Muchos hermanos falconianos como Francisco Eugenio Bustamante y Pedro Iturbe, como Tino Rodríguez tempranamente vinieron a la tierra zuliana, para luchar con nosotros, y han dejado huellas de prosperidad y progreso en nuestra región; todos ellos, han comprendido la gravedad del centralismo ancestral de nuestro país, como mecanismo que ha impedido el progreso nacional. En el fondo, este mal se regodea en un sentimiento de temor infundado en la mente de personajes que más que políticos, no han sido otra cosa más allá que politiqueros.
En el análisis del
conocido centralismo nacional, referido a la Medicina, es importante recordar
al Dr. Francisco Eugenio Bustamante
quien fue Rector de la Universidad del Zulia de 1898 a 1900. El médico coriano,
desde los cuatro años de edad pisaría nuestro cálido suelo, llenándose del
calor y la energía para emprender su gran sueño de ser médico, profesión a
través de la cual prestó un gran servicio público a los ciudadanos de esta
Tierra del sol amada.
Bustamante fundó
el periódico de la Universidad y sería el cirujano, que en 1874 realizaría en
Maracaibo la primera ovariotomía y por ello, se le considera el Fundador de la
Cirugía Abdominal en Venezuela. Maracaibo
de entonces, cuya situación y ambiente hospitalarios no eran los mejores para
la práctica quirúrgica; la propia casa de la paciente, Francisca González, en
la mesa improvisada del comedor de la casa, sólo contó con la ayuda de la
anestesia y si audaz fue la decisión que tomó Bustamante el 31 de agosto de
1874 al intervenir quirúrgicamente a la paciente, diagnosticada como “quiste ovárico simple y sin adherencias”,
Bustamante planificó cuidadosamente y ejecutó hábilmente la primera ovariotomía
realizada en Venezuela.
El Dr. Bustamante
siempre representaría al Zulia como parlamentario y una de sus mayores
preocupaciones fue lograr primero la autonomía del Estado Zulia, que era su
Estado adoptivo, pero él aspiraba hacer efectiva luego la de los otros Estados
también. El 29 de marzo de 1898, diría:
“Desde que se estableció la Federación no hemos tenido ni un solo día
de verdadera Federación. Estados autónomos sin autonomía, eso es lo que hemos
tenido; farsa, federación “in nómine” y nada más que farsa… quiero que los
Estados vuelvan a ser administradores de sus riquezas y no continúen bajo la
tutela del Presidente de la República…”.
Sus
palabras pronunciadas en el Senado en 1891, lo llevaron a enrolarse como Jefe
del Estado Mayor en un ejército en su mayoría de jóvenes idealistas, que pronto
serían derrotados por las fuerzas del gobierno, debiendo Bustamante tomar de
nuevo el camino del destierro residenciándose en Cúcuta, pero el 18 de mayo de
1875, como consecuencia de un terremoto en regresó
a Venezuela donde la orden dada por Guzmán lo obligaba a residir en Caracas
teniendo casa por cárcel, hasta el año siguiente
cuando fue llevado a las mazmorras de La Guaira, hasta que fue su madre Doña
Concha, la mujer fuerte, quien intercedió con éxito para que su hijo
traumatizado física y moralmente fuera puesto en libertad.
Cinco
años después del terremoto de Cúcuta Bustamante de nuevo se encuentra en
Cúcuta. El año 1884 marcaba otro camino hacia el exilio. Pasaría dos años en
San Cristóbal para regresar a Maracaibo en 1889, mientras gobernaba el país
Rojas Paúl. En 1892 acompaña a Joaquín Crespo en la Revolución Legalista y
junto a él hace su entrada triunfal a Caracas. y cuando Crespo decide continuar
en el poder, estando Bustamante como Embajador en Washington, renunció a su
cargo. A comienzos del presente siglo y con Cipriano Castro en la presidencia,
debería de nuevo salir al exilio, esta vez en Curazao después de que, gracias a
la petición de su esposa saldría en libertad de la prisión a que lo había
sometido “el Restaurador”.
Bustamante había
realizado en Maracaibo en 1874, la primera ovariotomía en Venezuela. Hazaña
audaz, más no improvisada. El Maracaibo de entonces, cuya situación y ambiente
hospitalarios no eran los mejores para la práctica quirúrgica la propia casa de
la paciente, Francisca González, en mesa improvisada del comedor de la casa,
sólo contó con la ayuda de la anestesia. Si audaz fue la decisión que tomó
Bustamante el 31 de agosto de 1874 de intervenir quirúrgicamente a la paciente
Francisca González, diagnosticada con un “quiste ovárico simple y sin
adherencias”, y haría la primera ovariotomía realizada en Venezuela.
En el V Congreso
Venezolano de Historia de la Medicina, del 10 al 14 de octubre de 1989 en
Maracaibo, El Dr. Alberto Silva Álvarez, en una Mesa Redonda, consideró al Dr.
Simón Ruiz como el iniciador de la
cirugía obstétrica y a Bustamante como iniciador de la cirugía ginecológica,
pero los doctores Tulio Briceño Maaz, José León García Díaz, y Orlando Arrieta
Meléndez y Rafael Molina Vílchez consideraron a Bustamante como iniciador de la
cirugía abdominal en Venezuela y a Ruiz Moreno como el precursor.
El año 2014, fui invitado por el Movimiento poético
de Maracaibo, a recrear por escrito y brevemente a un Quijote, pero de un Quijote nuestro, uno criollo, uno quien
además tuve la suerte de conocer personalmente, uno nacido en un lugar del país
donde las arenas son tibias y bajo el claror de la luna los chuchubes modulan
cantares. En Coro la ciudad de los médanos, el año 1905, nació Pedro
Iturbe Leiba quien, de Coro, se fue a Caracas, y estudió Medicina. Al
graduarse, se dedicaría a la Neumonología. Hizo post grados de Medicina del
tórax, en Italia, en Francia y en los Estados Unidos, y se vino a esta tierra
para fundar en 1932, un Dispensario Antituberculoso. Lo hizo cerca de un camino
de trillas que iba hacia el sur de Maracaibo. Así era San Francisco en aquellos
días, un pueblecito de sembradores, lleno de molinos de viento.
Allá lejos, al final de la Arreaga y de Los Haticos,
lanza en ristre este Quijote, se montó sobre un cerro de piedra de ojo, al
comienzo de una vía que se estaba creando para los automóviles y luego, mas
allá de una curva que originaba la entonces conocida Carretera de los Pozos,
esta se perdía en una larga vía que conducía a unos pozos de
agua en el camino hacia Perijá, los cuales fueron el inicio del acueducto en
Maracaibo, precisamente allá sobre aquel cerro, un peladero, Pedro Iturbe creó
“el Dispensario”. Seria ese “Dispensario” ubicado al final de Los Haticos, el
que se transformó luego, en 1948, en el Sanatorio Antituberculoso de Maracaibo.
Hoy el hospital General del Sur lleva el nombre de
nuestro Quijote, el medico coriano enraizado en el Zulia, quien no solamente
combatiría la tuberculosis, sino que enseñaría a cientos de enfermos a trabajar
en manualidades, orfebrería, ebanistería, labores de terapia con la que los
pacientes mientras se curaban, igualmente se formaban para para el trabajo. Así
en aquella, su institución, nacería un extraordinario grupo de médicos y cirujanos,
donde ya desde aquellos años comenzaría a hacerse maravillas en cirugía
cardiovascular, y se hacían trasplantes de órganos, y hasta llegaría a existir
un microscopio electrónico apadrinado por el genial científico maracaibero
Humberto Fernández Morán.
En lo personal, ningún éxito hubiera tenido en mis
esfuerzos por hacer investigación si no hubiese contado con el apoyo de este
don Quijote quien además era el padrino de mi promoción médica del año 1963
pues le dimos el nombre de “su Sanatorio Antituberculoso”. Un luchador
incansable, con axiomas visionarios, tenía sus propias maneras de enfrentar los
problemas, y nos decía que para lograr las cosas uno debe pelear duro, pedir
por más de cien si aspira por una sola, porque así es nuestro medio. Pedro
Iturbe, era pequeñito y arrugado, pero tenía una vitalidad tal que asombraba a
todos quienes tuvieron la fortuna de haberlo conocido.
En
Maracaibo, el miércoles 22 de abril del año 2026