La literatura ha inspirado numerosas películas y el cine ha servido para
que mucha gente se acerque a los libros adaptados. Muchas veces el cine ha sido
“la celestina inmejorable” para reafirmar el romance con la lectura y, sobre
todo, para seducir a nuevos lectores. Como una muestra, las nueve películas con
más premios Oscar de la historia, ocho están basadas en libros: Ben Hur (11 premios), El señor
de los anillos (11), Lo que
el viento se llevó (10), West
Side Story (10), El
paciente inglés (9), De
aquí a la eternidad (8),
Gigi (8) y El último emperador (8).
William Shakespeare es el escritor más llevado al cine. Todas sus obras
han visto alguna versión cinematográfica, más fiel o más libre o más
vanguardista. Una de las adaptaciones clásicas es el Hamlet
dirigida y protagonizada por Lawrence Olivier, en 1948. El Romeo y Julieta de
Shakespeare es el más versionado de sus dramas, tanto en su sentido más clásico
como al ritmo de Robert Wise y Jerome Robbins en West Side Story (1961). Romeo y Julieta de Shakespeare
ha sido esencial en la filmografía de grandes directores, desde Orson Welles a
Akira Kwrosawa. Macbeth, de Justin
Kurzel (2015), con Michael Fassbender y Marion Cotillard.
El Hamlet
de (1948): Dirigida y
protagonizada por Laurence Olivier, Óscar a la mejor película y mejor actor,
siendo una de las adaptaciones aclamadas de la historia del cine. En 1990 el
fime Hamlet dirigido por
Franco Zeffirelli y protagonizada por Mel Gibson, ofreció una visión más
accesible para el público general, y en 1996 Hamlet dirigido y
protagonizada por Kenneth Branagh, es la única versión íntegra en 70 mm que
incluye el texto completo de la obra original de Shakespeare.
Varios de los pilares de Orson Welles, para muchos el mejor
director de cine de la historia, están basados en obras literarias de
Shakespeare. Clásicos del cine son sus Macbeth
(1948), Otelo (1952). Welles también adaptó El proceso (1962), de Franz Kafka.
Y su célebre La dama de Shangai basada en la novela If
I Die Before I Wake, de Sherwood King.
Las grandes obras de la literatura son un género
cinematográfico en sí mismo. Y así como son las más tentadores, son, también,
las más peligrosas de llevar al cine. Quizá porque en el imaginario universal
todos ya tenemos nuestra propia versión de la historia. Algunas de las que han
salido bien libradas son Ana Karenina, de Leon Tólstoi,
dirigida por Clarence Brown (1935) y protagonizada por Greta Garbo; y
del mismo autor ruso su Guerra y Paz,
dirigida por dirigida por Serguéi Bondarchuk (1967). No hay que olvidar Cumbres borrascosas, de Emily
Brontë, dirigida por William Wyler (1939) y Doctor Zhivago, de
Borís Pasternack, dirigida por David Lean (1965). De tiempos más recientes son Las amistades
peligrosas, de Choderlos De
Laclos, dirigida por Stephen Frears (1988); y Sentido y sensibilidad, de Jane Austen.
Repito que, así como la literatura es algo maravilloso y sorprendente, también como sabrán ya mis lectores, soy, o quizás debo decir, fui, un cinéfilo durante muchos años… Les contare como varios años después de leer la novela “El sonido y la furia” de William Faulkner, me enteré de que ya había sido llevada al cine en 1956. “The Sound and the Fury” la película del año 1959, dirigida por Martin Ritt fue protagonizada por Yul Brinner (Jason), Joanne Woodward (Quentin), Jack Warden (Benjy), John Beal (Hadward), Margaret Leigthon, Stuard Whitman. Basada en la novela homónima de William Faulkner, donde narra las vidas y las pasiones de los Compsons, una familia del Sur de los Estados Unidos que vive una grave crisis financiera y emocional. Como siempre, uno criticara la casi imposibilidad de plasmar en imágenes lo que la literatura en palabras ha llevado a la mente del lector.
El jueves 3 de marzo del año 2016, en este blog lapesteloca,
escribí algunas notas sobre la
corriente de la conciencia y William Faulkner y prometí que hablaría en
otra oportunidad quizás sobre Quentin el estudiante de Harvard inteligente y
brillante quien como miembro de la familia Compson con sus conflictos tiene una
problemática con el tiempo… Todo eso, como parte de la novela “El sonido y
la furia”. En aquella oportunidad, 10 años atrás, esta misma novela, fue vista
a los ojos del para aquel entonces un muy joven cineasta, James Edward Franco(1978), actor, guionista, director, productor,
modelo, escrito, músico y pintor estadounidense quien, inició su carrera a
finales de la década de 1990.
Al querer averiguar sobre el cine y esta obra de Faulkner, me condujo a
admirar “El sonido y la furia”
en otro filme, del 2014, y me estoy refiriendo a la película dirigida por el joven actor James Franco.
En realidad, muy gratamente me sorprendería al ver como el director (quien asumió personalmente el papel de Benjy
el retrasado que da inicio a la novela) pudo adaptar al cine, un texto que
era prácticamente inadaptable, y lo hizo magistralmente, no solo al interpretar
a Benjy, sino que se le veía claramente intentando exitosamente conservar las
intenciones de Faulkner. De tal modo que personalmente pude percibir como James
Franco, director y actor, logró transformar las ideas de Faulkner en un lenguaje
plástico, cargado de imágenes y sonidos a través de una interesante película.
Franco, a quien poco le han importado las apariencias y el éxito, se ha
labrado una reputación de ser ajeno a los cánones y a las expectativas de Hollywood,
con el filme mencionado, habría iniciado su carrera como director, atreviéndose
a enfrentarse con uno de los escritores americanos que, según él mismo dijo, “más
me ha costado leer”. La escritura de William Faulkner sabemos que es
fragmentada y refleja la psicología de sus personajes, se empapa en la memoria
llena de imágenes, de recuerdos y sensaciones que están envueltas en la época
cuando en la imaginación del autor que existió el Estado de Yoknapatawpha. Franco dice: “Hago las películas que me gustaría ver y que nadie más hace”.
El debut de Franco como director, lo hizo en el largometraje, de «Mientras
agonizo» (“As I lay Dying”) que fue estrenada en Cannes en 2013 y le valió
para demostrar de lo que era capaz al lanzarse a la dirección adaptando a
William Faulkner en una película de una gran novela. Este hecho, puede valer como
una reflexión y puede ser motivo de análisis, ya que al releer el texto con
nuevos ojos, se podrá quizás ver con más nitidez y poder vivir más de cerca lo
que construye un escritor con palabras y como puede plasmarse en imágenes en el
cine. James Franco recibió el premio Glory
to the Filmmaker en el Festival de Venecia ese año 2014 aprovechando que
presentaba, fuera de concurso, «El
ruido y la furia», filme que resultó en otra interesante adaptación de
William Faulkner.
James Franco se desdobla en «El ruido y la furia», como el
director y haciendo el papel de Benji, el autista, retrasado mental, enamorado
secreto de Caddy su hermana, a quien él recuerda como "Caddy olía a árboles cuando llueve".
Benji es quien relata la primera parte de la obra de William Faulkner. La
segunda parte del film lo relata Quentin, su hermano, bajo la influencia de la
depresión ante el cinismo de su padre, Quentin romántico, enamorado de su
hermana hasta buscar la muerte al no poder impedir que se pierda, la retórica
del padre lo convence y termina arrastrándolo abrumado entre la fragilidad de
todo en relación, al Tiempo, al incesto que no desea consumar y a su falta de
coraje para vivir. Acorralado es un antihéroe y los antihéroes siempre pierden.
La tercera parte es contada por Jason, el otro hermano,
el hijo más ordenado quien en realidad es un loco de atar, inescrupuloso,
codicioso, avaro, desconoce el amor, y solo le importan las cosas, de los
seres, y el dinero. Podría haberse convertido en el "padre" de
Quentin, su sobrina, la hija de Caddy, pero eligerá ser su represor, moralista
y maltratador. La última parte, es contada por Dilsey, la mujer de color que
acompaña a los Compson desde niños, decidida y cariñosa especialmente con Benji
y será quien termine dirigiendo la casa de los Compson porque ya de la familia
poco queda.
NOTA: Un artículo con cierta similitud a este, fue publicado en lapesteloca en
el mes de diciembre de 2017.
En Maracaibo, el jueves 1 de octubre del año 2026
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