La Polonesa Op. 53 en la bemol mayor, también es conocida como Polonesa
heroica, fue escrita por Frédéric Chopin en 1842 para piano solo, y
la palabra “polonesa”
quiere significar: ser polaco. La Polonesa Heroica representa
la grandeza de Polonia. Frédéric Chopin cuando compuso esta pieza, en 1842 tenía 32 años. Lo
haría siete años antes de su muerte, durante un período cuando estaba muy
enfermo por la tuberculosis que padecía y había recrudeció
en él; se sabe que algunas veces la fuerte tos le obligaban a estar en la cama
durante semanas, de modo que en medio de estas dificultades la composición
nació de su fervor patriótico, alabando a Polonia, la patria que le vio nacer.
Esta obra maestra es una de las
composiciones más conocidas de Chopin y es aún hoy en día una de las piezas
favoritas del repertorio para piano. Es una pieza muy exigente y se ha señalado
que su interpretación requiere de habilidades excepcionales y de un cierto
virtuosismo al
piano para ser tocada con un nivel de calidad adecuado.
Para mí, su música, radiante, me
transporta a mi infancia y me vuelvo a ver en la sala de mi casa, Los Arrayanes
y a mi madre sentada en el piano Wurtlizer, ejecutando con maestría aquella
composición que todos, mis hermanos y yo, sabíamos era La Polonesa de Chopin, y escuchábamos
cuando mi madre, tecleaba con entusiasmo teniendo en la pared enfrente del
piano una acuarela de Venecia que me había regalado mi profe de piano Albino
Solivo, seguramente para que me esforzara más porque no era un alumno muy estudioso
pues me fastidiaba el solfeo y los ejercicio de Carl Czerny, lamentablemente no
me llevarían en un par de años, más allá de aprenderme, ese sí, y de memoria, “el son del toreador” que sabía desde
aquel entonces, era de la ópera Carmen de Bizet, pero…
La Polonesa interpretada por mi
mamá siempre resultaba brillante e inolvidable, y cuando años más tarde mi
compañero del bachillerato Pablo Lasala, nos deleitaba con el concierto para
piano y orquesta de Sergie Rachmaninoff, logrando con sus brillantes acordes
que sus escuchas, nuestros amigos, compañeros bachilleres del cuarto año,
recordásemos a Marilyn en “La comezón del séptimo año”, el
piano con sus acordes llenaban aquella sala de mi casa protegida por pesadas
cortinas de un verde intenso y un aparato de aire acondicionado Carrier, y todo
aquello siempre, infancia y juventud, los recuerdos me llevan a regresar a la
imagen de mi madre interpretando La Polonesa de Chopin.
Si examinamos cosas que han dicho
sobre La La Polonesa de Chopin, aunque esta pieza de Chopin -en La bemol mayor,
Op. 53-, está denominada como polonesa, en realidad tiene muy poco que ver con el estilo
típico de las polonesas. Se presenta en dos secciones con un ritmo que es ciertamente
característico de las polonesas, pero la mayoría de la obra no tienes las características
de ese tipo de composición musical. Otra posibilidad planteada es que la Polonesa
heroica esté muy relacionada con -la Polonesa Militar Op. 40 en la mayor-, y
esto es algo que se nota en la introducción de la Polonesa heroica
de Chopin, se percibe al inicio, como “está claramente influenciada por
la Polonesa militar”, que representa mucho más un estilo marcadamente
marcial.
La Polonesa heroica contiene
muchos aspectos técnicos para piano, como son por ejemplo: las escalas dobles,
los trinos, las octavas que son rápidas y fuertes, posee cuartas
cromáticas y arpegios
rápidos con acordes amplios
que exigen abrir mucho las manos, usando una gran amplitud en el teclado en un
espacio de 82 de las 88 teclas de un piano. Las polonesas op. 40 son
unas composiciones de Frédéric Chopin, también llamadas Polonesas
Militares, fueron realizadas en 1838, durante su corta estancia
en Mallorca.
Sus tonalidades son en la mayor la n.º 1 y en do menor la
n.º 2. Antón Rubinstein señaló que cada una
corresponde a la gloria y a la tragedia de Polonia,
respectivamente
Hacia 1845, la salud de Frederic comenzó
nuevamente a deteriorarse, en un proceso de debilitamiento que finalmente lo
conduciría a la muerte. El comienzo del año 1849 encontró a
Chopin demasiado débil. En ese lóbrego verano, trabajó en los borradores de su
última pieza, la Mazurca en fa menor (publicada tras su muerte
como Op. 68 n.º 4). Falleció a las dos de la madrugada del 17 de octubre
de 1849, a la edad de 39 años. En 2017, un estudio realizado por investigadores
de la Academia Polaca de Ciencias reveló
que la causa directa de muerte fue una pericarditis,
una rara complicación de la tuberculosis crónica
que padecía.
Durante la invasión de Polonia por el ejército alemán
al comienzo de la Segunda Guerra Mundial en septiembre de
1939, la radio polaca emitió cada día las obras de Chopin como protesta
nacionalista y para unir al pueblo polaco. Los nazis prohibieron más
tarde todas las representaciones públicas de Chopin y destruyeron el principal
monumento al compositor en Varsovia, una escultura de Chopin sentado bajo un árbol, que
había sido erigida en 1926 en la entrada al Parque Łazienki.
En el mes de julio del año pasado 2025, en este blog hablamos sobre “la
Polonesa” y de unas remembranzas que viajando en un avión llegaron a mi mente
sin saber si tenían algo que ver con George Sand y con Chopin, una asociación
misteriosa; en el avión donde sonaba el
pianista Vladimir Ashkenasy, y yo recordaría…”Ahora eres tu
quien cierras los ojos, te sientes otra vez patas arriba, regresas a la sala de
tu casa y escuchas a tu madre interpretando la eterna polonesa de tu niñez, y
como siempre, con Chopin, surgen ellas, tu madre en el piano y ese rostro, vago
y confuso”…
Maracaibo, lunes 31 de agosto del
año 2026
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