viernes, 31 de julio de 2026

Mnemotecnia


La mnemotecnia es un conjunto de técnicas de memorización donde se utiliza la asociación mental, las imágenes y las palabras clave, para traerlos al presente. Una regla nemotécnica es una oración corta y fácil de recordar que ayuda de manera artificiosa a relacionar palabras, con el objetivo de memorizar conceptos con más facilidad. Si se quisiera aprender a memorizar de manera nemotécnica, puede ayudar el conocer las reglas con las que juega el cerebro. Las computadoras solo almacenan información en dígitos binarios, y la memoria nemotécnica solo puede almacenar imágenes asociadas de manera extravagante con algo que ya se conoce.

Aprovechando la capacidad natural del cerebro para recordar imágenes y para prestarle atención a sucesos poco comunes o extraordinarios, en estos procedimientos se usan acrónimos y acrósticos: o sea, formar palabras o frases divertidas con las letras iniciales de los datos que se quieren recordar. También existe, el llamado método de los loci que se refiere a asociar los conceptos a lugares específicos en un recorrido mental por un sitio conocido, o usar las cadenas de historias, que seria, inventar un relato breve y creativo que conecte de forma lógica o absurda los elementos de una lista.

El potencial y utilidad de este método reside en que se vale de la forma natural en que funciona la mente, pues siempre se asocia de manera inconsciente la memoria; un recuerdo lleva a otro y ese a otro solo que con la nemotecnia se hará de manera consciente. La mayor parte del trabajo la realiza el subconsciente; si la asociación se hizo correctamente se puede liberar de la mente consciente; no se necesita repasarla mentalmente (no inmediatamente), pues ya fue memorizada.

Estudiando Medicina era común aprender, particularmente anatomía utilizando estas técnicas y creo ya he hablado en este blog sobre el tema usando ejemplos como: “sesuescuan” “proplpalcuflé” o “Mama es acróbata en dos circos”. Otra cosa es, lo que he denominado “la ociosidad del caletre”. Soy un usuario de ese sistema que va conmigo desde la infancia o lejana juventud. Por ejemplo, no sé para qué, pero me aprendí cuando niño, de memoria, los correspondientes principales ríos afluentes de la margen derecha del río Orinoco, desde su nacimiento en el estado Amazonas hasta su desembocadura. Todavía puedo recitarlos: Ocamo, Padamo, Cunucunuma, Ventuari, Sipapo, Suapure, Cuchivero, Aro, Caroní, Caura, e Imataca. Igualmente, repito “de memoria” una “vieja” clasificación de los mamíferos, así: Primates, Quirópteros, Insectívoros, Carnívoros, Pinnípedos, Roedores, Desdentados, Ungulados, Proboscidios, Cetáceos, Sirénidos, Marsupiales y Monotremas. Son cosas que están “encriptadas” me digo…

Pero ya na no se trata de mnemotécnicas, es simple memorizar y para siempre recordar… Ahora, ya casi con 87 años, es terrible padecer del fenómeno de “no hallar en la mente” -el nombre- de algún personaje, o de una película que uno tiene con claridad meridiana con su imagen muy precisa… Todavía, afortunadamente digo yo, se mantiene vigente lo aprendido en “la ociosidad del caletre”. Si no fuese por ese fenómeno, mucha poesía se hubiese borrado ya, y ni las golondrinas de Gustavo Adolfo, ni la renuncia de Andrés Eloy pudiesen regresar y sin errores pues sus poemas están allí, en el subconsciente, puede ser tan solo algunas estrofas, nimios detalles que te llegaran como las canciones y tantas otras que no requieren para seguir vigentes de Mnemotecnias, afortunadamente...

Sobre los recuerdos y la memoria hablamos en este blog en agosto del año 2021(https://bit.ly/2VMzMYd), y luego en octubre del 2023 sobre los recuerdos y la memoria (https://tinyurl.com/2muh53cr ). Existe una teoría sobre el olvido, y para explicarlo aplican la llamada teoría del decaimiento, o sea, si no se evoca ni es recreado durante mucho tiempo, decae, se debilita y puede llegar a desaparecer. Cuando hace mucho tiempo que no se recupera, o no se practica una información, puede ser difícil, o imposible, evocarla... A veces, el fracaso a la hora de evocar la información puede deberse problemas o situaciones momentáneas. Los nervios o la preocupación por alguna cosa, puede pesar en el acceso a la información y este se puede bloquear.

Puede que una información antigua almacenada nos dificulte recordar datos más recientes, se trata de una interferencia proactiva. Cuando el registro de una información nueva interfiere en la capacidad para recordar una información que ya habíamos aprendido se habla de interferencia retroactiva. Existe una diferencia entre los fallos de memoria en tareas cotidianas debidos a lapsus de atención y las dificultades derivadas de problemas de memoria. Tanto el olvido como los lapsus o despistes, forman parte del funcionamiento cotidiano normal. Si los lapsus son demasiado frecuentes, junto a olvidos reiterados o, en definitiva, aparecen los problemas de memoria.

El olvido es una acción involuntaria que consiste en dejar de recordar (o de almacenar en la memoria) la información adquirida.. Hay que recordar que uno recuerda que ha olvidado algo, es decir, que sabe que tenía un conocimiento que ya no está allí, es decir, tener conciencia de haber tenido eso. Así, los recuerdos olvidados no desaparecen, sino que son sepultados en el inconsciente.

Existen otros tres tipos de olvido, que se pueden clasificar en otros tres grandes grupos (serían cuatro, con el olvido normal): olvido traumáticoolvido psicológico y olvido fisiológico: El olvido traumático es amnesia de distintos tipos, puede ser causada por golpes en la cabeza. El olvido psicológico es causado por una alteración del funcionamiento mental habitual, por un problema emocional, por mucho estrés, hipnosis, etcétera. El olvido fisiológico es causado por problemas en el desarrollo de ciertas partes del cerebro o sistema nervioso. Por ejemplo, del sistema límbico. Existe también el olvido causado por el uso de psicotrópicos, pero este no es natural..

El olvido normal permanente y no traumático, como el ocurrido por haber pasado un largo tiempo de una experiencia o por la pérdida de entrenamiento de cierta habilidad, tiene que ver con el debilitamiento de ciertas conexiones sinápticas entre neuronas que sufren cambios de potencial eléctrico.  La activación frecuente de un contacto o sinapsis produce un reforzamiento de la misma. En las personas de edad avanzada, cuando los olvidos se hacen recurrentes y cada vez más frecuentes pueden ser indicio del inicio de la enfermedad de Alzheimer.

Maracaibo, viernes 31 de julio del año 2026

miércoles, 29 de julio de 2026

SAIMADOYI (2)


Desde la cima de la sexta sierra entre el follaje de los inmensos árboles, al fin logro ver lo que nos señala el baquiano. Allá abajo, me dice, allá está Saimadoyi. Yo sólo detecto unas chozas y cuatro bohíos que lucen gigantescos en el azul lejano, descansan como monstruos grises, rectangulares, dinosaurios de paja petrificados, echados sobre la tierra y circundados por un halo de turgente verdor. Puedo notar como desde el centro del sitio, una columna de humo se eleva y me doy cuenta de que puedo ver a los indios como hormiguitas que se mueven entre los bohíos. Poquito a poco, inadvertidamente las mulas comienzan el descenso y entretanto yo repaso en mi mente toda la información acumulada desde mi niñez. Voy y vuelvo, está totalmente codificada, se refiere a los indios motilones, hago cortocircuitos eléctricos, ellos vienen estimulando una súbita activación de las sinapsis, mis neuronas, van vomitando impulsos que ensamblan la nueva información, ella penetra por los ojos, los oídos, el olfato, más mi conciencia las registra y asimila y la coteja con recuerdos e ideas perdidas en una maraña dendrítica, fluyen, se imbrican, se van tejiendo entre ellas, entrelazándose, como trenzas de las botas de cuero de mi padre, botas de cacería, las botas de ir a Perijá, y mis impulsos eléctricos las registran con mirada de niño, están llenas de barro. Sé hace presente entonces el olor a loción mentolada, puedo ver a mi madre dedicada, frotándole el mentol en las picadas. Es por las garrapatas, las miro y están henchidas por la sangre. Barro seco, trenzas, mentol y garrapatas gordas. Las garrapatas de Perijá, compañeras inseparables en los viajes de cacería de mi padre, en la distancia de mi infancia lejana, viajes a las haciendas de sus amigos perijaneros. Entretanto descienden las mulas montaña abajo y siento como un olor a moho, a cordón franciscano, ¿estoy rememorando las visitas a los capuchinos?, o más bien huele a incienso, es olor religioso, y se mezcla con las historias sobre los motilones, cuentos sobre las tierras fértiles, perdidos y feraces valles de temperaturas increíbles, más allá del río Negro, muy lejos del Tukuko. Yo revivo esos cuentos y rememoro las arrugas en el rostro del viejo obispo de Machiques, en la iglesia de los capuchinos, un templo gótico de bóvedas ojivales, uno que nunca terminaban de construirlo, como las catedrales medievales, eternamente, y recuerdo la barba gris de fray Cesáreo. ¿Cómo olvidar el brillo de los cañones aceitados?, la escopeta estaba siempre en el armero, las armas que no osábamos tocar, cajas repletas de cartuchos rojos, con la tapa dorada, la espoleta, -ni sueñes con tocarla -, el rifle veintidós, la escopeta con un solo cañón cuajada de arabescos, las armas, relucientes por el aceite de la alcuza, y el cuchillo de caza, allí están en las cajitas verdes todas las balas del rifle veintidós y debajo, van los utensilios para la limpieza, y más abajo aún, la crema de un marrón rojizo, el trapo y el cepillo para lustrar las botas. Descendiendo sobre mi mula, me llegan en la bruma de todas estas cavilaciones oleadas de recuerdos, preciso la vigencia de las viejas historias asimiladas para nunca olvidarlas, aquellas de cuando flecharon a fray Primitivo, de la campaña pacificadora de los capuchinos, de las avionetas lanzándoles cajas, con comida y utensilios para los fieros motilones, ¿y la aventura de fray Saturnino por el río de Oro?, ¿y la guerra implacable que iniciaron contra los indios Motilones los peones del hato Santa Rosa?, aquella lucha terca de los indios por defender sus territorios, ¿y los intentos?, siempre cuando uno dice intento es un acto fallido, y eso desencanta, pero en fin, ¡que carrizo!, los intentos fueron los de mi padre, por convencer a sus amigos los frailes capuchinos, y uno piensa en el gesto del hermano Francisco de Asís, por convencer decía, a los capuchinos sobre lo necesario que era un hotel de turismo en la Sierra de Perijá, para ser ubicado en la zona fresca del río Negro. Perdida prédica al hermano Francisco, no funcionó con sus discípulos, intentos fallidos por una permanente negativa, pertinaz, persistente, un no rotundo, negada la injerencia del blanco corruptor, fuera los colonizadores. Voy descendiendo en la mula, y regreso a los recuerdos de aquella noche oscura, no había luna, fue una huída pavorosa, sobre el lomo de otras mulas, dos mujeres y los cinco hombres, los blancos, los intrusos, invasores de la motilonia, trotando descendieron por tortuosos senderos de oscuridad en la montaña, perseguidos por motilones, los indios azuzados por quienes se decían defenderlos de la contaminación y la modernidad, les dijeron que debían rechazarlos, a ellos, a quienes representaban el asqueroso mundo civilizado, el progreso, y claro está, también el aguardiente, y las putas, y todas esas cosas malas que traerían los hombres con lo que llaman la civilización, ellos quienes seguramente solo querían la destrucción para los indiecitos. Algunos aspirantes a encontrar el camino en el reino de Dios, les señalaron sus acciones, y en medio de la noche, con miedo de morir flechados como otros tantos, flechados en la sierra, escaparon de noches tras las amenazas, ¿un viaje sin regreso? Las mulas vienen ahora casi desbocadas, al trote van descendiendo y en la oscuridad de mis lucubraciones, pienso en mi padre, en la oscurana de la noche aquella, dejando atrás la sierra y todos los proyectos. Ilusiones perdidas. Llevo el cabestro en mis manos. Ahora todo es rojo y es anaranjado, nos ilumina el sol de los venados y las mulas caminan al fin en tierra llana, ya no trotan ni se hunden en el lodazal. Hemos llegado. Al fin he logrado descender de la silla y me tiemblan las piernas cual si fuesen machorros asustados. No puedo tenerme de pie y me digo que ya no puedo más. Es lógico, uno casi se abraza con aquellas bestias, sudando aún, ensilladas, fieles cabalgaduras. La siento resoplar y pienso, ¡que hermosa es mi mula! Desde tan temprano en la mañana, ella y yo como un centauro, hasta un agotamiento físico, extremoso. Es que el cansancio ya resulta tan grande que se me ha olvidado hasta el miedo. Ya ni recuerdo las historias de los blancos flechados, ni quiero ya pensar en mi primo, ni en mi padre, ¿para que recordar el viaje endemoniado?, aquel escape y no volver jamás, ¡hace ya tantos años! Uno no puede, o uno no quiere pensar en la fiereza de los motilones, uno ya ni siente, y es por el cansancio, ya. En el atardecer de los venados, con la esfera que se hunde tras la sierra y enciende los bohíos, aquella tarde llegando a Saimadoyi, me lo han dicho, lo he averiguado. Es el nombre de los primeros habitantes que llegaron del sol. Eso creen los nativos. Ellos son los propios tesmadoyis. Vinieron hace tiempo hasta la tierra, a través de una larga liana para colonizar los Montes de Oca y diéronle  origen a las indómitas tribus de los motilones, llegaron para fundar este pueblo, la aldea de Saimadoyi.



Hemos dormido sin temores y ya en la madrugada, he salido con José Luís, a caminar, fuimos tan solo a dar una vuelta, un paseo de reconocimiento. Nos acercamos al bohío más grande. Encandiladas con la luz de la linterna, en la oscuridad de la noche, cientos de gordas cucarachas se mueven en el interior del gigantesco bohío motilón. Se confunde el crujido de sus carapachos y el trepidar de sus patas de sierra, con los ronquidos y los suspiros de los indígenas durmiendo en sus chinchorros. Se mezcla todo con ese olor efervescente de comida pasada y el que exudan como gemidos los cuerpos de las mujeres y de los niños y de los ancianos, de los hombres de todas las familias que allí conviven, envueltas en el humo, bajo el gran techo. Ellas, las cucarachas, luchan por escapar, al remover algunos utensilios de cacería y otros conteniendo alimentos, ellas se apretujan, se miran y rápidas, se van corriendo sobre los petates, algunas son muy hábiles, van ocultándose en la arena, otras corren furtivas, encaramándose sobre los niños, ellos duermen y las cucarachas de nosotros escapan. Parecieran ser inteligentes, ellas sí, las conchudas, corren desaforadas, pero nunca se atreven a acercarse a los guácharos. Los pájaros de pico bigotudo, están allí en tierra, amarrados por las patas, en varios sitios del inmenso bohío. Ellas se frenan, se detienen y los guácharos retroceden espantados ante la luz de las linternas nuestras, las aves rucias y veteadas, cazadas en las oscuras cavernas de la montaña azul, utilizando flechas de macana negra con punta roma, aquellos pájaros, encandilados por nosotros, miran con ansiedad hambrienta a las conchudas. Ellas aprovechando nuestra presencia se les escapan, huyen de los pajarracos bigotudos. Son como las gallinas en los corrales de los blancos, los guácharos están siendo engordados con cucarachas, preparando sus carnes para ser degustadas, quizás con nosotros en un futuro banquete motilón.


Y al examinarlos uno a uno, en la cabeza de los motiloncitos encontramos la tiña circinada, y entre los cabellos vimos los gordos piojos caminando entre bosques de liendres, los animalitos andaban mordisqueando sobre las úlceras producto del rascado y claro está, la tos perruna sacude a los niños y en los adultos pide a gritos los rayos x. Hay que sentirla áspera, ronca y metálica, cuando resuenan las cavernas en los ápices fibrosos, uno casi se queda esperando por la hemoptisis de un momento a otro, e imagina como sembrar los tubos de cultivos para reproducir millones de bacilos tuberculosos. Mientras tanto, la cámara de fotos chasquea constantemente, José Luís va plasmando en celuloide las imágenes para dejarlas presas, algunos temen que se les vaya el alma, quedan en cada rollo impresionadas las lesiones y así quedan también los ojos azules de la monjita, aquella niña joven, con los rasgos tan finos, delicados, hermosa jovencita, una imagen de yeso, entre tantos salvajes, la hermanita, más de dos años sin salir de allí, sin regresar a casa, noches y días trabajando duro, sin recursos, en medio de la selva enmarañada, tan solo por amor a Jesucristo, entretenía a los niños con canciones, por puro amor, enseñándolos a rezar, con ellos, para ellos, por ellos, los olvidados primigenios habitantes de la patria de uno y de aquella monjita muy joven, casi una niña de ojos azules, blanca, de mejillas rosadas, una virgen de yeso en Saimadoyi, allá en la sexta sierra. Dispara José Luís, quiero una foto de esta imagen sagrada, nadie me va a creer si se lo cuento, una virgen de carne y yeso, joven preciosa, niñita sonrosada, viviendo en Saimadoyi.

 

En los ojos opacos por las cicatrices no se reflejó la luz del oftalmoscopio. En la mucosa conjuntival uno no vio las úlceras esperadas. No encontró el exudado en las cuencas vacías, ni siquiera existía algún discreto signo de uveítis. Así se disipó la ilusión del tracoma, como la del cuento aquel del árabe. Uno imaginó entonces como se sentirían los doctores de la Salpêtrière ante la lección magistral del professeur Fernandéz. Allá no había tracoma y hubo lepra. Aquí en la sexta sierra, no hallamos el tracoma pero para nosotros el misterio se aclaró a corto plazo. Eran pelitos rubios. Espinas pequeñísimas, las hallamos clavadas, como las guasárabas, las sempiterna pringamoza, como finas agujas, los alfileres naturales, protectores de la piel delicada de los arbustos, sedosa y urticante pelambre en las hojas aterciopeladas, ellos eran los causantes de todas las lesiones oculares, ¡tan variadas! En tantos ojos de muchos motilones, sin mediación de virus ni de otros gérmenes sofisticados, nada de virus nuevos, porque para microbios ya bastaban el del sarampión, la hepatitis, la gripe y otros virus nefastos, traídos por los blancos hasta las tierras motilonas. ¿Para que más microbios? Estaban más bien como sobrando, demasiados microorganismos pululando entre los compatriotas, y al final uno sintió que había sido mejor así. ¡Que bien no hallar también tracoma! ¡Que alegría! Es lo menos que puede sentir uno en esa situación. Me lo dije y se me aflojó un poco la garra que me atenazaba del corazón a la garganta. Algo extraño me conmovía ante el dolor profundo de las carencias motilonas, en aquella perdida soledad. Hay que vivir el desamparo de la selva y sentir la precaria vida de nuestros indígenas, lo pensé e imaginé la contradicción de querer ayudar a esa gente, asediada, invadida, por nosotros mismos. Allá lejos en la sexta sierra, los territorios de nuestros olvidados dueños de la patria, la nación otrora liberada para todos, ¿y ellos? Uno al final, entonces acaba por convencerse de que si bien es poco lo que uno puede hacer, valió la pena haber estado en Saimadoyi. Siempre conviene compartir un poco ese dolor de ser indígena, sobre todo si uno se siente realmente hispanoamericano. Es útil, ayuda a mitigar el desconsuelo, ante tanta incapacidad, tanta impotencia, esa desgracia de ser tan sólo un ciudadano, nada más que un guarismo en el censo del país, en la tierra de uno, esa que sientes tuya, que quieres, pero que te desgarra, ese país que te obliga a enfurecerte cuando no encuentras en tu mano el rayo positrónico, la flama que achicharra, descuartiza, desintegra, desmembra, pulveriza, y se te van entre las dendritas las ganas, buscando los epítetos, al pensar en la calaña de esa eterna caterva de políticos, politiqueros, populistas, politicastros. ¡Malditos! Uno que sueña, uno que piensa en el mañana, ese algún día, uno que se imagina, se le ocurre que quizá con un rayo laser, ¿tal vez?, un arma poderosa que actúe, que les obligue, sobre la misma tierra, ésta ya chamuscada y arrasada, por los depredadores, a cumplir sus promesas. Pero a pesar de todo, uno tiene esperanzas, es lo último que se pierde, y uno presiente que después de todo, algo ha de renacer, quizá mañana, tal vez la tierra todavía esté húmeda por las gotas de una lluvia caída desde un cielo limpio de nubes rojas, sin mostazas, ni sangre, sin precipitaciones ácidas, de un cielo límpido y casi transparente, de un firmamento que llore sobre todos para que retoñe y crezca un mundo donde se haga justicia. Uno confía y espera, ¿tal vez será mañana? Seguramente.

 

Fin de SAIMADOYI : modificado de “La Entropía Tropical” novela,  de Jorge García Tamayo (2003). Ediluz Editores

 

Maracaibo, el jueves 30 de julio  del año 2026

SAIMADOYI (1)


Este artículo es copia textual de uno aparecido en este blog (lapesteloca) tempranamente; en marzo del año 2013. Se ha dividido en dos partes para hacerlo más digerible para los lectores…

 

Lejanas están la Sierra de Perijá y los Montes de Oca, lejanos, sí. ¿Y uno? Uno con afición a la investigación, uno aspirando encontrar el virus del tracoma en las ulceradas córneas de los indios motilones, más allá del Aricuaizá, cerca de la frontera con el denominado hermano país, en lo que llaman la sexta sierra. Uno soñando con meter bajo el lente del microscopio el exudado fibrinopurulento extraído de los ojos de los indígenas y ver los cuerpos de inclusión que identifican al tracoma, sí, uno considerando la posibilidad de examinar con el microscopio electrónico las muestras de las conjuntivas y los raspados corneales, o las muestras de la linfa... Tal vez, en la linfa, sí… Como la que rezumaba en la oreja de aquel árabe. Una oreja perdida en la bruma del tiempo, oreja anécdota, escuchada en boca de mi padre varias veces. Entretejida historia que viene con recuerdos de la infancia, sobre su amigo, su coterráneo, el doctor Arquímedes, con ese nombre griego de maracucho autóctono, Arquímedes Fernández, siempre con una lanceta en la mano y el lóbulo de la oreja del árabe. ¿El año? 1923. En una de las salas del hospital La Salpêtrière, en París, ciudad luz, pero fría y distante del suelo marabino. Entonces uno, que es niño aún, cree escuchar al galeno, el avezado clínico de la ciudad del lago y las palmeras, uno cree oírle contradecir al famoso Professeur Tellier, e insistir que aquel paciente berebere, con las córneas ulceradas por las arenas del desierto, por el sol y la infección con el microbio del tracoma como decían todos, es otra cosa. Se hace silencio y uno casi escucha las explicaciones al morenito galeno maracucho, de pie, ante la ventana, frente la cama y al profesor Tellier, él está mirando a sus colegas y a los estudiantes cuando les dice. Es un leproso monsieur le professeur. Así veía él al árabe, con sus orejas gruesas, la faz leonina, con aquella frente nodular y prominente. Un leproso. Era un enfermo fácil de diagnosticar para le docteur ètranger, él había visto muchos en el ejercicio de su apostolado, allá en la isla de Providencia, un pedazo de tierra frente a la ciudad de las palmeras azules, aquel leprocomio conocido como la isla de los Lázaros, islote de tierra flotando entre Palmarejo y Maracaibo, en la mitad del lago de cristal, del mismo sitio donde yo había nacido, sobre la misma tierra, la del doctor Fernández y la de mi padre. Uno se lo imagina, es fácil entender la curiosidad, el asombro, la risa, la incredulidad de los colegas y estudiantes parisinos, todos situados alrededor del terco, pequeño morenito galeno marabino. Allí atentos, atisbando risueños la cara del berebere leonino, y uno hasta sonríe, pues le es fácil escuchar en un francés de intenso acento maracucho, sus palabras. Aguántense un momento, o quizás diría… ¡Deteneos! Todos estaban asombrados cuando escucharon al peculiar galeno pedir los colorantes, solicitar unas láminas de vidrio, y tras preguntar por una lanceta, él la tomó con la diestra y con la izquierda presionó el lóbulo de la oreja que luego cortó superficialmente, y haciendo suave expresión esperó que fluyese la linfa. Entonces secó la oreja y luego como un malabarista se dio vuelta y tiñó las láminas con los colorantes. ¡Voilà!  El asombro de los franceses fue genuino. Atónitos quedaron ante el microbio colorado quien les miraba desde la platina del microscopio. El bacilo de Hansen, pululando en la linfa de aquel árabe, hospitalizado por tracoma, en la sala 8 del Hospital La Salpêtrière, el mismo sitio donde las grandes histèrie hicieran muy famoso al maestro Charcot, el mismo escenario, pero ahora con aquel paciente africano con úlceras corneales que todos creían afectado por el microbio del tracoma, y tan solo era, un leproso.

 

Hay un frío otoñal que estremece la capital francesa, enfría la historia, tan lejos de su tierra, le docteur ètranger, por su acierto ganó prestigio y reconocimiento. Por eso, uno recuerda el final de este cuento, casi puede escuchar los pasos del morenito médico, sobre las hojas secas, frente a la puerta del hospital, él se acerca y está escuchando la voz del viejo portero saludante, bonjour monsieur le professeur Fernadés… Así pues, uno, con estos recuerdos en el subconsciente se encuentra ahora, pensando en las córneas de los motilones, a más de cincuenta años de aquel episodio, otra vez discurriendo sobre el microbio del tracoma, otra vez con el deseo y la pasión de mirar a través de un microscopio, pero ahora no estamos en la ciudad luz, ahora se trata de ascender a la sexta sierra, para conocer a los feroces salvajes motilones, los pobladores de una lejana misión de capuchinos, una aldea motilona con ese nombre tan musical, Saimadoyi. Uno que no ha ido más allá del pueblo de Machiques, uno que ni siquiera conoce la misión del Tukuko, uno que pocas veces se ha adentrado en la selva, uno entonces, antes de decidirse, sueña y divaga, pensando en que si existirán motilones ciegos, en motilones feroces que flechan a los blancos, en motilones tuertos con úlceras corneales y leucomas en el blanco del ojo, y uno piensa en las muestras que ha de tomar, como se fijarán en frío y luego podrá uno hacerles la tinción negativa para mirarlos con el ojo grande, el ojo mágico que dispara electrones y detectar la ultraestructura del virus del tracoma para poder decir, no es ese un virus, es una bacteria, es un microbio raro, es así o tal vez es asao, en realidad uno no sabe ni como es, pero confía en hallarlo. A uno la idea le ha calado y la roe, la ruñe día tras día y hace planes, construye imágenes con su amigo José Luís el fotógrafo, cámara de cajón y verborragia incontrolable, ímpetus juveniles, también con Nerio, gigantón de ojos azules, oftalmoscopio en mano, mi colega Nerio, experto en ojos. Uno siente que las cosas han de marchar bien, se sugestiona, lo presiente, se dará el día y al final se convence de que somos tres socios en una aventura proyectada a corto plazo, en una expedición ya programada, en un viaje hacia la selva, en la esperanza decidida de hallar algo, desconocido casi seguramente. Uno sueña con ubicar un foco de tracoma en las montañas de Perijá, en los Montes de Oca, en la vecindad con la frontera, en la sexta sierra, en Saimadoyi.  

 

El pasto verde y turgente es altísimo en las haciendas lecheras de las vecindades de Machiques, más allá del Palmar, cerca de los ríos Apon y el Aponcito, más allá, donde nacen las tierras del río Negro y en la otra dirección, todos lo saben, se encuentra la Villa del Rosario, sede del antiguo Marquesado de Perijá, tierra de abuelos y de bisabuelos. Luego, Machiques, así fue ese día en la madrugada y después fue, el Tukuko y ahora, tenemos seis sierras por delante. Ensillá tu mula, apretá la cincha, acomodale los corotos, movete rápido, apurate que se hace tarde, ya casi sale el sol, se refleja entre las piedras blancas y amarillas del río Aricuaizá. Nosotros salimos chapoteando un poco, paso a paso, por el cauce del río, salpicando luego, embarrialando después, y en un instante se nos viene encima la ramazón y entonces, sí, estamos en la montaña. Desenfundá el machete, metete en la selva, vai hombé, que se te pierden deaparriba tantísimos guindachos, son como curricanes que se descuelgan tupiendo la maleza, deshilachándose desde los árboles. Cortá bejucos, cortame los arbustos, trozá las lianas, abrite paso, andá adelante vos, vai baquiano, echepalante colombiano, cojé tu fila india, ponele atención a cualquier jaiba, te dije que te las pusieras, que esperáis, ponete mis polainas, no te vayan a echar una vaina las culebras. Vos si tenéis tus botas, ¡a bichas papesadas! Fijate que los guardias, van de mauser terciado y andan como si nada. José Luis va en su mula rucia y Nerio en la mañosa, atendele a esa rama, así se hace, ¡esa es mi mula!, bajá un poquito la cabeza, ¡vos tenéis que fijarte!, ponele cuidado al machetero, él vadelante y vos veis el machete, corta de lado y lado, zuas ras, ras zuas, tené cuidado, atendele a las piedras, afincate que vamos en bajada, upa mula, pisada precisa, preciosa mula, terca mula, más terco que una mula, ahora si entiendo el dicho, ¡ufa mula!, sabio animal, seguro, dócil, resistente, puede aguantarlo todo, te soporta por horas, te sostiene, mientras vais penetrando, profundamente, paso a paso, en las oscuras bóvedas de la selva, en la sierra de Perijá.

 

La trocha verde se va cerrando y la maleza es cada vez más intrincada pero se abre con los golpes del machete. Van los machetazos a la derecha y a la siniestra. El baquiano los descarga sin consideración, ¿Por qué tenerla? Los árboles inmensos se enredan muy arriba oscureciendo el terreno y la luz penetra solamente a través de pequeñas hendiduras. Rayos de sol descompuestos en sus colores pincelan los troncos cubiertos de parásitas, los bejucos retorcidos, la superficie aterciopelada de musgos y líquenes y las innumerables hojas con los más variados tonos de verde, van ondulando, se van moviendo. Las mulas otra vez avanzan descendiendo montaña abajo y entonces tienes que afincarte en el pomo de la silla cuando ya se acercan a otro río donde la tierra es blanda. El capitán que va adelante ha decidido bajarse y llevar su mula que no anda, la arrea, la jala del cabestro, suavemente lo tironea y sus botas se hunden en el fango, un barro gredoso muy amarillo. Él desaparece hasta las rodillas y la mula de José Luís parece querer sentarse a cada rato sobre el terreno embarrialado, piafa, se levanta, se sienta de nuevo, relincha y continúa después. Tú, desciendes cabalgando a un lado de la mula de Nerio, cuando súbitamente ésta se le adelanta, va rompiendo la fila india y entonces ella te tropieza, golpea tu espalda, y sientes el morro del animal, percibes su humedad helada. A lo lejos, oteas al colombiano y a los guardias que se han adelantado, se les oye gritar bastante más abajo, ya están llegando al río, tú lo piensas, pero es inevitable, Nerio no puede dominar la prisa de su mula mañosa y ves como atropella tropezando, y te rebasa mientras se le desliza su silla de montar, la cincha cede y Nerio cae arrastrando sobre sí al animal, todo en un instante, ya no se puede más. Los dos están chapaleando en el barro. Se incorporan bufando y piafando, embarrialados hasta los ojos y entretanto, tú percibes a lo lejos los gritos de los hombres quienes están buscando un vado, les oyes cada vez más lejanos, se te confunden sus ecos con el ruido del agua, el graznido de las aves entre el follaje y muy distante casi percibes el gruñido de las fieras ocultas, mientras miras a Nerio ya levantándose del suelo y ensillando su mula él voltea a mirarte, y está sonriente. Ahora ves como el sol penetra a raudales, crea chispas, brilla en el agua, desciende y baña las piedras gigantescas, las enciende de luz. Más allá la corriente es cristalina y suave, tonos helados de azul aguamarina y de esmeralda, un remanso que dibuja los inmensos árboles. Te has mojado ya hasta la cintura. ¡Que remedio!, para cruzar el río era necesario. Tú, preocupado sujetas el envase con el fijador, con gran cuidado, sin él no habrá como capturar los soñados microbios en los ojos de los motilones. El estruendo te despierta sobre tu mula, es uno de los guardias, ha resbalado en una piedra revestida de limo y su mauser se le ha caído al agua, se le fue un tiro, el capitán lo mira explotando con furia, cientos de imprecaciones llueven sobre su humanidad, él está emparamado, el barro de sus botas y de sus pantalones se ha lavado en el río. Después uno de los soldados te dice. Tan solo faltan tres montañas y dos ríos más. Entonces notas como se ríe el colombiano. Espreocúpese cumpa, la última vez, viniendo a Saimadoyi se ahogó un guardia y uno de los baquianos, en el último paso se nos fue con la carga, pero eso fue purita mala suerte, fue mala leche. Se voltea y luego grita, ¡upa mula! La fuetea con el cabestro y de nuevo a seguir el camino de la montaña...

 

NOTA: este articulo continuara y finalizara mañana.

 

Maracaibo, miércoles 29 julio del año 2026

martes, 28 de julio de 2026

Giordano Bruno…


Nació en Nola, cerca de Nápoles. Su nombre de pila era Filippo, pero adoptó el de Giordano al ingresar en la Orden de Predicadores, con los que estudió la filosofía aristotélica y la teología tomista. Giordano era un pensador independiente de espíritu atormentado. Abandonó la orden en 1576 para evitar un juicio en el que se le acusaba de desviaciones doctrinales e inició una vida errante que le caracterizaría hasta el final de sus días. Mejor conocido por su nombre religioso, Giordano (1548-1600) este es un personaje trágico en la historia de Italia. En realidad, se llamaba Felipe y era un filósofo, quien fue. ordenado sacerdote en 1572, y se doctoró en teología en 1575. Él consideró a las tres "personas" de la Trinidad como “poder, sabiduría y amor” del único Dios que es la misma alma universal.

Después de 1572, no pasarán más de cuatro años cuando comienza el calvario de Bruno —que culminaría en 1600—, bajo sospecha de herejía y acusado de ateo. Huye a Roma, donde lo acusan de asesinato, por lo que huye, esta vez hacia Génova, y allí cuelga los hábitos sacerdotales, retoma su nombre de pila, Filippo, y comienza a enseñar gramática y astronomía. De 1583 a 1585 fue el periodo más productivo de su vida ya que durante estos años escribió "La cena de las cenizas" (1584) y "Del Universo infinito y los mundos" (1584), así como el diálogo "Sobre la causa, el principio y el uno" (1584).

En 1585 retó a los seguidores del Aristotelismo a un debate público en el College de Cambrai, donde fue ridiculizado, atacado físicamente y expulsado del país. En los cinco años siguientes vivió en diversos sitios del centro y este de Europa como Marburgo, Mainz, Wittenberg, Praga, Helmstedt, Frankfurt y Zurich. Se dedicó a escribir muchos trabajos en latín sobre cosmología, física, magia y el arte de la memoria. Demostró, aunque con un método equivocado, que el Sol es más grande que la Tierra.

En 1591 recibió una invitación para ir a Venecia de parte de Zuane Mocenigo, quien lo requería para aprender sobre el arte de la memoria. Las relaciones entre profesor y alumno no fructificaron, en parte porque Mocenigo tenía una idea de Bruno como un mago y no como el pensador que era. Al tratar de abandonarlo, Monciego lo denunció a la inquisición por las, según él, ideas herejes que le había transmitido. Bruno fue apresado por la inquisición e interrogado en Venecia, sin embargo, al ser solicitado por Roma fue trasladado a esa ciudad. Tuvo que alejarse de Nápoles a causa de un proceso de herejía contra él, y de Roma lo mismo ya que fue acusado de un asesinato sin culpabilidad alguna. Así llegó a Liguria; luego a Turín, a Venecia y, sucesivamente, a Bérgamo, Saboya y finalmente a Ginebra donde fue acogido por un adepto napolitano del calvinismo e inscrito en la universidad, pero en poco tiempo, de pronto se rebeló contra sus maestros y se dirigió a Francia…

Estuvo en Toulouse durante dos años, y se trasladó a París, donde le ofreció al rey Enrique III de Francia uno de los textos de mnemotécnica que había hecho imprimir. Entonces fue Profesor en París, y de allí se fue a la corte de Isabel I de Inglaterra, tras el embajador de Francia y pasó dos años y medio entre Oxford y en Londres donde publicó las dos trilogías de los Diálogos italianos, y El CandeleroLa Cena del Miércoles de CenizaDe la causa, principio y uno (la obra más leída de Giordano Bruno), Del infinito universo y Mundos donde critica la física y la cosmología aristotélicas, que él sustituye por una idea del universo infinito en su extensión y gran número de mundos (los astros) que lo integran.  

Al regresar a Francia, Giordano Bruno criticaría las obras de Aristóteles. En Alemania, publicó el segundo grupo de sus textos. Del mínimo donde propone el concepto del mínimo físico, el átomo, y de mínimo matemático, el punto, entendido cual la esfera más pequeña posible. De la mónada, similar a los escritos mágicos darían lugar a la tríada, la tétrada, hasta la década. De lo inmenso y de los innumerables reanudando el tema Del infinito con una nueva conciencia de los progresos contemporáneos de la astronomía.

Giordano Bruno afirmó que las estrellas en el cielo eran otros soles como el nuestro, a las que orbitan otros planetas. Indicó que el apoyo de esas creencias no contradecía las Escrituras o la verdadera religión. Bruno también afirmó que el universo era homogéneo, compuesto por los cuatro elementos (aguatierrafuego y aire), en lugar de tener las estrellas una quintaesencia separada. Esencialmente, las mismas leyes físicas estarían operando en todas partes. Espacio y tiempo, para Bruno eran ambos infinitos, y no había lugar en su universo estable y permanente para las nociones cristianas de la Creación y del Juicio Final. La cosmología de Bruno está marcada por la infinitud, homogeneidad e isotropía, con sistemas planetarios con vida distribuidos uniformemente a lo largo de todo el universo.

En Física, la evidencia dada por Giordano Bruno de la relatividad del movimiento es famosa.​ Bruno mostró que la Tierra no es estática. Si cae una piedra desde la parte superior del mástil de un barco en movimiento, caerá aún al pie del mástil, sin importar el movimiento del barco. Demostrando que uno no puede considerar el movimiento de un cuerpo en términos absolutos solo con un sistema de referencia. Todas las cosas que hay sobre la Tierra se mueven con la Tierra. (Giordano Bruno. La Cena de le Ceneri).

Sobre la mnemotécnica y también la magia, Giordano Bruno fue denunciado en Venecia ante Santo Oficio y entonces sería cuando Giordano Bruno, extraditado por la Inquisición romana, fue encarcelado, e interrogado, hasta que finalmente, fue condenado a una muerte cruel.  El estudio de la magia en Bruno se muestra como la capacidad de reconocer el conjunto de relaciones vinculatorias que se suscitan dentro del reino de lo fantástico. Por ello, el mago debe conceder fuerte atención al trabajo de la imaginación, que es la puerta de acceso a todos los afectos que pueden conmover a un ser viviente. Hay tres accesos para vincular: la visión, a través de formas, gestos, movimientos y figuras adecuadas; el oído, mediante la voz y el discurso y la mente o imaginación. Los vínculos se establecen a través de los sentidos, y el mago o manipulador, debe ser consciente en todo momento de que para atraer a uno o más individuos y debe considerar toda la variedad de intereses de los sujetos a hechizar. La concepción metafísica de Bruno está emparentada con las ideas de Pico della Mirandola quien consideraba al hombre con una posición intermedia entre las partes superiores (divinas) y las partes inferiores (materiales). Del mismo modo, Bruno extiende las teorías elaboradas por Marsilio Ficino, quien como San Agustín, distinguía tres reinos: el reino material, el divino y el espiritual. 

La acción mágica utiliza un gran instrumento de manipulación: el eros, pues todo puede definirse en relación con el amor; los afectos se reducen a uno, dos o tres: el amor y, o el odio, y, o el miedo, deseo y, o repugnancia. Otro componente importante a la hora de poner en práctica la técnica del mago, es la fe, pues sin ella no se puede llevar a cabo nada, así lo menciona Bruno en sus tesis de magia. El mago o manipulador se distingue del común de los mortales sometidos a un sin fin de afectos o fantasías. Por esto, tiene importancia el arte de la manipulación. Hoy día se puede ver la técnica mágica en actividades como la mercadotecnia y la publicidad, incluso en la política y hasta la religión en tanto que son actividades que se dirigen a la manipulación de los individuos con un fin en concreto

Estuvo prisionero en Roma durante siete años. En muchas ocasiones Bruno ofreció retractarse de sus acusaciones, sin embargo, no le fueron aceptadas. Finalmente decidió no retractarse, aunque no se sabe por qué tomó esta decisión. El 20 de enero de 1600 el papa Clemente VIII ordena que se dicte sentencia, y el 8 de febrero se le declara apóstata, herético, impenitente, pertinaz y obstinado. Bruno es expulsado del seno de la Iglesia y entregado al brazo secular para que se cumpla la condena de morir en la hoguera. Ante la lectura de la condena, Bruno declara: “Tenéis acaso más miedo vosotros en pronunciar la sentencia contra mí, que yo en recibirla” 

Pareciera ser que las palabras de Sofía, en La expulsión de la Bestia triunfante, se cumplían puntualmente: “Las tinieblas ocultarán la luz. A la muerte se le tendrá por más provechosa que la vida. Por loco se le tendrá al religioso, por vacío al prudente, por valeroso al furioso, por bueno al malvado. Y creedme que incluso se dictará la pena capital contra quienes se dediquen a la religión de la mente”. El 17 de febrero de 1600, en las primeras horas de la mañana Giordano Bruno fue conducido al Campo de las Flores, en donde murió quemado vivo.

La obra completa de Bruno figura en el Índice de libros prohibidos de la Iglesia católica. Honores que se le han rendido: el cráter Giordano Bruno de 22 kilómetros de diámetro situado en la cara oculta de la Luna y el asteroide (5148) Giordano llevan su nombre. El asteroide (13223) Cenaceneri se llama como su libro. 

Maracaibo, el martes 28 de julio del año 2026

lunes, 27 de julio de 2026

La política y las epidemias


Las epidemias y la políticade forma malsana, se nutren mutuamente”.  Una frase certera y muy real que publicaría el 22 julio, del año 2019 mi maestro, el Dr Rafael Muci-Mendoza al rememorar la epidemia de peste bubónica del año 1908, en La Guaira. El Dr Muci, señalaría como aquella epidemia abriría el camino a la caída del régimen de Cipriano Castro para darle inicio a la dictadura de su compadre Juan Vicente Gómez y llevaría en medio de la envidia y el menosprecio a la persecución y muerte del bachiller Rangel.

 

De igual manera, esta peste política que ha diezmado al país durante todo este siglo XXI tiene sus prolegómenos en otras dos tragedias, acaecidas precisamente en La Guaira. Estos “males” han sido mucho peores que la epidemia de peste bubónica del año 1908. Me refiero inicialmente a el deslave del 15 de diciembre de 1999, que sirvió para evidenciar el carácter dictatorial, cruel, inhumano y desquiciado de quien se erigiría como el propiciador y ejecutor del mal que ha llevado a la destrucción de nuestro -antes prospero país petrolero ejemplo para el mundo- hasta lo que estamos viviendo…

 

De nuevo, la espantosa realidad del doble terremoto desnudaría la falacia de “el proceso”, este sistema que es primaria y secundariamente responsable del desastre acaecido nuevamente en La Guaira -deslave inicial y ahora terremoto-. El que tenga ojos que lea las estadísticas y si tiene oídos que escuche los lamentos del pueblo hambreado y el llanto de tantas familias que padecen ya no solo por la prisión y tortura de sus familiares, ahora el grito desgarrador de miles de venezolanos cuyas familias han perecido en esta reciente tragedia.  

 

De mi novela “El movedizo encaje de los uveros” tan solo algunos retazos del inicio de la epidemia de peste bubónica en 1908, cuando en las manos del bachiller Rangel, se entregó toda la responsabilidad del combate contra aquella grave emergencia sanitaria. Telegrama del Presidente Cipriano Castro al Dr. López Baralt: 8:00 pm.: "Rangel bajará a la Guaira mañana y no se dictará otra medida hasta que él no comunique el resultado"…

 

“Su mirada se perdió en el horizonte. El mar era infinito... ¿Qué hay más allá? Achicó los ojos. Miró el movimiento de las hojas verdes en los uveros contorsionados en la playa y la arena salpicada con el movedizo encaje malva y en oleadas los pensamientos tristes volvieron a la carga y cuando él ya comenzó a percatarse de que iba a sentir nostalgia de los tiempos idos, el viento salobre y cálido le recorrió el rostro y le hizo estremecerse regresándolo a la preparación colocada en la platina del microscopio”.       En la tarde del día 21 de marzo, observarás detenidamente los ojillos rojos de las ratas enjauladas. Los animales se moverán inquietos de un lado a otro y se levantarán sobre sus patitas traseras. Estarán mirándote. Decidirás volver al libro y por enésima vez leerás... "Recomendaciones del doctor Yersin para la identificación definitiva del bacilo pestoso"... 

 

Martes 14 de abril desde La Guaira. Fragmentos de los telegramas enviados por el bachiller Rafael Rangel al señor Presidente de la República General Cipriano Castro: “Me turbé de tal modo que vine al telégrafo y le comuniqué sólo a usted el telegrama en referencia, con la confianza de que usted me daría instrucciones..." "Nunca he visto peste bubónica ni el bacilo que la produce, me guío solamente por lo que he leído..." Queda mi vida en continua exposición para evitar la epidemia..."…"Este asunto no lo conoce absolutamente nadie más que el jefe de la estación telegráfica aquí y yo. Su amigo, Rafael Rangel".

Lo sucedido con el bachiller Rangel, por su conexión con Cipriano Castro y la decisión del compadres Juan Vicente Gómez, son acciones de todos conocidas y le hemos relatado en diversas ocasiones en este blog: (https://tinyurl.com/2abr6tx8) (https://tinyurl.com/muy8xnkm) en el año 2020 (https://tinyurl.com/37vetetb) y 2023 (https://tinyurl.com/nhskrpxj).

En la novela, relataría como Pablo Acosta Ortiz llegaba muy temprano al hospital Vargas (…) En esos días de febrero, ya habían hablado con él para proponerle nuevamente su nombramiento como Director del hospital Vargas…La biblioteca estaba muy bien dotada, recibía publicaciones periódicas en inglés, francés, alemán y español mensualmente, y funcionaba desde hacía varios años en el mismo salón donde estaban sus piezas operatorias más brillantes. El salón era el mismo Museo de Anatomía Patológica inaugurado por Rafael Rangel a mediados de 1902. Terminaba de revisar las revistas cuando ya había decidido visitar a su amigo, el Jefe del Laboratorio del hospital, pues la oportunidad era propicia. Le habían informado que posiblemente Rangel presentaría en la Academia de Medicina una nueva investigación sobre la bacteridia carbuncosa. Por ello, el cirujano estaba interesado en conversar personalmente con el bachiller para pedirle su opinión sobre uno de sus dos enfermos hospitalizados en la Sala de San Miguel Arcángel… Conversarían el Dr Acosta Ortiz “el mago del bisturí” y el bachiller Rangel, quien como jefe del Laboratorio del hospital Vargas de Caracas cuando investigaba las causas y los mecanismos que producen las enfermedades en el ser humano…

Para aquel entonces, Rangel dominaba la lectura de los cinco idiomas más importantes de la ciencia mundial, y como tal adquirió una erudición que le permitía estar en la frontera del conocimiento médico y biológico. Esa formación iniciada por su maestro el doctor José Gregorio Hernández lo había preparado para ser director del Laboratorio del Hospital Vargas, 1902-1909. Convertido en un investigador activo, dirigiría el 26,2% de las tesis doctorales en Medicina de ese período, y produjo los más importantes descubrimientos sobre la causalidad, diagnóstico, tratamiento y epidemiología de graves enfermedades que afectaban tanto a la población humana como animal de nuestro país.

La epidemia de peste bubónica en La Guaira, por haber sido eficientemente combatida (por “un bachiller”) conduciría a la muerte de Rangel y a la caída del régimen de Cipriano Castro para darle inicio a la consolidación de la prolongada dictadura de Juan Vicente Gómez. 

Esta reciente tragedia en La Guaira, tendrá que llevar a la extinción definitiva de nuestra epidemia, la del país azotado por el despiadado régimen chavista para abrirle paso a una nueva era de paz y prosperidad en este empobrecido país…

En Maracaibo, el lunes 27 de Julio del año 2026

domingo, 26 de julio de 2026

José Eduardo y Vicencio

 

Siempre, supe que, durante la dictadura del Juan Vicente Gómez, en Maracaibo hubo un presidente de nuestro Estado que hizo algunas obras, pero cuya actuación fue cruel con muchos presos y en pugna con los comerciantes y empresarios de la ciudad tuvo muchos desacuerdos. Esto era lo que yo sabía, o había escuchado sobre Vicencio Pérez Soto, y tempranamente, en febrero del año 2020, -el año terrible cuando la pandemia del Covid 19 no se habría desatado todavía-  relataría en este mismo blog (lapesteloca) como fue que en un par de meses mi curiosidad aumentó al plantearse la posibilidad de que su imagen estuviese suplantando a la de Rafael María Baralt en el teatro que lleva su nombre…

 

Decidí entonces escribirle brevemente a mi colega y amigo José Esparza…

 

Hola José. Hace un mes he tratado de hacer contacto con José Eduardo Espinoza de quien sé que tú eres uno de las tres personas afortunadas que tienen una conexión con él. Le escribí solicitándole más información sobre un asunto que vi hace un par de semanas atrás y sobre el cual tú también opinaste, pero que ya le perdí la pista. El tema se refiere a la figura de Vicencio Pérez Soto y la imagen de Rafael María Baralt en el teatro Baralt.  

 

La conexión funcionaría y logré contactar con el señor Espinoza a quien conocíamos a través de “las redes” por sus escritos y por lo bien informado que siempre había demostrado estar sobre nuestra ciudad y su pasado y quien con el correr del tiempo ha terminado siendo nuestro buen amigo y contertulio, pudiendo admirar siempre que nos reunimos, su prodigiosa memoria, ahora ya en conocimiento de su estrecha conexión con la Facultad Experimental de Ciencias de LUZ y con sus profesoras doctoras Délida Acosta y con Julita… Todo aquello fue otra grata sorpresa.

 

José Eduardo Espinoza D

., en aquellos días, me contestó amablemente dispuesto a conversar sobre el tema de Pérez Soto y complementaría sus comentarios mostrándome una foto del General Vicencio Pérez Soto (que destaco aquí nuevamente). José Eduardo llamaría mi atención sobre la posibilidad de que Antonio Angulo, realmente pretendiese pintar a Rafael María Baralt, y en tal caso, bien pudiera ser posible que se hubiese inspirado en un dibujo de Pierre Roch Vigneron (1789-1872) el cual recreaba a Baralt de 31 años, imagen que aparece en el libro de Julio Portillo, sobre Baralt y su iconografía…

 

José Eduardo Espinoza con muy buen criterio, terminaría por opinar comentandome: “…a mi discreto entender, si Angulo quiso hacerle un guiño al mandamás de turno, nunca lo sabremos, pero casi puedo asegurar que los sicofantes de Vicencio Pérez Soto se lo deben haber sugerido”.


Regresando a la historia patria, se supone que cuando el Presidente, General Juan Vicente Gómez decidió en 1926 enviar al General Vicencio Pérez Soto para que se encargase del conflictivo Estado Zulia, lo hizo porque ya sabía que contaba con un hombre duro, quien había tenido experiencias actuando rudamente en el Estado Apure, y sin embargo, el dictador esperaba que el hombre no tuviese que macharse nuevamente sus manos con sangre” por lo que le sugirió que gobernase tratando a la gente como si usara un pañuelo de seda”. 

 

En el Zulia, se dijo que “Pérez Soto fue colocado por Gómez para restablecer el orden perturbado por el impacto de la nueva industria petrolera y por algunos movimientos de sus pobladores y de las propias compañías extranjeras”.

 

Cuando Gómez impuso a Pérez Soto en la presidencia del Zulia, en 1926 sería aplaudido ya que se esperaba fomentaría el progreso de la región castigando a los jueces venales, controlando las actividades de los “jefes civiles” y de los Consejos Municipales. Habría de perseguir el crimen para que hubiese justicia, pero en realidad sus prácticas chocarían con las decisiones de los zulianos que controlaban la agricultura y el comercio de la región, fueran o no amigos del régimen.

 

El profesor Ángel R. Lombardi Boscán describió a Pérez Soto como: …éste Presidente zuliano (1926) cuyos antecedentes sádicos, sí hemos de creerle a Salvador de la Plaza, en la era gomecista fue un fiel servidor de la dictadura de ese entonces. No obstante, su gestión se recuerda por la creación de la “gota de leche” y la construcción del Asilo de San José de la Montaña, en la ciudad de Maracaibo; Vicencio también culminó el puente sobre la Cañada de Morillo, asfaltó la avenida Bella Vista, construyó un edificio para el Consejo Municipal, el Aeropuerto de Grano de Oro, un nuevo Mercado Principal, la Plaza Urdaneta, y el teatro Baralt.

 

A pesar de estas obras, el pueblo no disculpó su crueldad ni el mantenimiento de la satrapía de Gómez y al fallecer el dictador la gente manifestó su rebeldía con violencia callejera y persecuciones. 

 

Existe una amplia documentación sobre el gobierno de Pérez Soto en el Zulia en un trabajo titulado con la expresión que usara el dictador a pedirle al Pérez Soto que no fuese tan cruel con el Zulia. Con un pañuelo de seda”. Este trabajo es un extenso documento en inglés que resume las actividades desde antes de la llegada del nuevo Presidente: “Vincencio Pérez Soto and Political Centralization in Zulia 1926-1935, escrito por Peter S. Linder del Departmento de Historia y Ciencias Políticas, el cual fue redactado para ser presentado en la Reunión de la Asociación de Estudios Latinoamericanos en septiembre 2001 en Washington DC.

 

Tras la muerte de Gómez, Pérez Soto se trasladó al Estado Lara y a raíz de los sucesos del 14 de febrero de 1936, se vería obligado a salir del país, dirigiéndose a Costa Rica. Regresó a Venezuela en el año 1941, y años más tarde, con el golpe de Estado del 18 de octubre de 1945 volvería al exilio… Pérez Soto falleció en la ciudad de Caracas el 18 de noviembre de 1955.

 

En Maracaibo, el domingo 26 de julio del año 2026