sábado, 23 de mayo de 2026

Filosófica retahíla


En el mes de agosto del año 2023, escribí este artículo como “Retahila filosófica”, dizque pretendiendo simplificar lo más profundo de las bases da la Filosofía tradicional anterior a Sócrates y a Platón, ¡Que molleja de pretensión! Y si me quedé corto, añadiré ya en el lenguaje de los autóctonos maracuchos de nombres muy esdrújulos, algunos comentarios sobre Asclepio, el dios de la Medicina, llevados desde los años de la pandemia (2021) en este blog (lapesteloca) hasta aquel agosto del 2023… Lo retrotraigo ahora en 2026, por la sencilla razón de que… Me dio la gana de hacerlo y por favor, perdónenme el estropicio lexical…

Tales de Mileto

 (650) … ¿Quién no ha oído hablar de Tales? (no es el de “tales y cuales”).  este Tales, era uno de los siete sabios de la antigua Grecia quien decía que todo lo que existe tiene un origen común; en realidad estaba más claro que el agua, pero… ¿De verdad agua? Su discípulo Anaximandro (610) coterráneo de Tales, fue más allá, y dijo que era algo más que el agua, sí, y hablo del ápeiron, algo único, y atemporal, el ápeiron, que no es agua, ni es tierra, ni fuego, ni aire; no tiene forma concreta, es infinito… 

Así se llegaría al concepto de: el cosmos, y Anaxímenes (590) plantearía que el principio es el aire, el pneuma, allí está todo, el cosmos y el ambiente… Habría de aparecer Pitágoras (570) de Samos, quien pensando aclarar las cosas se fue a Crotona con su grupo para señalar que el alma tiene un origen divino y está presa en el cuerpo. Además, propuso que el universo es armonía y está regido por las matemáticas.

Jenófanes (570) un jonio de la Magna Grecia decidiría cerrar la discusión al afirmar que la unidad del ser primigenio es el arjé. Heráclito (540) era un defensor del arjé e insistiría en que todo fluye en el cosmos, pero el alma de esa energía no es otra cosa que el fuego.

En aquel entonces, así andaban las cosas cuando surgieron los eleatas en la Magna Grecia con Parménides (515) de Elea, quien vino a refutar las ideas de los pitagóricos al establecer que solo hay dos cosas: la verdad guiada por el pensamiento y el error guiado por los sentidos. Para pensar en algo, es necesario que exista; si algo no puede ser pensado, es que no existe, ¡y punto! Así dijo Parménides y a él le siguieron un par de eleatas, Zenón de Elea y Meliso de Samos. Sera entonces cuando aparecerán los Monistas, con nuevas ideas. El siciliano Empédocles (490) de Agrinto, dirá que son cuatro los elementos que existen: fuego, tierra, aire y agua. Al morir la persona, el cuerpo va a disolverse en los 4 elementos y el alma retorna a su origen divino en armonía y amor.

Anaxágoras (500) apuntará que el principio del cosmos está en homehomerias que son partículas mínimas e infinitas de desigual tamaño. En ese tiempo, Luciano de Mileto era el maestro de Demócrito (460) quien será el último de los materialistas de Mileto y quien apuntaría que es en el vacío donde se agitan los átomos (solidos, indivisibles e impenetrables). Diferenciándose de Empédocles y de AnaxágorasDemócrito va a insistir en que es necesario recurrir a la razón. Es cierto que existe la ética, y el hombre, que es materia, también con la educación, debe ser capaz de alcanzar su propio destino

El dios de la Medicina que según los griegos se llama Asclepio, y para los romanos era el mismo Esculapio, cuenten lo que cuenten, al hablar de Asclepio es necesario mencionar a Quirón el centauro, quien fuera su maestro de medicina y cirugía. Quirón fue maestro, no solo de Asclepio sino también de Aquiles, lo digo tan solo por si forsi... ¿Lo sabías Aquiles?

Quirón era hijo de Cronos y de la Oceánida Filiria, una criatura que por el nombre pudiese entrar en el ranking de las maracuchas y no faltará quien diga que no era Filiria sino Filaria. Si este fuera el caso, si fuera Filaria, sería infecciosa porque sabemos que la Filaria Loa loa provoca edemas de las piernas si las microfilarias pululan en la sangre periférica, y pueden relacionarla igualmente con la filariasis linfática, que lleva a la elefantiasis y en este caso la Filaria es la que denominan Wuchereria bancrofti, la de la elefantiasis. Además, es bueno recordar que la trasmiten los mosquitos… Por si las moscas. Bueno, ya está bien. Es por culpa de Filiria, la del nombre exótico… Sigo. ¿Sí?

Homero, quien no es Simpson sino el señor invidente que escribió La Ilíada y La Odisea, llamó a Quirón “el más justo de los centauros”. El ya mentado maestro fue no solo del joven Aquiles sino que también lo fue de Castor y de Polux, de Teseo, de Nestor, de Meleagro y de Diómedes, y por supuesto, de Asclepio.

Homero en la Ilíada cita a Podalirio y a Macaón como hijos de Asclepio. ¿Verdad que suena como que hay ya demasiados maracuchos en este cuento? Es importante entender que “los asclépiades” eran los médicos, sacerdotes descendientes de Asclepio y que no todos los médicos griegos eran asclepíades

En realidad, Asclepio, de acuerdo con la Mitología era hijo del dios Apolo y de Coronis, hija del rey de Flegias. La historia relata como Apolo, el dios griego, sorprendió a la bella Coronis, hija de Fleijas que era rey de Tesalia, bañándose en el lago Bobeis  -este es el nombre del lago, y aunque les suene, no era “vos véis”- Apolo la vio pues, y le sucedió algo así como lo que contaba Simón Díaz con Mercedes la que estaba bañándose y le llegó su caimán y claro está, también con Simón mismo, morboseador voyeur él, en fin… Bueno, pues resulta que Apolo se enamoró de Coronis, y la doncella, como era de esperarse le correspondió y así en ausencia de caimán, su pae, o sea, su mero papá, un poco después del baño, le informaría que estaba destinándola a casarse con Isdup. Aunque tenía ese nombre medio extraño, su padre insistía en que ese y no otro, tenía que ser su marido.

Sigue el cuento, utilizando un cuervo que le servía como espía, y conste no era el de Edgar Allan que pasaba su tiempo aleteando para posarse en la cornisa de una puerta, o sobre la cabeza de Palas -otra diosa-; el pájaro espía de Apolo, era en realidad un cuervito decente y por eso, el mero dios Apolo lo envió de averiguador -tipo detective-, pero cuando se enteró del arreglo prenupcial por el zamurito que le chismeó sobre los proyectos del padre de Coronis, Apolo entró en cólera y lleno de ira, y ¡había que ver lo que era un dios enfurecido!, transformó al avechucho en un pajarraco de color blanco, ¡cual paloma de la paz!, ¿y qué culpa tengo yo? Diría el cuervito blanco y medio chueco, todo avergonzado se quedó, mientras de inmediato Apolo, fue al sitio. Esmollejadamente se apersonó -como dicen ahora-, y ríquiti, le dio muerte a Isdup; afortunadamente no informan la manera de hacerlo, o sea el cómo, pero, con seguridad olímpica, fue una terrible “matica de café”…  

Coronis y sus compañeras de juegos -pobrecitas- fueron muertas a flechazos por Artemisa, la hermana de Apolo, que no sé por qué, de pura asomada se metió en este cuento una vez que la pobre Coronis hubo expirado, y se preparaban familiares y amigos, para cremarla por los métodos de aquel entonces, hete aquí que Apolo se apareció y cuando vio a su amada Coronis en una pila funeraria ya chisporroteante, no se le ocurrió salvarla, sino que se le fue encima y le hizo una laparatomía exploradora –como si fuera un Asclepio cualquiera- y liberaría del vientre materno al hijo que aún no había nacido. ¡Me importa un rábano!, dizque dijo Apolo, y se llevó al fetico aquel volando y volando, y así llegó hasta el monte Pelión para dejárselo al centauro Quirón que vivía en su cueva…

¡Ve que molleja de historia la de Asclepito! y después dicen que si la televisión o el cine son los que conducen a la violencia… ¡No frieguen!

Maracaibo, sábado 23 de mayo del año 2026

viernes, 22 de mayo de 2026

Poesía tachirense

 

Fernando Carlos Tamayo fue uno de los poetas líricos más firmes y expresivos del Táchira. Hijo primogénito de Don Lorenzo Tamayo de la Madriz y de Doña Albina García de Tamayo, Fernando, nació en Valencia el año 1890 y antes de cumplir el año se trasladó con sus padres a San Cristóbal.

 

Tuve la suerte de conocer personalmente a mi tío Fernando, en Maracaibo el año 1947. En aquel entonces yo era un niño de ocho años, pero recuerdo perfectamente su visita a nuestra casa, “Los Arrayanes”. Mis hermanos y yo, sabíamos que era el mayor de nuestros tíos, que era poeta y que había combatido en “la guerra del catorce”.

Estuvo unos meses en Maracaibo, antes regresar a Los Estados Unidos, donde fallecería al año siguiente, en agosto de 1948.  No podía imaginarme, a la edad de ocho años, la importancia de mi tío como poeta, pero si comprendimos, mis hermanos y yo, que él era un personaje de esos que solo se encuentran en los libros de aventuras.

Fernando Tamayo formó parte de un grupo de jóvenes tachirenses, inquietos y talentosos, muchos de ellos agrupados en torno a la revista “Bloques”, escritores de poemas y de ensayos quienes mantenían viva la actividad cultural en la San Cristóbal de comienzos de siglo.  En aquellos duros días, en una Venezuela rural, acogotada por guerras y dificultades económicas, Fernando Tamayo, con José Abel Montilla, Ramón Leonidas Torres, Eduardo López Vivas, y su hermano Francisco Tamayo, comenzaban a descollar en la actividad literaria del Estado Táchira y del país nacional.

Se vivían los últimos años del régimen de Cipriano Castro y alboreaba la larga dictadura gomecista. En el año de 1907 tenía Fernando 17 años y un panorama imprevisto se abrió ante él. La posibilidad de abandonar el suelo nativo agitaría sin duda su corazón de soñador y poeta, seguramente él sopesaría la idea, posiblemente pensaría en sus padres, en sus hermanos, en Inés Dávila y decidiría aceptar el reto. A finales de ese mismo año, a lomo de mulas, en tren y luego embarcándose en varios vapores, marcharía lejos de su patria, para irse a estudiar en Norteamérica. 

En el Colorado College, de Colorado Springs habría de iniciar Fernando su periplo de personaje novelesco. Fue estudiante de ingeniería civil, profesor de español, deportista, dibujante, se fue a la guerra del 14 con sus compañeros y sus discípulos, y ya en el frente de batalla, en la cruenta guerra de las trincheras estuvo dirigiendo una compañía de Infantería siendo condecorado por sus servicios de guerra con la medalla “La Meuse Argone”.

Regresaría a Norteamérica y en el Colorado College volvería a ser profesor de español y se graduaría de Filosofía y Letras. Casó con una norteamericana, fue obrero en molinos para la extracción de oro, lavaplatos en un restaurante neuyorkino, actor de cine, cowboy, guionista de películas, director de Publicidad de la Columbia Pictures, asesor de Producción de la Fox, premiado con un Oscar de la Academia de Artes Cinematográficas en Hollywood por el guión de la película “Sombras de Gloria” en 1935, ejercería el periodismo en Nueva York y con una sólida cultura humanística, se transformaría en un erudito, versado en literatura y filología.

Durante sus años de estudio en Colorado Springs y con los avatares de su existencia, el poeta siempre tuvo presente su tierra tachirense, las montañas andinas, sus gentes, su familia, y será esa nostalgia del terruño la que formará la médula de su poesía. “Romance del camarada muerto”, fue escrita en un pueblo de Francia tres días después de la firma del armisticio en noviembre de 1918.

Extraño que en mis recuerdos/ de esta madrugada fría/ no se agiten torvos cuervos/ de pasiones agresivas;/ sino que en fugaces giros/ las alegres golondrinas/ de mi añoranza, pincelen/ en raudas policromías,/ paisajes inolvidable/ de mis lejanas campiñas

…   La niebla durmió en la selva, / y acre, la humarada pícrica/ que a la neblina emponzoña/ nos sofoca. Mis pupilas/ se esfuerzan por cotejar/ los “números” en las filas/con la voz que dice –Aquí/ sin el timbre de sonrisa/ que en mi mente conectaba/ la voz y fisionomía.

…    Las últimas instrucciones/ con su voz clara, ascerina,/ inalterable y sonora,/(tiene hoy dejos de caricia)/ las da el Sargento Primero,/ ductor de la Compañía:/ (se ve que quiere velar/ amarguras presentidas.) -Al removerse y dejar/ el rollo de sus cobijas!/ Si vuelven, aquí estarán/  para quien venga a pedirlas/ Y si no, pues... es...muchachos,/ que ya no las necesitan./ Good luck, boys, and give ´em hell !/ Después… la orden de partida./ Te vi marchar con los otros/ chiquillo de la alegría,/ inconsciente del peligro/ porque no lo presentías./ Despreocupado y casual/ fuiste a jugarte la vida/ cuando apenas enfloraba,/ chiquillo de la alegría,/ con el sol en los trigales”/ de Kansas en tus pupilas/ y en tus cabellos el oro” de sus repletas espigas./

…     Te vi marchar con los otros/ chiquillo de la alegría,/ inconsciente del peligro/ porque no lo presentías./ Despreocupado y casual/ fuiste a jugarte la vida/ cuando apenas enfloraba,/ chiquillo de la alegría,/ con el sol en los trigales/ de Kansas en tus pupilas/ y en tus cabellos el oro/ de sus repletas espigas.

…    Cuando te hallé, ya no eras.  / No había sol en tus pupilas /y el lodo había mancillado / el oro de tus espigas. / La medalla de la Virgen / sobre tu pecho pendía / y, compasiva besaba / un hueco de tus heridas. / Casco en mano, los sollozos /mi oración enronquecían... / Un instante, nada más, / y me sacudió la vida.

Para mí nunca habrás muerto, /chiquillo de la alegría; /había paz en tu semblante /que enmarcaba una sonrisa: / esa tarde, camarada, /rendido por la fatiga,  / te habías quedado dormido  / diciendo un Ave María.

                                    (Escrito en un lugar de Francia, en Noviembre de 1918 ).


He traido algunos fragmentos del poema de mi tío Fernando Carlos Tamayo (Romance del camarada muerto) aunque muy resumido, para ofrecerlo para los amables lectores de lapesteloca, y finalmente, muestro una foto de mi hijo menor quien, como mi hermano mayor y como su “tío-abuelo”, también se llama: Fernando.

Maracaibo, el viernes 22 de mayo del año 2026

jueves, 21 de mayo de 2026

El pequeño lagarto “carnicero”


Resulta que los museos no solo son valiosos por lo que exponen, también lo son por lo que esconden, o almacenan, en ocasiones sin saberlo, pero existen auténticos tesoros que, una vez que salen a la luz, pueden llegar a cambiar lo que se creía sobre algunos capítulos de la historia natural.

En 2022 identificaron “una sexta gran extinción masiva”, que impulsó el reinado de los dinosaurios, pero… ¿Cómo? ¿Sera posible que un lagarto descubierto en un armario adelante el origen de estos animales 35 millones de años? Pue así resultaría ser. El llamado 'pequeño carnicero' por sus dientes afilados, pasó desapercibido 70 años en los almacenes del Museo de Historia Natural de Londres.

 

Este el el ejemplo de un lagarto ha sido bautizado como 'Cryptovaranoides microlanius'. La primera parte de su nombre significa 'lagarto oculto', por haber permanecido en un cajón y también por el hecho de que vivía en grietas en la piedra caliza en pequeñas islas que entonces existían alrededor de Bristol. El dibujo, corresponde a la Impresión artística del lagarto Cryptovaranoides por Lavinia Gandolfi(Ver). En realidad, este es un género extinto de reptil del Conglomerado Magnesiano del Triásico Tardío de Inglaterra, el cual contiene una sola especie ,el  Cryptovaranoides microlanius.

La segunda parte de su nombre es 'pequeño carnicero', por sus mandíbulas repletas de dientes afilados para cortar, se puede apreciar en el dibujo de sus mandíbulas (Ver). Piensan que probablemente se alimentaba de artrópodos y pequeños vertebrados y este pequeño “carnicero” está emparentado con lagartos vivos como los monitores o los monstruos de gila, pero cuando fue descubierto en los años 50 nadie supo reconocer su valor, ya que entonces no existía la tecnología necesaria para exponer sus características contemporáneas.   El fósil de este pequeño lagarto, fue almacenado en una colección de museo, incluidos especímenes de una cantera cerca de Tortworth en Gloucestershire, al suroeste de Inglaterra.

David Whiteside, de la Escuela de Ciencias de la Tierra de Bristol, vio el espécimen por primera vez en un armario lleno de fósiles de los almacenes del museo, donde es un científico asociado. El lagarto estaba catalogado como un reptil fósil bastante común, un pariente cercano del Tuatara de Nueva Zelanda, que es el único sobreviviente del grupo Rhynchocephalia, que se separó de los lagartos escamosos hace más de 240 millones de años. Los científicos escanearon con rayos X el fósil, lo reconstruyeron en tres dimensiones y se dieron cuenta de que, en realidad, estaba más relacionado con los lagartos modernos que con el grupo Tuatara.

Según explica el equipo en la revista 'Science Advances', Cryptovaranoides es claramente un escamoso por diferentes características físicas, como las vértebras del cuello, la forma en que los dientes están colocados en las mandíbulas, la arquitectura del cráneo, etc. Solo hay una característica primitiva importante que no se encuentra en los escamosos modernos, una abertura en un lado del extremo del hueso del brazo superior, el húmero, por donde pasan una arteria y un nervio.

Además, el fósil tiene algunos otros caracteres aparentemente primitivos, como unas pocas filas de dientes en los huesos del techo de la boca, pero los expertos han observado lo mismo en el lagarto de cristal europeo moderno y existen muchas serpientes -como las boas y las pitones- que tienen múltiples filas de dientes grandes en la misma zona…

«En términos de importancia, nuestro fósil cambia el origen y la diversificación de los escamosos desde el Jurásico medio hasta el Triásico tardío», dice Mike Benton, coautor del estudio. «Esta fue una época de gran reestructuración de los ecosistemas terrestres, con el origen de nuevos grupos de plantas, especialmente coníferas, así como nuevos tipos de insectos, y algunos de los primeros grupos modernos como tortugas, cocodrilos, dinosaurios, y mamíferos«, explica.

«Agregar los escamosos modernos más antiguos completa el cuadro. Parece que estas nuevas plantas y animales entraron en escena como parte de una importante reconstrucción de la vida en la Tierra después de la extinción masiva del final del Pérmico hace 252 millones de años, y especialmente el Evento Pluvial Carniense, hace 232 millones de años, cuando los climas fluctuaron entre húmedo y cálido y causó gran perturbación a la vida».

 

El episodio pluvial del Carniense (EPC), también conocido como evento pluvial del Carniense, fue un intervalo de cambio climático global de hace unos 234-232 millones de años[ que coincidió con cambios importantes en la biota terrestre y marina. La parte final del Carniense, es una subdivisión del período Triásico Superior, el cual duró aproximadamente entre 1 y 2 millones de años. El EPC. Durante este el EPC aparecieron algunos de los primeros dinosaurios (incluyendo los ancestros de las aves), lepidosaurios (ancestros de los lagartos y serpientes modernos) y formas de mammaliaformes (ancestros de los mamíferos).

Los dinosaurios no siempre fueron tan frecuentes en los ecosistemas del Mesozoico como lo fueron durante el Jurásico y el Cretácico. A lo largo del Triásico Tardío , este grupo desempeñó un papel más discreto en los paisajes terrestres, y su radiación inicial abarcó algunos eventos clave. La mayoría de los primeros dinosaurios eran animales pequeños, de no más de 1,5 veces  el tamaño faunístico del Carniense , con unas 10 especies reconocidas hasta ahora; sus fósiles nunca representan más del 5 % de los registros de tetrápodos terrestres de las unidades estratigráficas en las que aparecen. Aunque esta hipótesis necesita ser examinada con mayor profundidad, estudios recientes han demostrado que esta diversificación inicial de los dinosaurios fue casi sincrónica con el Episodio Pluvial del Carniense, lo que sugiere que ambos eventos podrían estar relacionados de alguna manera. 

Maracaibo, jueves 21 de mayo, del año 2026

miércoles, 20 de mayo de 2026

“El oficio”…Una charla…(2)


Así que, después de todo este cuento, -casi novela- que les estoy relatando, mientras formábamos los anatomopatólogos que el país necesitaba -me dediqué a escribir - y a escribir - A releer cuartillas para corregirlas y desde entonces he tratado de concienciar algo de lo que me enteré, -a través de mi maestro Eduardo Liendo-, dijera en una ocasión Oswaldo Trejo: “el compromiso primordial del escritor es, escribir.

En 1986 y ya dándole los últimos toques a “La Entropía Tropical”, me metí en un proyecto acariciado desde hacía varios años. Quería escribir una novela sobre Rafael Rangel, y deseaba usar al presidente Cipriano Castro como contrafigura. Crear una novela que transcurriría durante los tres últimos años de la dictadura castrista, culminaría con la peste bubónica en La Guaira, el suicidio de Rangel y el exilio para siempre de Cipriano Castro.  Aquellos tres años de sucesos a comienzos del siglo XX debían ir corriendo paralelos a varias historias vivenciadas en los treinta años de nuestro sistema democrático: era algo desmesurado, una idea disparatada…

Después de cuatro años de re escribir y de corregir algo que llamaría “La Peste Loca”, todo aquello se me había transformado en un hipertrófico manuscrito de más de 700 páginas. Acepté entonces los consejos de quienes me explicaron la imposibilidad para un autor desconocido, de publicar algo tan voluminoso, y decidí separar la historia del pasado, y la del período democrático y así nacieron, con la “Entropía Tropical”, “La Peste Loca” y “El movedizo encaje de los uveros”.

Eran tres novelas, que permanecerían inéditas, hasta que, en un viaje a Maracaibo, le enseñe un manuscrito a un buen amigo -Jesús Ángel Parra, ahora Semprun-, en la Secretaría de Cultura de la Gobernación del Estado Zulia y a él le gustó aquello que yo llamaba “la jerigonza” y así nació “La Peste Loca”. Cuando yo pensaba nadie se atrevería a publicar aquello, en la gobernación de Arias Cárdenas, en mi Maracaibo y –en 1997-  ¡publicaron mi primera novela!

Debo contarles que había estado asistiendo durante 2 años (en 1992-y-1993) a un Taller de Narrativa dictado por el escritor Eduardo Liendo en un hermoso edificio en el mero centro de Caracas, aprendí muchas cosas sobre los escritores y su trabajo como oficio, y se estimularía mi entusiasmo por la escritura. Fue así como en 1994 mi novela “Escribir en La Habana” gano la Bienal de Literatura José Rafael Pocaterra del Ateneo de Valencia, y en 1997 en otra Bienal de Literatura, del Estado Falcón (Elías David Curiel) mi novela “Para subir al cielo” también sería la ganadora. Estos galardones estimularon mi interés por la escritura como oficio y desde aquellos días…

Quisiera señalar también, -sinceramente-, aprendí que si algo es importante- -es crucial- en el oficio de escribir, es hacerlo desde el fondo de cada quien; tratar de lograrlo desnudando el alma. Sin afanes de pedagogía, sin ideales políticos, sin proclamas reformistas, sin ser rebasado por lo sociológico o por sus propios conflictos…  Esto puede ser difícil… Puede resultar muy complejo, porque, además de las vivencias de cada quien, existe lo que cada escritor haya ido incorporando a su intelecto como lector de muchos autores y es factible que él mismo se transforme en un espejo de todo lo aprendido y como nos decía Liendo citando a Federico Amiel, resulta que al escribir todos no somos más quecopia de copias reflejo de reflejos”…

Evidentemente, hay que cuidar la ortografía, la sintaxis y la prosodia. El estilo puede ser hiperbólico como en el barroco, puede ser desmesurado como los textos de Lezama Lima o puede ser de una erudición apabullante cual “Palinuro” de Fernando del Paso, o como a veces lo hacía nuestro Denzil Romero, pero más importante que una copiosa erudición, como la de “Terra Nostra” de Carlos Fuentes, puede resultar la economía de los medios de expresión, y en ella puede residir el secreto de la difícil sencillez que nos legara Tolstoi, o la diáfana claridad de Borges, quien sin circunloquios verbales siempre demostró que no es lo mismo ser simple que sencillo. 

El lenguaje usado tiene que ser claro y preciso. Un lenguaje críptico, con frecuencia entorpece la lectura. También los lugares comunes pueden degradar un texto literario, o pueden ser usados por el autor para exagerar situaciones. Los riesgos que se corren al escribir, son numerosos. Eduardo Liendo, citaba a Santa Teresa como ejemplo, por aquello que, “de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno”.        

Citaré unas frases sobre el oficio de escribir, que he puesto en boca de una joven, personaje de mi novela “Escribir en la Habana”. “Para escribir yo no quisiera plagiar la realidad, esa está en la prensa... (¿Recuerdan a Lavoe con aquello de: ¿y para que leer un periódico de ayer?) …Yo no escribiré para relatar vivencias, una debe escribir para inventar la vida”.

Mi novela “Para subir al cielo...” (Editada en Maracaibo en 1998), incursiona en temas pocas veces abordados por nuestros escritores, -el envejecimiento, la muerte, la religión, y la violencia en una ciudad como Caracas en la década de los 90-. Era el marco perfecto para una novela policiaca, que además está llena de música, de salsa, y recrea paralelamente, la vida del pintor neerlandés del siglo XVI- Hyeronimus Bosch, El Bosco… Todo sucede durante un domingo caraqueño del año 1995.  Varios años después, (la edición del 98 de ARS Grafica permanecía olvidada) y ya viviendo en Maracaibo desde el 2005, hice una segunda edición de “Para subir al cielo… Con la Editorial AstroData y la publicamos en 2016.

Como en “Para subir al cielo… incluye la vida del pintor Hyeronimus Bosch-El Bosco, voy a usar otro ejemplo: en mi novela Ratones desnudos que es muy de Maracaibo, el doctor Fernández Morán, aparece citado como parte de la historia de un Instituto de Investigaciones Neurológicas que supuestamente existió en Maracaibo, desaparecido diez años antes de lo que sucede en la novela. En 2016 también publicaría otra novela sobre mi admirado personaje Andrés Vesalio, el anatomista.

Mi profesor y amigo, el Dr. José Ángel Suárez un gran patólogo, llanero, fallecido el año 2024, cuando se refería a las publicaciones científicas acostumbraba decir que “el papel lo aguanta todo”, y yo usaré su refrán, para decirles que el papel aguantará lo que escriban y eso también vale, para dejar a un lado los miedos, y para atreverse a publicar las cosas que asedien los muros de la conciencia y que no son otra cosa más que fruto de nuestra imaginación.

No quiero terminar esta conversa, sin mencionar dos detalles finales: cuando de mi exilio capitalino regresé a Maracaibo, en 2005 y trabajé haciendo inmunohistoquimica (IHQ) diagnóstica en mi Laboratorio de Patología Molecular en “La Paraguita”(un pequeño centro comercial), todo esto fue hasta el año 2018 (13 años) e hicimos unas 60.000 “inmunos”(IHQ)  para todo el país… En el ínterin, dicté un Taller de Narrativa el año 2009 en la Biblioteca Pública del Estado y he publicado un par de novelas más…

-A través de la plataforma Amazon he tratado de divulgar mis libros, pero quizás tan interesante como esto, es que creo debo comentarles como desde 2014 he venido escribiendo en internet en mi blog lapesteloca –y desde el año 2019 lo hago TODOS los días. O sea que son cerca de tres páginas diarias que en un año son 4.380 paginas, y que desde 2019 suman unas 23.000 páginas y si les sumamos los años anteriores llegarán a muchas de más de 25.000 páginas escritas -sobre muchos temas diferentes- ciertamente...  Pero, ese es un ejercicio diario, este sí que es un oficio, no remunerado, pero es mi oficio… Por eso esta historia la divulgo como:  El oficio de escribirliteratura.

Quisiera concluir - con las breves palabras de mi amigo, lamentablemente ya desaparecido, el escritor Eduardo Liendo, a quien le debo el saber mucho, sobre lo que les he conversado con ustedes. Lo cito:

“Lo que más me fascina de la literatura es la posibilidad de ser otro, de ser yo y múltiple. Ser zorro y pez, nube y cometa, héroe y ratero, espuma y roca, eco y silencio... El escritor, por muy desamparado que se encuentre, por suicida que sea, es el amante preferido de la existencia. Por eso quizás su mayor desafío es vencer a la muerte con el filo de la palabra”.

Muchas gracias-

En Maracaibo, el día miércoles 20 de mayo del año 2026

martes, 19 de mayo de 2026

“El oficio”…Una charla…(1)


Me han sugerido, o me han pedido, que explique cómo es ese asunto mío, de escribir… Novelas. Habiendo publicado más de un centenar de trabajos de investigación y algunos libros de patología, resulta que, desde hace casi 40 años he venido escribiendo y publicando libros de contenido literario; son más de 10 novelas y libros de relatos, los culpables de que me encuentre hoy aquí, ante ustedes, tratando de esclarecer el cómo y el por qué he adoptado esta variante escritural.

Para conversar sobre el tema de la escritura “como oficio”. No voy a referirme a la escritura de trabajos de investigación, ni la descripción de casos anatomopatológicos, ni tampoco a la redacción de ensayos filosóficos o de artículos periodísticos; deseo conversar con ustedes sobre algo que denomino “el oficio de escribir”, y que pudiéramos concretar cómo, el oficio de escribir, literatura. Por cierto que sobre este asunto del “Oficio de escribir”, el mismo Jorge Luis Borges dijo una vez que los oficios, son actividades remuneradas, y este -Oficio de escribir-para los escritores de verdad, nunca ha sido muy remunerado, o mejor dicho, ha sido siempre “mal remunerado”…

No voy a hablar sobre la literatura en general ni de la narrativa latinoamericana, no es mi intención tampoco conversar sobre la novelística; menos aún disertar sobre áreas como la retórica, la poesía o el teatro. Sencillamente, quisiera, recordar algunas vivencias personales con el fin de responder a lo consultado. Quisiera explicarles -el cómo y el por qué-, un médico-anatomopatólogo, pudo llegar a involucrarse con la literatura, hasta un punto tal, de que paralelamente a su ejercicio como patólogo e investigador, se haya transformado en “escribidor” … De novelas.  

Este asunto, se ha tornado para mí en un compromiso personal con las letras y me ha llevado durante el curso de varios años, ¡casi 40 ya creo que lo dije!, a intentar trajinar la escritura literaria como si fuese un verdadero oficio. ¿Qué hace un médico-patólogo escribiendo novelas? Quiero, compartir con ustedes mis colegas, este hecho, tal vez singular – que, para mí, ha sido gratificante-. Me agradaría pues, relatarles cuanto he disfrutado en este proceso y confío en que pueda estimular la creatividad literaria en algunos de ustedes.

Me he atrevido a compartir estas vivencias a riesgo de parecer pedante, porque francamente, he creído que puede interesarles escuchar porqué, para qué y cómo, he venido ininterrumpidamente escribiendo, mayormente novelas; como me las he planteado y con toda seriedad -como un oficio-, me he enfrentado a la página en blanco para ir ensamblado y borroneado palabras, para escribir y corregir diariamente, durante años. 

Escribir literatura, para mí no ha significado tener que abandonar el trabajo que representa la redacción, corrección y publicación de manuscritos de carácter científico, o sea, de trabajos de investigación. Indudablemente que pueden establecerse paralelismos y puntos de contacto entre el oficio de escribir ciencia y literatura, pero hoy quiero destacar un hiato, una división formal, entre estas dos maneras de escribir. Lo hago exprofeso, porque escribir literatura es otra cosa. Es algo totalmente diferente a esa pasión por la verdad que implica el ejercicio de nuestra especialidad. 

Don Pío Baroja, escritor gipuzkoano quien también era médico señaló una vez: “Soy un aficionado a la Biología; naturalmente sin un rigor completo, porque en literatura, el rigor científico no puede existir”. Escribir novelas es un reto a la imaginación, es un querer ser invencionero y escribidor de todas las cosas que asedian los muros de nuestra conciencia. Este proceso de escribir novelas, en mi modesta experiencia, debe tener un significado importante en mi vida y espero pueda servir para que ustedes igualmente se interesen y algunos se entusiasmen, en arriesgarse a perseguir esta aventura…

Las novelas, como los cuentos, son ejemplos de narrativa en prosa. Escribir cuentos, bien logrados, para mí, es algo muy difícil. El cuento, real o imaginario tiene un comienzo, un meollo y un final y como todos saben, es mucho más breve que la novela. Escribir un cuento brillantemente, siento que es una verdadera proeza. La novela es diferente. Sin duda alguna, es uno de los géneros más sensibles y más complejos de la literatura. Decía don Pio Baroja que la novela es “Multiforme y proteica” -“la novela lo abarca todo”- La novela podría definirse como la vida reinventada. Escribir una novela puede parecerse a componer música. La novela debe tener un tono y un ritmo determinado y el instrumento de cada obra, no es otro que: el lenguaje.  

Pero no quisiera teorizar más, pues prometí, que iba a hablarles de mis vivencias, y trataré de hacerlo. Comencé a escribir relatos inventados cuando era niño. En aquel entonces, es bueno decirlo, entre los 10 y los 16 años leía mucho, bastante diría yo …y escribí muchas cosas: si no fuese porque guardé por años algunas poesías, cuentos y esbozos de novelas de esa época, les juro que ahora creería que todo fue un invento o que me traiciona la imaginación.

El amor por la literatura se afianzó en mi infancia. Mi padre era comerciante con el negocio en la Plaza Baralt y mi mamá era de SanCristóbal. Ambos nos llenaron de libros. Ella leía de todo, y tocaba el piano… Puedo recordar, hace muchos años, niño, en mi casa escuchándola interpretar La Polonesa de Chopin, en los tiempos cuando la avenida Santa Rita aún era de tierra... En mi habitación compartida con mi hermano mayor existía una biblioteca presidida por los 12 tomos de la Historia Universal de Espasa Calpé y una colección de libros de Monteiro Lobato un escritor brasileño… Además del libro de Oro de los Niños, y muchos otros libros y novelas algunas de las que leía mi madre y creo que todas estas cosas despertaron en mí el amor por la lectura. Puedo verme, en mi casa, en Maracaibo, sentado, muy joven, o leyendo sobre la grama a “Valle Verde” y “Alegre” de Hugo Wast, que eran novelas de mi madre, o “Las leyendas” de Gustavo Adolfo Becquer que me regalaron en la primera comunión… Recuerdo a “Miguel Strogoff” de Verne, y a “El último de los Mohicanos” de Fenimore Cooper, o “Los verdes años” y “La ciudadela” de AJ Cronin. Me veo releyendo a “David Coperfield” y a “Oliver Twist” de Dickens, y puedo asegurarles que, en esos años, me ilusionaba pensando en que cuando fuese grande, sería escritor.

Después se me pasó todo aquello cuando empecé a estudiar Medicina, y finalmente la Patología y la investigación sobre la ultraestructura y los virus, absorbieron mi espíritu durante muchos-muchos años, creo que hasta el fanatismo.

Quisiera ser breve para poder contarles cómo, en 1983, a los cuarenta y tres años, me supe hipertenso y calculando temeroso el espesor de mi ventrículo izquierdo imaginándolo inversamente proporcional a la vida que me restaba, en ese momento, sentí que lo más lamentable para mí, sería que nadie se enteraría de mis vivencias sobre una ardua lucha, que había librado durante siete increíbles años- en mi propia tierra zuliana, luchando para hacer investigación con un microscopio electrónico, sin lograr convencer a los patólogos de mi terruño, de que valía la pena dedicarse a esos menesteres. Se me ocurrió pensar que la mejor manera de relatar, de “echar el cuento”, era tal vez, creando una novela. Al fin y al cabo, pensé que, si lo escribía, todo, y les cambiaba los nombres a los personajes, iba a parecer producto de una calenturienta imaginación… ya que… lo que había acontecido en aquellos años, había sido, ¡increíblemente surrealista!

Así que, ya viviendo en la capital (y me acostumbré a decir que vivía “en el exilio”) comencé a escribir y a escribir - y así nació un libro que habría de llamarse “La Entropia Tropical”. Yo escribía y escribía y el manuscrito crecía como un monstruo de más de 400 páginas- llenas de personajes, con nombres y apellido -diferentes a los reales (evidentemente)-… Aquella era una escritura intertextualizada, lúdica, fragmentaria, con una historia mesopotámica intercalada, de la cual no era muy difícil deducir que yo parangonaba a mi tierra natal con Babilonia.

Cuando creí terminarlo, acudí a gente tan seria como el doctor Ildemaro Torres-director de Cultura de la UCV, o la Licenciada Mariela Sánchez Urdaneta, quien unos años después sería presidenta de la editorial Monte Ávila Años más tarde, le daría a leer “La Entropía...” al escritor Eduardo Liendo.       Todos ellos me hicieron creer- que aquello que había escrito, - era, una novela.

¿I si dejamos esta charla para finiquitarla mañana? Les aseguro que mañana la terminamos…

En Maracaibo, en el martes 19 de mayo del año 2026

 

 

lunes, 18 de mayo de 2026

La inerte anatomía


Este artículo con un título invertido, como Inerte anatomía, fue publicado hace 4 años, en noviembre del 2021… Veníamos de pasar el COVID 19 y parecía adecuado para los días aquellos… Después, comenzando el final… Me refiero a que estábamos a lunes 9 de diciembre y ya era casi terminal el convulsionado 2024, de modo que tras rehacer “por encimita” el tema anatómico, me dije: publicaré nuevamente sobre el anatómico asunto…No es un simple “antojo”… A propósito de mi última novela publicada este año 2026 “La elipsoidal y anti parabólica historia de un maracucho”, me han preguntado públicamente del porque esa especie de obsesión mía con “la muerte”… Quizás este viejo “refrito”, ayude a elaborar una respuesta.

Pensando en que tenía una novela inédita, aún sin buscarle un título, publiqué unos fragmentos de un manuscrito en febrero del 2016… - Me animé a publicar un adelanto de aquello, que escribí pensando en que quizás existiría la posibilidad de crear una novela alrededor de un maracucho que empezaba a estudiar Medicina. El proyecto, nunca se consolidó, y hoy me he tropezado, ya no con un par de páginas de aquel texto, sino con el tema derivado de lo que espero no debe ser visto como “un re, re-frito”…

-Vos me dijiste que ibas a hablarme de realidades destacando el hecho de que tu relato, dizque estaba insuflado por un extraño“tremor anatómico”. Por aquí teníamos que comenzar todos, te respondí yo, recordándote aquello de... –Sí; todos comenzábamos leyendo el letrero colocado encima de la gran puerta “Sala de Disección”. Eran los días lejanos cuando estábamos iniciándonos en el primer año de los estudios médicos y todo era novedoso y hasta emocionante. Vos me aclaraste que había entre tus recién conocidos compañeros, quienes preferían llamar a aquel recinto “el anfiteatro”. Mirándome un instante, medio de reojo, murmuraste… ¡No era anfiteatro ni un carrizo! Repetiste entonces que me relatarías, tan solo la pura verdad.

Era un salón muy amplio, con las paredes tapizadas por baldosas blancas y existían unos doce mesones de concreto y granito simétricamente ordenados para colocar los cadáveres. La idea era que los íbamos a conocer, manoseándolos. Yo te miré, y ni abrí la boca y vos añadiste. Después te doy más detalles. Supuse que se te había ocurrido que tenías que ir primero a relatarme el cuento del local anexo. Así lo denominaste, vos mismo y era aquello que existía más allá, en el fondo, con otra puerta, una de metal que se divisaba en el extremo opuesto del salón. Me aclaraste que vos me lo querías explicar con detalles, porque eran muy necesarios para entender lo de los mesones... Me enteré entonces de que, al cruzar el umbral, existía un breve túnel, y desde allí mismo se abría un área cerrada, muy oscura y poco visitada, la del gran estanque. ¿Qué más?

Quienes se atrevieron alguna vez, -¿me entendéis?-, a ingresar en aquel ambiente, siempre hablaban de la humedad y del olor penetrante a formol y todo-todo, estaba muy oscuro… Me contaste entonces que, cuando ya comenzabas a ver algo, en ese momento, te tropezaste con un hombre muy flaco, moreno, que estaba de pie, luciendo una especie de mono de trabajo gris oscuro. El tipo ya era famoso, desde hacía muchos años, y lo conocían como “El pez espada”. Escuché otros detalles que narraste sobre aquel ser desgarbado y tétrico, a quien yo imaginaba con una guadaña, pero quien realmente complementaba su atuendo con unas botas largas de caucho. “El pez” se encargaba, así me dijiste, de tapar y destapar el gran estanque y de remover los cadáveres usando una vara larga con un gran gancho de acero en el extremo. Yo me quedé pensando en que no era guadaña sino garrocha, y usado como arma quizás podría ser el origen de su apodo, mientras vos atropelladamente me dabas más detalles que prefiero obviar aquí. El frío y lúgubre amo de aquel recinto, el “pez-espada” parecía ser supuestamente el único conocedor de todos los cadáveres que ya formolizados nadaban en el gran tanque. Era él quien los buscaba para localizar “los mejores”, en ocasiones complaciendo peticiones de profesores o de estudiantes “preparadores”.

Todos andábamos siempre enfundados en unas batas de color blanco ya amarillentas, así me lo recordaste o informaste y entendí que los estudiantes las requerían para cumplir sus tareas en las disecciones anatómicas. Vos quisiste entrar en detalles y me contaste que habías podido presenciar varias veces las tareas del pezespada y que no siempre los magros difuntos aceptaban su garfio. Me aseguraste que algunos se escapaban, iban girando por su cuenta y se hundían a discreción, para resistirse al reclamo del señor del recinto sin dejarse pescar por su garfio...

Cuando vos me explicaste detalladamente lo difícil que era aquella diaria tarea del pezespada, especialmente cuando se atrevía a ofrecer entregas de “un dos por uno”, lo que llegó a mi mente -sinceramente y parecerá inverosímil-, pero fue aquel valse peruano de vamos amarraditos los dos… Gracias a la pericia de su manejo de pica y garfio, los cadáveres terminaban por ser colocados en los mesones. Me dijiste, que el pezespada los secaba para que no llorasen los estudiantes… Por el formol digo, me comentaste esclarecedor; y al entenderte recuerdo que pensé… Llorar… ¡Ni que fuera cebolla!

Era siempre impresionante la sensación de humedad colándose fría a través de los guantes… Vos me lo asegurabas como si el formol hubiese embebido ya y para siempre tus manos por la humedad de aquellos cuerpos entecos, grises o muy oscurecidos, algunos ya con un tinte violáceo. De manera que así, fue como vos, paso a paso me fuiste relatando tus primeras vivencias anatómicas y quizás para humanizarlas un tanto, me decías que mirabas las inquietas manos de tu compañera de equipo, aunque cubiertas por el látex de sus guantes, y yo pensé en la de los ojos verdes, mientras vos supuestamente imaginabas lo que podía estar ella sintiendo al manosear los músculos, tendones y aponeurosis de los entecos pero fríos y remojados difuntos.

Vos dizque le atendías a sus ojos –a los de ella- atisbando otros cadáveres y yo pensé “verdes son las esmeraldas, verde el color del que espera, y las ondas del océano y el laurel de los poetas”… Sobre las mesas de piedra, sus manos, -pero a vos como que ni te paraba una micra-, ella quizás pensando decidirse por buscar alguno mejor conservado (a los cadáveres me refiero, porsia…). “Tus ojos verdes me matan, cada vez que los veo”… A los difuntos en las mesas me refiero… Si acaso ella llegase a mirarte… Vos dizque lo pensaste, pero no era posible y yo de regresé a pensar en un valsecito, y con aquellas estrofas de ojos verdes Bequerianos, pensé: se estilan tus ojazos y mi orgullo, como si la música en mi cerebro tratase de aplacar el olor a formol que impregnaba tu historia del siruyo....

Vos la mirarías a ella, mientras sus manos enguantadas reposaban tranquilas sobre una pierna negruzca y notaste como volteaban sus ojos atisbando los rasgos de otro cadáver, una mujer delgada indígena, escuálida, seguramente fue tuberculosa. Eso me dijiste vos, ya que dizque lucía sus cavernas pulmonares ya curadas por años de formol. Ella dejaba ver sus dientes con una sonrisa triste. ¿Tal vez fue madre, alguna vez? Me preguntaba eso, cuando me contaste que sus músculos fijados, delgados como fuetes, volarían por los aires en la oscuridad durante una clase de proyecciones histológicas. Así habían sido las cosas, y todos, según vos afirmarías, ciertamente eran irrespetuosos, pero valía todo en medio de la felicidad de aprender, de salir de la ignorancia con la ayuda de ellos, los silenciosos maestros.

En ocasiones me dijiste que te daba por preguntarte… ¿Quiénes serían en vida aquellos muertos? Yo regresé a mi musical contraparte imaginando algún recrujir de almidón que tal vez nacería en sus ropas, pues seguramente ellos vivirían luciendo sus atuendos, quizás la gente los miraría con envidia por la calle y de ellos tal vez murmuraban los vecinos los amigos y el alcalde… Ahora tan solo eran cadáveres, que instruían silenciosos sus lecciones. Nunca más vestidos… Mientras vos con los demás compañeros, vivían todo aquello, impertérritos y hasta engreídos, cuando observaban los grises y mudos maestros de anatomía, rígidos, desnudos, cada uno seguramente con su historia personal, que terminarían siendo inventadas por los mismos estudiantes. Ellos silentes, bajo su piel de un ocre pardo oscuro, solo enseñaban, aunque nada decían…

¿Quién sería el misterioso gigantón de los grandes serratos? Contaban que era un polaco cargador de bultos en el malecón. Frente a la mesa de granito, los ojos verdes de ella te miraban, ¿interrogantes? Entonces vos, serio y altanero, supongo yo que en tu mente le responderías…Yo sé que se estilan tus ojazos y mi orgullo cuando voy de tu brazo por el sol y sin apuro… Así lo quise pensar yo, mientras vos querías explicarme todo lo que contaban las leyendas de los previos pasantes. ¿Usaría alguna vez un traje de casimir aquel polaco? Cuál si fuese un humano… Sí, y tal vez andaría muy galante, dominguero quizás, y yo repetía mis preguntas… Desde luego parece un juego, que pensara en el valse aquel en vez de regresar a Bécquer “ante aquel contraste de vida y misterio, de luz y tinieblas” pero ni pensé un momento en la soledad de ellos, los mudos maestros, tan solos… que solos, se quedan los muertos

Al despedirme regresé a mi valsecito peruano y añoré no poder saludar a mí amigo con un gesto como tocando el ala de mi sombrero mejor, pero hube de aceptar que en estos tiempos, ya no se estila, ni tan siquiera un sombrero para defendernos de nuestro marabino sol, tan fiero, ya sé que no se estila, ni se acostumbra ahora que para cenar te pongas jazmines en el ojal, y es que los tiempos han cambiado y aunque no habría nada mejor que ser un señor de aquellos que vieron mis abuelos, será, posible mejorar gracias a que en las universidades, muchos apacibles cadáveres se permiten enseñarle en silencio la anatomía del cuerpo humano a tantos bisoños estudiantes, y es así y así será, como se sigue estudiando la inerte anatomía entre nosotros.

Maracaibo, lunes 18 de mayo del año 2026