En el imaginario popular, una de las grandes noticias que podría recibir
la humanidad es la cura del cáncer, y por eso puede resultar confuso el nombre
de vacuna. Una vacuna acabó con la viruela, pero es poco probable que lo haga
con el cáncer. Se trata de un enemigo que se parece mucho a nosotros mismos,
con muchas caras y muchas máscaras, pero al que se le va ganando terreno con
batallas parciales.
El inmunólogo Antoni Ribas,
de la Universidad de California Los Angeles (UCLA),
forma parte del comité científico del ensayo de las compañías Moderna y MSD
(Merck en EE UU y Canadá) de una vacuna para el melanoma. “Llevamos con la promesa de las vacunas
contra el cáncer, probablemente, 100 años. Hasta ahora, todo lo que teníamos
eran estudios que no eran concluyentes, pero este sí lo es”. Esta ha sido la noticia -en la
semana del 22 de
agosto del 2026- en El Pais, España-.
Ribas cuenta que,
pese a su cercanía con el proyecto, a él tampoco se le mostraron datos
concretos del beneficio de la vacuna. “En anuncios de este calibre, que pueden
tener un gran impacto en el valor de las acciones, no adelantan a nadie los
datos y lo tienen que notificar a todo el mundo en el mismo momento”, y
explica, unos días después del anuncio, que las acciones de Moderna han
duplicado con creces su valor, lo que son decenas de miles de millones de euros
en capitalización bursátil, y MSD, mucho mayor, la ha aumentado en un 10%. Los
inversores apuestan su dinero a que los resultados pueden cambiar el
tratamiento del cáncer.
El ensayo que ha sacudido
las perspectivas de las vacunas se aplicó a pacientes con
melanoma que habían recibido cirugía, pero tenían riesgo de recaída. En el ensayo participaron 1.137 pacientes; un tercio recibió la inmunoterapia pembrolizumab (Keytruda) y al grupo experimental, los otros dos tercios, se les
inyectó también una vacuna de ARN mensajero diseñada para entrenar al sistema
inmune a detectar las mutaciones específicas del cáncer de cada paciente.
Aunque aún no hay datos detallados de este estudio, en un ensayo anterior de
menor tamaño, el tratamiento combinado redujo en un 49% el riesgo de recaída o
muerte frente a la inmunoterapia sola.
Aunque se hable del
cáncer, en singular, los oncólogos repiten que no es una enfermedad, sino
cientos. Parte del éxito de la vacuna tiene que ver con el tipo de cáncer
tratado. “Para destruirlas, el sistema inmunitario tiene que reconocer las
células cancerígenas como distintas de las normales. En melanoma eso es
factible, porque la mayoría de los cambios están inducidos por exposición
solar, y la radiación ultravioleta genera mutaciones en el ADN del tumor que no
están presentes en las células sanas”, explica Ribas. “Eso
hace que las vacunas puedan ser útiles en otros tipos de cáncer como el de
pulmón o el de vejiga, en los que Moderna también está desarrollando esta
vacuna y que también están inducidos por un carcinógeno, el tabaco; pero es
difícil pensar que funcione en otros cánceres como los de colon, próstata o
mama, cuando no hay el mismo número de mutaciones distintas entre el tumor y
las zonas normales, porque si no hay suficiente diferencia, no puedes hacer la
vacuna”.
La vacuna contra el
melanoma se ha desarrollado con la misma tecnología que las vacunas contra la
covid. El ARN mensajero es una molécula que transporta las instrucciones del
ADN del núcleo celular para producir todo tipo de proteínas que necesitamos
para estar vivos. Los científicos han logrado domesticar esa capacidad y
utilizarla para crear proteínas con las que entrenar el sistema inmune. En el
caso del virus de la covid, se introducía la espícula que servía para
identificarlo. En el cáncer, el proceso consiste en tomar una biopsia,
secuenciar el genoma para detectar las mutaciones, usar algoritmos de predicción
para seleccionar qué mutaciones sirven como diana y fabricar el ARN mensajero
correspondiente.
El problema del
cáncer es mucho más difícil. Los virus son invasores externos y el sistema
inmunitario está diseñado para detectarlos, de manera que basta enseñar una
pequeña parte del virus al organismo para que aprenda a reconocerlo y
aniquilarlo. El cáncer, en cambio, surge de nuestras propias células. Es una versión distorsionada,
mutada, de nuestro yo normal. Por eso, el sistema
inmunitario tiene dificultades para reconocer los tumores como amenazas.
Además, el cáncer cambia continuamente, entre pacientes y dentro de cada
individuo. Una vacuna universal como la de la covid es imposible.
Según explicaba un
equipo internacional de oncólogos en una
revisión publicada en Nature
Medicine, muchas vacunas antiguas atacaban proteínas comunes, que
aunque estaban más expresadas en los tumores, también se encontraban en los
tejidos sanos. Como el sistema inmunitario estaba acostumbrado a ellas, la
respuesta era débil. Otro de los errores fue
probarlas en pacientes con cánceres muy avanzados. Cuando un tumor lleva años
atacando a una persona, ha desarrollado mecanismos para desactivar sus
defensas, y no se puede entrenar con la vacuna un sistema inmune que ya está
casi desmantelado.
Luis Paz-Ares, jefe del Servicio de Oncología Médica del Hospital Universitario 12 de
Octubre, señala que “el ensayo se hizo en melanomas resecados de estadios 2 a 4, de alto
riesgo”, y que “si se confirma la eficacia, lo lógico sería
extender la estrategia a estadios más tempranos, como el estadio 1, porque las
vacunas suelen ser más eficaces cuanto más precoz es la enfermedad y más
íntegro está el sistema inmunitario del paciente”.
Juan José Lasarte, es el codirector del programa de Inmunología e Inmunoterapia del Cima
(Centro de Investigación Médica Aplicada) de la Universidad de Navarra, afirma
que la diferencia del ensayo de Moderna y MSD es “el paciente concreto elegido”. “Son pacientes a los que se ha
quitado el tumor, pero como quedan algunas células que el cirujano no puede
extirpar, hay riesgo de recaída, y ahí, con poca masa tumoral, la vacunación
permite controlar el crecimiento posterior de las pocas células que haya”.
“Cuando hay un tumor primario grande o metástasis, la vacunación no ha mostrado
mucha eficacia”.
Por último, otro
problema fue que las vacunas se utilizaron solas. Hoy se sabe que una vacuna
puede generar células inmunitarias capaces de reconocer las mutaciones
específicas de un tumor, pero que esas células se agotan si no se combinan con
otros fármacos que liberen los frenos del sistema inmunitario que activan las
células tumorales para defenderse. Es el caso del tratamiento anunciado esta
semana, que combina una vacuna con el pembrolizumab,
que es un fármaco que elimina las inhibiciones de los linfocitos T para atacar
al cáncer. MSD y Moderna tienen ya en marcha ocho ensayos más con la misma
tecnología de vacunas personalizadas en otros tipos de cáncer como pulmón,
vejiga y riñón, y hay muchas otras compañías con ensayos en otros tumores.
Tecnologías
de ARN mensajero hay más de
100, aunque sus
probabilidades de convertirse en tratamientos son diversas. Tecnologías como la
del ARN mensajero son prometedoras, y parece que el mismo concepto podría ser
útil en casi todos los ámbitos. Pero la experiencia con las vacunas advierte de
que la complejidad del cáncer y el sistema inmune suelen desbordar esos
conceptos. Lasarte plantea la necesidad de seguir explorando otras alternativas
más asequibles. “Tenemos, por ejemplo, los virus oncolíticos: inyectas el virus en el
tumor, el virus provoca una muerte de las células del tumor y eso libera esos
neoantígenos sin necesidad de conocer cuáles son, se produce una inflamación y
eso provoca lo que llamamos vacunación in situ. No necesitas la información de
la secuenciación; simplemente provocas que dentro del tumor el sistema
inmunitario se active de forma natural”.
Paz-Ares recuerda que, desde que comenzó su
carrera, hace casi 40 años, hasta ahora, “se ha doblado la supervivencia a los cinco
años de los pacientes de cáncer”. “Ha pasado de un treinta y poco por ciento a
más del 60% a día de hoy, y eso es porque, de manera sucesiva, han surgido
avances que han ayudado a subgrupos de pacientes con subgrupos de tumores
específicos”, “No espero que tengamos una penicilina para
el cáncer, porque el cáncer son muchísimas enfermedades, y tendremos que ir
dándole una penicilina diferente, una estrategia diferente, a cada una. Todos
estos resultados son complementarios y van a ayudar a que menos pacientes
sufran cáncer y a que más pacientes vivan más y vivan mejor”.
Maracaibo,
domingo 13 de septiembre del año 2026