lunes, 3 de agosto de 2026

Mapeando el genoma humano


Producto de una gran investigación sobre la organización física del ADN, se ha visto recientemente, cómo es que se controla la actividad de los genes y como es que se puede moldear la identidad de las células; de manera tal que en la actualidad podemos afirmar que existe un nuevo mapa del genoma humano que ha revelado una dimensión clave para comprender la vida

En cada célula de nuestro cuerpo van empaquetadas las instrucciones de la vida. Todo está ahí, en una larga molécula de ADN que, si se estirase en línea recta, mediría casi dos metros. Esa secuencia de letras químicas plegada de forma inimaginable contiene lo necesario para que el organismo respire, coma, baile, duerma o lea estas noticias.

El investigador Benoit Bruneau, nos cuenta que en ese “libro de instrucciones” está comprimido en el núcleo de las células de forma aleatoria… Sería …“como una bola de espaguetis”, nos dice Benoit, pero luego aclara: No, no es así en realidad. Entonces nos dice: está con gran precisión muy finamente organizado”. En todo,-insiste- desde el orden de esas letras hasta cómo se pliega la molécula de ADN en el espacio y en el tiempo, o los marcadores químicos que se pegan en su superficie, y ayuda así a determinar cuándo y dónde se expresan los genes y confieren identidad a las células.

El trabajo publicado en la revista Science revela que los defectos cardíacos congénitos pueden originarse por el plegamiento tridimensional incorrecto del ADN. La investigación demuestra que la pérdida de una sola copia de un gen clave como el TBX5 altera la arquitectura tridimensional del genoma, impidiendo la activación de genes esenciales para el desarrollo del corazón. Muchos defectos de nacimiento que se atribuían solo a mutaciones genéticas podrían deberse en realidad a fallos en la forma en que se pliega físicamente el genoma, mostrando en este cambio el origen de enfermedades.

La investigación fue publicada recientemente en Science y ha trazado un mapa detallado de esas capas de la arquitectura del genoma en distintos contextos biológicos, desde un cerebro envejecido con alzhéimer hasta una insuficiencia cardíaca; y de esta manera ha alumbrado el primer atlas del llamado “nucleoma”, una capa fundamental de la regulación genómica que ayudará a comprender mejor el desarrollo humano.

Cada célula humana contiene los mismos 3.000 millones de letras de ADN, pero una neurona, una célula del corazón o una del páncreas emplean ese código compartido para hacer funciones completamente distintas. Y esto se consigue, entre otras cosas, con la epigenética, que son todas esas sustancias químicas y estructuras tridimensionales que funcionan como interruptores, apagando y encendiendo la función de los genes. “El misterio hasta ahora ha sido cómo se orquesta esta organización y cuáles son sus implicaciones en la vida real. Nos lo cuenta Bruneau, quien es investigador del Instituto Gladstone de Enfermedad Cardiovascular y coautor de uno de los estudios que publica Science dentro de una serie sobre el nucleoma.

Estas investigaciones dan una vuelta de tuerca a la idea de que el genoma es una especie de plano estático. En realidad, dicen los autores, se trata de una estructura tridimensional dinámica, con cambios en su organización también a lo largo del tiempo. La investigación ilustra que la organización física del ADN moldea la identidad celular, almacena información epigenética y cambia durante la enfermedad. “Hemos descubierto varias reglas nuevas de esta organización, y en esta serie de artículos hemos podido determinar que es crucial comprenderlas correctamente, ya que de lo contrario podrían surgir diversas enfermedades. Hemos generado una cantidad ingente de datos que ahora pueden ser analizados por otros investigadores, y hemos descubierto nuevas formas de comprender la organización de nuestro genoma, lo que abre el camino para profundizar en el conocimiento de cómo el nucleoma 4D influye en las enfermedades genéticas y de otro tipo”, resuelve Bruneau.

Joseph Ecker, profesor y titular de la Cátedra Internacional Salk de Genética en el Instituto Salk e investigador del Instituto Médico Howard Hughes, es uno de los artífices de ese atlas de la arquitectura del genoma. “Nuestra parte del proyecto consistió en crear una referencia del cuerpo entero. En cada célula individual registramos dos cosas a la vez: sus marcadores químicos y su patrón de plegamiento tridimensional. Hicimos esto con casi 87.000 células extraídas de 16 tejidos humanos diferentes, incluyendo cerebro, corazón, pulmón, mama, piel y sangre, y lo utilizamos para catalogar 35 tipos celulares principales y 206 subtipos más específicos”.

Según Ecker, la principal conclusión es que ambas capas, las etiquetas químicas y el plegamiento físico, “presentan diferencias notables entre los distintos tipos de células, y juntas actúan como la tarjeta de identidad celular”. Una célula cerebral y una célula cardíaca poseen el mismo ADN, pero lo pliegan y lo etiquetan de maneras distintas. “El hallazgo más sorprendente es que las dos capas no siempre cuentan la misma historia: una célula puede parecer de un tipo por su plegamiento, pero de otro por sus etiquetas químicas, ya que ambas pueden cambiar a velocidades diferentes”, nos relata Ecker y explica que: El propósito del mapa, es construir una referencia para “visualizar lo ‘normal”. Esto es, “una base de comparación para las enfermedades y una forma de determinar qué células y qué interruptores de control son relevantes para un rasgo determinado”.

Ecker enfatiza que la organización física y temporal del ADN es fundamental para comprender la naturaleza de las células. “Los genes son como recetas, y cada uno tiene sus propios interruptores de encendido y apagado. A menudo, un gen y su interruptor se encuentran muy separados a lo largo de la cadena de ADN, por lo que la única forma en que pueden funcionar juntos es que el ADN se pliegue y los acerque físicamente, manteniendo otras regiones ocultas para que permanezcan desactivadas. Las etiquetas químicas constituyen un segundo sistema de control, que marca segmentos de ADN para silenciarlos o mantenerlos activos. Ambos sistemas se superponen, pero no son redundantes; cada uno proporciona información que el otro desconoce”. La sincronización entre las dos capas es crucial, ya que nada de esto es fijo, y lo señala insistiendo en que “A medida que las células maduran, el plegamiento suele reorganizarse primero y las etiquetas químicas lo reflejan posteriormente. Detectar una célula donde ambos sistemas se desincronizan brevemente nos permite observarla en el momento de su transformación de un tipo a otro”.

A partir de la información que da el atlas, ya se han descubierto cosas. Ecker pone el ejemplo de un estudio de la serie sobre el envejecimiento cerebral, donde… “Los investigadores utilizaron las marcas características de las células sanguíneas presentes en nuestro atlas para demostrar que las células inmunitarias propias del cerebro son reemplazadas gradualmente, a medida que envejecemos, por células que portan la firma química de las células de la sangre; unas recién llegadas que además traen consigo inflamación”.

Benoit Bruneau también hizo sus pesquisas en enfermedad cardíaca, y en su caso, constataron que el factor TBX5, causante de cardiopatías congénitas, afecta al plegamiento del genoma cuando se presenta en dosis bajas. “Nuestros hallazgos en conjunto sugieren que es probable que el plegamiento del ADN sea mucho más importante de lo que se había previsto. Necesitamos comprender ahora las capas de complejidad que estamos empezando a desentrañar para comprender verdaderamente su importancia, pero nos ha sorprendido lo profundamente relevante que resulta”.

Para el investigador Toni Gabaldón, que no ha participado en este proyecto, los estudios publicados son “un trabajo descomunal”. “Ya se sabía que la estructura tridimensional del ADN era una capa más en la regulación de los genes, pero lo han llevado a un nivel de detalle y combinado con otros datos, que supone un cambio de fase en cuanto a la resolución” de la información sobre el genoma. El científico, que dirige el grupo de Genómica Comparativa del Instituto de Investigación Biomédica (IRB Barcelona), asegura que este mapa puede ayudar a responder cuestiones inabarcables con la metodología anterior. “Esto nos puede ayudar a entender cómo las células pueden conservar la memoria a través de estas estructuras”, ejemplifica Gabaldón .

El estudio de la arquitectura del genoma tiene todavía mucho recorrido. Por ahora, admite Bruneau, solo han “arañado la superficie y quedan muchos misterios por resolver”. Pero entender el rol del nucleoma en la regulación genética ya se presume fundamental para poder tratar múltiples enfermedades. “Esto podría tener implicaciones para las enfermedades genéticas al atenuar los efectos de las mutaciones, o en la medicina regenerativa, para mejorar la capacidad de las terapias génicas o celulares para regenerar órganos dañados”. El científico asegura que hay varias enfermedades que son “causadas directamente por mutaciones en la maquinaria que crea el nucleoma tetradimensional, por lo que comprenderlo mejor ayudará a descifrar cómo surgen estas enfermedades”.

Maracaibo, lunes 3 de agosto del año 2026

 

 

domingo, 2 de agosto de 2026

Gloria Grahame


En noviembre de año 2016, en este blog (https://tinyurl.com/hfr6n8sb) hablaríamos sobre Stanley Kramer (1913-2001) quien en 1955 dirigió su primer largometraje, No serás un extraño, con Olivia de Havilland, Robert Mitchum, Gloria Grahame y Frank Sinatra. El argumento mostraba a Lucas Marsh (Robert Mitchum), estudiante de medicina ambicioso, sin recursos, quien se casa con Kristina Hedvigson (Olivia de Havilland) para costearse los estudios. Lucas sólo ama su trabajo, es una persona incapaz de abrirse a los demás, ni siquiera a su mejor amigo Alfred Boone (Frank Sinatra) o a su padre alcohólico (Lon Chaney Jr). Terminada la carrera empieza a trabajar para el doctor Runkleman (Charles Bickford), médico rudo pero muy humano y se entregará totalmente a su profesión.

 

En la época cuando vi esta película, mi hermano mayor recién había decidido que iba a estudiar Medicina y yo quien finalizaba el bachillerato, todavía no sabía que profesión escogería… El filme mostraba un ambiente médico y en particular quirúrgico; recuerdo la escena de una operación de corazón abierto, era en blanco y negro, pero se veía latir el corazón, y es posible que estos recuerdos no sean imaginarios ya que ya que en diciembre del 2015 escribí en este blog (lapesteloca) sobre los devaneos amorosos del médico protagonista con Harriet Lang una mujer de clase social alta (Gloria Grahame), y creo que quedaría impresionado por el filme- y supongo que así como los estos hechos le llevarán al protagonista a una equivocación de fatales consecuencias- la película de alguna manera  estimularía mi interés por la Medicina como profesión.  Por esto todo este prolegómeno.

Sobre Gloria Grahame (1923 -1981) sabemos que influenciada por su madre, quien era actriz, comenzó a realizar actuaciones escénicas desde la edad de seis años y en 1943, bajo el nombre artístico de Gloria Hallward, debutó en Broadway. Al año siguiente, firmó un contrato con Metro-Goldwyn-Mayer y debutó en el cine con la película La Fiebre de la Belleza. En 1946, interpretaría a la mujer promiscua del pueblo en ¡Qué bello es vivir! Y ya en 1947, recibió una nominación al Premio Óscar a la Mejor Actriz de Reparto por su actuación en Encrucijada de odios.

En 1952, Gloria Grahame ganó el Premio Óscar a la Mejor Actriz de Reparto en la 25ª edición de estos premios por su papel en Cautivos del mal (1952) filme dirigido por Vincente Minnelli-- Su carrera se vio afectada por un escándalo tras su matrimonio con el director Nicholas Ray en 1948. Tony Ray, el hijo de Nicolas Ray el director de 'Rebelde sin causa y de 55 días en Pekín), relataria en sus memorias, la relación que mantuvo con su madrastra, con la que acabó casándose a los 19 años. En la década de los 60 Grahame se mantuvo muy activa en el medio teatral, pero prácticamente abandonó el cine, interviniendo solo en el western Noche de violencia, y en 1964 participó en el capítulo "The Homecoming" en la serie de TV El Fugitivo en donde tiene el papel de Dorina Pruitt.

 

La situación del hogar disfuncional no tardaría en explotar y en 1952 llegó el divorcioSu hijo en común, Timothy Ray, tenía cuatro años. Con la publicación de las memorias, el Daily Mail relata anécdotas de los últimos momentos de Tony, enfermo de Alzheimer.  Ella no permitió que el libro se publicara hasta que él muriera. Su historia de amor y posterior matrimonio la narraba el propio protagonista en la biografía The Circle of Lions: Nicholas Ray, Gloria Grahame and Me: A Love Story. Aunque el libro lo escribió en 1958, pidió a sus descendientes que no se publicara hasta que todos los protagonistas de la historia hubiesen fallecido. Tony lo hizo en 2018 a los 80 años.

Tiempo después Gloria volvería a casarse con el productor Cy Howard, con quien tuvo a su hija Marianne. Se divorciaron en 1957. El matrimonio tuvo dos hijos, Anthony y James. Tras el nacimiento de este último, Gloria intentó suicidarse, tuvo varias crisis nerviosas y fue adicta al alcohol, mientras que el productor lidió con sus propias adicciones y con sus problemas mentales. Hollywood condenó el escándalo, aunque Gloria se justificó.

En realidad, desde finales de la década de 1950, Gloria Grahame redujo gradualmente su trabajo cinematográfico, período durante el cual apareció en películas de cine negro como El Gran Secreto y En un lugar solitario. Una aventurera en Macao (1952) dirigida por Josef von Sternberg y el filme No serás un extraño (1955) el filme ya comentado dirigido por Stanley Kramer. A partir de mediados de la década de los 50 la carrera en el cine de Gloria Grahame declinó, en parte debido a los malos resultados de una operación quirúrgica en un labio, lo que perjudicó la dicción de la actriz.

Mostramos parte de su filmografía: Apuestas contra el mañana 1959 Director: Robert Wise. Ride out for Revenge (1957) Director Bernard Girard. No serás un extraño (1955) Director: Stanley Kramer, Oklahoma 1955 Director: Fred Zinnemann, La tela de araña (1955) Director: Vincente Minnelli, Deseos humanos (1954) Director: Fritz Lang, Fugitivos del terror rojo 1953 Director: Elia Kazan, Los sobornados 1953 Director: Fritz Lang, Una aventurera en Macao 1952 Director: Josef von Sternberg. Cautivos del mal 1952 Director: Vincente Minnelli--Oscar a la mejor actriz secundaria. El mayor espectáculo del mundo 1952 Director: Cecil B. DeMille. En un lugar solitario 1950 Director: Nicholas Ray. Un secreto de mujer 1949 Director: Nicholas Ray. Encrucijada de odios 1947 Director: Edward Dmytryk--Nominación al Oscar a mejor actriz secundaria. ¡Qué bello es vivir! 1946 Director: Frank Capra. Sin amor 1945 Director: Harold S. Bucquet

Gloria Grahame pasó de vivir en una mansión al lado de Humphrey Bogart a hacerlo en pensiones de mala muerte y se marchó a Londres en busca de papeles teatrales. Su vida fue realmente “¡De película!”. De hecho, su última conquista fue hacia 1978 con un aspirante a actor llamado Peter Turner, casi tres décadas más joven que ella, se adaptó su historia en la película Las estrellas de cine no mueren en Liverpool (2017), protagonizada por Annette Bening y Jamie Bell.

El amor más intenso de la vida del actor Peter Turner sin duda fue con Gloria Grahame. Él era un joven aspirante a actor. Ella una veterana estrella de cine con un Oscar, que se cambió su apellido (Hallward) cuando actuaba en Broadway y le contrató la Metro-Goldwyn-Mayer. Ella había conocido la gloria en películas como Encrucijada de odios, En un lugar solitario o Cautivos del mal, una de las mejores películas que jamás se han rodado sobre las glorias y miserias de Hollywood.


Las estrellas de cine no mueren en Liverpool, es un libro que el propio Turner escribió sobre su romance con la estrella. Ambientado en el Londres de 1978, narrado en película, el filme relata cómo su anodina vida cambia radicalmente cuando conoció, a la mismísima Gloria Grahame, de 54 años y ya olvidada por Hollywood. Un día le prestó cuatro libras porque no tenía cambio y otro se puso a bailar con ella la banda sonora de Saturday Night Fever. Esta historia de amor, turbulenta y apasionada, duró 18 meses y se desarrolló en Reino Unido, Manhattan y California. Pasado algún tiempo la Grahame empezó, por sorpresa para Turner, a comportarse de manera desdeñosa y el enamoramiento se fue apagando.  Turner, regresó a Liverpool y un año después supo que ella había tenido un desmayo en un hotel en Lancaster. Turner fue a buscarla y se la llevó a casa de sus padres en Liverpool.

Allí, cuidándola, descubrió que Gloria había cortado con él porque un cáncer que estaba acabado con ella. Estaba desahuciada. En Inglaterra, su salud se deterioró rápidamente, siendo trasladada de nuevo a los Estados Unidos. Turner la cuidó hasta que uno de sus hijos se la volvió a llevar a Nueva York, donde murió nada más aterrizar, un 5 de octubre de 1981, a los 57 años de edad. Gloria Grahame está sepultada en el Cementerio Oakwood Memorial Park, en ChatsworthCalifornia.[ .

Maracaibo, domingo 2 de agosto del año 2026

sábado, 1 de agosto de 2026

El Quijote filmado


Me referiré tan solo a un par de películas sobre “el rey de los hidalgos y señor de los tristes”, como llamara Rubén Darío a Don Quijote de La Mancha.  Son muchas las películas se han filmado sobre la obra de Miguel de Cervantes, y existen algunos largometrajes, la mayoría filmados en España, otros en Francia, Estados Unidos, Dinamarca, Italia, Inglaterra, Alemania, Australia, Rusia y Hungría. Mario Moreno participó en dos películas sobre don Quijote, filmadas en México, en 1969 “Un Quijote sin mancha” y en 1972 “Don Quijote cabalga de nuevo” dirigida esta por Roberto Gavaldón y con Fernando Fernán Gómez en el papel de don Quijote y Cantinflas como Sancho Panza (ver).

 

Rusia y Bulgaria coprodujeron en 1996 “Don Kikhot vozvratshch ayetsya”, existe otra película rusa sobre don Quijote de la Mancha titulada “Don Kihot” de Grígori Mijaílovich Kózintsev, producida el año 1957. Recuerdo que tuve la suerte de poder verla y me impresionaron los paisajes de La Mancha, una Mancha eslava de Kózintsev que en mi mente de conductor muchas veces creí reconocer durante muchos de los viajes que usualmente haría con mis hijos, por nuestro hermoso país. Grígori Mijaílovich Kózintsev era natural de Kiev, y buena parte de su carrera la dedico a la adaptación de obras literarias, por ejemplo, Hamlet (1964), Karol Lir (El Rey Lear, 1971) y Don Kihot (Don Quijote, 1957). Kózintsev, cineasta ucraniano era discípulo de Eisenstein, y su Don Quijote con Nikolai Cherkassov en el papel de hidalgo, estuvo asesorado por el escultor español Alberto Sánches, exiliado en la Unión Sovietica. Kozintsev destacaría el símbolo de la justicia que representa don Quijote, y cuando Don Quijote muere, agotado, casi aplastado por su fracaso, Sancho llora a su lado, y él le consolará, apuntando la posibilidad de que algún día otros hombres salgan a los campos del mundo a continuar la empresa con mejor fortuna que ellos.

 

Creo he relatado en alguna ocasión que en el Centro Plaza, en Caracas, conversaba con mis hijos

Fernando y Francisco sobre “el don Quijote de Terry Guilliam”, un proyecto fílmico que enfrentaría muchísimos obstáculos para ser realizado, quizás más que los que padeció Orson Wells, sobre quien ya comentamos el mes pasado. Gilliam se obsesionó igualmente con don Quijote de La Mancha. y empezó a trabajar en la película en 1998 pero, tras una serie de infortunios que incluyeron inundaciones, problemas financieros, la Fuerza Aérea de España y la mala salud de su primer actor protagónico, se vio forzado a interrumpir y posponer la producción indefinidamente. Terry Gilliam, el cineasta norteamericano, se nacionalizó británico a finales de los 60 y formó parte de la legendaria tropa de cómicos Monty Python.  

El 30 de enero del año 2016, en este blog lapesteloca, conversé sobre el don Quijote de Cervantes en el cine y de cómo lo vieron los rusos, y cuanto luchó con el personaje el director de cine Orson Wells (https://bit.ly/1St69Ae ) hasta que luego, en una segunda parte (https://bit.ly/1WUikXm), hablaría sobre el Quijote de Terry Gilliam, como director de cine y sobre las desventuras de este polifacético personaje quien luchó durante 17 años para finalmente presentar en el Festival de Cannes del año 2018 su película “El hombre que mató a Don Quijote”(Ver).

Walt Disney reconoció el potencial de adaptar la novela de Cervantes y, durante varias décadas, intentó plasmar el Quijote en formato animado. Es muy probable que se desarrollara una adaptación del Quijote como uno de los cortos de la serie Silly Symphony de Disney. Un artista del estudio Disney, Ferdinand Horvath, realizó una serie de bocetos conceptuales, incluyendo uno del Quijote con armadura… El arte conceptual para un largometraje se desarrolló aún más en 1940; su enfoque visual se inspiró en parte en la obra del artista español Diego Velázquez. Sin embargo, las limitaciones en la distribución cinematográfica provocadas por la Segunda Guerra Mundial, sumadas al fracaso comercial de Pinocho (1940) y Fantasía (1940), interrumpieron su desarrollo.

La adaptación musical Man of La Mancha (1972). El hombre de la Mancha  llevado al cine es una película producida en 1972, adaptación del musical del mismo nombre. Fue protagonizada por Peter O'TooleSophia Loren y James Coco, bajo la dirección de Arthur Hiller. La trama es la historia que cuenta Miguel de Cervantes sobre Don Quijote en una prisión mientras espera una audiencia con la Inquisición Española(Ver).

Maracaibo, sábado 1 de agosto del año 2026

viernes, 31 de julio de 2026

Mnemotecnia


La mnemotecnia es un conjunto de técnicas de memorización donde se utiliza la asociación mental, las imágenes y las palabras clave, para traerlos al presente. Una regla nemotécnica es una oración corta y fácil de recordar que ayuda de manera artificiosa a relacionar palabras, con el objetivo de memorizar conceptos con más facilidad. Si se quisiera aprender a memorizar de manera nemotécnica, puede ayudar el conocer las reglas con las que juega el cerebro. Las computadoras solo almacenan información en dígitos binarios, y la memoria nemotécnica solo puede almacenar imágenes asociadas de manera extravagante con algo que ya se conoce.

Aprovechando la capacidad natural del cerebro para recordar imágenes y para prestarle atención a sucesos poco comunes o extraordinarios, en estos procedimientos se usan acrónimos y acrósticos: o sea, formar palabras o frases divertidas con las letras iniciales de los datos que se quieren recordar. También existe, el llamado método de los loci que se refiere a asociar los conceptos a lugares específicos en un recorrido mental por un sitio conocido, o usar las cadenas de historias, que seria, inventar un relato breve y creativo que conecte de forma lógica o absurda los elementos de una lista.

El potencial y utilidad de este método reside en que se vale de la forma natural en que funciona la mente, pues siempre se asocia de manera inconsciente la memoria; un recuerdo lleva a otro y ese a otro solo que con la nemotecnia se hará de manera consciente. La mayor parte del trabajo la realiza el subconsciente; si la asociación se hizo correctamente se puede liberar de la mente consciente; no se necesita repasarla mentalmente (no inmediatamente), pues ya fue memorizada.

Estudiando Medicina era común aprender, particularmente anatomía utilizando estas técnicas y creo ya he hablado en este blog sobre el tema usando ejemplos como: “sesuescuan” “proplpalcuflé” o “Mama es acróbata en dos circos”. Otra cosa es, lo que he denominado “la ociosidad del caletre”. Soy un usuario de ese sistema que va conmigo desde la infancia o lejana juventud. Por ejemplo, no sé para qué, pero me aprendí cuando niño, de memoria, los correspondientes principales ríos afluentes de la margen derecha del río Orinoco, desde su nacimiento en el estado Amazonas hasta su desembocadura. Todavía puedo recitarlos: Ocamo, Padamo, Cunucunuma, Ventuari, Sipapo, Suapure, Cuchivero, Aro, Caroní, Caura, e Imataca. Igualmente, repito “de memoria” una “vieja” clasificación de los mamíferos, así: Primates, Quirópteros, Insectívoros, Carnívoros, Pinnípedos, Roedores, Desdentados, Ungulados, Proboscidios, Cetáceos, Sirénidos, Marsupiales y Monotremas. Son cosas que están “encriptadas” me digo…

Pero ya na no se trata de mnemotécnicas, es simple memorizar y para siempre recordar… Ahora, ya casi con 87 años, es terrible padecer del fenómeno de “no hallar en la mente” -el nombre- de algún personaje, o de una película que uno tiene con claridad meridiana con su imagen muy precisa… Todavía, afortunadamente digo yo, se mantiene vigente lo aprendido en “la ociosidad del caletre”. Si no fuese por ese fenómeno, mucha poesía se hubiese borrado ya, y ni las golondrinas de Gustavo Adolfo, ni la renuncia de Andrés Eloy pudiesen regresar y sin errores pues sus poemas están allí, en el subconsciente, puede ser tan solo algunas estrofas, nimios detalles que te llegaran como las canciones y tantas otras que no requieren para seguir vigentes de Mnemotecnias, afortunadamente...

Sobre los recuerdos y la memoria hablamos en este blog en agosto del año 2021(https://bit.ly/2VMzMYd), y luego en octubre del 2023 sobre los recuerdos y la memoria (https://tinyurl.com/2muh53cr ). Existe una teoría sobre el olvido, y para explicarlo aplican la llamada teoría del decaimiento, o sea, si no se evoca ni es recreado durante mucho tiempo, decae, se debilita y puede llegar a desaparecer. Cuando hace mucho tiempo que no se recupera, o no se practica una información, puede ser difícil, o imposible, evocarla... A veces, el fracaso a la hora de evocar la información puede deberse problemas o situaciones momentáneas. Los nervios o la preocupación por alguna cosa, puede pesar en el acceso a la información y este se puede bloquear.

Puede que una información antigua almacenada nos dificulte recordar datos más recientes, se trata de una interferencia proactiva. Cuando el registro de una información nueva interfiere en la capacidad para recordar una información que ya habíamos aprendido se habla de interferencia retroactiva. Existe una diferencia entre los fallos de memoria en tareas cotidianas debidos a lapsus de atención y las dificultades derivadas de problemas de memoria. Tanto el olvido como los lapsus o despistes, forman parte del funcionamiento cotidiano normal. Si los lapsus son demasiado frecuentes, junto a olvidos reiterados o, en definitiva, aparecen los problemas de memoria.

El olvido es una acción involuntaria que consiste en dejar de recordar (o de almacenar en la memoria) la información adquirida.. Hay que recordar que uno recuerda que ha olvidado algo, es decir, que sabe que tenía un conocimiento que ya no está allí, es decir, tener conciencia de haber tenido eso. Así, los recuerdos olvidados no desaparecen, sino que son sepultados en el inconsciente.

Existen otros tres tipos de olvido, que se pueden clasificar en otros tres grandes grupos (serían cuatro, con el olvido normal): olvido traumáticoolvido psicológico y olvido fisiológico: El olvido traumático es amnesia de distintos tipos, puede ser causada por golpes en la cabeza. El olvido psicológico es causado por una alteración del funcionamiento mental habitual, por un problema emocional, por mucho estrés, hipnosis, etcétera. El olvido fisiológico es causado por problemas en el desarrollo de ciertas partes del cerebro o sistema nervioso. Por ejemplo, del sistema límbico. Existe también el olvido causado por el uso de psicotrópicos, pero este no es natural..

El olvido normal permanente y no traumático, como el ocurrido por haber pasado un largo tiempo de una experiencia o por la pérdida de entrenamiento de cierta habilidad, tiene que ver con el debilitamiento de ciertas conexiones sinápticas entre neuronas que sufren cambios de potencial eléctrico.  La activación frecuente de un contacto o sinapsis produce un reforzamiento de la misma. En las personas de edad avanzada, cuando los olvidos se hacen recurrentes y cada vez más frecuentes pueden ser indicio del inicio de la enfermedad de Alzheimer.

Maracaibo, viernes 31 de julio del año 2026

miércoles, 29 de julio de 2026

SAIMADOYI (2)


Desde la cima de la sexta sierra entre el follaje de los inmensos árboles, al fin logro ver lo que nos señala el baquiano. Allá abajo, me dice, allá está Saimadoyi. Yo sólo detecto unas chozas y cuatro bohíos que lucen gigantescos en el azul lejano, descansan como monstruos grises, rectangulares, dinosaurios de paja petrificados, echados sobre la tierra y circundados por un halo de turgente verdor. Puedo notar como desde el centro del sitio, una columna de humo se eleva y me doy cuenta de que puedo ver a los indios como hormiguitas que se mueven entre los bohíos. Poquito a poco, inadvertidamente las mulas comienzan el descenso y entretanto yo repaso en mi mente toda la información acumulada desde mi niñez. Voy y vuelvo, está totalmente codificada, se refiere a los indios motilones, hago cortocircuitos eléctricos, ellos vienen estimulando una súbita activación de las sinapsis, mis neuronas, van vomitando impulsos que ensamblan la nueva información, ella penetra por los ojos, los oídos, el olfato, más mi conciencia las registra y asimila y la coteja con recuerdos e ideas perdidas en una maraña dendrítica, fluyen, se imbrican, se van tejiendo entre ellas, entrelazándose, como trenzas de las botas de cuero de mi padre, botas de cacería, las botas de ir a Perijá, y mis impulsos eléctricos las registran con mirada de niño, están llenas de barro. Sé hace presente entonces el olor a loción mentolada, puedo ver a mi madre dedicada, frotándole el mentol en las picadas. Es por las garrapatas, las miro y están henchidas por la sangre. Barro seco, trenzas, mentol y garrapatas gordas. Las garrapatas de Perijá, compañeras inseparables en los viajes de cacería de mi padre, en la distancia de mi infancia lejana, viajes a las haciendas de sus amigos perijaneros. Entretanto descienden las mulas montaña abajo y siento como un olor a moho, a cordón franciscano, ¿estoy rememorando las visitas a los capuchinos?, o más bien huele a incienso, es olor religioso, y se mezcla con las historias sobre los motilones, cuentos sobre las tierras fértiles, perdidos y feraces valles de temperaturas increíbles, más allá del río Negro, muy lejos del Tukuko. Yo revivo esos cuentos y rememoro las arrugas en el rostro del viejo obispo de Machiques, en la iglesia de los capuchinos, un templo gótico de bóvedas ojivales, uno que nunca terminaban de construirlo, como las catedrales medievales, eternamente, y recuerdo la barba gris de fray Cesáreo. ¿Cómo olvidar el brillo de los cañones aceitados?, la escopeta estaba siempre en el armero, las armas que no osábamos tocar, cajas repletas de cartuchos rojos, con la tapa dorada, la espoleta, -ni sueñes con tocarla -, el rifle veintidós, la escopeta con un solo cañón cuajada de arabescos, las armas, relucientes por el aceite de la alcuza, y el cuchillo de caza, allí están en las cajitas verdes todas las balas del rifle veintidós y debajo, van los utensilios para la limpieza, y más abajo aún, la crema de un marrón rojizo, el trapo y el cepillo para lustrar las botas. Descendiendo sobre mi mula, me llegan en la bruma de todas estas cavilaciones oleadas de recuerdos, preciso la vigencia de las viejas historias asimiladas para nunca olvidarlas, aquellas de cuando flecharon a fray Primitivo, de la campaña pacificadora de los capuchinos, de las avionetas lanzándoles cajas, con comida y utensilios para los fieros motilones, ¿y la aventura de fray Saturnino por el río de Oro?, ¿y la guerra implacable que iniciaron contra los indios Motilones los peones del hato Santa Rosa?, aquella lucha terca de los indios por defender sus territorios, ¿y los intentos?, siempre cuando uno dice intento es un acto fallido, y eso desencanta, pero en fin, ¡que carrizo!, los intentos fueron los de mi padre, por convencer a sus amigos los frailes capuchinos, y uno piensa en el gesto del hermano Francisco de Asís, por convencer decía, a los capuchinos sobre lo necesario que era un hotel de turismo en la Sierra de Perijá, para ser ubicado en la zona fresca del río Negro. Perdida prédica al hermano Francisco, no funcionó con sus discípulos, intentos fallidos por una permanente negativa, pertinaz, persistente, un no rotundo, negada la injerencia del blanco corruptor, fuera los colonizadores. Voy descendiendo en la mula, y regreso a los recuerdos de aquella noche oscura, no había luna, fue una huída pavorosa, sobre el lomo de otras mulas, dos mujeres y los cinco hombres, los blancos, los intrusos, invasores de la motilonia, trotando descendieron por tortuosos senderos de oscuridad en la montaña, perseguidos por motilones, los indios azuzados por quienes se decían defenderlos de la contaminación y la modernidad, les dijeron que debían rechazarlos, a ellos, a quienes representaban el asqueroso mundo civilizado, el progreso, y claro está, también el aguardiente, y las putas, y todas esas cosas malas que traerían los hombres con lo que llaman la civilización, ellos quienes seguramente solo querían la destrucción para los indiecitos. Algunos aspirantes a encontrar el camino en el reino de Dios, les señalaron sus acciones, y en medio de la noche, con miedo de morir flechados como otros tantos, flechados en la sierra, escaparon de noches tras las amenazas, ¿un viaje sin regreso? Las mulas vienen ahora casi desbocadas, al trote van descendiendo y en la oscuridad de mis lucubraciones, pienso en mi padre, en la oscurana de la noche aquella, dejando atrás la sierra y todos los proyectos. Ilusiones perdidas. Llevo el cabestro en mis manos. Ahora todo es rojo y es anaranjado, nos ilumina el sol de los venados y las mulas caminan al fin en tierra llana, ya no trotan ni se hunden en el lodazal. Hemos llegado. Al fin he logrado descender de la silla y me tiemblan las piernas cual si fuesen machorros asustados. No puedo tenerme de pie y me digo que ya no puedo más. Es lógico, uno casi se abraza con aquellas bestias, sudando aún, ensilladas, fieles cabalgaduras. La siento resoplar y pienso, ¡que hermosa es mi mula! Desde tan temprano en la mañana, ella y yo como un centauro, hasta un agotamiento físico, extremoso. Es que el cansancio ya resulta tan grande que se me ha olvidado hasta el miedo. Ya ni recuerdo las historias de los blancos flechados, ni quiero ya pensar en mi primo, ni en mi padre, ¿para que recordar el viaje endemoniado?, aquel escape y no volver jamás, ¡hace ya tantos años! Uno no puede, o uno no quiere pensar en la fiereza de los motilones, uno ya ni siente, y es por el cansancio, ya. En el atardecer de los venados, con la esfera que se hunde tras la sierra y enciende los bohíos, aquella tarde llegando a Saimadoyi, me lo han dicho, lo he averiguado. Es el nombre de los primeros habitantes que llegaron del sol. Eso creen los nativos. Ellos son los propios tesmadoyis. Vinieron hace tiempo hasta la tierra, a través de una larga liana para colonizar los Montes de Oca y diéronle  origen a las indómitas tribus de los motilones, llegaron para fundar este pueblo, la aldea de Saimadoyi.



Hemos dormido sin temores y ya en la madrugada, he salido con José Luís, a caminar, fuimos tan solo a dar una vuelta, un paseo de reconocimiento. Nos acercamos al bohío más grande. Encandiladas con la luz de la linterna, en la oscuridad de la noche, cientos de gordas cucarachas se mueven en el interior del gigantesco bohío motilón. Se confunde el crujido de sus carapachos y el trepidar de sus patas de sierra, con los ronquidos y los suspiros de los indígenas durmiendo en sus chinchorros. Se mezcla todo con ese olor efervescente de comida pasada y el que exudan como gemidos los cuerpos de las mujeres y de los niños y de los ancianos, de los hombres de todas las familias que allí conviven, envueltas en el humo, bajo el gran techo. Ellas, las cucarachas, luchan por escapar, al remover algunos utensilios de cacería y otros conteniendo alimentos, ellas se apretujan, se miran y rápidas, se van corriendo sobre los petates, algunas son muy hábiles, van ocultándose en la arena, otras corren furtivas, encaramándose sobre los niños, ellos duermen y las cucarachas de nosotros escapan. Parecieran ser inteligentes, ellas sí, las conchudas, corren desaforadas, pero nunca se atreven a acercarse a los guácharos. Los pájaros de pico bigotudo, están allí en tierra, amarrados por las patas, en varios sitios del inmenso bohío. Ellas se frenan, se detienen y los guácharos retroceden espantados ante la luz de las linternas nuestras, las aves rucias y veteadas, cazadas en las oscuras cavernas de la montaña azul, utilizando flechas de macana negra con punta roma, aquellos pájaros, encandilados por nosotros, miran con ansiedad hambrienta a las conchudas. Ellas aprovechando nuestra presencia se les escapan, huyen de los pajarracos bigotudos. Son como las gallinas en los corrales de los blancos, los guácharos están siendo engordados con cucarachas, preparando sus carnes para ser degustadas, quizás con nosotros en un futuro banquete motilón.


Y al examinarlos uno a uno, en la cabeza de los motiloncitos encontramos la tiña circinada, y entre los cabellos vimos los gordos piojos caminando entre bosques de liendres, los animalitos andaban mordisqueando sobre las úlceras producto del rascado y claro está, la tos perruna sacude a los niños y en los adultos pide a gritos los rayos x. Hay que sentirla áspera, ronca y metálica, cuando resuenan las cavernas en los ápices fibrosos, uno casi se queda esperando por la hemoptisis de un momento a otro, e imagina como sembrar los tubos de cultivos para reproducir millones de bacilos tuberculosos. Mientras tanto, la cámara de fotos chasquea constantemente, José Luís va plasmando en celuloide las imágenes para dejarlas presas, algunos temen que se les vaya el alma, quedan en cada rollo impresionadas las lesiones y así quedan también los ojos azules de la monjita, aquella niña joven, con los rasgos tan finos, delicados, hermosa jovencita, una imagen de yeso, entre tantos salvajes, la hermanita, más de dos años sin salir de allí, sin regresar a casa, noches y días trabajando duro, sin recursos, en medio de la selva enmarañada, tan solo por amor a Jesucristo, entretenía a los niños con canciones, por puro amor, enseñándolos a rezar, con ellos, para ellos, por ellos, los olvidados primigenios habitantes de la patria de uno y de aquella monjita muy joven, casi una niña de ojos azules, blanca, de mejillas rosadas, una virgen de yeso en Saimadoyi, allá en la sexta sierra. Dispara José Luís, quiero una foto de esta imagen sagrada, nadie me va a creer si se lo cuento, una virgen de carne y yeso, joven preciosa, niñita sonrosada, viviendo en Saimadoyi.

 

En los ojos opacos por las cicatrices no se reflejó la luz del oftalmoscopio. En la mucosa conjuntival uno no vio las úlceras esperadas. No encontró el exudado en las cuencas vacías, ni siquiera existía algún discreto signo de uveítis. Así se disipó la ilusión del tracoma, como la del cuento aquel del árabe. Uno imaginó entonces como se sentirían los doctores de la Salpêtrière ante la lección magistral del professeur Fernandéz. Allá no había tracoma y hubo lepra. Aquí en la sexta sierra, no hallamos el tracoma pero para nosotros el misterio se aclaró a corto plazo. Eran pelitos rubios. Espinas pequeñísimas, las hallamos clavadas, como las guasárabas, las sempiterna pringamoza, como finas agujas, los alfileres naturales, protectores de la piel delicada de los arbustos, sedosa y urticante pelambre en las hojas aterciopeladas, ellos eran los causantes de todas las lesiones oculares, ¡tan variadas! En tantos ojos de muchos motilones, sin mediación de virus ni de otros gérmenes sofisticados, nada de virus nuevos, porque para microbios ya bastaban el del sarampión, la hepatitis, la gripe y otros virus nefastos, traídos por los blancos hasta las tierras motilonas. ¿Para que más microbios? Estaban más bien como sobrando, demasiados microorganismos pululando entre los compatriotas, y al final uno sintió que había sido mejor así. ¡Que bien no hallar también tracoma! ¡Que alegría! Es lo menos que puede sentir uno en esa situación. Me lo dije y se me aflojó un poco la garra que me atenazaba del corazón a la garganta. Algo extraño me conmovía ante el dolor profundo de las carencias motilonas, en aquella perdida soledad. Hay que vivir el desamparo de la selva y sentir la precaria vida de nuestros indígenas, lo pensé e imaginé la contradicción de querer ayudar a esa gente, asediada, invadida, por nosotros mismos. Allá lejos en la sexta sierra, los territorios de nuestros olvidados dueños de la patria, la nación otrora liberada para todos, ¿y ellos? Uno al final, entonces acaba por convencerse de que si bien es poco lo que uno puede hacer, valió la pena haber estado en Saimadoyi. Siempre conviene compartir un poco ese dolor de ser indígena, sobre todo si uno se siente realmente hispanoamericano. Es útil, ayuda a mitigar el desconsuelo, ante tanta incapacidad, tanta impotencia, esa desgracia de ser tan sólo un ciudadano, nada más que un guarismo en el censo del país, en la tierra de uno, esa que sientes tuya, que quieres, pero que te desgarra, ese país que te obliga a enfurecerte cuando no encuentras en tu mano el rayo positrónico, la flama que achicharra, descuartiza, desintegra, desmembra, pulveriza, y se te van entre las dendritas las ganas, buscando los epítetos, al pensar en la calaña de esa eterna caterva de políticos, politiqueros, populistas, politicastros. ¡Malditos! Uno que sueña, uno que piensa en el mañana, ese algún día, uno que se imagina, se le ocurre que quizá con un rayo laser, ¿tal vez?, un arma poderosa que actúe, que les obligue, sobre la misma tierra, ésta ya chamuscada y arrasada, por los depredadores, a cumplir sus promesas. Pero a pesar de todo, uno tiene esperanzas, es lo último que se pierde, y uno presiente que después de todo, algo ha de renacer, quizá mañana, tal vez la tierra todavía esté húmeda por las gotas de una lluvia caída desde un cielo limpio de nubes rojas, sin mostazas, ni sangre, sin precipitaciones ácidas, de un cielo límpido y casi transparente, de un firmamento que llore sobre todos para que retoñe y crezca un mundo donde se haga justicia. Uno confía y espera, ¿tal vez será mañana? Seguramente.

 

Fin de SAIMADOYI : modificado de “La Entropía Tropical” novela,  de Jorge García Tamayo (2003). Ediluz Editores

 

Maracaibo, el jueves 30 de julio  del año 2026

SAIMADOYI (1)


Este artículo es copia textual de uno aparecido en este blog (lapesteloca) tempranamente; en marzo del año 2013. Se ha dividido en dos partes para hacerlo más digerible para los lectores…

 

Lejanas están la Sierra de Perijá y los Montes de Oca, lejanos, sí. ¿Y uno? Uno con afición a la investigación, uno aspirando encontrar el virus del tracoma en las ulceradas córneas de los indios motilones, más allá del Aricuaizá, cerca de la frontera con el denominado hermano país, en lo que llaman la sexta sierra. Uno soñando con meter bajo el lente del microscopio el exudado fibrinopurulento extraído de los ojos de los indígenas y ver los cuerpos de inclusión que identifican al tracoma, sí, uno considerando la posibilidad de examinar con el microscopio electrónico las muestras de las conjuntivas y los raspados corneales, o las muestras de la linfa... Tal vez, en la linfa, sí… Como la que rezumaba en la oreja de aquel árabe. Una oreja perdida en la bruma del tiempo, oreja anécdota, escuchada en boca de mi padre varias veces. Entretejida historia que viene con recuerdos de la infancia, sobre su amigo, su coterráneo, el doctor Arquímedes, con ese nombre griego de maracucho autóctono, Arquímedes Fernández, siempre con una lanceta en la mano y el lóbulo de la oreja del árabe. ¿El año? 1923. En una de las salas del hospital La Salpêtrière, en París, ciudad luz, pero fría y distante del suelo marabino. Entonces uno, que es niño aún, cree escuchar al galeno, el avezado clínico de la ciudad del lago y las palmeras, uno cree oírle contradecir al famoso Professeur Tellier, e insistir que aquel paciente berebere, con las córneas ulceradas por las arenas del desierto, por el sol y la infección con el microbio del tracoma como decían todos, es otra cosa. Se hace silencio y uno casi escucha las explicaciones al morenito galeno maracucho, de pie, ante la ventana, frente la cama y al profesor Tellier, él está mirando a sus colegas y a los estudiantes cuando les dice. Es un leproso monsieur le professeur. Así veía él al árabe, con sus orejas gruesas, la faz leonina, con aquella frente nodular y prominente. Un leproso. Era un enfermo fácil de diagnosticar para le docteur ètranger, él había visto muchos en el ejercicio de su apostolado, allá en la isla de Providencia, un pedazo de tierra frente a la ciudad de las palmeras azules, aquel leprocomio conocido como la isla de los Lázaros, islote de tierra flotando entre Palmarejo y Maracaibo, en la mitad del lago de cristal, del mismo sitio donde yo había nacido, sobre la misma tierra, la del doctor Fernández y la de mi padre. Uno se lo imagina, es fácil entender la curiosidad, el asombro, la risa, la incredulidad de los colegas y estudiantes parisinos, todos situados alrededor del terco, pequeño morenito galeno marabino. Allí atentos, atisbando risueños la cara del berebere leonino, y uno hasta sonríe, pues le es fácil escuchar en un francés de intenso acento maracucho, sus palabras. Aguántense un momento, o quizás diría… ¡Deteneos! Todos estaban asombrados cuando escucharon al peculiar galeno pedir los colorantes, solicitar unas láminas de vidrio, y tras preguntar por una lanceta, él la tomó con la diestra y con la izquierda presionó el lóbulo de la oreja que luego cortó superficialmente, y haciendo suave expresión esperó que fluyese la linfa. Entonces secó la oreja y luego como un malabarista se dio vuelta y tiñó las láminas con los colorantes. ¡Voilà!  El asombro de los franceses fue genuino. Atónitos quedaron ante el microbio colorado quien les miraba desde la platina del microscopio. El bacilo de Hansen, pululando en la linfa de aquel árabe, hospitalizado por tracoma, en la sala 8 del Hospital La Salpêtrière, el mismo sitio donde las grandes histèrie hicieran muy famoso al maestro Charcot, el mismo escenario, pero ahora con aquel paciente africano con úlceras corneales que todos creían afectado por el microbio del tracoma, y tan solo era, un leproso.

 

Hay un frío otoñal que estremece la capital francesa, enfría la historia, tan lejos de su tierra, le docteur ètranger, por su acierto ganó prestigio y reconocimiento. Por eso, uno recuerda el final de este cuento, casi puede escuchar los pasos del morenito médico, sobre las hojas secas, frente a la puerta del hospital, él se acerca y está escuchando la voz del viejo portero saludante, bonjour monsieur le professeur Fernadés… Así pues, uno, con estos recuerdos en el subconsciente se encuentra ahora, pensando en las córneas de los motilones, a más de cincuenta años de aquel episodio, otra vez discurriendo sobre el microbio del tracoma, otra vez con el deseo y la pasión de mirar a través de un microscopio, pero ahora no estamos en la ciudad luz, ahora se trata de ascender a la sexta sierra, para conocer a los feroces salvajes motilones, los pobladores de una lejana misión de capuchinos, una aldea motilona con ese nombre tan musical, Saimadoyi. Uno que no ha ido más allá del pueblo de Machiques, uno que ni siquiera conoce la misión del Tukuko, uno que pocas veces se ha adentrado en la selva, uno entonces, antes de decidirse, sueña y divaga, pensando en que si existirán motilones ciegos, en motilones feroces que flechan a los blancos, en motilones tuertos con úlceras corneales y leucomas en el blanco del ojo, y uno piensa en las muestras que ha de tomar, como se fijarán en frío y luego podrá uno hacerles la tinción negativa para mirarlos con el ojo grande, el ojo mágico que dispara electrones y detectar la ultraestructura del virus del tracoma para poder decir, no es ese un virus, es una bacteria, es un microbio raro, es así o tal vez es asao, en realidad uno no sabe ni como es, pero confía en hallarlo. A uno la idea le ha calado y la roe, la ruñe día tras día y hace planes, construye imágenes con su amigo José Luís el fotógrafo, cámara de cajón y verborragia incontrolable, ímpetus juveniles, también con Nerio, gigantón de ojos azules, oftalmoscopio en mano, mi colega Nerio, experto en ojos. Uno siente que las cosas han de marchar bien, se sugestiona, lo presiente, se dará el día y al final se convence de que somos tres socios en una aventura proyectada a corto plazo, en una expedición ya programada, en un viaje hacia la selva, en la esperanza decidida de hallar algo, desconocido casi seguramente. Uno sueña con ubicar un foco de tracoma en las montañas de Perijá, en los Montes de Oca, en la vecindad con la frontera, en la sexta sierra, en Saimadoyi.  

 

El pasto verde y turgente es altísimo en las haciendas lecheras de las vecindades de Machiques, más allá del Palmar, cerca de los ríos Apon y el Aponcito, más allá, donde nacen las tierras del río Negro y en la otra dirección, todos lo saben, se encuentra la Villa del Rosario, sede del antiguo Marquesado de Perijá, tierra de abuelos y de bisabuelos. Luego, Machiques, así fue ese día en la madrugada y después fue, el Tukuko y ahora, tenemos seis sierras por delante. Ensillá tu mula, apretá la cincha, acomodale los corotos, movete rápido, apurate que se hace tarde, ya casi sale el sol, se refleja entre las piedras blancas y amarillas del río Aricuaizá. Nosotros salimos chapoteando un poco, paso a paso, por el cauce del río, salpicando luego, embarrialando después, y en un instante se nos viene encima la ramazón y entonces, sí, estamos en la montaña. Desenfundá el machete, metete en la selva, vai hombé, que se te pierden deaparriba tantísimos guindachos, son como curricanes que se descuelgan tupiendo la maleza, deshilachándose desde los árboles. Cortá bejucos, cortame los arbustos, trozá las lianas, abrite paso, andá adelante vos, vai baquiano, echepalante colombiano, cojé tu fila india, ponele atención a cualquier jaiba, te dije que te las pusieras, que esperáis, ponete mis polainas, no te vayan a echar una vaina las culebras. Vos si tenéis tus botas, ¡a bichas papesadas! Fijate que los guardias, van de mauser terciado y andan como si nada. José Luis va en su mula rucia y Nerio en la mañosa, atendele a esa rama, así se hace, ¡esa es mi mula!, bajá un poquito la cabeza, ¡vos tenéis que fijarte!, ponele cuidado al machetero, él vadelante y vos veis el machete, corta de lado y lado, zuas ras, ras zuas, tené cuidado, atendele a las piedras, afincate que vamos en bajada, upa mula, pisada precisa, preciosa mula, terca mula, más terco que una mula, ahora si entiendo el dicho, ¡ufa mula!, sabio animal, seguro, dócil, resistente, puede aguantarlo todo, te soporta por horas, te sostiene, mientras vais penetrando, profundamente, paso a paso, en las oscuras bóvedas de la selva, en la sierra de Perijá.

 

La trocha verde se va cerrando y la maleza es cada vez más intrincada pero se abre con los golpes del machete. Van los machetazos a la derecha y a la siniestra. El baquiano los descarga sin consideración, ¿Por qué tenerla? Los árboles inmensos se enredan muy arriba oscureciendo el terreno y la luz penetra solamente a través de pequeñas hendiduras. Rayos de sol descompuestos en sus colores pincelan los troncos cubiertos de parásitas, los bejucos retorcidos, la superficie aterciopelada de musgos y líquenes y las innumerables hojas con los más variados tonos de verde, van ondulando, se van moviendo. Las mulas otra vez avanzan descendiendo montaña abajo y entonces tienes que afincarte en el pomo de la silla cuando ya se acercan a otro río donde la tierra es blanda. El capitán que va adelante ha decidido bajarse y llevar su mula que no anda, la arrea, la jala del cabestro, suavemente lo tironea y sus botas se hunden en el fango, un barro gredoso muy amarillo. Él desaparece hasta las rodillas y la mula de José Luís parece querer sentarse a cada rato sobre el terreno embarrialado, piafa, se levanta, se sienta de nuevo, relincha y continúa después. Tú, desciendes cabalgando a un lado de la mula de Nerio, cuando súbitamente ésta se le adelanta, va rompiendo la fila india y entonces ella te tropieza, golpea tu espalda, y sientes el morro del animal, percibes su humedad helada. A lo lejos, oteas al colombiano y a los guardias que se han adelantado, se les oye gritar bastante más abajo, ya están llegando al río, tú lo piensas, pero es inevitable, Nerio no puede dominar la prisa de su mula mañosa y ves como atropella tropezando, y te rebasa mientras se le desliza su silla de montar, la cincha cede y Nerio cae arrastrando sobre sí al animal, todo en un instante, ya no se puede más. Los dos están chapaleando en el barro. Se incorporan bufando y piafando, embarrialados hasta los ojos y entretanto, tú percibes a lo lejos los gritos de los hombres quienes están buscando un vado, les oyes cada vez más lejanos, se te confunden sus ecos con el ruido del agua, el graznido de las aves entre el follaje y muy distante casi percibes el gruñido de las fieras ocultas, mientras miras a Nerio ya levantándose del suelo y ensillando su mula él voltea a mirarte, y está sonriente. Ahora ves como el sol penetra a raudales, crea chispas, brilla en el agua, desciende y baña las piedras gigantescas, las enciende de luz. Más allá la corriente es cristalina y suave, tonos helados de azul aguamarina y de esmeralda, un remanso que dibuja los inmensos árboles. Te has mojado ya hasta la cintura. ¡Que remedio!, para cruzar el río era necesario. Tú, preocupado sujetas el envase con el fijador, con gran cuidado, sin él no habrá como capturar los soñados microbios en los ojos de los motilones. El estruendo te despierta sobre tu mula, es uno de los guardias, ha resbalado en una piedra revestida de limo y su mauser se le ha caído al agua, se le fue un tiro, el capitán lo mira explotando con furia, cientos de imprecaciones llueven sobre su humanidad, él está emparamado, el barro de sus botas y de sus pantalones se ha lavado en el río. Después uno de los soldados te dice. Tan solo faltan tres montañas y dos ríos más. Entonces notas como se ríe el colombiano. Espreocúpese cumpa, la última vez, viniendo a Saimadoyi se ahogó un guardia y uno de los baquianos, en el último paso se nos fue con la carga, pero eso fue purita mala suerte, fue mala leche. Se voltea y luego grita, ¡upa mula! La fuetea con el cabestro y de nuevo a seguir el camino de la montaña...

 

NOTA: este articulo continuara y finalizara mañana.

 

Maracaibo, miércoles 29 julio del año 2026