lunes, 29 de junio de 2026

Recuerdos en La Loca, bar…(2)


Las cosas ya comenzaban a verse borrosas cuando todo se oscureció y un chorro de luz lechosa atravesó el denso colchón de humo y fueron surgiendo La Leona de Fuego, La Diosa de Oriente, La Salvaje Blanca y un par de féminas adicionales que emergieron por una puerta mínima en el fondo del local y comenzaron a contorsionarse cumpliendo con el ritual de ponerse casi en pelota. Los japoneses distendían sus pliegues epicánticos y reían diciendo cosas ininteligibles. La rockola había enmudecido ante la estridencia de una banda sonora en competencia con los chillones comentarios de un animador afeminado que iba describiendo en detalle los atributos de cada una de las exuberantes y regordetas vedettes.

Habían comenzado a alebrestarse los japoneses, y eso era evidente para él, a quien le decían cosas en un lenguaje que le sonaba a “cuti”, y sonreídos decían, ¡Mucha mujele! ¡Oishiii! ¡Ahhhhss!... Pero todos aquellos recuerdos eran bien diferentes al sol reverberante en el enlozado y a las tapias amarillas fosforescentes brillando al otro lado de la calle. El calor del mediodía era infernal. Como el infierno que dibujaba aquel loco... Pedro, se llamaba, si…

Desde “La Loca”, la canícula había reblandecido el petróleo que sustituía la trilla arenosa de antaño. Yo rememoraba aquellos días de estudiante, vividos detrás de la muralla amarilla y era que… ¿Cómo poder olvidar la mirada del mulato Pedro de calvicie incipiente? Pedro quien sabía hacer muñequitos de papel crepé, el jovencito que vivió con las monjas de clausura, el pintor, víctima de la parálisis general progresiva, atacado por el treponema pallidum, probablemente en su adolescencia, en alguna aventura amatoria, avatares de lupanar, cuando solapadamente a través de sus mucosas rosadas por donde penetraron las espiroquetas que habían destruido su sistema nervioso.

A Pedro solo le quedaba la locura con ataxia, ese andar vacilante por la degeneración de los cordones posteriores de su médula espinal. Pedro, quien plasmaba en hojas de papel sus delirios místicos usando lápices y creyones para recrear un mundo de santos, ángeles en las nubes y demonios ardiendo en llamas multicolores, y encima de todas las escenas, Pedro siempre dibujaba un ojo. Aquel ojo que lo miraba a él y nos miraba a todos, dentro de un triangulito... 

El cielo, el ojo, los de adentro y los de afuera, lejos... ¿Por qué de los locos y de la mirada de El Señor, pasaba a la mirada rasgada de mis amigos japoneses? Cuando el show terminó en un revuelo de plumas y en gritos y chiflidos de la concurrencia sazonados con un sartal de obscenas proposiciones nacidas de voz en cuello por la mayoría de los asistentes. Llegó la hora de pagar y en la madrugada entre el whisky y el humo, la cuenta no se veía muy bien, por cosas de fallas en las pilas de una linternita, así fue como sacaron fósforos y yeskeros, necesitaban luz, dale luz al señol Ishida, quien súbita pero palsimoniosamente, ¡dice que, no tiene lial!

Les informan a mis amigos nipones que el negocio se está cerrando. ¡Caballeros por favor! Ellos insisten: No lial, uno me lobó caltela. Lobalono caltela... Los nipones protestan. Lobalon catelas. Estos chinos, ¡coño! no quieren pagar la cuenta. La policía se hace presente. Habrá una requisa. Cédula. Al amigo japonés se le perdió la cartera. Cédula ciudadano. ¡Ay viirsia! Al chinito lo robaron. ¿No tiene papeles? ¡A la perrera! Lo aclara en la Jefatura. ¡Pero hey! ¡Cuño! ¡Que le robaron la cartera! 

Era la torre de Babel... o el Arca de la Alianza, y no estábamos en la Puerta del Cielo... Con el correr de los años, todavía las altas paredes amarillas con su orla ocre estaban allí, brillando, con ese tono chillón bajo el sol inclemente del mediodía. Pero ahora, enfrente, casi diagonal y haciendo esquina, existía el bar “La Loca” y definitivamente, era una buena “taguara”. La cerveza estaba helada, como “siesoepinguino”...  Entonces, yo volví a recordar el lío vivido con mis amigos japoneses... 

-¿Guatiyusei?

No conprinfais. Déjeme a mí. Tienen que pagar. ¡Hey, esperate! Dejame oime, hey, agente, perdón, señor agente, esperate, oime, ¡viirsia! ¿Pero cómo te lo vais a llevar? ¡Ve que molleja chico! Esperate, no entendéis que este es un señor extranjero, se te va a prender un mollejero en la Jefatura… ¿La cartera? ¡Miarma, si se la robaron! ¿Que quien soy yo? Soy su abogado, el de los chinos sí… ¡Chinos no! ¡Vértica chico! Ellos son, ja po ne ses ¿Cómo va a ser la misma vaina, chico? ¡Qué extranjero voy a ser yo, chico! Bueno, casi… del Zulia, sí. ¡A jaiba pues! ¡De Maracaibo chico! ¡Ajá sí! Tenéis que dejarlos ir, si no… Viiirtica, va a ser un atropello. ¡Qué clase de mollejero se les va a armar! Internacional sí, a vaina, yo que se los digo, yo...

Al fin se escucha una voz gritando con la orden para poner el punto final a todo aquello. -Suélteme a esos ciudadanos. ¡Sí vale! Son una cuerda de chinos rascaos y un abogado maracucho que habla puras pendejeras. Suelte a los chinos y al hijoesumadre ese, que anda jurando por una Chinita, y si no se va rápido me lo mete en la perrera. ¡Que se vayan pal carajo! ¡Desaparézcanse, ya, njoda! Antes de que nos termine de volver locos a todos. Locos a todos, sí, locos…  

Yo regresé a mi botellita en mero bar La Loca ante el guajiro Luis y sus botellitas incrustadas en hielo y pensé asertivamente que no están todos los que son, definitivamente... -¡Dame otra cervecita, que me tenéis a pan y agua, como a los locos, sí, haceme la caridad!

La voz del morocho del Abasto recuerdo que fue lo que me sacó de mi ensueño introspectivo y Cheo, quien había estado discutiendo con el guajiro Luis sobre la temperatura de las Regionales que acostumbraba a mantener dentro de moldes de hielo, se volteó hacia Chucho para decirle... –¡Ve que buena jaiba!, esta taguara se está poniendo insoportable. ¡Es temprano y ya comenzaron a mandarse con los tangos, ya lo que nos hace falta es que se nos aparezca Murcia y se haga cargo él solito e la rockola… ¡Biirsia!

La animadversión de Cheo por los tangos solo era comparable con su menosprecio por todos los caraqueños, pues para él, eso era parte indispensable de ser un buen maracucho. Yo le conocía bien y sabía que esa, como otras tantas de sus exageraciones, era solo como él mismo decía “de los dientes pa fuera”, y recuerdo que le propuse entonces: -Lo que vos tenéis que hacer es adelantátele, metele cobres a esa bicha hasta que esté hasta la hoyita como crucita, y si queréis, ponenos una runfla de música venezolana pa que veáis, ¡allí tenéis todos los discos de la bolitaelmundo!, metele con Mario y con Lila, ¡dales con MariaTeresa y rematalos si queréis con Estelita del Llano!

Mientras Cheo se enfrascaba con Chucho seleccionando los títulos de las canciones, el tango seguía sonando… Escuché aquello de nuevo… descolado un mueble viejo y no tengas esperanzas en tu pobre corazón, pero Cheo y Chucho regresaban de la rockola y me comentarían sus impresiones cerveceras… Catire, no hay frías como las de La Loca, son lo mejor de esta taguara. ¿Verdad que a esta temperatura la Regional es mejor que la champaña? Entonces me dijo Cheo… -Mirá, decime... ¿A vos, te gusta la champaña?

Concluyo ya, esta mi larga reláfica sobre la locura rematando los recuerdos con el burbujear de la cerveza… Creo que le respondí a Cheo algo así como… Si supieras que no; es un burbujero loco, y ¡dulce pa cojones!, y es que eso de burbujitas en el licor no va conmigo y precisamente ahoritica mismo estaba recordando el sake, la bebida japonesa, sin burbuja alguna, que puede parecer como como el aguardiente, pero de arroz... Conclusión: ¡Pa burbujas, las de la cerveza!

En Maracaibo este es el final de la segunda parte de esta pesadilla sobre la locura, el sake y la cerveza, el lunes 29 de junio del año 2026

domingo, 28 de junio de 2026

Recuerdos en La Loca, bar…(1)


Con el nombre de “BAR LA LOCA”, en diciembre del año 2008, se me ocurrió iniciar con ese título, le escritura o la escribidera, en este blog(lapesteloca). Si, así mismo fue, y de una manera, dizque “homónima”, escribiría de lo más sentidamente, una disparatada reláfica, que me imaginé -y ahora compruebo igualmente-, que estaba llena de calenturientas ideas que deberían ir cuajándose con los años en sencillos disparates. Así es, y regreso ahora, 18 años después, -¡y dicen que 20 años no es nada! – En fin, aquí les va: con “minimal changes” (como diría cualquier “trumpista”) sobre este “viejo replay”.

La pared amarilla tenía una franja ocre sobre el enlozado de cemento pulido que brillaba reluciente con el sol del mediodía. Detrás de ella estaban los orates, docenas, cientos de ellos. Algunos eran ya viejos locos, presos allí desde la época cuando era estudiante de Medicina... Aún conservaba vivos los recuerdos de aquella larga y desquiciante pasantía por el manicomio; curas de sueño, catatonia espástica, rejas y más rejas, aullidos y excrementos lanzados una vez contra los bachilleres, en un paroxismo de furia incontrolable.

Cuando escribí todo esto, habían transcurrido meses, de la visita y era en mi época de estudiante de Medicina, cuando desinteresadamente fui apasionándome por aquellos extraños seres cautivos, por saber más sobre sus vidas trágicas, y truncadas, por escuchar sus palabreos y sus curiosas aproximaciones al mundo de los que estaban afuera. Meses de un diario discurrir con la locura, para terminar con un temor larvado de mirar escrutando en los ojos de los demás, miedo por no querer detectar en ellos, en cualquiera, de los de afuera, las desnudeces del alma que exhibían ante nosotros, los bachilleres, los pacientes de adentro del manicomio.

Habían transcurrido muchos meses en la época cuando me había tocado la suerte de irme poco a poco apasionándose desinteresadamente por aquellos extraños seres cautivos, con vidas trágicas, truncadas, sus palabreos y sus curiosas aproximaciones al mundo de los que estaban afuera. Meses de un diario discurrir sobre la locura para terminar con el temor larvado de mirar a los ojos de los demás, con miedo a no querer detectar en ellos –los de afuera- las desnudeces del alma que exhibían ante nosotros los bachilleres, los pacientes del manicomio. Días de análisis y de silenciosa introspección en la búsqueda de motivos, de pistas, de interpretaciones para cada caso, o con propuestas que pudiesen ser similares a las de un Sigmund Freud, para concluir en explicaciones sobre la herencia, las manías y las depresiones de los más accesibles y aquella enfermedad incomprensible, la esquizofrenia con sus alucinaciones y los delirios difíciles de comprender.

Años de años, habían transcurrido ya, pero las tapias estaban allí todavía, altas, las mismas paredes pintadas de amarillo chillón, las que separaban los dementes de adentro de los cuerdos de afuera, ellos y los demás, no son todos los que están, los que estuvieron, ¿cuantos habrían fallecido?, no estaban allí todos los que eran, sin duda alguna, entre los de afuera quedarían unos cuantos, llenos de problemas, de preocupaciones... 

Días de análisis y de silenciosa introspección en la búsqueda de motivos, de pistas, o de interpretaciones para cada quien, en todo caso, para cada caso, y concluir en explicaciones banales sobre la herencia, las enfermedades como la sífilis cerebral, sobre las manías y las depresiones de los más accesibles, no se sabía nada de bipolaridades, ni de medicamentos, pero siempre la impenetrable sordidez incomprensible de la esquizofrenia, llena de fantasmas con delirios sin sentido alguno…

Años de años, habían transcurrido y las tapias estaban allí todavía, altas, las mismas paredes pintadas de amarillo, que separaban los dementes de adentro de los cuerdos de afuera, ellos y los demás, todos los que están, los que estuvieron, y… ¿Cuántos habrían fallecido? No estaban allí todos los que eran, sin duda alguna -no son todos los que están-, y entre los de afuera quedarían unos cuantos, -no están todos los que son-, esos, ¡tantos!, y nosotros, llenos de problemas, de preocupaciones... 

Muchos años atrás, como en una máquina del tiempo, allí estaban las mismas tapias amarillas, ya existía el manicomio con sus calles de arena y el viento cálido iría soplando nubes de polvo, en las inmediaciones del matadero municipal, el edificio era siniestro, algo casi sangriento, rodeado de zamuros que parecían esperar olisqueando el vaho de la carroña, desde el techo, como cuervos en la cornisa, pero también se les veía formando hileras sobre el borde de la cerca del manicomio, eran zamuros.  ¿Quizás esperanzados por la carroña de alguien de allá adentro? Ahora, ante el incandescente resplandor de las tapias, y desde la barra, me encontraba sentado ante una botella de cerveza helada y escuchaba en la rockola un tango, con aquello de, “descolado un mueble viejo y no tengas esperanzas en tu pobre corazón” y la música trajo a mi mente, la enteca figura de Akai Ishida... Son cosas locas, me dije y sonreí al recordar a los japoneses y la perrera de la policía frente a aquel botiquín en Altamira, en plena capital de la República.

Muy lejos estábamos todos del sol de la ciudad del lago y los palmares y del manicomio con sus altas tapias... Por aquellas trillas de arena, en el automóvil Chysler, del año 48, mi padre me llevaba, con mis hermanos, a oír a los locos. Ocurría todo aquello, casi siempre los sábados por la tarde, casi anocheciendo y todos nos mirábamos con temor adivinando cosas al escuchar los alaridos de allá adentro. Era un ritual mágico, un juego, que servía para estimular nuestra imaginación y a mí, con mis hermanos nos provocaba un larvado terror. La diversión era una costumbre establecida por mi padre, un paseo que durante años él mismo había repetido, desde sus tiempos de mozo marabino, a comienzos del siglo XX, iniciándose en el comercio, en su “cucarachita plateada”, un pequeño auto DeSoto, de cuando llevaba a pasear a sus amigas por las tardes y en las noches de luna, tan solo para oír los alaridos tras las tapias, y ellas aterrorizadas, o muertas de la risa, abrazaban al galante protector y risueño, quien las protegía con apasionadas caricias.

Akai des ka, kom ban guá, arigato gozaimas, ahhhiss. Disparatadas lenguaradas llegaban con los recuerdos a mi conciencia. El negocio era pequeño, parecía tener más ficheras que sillas, y había también como en “el bar La Loca”, una rockola gigante. Yo estaba en la capital. Había sido invitado por los señores Ishida, Nakamura y Watanabe para negociar la adquisición de un equipo científico sofisticado y así, sofisticados parecían ser mis nuevos amigos nipones. Después de cenar pescado crudo, lame, beber sake y comer espaguetis japoneses, ellos habían decidido llevarme a ver un strip-tease en aquel socavón de luces rojas y azules, cerca de la plaza de Altamira…

Me hallaba bebiendo whisky -seguramente yodificado- pero que ellos decían estaba “ontoni oishi” e iban todos coreando, ¡campai, campai!... Era un ambiente extraño, para mi, sin duda. Las cosas cambiaban con los tiempos... Los paseos con mi padre alrededor del manicomio eran las máximas emociones muy lejanas, pero aquellos eran tiempos del tranvía de mulas, cuando el psiquiátrico era una prisión rodeada de arena por todas partes en el vecindario del matadero, con zamuros salpicando el cielo y algún buchón, o unas gaviotas desperdigadas, pues un poco más allá, estaba el muelle, con las aguas del lago chapoteando, en el mismo sitio donde una vez llegó en un hidroavión el Águila Solitaria. ¡Eran recuerdos olvidados! Más perdidos que el propio hijo del Águila misma. Fundidos ya por el calor y el sol, en la maraña de las neuronas de algunos habitantes de la ciudad de las palmas y del lago...

En el Bar “La Loca”, me encontraba sentado ante una cervecita helada mientras recordaba el humo, los efluvios del alcohol, y a mis nuevos amigos nipones con la aglomeración de la gente que quería ver de cerca el show en aquella noche mientras nos íbamos impregnando de pachulí, en una humedad mohosa con olor a aguardiente adulterado.

NOTA: vamos a continuar esta historia mañana y les prometo terminarla mañana mismo.

Maracaibo, el domingo 28 de junio del año 2026

sábado, 27 de junio de 2026

El Gordo y El Flaco


Oliver Hardy había nacido en enero del año 1892 en Harlem, un pueblo de Georgia en los Estados Unidos de Norteamérica y fallecería en Hollywood, California, en 1957. Era un actor de cine-cómico muy conocido por ser la pareja de Stan Laurel en la dupla de actores “Laurel y Hardy”, en español conocidos como “El Gordo y El Flaco”, quienes protagonizaron cerca de 100 comedias que se hicieron clásicos del cine mudo entre 1921 y 1950.

Norvel Harry era el menor de los 5 hermanos y le dieron el nombre de su padre (Oliver) en su honor cuando este falleciera en 1892. Le conocían como Babe cuando niño e hizo comedias de vodevil, pero en 1913 cuando dirigía un cine, decidiría que podía hacerlo mejor que los actores que veía en la pantalla de los cines y comenzó a trabajar en los Estudios Lubin n Jacksonville, Florida, haciendo papeles de villano amenazador…

Aparecería en más de un centenar de películas, la mayoría cortometrajes, que incluiría el rol de “el hombre de hojalata” en la versión muda de El Mago de Oz del año 1925. En 1926, él y se unieron por separado a los Estudios Hal Roach, que era una de las grandes productoras de comedia de Hollywood y participarían en varios cortometrajes cómicos. A finales del año 1927 ya eran un duo cómico y su primera comedia conjunta fue de gran éxito, con la película muda Putting Pants on Philip.

Actuaban como “descerebrados” pero eran eternamente optimistas. Laurel era ingenuo y causaba la mayoría de los problemas, mientras que Hardy era pomposo e irascibles y prepotente charlatán cuyos planes salían mal. En sus comedias, interpretaban a dos amigos El robusto, pero muy ágil Hardy, era la victima de la torpeza de Laurel, Hardy, se le solía retratar como un galán quien jugaba con su corbata, tímidamente, para quedar avergonzado por la ineptitud de Laurel a medida que la trama avanzaba. Cuando finalizo en cine mudo, la pareja de “El gordo y el flaco” (Laurel y Hardy) alcanzaba gran popularidad con comedias como The battle of the Century(1927), Leave Ëm Laughing (1928), Two Tras (1928) o Big Busines (1929). El duo cómico se adaptó fácilmente al cine sonoro y el acento sureño de Hardy encajaba perfectamente con su personaje provocando la risa del publico. El cortometraje The music box fue premiado con un Oscar en 1932. Loa cortos “Sons of the desert” y “One way West” son considerados unos clásicos del cine.


Mi estimado amigo del Facebook, José Eduardo Espinosa, escribiría el 2 de julio 2020, en su blog el cual aparecería, según su costumbre, en Facebook para esa fecha, una divertida crónica sobre estos dos personajes icónicos de quienes nuestro amigo Espinosa narraría de esta manera…

“Stan Laurel & Oliver Hardy, eran el Gordo y el Flaco, inolvidable pareja cómica de mi niñez, un tandem de procedencia y carácter opuestos. Siempre pensamos que eran ingleses y lo eran a medias, Stan era británico y Ollie estadounidense. También, equivocadamente creíamos que el corpulento Hardy tenía perreado al lloroso Flaco, pero esto era solo verdad dentro de la comedia que escenificaban, en la vida real las cosas eran diferentes, el inglés era el más talentoso, escribía los libretos de las rutinas de ambos y eso se reflejaba en su salario que era más jugoso que el del simpático Gordo”.

Ambos procedían del vaudeville y del cine mudo, con un historial que se remontaba a los años finales de la Gran Guerra. Aparecieron por primera juntos pero no revueltos durante un corto en 1917, sin embargo su primera aparición como pareja ocurre diez años más tarde en 1927, en un corto de cine silente. Con la llegada del cine sonoro la pareja pasó sin dificultad una barrera que fue ruinosa para muchos y se consolidaron como una dupla artística que duró una veintena de años. El Gordo y el Flaco eran como el punto y la “i”. El rechoncho y parsimonioso Hardy, al lado de delgado, tímido, llorón pero siempre encantador Stan. Ambos colmaban la pantalla del Baralt o cualquier cine protagonizando películas en las que las persecuciones y los accidentes provocaban nuestra cándida risa.

 

La mayoría de las escenas eran golpes y porrazos, o de increíbles distracciones que generaban situaciones risibles. Una escalera a la que le faltaba un escalón, un banco del parque recién pintado donde nuestros amigos sin mirar mucho se sentaban, si Laurel tropezaba no había torpeza de su parte todo respondía a una rutina pausada ajustada y correcta del más puro humorismo sin prisa. Eso fue lo que les permitió ganarse nuestra admiración eterna. La década de los treinta fue su mejor época de ellas recuerdo “Compañeros de juerga” (1933), “Dos pares de mellizos” (1936) “Dos bobos en Oxford” y “Marineros de Agua dulce” (1940) apenas significan una limitada vitrina de lo que fueron sus éxitos durante esa década. De la de 1933, me atrevo a decir que guardando las distancias, esta cinta sea “El Ciudadano Kane” de las películas cómicas, sobran los que piensan lo mismo, pero si me ponen a escoger entre las dos, me quedo con la de Laurel & Hardy.


Cuando muchacho fui mucho al cine y me encantaban las series, las vi casi todas, pero existe una que no pude ver y de la cual quedó el recuerdo de un personaje su protagonista "El catirito de la bala de bronce" muy popular en ese entonces hace años promovimos una discusión que terminó mal, hasta un cura participó quien sostenía que era Hopalong Cassidy, ni modo que lo convencieramos que no era, se retiró del foro y hasta el Sol de hoy nunca más supimos de él. Por supuesto tengo mi hipótesis.  Sí, ya lo sé, la cinta de Orson Welles encabeza la lista de las cien mejores películas que se han hecho, a mi discreto entender me parece sobrevalorada, cine pretencioso, pero también “La montaña mágica” de Tomás Mann y el “Ulysses” de James Joyce tienen reputación de ser obras maestras de la Literatura. La obra de Mann la terminé de leer a duras penas, pero con el Ulysses hace rato largo que levanté el gallo. Laurel & Hardy en “Compañeros de juerga”. Son Inolvidables.  Concluida su carrera fílmica, siguieron con sus giras teatrales hasta la muerte de Hardy en 1957, ocho años más tarde Stan Laurel dejó este mundo a los setenta y cinco años de edad”.

 

Publicado con la colaboración no autorizada de José Eduardo Espinosa, en aquel año 2020 que fue el de la pandemia del Covid 19, ahora como parte de este “repaso” seis años después y en lapesteloca, en :

Maracaibo, el sábado 27 de Junio del año 2026

viernes, 26 de junio de 2026

El nuevo presidente de Colombia

 

Colombia tiene ya un nuevo presidente: el candidato Abelardo de la Espriella, del movimiento Defensores de la Patria, se impuso en las elecciones de segunda vuelta el domingo 21 de junio ante el senador de izquierda Iván Cepeda, del Pacto Histórico.

De la Espriella, asumirá el 7 de agosto en sucesión de Gustavo Petro. Los resultados del conteo preliminar fueron extremadamente ajustados y se conocieron poco después de que cerraron las urnas: según el portal oficial de las elecciones, el porcentaje es de 49,66% (12.959.515 votos) contra 48,70% (12.708.695) a favor de De la Espriella.

Abelardo De la Espriella nació el 31 de julio de 1978 en Bogotá, Colombia, y es hijo del exmagistrado y notario Abelardo de la Espriella y Juris, y de María Eugenia Otero Aldana. Estudió en el colegio La Salle de Montería, de donde se graduó de bachiller en 1994. Egresó de la Escuela Mayor de Derecho de la Universidad Sergio Arboleda en el año 2000. En 2008 se casó con Ana Lucía Pineda, con quien tiene cuatro hijos: Lucía, Salvador, Filippo y Francesca. En 2016, la Universidad Autónoma del Caribe en Barranquilla le otorgó el título de doctor honoris causa en Derecho. En 2022, la Federación Iberoamericana de Abogados (FIA) le confirió el doctorado honoris causa internacional en Derecho.

Líder del movimiento Defensores de la Patria, como candidato a la Presidencia de Colombia, decía que : “Dios me mostró que había llegado el momento”-  Su ideología ha sido catalogada como de extrema derecha se encuentra centrada en lo que él considera mano dura hacia la delincuencia, la defensa de la patria, la familia tradicional, la economía de libre mercado, la reducción del Estado, la defensa de la propiedad privada, el rechazo a la interrupción voluntaria del embarazo por parte de las mujeres, al feminismo, a la eutanasia y a la adopción homoparental.  Ha prometido también, cerrar la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) que procesa a los exguerrilleros y exmilitares que han cometido crímenes de lesa humanidad en Colombia.

En 2018, De la Espriella creó la Fundación Abelardo de la Espriella la cual provee becas universitarias para jóvenes de bajos recursos. En 2025, el conjunto de empresas en Colombia de De la Espriella cerró con pérdidas netas debido al mal desempeño de varias de sus compañías, pese a los resultados positivos de su firma de abogados. Además, ha desarrollado una faceta artística como cantante en la que interpreta clásicos de la ópera y la canción popular italiana y francesa con matices pop y modernos.  En 2018, comenzó una carrera como cantante con un sencillo musical, ”O sole mio”. En 2022 lanzó su segundo álbum, Navegante”.

Sus propuestas electorales fueron: Guerra contra el Narcotráfico, para la que propone destruir 330 mil hectáreas de cocaína mediante el regreso de la fumigación aérea, erradicación manual y extradición. En cuanto al desarrollo: De la Espriella   prevé un crecimiento anual del 7%, de acuerdo con los modelos de Corea del Sur y Singapur.

Abelardo De la Espriella ha propuesto una Reducción del estado recortando el aparato estatal en una cuarta parte y eliminar la “nómina paralela”.  Para buscar un alivio tributario, plantea reducción de la carga impositiva, eliminación de trámites innecesarios y supresión del impuesto del 4x1000, un tributo colombiano en el que el Estado cobra cuatro pesos por cada 1000 pesos movidos en transacciones financieras. De la Espriella propone implementar tecnología blockchain en todos los procesos de contratación pública para 2030 para evitar alteraciones. Bloque de búsqueda contra la corrupción: prevé generar una unidad especial dirigida a la persecución de recursos de forma ilícita.

Algunas de las propuestas políticas de De la Espriella en su campaña presidencial fueron: la terminación de los procesos de paz con grupos armados, legalizar el porte de armas para civiles, eliminar ministerios, sacar a Colombia de ciertos organismos internacionales como la Corte Interamericana de Derechos Humanos y las Naciones Unidas, y recomponer las relaciones entre Colombia e Israel, que fueron rotas por el gobierno de Gustavo Petro.

El nuevo presidente de Colombia Abelardo De la Espriella admite ser un sibarita. Especie de dandi con acento caribeño, es delosque “le gusta la buena mesa, pasa temporadas en Florencia, o en Miami, vende buen vino de la Toscana y usa corbatas de seda italiana, usa relojes de lujo y conduce coches de marca”… Quienes le conocen chismean que no vive de manera modesta y su tren de vida requiere de “ sus fondos” …Se dice también que está alineado con las derechas más popu o impopu-lares! Las de Donald Trump, Nayib Bukele y Javier Milei en América, y que esa orientación fue precisamente el tema central de su campaña hacia la presidencia.

Dice la gente que el secretario de Estado, Marco Rubio, confía en que podrán "trabajar estrechamente" en "poner fin a la inmigración ilegal a Estados Unidos". "La administración Trump espera trabajar estrechamente con su administración entrante para promover la cooperación en materia de seguridad regional, poner fin a la inmigración ilegal hacia Estados Unidos y fortalecer nuestros vínculos económicos", declaró Rubio. "Los mejores días de Colombia están por venir", aseveró. El mandatario argentino Javier Milei, fue el primero en felicitar "enormemente" al nuevo mandatario, que asumirá el poder el 7 de agosto. Millei, quien es apodado como "El León" por su alborotada melena, dijo que "la mayoría de los colombianos eligieron el camino de la libertad económica, la prosperidad, la seguridad implacable". El nuevo presidente colombiano afirmó que también dialogó con el jefe de gabinete de la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, y el presidente ecuatoriano Daniel Noboa expreso que ahora “Colombia había elegido el orden sobre la impunidad”.

 

La Nobel de la Paz y líder de la oposición venezolana, María Corina Machado, auguró buenas relaciones con Colombia."Sabemos que tendremos un gran aliado en la transición democrática de Venezuela y que juntos lograremos la prosperidad y seguridad de nuestra gente", Su adversaria, actualmente al frente del gobierno interino Delcy Rodríguez, había sido muy criticada por De la Espriella.

 

Todas estas noticias que hemos leído por la prensa y medios audiovisuales son buenos augurios para “el hermano país” que sin duda favorecerán a nuestra derruida nación Venezuela en su complicada y lenta recuperación…

 

En Maracaibo el día viernes 26 de junio del año 2026

jueves, 25 de junio de 2026

La eliminación de Feos


Escuchemos cantar a Andy Montañez con El Gran Combo de Puerto Rico … y Mirna Silva y Ruth Hernández, en un adiós y de repente, Bobby Capó y Tito Puente. Cayó El Indio y Blas Hernández, Daniel Santos donde andes dile goodbye al cheleo, a Yomo Toro y a Cheo, que se despidan del nene que esta semana que viene: Van a eliminar los feos


A Machito y a La Lupe, Armando Vegas y Los Conde, Pichín pa que más no rondes…Te diré lo que ayer supe, Celia Cruz que ni se ocupe, Ismael Miranda y su jaleo, Joe Quijano ya te veo, diciendo adiós por las calles, pues según dijo John Valle: van a eliminar los feos. Chiquitín, Corozo y Juanchín Junior, Julito y Charón Piro, Montilla y Cuchón, Martín Quiñónez tu fin, a Grillo el del cornetín, Vaso lindo y Galileo, Cortijo le da un paseo. Adiós Odilio González. Ya se acabaron tus males…


Van a eliminar los feos


Al Trío de Vegabajeñoe, se despidan de su afán José Antonio Salamán, dile adiós al Borinqueño, ya Caco dejó su empeño, se quedó con el deseo, Eddie Palmieri yo creo, que se te acabó el mamey pues pasaron una ley… Para eliminar los feos. Mira, Tomy Medina, Raffi Mercado, Cheo Pichiche, este, quién es, Federico Pagani, Pete Rivera, Paco Fino ¡Fuera! ¡Fuera esa gente! Allá en Panamá Cabeza, en Miami Antón Eh, Eddie Martínez, y Cesar ¡Fuera! ¡Fuera! Olivencia, que se flochee. Bizcocho. Se me olvidaba lo más feo, Johnny Bravo y toasu banda ¿Y por qué será que los eliminan?

¿Y por qué será que los eliminan? Porque asustan al nene de Marcolina. ¿Y por qué será que los eliminan? Porque pa los feos no hay penicilina. ¿Y por qué será que los eliminan? Es que son muy feos, eso no camina. ¿Y por qué será que los eliminan? Bueno yo no sé, pregúntale a Fina. ¡¿Y por qué será que los eliminan?! Es que se merecen la guillotina. ¿Y por qué será que los eliminan? Es que nadie los quiere… ¿Ni en las vitrinas? ¿Y por qué será que los eliminan? Porque son muy feos para las tarimas. ¿Y por qué será que los eliminan? ¿Ah…?


Hablando de a pa atrás en el calendario, resulta que… El 20 de octubre del año 2020, el mismo año de la pandemia del Covid 19, mi estimado amigo José Eduardo Espinosa, escribiría un artículo sobre El inevitable encanto de la fealdad (como es lógico pensarlo todo esto surge por el tema de “los feos”) y mi amigo lo publicaría en Facebook, según era su costumbre. He regresado a su trabajo del 2020, (-que además me pareció que estaba con puntuación de 20/20-), y sin solicitar su venia ni que me autorizase a relatarnos nuevamente su cuento sobre lo feos, de manera que ahora tendremos la suerte de leer en lapesteloca, y saber cómo fue que nos lo relató José Eduardo…

… y dijo : 

Umberto Eco sostenía que la belleza es aburrida porque siempre sigue “ciertas reglas”, mientras que la fealdad, en cambio, emerge de forma impredecible, ofreciendo “un abanico infinito de posibilidades”. Ya se sabe: un ojo de más, una ceja de menos... Si decimos, como se ha dicho y se dice, que la belleza es “esto”, entonces la fealdad puede ser todo lo demás, y no tan solo todo lo contrario. El italiano lo sentenció con guasa: “La belleza es finita. La fealdad es infinita, como Dios”.

Más de una década después de que Umberto Eco abordase el tema, Gretchen E. Henderson recoge el testigo del italiano y publica un ensayo que explora la historia de todo eso que ha dado en llamarse “feo”. En Grecia “inventaron” la belleza (esa a la que no paramos de volver: Renacimiento, Neoclasicismo…), pero también negaron la fealdad. En una misma civilización tenemos a Fidias esculpiendo deidades de cuerpos perfectos y a Aristóteles proponiendo una ley para impedir la crianza de hijos deformes. Por no hablar de Esparta, donde los padres estaban obligados a abandonar a los bebés con malformaciones.

 

En el Siglo XIX proliferaban los Ugly Face Club (Club de las caras feas), que entroncaban con una tradición secular de hermandades de feos. En el de Liverpool era necesario tener deformidades faciales para entrar: bastaban unos «labios gordos» o unos “ojos saltones”, aunque tampoco le hacían ascos a una “narizota de patata con un forúnculo”. Su lema: “Ante todo, una cara fea”. Era el tiempo en el que “deformidad” y “fealdad” se intercambiaban como sinónimos, el tiempo en el que nadie le quitaba el ojo de encima a Joseph Carey Merrick, que pasaría a la posteridad como “El hombre elefante”. Noventa años después de su muerte, en 1980, David Lynch le dedicó una película que triunfó en taquilla y cosechó ocho nominaciones a los Oscar. La crítica, ojo, la tildó de “bellísima”. Lo cierto es que la fealdad interesa. ¿Por qué? “Porque está rodeada de cuestiones sobre la mortalidad. Los seres humanos no somos inmortales ni estamos fijados en el tiempo y el espacio. Estamos vivos y somos susceptibles a la deformación” Gretchen dixit.

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En 2005 se calculó que los estadounidenses gastaban como mínimo 12.400 millones de dólares en cirugía estética, un importe superior al producto interior bruto de más de cien países, desde Albania hasta Zimbawe, que todos juntos superan los mil millones de habitantes». 

 

La chica de la foto es “La duquesa fea”, del pintor flamenco Quentin Massys (1466-1530). La duquesa fea (c.1525, National Gallery, Londres) John Tenniel lo usó para su retrato de la Duquesa de Alicia en el país de las maravillas. Parece tratarse de una persona con la enfermedad de Paget, aunque a veces se dice que se trata de un retrato metafórico de Margarete Maultasch, condesa de Tirol (maultasch es un calificativo aplicado a mujeres de feas costumbres, por sus escándalos maritales). También se piensa que quizá no sea el retrato de una persona real sino una ilustración para la obra de Erasmo de Róterdam El elogio de la locura

 

Nota: aquí finaliza este merequetén de la eliminación de “los feos”, entre mi amigo José Eduardo y este blog lapesteloca, y por leernes, muy agradecidos 3 veces (“a lo pedrovargas”).

 

En Maracaibo el día jueves 25 de junio del 2026

 

 

miércoles, 24 de junio de 2026

Un homenaje a Ednodio


Hace varios años ya, que pretendí hacerle un homenajeen mi blog (lapesteloca) al escritor Ednodio Quintero… Tenía copiado en anexo un glosario con dichos, y refranes que había extraído de sus novelas, pensando en la brillante originalidad de muchos de sus comentarios y ocurrencias, y me gustaba la idea de que podían ser compartidos y divulgados entre mis lectores de este mi blog lapesteloca… 

Me inventé un soliloquio, ciertamente disparatado y lo escribiría con la intención de homenajear que no es lo mismo que decir, “ojomenear” a mi muy admirado escritor Ednodio Quintero. Además, lo salpiqué con imágenes de mis viejas pinturas, de cuando “viví de mi arte”…

Aunque creo recordar que Ednodio es primariamente fan del imperio japonés, doy inicio a esta reláfica pensando que no es lo mismo “una pelota en China que una china en pelota”, y me basta recordar a la china para ponerme “más contento que chino en bicicleta”, y eso que no entro en detalles sobre la real identidad de los chinos-guajiros, o de los chinos-japoneses. Feliz estaba,” feliz sí, y no era alegría de tísico”, aunque había comenzado a sentirme en un callejón sin salida cuando dije para mí como si anduviese acompañado:” hasta aquí nos trajo el río y si te he visto no me acuerdo”.

Aunque creí estar pasando desapercibido “en aquel guiriguay, ya casi una grisapa”, me detuve al hallarme ante mí a un pequeño ser “con mirada de basilisco”. “En menos de lo que espabila un loco”, aquel enano siniestro me miró de frente y le escuché cuestionarme interrogante… “¿Me comprendes Méndez?” Él me inquiría y yo, casi de soslayo únicamente logré musitar entre dientes…”La puta que te parió”.

El fruncido bicho como que percibía que yo casi estaba “viviendo una alegría de tísico”, y pensé que sería por escuchar mi cumplido, y “yo mismo -de ñapa- sentí como el petiso iba torciéndome los ojos” mientras con “su torva mirada recorría mi humanidad”. Luego, tan solo ronroneó… “No te conozco mosco”… Al instante y convencido de que “el papel lo aguanta todo”, pensé pedirle “que me lo caligrafiara”. Mi consigna había sido: ¡No lo diga, escríbalo! Pero no creí ni probable que hubiese entendido aquellas mañas mías de un pasado remoto.

Quise creer que “aquel pequeño engendro” seguramente” mantenía su dragón en una hornacina profunda” y mientras él, -“desde abajo-me miraba oblicuo e iba frunciendo su cara de perro de Barkesville” llegaría a decirme de lo más fríamente y para mi sorpresa: “-Heráclito es mejor que le atiendas a tu vaina porque si parpadeas pierdes”. Si resbalas, será la vaina ... Callado lo pensé e imaginé que “el bichito ni idea tendría de aquel programa de concursos”, pero no andaba yo para” resbaladeras ni pistoladas” cuando ya seguro estaba de que me confundía con algún amigo griego, quien sabe cuál y pensé en, ¡el propio Heráclito!

Queriendo tranquilizarme me dije que con o sin dragón guardado en pétreas hornacinas era para mí muy evidente, que aquel bicharraco no era maracucho, ni por su griega conexión esdrujuliana y bien sabía yo, que atendiéndole al viejo Calderón, amigo mío, los sueños, sueños son; persuadido así mismo y es que “de cajón estaba”, y aunque “con hambre no hay amor que dure”, y si el enanito creía “tener ya clavada una pica en Flandes”, no me entusiasmaba para nada “estirar la pata con mis Reebox puestos”…

Fue entonces cuando pensé que aquel elfo, me veía “como si solo yo cargara el bacalao” y no estaba ni tan siquiera reconstituido con la emulsión de Scott y fue así como empecé a comprender que la caverna de Platón estaba como la nevera de los Guacos, hasta los meros tequeteques llena de “cucarachas ebrias de Baygón” y ante las evidencias, hube de regresar al dicho aquel “de cada oveja con su pareja” y estiré entonces “el cuello a la manera de los avestruces” concretando mis ideas y me dije: “¡Perros a cagar!”

A estas alturas del partido, pude escuchar como el bichito me sugería o más bien, como que me lo ordenaba... “¡Suéltala que ella baila sola!” Yo que siempre he sido sordo para el baile, imaginé que “el taimado enano me propinaba un golpe bajo” remachado con aquella cruel ironía y aunque siempre me he caracterizado por “hablar burda de paja y gamelote”, había quedado sin entender un carajo y fue entonces, puedo jurarlo, cuando sentí que comenzábamos a llegar al llegadero.

Persistía “en el backstop de mi conciencia” la idea de que muy en el fondo estaba enfrentando “la aciaga intención de aquel engendro” que intentaba sacarme de quicio al persistir en “su especie de leimotiv colmado de salvajes cuestionamientos”. Todo me obligaba a tranquilizarme si quería sobreponerme y mientras me cuestionaba repitiendo para mí -aonde barro si no ha llovío- cuando decidí cortar por lo sano y analizar en detalle al pequeño engendro.

Noté como “lucía una téticas de perra flaca”, lo cual evidentemente contrastaba con su “fama de fiero sabueso” y de sus ingeniosas tácticas marciales. Entonces fue cuando “sentí como un pálpito” mientras iba captando cual en una epifanía, que el mero escenario de nuestro conciliábulo era nada más y nada menos que la transcavidad de un recoveco que existe en la propia entrada del Averno y que estábamos a la espera de la orden de partida…

Allá van, parejos, me perifoneaba un locutor en mi mente cuando ya creía comenzar a entender de lo que simplemente aquello se trataba; era un vulgar mollejero y no debería mortificarme por estar sintiendo algo que parecía ir más allá de fuego-fuego-fuego, y es que no eran las chicas del can, era simplemente un calorcito tropical que de repente me trasladaba a otra noche de apagón en mi tierra del sol amada.

Con los ojos ya pelados, mientras seguía sudando ya lo tenía más claro, finiquitaba mi propósito de ojo-menear a Ednodio y despertaba sencillamente inundado de la luz fecunda de las regiones índicas, aquellas que mentaba el poeta José Ramón… 

Así, ante tan disparatada reláfica, para “el ojomeneo” a un escritor fantástico y muy admirado mientras yo tendría que aceptar la realidad de despertar simplemente, en casa, viviendo en Maracaibo, un viernes de septiembre del año 2024…

Maracaibo, el miércoles 24 de junio del año 2026