Egeria, también llamada Eteria, Ætheria o Etheria,
fue una viajera y escritora hispanorromana del siglo IV, autora de un famoso libro de
viajes, el Itinerarium Egeriae / Peregrinatio Aetheriae / Peregrinatio
ad Loca Sancta, comúnmente denominado en español Itinerario de Egeria. Los distintos códices que se conservan de la carta de san Valerio del Bierzo recogen su
nombre de diferentes formas: Aetheria, Echeria, Etheria,
Heteria, Eiheriai o Egeria.
Finalmente se ha optado por la opción
de Eteria, o Etheria. Otros propusieron la grafía Egeria, por figurar así en el Liber Glossarum, anónimo
del año 750, en los catálogos de la Biblioteca de San Marcial de Limoges (Itinerarium Egerie abbatisse), y en algunas
variantes de la carta de San Valerio. Esta última forma (Egeria) se puede considerar la forma más extendida en todas sus
referencias, constando esa grafía incluso en una colección de sellos españoles
dedicados a este personaje.
Aunque sus datos biográficos son pocos, se estima
que posiblemente era natural de la provincia romana de la Gallaecia,
en la diócesis de Hispania,
e incluso algún autor ha propuesto la posibilidad de que pudiera proceder de
la moderna comarca leonesa de El Bierzo,
en la Gallaecia interior.
La pista que relaciona el origen de Egeria con El Bierzo es que ella escribía a
sus hermanas, quienes residían en esta comarca y lugar desde el que iniciaría
su viaje.
En los trabajos especializados ha sido considerada la posibilidad de su parentesco con Aelia Flacila, la primera mujer de Teodosio el Grande. Existe una hipótesis según la cual se trataría de la hermana de Gala, de quien habla San Jerónimo de Estridón como pareja de Prisciliano. Algunos datos sobre los que no parece haber discusión son su ascendencia noble, su posición económica acomodada y su notable cultura. En sus escritos se revela como una mujer de profunda religiosidad, pero también, en boca de la propia Egeria, de ilimitada curiosidad.
Egeria visitó los Santos
Lugares (Egipto, Palestina, Siria, Mesopotamia, Asia Menor y
Constantinopla) en un largo viaje, entre 381 y 384, recogiendo
sus impresiones en su libro Itinerarium ad Loca Sancta,
libro que tuvo difusión por narrar de forma minuciosa y, sobre todo, animada el
viaje. Atravesó el sur de Galia (hoy Francia)
y el norte de Italia;
cruzó en barco el mar Adriático.
Llegó a Constantinopla en el año 381. De ahí partió a Jerusalén y
visito Jerico, Nazaret y Cafarnaúm.
Salió de Jerusalén hacia Egipto en
382, visitó Alejandría, Tebas,
el mar Rojo y
el Sinaí.
Visitó luego Antioquía, Edesa, Mesopotamia, el rio
Eufrates y Siria desde donde regresó vía Constantinopla. No hay constancia de la fecha, el lugar y las
circunstancias de su muerte.
El
manuscrito está redactado en latín vulgar,
tal como era hablado en la época, lo cual ha sido de gran utilidad para
estudiar la transición del latín clásico al tardío. Hasta 1884, la única referencia a esta mujer aparecía en una carta
a los monjes de El Bierzo escrita por San Valerio del Bierzo. En ese año Gian Francesco Gamurrini encontró
en la Biblioteca de la Cofradía de Santa María de Laicos en Arezzo, Etruria,
un códice en pergamino de
37 folios, en letra beneventana del siglo XI, dividido en dos partes que relataba
un viaje por Tierra Santa, había sido redactada en el monasterio de Montecassino,
y trasladada a Arezzo por Ambrosio Restellini, abad
de Montecassino desde 1599 a 1602. En 1801 Napoleón clausuró ese monasterio, trasladándose gran
parte de su archivo a la mencionada Cofradía de los Laicos. Hoy día el
manuscrito se conserva en el museo de la ciudad de Arezzo.
Gamurrini
atribuyó el relato a Silvia de Aquitania, hermana de Rufino de Aquitania,
mencionada por Paladio en su Historia Lausíaca, de quien se conocía
una peregrinación similar a la relatada por Constantinopla, Egipto y Jerusalén.
Durante casi veinte años se barajó la hipótesis de Silvia, o Silvina como
autora del texto, hasta que en 1903 Marius
Férotin publicó un estudio en la Revista de Cuestiones
Históricas atribuyendo el mismo a la virgen española Egeria.
De
esta monja hablaba
San Valerio en la carta mencionada más arriba, y haciendo un resumen de su
viaje que coincide en muchos puntos con el viaje relatado por el manuscrito
de Arezzo:
fecha, punto de partida, «de la costa
occidental del Mar Océano», etapas, duración, e incluso en algunos casos
San Valerio utiliza idéntico estilo y vocabulario en la descripción del
trayecto. Desde la publicación del artículo de Férotin nadie duda de la autoría
de Egeria para el pergamino de Arezzo. En el manuscrito: el Liber de
locis sanctis de Pedro el Diácono, quien
también menciona a la peregrina gallega.
Gracias
a la pax romana, una ciudadana del Imperio podía
viajar desde Gallaecia hasta Mesopotamia casi sin obstáculos. Esto sucedía
entre los años 29 a. C. y 180 d. C. La narración describe con
detalle el modo de viajar a través del cursus publicus romano, la red de vías utilizadas por
las legiones en sus desplazamientos (una red de 80.000 km) y las
dificultades a superar al transitar por paisajes inhóspitos. Solía emplear como
hospedaje las mansio, o casas de postas, o en otras ocasiones
acogiéndose a la hospitalidad de los monasterios implantados en Oriente desde
hacía años, pero todavía casi desconocidos para Occidente. Varias menciones a
lo largo del manuscrito sugieren la posibilidad de que contara con algún tipo
de salvoconducto oficial que le permitió recurrir a protección militar en
territorios especialmente peligrosos.
El Itinerarium se divide en dos partes: la primera narra el viaje
y comienza cuando Egeria está a punto de subir al monte Sinaí, tras haber
visitado Jerusalén, Belén, Galilea y Hebrón.
Desde ahí se dirige al monte Horeb, y regresa después a Jerusalén atravesando el país
de Gesén. Viaja después a Samaria y
al Monte Nebo.
En este punto se detuvo para escribir: «Y como el camino por donde teníamos
que ir era aquel valle de en medio que se extiende a lo largo [...] donde
se acomodaron los hijos de Israel mientras Moisés subía al Monte de Dios y
bajaba, aquellos santos nos iban mostrando siempre cada uno de los lugares por
todo el valle, como cuando vinimos». Cuando se cumplen tres años de su
partida vuelve de nuevo a Jerusalén y decide regresar a Gallaecia.
Durante su retorno visita Tarso, se detiene en Edesa, visita Siria y
Mesopotamia, y de nuevo a Tarso. Desde ahí pone rumbo a Bitinia y Constantinopla.
El diario del viaje termina en ese punto, aunque antes de concluir todavía
expresa su deseo de visitar Éfeso.
La segunda parte del diario describe la liturgia tal y como se lleva a cabo en
Tierra Santa, en oficios de diario, domingo y durante las fiestas de Pascua y Semana Santa.
Mostramos la Portada
de una traducción al inglés del Viaje
de Eteria publicada en 1919.
Maracaibo, miércoles 1 de abril del año 2026