apenas unas horas. Comprender por qué el Sol emite ocasionalmente esas mortíferas oleadas de partículas ayudaría a los científicos a saber con antelación cuándo esas partículas solares golpearán la Tierra y poder predecir el "tiempo espacial". Este sería de gran ayuda para, desconectar las centrales eléctricas o poner en marcha los protocolos de emergencia entre la población.


Durante muchos años, los astrónomos han estudiado el Sol desde la distancia. Ahora será la primera vez que puedan hacerlo desde dentro de su ardiente atmósfera. La NASA para terminar con estas peligrosas incertidumbres, se dispone a lanzar, entre el 31 de Julio y el 19 de agosto de 2018, su nueva sonda Solar Probe Plus, una nave que será capaz de llegar hasta donde ninguna otra ha podido hasta ahora. La nave, diseñada y construida en el Laboratorio de Física Aplicada de la Universidad John Hopkins, llevará a cabo 24 "pasadas" sobre el Sol a lo largo de una misión de siete años, que se contarán a partir de su llegada a destino, a principios de Noviembre de 2018. La Solar Probe Plus, además, se moverá a 724.000 km/h. y se convertirá, por lo tanto, en la nave más veloz construida hasta ahora por el hombre. De esta forma, la primera nave podrá recoger, sobre el terreno, valiosos datos sobre los mecanismos que calientan la corona y aceleran el viento solar, el flujo constante de partículas emitidas por nuestra estrella. Ni que decir tiene que el buen funcionamiento de los sistemas de la Solar Probe Plus depende, en gran medida, de su escudo térmico frontal, de 11,43 cm. de grosor, construido con fibra de carbono y capaz de soportar tanto la infernal temperatura como el intenso bombardeo de radiación. A menos de tres metros tras el escudo, el resto de la nave permanecerá a temperatura ambiente. Las 24 aproximaciones llevarán a la Solar Probe Plus a algo menos de seis millones de km. del Sol, o lo que es lo mismo, más de siete veces más cerca (37,6 millones de km. menos) que la sonda Helios, la que más se había acercado al Sol hasta ahora. A esa distancia, suficiente para destruir cualquier otra sonda, la nueva nave de la NASA tendrá que soportar y trabajar a una temperatura cercana a los 1.500 grados centígrados, y el disco solar parecerá 23 veces más grande de cómo lo vemos desde la Tierra.

Maracaibo, 2dejuniodelaño2017                                                                    REF: Madrid31/05/2017 ABC,Ciencia)