Taklamakánes un gran desierto de Asia Central, en Sinkiang en
la República Popular China. Es
el segundo desierto de dunas de arena más grande del mundo (tras el del desierto de Rub al-Jali), con
dunas que oscilan entre 100 y 300 m de altura. Taklamakan significa la tierra de los álamos. Takli es
un derivado de la palabra turca Tohlak, que significa «álamo». La
sílaba ma es un determinativo de «grande» y kan,
es una modificación del antiguo
persa kand; «país», «ciudad» o «aldea».
Según documentos históricos, los álamos todavía eran muy comunes en la cuenca
del Tarim en el siglo VI. Podemos observar en una vista de satélite de
la cuenca del Tarim. El desierto de Taklamakán está en la parte central y su
geolocalización.
El desierto de Taklamakan tiene una superficie de 337000 km2, por lo que es ligeramente más pequeño que Alemania. El desierto forma parte de la Cuenca del Tarim, que tiene 1000 kilómetros (621,4 mi) de largo y 400 kilómetros (248,5 mi) de ancho. Está atravesado en sus extremos norte y sur por dos ramales de la Ruta de la Seda ( https://surl.li/pqnbuf ), por los que los viajeros trataban de evitar el árido páramo. Es el segundo desierto de arena movediza más grande del mundo, con cerca del 85% formado por dunas de arena movediza, ocupando el puesto 17 en tamaño en una clasificación de los desiertos más grandes del mundo. La altura de las dunas oscila entre 18,3 m y 91,4 m. Las pocas interrupciones en este mar de arena son pequeños parches de arcilla aluvial. Por lo general, los lados más empinados de las dunas están orientados en dirección opuesta a los vientos dominantes.
Desde el
siglo XIX, ha aparecido en la cuenca del
río Tarim, en la actual China,
un gran número de momias con rasgos europeos. China ha autorizado
los estudios genéticos de esas momias en los últimos años. En 2004 la Universidad de Jilin llegó a la
conclusión de que las momias, efectivamente, tenían “genes europeoides”. En 2007, el
gobierno chino autorizó a un equipo de National Geographic, dirigido
por el genetista Spencer Wells,
a realizar estudios de ADN y los resultados confirmaron que la cuenca del
Tarim estuvo continuamente habitada desde el 2000 al 300 a.C., y que sus pobladores procedían de Europa, Mesopotamia, el valle del Indo y regiones tan lejanas como el sur de
Siberia.
La
historia relata como a finales del siglo XIX, algunos europeos se aventuraron
por el desierto del Taklamakán
siguiendo la antigua “Ruta de la Seda” Esta zona, en la actual región autónoma china de Sinkiang, es
uno de los lugares más inhóspitos del planeta: su nombre en el idioma local
(uigur) significa «quien entra no sale». El viajero y geógrafo sueco Sven
Hedin fue uno de los primeros occidentales que llegaron allí, el 28 de marzo de 1900. Hedin avistó restos de casas de madera en un montículo,
donde desenterró algunas monedas y utensilios chinos antiguos, y entonces se
desató una tormenta de arena que lo obligó a refugiarse; cuando amainó, el
explorador vio que el viento había dejado al descubierto una
ciudadela de ladrillos. Había
descubierto Loulan, una floreciente ciudad de la Ruta de la Seda que había permanecido mil quinientos años enterrada
bajo la arena.
A
Hedin le siguieron exploradores como el alemán Albert von Le Coq,
que excavó en Turfan, y el británico Aurel Stein, quien
entre 1899 y 1915 excavó en las ciudades-oasis del desierto y en los fuertes
fronterizos. Todos ellos se llevaron miles de objetos
arqueológicos a los museos de Europa, un saqueo a gran escala que impulsó
a las autoridades chinas a prohibir, en la década de 1930, cualquier
exploración o excavación extranjera en la zona. El
principal atractivo arqueológico del Taklamakán, en particular de los
asentamientos que surgieron en la cuenca del río Tarim, que rodea el
desierto a lo largo de dos mil
kilómetros, reside en las numerosas momias humanas que allí se han
localizado, de miles de años de antigüedad y en un excelente estado de
conservación.
En 1915, Sven Hedin hizo en el cementerio de Loulan un descubrimiento
que le causó honda impresión: la momia de un varón con rasgos
caucásicos, muy bien conservada gracias a la extrema sequedad del clima,
que había preservado enseres y cuerpos humanos como en una cápsula del tiempo.
Hedin anotó: «La piel del individuo
estaba pegada al cuerpo, y el olor que emanaba de él aún era acre».
Hasta
1979 no se retomó la actividad arqueológica a gran
escala en la región, y expediciones conjuntas chinas y japonesas
realizaron descubrimientos asombrosos en ciudades-oasis de la Ruta de la Seda, como Kongque, Niya o
Cherchen. Uno de los hallazgos más espectaculares tuvo lugar en 1980, en Loulan. Un grupo de arqueólogos chinos
encontró el cuerpo perfectamente conservado de una mujer de 3.800
años de antigüedad, a la que bautizaron como “La Bella de Loulan” por sus llamativas facciones. Este increíble
descubrimiento fue el más importante de una serie de hallazgos de cuerpos con
rasgos caucásicos en la zona, perfectamente preservados bajo las arenas del
desierto.
En
1985, en la localidad de Cherchen, cerca del lago Lop Nor, se exhumó la momia
de un hombre datada en el año 1000 a.C., junto a tres momias femeninas y un
bebé. El grado de conservación de todas estas momias, es excepcional, en especial la del varón, conocido como “Hombre
de Cherchen”, del cual pueden apreciarse incluso los tatuajes
que adornan su piel. El descubrimiento de momias continuó, y en 1995 se encontró la conocida como el “Hombre de Yingpan”, de dos mil años de
antigüedad, una momia caucásica de casi dos metros de altura con
una máscara funeraria de papel de oro, y prendas de vestir de color
rojo y marrón bordadas con oro.
Entre
2003 y 2005, los arqueólogos realizaron el descubrimiento
más espectacular en la cuenca del Tarim, en el cementerio de Río Pequeño, en
Xiahoe, donde localizaron las momias más antiguas encontradas en
la región, correspondientes a personas que vivieron hace 3.900 años.
Los cuerpos, perfectamente conservados y con sus ropas intactas, estaban
enterrados en botes vueltos del revés y cada enterramiento se había señalizado
con una estaca.
Todas estas momias comparten unas
características físicas que no tienen nada que ver con las de las actuales
poblaciones de Asia Oriental. Sus rasgos corresponden a personas de
origen europeo, de gran altura, cabellos rubios y pelirrojos, pómulos
altos, nariz prominente, e incluso ojos azules. Científicos como Victor Mair,
de la Universidad de Pennsylvania. Mair analizó el
ADN de algunas momias y llegó a la conclusión de que,
entre 2100 y 1000 a.C., los únicos habitantes de esta región eran gente de
rasgos europeos.
Al
parecer, podría tratarse de los
misteriosos tocarios, un pueblo de origen caucásico cuya cultura dominó la
cuenca del Tarim y que es mencionado en algunas crónicas chinas
antiguas. A partir del siglo VII d.C., los tocarios fueron absorbidos por las
tribus uigures, de origen turcomano, que se asentaron en la región. Para
Mair, los pueblos de Asia Oriental comenzaron a aparecer por la
zona hace unos 3.000 años. Así, estas momias confirmarían que los
contactos entre Oriente y Occidente se remontan a épocas muy remotas.
Aunque
los estudios sobre estas singulares momias siguen despertando controversia, lo
cierto es que han demostrado que la cuenca del Tarim fue a lo
largo de los milenios un punto de encuentro y de intercambio entre poblaciones
muy diversas, hasta que la naturaleza acabó convirtiendo la zona en un
lugar inhóspito donde ya nada podía prosperar.
En Maracaibo, resumido
para lapesteloca el lunes 13 de abril
del año 2026