Sergio Ramírez
Mercado (Masatepe,
5 de agosto de 1942). Es un
novelista, cuentista, ensayista, periodista, político y abogado nicaragüense
(con nacionalidad española desde 2018), quien ejerció la vicepresidencia de su
país natal desde 1985 hasta 1990.
En
1959 Sergio Ramírez ingresaría en la Facultad de Derecho de la Universidad
Nacional Autónoma de León y un año después fundaría la revista
experimental Ventana, encabezando el movimiento literario del
mismo nombre y en 1964 se gradúa como doctor en Derecho, con la Medalla de Oro
como mejor estudiante de su promoción. En el mundo literario publica en 1960 su
primer relato, El estudiante, y tres años más tarde su primer
libro Cuentos es una recopilación de
relatos, y en 1970, Tiempo de fulgor,
su primera novela.
En
Nicaragua, en 1977, Sergio encabezaría un grupo opositor en apoyo del Frente
Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) en lucha contra el régimen del
presidente dictador Somoza. Después de formar parte del gobierno de Daniel Ortega,
se retira de la política en 1996 para dedicarse a la literatura, aunque sus
vivencias políticas quedan reflejadas en sus memorias (https://tinyurl.com/432ddypj ) Adiós muchachos, publicada en 1999.
Tengo
la suerte de poseer un libro que tiene numerosos “artículos reunidos” del escritor nicaragüense Sergio Ramírez
Mercado, de quien ya ha hemos venido hablado y ha sido citado previamente (https://tinyurl.com/y78cyda5)
en otras ocasiones en este blog (lapesteloca)
y a quien tuve el honor de conocer y tratar personalmente desde los tiempos
cuando él era el vicepresidente de su país después de la caída del régimen
dictatorial de Somoza. El título de este libro de casi 800 páginas, es “Historias para ser contadas”.
Aquí
les cuento ahora, como, en uno de estos trabajos, escrito en Guatemala el año
2002, Sergio Ramírez escribiría sobre la hipótesis de una supuesta “muerte de la novela”, y se planteaba
seriamente como los avances tecnológicos del siglo XX ( el cine, la televisión
y todo cuanto la ciencia y avances en el desarrollo aeroespacial que se
expandía ) parecía que aquella “modernidad” presagiaba “la muerte de la
novela”.
Pero
la novela, en la América hispana precisamente habría de llegar en esos tiempos
para contarnos “la historia publica”
devenida luego de guerras para la independencia de los países y en esa
irrupción, ha proseguido hasta este sigo XXI, y es que, no hay maneras de
contar las historias privadas sin tomar en cuenta la historia pública. Eso lo recalcaba el escritor Sergio Ramírez
mientras saludaba con alegría al Premio Alfaguara que en aquel año le había
sido otorgado al escritor Tomás Eloy Martínez por su novela “El
vuelo de la reina”.
La
historia tejida como fina urdimbre en la novela del escritor argentino, mezcla
-historia publica- con historia privada, en un juego de espejos cuyas fronteras
van de su “La novela de Perón” hasta “Santa Evita” y a pesar de vivir “en
tiempos de catástrofes” insistiría Sergio, cuando un país “racional y civilizado” como llamo Carlos Fuentes al país austral aun
viniendo del “Facundo” de Domingo Faustino Sarmiento, era la Argentina que
brillaría en el “Canto a la Argentina” de Darío y destacaba como en su Nicaragua
natal, aprendería el mismo Sergio sobre Argentina a través de los libros que a en
la escuela primaria les legaban con el sello de La Editorial Kapeluz.
Aprenderíamos
-dice Sergio– en el fuego letal de las correspondencias, que Argentina era
también una “República bananera” y Tomás Eloy Martínez bien lo demostraba
en sus novelas al mostrarnos la cruda realidad de un Perón quien ya en el
exilio tenia a una Isabel, bailarina bataclana,
recogida de un cabaret de Panamá, para encumbrarla como su sucesora en la Casa
Rosada de Buenos Aires, mientras veíamos como Buenos Aires pasaba a ser como la
mismísima Managua.
“Santa
Evita” es la metáfora más esplendida escrita por Tomas Eloy sobre aquel
personaje mítico de mujer que inspiró una novela, una ópera, un musical, y una
película mientras Tomás Eloy sublimaría su obsesión por este mito para regresar
a la “historia publica” en su novela premiada, “El vuelo de la reina”
para enseñarnos el peso de la corrupción de quienes mandan, y sus traiciones,
regresándonos a un “Buenos Aires-Managua” y otra vez mas, mezclándonos la
historia publica con las historias privadas y así, los novelistas como Tomás Eloy seguirían cumpliendo con su papel
de historiadores. ¡¿La novela ha
muerto?! ¡Viva la novela!
La
consagración a nivel internacional de Sergio Ramírez Mercado, llegaría en 1998
cuando fue galardonado con el Premio
Alfaguara por su novela Margarita,
está linda la mar. Desde
1999 da clases en diferentes universidades de EE.UU., México, Perú, España y
Chile. Su obra
ha sido traducida a más de 20 idiomas y en enero del año 2000, es merecedor de
manera honorífica de la primera convocatoria del Premio de narrativa José María Arguedas. Y en 2012 funda el
encuentro literario Centroamérica cuenta, que se celebra en Nicaragua. El 11 de
noviembre de 2014, es galardonado con el Premio
Carlos Fuentes a la creación literaria en la lengua española por considerar
que su obra conjuga "una literatura comprometida con una alta calidad
literaria" destacándolo como “intelectual libre y crítico, de alta
vocación cívica.". Ese mismo año es nombrado vocal del patronato del Instituto Cervantes, en representación
de las letras y la cultura latinoamericanas. En 2017 se convierte en el primer centroamericano en ganar el Premio Cervantes.
Maracaibo, viernes 11 de septiembre del año
2026