Hace
varios años ya, que pretendí hacerle un homenajeen mi blog (lapesteloca) al escritor Ednodio Quintero… Tenía copiado en
anexo un glosario con dichos, y refranes que había extraído de sus novelas,
pensando en la brillante originalidad de muchos de sus comentarios y
ocurrencias, y me gustaba la idea de que podían ser compartidos y divulgados
entre mis lectores de este mi blog lapesteloca…
Me
inventé un soliloquio, ciertamente disparatado y lo escribiría con la intención
de homenajear que no es lo mismo que decir, “ojomenear” a mi muy admirado
escritor Ednodio Quintero. Además, lo salpiqué con imágenes de mis viejas
pinturas, de cuando “viví de mi arte”…
Aunque creo recordar que Ednodio es primariamente fan del
imperio japonés, doy inicio a esta reláfica pensando que no es lo mismo “una
pelota en China que una china en pelota”, y me basta recordar a la china para
ponerme “más contento que chino en bicicleta”, y eso que no entro en detalles
sobre la real identidad de los chinos-guajiros, o de los chinos-japoneses.
Feliz estaba,” feliz sí, y no era alegría de tísico”, aunque había comenzado a
sentirme en un callejón sin salida cuando dije para mí como si anduviese
acompañado:” hasta aquí nos trajo el río y si te he visto no me acuerdo”.
Aunque creí estar pasando desapercibido “en aquel
guiriguay, ya casi una grisapa”, me detuve al hallarme ante mí a un pequeño ser
“con mirada de basilisco”. “En menos de lo que espabila un loco”, aquel enano
siniestro me miró de frente y le escuché cuestionarme interrogante… “¿Me
comprendes Méndez?” Él me inquiría y yo, casi de soslayo únicamente
logré musitar entre dientes…”La puta que te parió”.
El fruncido bicho como que percibía que yo casi
estaba “viviendo una alegría de tísico”, y pensé que sería por escuchar mi
cumplido, y “yo mismo -de ñapa- sentí como el petiso iba torciéndome los ojos”
mientras con “su torva mirada recorría mi humanidad”. Luego, tan solo
ronroneó… “No te conozco mosco”… Al instante y convencido de que
“el papel lo aguanta todo”, pensé pedirle “que me lo caligrafiara”. Mi consigna
había sido: ¡No lo diga, escríbalo! Pero no creí ni probable que hubiese
entendido aquellas mañas mías de un pasado remoto.
Quise creer que “aquel pequeño engendro”
seguramente” mantenía su dragón en una hornacina profunda” y mientras él,
-“desde abajo-me miraba oblicuo e iba frunciendo su cara de perro de
Barkesville” llegaría a decirme de lo más fríamente y para mi sorpresa: “-Heráclito
es mejor que le atiendas a tu vaina porque si parpadeas pierdes”. Si
resbalas, será la vaina ... Callado lo pensé e imaginé que “el bichito ni idea
tendría de aquel programa de concursos”, pero no andaba yo para” resbaladeras
ni pistoladas” cuando ya seguro estaba de que me confundía con algún amigo
griego, quien sabe cuál y pensé en, ¡el propio Heráclito!
Queriendo tranquilizarme me dije que con o sin
dragón guardado en pétreas hornacinas era para mí muy evidente, que aquel
bicharraco no era maracucho, ni por su griega conexión esdrujuliana y bien
sabía yo, que atendiéndole al viejo Calderón, amigo mío, los sueños, sueños
son; persuadido así mismo y es que “de cajón estaba”, y aunque “con hambre no
hay amor que dure”, y si el enanito creía “tener ya clavada una pica en
Flandes”, no me entusiasmaba para nada “estirar la pata con mis Reebox
puestos”…
Fue entonces cuando pensé que aquel elfo, me veía
“como si solo yo cargara el bacalao” y no estaba ni tan siquiera reconstituido
con la emulsión de Scott y fue así como empecé a comprender que la caverna de
Platón estaba como la nevera de los Guacos, hasta los meros tequeteques llena
de “cucarachas ebrias de Baygón” y ante las evidencias, hube de regresar al
dicho aquel “de cada oveja con su pareja” y estiré entonces “el cuello a la
manera de los avestruces” concretando mis ideas y me dije: “¡Perros a cagar!”
A estas alturas del partido, pude escuchar como el
bichito me sugería o más bien, como que me lo ordenaba... “¡Suéltala que ella
baila sola!” Yo que siempre he sido sordo para el baile, imaginé que “el
taimado enano me propinaba un golpe bajo” remachado con aquella cruel ironía y
aunque siempre me he caracterizado por “hablar burda de paja y gamelote”, había
quedado sin entender un carajo y fue entonces, puedo jurarlo, cuando sentí que
comenzábamos a llegar al llegadero.
Persistía “en el backstop de mi conciencia” la idea
de que muy en el fondo estaba enfrentando “la aciaga intención de aquel
engendro” que intentaba sacarme de quicio al persistir en “su especie de
leimotiv colmado de salvajes cuestionamientos”. Todo me obligaba a
tranquilizarme si quería sobreponerme y mientras me cuestionaba repitiendo para
mí -aonde barro si no ha llovío- cuando decidí cortar por lo sano y
analizar en detalle al pequeño engendro.
Noté como “lucía una téticas de perra flaca”, lo
cual evidentemente contrastaba con su “fama de fiero sabueso” y de sus
ingeniosas tácticas marciales. Entonces fue cuando “sentí como un pálpito”
mientras iba captando cual en una epifanía, que el mero escenario de nuestro
conciliábulo era nada más y nada menos que la transcavidad de un recoveco que
existe en la propia entrada del Averno y que estábamos a la espera de la orden
de partida…
Allá van, parejos, me perifoneaba un locutor en mi
mente cuando ya creía comenzar a entender de lo que simplemente aquello se
trataba; era un vulgar mollejero y no debería mortificarme por estar sintiendo
algo que parecía ir más allá de fuego-fuego-fuego, y es que no eran las chicas
del can, era simplemente un calorcito tropical que de repente me trasladaba a
otra noche de apagón en mi tierra del sol amada.
Con los ojos ya pelados, mientras seguía sudando ya
lo tenía más claro, finiquitaba mi propósito de ojo-menear a Ednodio y
despertaba sencillamente inundado de la luz fecunda de las regiones índicas,
aquellas que mentaba el poeta José Ramón…
Así, ante tan disparatada reláfica, para “el
ojomeneo” a un escritor fantástico y muy admirado mientras yo tendría que
aceptar la realidad de despertar simplemente, en casa, viviendo en Maracaibo,
un viernes de septiembre del año 2024…
Maracaibo,
el miércoles 24 de junio del año 2026
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