viernes, 6 de marzo de 2026

Rodrigo Caro


Hoy, a mi edad y (como decía aquel porro colombiano de mi infancia -Pachito Eché-, sin saber cómo ni por qué, desperté con una repetitiva frase en mi cabeza “Estos Fabio ay dolor que ves ahora…” y me dije… ¡Pero bueno! ¿De cuál circunvolución de mi corteza sale este asunto si ni sé quién es carrizo es Fabio, ni recuerdo cuando cómo ni dónde me aprendí ese asunto de…  Estos, Fabio, ¡ay dolor!, que ves ahora campos de soledad, mustio collado, fueron un tiempo Itálica famosa.

Hoy me entero de que había más, ya que prosigue así: “Aquí de Cipión la vencedora colonia fue; por tierra derribado yace el temido honor de la espantosa muralla, y lastimosa reliquia es solamente de su invencible gente”. Luego de preguntarle a “la nube¨, no por Pachito ni como cantaba Miguel Aceves Mejía cuando las nubes lo traían muy loco, por el lugar donde lo aprendería -pues me imagino fue en mi escuela- donde me enseñaron la frase, pero… ¿Quién carrizo era el autor? Bien… Pues:  lo he averiguado.

Resulta que fue un poeta del Siglo de Oro español, quien era demás de historiador, abogado y sacerdote católico. Maracuchísimamente hablando… ¡Ve que molleja!

En el siglo XIX Marcelino Menéndez Pelayo que si sabía sobre estos asuntos (era como de cabellos Elene Curtis “su especialidad”), escribió sobre la vida y obra de Rodrigo Caro y señaló "sus merecimientos de arqueólogo y epigrafista, de topógrafo, de historiador civil y eclesiástico, de mitólogo, de bibliófilo, de filólogo clásico, de poeta latino y castellano y de excelente prosista en su propia lengua"… Se puede decir… ¡Que más queréis!

Rodrigo fue bautizado el 4 de octubre de 1573 en la Iglesia de Santiago de Utrera. Su padre fue Bernabé Sánchez de Salamanca y su madre Francisca Caro, más sin embargo, la mayoría de la familia Caro era de Carmona (y no era estangma)​. Fue en 1590 cuando comenzó “ Rodri” a estudiar Cánones en la Universidad de Osuna… Tras la muerte de su padre, hacia 1594, vivió en Sevilla, en la casa de su tío abuelo, el sacerdote Juan Díaz Caro​ donde continuó sus estudios. Sería en el año 1595 cuando visitó por primera vez las ruinas de Itálica. ​Se licenció en 1596 y durante esta etapa en Sevilla escribió una elegía a su condiscípulo Juan de Robles.

El 22 de agosto de 1527 el inventario y valoración de la biblioteca personal de Rodrigo Caro[​ en Sevilla, consta que tenía 521 obras. La mayoría de los libros son de autores clásicos, mayoritariamente latinos, y cuando son griegos están traducidos al latín. En 1598 ya había sido ordenado sacerdote y residía en Utrera con su familia. ​ En 1602 obtuvo un beneficio eclesiástico en la Iglesia de Santa María de la Mesa. Ejerció de abogado y dedicó su tiempo libre a escribir y a coleccionar antigüedades. Fue en los años 1604 y en 1608 cuando incluyó en su memorial las dos primeras versiones de su Canción a las ruinas de Itálica.

Existen un total de cinco versiones de su Canción a las ruinas de Itálica, escritas aproximadamente entre 1595 y 1628. Se me antoja pensar que, con tantas versiones, esa repetidera puede haber sido la responsable de lograr hoy despertarme con las ruinas de Italia en mi cabeza. Aunque quizás es más probable que fuese debido a que en 1610 participó con una canción en las justas poéticas que tuvieron lugar en Sevilla con motivo de la beatificación de Ignacio de Loyola, coincidiendo en el evento con Luis de Góngora. Esta canción de Caro fue publicada en la Relación de la fiesta que se hizo en Sevilla a la beatificación del glorioso S. Ignacio fundador de la Compañía de Jesús (1610) y ya me parecía que mis tutores jesuitas estaban metidos en el asunto, quien sabe si digo esto para salvar un tanto mi responsabilidad de estar codificando frases sin sentido. Todavía en el año 1618, Caro compuso una tercera versión de su canción a Itálica, la más conocida, y un pequeño tratado sobre el apellido Caro. Este mismo año escribió una Silva a la villa de Carmona y en 1619 fue censor de libros.

En 1620 fue nombrado por el arzobispo Pedro de Castro y Quiñones visitador general del arzobispado. En un convento de monjas de Lebrija se encontró una tablilla de bronce que parecía representar a Cupido. Esta tablilla fue regalada a Rodrigo Caro, probablemente cuando visitó el municipio en 1623. Caro también tuvo conocimiento de una Venus de bronce encontrada en Utrera que había ido a parar a una casa de Sanlúcar de Barrameda. Rodrigo Caro escribió su poema Cupido pendulus, una composición de 168 versos dedicada a su amigo Sancho Hurtado de la Puente, donde el autor mezcla sus conocimientos de mitología, historia y arqueología. Habla de Cupido yendo a Cádiz para cumplir un voto que había hecho a Hércules y, por otro lado, Vulcano retiene a Venus por la aventura amorosa de esta con Marte.

En 1621 el arzobispo Pedro de Castro le nombró letrado de cámara, y en 1622 publicó su obra Santuario de Nuestra Señora de Consolación. Antigüedad de la villa de Utrera dirigido a la Inmaculada y Purísima Concepción de la Virgen Nuestra Señora. En 1624 conoció en Sevilla al escritor Francisco de Quevedo. En 1626 Caro le escribió una carta a Quevedo acerca de una riada del Guadalquivir.

El periodo en que vivió el erudito Rodrigo Caro es la transición entre el Manierismo y el Barroco. El 6 de agosto de 1626 le dedicó su obra Días geniales o lúdricos a Fernando Afán de Ribera y Téllez-Girón, III duque de Alcalá de los Gazules y V marqués de Tarifa. En esta obra se describen 65 juegos corporales que se practicaban en la sociedad española del siglo XVII. También trata de la tauromaquia y sus orígenes, y fue publicado en 1884 en Sevilla por la Sociedad de Bibliófilos Andaluces.

En 1978 fue publicada en Madrid por Espasa-Caple. Pasados varios años y ya alrededor del 1627 compuso la quinta y definitiva versión de su Canción a las ruinas de Itálica, que comienza: Estas, Fabio ¡ai dolor!, que ves aora / ruínas que esparzió rústico arado, / fueron un tiempo Itálica famosa/ Itálica, colonia vencedora...”, que sin embargo es menos conocida que la tercera. En 1628 Rodrigo Caro y Juan de Salinas fueron nombrados por el arzobispo Diego de Guzmán y Haro visitadores de conventos de monjas de Sevilla, y ese mismo año, el arzobispo nombró a Rodrigo vicario general, así como juez de la Iglesia y letrado de fábricas. En 1631 era censor de libros y en 1632 consultor de la Inquisición.

En 1641 murió Tomás Tamayo de Vargascronista de Indias, y Rodrigo Caro intentó ocupar este cargo, sin éxito. ​ El de 30 de julio de 1645 el arzobispo Agustín de Spínola Basadone lo nombró visitador de hospitales y cofradías, examinador general y miembro del Consejo del Arzobispado. En 1646 figura de nuevo como censor. Este año se le intensificó una enfermedad hepática, no sabemos cual... El 5 de agosto de 1647 otorgó testamento, falleciendo cinco días después, a los 73 años.

En Maracaibo, el viernes 6 de marzo del año 2026

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