El 7 de enero del año 2016, publicaría un artículo en este blog (lapesteloca), con el título de “No son los muertos lo que en dulce calma” donde hablaba de una poesía que recordaba y que le atribuían a diversos autores con una duda sobre su verdadero autor, que resultaría ser el poeta colombiano "Antonio Muñoz Feijoo (1851-1890). Nacido en Popayán, Antonio realizó sus estudios en la Universidad del Cauca. Fundador de la ¨Escuela Literaria¨, redactó varios semanarios políticos y otros de carácter exclusivamente literarios. Fue el autor de numerosas producciones literarias entre ellas poemas idílicos y épicos, además de escribir comedia. Una de las composiciones que mejor suerte ha corrido de cuantas escribiera Muñoz Feijoo es la tan discutida ¨No son los muertos los que en dulce calma....¨. El crítico mexicano Alfonso Junco publicó en ¨La Opinión´ de Los Angeles, California, un interesante artículo que traigo hoy a este blog (lapesteloca) por su interés histórico.
¨Hace nueve años, planteábamos el mismo problema: ¿De quién son estos versos? Minúsculo problema que se presta a repercusiones mayúsculas. Llovieron respuestas. Muchos aficionados y muchos doctos intervinieron amablemente y después de eliminar errores, precisas citas y remover recuerdos y volúmenes, venimos a seguir sin saber de modo decisivo y fehaciente quién es el autor de la repetida estrofa: ¨No son los muertos los que en dulce calma la paz disfrutan de la tumba fría; muertos son los que tienen muerta el alma y aún viven todavía!"
“En Méjico, casi todos nos sabemos de memoria la estrofa.....y todos ignoramos quién la forjó. Y no es que falten afirmaciones impresas: corre en libros la estrofa suscrita ora por Díaz Mirón, ora por Núñez de Arce, ora por Mariano José de Larra. Pero ahora me llegan voces de Colombia, en que con toda precisión y formalidad se atribuye esa estrofa (con otras dos que la acompañan formando una sola composición) a un poeta para nosotros incógnito: Antonio Muñoz Feijoo de Popayán, que floreció en el último tercio del siglo XIX”.
Don Alberto Carvajal de Cali, Colombia, una vez escribió: “El señor Feijoo fue compañero y condiscípulo de mi padre y él me contó al oírme recitar la primera estrofa de esa poesía, cómo nacieron estos versos: He aquí lo que mi padre me dijo aquel día:
¨Visitaba yo con frecuencia la casa de Antonio. Tanto él como yo vivimos los rosados años de la adolescencia y gozábamos hablando de nuestros estudios, nuestras ilusiones y nuestros nacientes proyectos literarios. Popayán era en aquella época, un centro de los de mayor actividad literaria y social. Quizá el más movido del país, después de Bogotá. Su universidad disfrutaba de bastante crédito en la República. Nosotros formábamos parte de un grupo de muchachos aficionados a las letras. Allí estaban Simón Rojas, Miguel Medina, José María Velasco entre otros. Un domingo llegué a casa de Antonio. Como estuviera escribiendo me acerqué sin que me sintiera y alcancé a ver por encima de su hombro una hoja de papel en la que había tres estrofas sin título. En cuanto se enteró de mi presencia, me dijo: ¨Acabo de escribir una poesía, pero estoy en un aprieto: No sé cómo bautizarla porque está formada por tres cuartetos de distinta rima que contienen, expresado en diversas palabras, los tres el mismo pensamiento. Vaciló un instante y, para leérmela, trazó encima de ellas estas palabras:Cuando el novel poeta no contaba entonces más de 17 o 18 años, (Ver ) escribiría :
En cuanto esta pequeña poesía llegó a manos de Julio Flórez, él la publicó en su periódico ¨Rayo X¨ sin dar crédito a Muñoz Feijoo, lo que dio a dudar que Flórez fuera su autor. Finalmente volvió a manos de la familia Carvajal y reposa en las páginas del álbum familiar. El 24 de enero del 2016 publicaríamos en este blog un artículo sobre el poeta Julio Flores.
Si regresamos a “este blog en 2016” cuando relataba una escena que copiaría, no sé de dónde, con el título de: “La Última clase de Patología Quirúrgica III. Parca”. Relataba el Dr. Lisandro M. Carnielli lo sucedido cuando un profesor había cumplido con el programa, y reunió a cinco estudiantes y les dijo: “¿Qué es la muerte? Aprovechemos para hablar de cosas que no están en los libros. Hablemos sobre sentimientos, hablemos sobre trato con los pacientes, hablemos de filosofía”... Miró a Quique, un tipo más bueno que el agua (…y estudiante de medicina), y le dijo: –Enrique, ¿qué es la muerte? Enrique pareció relajarse… ¡Es que esa la sabía! –¡La muerte es el cese de las funciones vitales!- Lo repitió casi como si estuviese leyendo aquel libro de Biología Básica de primer año y los ojos del profesor se inyectaron… Conociéndolo, y para salvar a Quique, me apuré a recitar el siguiente poema: -No son los muertos los que en dulce calma/ la paz disfrutan de su tumba fría, muertos son los que tienen muerta el alma/ y viven todavía. -No son los muertos, no, los que reciben/ rayos de luz en sus despojos yertos, - los que mueren con honra son los vivos, /los que viven sin honra son los muertos. -La vida no es la vida que vivimos, /la vida es el honor, es el recuerdo. -Por eso hay muertos que en el mundo viven, /y hombres que viven en el mundo muertos. Los ojos del profesor, esta vez se llenaron de lágrimas… El poema se llama “Un pensamiento en tres estrofas” y fue escrito, casi con seguridad, por el colombiano Antonio Muñoz Feijoo. Cuando digo casi con seguridad, es porque el mismo es atribuido a muchísimos autores: Amado Nervo, Gustavo Adolfo Bécquer, Abdón Rodríguez Zea, Manuel Ricardo Palma Soriano, Julio Flórez y Simón Díaz Zelaya.
El Dr. Lisandro M. Carnielli era un médico, residente de oftalmología, un divulgador, escéptico y ateo. (Este relato “¿Qué es la muerte?” fue publicado en Rosario, Argentina, el 28/09/2009) y este artículo es presentado de nuevo en este blog (lapesteloca) para recordar a poetas y poemas casi olvidados y darles su merecido crédito.
En Maracaibo, el miércoles 4 de noviembre del 2026.









