La anemia de células falciformes es una de las enfermedades
monogénicas más estudiadas en genética médica. Su origen radica en una
mutación puntual en el exón 1 del gen HBB,
que
reemplaza un ácido glutámico por valina en la posición 6 de la cadena β de la
hemoglobina. Este cambio estructural origina la hemoglobina S (HbS), que tiende a
polimerizarse en situaciones de baja oxigenación, lo que provoca
una deformación de los eritrocitos, generando las clásicas células en
forma de hoz. En nuestro entorno los compararíamos con los cambures, en
Maracaibo pueden denominarse guineos y en España les dicen plátanos que
usualmente llegan desde Canarias.
Cuando era niño, aprendí que muchos
cuentos, relatados en inglés, se iniciaban con la frase de “once
upon a time” (hubo una vez hace
mucho tiempo) y de esto, hace ya más de seis años que hablamos en este blog
(lapesteloca) y relataría una historia
o cuento que sucedería en la Universidad Central de Venezuela (UCV), hubo
una vez, sí, años atrás, en un Instituto de la Facultad de Medicina que
se abreviaba como el IAP de aquella universidad, donde aprendimos que los
glóbulos rojos también llamados eritrocitos, en ocasiones dejan de ser redondos
y toman la apariencia de un plátano…
Ya sobre las hemoglobinas (https://bit.ly/35ZLXCj) habíamos hablado en este blog, y de cómo y cuándo, les
decía yo los “camburcitos” a los eritrocitos modificados por la HbS, y les
informaba a los jóvenes residentes, del IAP de la UCV (me imagino que tal vez
para no confundirles, nunca les denominaba “guineítos”, como les diríamos en la
República de Zulia); recuerdo también que en 2012 hablé en el blog de mi
estimado maestro el doctor Rafael Muci Mendoza quien analizó este asunto en el
juicio crítico al trabajo de incorporación a la Academia de Medicina del doctor
José María Guevara Iribarren, titulado Desarrollo del Estudio de las Hemoglobinas Anormales en Venezuela, y nuevamente
recordé, los “camburcitos”, y las historias de “mis residentes de patología”…
Pensé también en unos casos de
paludismo (con cambures) al ser examinados
con el microscopio electrónico, que me llevaron a visitar al doctor Arnoldo
Gabaldón. También vino a mi mente la
isla de Toas, en la salida del Lago de Maracaibo de cara al Golfo de Venezuela,
y los
estudios de Núñez Montiel y col., en los años 1962 y 1979, y luego, Lennie
Pineda y Lisbeth Borjas publicados en Investigación Clínica (27:
5·14) en 1986, señalando todos ellos que Toas, representa una de las
poblaciones con mayor incidencia de hemoglobinopatía S en el país, y por
consiguiente, con casos con anemia de células falciformes.
Toda esta historia de los eritrocitos
tomando la apariencia de cambures, la habíamos aprendido mirando casos en el
microscopio electrónico al detectar la estructura de la HbS con apariencia de cristales rigidos (ver) dentro de los
eritrocitos. Así que, cuando “controlábamos” microscópicamente la histología de
las autopsias, al ver los cambutes en la sangre, taimadamente me llevaba a
plantearle a “mis residentes”, la procedencia de cualquier paciente examinando
las láminas, vg. así… “A que este caso
tiene que ser de una persona morena de los Valles de Tuy”…
También con mis estimadas colegas
Cathy y Mariaelena publicamos en la revista GEN varios (21) casos de “cambures en la sangre”… Hernández C, Ruiz ME, García Tamayo J.
Anemia drepanocítica, lesiones hepáticas: estudio clínico, morfológico y
ultraestructural de 21 casos. GEN 46: 183-190, 1992
Se estima que cada año nacen en el mundo cerca de
300,000 niños con anemia de células falciformes, cifra que podría alcanzar los
400,000 para 2050. Entre los años 2000 y 2021, la prevalencia global aumentó de
5.46 a 7.74 millones de casos, y la carga de mortalidad continúa siendo
alarmante, especialmente en África subsahariana, India y en comunidades de
ascendencia africana alrededor del mundo. Nosotros como ya señalaba, tenemos la
más alta tasa del país en la isla de Toas. Las consecuencias fisiopatológicas
de todo este fenómeno en los pacientes incluyen hemólisis crónica, episodios
vaso-oclusivos recurrentes, inflamación sistémica y daño multiorgánico
progresivo.
La mayor incidencia de HbS se concentra en África y Asia, Latinoamérica también presenta
una carga genética considerable, sobre todo en poblaciones afrodescendientes y
costeras. La persistencia del alelo falciforme se explica, en parte, por su
efecto protector frente a la malaria. En México, la implementación del tamizaje
neonatal es heterogénea, con variaciones regionales y una cobertura desigual.
Estas brechas limitan el diagnóstico temprano y el acceso a intervenciones
oportunas, resaltando la urgencia de estrategias preventivas y terapias
dirigidas que aborden la raíz genética del trastorno.
En cuanto al tratamiento convencional de la anemia de
células falciformes se basa en hidroxiurea, transfusiones crónicas o fármacos
moduladores de hemoglobina, que solo ofrecieron alivio sintomático, sin
corregir la causa subyacente. El trasplante alogénico de médula ósea,
considerado la única cura funcional, se ha visto limitado por la escasez de
donantes compatibles, su toxicidad y elevado costo. Sin embargo, el panorama
cambió radicalmente con la llegada de la edición genética, CRISPR del cual
hablamos en este blog desde enero del año 2017(
https://tinyurl.com/8zst4r8r ).
En el 2012, Emmanuelle Charpentier y Jennifer
Doudna propusieron que el CRISPR-Cas9 podía ser reprogramado para cortar y
modificar secuencias específicas de ADN, un hallazgo que transformó la biología
molecular y abrió un nuevo en medicina genética. El sistema CRISPR-Cas9 combina
una endonucleasa Cas9, que funciona como tijera molecular, junto con una guía
de ARN (sgRNA) que dirige la enzima hacia la secuencia diana. Tras el corte de
doble cadena, la célula puede reparar el ADN por dos vías principales: Unión de
extremos no homólogos (NHEJ): un mecanismo rápido, sin plantilla de reparación,
propenso a inserciones o deleciones (indels). Es útil para inactivar genes
reguladores negativos, como BCL11A, con el objetivo de reactivar la hemoglobina
fetal (HbF). Reparación dirigida por homología (HDR): requiere una plantilla
donadora con la secuencia correcta, lo que permite corregir con precisión
mutaciones puntuales, como la Glu6Val en HBB.
Las células madre/progenitoras hematopoyéticas
(HSPCs) representan el blanco ideal para las terapias génicas, al ser
responsables del mantenimiento de la hematopoyesis a lo largo de la vida y
capaces de transmitir corrección genética a todas las líneas celulares
sanguíneas. Estas células se sitúan en la cúspide de la jerarquía
hematopoyética, caracterizadas por su capacidad de autorrenovación y
diferenciación multipotencial. De ellas derivan los progenitores multipotentes
(MPPs), que conservan la capacidad de diferenciarse, pero pierden la
autorrenovación, y posteriormente los progenitores comprometidos (CMP y CLP),
responsables de generar las células maduras de la sangre periférica. La edición
precisa de HSPCs permitiría restaurar la función normal de la hemoglobina o
compensar la mutación mediante la activación de vías alternativas, proponiendo
una solución potencialmente curativa.
Hasta aquí por hoy en un país donde la búsqueda de
cambures tiene otras acotaciones mayormente perversas---
Maracaibo, sábado 2 de mayo del
año 2026