Esta crónica se puede parecer demasiado, a una del mes de agosto del año
2021 cuando relataría como en noviembre
de 2018 me tocó acercarme hasta el “Terminal de pasajeros” de la ciudad de
Maracaibo. Acompañábamos a un buen amigo que no consiguió un boleto aéreo, dada
la urgencia y las dificultades para conseguir puesto en los autobuses de
transporte -los llamados “expresos”-, llegaríamos con él hasta “el Terminal de
Pasajeros”. Aquella crónica, la intitulé “Haticos
por abajo”, pero hoy en 2026
quiero hablar de “San Francisco-por
arriba-“
En 2018, la prolongación de la Avenida Las Delicias estaba bloqueada, con
patrullas y fiscales motorizados, por quien sabe cuál razón, por lo que la
necesidad de desviarnos del curso normal nos llevó por callecitas y callejones
hasta el Mercado de Santa Rosalía y más allá, sorteando calles con múltiples
cráteres e íbamos fluyendo entre personas y automóviles destartalados y gente
que se veía tan maltratada como los autos y las calles y las casas mismas
parcialmente derruidas, hasta que logramos acercarnos a la parte trasera del
Terminal que pudimos reconocer por la cerca que era una pared pintada de color
azul pastel. El auto no logró penetrar al estacionamiento ya que estaba “prohibido entrar por detrás”. Así nos lo
dijo un vigilante mal encarado y dejamos al viajero en la calle confiando en
que habría de llegar hasta un autobús y finalmente –nos enteramos luego de 48
horas- arribaría a su destino capitalino.
Desde el sitio donde dejamos al amigo, detrás del
Terminal, se veía la Iglesia de La
Milagrosa, de color amarillo pues eran las cinco de la tarde y con el sol
radiante, lucía hermosa. En ese momento pensé que devolvernos con el merequetén
aquel de policías y autos buscando salidas, sería muy complicado... Entonces
decidí regresar a casa, pero “rumbo al sur” atravesando el territorio de Los
Haticos en aquella que era una doble vía paralela al lago y que me traería
recuerdos de mi lejana infancia y juventud.
Si seguimos por aquí, le dije a Julita con un dejo
de ilusión, terminaremos por llegar hasta el zoológico y más allá hasta “el
Sanatorio”, mientras venía a mi mente el sitio donde había trabajado 8
años –(del 68 al 75)- cuando lo vi crecer y transformarse en lo que es ahora, el hospital General del Sur…. Pensé
igualmente que aquel viaje me serviría paso a paso para revivir recuerdos de mi
infancia, y regresé a rememorar la Cervecería Regional con el olor a
cebada, la casa de mi recordado compañero “el santo Lückert” por arriba, el
jardín zoológico por abajo y la pequeña iglesia casi al frente, y sin
pensar que habría de llegar hasta la fábrica de cemento, hasta recordé una
tagüara,- también por abajo-, donde con Enrique escuchábamos tangos de Gardel
mientras bebíamos cerveza muy fría …
La desilusión comenzó a embargarme desde que dejé atrás a La Milagrosa, pues la doble vía no
funcionaba. Existía la carretera, pero era de un solo canal. ¿Cómo? Es que “el otro”, me lo explicó
un sonreído peatón. –“Desde hace años,
apuuuff “…e hizo un gesto muy explícito, mientras sonreía, antes de pasar a
informarme que la vía se destruyó al reventarse unas cloacas y nunca más fue
reparada… Aquello transformaba el viaje dentro de una nube de polvo rodando por
una sola vía con frecuentes obstrucciones y cruces para pasar de derecha a
izquierda y viceversa y yo pensaba en aquello que decía el morocho del Abasto,
de “que
veinte años no es nada”… ¿Nada? Entonces… Por lo menos nosotros, sí que
sobrevivimos a pesar de estos larguísimos años de destrucción masiva… “Febril
la mirada”… Seguimos hacia adelante como si fuésemos errantes
en las sombras, pero ya era tarde y vino a mi mente de nuevo Gardel
cantando “el sol del 24 viene asomando”… En realidad, era ocultándose
pues era ya el atardecer e íbamos rumbo al sur…
En aquellos años de mi “paseo” por los Haticos por abajo, recordé
mi novela “Ratones desnudos” en su Capítulo 9 donde relataba la historia
de “un restaurante en Los Haticos”, y
donde hablo de la casa de los Roncajolo y hasta de Udón Pérez y de “La hoguera que
deslumbra, cuando al zénit se encumbra la cuadriga del sol.” que tendrán
que leerla en el “Haticos por abajo”
del domingo 1 de agosto del año 2021 en
este blog(el “buscador” es excelente) . Hoy, recordando lo que eran “Los Haticos” que ya no reconocería en
2018, ni tampoco vi ahora en 2026 cuando voy a hablar de un San Francisco que ni pude ver “por
abajo” pues “el chofer del taxi no utilizo la vía de “Los Haticos” y estuve en
otro sitio, desconocido para mi, y “por
arriba”.
El San Francisco de mis
recuerdos estaba después de “La Plaza de
las banderas” que si seguíamos a la derecha estaríamos en “el Sanatorio del Dr Iturbe” y hacia adelante
vendría la Fábrica de Cemento y más allá la plaza de un pueblo donde vendían
unos cepillados ricos con leche condensada y hacia fresco en un ambiente donde
existían muchas matas, supongo que de mango…
Hace un par de días, estábamos invitados (Rafito y yo) a hablar sobre el
libro que venimos escribiendo e intentando publicar desde hace ya varios años,
sobre nuestro sabio, el doctor Humberto
Fernández Morán y la propuesta venia del Rectorado y Vicerrectorado de la
Unerbm y de la Dirección de Cultura de la Alcaldía de San Francisco. Nos
ofrecieron un chofer que nos llevaría y desde el momento de estar ya frente al
elevado sobre La avenida Las Delicias comenzó para mi entender, una crucial
diferencia; nos acercaríamos a San Francisco por otra ruta, para mi poco
conocida; nada de Los Haticos y la ruta aquella de “por abajo”…
Resulta
que San
Francisco es ahora en 2026, es una ciudad y un municipio en el estado Zulia, que
además tiene latente la cultura de la gaita. La señora Ada Ferrer, cronista del
municipio, señalaba que; “No se puede fijar una fecha exacta de los
primeros pobladores hispanos en los territorios del actual San Francisco, desde
las primeras décadas de 1600.” En 1989 pasaría a formar parte del
Municipio Maracaibo y el 22 de enero de 1995,
lograría su autonomía mediante la reforma de la Ley de División Político
Territorial del Estado Zulia, al ser es declarado Municipio San Francisco, con
7 parroquias: San Francisco, Domitila Flores, Francisco Ochoa, Marcial
Hernández, Los Cortijos, El Bajo y José Domingo Rus.
Llegamos a lo que resultaría para mí, ser otra ciudad, sus
“parroquias” al oeste de la San Francisco, de la plaza de los cepillaos y del
frescor del lago, ahora para mi, fue otra cosa. Visitamos una Universidad con
el nombre de un militar, y hablamos ante jóvenes que nos escucharon con
atención porque no sabían mucho o casi nada sobre nuestro sabio. Al final,
dijimos: misión cumplida y agradecimos la oportunidad y su cordialidad a la
poeta Maru Bravo… Fue San Francisco “por arriba”, por todo lo alto.
Maracaibo, martes 23 de junio, del 2026
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