domingo, 1 de noviembre de 2026

Al sur del Ecuanil


El escritor venezolano, René Augusto Rodríguez Morales (conocido comúnmente como Renato Rodríguez) nació en Porlamar (estado de Nueva Esparta) el 3 de julio de 1927. A los cuarenta días de nacido su padre los llevó a vivir a Cumaná. Dos años después, la familia se instaló en La Guaira, Estado Vargas. Su abuelo, fue el general José Asunción Rodríguez, un caudillo insular que, con el rango de teniente de milicias, levantó el oriente en época de montoneras a fines del siglo XIX. Llegaría a ser General de Brigada durante el gobierno de Andueza Palacios y luego obedeció a Cipriano Castro. Durante la larga dictadura del Gómez, se retiró, pero su nombre llegó a oídos del Benemérito, enredado con el de los cabecillas de una conspiración en la que se había negado a participar. Los últimos años padeció sin quejarse las privaciones del exilio en Trinidad. Cuando regresaba a morir a Venezuela, en 1923, su hijo, padre de Renato el escritor, envió desde el barco un cable al ministerio de Guerra y Marina anunciando que el viejo general volvía muy enfermo a su tierra. Por orden del tirano, Tobías Uribe, ministro de Guerra y Marina, hizo que Asunción Rodríguez fuese atendido por los mejores médicos y que le fuesen rendidos honores militares en el entierro.

Renato estudió bachillerato en el Liceo San José de los Teques. Allí pensó dedicarse al sacerdocio, pero su superior, el padre Ojeda, lo hizo desistir y lo motivó a escribir, momento que recordaría él como crucial en su decisión de convertirse en escritor. Tras finalizar el bachillerato, viajó a Colombia donde se inscribió en una academia militar para obtener el bachillerato superior. Conoció a un joven cantante, y decidió convertirse en su representante, de manera que así comenzó a viajar con él al sur. Una vez en Quito, Ecuador, se separó del cantante. Se trasladó a Lima, y de ahí a Santiago de Chile. En 1950 regresó a Venezuela, donde entre Caracas y Cumaná trabajó como productor de leche, agricultor y oficinista. Durante estas estadías en Venezuela trabajó en el manuscrito de su primera novela, Al Sur del Equanil

De la obra de Renato Rodríguez su primera novela “Al sur del Equanil”, resultó ser un libro que le llevo a ser comparado con grandes nombres de la literatura como Henry Miller o Kerouac. El título de la novela proviene de un error de Salvador Garmendia al escuchar una conversación de Renato con unos amigos en un bar. Renato comentó que su novela se llamaba Al Sur del Ecuador, pero Garmendia entendió «Equanil», famoso ansiolítico de la época.​ La novela Al sur del Equanil. narra las vivencias de David en el proceso de convertirse en escritor. A través de las más diversas experiencias en Venezuela, Colombia, Ecuador, Chile y finalmente París, David -que cambia de nombre a Augusto y a Cirilo a través de la narración- encuentra su vocación e identidad en una compleja trama con los más diversos personajes y situaciones que van desde la sordidez hasta el humor. La novela, fue considerada autobiográfica, como parecen ser la mayoría de las obras de Renato, al contener muchas de las experiencias durante sus constantes viajes. 

A propósito de la complejidad del texto, los cambios de identidad y los viajes de Renato, en el prólogo de Al sur del Equanil, Carlos Noguera escribió: “La rotación de identidades que la diversidad de los textos antes citados ejemplifica y porta, esconde una certeza más profunda: la de que el protagonista puede tener cualquier nombre, porque en realidad no ostenta ninguno. No ostenta ninguno porque él mismo parece negárselo hasta que llegue el momento de merecerlo. La palabra que lo nombre se posterga por el proceso mismo que él, como escritor, cumple: el del aprendizaje de nombrar. No son sólo las etiquetas y las identidades las que rotan y viajan, la metáfora del viaje, de la peregrinación, subtiende el sentido mismo de la novela toda al expresar la vida en construcción como un espacio que sucede a otro y como un tiempo que muta, transfigurando a su vez al cuerpo que lo atraviesa”.

Tras finalizar el bachillerato, Renato viajó a Colombia donde se inscribe en una academia militar para obtener el bachillerato superior. Tras conocer a un joven cantante, decidió convertirse en su representante y comenzó a viajar con él al sur. Una vez en Quito, Ecuador, se separó del cantante. Se trasladó a Lima, y de ahí a Santiago de Chile. En 1950 regresó a Venezuela, donde entre Caracas y Cumaná trabajó como productor de leche, agricultor y oficinista. Renato decidió irse a Nueva York, donde trabajó en un restaurante italiano. Luego se mudó a Los Ángeles donde en un hotel trabajaba recogiendo platos sucios. Se mudó a San Francisco para luego de una breve estadía, regresar a Nueva York, donde trabajó en la Westinghouse Broadcasting Company, en el show de Merv Griffin. Luego viajó a Europa, y vivió en París. Allí sostuvo amistad con el escritor peruano Julio Ramón Ribeyro. También conoció a Julio Cortázar, a Mario Vargas Llosa y a Alfredo Bryce Echenique. Visitó Bélgica, Suiza, Italia y vivió en Alemania trabajando en una fábrica de piezas para automóviles. Renato Rodríguez fue una figura controversial dentro del ámbito literario venezolano, sus textos representaron una rareza en la narrativa del país.

La escritura de Renato Rodríguez fue objeto de severas críticas por parte de sus contemporáneos, las cuales él mismo plasmó en la contraportada de su segunda novela El Bonche (Novela, 1976). También publicaría: ¡Viva la pasta! o Las enseñanzas de Don Giuseppe (Novela, 1984); La noche escuece (Novela, 1985); Ínsulas (Novela, 1996); Quanos (Relatos, 1997); y El embrujo del olor a huevos fritos (Novela, 2008).

El Bonche narra las aventuras de José, inmigrante venezolano en una comunidad de latinos en Nueva York. La narración en primera persona, insiste en algunos temas de Al sur del Equanil, como, las reflexiones del personaje en cuanto al propósito de la vida, la experiencia de la pobreza y la búsqueda de identidad ya no como escritor, sino a través de sus disímiles oficios: carpintero, cocinero y empleado de una fábrica, entre otros. El relato alterna las experiencias de José en diversas fiestas (bonches) con sus viajes a París y Alemania, recuerdos de la infancia, y particulares relaciones sexuales en una sucesión de historias que se entrelazan. La novela, continúa el carácter autobiográfico de muchas de las obras de Renato.

Cuatro relatos componen a Quanos: En el Chaparral, No hay como el aire de la montaña, Tan solo un sueño y La presa. Apartándose de sus novelas, tanto el tema como el estilo de estos relatos no son ni autobiográficos ni una sucesión de historias entrelazadas. Acercándose más al relato tradicional y omnisciente, los cuentos de Quanos poseen matices costumbristas, también crímenes o elementos fantásticos con un tono irónico, que los hacen más próximos a la novela negra y a ciertos relatos de Horacio Quiroga y de Kafka. Como advierte en el prólogo el mismo autor, la palabra «quanos» es una contracción de “quasi” y “novelas”, idea que tuvo luego de leer Introduction to science de Isaac Asimov y descubrir que Quasar era la contracción de “quasi” y “star”. El relato En el Chaparral está dedicado a Julio Ramón Ribeyro, de quién admite haber tomado el tema del cuento Mar Afuera. 

Renato Rodríguez regresó a Venezuela, dónde desde 1997 vivió aislado en una montaña en la población de Tasajera, ubicada en el municipio José Rafael Revenga del estado Aragua. Su obra se vio reconocida en 2006, cuando recibió el Premio Nacional de Literatura de Venezuela, pocos años antes de fallecer. Anciano, padeció de glaucoma, sordera en un oído y una artritis que lo obligaba a caminar con dificultad. Falleció a los 84 años de edad en El Consejo (estado de Aragua) el 22 de junio del año 2011.

Maracaibo, domingo 1 de noviembre del año 2026

sábado, 31 de octubre de 2026

Covid y los pulmones


Sabemos que “la covid” puede destrozar los pulmones de los enfermos más graves. En los pacientes que acaban muriendo por una neumonía bilateral, se conocían las consecuencias, pero no el detalle de lo que sucede en el tejido pulmonar. Científicos del Instituto de Investigación Sant Pau, en colaboración con hospitales de Madrid y Suecia, publicarían un estudio que usa una tecnología espacial para revelar cómo en los casos más graves el SARS-CoV-2 transforma un pulmón sano en tejido cicatrizado, y señala fármacos ya existentes que podrían frenarlo, y señalaron fármacos ya existentes que podrían frenar esta severa patología .

Lo que han visto es un colapso progresivo del sistema pulmonar de intercambio de oxígeno. Las células que forman una fina barrera a través de la cual el oxígeno pasa del aire a la sangre y los pequeños vasos sanguíneos que las acompañan desaparecen progresivamente a medida que avanza la enfermedad. Al mismo tiempo, irrumpen células inmunitarias y células formadoras de cicatriz, y es precisamente una de estas células, el fibroblastos peribronquial que aumentara de forma explosiva en la fase más aguda de la infección respiratoria. A medida que se va desintegrando la estructura normal del pulmón, estas células avanzan, restando capacidad a los pulmones. Al mismo tiempo, va desapareciendo la primera línea de defensa frente a las infecciones virales (las natural killers), que disminuyen de manera sostenida conforme empeora la enfermedad.

Los investigadores han localizado una vía molecular que hace de “motor de la fibrosis”, que endurece el tejido pulmonar hasta que lo inutiliza, al mismo tiempo que se desactiva otra vía que hace de freno a este fenómeno. Esto es algo que, según explica el estudio, ocurre específicamente en la covid y no en otras enfermedades pulmonares, como la neumonía convencional o la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC). Al examinar cada célula, los autores comprobaron cómo las supervivientes con características de células madre (las AT2) intentaron regenerar las células destruidas que se encargaban del intercambio de oxígeno, las AT1. Pero no lo consiguieron. Este proceso natural de reparación parecía incompleto o alterado en los casos más graves, lo que puede ayudar a explicar por qué algunos pacientes nunca se recuperan plenamente.

Para observar todo este proceso, los investigadores estudiaron muestras pulmonares de 19 pacientes fallecidos por covid y las compararon con pulmones sanos que usaron de control. En lugar de triturar el tejido y perder toda referencia de dónde ocurría cada proceso —como en la mayoría de los estudios anteriores—, el equipo empleó una tecnología llamada transcriptómica espacial  que permite ver qué genes están activados en cada punto concreto del pulmón, conservando intacta la arquitectura del tejido. “Es como sustituir una fotografía aérea borrosa de una ciudad por un mapa satelital calle a calle que muestra con precisión qué barrios prosperan y cuáles se derrumban”. Manel Esteller, que lidera la investigación, explica que estos hallazgos pueden abrir la puerta al uso de fármacos ya existentes o experimentales para los casos más graves de covid y de otras infecciones pulmonares que en el futuro puedan causar pandemias. Son los medicamentos antifibróticos ya aprobados para la fibrosis pulmonar, como pirfenidona y nintedanib, y diversas moléculas que bloquean la vía de cicatrización detectada.“Creo que ahora sería bueno hacer estudios preclínicos induciendo esta reacción [en los tejidos] y comprobar si los fármacos que proponemos tienen el efecto que pensamos”, dice Esteller. La ventaja, añade, es que, como muchos de ellos ya se usan y han demostrado su seguridad, es más sencillo que se aprueben mediante lo que se denomina un “reposicionamiento”.

La covid no es ya la amenaza para la salud pública que fue, y en la mayoría de los casos cursa de forma muy leve. Sigue, sin embargo, causando enfermedad grave en personas vulnerables o de edad muy avanzada. En 2024, últimos datos consolidados disponibles del INE, fallecieron más de 5.000 pacientes con el virus identificado. También podrían tener interés para síntomas relacionados con la covid persistente, como la niebla mental. Los investigadores apuntan a una curiosa relación molecular entre la lesión pulmonar y una proteína asociada al alzhéimer, aunque subrayan que esta hipótesis sigue siendo especulativa. Se pudo comprobar cómo el tejido sano se convierte en cicatrizado y anula la capacidad de ventilación de los pulmones. Lo que han visto es un colapso progresivo del sistema pulmonar de intercambio de oxígeno. Las células que forman una fina barrera a través de la cual el oxígeno pasa del aire a la sangre y los pequeños vasos sanguíneos que las acompañan desaparecen progresivamente a medida que avanza la enfermedad. Al mismo tiempo, irrumpen células inmunitarias y células formadoras de cicatriz. Una de estas células, los fibroblastos peribronquiales, aumentan de forma explosiva en la fase más aguda. A medida que se va desintegrando la estructura normal del pulmón, estas células avanzan, restando capacidad a los pulmones. Al mismo tiempo, va desapareciendo la primera línea de defensa frente a las infecciones virales (las natural killers), que disminuyen de manera sostenida conforme empeora la enfermedad.

Los investigadores han localizado una vía molecular que hace de “motor de la fibrosis”, que endurece el tejido pulmonar hasta que lo inutiliza, al mismo tiempo que se desactiva otra vía que hace de freno a este fenómeno. Esto es algo que, según explica el estudio, ocurre específicamente en la covid y no en otras enfermedades pulmonares, como la neumonía convencional o la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC). Al examinar cada célula, los autores comprobaron cómo las supervivientes con características de células madre (las AT2) intentaron regenerar las células destruidas que se encargaban del intercambio de oxígeno, las AT1. Pero no lo consiguieron. Este proceso natural de reparación parecía incompleto o alterado en los casos más graves, lo que puede ayudar a explicar por qué algunos pacientes nunca se recuperan plenamente.

Para observar todo este proceso, los investigadores estudiaron muestras pulmonares de 19 pacientes fallecidos por covid y las compararon con pulmones sanos de control. En lugar de triturar el tejido y perder toda referencia de dónde ocurría cada proceso —como han hecho la mayoría de los estudios anteriores—, el equipo empleó una tecnología llamada transcriptómica espacial. Esta permite ver qué genes están activados en cada punto concreto del pulmón, conservando intacta la arquitectura del tejido. “Es como sustituir una fotografía aérea borrosa de una ciudad por un mapa satelital calle a calle que muestra con precisión qué barrios prosperan y cuáles se derrumban”, ejemplifican. 

Manel Esteller, que lidera la investigación, explica que estos hallazgos pueden abrir la puerta al uso de fármacos ya existentes o experimentales para los casos más graves de covid y de otras infecciones pulmonares que en el futuro puedan causar pandemias. Son los medicamentos antifibróticos ya aprobados para la fibrosis pulmonar, como pirfenidona y nintedanib, y diversas moléculas que bloquean la vía de cicatrización detectada. “Creo que ahora sería bueno hacer estudios preclínicos induciendo esta reacción [en los tejidos] y comprobar si los fármacos que proponemos tienen el efecto que pensamos”, dice Esteller. La ventaja, añade, es que, como muchos de ellos ya se usan y han demostrado su seguridad, es más sencillo que se aprueben mediante lo que se denomina un “reposicionamiento”.

La covid no es ya la amenaza para la salud pública que fue, y en la mayoría de los casos cursa de forma muy leve. Sigue, sin embargo, causando enfermedad grave en personas vulnerables o de edad muy avanzada. En 2024, últimos datos consolidados disponibles del INE, fallecieron más de 5.000 pacientes con el virus identificado.

Nota al margen: comienzo a avisarles -desde ya- a mis asiduos lectores que por motivo de viaje, si Dios me da salud, es posible -lo mas probable- que ya en el año 2027 no prosiga en este divertimento que para mi ha constituido el escribir durante Ocho años TODOS LOS DIAS, alguna crónica para ustedes, mis amables  lectores del blog lapesteloca.

Maracaibo, sábado 31 de octubre del año 2026

viernes, 30 de octubre de 2026

 Voyager 1 

La Voyager 1 es una sonda espacial de la NASA lanzada el 5 de septiembre de 1977 para estudiar el sistema solar exterior y, posteriormente, el espacio interestelar.  Gracias a su actividad se logro la exploración de Júpiter en 1979 y de Saturno en (1980) y el 25de agosto de 2012 la sonda entraria en el espacio interestelar logrando cruzar la heliopausa es día, convirtiéndose en el primer objeto creado por el ser humano en alcanzar esta región. 

Actualmente Voyager 1 se encuentra a más de 167 unidades astronómicas (aproximadamente 25 000 a 26 000 millones de kilómetros de la Tierra), aproximándose a la marca histórica de un día luz de distancia (prevista para noviembre de 2026), lo que significa que una señal de radio tarda 24 horas en llegar a la sonda.

Josef Aschbacher, director general de la Agencia Espacial Europea (ESA), ha destacado recientemente la relevancia histórica de la sonda Voyager 1 en el marco de la comunicación de espacio profundo, vinculándola estrechamente con la infraestructura tecnológica que gestiona Europa. 

Una propuesta de la década de 1960 para realizar un Grand Tour con el fin de estudiar los planetas exteriores condujo a la NASA a empezar a trabajar en una misión a principios de la década de 1970.[] La información obtenida por la nave espacial Pioneer 10 ayudó a los ingenieros a diseñar a las Voyager para que pudieran enfrentar mejor la intensa radiación alrededor de Júpiter.[] Aun así, poco antes del lanzamiento, se aplicaron tiras de papel aluminio de cocina a ciertos cables para mejorar el blindaje contra la radiación.

 Inicialmente, la Voyager 1 fue planeada como la Mariner 11 del programa Mariner. Debido a recortes presupuestarios, la misión se redujo a un sobrevuelo de Júpiter y Saturno y se rebautizó como sondas Mariner Júpiter-Saturno. El nombre se cambió a Voyager cuando los diseños de las sondas empezaron a diferir sustancialmente de las misiones Mariner.[

 La Voyager 1 fue construida por el Laboratorio de Propulsión a Reacción (JPL). Cuenta con 16 motores de hidrazina, giroscopios de estabilización de tres ejes e instrumentos de referencia para mantener la antena de radio de la sonda orientada hacia la Tierra. En conjunto, estos instrumentos forman parte del Subsistema de Control de Actitud y Articulación (AACS), junto con unidades redundantes de la mayoría de los instrumentos y ocho propulsores de reserva.[ La nave espacial también incluye 11 instrumentos científicos para estudiar objetos celestes tales como planetas mientras viaja por el espacio.[

 El sistema de radiocomunicación de la Voyager 1 fue diseñado para ser utilizado dentro y fuera de los límites del sistema solar. Dispone de una Antena Cassegrain de 3,7 metros (12 pies) de diámetro y de alta ganancia para enviar y recibir ondas de radio a través de las tres estaciones de la Red de Espacio Profundo en la Tierra. Normalmente, la nave transmite datos a la Tierra a través del canal 18 de la Red de Espacio Profundo, utilizando una frecuencia de 2,3 GHz u 8,4 GHz, mientras que las señales de la Tierra a la Voyager se transmiten a 2,1 GHz.[  

 Cuando la Voyager1 no puede comunicarse con la Tierra, su grabadora digital (DTR) puede registrar unos 67 kilobytes de datos para su posterior transmisión. Desde el 2023, las señales de la Voyager 1 tardan más de 22 horas en llegar a la Tierra.[]

 Voyager 1 tiene tres generadores termoeléctricos de radioisótopos (RTG) montados en un brazo. Cada MHW-RTG contiene 24 esferas prensadas de óxido de plutonio-238. Los RTG generaban unos 470 W de energía eléctrica en el momento del lanzamiento, mientras que el resto se disipaba en forma de calor residual. La potencia de los RTG disminuye con el tiempo debido a la semivida de 87.7 años del combustible y a la degradación de los termopares, pero podrán seguir manteniendo algunas de sus operaciones al menos hasta 2025. 

La sonda sobrevoló Júpiter, Saturno y Titán, la luna más grande de Saturno. La NASA tenía la posibilidad de elegir entre hacer un sobrevuelo de Plutón o de Titán; la exploración de la luna de Saturno tuvo prioridad porque se sabía que tenía una atmósfera considerable. Voyager 1 estudió el clima, los campos magnéticos y los anillos de los dos gigantes gaseosos y fue la primera sonda en proporcionar imágenes detalladas de sus lunas.

Fue lanzada 16 días después de su nave gemela, Voyager 2  y se comunica a través de la Red del Espacio Profundo (DSN) de la NASA para recibir órdenes rutinarias y transmitir datos a la Tierra. La NASA y el JPL proporcionan datos de distancia y velocidad en tiempo real. A una distancia de 167.45 hrsUA (25 000 millones de km) de la Tierra a fecha de febrero de 2025. Actualmente Voyager 1 sigue operativa con algunos instrumentos científicos activos y se comunica mediante la Red del Espacio Profundo de la NASA. Voyager 1 lleva un mensaje a bordo: transporta el Disco Dorado de las Voyager, un disco chapado en oro con sonidos, imágenes y saludos de la Tierra para posibles civilizaciones extraterrestres.

Voyager 1 es el primer objeto construido por la humanidad en alcanzar el espacio interestelar y actualmente es el más alejado del planeta Tierra La sonda abandonará el sistema solar al dejar atrás la nube de Oort, la frontera más distante del sistema solar, que alcanzará dentro de unos tres siglos y abandonará en aproximadamente 30 000 años.

Como parte del Programa Voyager y al igual que su nave hermana Voyager 2, la misión ampliada de la sonda espacial es localizar y estudiar las regiones y los límites de la heliosfera exterior y comenzar a explorar el medio interestelar. Voyager 1 cruzó la heliopausa y entró en el espacio interestelar el 25 de agosto de 2012, convirtiéndose en la primera sonda espacial en hacerlo. Dos años después, Voyager 1 comenzó a experimentar una tercera ola de eyecciones de masa coronal del Sol que continuó al menos hasta el 15 de diciembre de 2014, lo que corroboró que la sonda se encuentra en el espacio interestelar.

En 2017, el equipo de Voyager activó con éxito los propulsores de maniobra de corrección de trayectoria (TCM) por primera vez desde 1980, lo que permitió prolongar la misión en aproximadamente dos a tres años. Se espera que la misión ampliada de Voyager 1 continúe enviando datos científicos al menos hasta 2026, con una vida útil máxima que podría llegar hasta 2030. Sus generadores termoeléctricos de radioisótopos (RTG) podrían suministrar suficiente energía eléctrica para transmitir datos de ingeniería hasta 2036. 

El disco de oro de las Voyager (titulado en inglés como "The Sounds of Earth", en español como Sonidos de la Tierra) son dos discos fonográficos de cobre bañado en oro y de 30 cm de diámetro que acompañan a las sondas espaciales Voyager, lanzadas en 1977 y que tardarán 40 000 años en alcanzar las proximidades de la estrella más cercana a nuestro sistema solar.

Como las sondas son muy pequeñas comparadas con la inmensidad del espacio interestelar, la probabilidad de que una civilización que viaja por el espacio se encontrase con ellas es muy pequeña, sobre todo porque las sondas con el tiempo dejarán de emitir cualquier tipo de radiación electromagnética. Si alguna vez se encontrase con una especie extraterrestre, lo más probable es que sea en el momento en que pase por la estrella más cercana en la trayectoria de la Voyager 1, que alcanzará dentro de 40. 000 años.

En Maracaibo, el viernes 30 de octubre de 2026

jueves, 29 de octubre de 2026

Racismo o glorificación


El libro ‘El indio patologizado y glorificado: Representaciones del indígena andino en la medicina boliviana (1900-1950) fue escrito por Javier Andrés Claros Chavarría y publicado por la editorial El País. Esta obra fue presentada en la 30.ª Feria Internacional del Libro de La Paz (FIL La Paz, Bolivia) del 29 de julio al 9 de agosto de 2026. El libro examina la medicina científica en Bolivia, durante la primera mitad del siglo XX, y de cómo se construyeron imaginarios y discursos sobre el indígena andino en el contexto de la búsqueda de una "medicina nacional" de Bolivia, como una nación moderna.

Esta investigación, identifica dos grandes corrientes o representaciones en los textos científicos y médicos de la época: 1- El indio patologizado: bajo tonos racistas o higienistas, se representaba al indígena como un "otro enfermo" y vector o transmisor de enfermedades infecciosas (como la sífilis, la tuberculosis, la fiebre tifoidea o el tifus exantemático), convirtiéndolo en un peligro para la "raza", la "especie" y la salud de la nación lo cual justificaba la supresión de su cultura.  2- El indio glorificado: construía la imagen de un "otro" con una supuesta fortaleza biológica ancestral, una resistencia casi inmune y una armonía natural con el entorno del altiplano (la altura, el sol), diferenciándolo del cuerpo del hombre blanco o de el mestizo urbano.

El carácter exploratorio de este trabajo responde a la naturaleza misma del objeto de estudio y al estado actual de la historiografía, que permite abrir líneas de análisis y las interpretaciones aquí desarrolladas se sostienen en un corpus documental acotado y en una lectura situada, consciente de sus límites y de las omisiones que toda reconstrucción histórica implica. Corresponderá a futuras investigaciones ampliar, o incluso cuestionar estos hallazgos, incorporando nuevas fuentes, u otros actores o escalas comparativas más amplias. El recorrido propuesto aspira a ofrecer herramientas conceptuales e históricas que permitan al lector adentrarse en el texto con una mirada atenta a las complejidades del archivo médico y a los múltiples sentidos que adquirió el indígena andino en la construcción de la medicina moderna en Bolivia.

Cuando el coronavirus llegó a Bolivia, hubo grandes dudas y pánico que derivaron en racismo. Según algunos informes los indígenas denuncian no haber recibido atención porque el personal médico tenía miedo de contagiarse. Se los calificó de focos de infección por no acatar la cuarentena, ya que dependían de actividades presenciales. En el mismo periodo, en las comunidades también surgió el discurso de que el cuerpo andino resistía el virus por la dureza que desarrolló viviendo en elevadas alturas. Esta aparente contradicción de las narrativas no le sonó como nueva al sociólogo Javier Andrés Claros. Escudriñó en el archivo médico para comprobar que a la biomedicina siempre le interesó estudiar al indígena y que lo hizo desde dos perspectivas aparentemente opuestas: la patologización o la glorificación.

“Cuando surgen enfermedades desconocidas, nadie quiere hacerse cargo. La tendencia es buscar culpables en el otro. Se vio con el covid, la fiebre amarilla, la gripe española o el VIH”, declararía  J.A. Claros a EL PAÍS. “Ese otro no siempre es el ideal moderno: suele ser el asiático, el indígena o el musulmán”. Las enfermedades infecciosas otorgaban al estudio el componente social del estigma alrededor de los infectados y sus comportamientos, por lo que puso su atención en la sífilis, tuberculosis, fiebre tifoidea y tifus exantemático. En lo temporal, delimitó la investigación —publicada en el libro El indio patologizado y glorificado: representaciones del indígena andino— a la primera mitad del siglo XX, desde 1900 hasta 1950.

En esa época, la producción de revistas médicas bolivianas se regularizó para intentar corporativizar una profesión que no gozaba del prestigio de hoy. “Si bien la bacteriología daba sus primeros pasos, todavía no se sabía cómo prevenir estas enfermedades o cuál era el tratamiento. Para entenderlas desde la localidad, las empiezan a vincular con la geografía y el cuerpo indígena”, explica Claros. Dos ideas parecen estar asentadas en todos los textos estudiados: que el cuerpo indígena andino es un tipo biológico singular en el que las enfermedades adquieren ciertas especificidades y que era perpetuador de prácticas antihigiénicas que ponían en riesgo la salud pública.

En las revistas médicas especializadas y boletines de ese entonces se incorporaron factores sociales y culturales a los estrictamente biológicos. Convergían así un racismo científico liberal, la herencia colonial y un indigenismo nacionalista. La infraestructura hospitalaria y el equipo técnico curativo eran precarios en Bolivia y se acentuaban aún más en las poblaciones originarias, que tenían limitado acceso a derechos. “Autores del periodo sostenían que los indígenas se encontraban en un estado de degeneración como resultado de siglos de opresión colonial, una condición concebida como patológica y que continuaba siendo reproducida por actores de poder local, como los terratenientes”. Así  se lee en un pasaje del libro.

El prejuicio de los nativos como “primitivos” y “bárbaros” se extendía hasta la salud y las enfermedades y hasta llegó a plantearse la hipótesis,- en base a crónicas de la Conquista-, de que la sífilis se habría transmitido de la llama al indígena a través de relaciones coitales, como producto de estas prácticas. Fueron propuestas categorías o variantes de lsa enfermedades específicas de Bolivia, por suponer que el cuerpo del aimara y del quechua era más susceptible a las bacterias. Néstor Morales Villazón postuló la “tuberculosis indígena” y Félix Veintemillas, el “tifus exantemático altiplánico”.

El Dr Felix Veintemillas(1888-1952 presentó entre las décadas de 1930 y 1940 a la mujer indígena, por su rol de sirvienta, como el vehículo que trasladaba el tifus desde el campo a la población blanca. Consideraba a los nativos andinos como el “reservorio” de la enfermedad, del piojo transmisor, por prácticas que tildaba de insalubres. El galeno paceño se dedicó a recolectar muestras de sangre de indígenas para desarrollar sueros contra el tifus. No fue el único en impulsar una cura específica para los campesinos. Considerado el héroe contra la Peste Bubónica en 1928 cuando estalló una alarmante epidemia de peste bubónica en Vallegrande, el gobierno lo nombró Jefe de la Comisión Médica Sanitaria y Veintemillas no solo controló el brote en el terreno, sino que documentó todo rigurosamente en su célebre libro La Peste Bubónica en Bolivia (1936), una obra fundamental para la epidemiología nacional.  Su investigación sobre el Tifus Altiplánico con profundos esfuerzos, su estudio del tifus exantemático y de las rickettsiasis en las regiones altas, fueron sus gestiones e investigaciones, Bolivia se convirtió en el primer país del mundo en aplicar con éxito el uso terapéutico de la cloromicetina. Veintemillas estuvo trabajando mano a mano en el Instituto de Bacteriología en La Paz y expandió su conocimiento hacia otras enfermedades tropicales y crónicas endémicas (como el mal de pinto, la leishmaniasis y la lepra). Además, fue cofundador y vicepresidente de la primera Sociedad de Cirugía en Bolivia. Su muerte en 1952 causó un profundo impacto en la comunidad científica americana. La Organización Panamericana de la Salud (OPS) interrumpió sus sesiones oficiales en Washington para rendirle un minuto de silencio y emitir un voto de pésame formal al gobierno de Bolivia por la pérdida de un pilar de la sanidad continental.

 El Dr.Néstor MoralesVillazón (1879-1957) fue un médico sumamente destacado, considerado el pionero indiscutible de la bacteriología y la microbiología en Bolivia, dedicó su vida a la investigación científica, la docencia y la salud pública boliviana y propuso una vacunoterapia que no solo incluía inyecciones de dosis, sino “corregir” las prácticas culturales que consideraba vectores de la fiebre tifoidea.

La racialización de las enfermedades no siempre fue patologizante. En la primera mitad del siglo XX, la biomedicina boliviana estudió el cuerpo andino como un tipo biológico singular con particularidades únicas debido al entorno en el que se desarrolló. Se argumentaba que, debido a factores como la altitud, enfermedades como la sífilis eran menos virulentas en Bolivia y que el indio ejemplificaba esta particularidad al mostrar una supuesta resistencia a las fases más avanzadas de la enfermedad. El mayor difusor de esta teoría fue el médico y geógrafo Jaime Mendoza, autor del libro El macizo boliviano (1935). En su ensayo sostiene que la geografía andina —la altitud, el clima, el aislamiento y las condiciones del territorio— moldearon históricamente a la población y a la propia Bolivia. Este concepto fue trasladado a la medicina. Mendoza encontró pocos casos de tuberculosis entre la población aimara. A su juicio, el indígena andino recibió desde tiempos ancestrales los beneficios de la altura y la luz solar, permitiendo que su organismo desarrollara una supuesta resistencia a las enfermedades virulentas.

Ya sea patologizándolo o glorificándolo, el discurso médico desde una mirada interdisciplinaria fue perdiendo fuerza hacia la mitad del siglo XX. Sin embargo, la vinculación que se hace de ciertas enfermedades con lo indígena ha permanecido. “Ambas representaciones, aunque opuestas, han dejado una huella persistente en la narrativa social y cultural de Bolivia, perpetuando dinámicas de racismo e idealización hacia los pueblos indígenas al congelarlos en estereotipos que limitan su complejidad, relacionándolos con una enfermedad”, dice el autor del libro.

La discriminación para recibir tratamiento contra el coronavirus es un ejemplo actual de la patologización del indígena, una investigación sobre el presunto “gen andino” lo es de la glorificación. La Universidad Mayor de San Andrés identificó que los pobladores andinos poseen un gen mutado que les permite una mejor adaptación a la altitud y los protege del mal de altura.

Maracaibo, jueves 29 de octubre del año 2026

miércoles, 28 de octubre de 2026

Musicalmente…


El sábado 9 de noviembre del año 2013 en este blog lapesteloca, y con un breve vídeo anexo sobre quien para aquellos días recién había fallecido, el periodista Oscar Yanez -como tributo a su memoria-, mostraríamos una serie de canciones que a mi, particularmente, me traían gratos recuerdos... Estaban ubicadas también y a continuación las siglas para acceder a sus grabaciones en YouTube… Aquí, hoy en 2026 las he eliminado y tan solo señalo con curiosidad cuales eran aquellas canciones  que “me sonaban” para el 2013…

1-Música zuliana: Maracaibera. 2-Rocio y Sabina- Y me dieron las 10- 3-Trío Venezuela. Magia blanca:  4-Sabina: Quien me ha robado el mes de abril. 5- Jairo. Golondrina. 6-Marthiña: Hoy daría yo la vida. 7-Estelita del Llano: Tu sabes.  8-Maria Luisa Landin: Amor perdido. 9-Virginia López: Cariñito azucarado. 9-Julio Jaramillo: Nuestro Juramento. 10-Serrat y Sabina: SEÑORA. 11-Paul Anka: Put your head on my shoulder.  12-The Platters: Only you. 13-The Platters: The great pretender. 14-ABBA Chiquitita. 15-Queens: We´re the champions. 16-Lennon : Imagine. 17-Beatles : Yesterday.  18-Louis Armstrong : What a wonderfull day.  9-Hugo del Carril:  Garufa. 10-Rocío Durcal y el Puma … cantando rancheras...

La idea de destacar las referencias musicales de una novela era algo que desde siempre había sido considerado en mi mente, pero... ¿Como destacar el origen de boleros y otras secuencias musicales que conversadamente aparecían para ser trasladadas -por escrito- dentro de una novela... Se me ocurriría entonces la disparatada idea de usar los -pie de paginas- como la slucion para mostrar lo que sonaba en la mente de quien escribía cuando lo hacia... ¿Un disparate? Algo asi, sonaba... Precisamente sonaba o soneaba...

Con  preocupación aceptaba que el formato entonces planificado para una novela (que además incluiría unos 812 pie de páginas llevaba un anexo con una detallada “fe de erratas”), pudiese parecer muy extraño, y me refiero a la Edición Especial de “Escribir en La Habana” editada en Fuerteventura, en Canarias, gracias a la entusiasta acogida de la idea por mi colega y gran amigo guipuzcoano Eduardo Blasco Olaetxea. Aunque la propuesta era sencilla. Se trataba de plantear un debate sobre las varias maneras de abordar el texto en aquella 3ra edición -con referencias- de lo que podría verse como una antinovela (... y ¡es que ponerle 812 pie de paginas a una novela era algo definitivamente disparatado!) y sonaba casi como un reto por atrevernos a publicar aquella “edición especial” de una obra ya antes premiada por el Ateneo de Valencia, con el galardón en Narrativa JoséRafael Pocaterra en el año 1994. y ya habia sido publicada inicialmente por La Fundación Gipuzkoa de San Sebastian, en el País Vasco y luego, editada por Ars Gráfica en Maracaibo.

En enero 2013. Destacamos un llamado de atención sobre los “pie de páginas” en las novelas. Ver en  http://bit.ly/1hL30xG. Se avecinaba el reto en una tercera edición.  En julio del 2013, propusimos discutir las varias maneras de abordar el texto de la 3ra edición  de “Escribir en La Habana” (una novela que entre muchas otras cosas estaba plagada de referencias musicales, particularmente caribeñas) sin lograr en nuestro medio ningún apoyo. ( http://bit.ly/1O06dDA ). Debo señalar que más de 15 ejemplares fueron donados a profesores de La Escuela de Letras de LUZ para propiciar un debate sobre la narrativa, sin que ninguno acusara recibo de los mismos...

Todavía seis años atrás, me preocupaba lo que que habíamos planificado para la 3ra edición y conversando virtualmente con una estimada amiga quien es Profesor Asociado de Literatura en la Universidad Federal de Santa María en Rio Grande del Sur, en Brasil, le plantee el tema de los “pie de páginas” en la Edición Especial de mi novela premiada en la Bienal José Rafael Pocaterra de 1964 y de las dificultades para abordar su lectura, tal y como yo lo veía en Maracaibo en el año 2013, y mostraré aquí sus comentarios sobre este particular.   

“Es interesante lo que dices del añadido de las notas (pie de páginas) en “Escribir en La Habana”… Es verdad, en un sentido ellas “incomodan”, pero en otro, cuando son bien colocadas, se tornan muy interesantes y constituyen otro “tipo” de lectura, si no me acuerdo mal uno del que hace uso es Puig en “El beso de la mujer araña”, pero no recuerdo que muchos lo utilicen. De cualquier forma, hay aquí una discusión que le gusta mucho a los teóricos, ¿quién es el lector? ¿Para quién se escribe? Los modernos tenían su idea del lector ideal, el “hypocrite lecteur” de Baudelaire y se contentaban con eso, porque era gente que sabía que estaban rompiendo moldes y que sus lectores eran contados, además de todo el aurea de “malditos’, aunque ya comenzaban a batallar interiormente con esto del mercado que le complicó la vida al escritor pero que no podría haber sido de otra manera en un contexto mercantilista como el del capitalismo”.

Finalizo esta historia recordando a los lectores que existe una copia de esta 3ra edición (con referencias) publicada en Amazon para regustar musicalmente los numerosos boleros y sones caribeños de la novela “Edición especial”

En Maracaibo, el miércoles 28 de octubre del año 2026