lunes, 31 de agosto de 2026

La Polonesa de Chopin


La Polonesa Op. 53 en la bemol mayor, también es conocida como Polonesa heroica, fue escrita por Frédéric Chopin en 1842 para piano solo, y la palabra “polonesa” quiere significar: ser polaco. La Polonesa Heroica representa la grandeza de Polonia. Frédéric Chopin cuando compuso esta pieza, en 1842 tenía 32 años. Lo haría siete años antes de su muerte, durante un período cuando estaba muy enfermo por la tuberculosis que padecía y había recrudeció en él; se sabe que algunas veces la fuerte tos le obligaban a estar en la cama durante semanas, de modo que en medio de estas dificultades la composición nació de su fervor patriótico, alabando a Polonia, la patria que le vio nacer.

Esta obra maestra es una de las composiciones más conocidas de Chopin y es aún hoy en día una de las piezas favoritas del repertorio para piano. Es una pieza muy exigente y se ha señalado que su interpretación requiere de habilidades excepcionales y de un cierto virtuosismo al piano para ser tocada con un nivel de calidad adecuado.

Para mí, su música, radiante, me transporta a mi infancia y me vuelvo a ver en la sala de mi casa, Los Arrayanes y a mi madre sentada en el piano Wurtlizer, ejecutando con maestría aquella composición que todos, mis hermanos y yo, sabíamos era La Polonesa de Chopin, y escuchábamos cuando mi madre, tecleaba con entusiasmo teniendo en la pared enfrente del piano una acuarela de Venecia que me había regalado mi profe de piano Albino Solivo, seguramente para que me esforzara más porque no era un alumno muy estudioso pues me fastidiaba el solfeo y los ejercicio de Carl Czerny, lamentablemente no me llevarían en un par de años, más allá de aprenderme, ese sí, y de memoria, “el son del toreador” que sabía desde aquel entonces, era de la ópera Carmen de Bizet, pero…

La Polonesa interpretada por mi mamá siempre resultaba brillante e inolvidable, y cuando años más tarde mi compañero del bachillerato Pablo Lasala, nos deleitaba con el concierto para piano y orquesta de Sergie Rachmaninoff, logrando con sus brillantes acordes que sus escuchas, nuestros amigos, compañeros bachilleres del cuarto año, recordásemos a Marilyn en “La comezón del séptimo año”, el piano con sus acordes llenaban aquella sala de mi casa protegida por pesadas cortinas de un verde intenso y un aparato de aire acondicionado Carrier, y todo aquello siempre, infancia y juventud, los recuerdos me llevan a regresar a la imagen de mi madre interpretando La Polonesa de Chopin.

Si examinamos cosas que han dicho sobre La La Polonesa de Chopin, aunque esta pieza de Chopin -en La bemol mayor, Op. 53-, está denominada como polonesa, en realidad tiene muy poco que ver con el estilo típico de las polonesas. Se presenta en dos secciones con un ritmo que es ciertamente característico de las polonesas, pero la mayoría de la obra no tienes las características de ese tipo de composición musical. Otra posibilidad planteada es que la Polonesa heroica esté muy relacionada con -la Polonesa Militar Op. 40 en la mayor-, y esto es algo que se nota en la introducción de la Polonesa heroica de Chopin, se percibe al inicio, como “está claramente influenciada por la Polonesa militar”, que representa mucho más un estilo marcadamente marcial.

La Polonesa heroica contiene muchos aspectos técnicos para piano, como son por ejemplo: las escalas dobles, los trinos, las octavas que son rápidas y fuertes, posee cuartas cromáticas y arpegios rápidos con acordes amplios que exigen abrir mucho las manos, usando una gran amplitud en el teclado en un espacio de 82 de las 88 teclas de un piano. Las polonesas op. 40 son unas composiciones de Frédéric Chopin, también llamadas Polonesas Militares, fueron realizadas en 1838, durante su corta estancia en Mallorca. Sus tonalidades son en la mayor la n.º 1 y en do menor la n.º 2. Antón Rubinstein señaló que cada una corresponde a la gloria y a la tragedia de Polonia, respectivamente

En 1838, Chopin inició una relación con la escritora Aurore Dupin, conocida por su seudónimo de George Sand. Seis años mayor que él, Sand estableció un vínculo casi maternal con el músico de frágil salud y temperamento hipersensible. Entre 1838 y 1839, Frédéric Chopin pasó un invierno caótico aunque muy productivo, en Mallorca. Llegó a la isla en noviembre de 1838 junto a su pareja, George Sand, y los dos hijos de ella, quien viajaba en un intento por mejorar la delicada salud de Chopin, pues ella sabía que padecía de tuberculosis, pero el clima húmedo empeoró su estado con severas crisis de tos. George Sand y Frederic Chopin se hospedaron en la Cartuja de Valldemossa, un antiguo monasterio donde sufrieron frío, lluvia amen de la desconfianza de los lugareños. A pesar de todas estas dificultades, Chopin compuso gran parte de sus famosos Preludios Op. 28, además de baladas y nocturnos. George Sand inmortalizó la experiencia de Frederic Chopin en su famoso libro autobiográfico Un invierno en Mallorca.

Hacia 1845, la salud de Frederic comenzó nuevamente a deteriorarse, en un proceso de debilitamiento que finalmente lo conduciría a la muerte. El comienzo del año 1849 encontró a Chopin demasiado débil. En ese lóbrego verano, trabajó en los borradores de su última pieza, la Mazurca en fa menor (publicada tras su muerte como Op. 68 n.º 4). Falleció a las dos de la madrugada del 17 de octubre de 1849, a la edad de 39 años. En 2017, un estudio realizado por investigadores de la Academia Polaca de Ciencias reveló que la causa directa de muerte fue una pericarditis, una rara complicación de la tuberculosis crónica que padecía.

Durante la invasión de Polonia por el ejército alemán al comienzo de la Segunda Guerra Mundial en septiembre de 1939, la radio polaca emitió cada día las obras de Chopin como protesta nacionalista y para unir al pueblo polaco. Los nazis prohibieron más tarde todas las representaciones públicas de Chopin y destruyeron el principal monumento al compositor en Varsovia, una escultura de Chopin sentado bajo un árbol, que había sido erigida en 1926 en la entrada al Parque Łazienki.

En el mes de julio del año pasado 2025, en este blog hablamos sobre “la Polonesa” y de unas remembranzas que viajando en un avión llegaron a mi mente sin saber si tenían algo que ver con George Sand y con Chopin, una asociación misteriosa; en el avión donde sonaba el pianista Vladimir Ashkenasy, y yo recordaría…”Ahora eres tu quien cierras los ojos, te sientes otra vez patas arriba, regresas a la sala de tu casa y escuchas a tu madre interpretando la eterna polonesa de tu niñez, y como siempre, con Chopin, surgen ellas, tu madre en el piano y ese rostro, vago y confuso”

Maracaibo, lunes 31 de agosto del año 2026

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