martes, 29 de enero de 2013

Para hablar de los pie de páginas



Para hablar de los pie de páginas

Sin pretender hacer como lo que propuso Cortazar con Rayuela, donde el lector tenía que ser capaz de escapar al dictado del autor y utilizar la llamada “estética de la recepción” para decidir el orden de como leer su obra, la 3ra edición de “Escribir en La Habana” con 812 referencias ubicadas como “pie de páginas”, espera por su lectura para ser evaluada. Esta edición, podrá verse como una grotesca agresión contra el sencillo lector de novelas ante la desmesura de quien debería ejercer con cierto recato el llamado oficio de escribir. No obstante, debo revelarles que la intención velada del escritor al acometer lo que puede parecer un exabrupto, intentaba despertar el interés de los lectores para que fuesen ellos mismos quienes decidieran, cada uno y por su propia cuenta, eso sí, con intuición de lector inteligente, la manera como cada cual abordaría su lectura.
Hay algo que sintáxticamente todos debemos recordar sobre las notas de pie de página, y es que ellas constituyen literariamente, la manera más común de incluir anotaciones al texto. Ofrecen información adicional que puede ser de interés para el lector y que no se ha podido insertar de manera fluida en un texto corriente, y sabemos que ellas deberán ser un complemento del texto cuando son estrictamente necesarias. También es muy cierto que no se debe abusar de estas notas puesto que al hacerlo, el lector puede sentirse presionado ya que exagerar con ellas, puede ser sencillamente un signo de pésimo estilo literario. Acepto que incluir 812 notas como pie de páginas en una novela, constituyó  un experimento, bastante abusivo y evidentemente difícil de pasar por alto y podría estar de acuerdo con que este caso raya en la exageración.        
Es algo bien sabido que las notas en pie de páginas en general constituyen un problema cuando ellas se encuentran presentes en una novela.  Cito la opinión de Jon Edgard Martin, un escritor norteamericano experto en novelas sobre la antigua Grecia, quien ha  insistido en que, la magia de la ficción es sagrada en una novela, y quien la rompe precisamente en la propia novela es su nota a pie de página, la novela corre el riesgo de que el lector no vuelva a engancharse, se aturda, se desinterese y se desentienda de la historia”.   Voy a citar también a un catedrático y politólogo español, Rafael del Águila Tejerina (1953 - 2009), especialista en Teoría Política, quien en una de sus obras más sobresalientes "Sócrates furioso: el pensador y la ciudad", ensayo que fue finalista del premio Anagrama del año 2004, hizo este agudo comentario sobre los pie de páginas. “… Tener que leer un pie de página es como tener que bajar las escaleras para abrir la puerta mientras estás haciendo el amor”. 
  
Precisamente por estas razones y otras habíamos propuesto hacer una reunión que bien pudiera ser denominada “conversatorio” en la cual los lectores que se hayan atrevido a leer la novela, puedan ser reunidos para escuchar y discutir opiniones sobre la 3ra edición de “Escribir en La Habana. Esta propuesta hecha ante la Escuela de Letras de la Universidad del Zulia, ha estado precedida de la lectura de la novela por varios profesores de literatura y acercarla a los estudiantes a través de una edición digital en discos compactos, no obstante, quizás el impacto pareciera ser demasiado fuerte puesto que la idea todavía no terminar de cuajar. En lo personal, yo confío en que durante una reunión promovida para los fines propuestos, los lectores seguramente podrán  plantearse, casi como un reto, las opciones de cómo se puede abordar la lectura de esta novela en esa situación tan particular. La necesidad de saber como deberá abordarla el lector y cuales pueden ser sus dificultades para hacerle frente a la lectura de la misma es para mi un enigma y sigo esperanzado de que las autoridades de la Escuela de Letras acepten la idea. Siento que los resultados, sin ánimo de ser peyorativo, deberá depender de que la novela cuente con “lectores inteligentes” y en esta premisa estoy centrando mis expectativas, pues siento que serán éstos los lectores que sabrán sacarle provecho al texto. También confío que de esta discusión puedan hallarse caminos interesantes sobre como abordar esta obra.

Sin querer descargar las culpas sobre el lector, quiero recordar como Enrique Vila Matas en “Dublinesca”, decía: “sueño con un día en que la caída del hechizo del best-seller dé paso a la reaparición del LECTOR CON TALENTO y se replanteen los términos del contrato-moral entre el AUTOR y el PÚBLICO”. Vila Matas expresa su la opinión diciendo que,  “si se le exige TALENTO  a un ESCRITOR, también debe exigírsele al LECTOR”.  Él insistió en que sin llamarse a engaños, “el viaje de la lectura pasa muchas veces por terrenos difíciles que exigen capacidad de emoción inteligente”… Finalmente expresó como en su opinión “Las mismas habilidades que se necesitan para ESCRIBIR, se necesitan para LEER”.

Hablando de afirmaciones tajantes, puedo citar aquí a nuestro Director de la escuela de Letras de LUZ, el poeta Carlos Ildemar Pérez quien en su libro  “La mano de obra”, ha afirmado: “que la historia de la literatura no es más que la historia del lector”. Interesante aseveración ésta, pues quizás, en ese mismo sentido, lo que él argumenta para los lectores de poemas, siento que debe valer para los lectores de narrativa. Por ello, nuevamente debo citarlo en otra de sus aseveraciones en “La mano de obra”. “Para cortar por lo sano, quisiera señalar que estoy convencido de que no existen poemas buenos ni malos, existen lectores y poemas. A los lectores si que se les puede, y debe por desconfianza, reunir en excelentes, mejores, regulares y pésimos, etc, etc”.

Uno de los detalles que han interesado sobre la novela “Escribir en La Habana” es si acaso puede considerársele como una novela histórica, por cuanto los sucesos que se narran, para la época cuando fue presentada y premiada ( Bienal José Rafael Pocaterra, del año1994 ), se hallaban en el contexto de un fenómeno socio político del que poco o nada, que no fuese literatura panfletaria se escribía en aquellos días, y me refiero al fenómeno tan cacareado ahora, de  La Revolución Cubana. En estos años, ya la segunda década del siglo XXI, este comentario puede sonar a disparate, pero a comienzos de la década de los 90, lo que aquí afirmo fue un hecho cierto, de allí que los lectores iniciales de la novela “Escribir en La Habana”,  insistían en la interpretación y ubicación política del autor, quien neófito en esas lides literarias siempre insistió en que una novela es fruto de la imaginación y que no tenía que ver nada con la política. Recuerdo estos hechos por cuanto mi última novela publicada, la séptima intitulada “El año de la lepra”, así como en “La peste loca” del año 1978, tiene un trasfondo político, sin que por ello deje de ser un ejercicio de imaginación.

Orhan Pamuk (Estambul,1952) escritor turco galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 2006 ha dicho: “El reto de la novela histórica no es producir una imitación perfecta del pasado, sino relatar la historia con algo nuevo, enriquecerla y cambiarla con la imaginación y la sensualidad de la experiencia personal.” Julian Barnes, (Leicester, 1946), novelista británico cuyas novelas e historias cortas han sido vistas como ejemplos del posmodernismo literario ha señalado también como, “…Inventamos historias para tapar los hechos que no conocemos; conservamos unos cuantos hechos verdaderos y alrededor de ellos tejemos un nuevo relato”. Finalmente debo volver sobre las enseñanzas de mi buen amigo, el escritor Eduardo Liendo quien expresaba que el escritor está obligado a ser testigo de su época.

Me he desviado del tema original sobre la posibilidad de discutir ampliamente el tema de los pie de páginas en la 3ra edición de la novela “Escribir en La Habana” y conservo la esperanza de que este año 2013, la Escuela de Letras de LUZ organizará la reunión con docentes y estudiantes, llámese “conversatorio”, mesa redonda o una sencilla reunión para intercambiar ideas y esperemos que de sus frutos.

Maracaibo, 29 de enero del año 2013

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