domingo, 31 de mayo de 2026

Las autopsias, una historia…(2)


Tan solo cincuenta años atrás, la práctica de las autopsias para la civilización occidental era parte integral del ejercicio de la medicina hospitalaria. Ya lo dijimos, y este hecho era por demás demostrable al comprobar cómo en los Estados Unidos más de la mitad de los enfermos que fallecieron en el año 1950 fueron autopsiados. Nosotros, los patólogos venezolanos, cuando comenzábamos a organizarnos como grupo de especialistas médicos interesados en el desarrollo de esta especialidad médica, presenciaríamos como se producía el declive de las autopsias en el mundo. ¿Nos convocaban a regresar casi sin haber ido?

Repetitivamente habíamos llamado la atención sobre la situación del peligroso alejamiento de las autopsias. Ante el desinterés de los clínicos y el casi nulo entusiasmo de los patólogos mismos, decidimos ponerle atención al fenómeno. ¿Cómo revivir las autopsias? Teníamos que insistir en considerarlas como el muy necesario control de calidad de la medicina hospitalaria, pero las autopsias eran cada vez menos solicitadas por nuestros colegas médicos-cirujanos, ¿y los patólogos? Como si nada estuviese aconteciendo. ¿Cómo analizar aquella situación?

Nuestra posición en el IAP de la UCV ante la declinación de las autopsias, era de un férreo ejercicio de la patología tradicional, indispensable por demás para la docencia de post grado en nuestra especialidad. Sabíamos que éramos el único centro donde se autopsiaba a pacientes con SIDA y gracias a ese esfuerzo de nuestros jóvenes médicos estudiantes de patología -ahora importantes anatomopatologos-  logramos describir lo que sucedía con esa enfermedad en el país… Pero estábamos ya a finales de los 80 y entrando en la década de los 90. Nadie podía predecir que estábamos en una etapa terminal para el país… La decadencia –no solo de las autopsias, de la salud pública en general, en los centros hospitalarios de todo el país era apabullante. ¿Era reflejo del entorno socio-político-cultural del medio venezolano? Vivíamos todavía en la engañosa bonanza petrolera de un sistema empobrecido por los desmanes de un Estado centralizado sobreprotector en manos de políticos corrutos e incapaces…

Les informo que EL CÁNCER tiene mucho que ver con todo este terrible asunto que estamos rememorando y que gira alrededor de la desagradable tarea de “rajar muertos” en un país donde abundan los vivos y los que se rajaban (¡que eran unos cuantos!), era porque se iban a disfrutar sus usufructos en lejanas regiones del globo terráqueo. La palabra CÁNCER es casi como palabra-mágica, para los patólogos. Esa enfermedad nos identificaba ante los colegas médico-cirujanos como algo más que “raja muertos”.  Gracias al cáncer somos aceptados por los colegas como entes útiles a la sociedad. Gracias a él, las personas entienden lo que hacemos los patólogos y aceptan que servimos para algo… De la capacidad que tiene el patólogo para decir con precisión y certeza cuando una lesión cancerosa es más o menos maligna, dependerá (algunas veces) el que sea apreciado por el entorno médico. Gracias a la habilidad diagnóstica, producto del estudio y de la experiencia, aunque terriblemente subjetiva, los patólogos venezolanos deberíamos haber tenido una importancia crucial en las labores preventivas de despistaje del cáncer por citología. Pero la realidad nuestra era y ha sido diferente.

En rebatiña o en franco contubernio con los citotecnólogos, formados indiscriminadamente y bajo criterios crematísticos más que de salud pública, cada vez era mayor el número de patólogos que por la vía del “despistaje del cáncer” lograban sobrevivir, asociándose con citotecnólogos. Igualmente los citotecnólogos, pasaron a trabajar libremente sin la supervisión de los patólogos o asociados a ginecólogos que les resultaba un mejor negocio... ¡Vivíamos en lo que llaman un desbarajuste total!

Hace años ya, cuando ante la desoladora realidad de la asistencia pública del país, hice por la prensa un llamado a los patólogos, para que asumieran el rol de ser supervisores de los hospitales. Les propuse hacer con las autopsias un real control de calidad asistencial para salir del marasmo de la incertidumbre, (https://bit.ly/346wOPv) planteando que cada defecto podría ser visto como un tesoro (El Nacional, Caracas. 1/ 4/ 1991).  El tema de la autopsia en los enfermos con cáncer merecía ser revisada con especial atención. En nuestro país era y es lamentable que no se hagan autopsias en los hospitales anticancerosos. Esta situación no es de ahora, cuando ya nadie está interesado en el estudio post mortem de los cadáveres. . .

¿Cómo sabíamos hasta qué punto los pacientes de cáncer se curaban en nuestro medio con la quimioterapia?, ¿o con la radioterapia? ¿Qué sabíamos de sus complicaciones? ¿Qué hay del trombo embolismo pulmonar? ¿Qué tal los agentes infecciosos involucrados como parte del compromiso inmunológico? ¿Sabemos acaso de que se mueren los enfermos con cáncer en nuestro país? ¿Cómo podemos saberlo, si no hacemos autopsias en los hospitales donde tratan a los enfermos con cáncer? ¿Cuánto no pudiésemos aportar los patólogos al progreso del conocimiento de las neoplasias y de los efectos, beneficiosos o no del tratamiento de los pacientes venezolanos con cáncer, si hiciésemos autopsias?

Lo triste de esta historia es que la falta de interés por las autopsias, era compartida por la inmensa mayoría de los médicos clínicos oncólogos, los cirujanos oncólogos, los ginecólogos, algunos quimio y radio terapeutas y particularmente por nosotros, los propios patólogos… Se aceptan las autopsias como requisito indispensable para que el sistema judicial procese a los fallecidos por “causas no naturales”, se hacen exhumaciones, y autopsias para cobrar herencias, o para experticias sobre seguros de vida, o para llevar a la cárcel a delincuentes. Sobre las deficiencias de nuestra patología forense, publicábamos artículos por la prensa (Bello Monte sabatino, El Globo, Caracas, 8/3/ 92).

Uno de los errores en el desconocimiento del verdadero valor de la autopsia es considerar que los métodos diagnósticos llamados “no invasivos” resuelven los problemas de diagnóstico a través de imágenes. Sin negar su importancia, (en 2021 lo escribí, tan solo para recordar con tristeza los tiempos cuando existían estos equipos eficientemente trabajando en el país ya depauperado), la única manera de demostrar cuando las imágenes no se corresponden con realidades ya diagnosticadas y en ocasiones ya tratadas, es la Anatomía Patológica. No han logrado las estadísticas demostrar una mejoría en el diagnóstico de las lesiones con los métodos de imagenología cuando se comparan con la precisión del estudio anatomopatológico macro y microscópico, eficientemente realizado.

Hasta aquí escribo hoy, en el año 2026 del Siglo XXI -tras revisar aquel trabajo que logré publicar hace ya una veintena de años, y al recordarlo ahora, en lo que simula ser el final de la tragedia del mal llamado “socialismo” que ha destruido al país y sus instituciones, nos hemos estancado y retrocedido médica y científicamente muchas décadas sin poder acceder a los avances más elementales para cubrir las necesidades mínimas en este siglo XXI, Por eso insisto en repetirlo para que se lo cuenten a quienes ilusos aspiran a volver a vivir en un país como aquel que fue un adalid en la Medicina y en mil aspectos más, y ahora es lo que vivimos todos, quienes no han emigrado y resisten en una tierra que sistemáticamente ha sido devastada por una cáfila de incompetentes y desvergonzados malhechores.  

Pero… ¿Que podemos hacer? Sí, o como decían en la RadioRochela… ¿Y qué va usted a hacerle? Murmurar quizás… “No le cuentes a nadie mi historia, historia triste”… ¿He de cantarlo, como lo escribiera en aquel valse nuestro tenor Alfredo Sadel?  ¿Tener que “fingir diciendo: ¿“Dí”? Disimulando que aquel fue un amor hermoso… Pero estamos en el mismo país… ¿Hacerlo para proteger y perpetuar su memoria? Puede que sea un recurso válido… En este caso, al conversar sobre nuestra historia, habrá que finalizar repitiendo…  “No digas la verdad, la verdad que conoces, de la que siempre te arrepentirás”…  

NOTA: Aquí y así -cantando- finaliza la historia de nuestras autopsias y entendemos que se fue mayo, el mes de las flores….

Maracaibo, el domingo 31 de mayo, del año 2026

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