La obra de Ramos Sucre no sería
comprendida por sus contemporáneos, ninguno se interesó en profundizar en ella
y tan solo fue a partir del 1958 cuando las generaciones que se agruparían en
torno a Sardio, a Tabla Redonda y a El Techo de la Ballena, comenzaron a
verlo como el gran maestro. La
poesía de Ramos Sucre está en prosa y sus textos brillan por la supresión
del que relativo,
y por la acentuación del yo que le da impulso y
respiración al poema.
El debatido tema de la diferencia entre la
prosa y la poesía, puede conducirnos a la pregunta de qué es en realidad la
poesía. Se podría afirmar después de Baudelaire y de los simbolistas hasta los
surrealistas y a la actual concepción de lo que significa la poesía, una
muestra perfecta es el poema en prosa. La mejor demostración de que la poesía
no depende de cuestiones como la estrofa, o la rima, se percibe al leer a Ramos
Sucre.
José Antonio Ramos Sucre (Cumaná,1890-Ginebra,1930). Nacería en Cumaná el mes de junio del año 1890. Sus padres fueron Jerónimo Ramos Martínez y Rita Sucre Mora de Ramos, nieta del Coronel José Gerónimo Sucre Alcalá, hermano del Mariscal Antonio José de Sucre. El temperamento tímido del niño se iría sustrayendo a la realidad y él construirá su mundo entre las vivencias de personajes conocidos a través de innumerables libros que pronto lo convertirían en el único habitante de la biblioteca de su tío, su único refugio, la torre de timón.
En Carúpano, bajo la tutela del tío,
Presbítero Dr. José Antonio Ramos Martínez, se inicia en los estudios del latín. Después de la
muerte del tío Ramos Martínez, el 23 de octubre de 1903, José Antonio regresó a
Cumaná; en su ciudad natal estudiará en el Colegio Nacional de Cumaná, dirigido
por don José Silverio González Varela, donde en 1908, se graduaría de bachiller. En 1910 se de
bachiller en Filosofía, y en 1911 viajó a Caracas, para iniciar en la Universidad Central sus
estudios de Derecho y Literatura y continuar
aprendiendo idiomas. Presentará los exámenes de admisión gradúa en la Universidad Central de Venezuela (UCV) y durante una epidemia que
obligó a cerrar temporalmente la universidad Ramos Sucre se dedicaría a
estudiar como autodidacta, y tras los exámenes de admisión universitaria, en
1912 iniciará comienza sus estudios de Derecho y Literatura y continúa
aprendiendo los idiomas griego antiguo y moderno, francés, inglés, italiano,
portugués, alemán, danés, sueco y sánscrito.
El afán de
Ramos Sucre por el aprendizaje lo llevaría a estudiar la cultura greco-latina y
de los autores de la literatura universal. Como autodidacta dominó los idiomas
para leerlos en el original, y se imbuiría en complejos tratados de filosofía y
de mitología oriental, de geografía e historia, de lingüística, de religión y
de esoterismo. José Antonio
cumpliría los 18 años de edad en 1913,
cuando la Universidad Central de Venezuela cerrada por el gobierno del General
Juan Vicente Gómez (1908-1935), lo que obligará a Ramos Sucre a continuar los
estudios como autodidacta y a dar clases de latín. En 1916 y durante tres
semestres presentará exitosamente los exámenes de la carrera de Derecho en la
UCV para culminar sus estudios en 1917.
Fernando Guzmán Toro obtuvo el Premio Único
de ensayo en el II Concurso por una Venezuela Literaria en 2012 con su obra “Los
arquetipos y arcanos e el viaje por el imaginario poético de José Antonio Ramos
Sucre” publicado por el Grupo Editorial NSB (2013). Los
arquetipos vinculados a lo simbólico y presentes en la psique de los humanos
son parte del inconsciente colectivo y según Guzmán Toro, los arcanos del tarot
configuran para Ramos Sucre una especie de viaje onírico y a través del mismo,
donde él logra establecer en su prosa poética, veintiún arcanos. El análisis
que hace Guzmán Toro sobre todos estos simbolismos que se perciben centrados en
un ambiente medieval, se detectan en el imaginario poético de Ramos Sucre,
creando una interesante investigación sobre los simbolismos ocultos en su obra.
José Antonio Ramos Sucre siempre fue un
habitante de su interioridad más plena. José Antonio Ramos Sucre siempre fue un
habitante de su interioridad más plena. En el mundo imaginario y fantasmal de
sus innumerables lecturas y los universos traducidos, en el dolor de sentirse
un ser destinado a la dispersión y al extrañamiento, parecería haber vivido en
una constante preparación del final, y escribiría… “Quiero morir y
busco las sugestiones lúgubres, y a mi lado arde constantemente este
tenebrario, antes escondido en un desván de la casa” (La vida
de maldito). “He sentido el estupor y la felicidad de la muerte. Un
aura deliciosa, viajera de otros mundos, solazaba mi frente e invitaba al canto
los cisnes del alba”. (El Desesperado).
José Antonio Ramos Sucre siempre fue un
habitante de su interioridad más plena. En el mundo imaginario y fantasmal de
sus innumerables lecturas y los universos traducidos, en el dolor de sentirse
un ser destinado a la dispersión y al extrañamiento, parecería haber vivido en
una constante preparación del final, y escribiría… “Quiero morir y
busco las sugestiones lúgubres, y a mi lado arde constantemente este
tenebrario, antes escondido en un desván de la casa” (La vida
de maldito). “He sentido el estupor y la felicidad de la muerte. Un
aura deliciosa, viajera de otros mundos, solazaba mi frente e invitaba al canto
los cisnes del alba”. (El Desesperado).
El 09 de junio de 1930 José Antonio
cumpliría 40 años y su estado depresivo empeoraba. En cartas a su prima Dolores Emilia Madriz le
dirá. “Me prometen curarme,
levantarme de esta fosa. Anoche dormí en paz y lo declaro por milagro”(…) “Solamente
el miedo al suicidio me permite sufrir con tanta paciencia”… “Prima adorada:
sólo puedo asegurarte que no volverás a verme enfermo”(...) “yo no me
resigno a pasar el resto de mi vida, ¡ quién sabe cuántos años!, en la
decadencia mental”. La larga lucha de Ramos Sucre contra el
insomnio la perdería en la ciudad de Ginebra, el 13 de junio de 1930 cuando se
consumó su muerte, a la que se había entregado voluntariamente cuatro días
antes. Sus restos reposan en el Cementerio de Santa Inés de la ciudad de
Cumaná.
Es importante en este artículo, recordar a Elías David Curiel quien
junto a José Antonio Ramos Sucre fue el precursor de la
modernidad literaria en Venezuela. Elías David Curiel es el poeta
coriano “órfico” de origen sefardita, con una importante obra literaria la cual
fue reunida en tres libros, Poemas en flor, Música astral y Apéndice
lírico. Estos cuadernos enseñarían algo novedoso en la lírica venezolana;
una poesía con elementos de carácter filosófico, metafísico, de la mitología
grecolatina y de la tradición hermético-cabalística de origen hebraico. Nieto del patriarca-fundador de la comunidad sefardí
de Coro, Joseph Curiel. Elías David estudiaria, y posteriormente realiza su
labor educativa en el Colegio Federal de Varones. En abril de 1905, lo
comisiona el Presidente del gobierno regional para componer la letra del himno
del Estado Falcón, de la cual es su creador.
Enrique Arenas
Capiello (1943–2015 ) profesor
de nuestra Escuela de Letras en la Universidad del Zulia, nos muestra en su
libro El azogue ubicuo un
detallado análisis de la obra poética de Elías David Curiel, “su poesía politonal en el mediodía de las
visiones y en la noche de los silencios, es palabra que quiere hacerse música,
y epifanías que trasmiten atmósferas de pavor silencioso.”Al través de mi vida” es
sin duda, un texto fundamental en la poesía venezolana contemporánea, que emerge primero hacia el mundo desde los
murmullos, las grietas, las oquedades del verbo”.
Sobre
estos dos poetas, José Antonio Ramos Sucre y Elías David Curiel ya hemos
conversado previamente en este blog (lapesteloca)…
Maracaibo, martes 2 de junio del año 2026
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