lunes, 20 de julio de 2026

Los elefantes de Aníbal


Uno de los nombres más emblemáticos de un brillante estratega militar es Aníbal Barca, el legendario general cartaginés quien marcharía con elefantes sobre los nevados Alpes y se enfrentó a Roma, en aquel momento de la segunda guerra púnica el creciente poder en Europa. Superó a los mejores estrategas que Roma tenía para ofrecer y se apostó dos veces frente a las puertas de Roma con su ejército.

 

Nunca hubo duda alguna de que Aníbal serviría a su país en el ejército, pero nadie podría haber predicho cuán bien serviría a Cartago. Incluso siglos después, los romanos usaban la frase "¡Aníbal está a las puertas!" Como una forma de indicar una desgracia o miedo. Incluso los desastres naturales se comparaban con él. Sus acciones continuarían persiguiendo a los romanos durante siglos. Debido a la amenaza que había sido para ellos, la República romana se vio obligada a aprender a burlar a sus oponentes y no solo a vencerlos. Las acciones de Aníbal ayudaron a dar forma y a transformar a Roma en el poder militar en el que se convirtiera porque se dieron cuenta desde el principio de que no estaban tan seguros como habían pensado que lo estaban.

 

Patricia Fernández de Lis, es una periodista española, quien el 6 de julio de este año 2026, escribiría en El País, España, un trabajo en donde calcula el gasto energético de la travesía de Anibal Barca y sus elefantes por Italia, reforzando la hipótesis de, que por que el general cartaginés eligió el paso del Col de la Traversette para avanzar con sus elefantes, a través de un territorio ubicado entre Crissolo y Abriés, frontera actual entre Italia y Francia que separa el Monviso(3.841 m) del Monte Granero (3.171 m). Todos estos hechos acaecidos en el año 218 a. C. Existe un óleo sobre lienzo de Giovanni Antonio Pellegrini, titulado: Aníbal jurando a su padre Almicar Barca ser siempre enemigo de Roma (1731) (Ver)

Aquel año 218 a.C., fue cuando el general cartaginés Aníbal cruzó los Alpes en 15 días con 46.000 hombres y 37 elefantes de guerra, culminaría una marcha forzada de mil kilómetros desde su ubicación original en la actual España. Aquella fue una de las hazañas militares más extraordinarias de la historia y también uno de sus enigmas más persistentes, ya que nadie sabe con certeza por dónde cruzó las montañas el general. Un estudio publicado en la revista PNAS aborda la pregunta desde un ángulo inédito: la energía que costó la travesía, y esa investigación llega a una curiosa conclusión: los soldados lo pasaron mucho peor que los enormes elefantes.

Durante generaciones, el debate sobre la ruta que eligió Aníbal ha estado dominado por la filología y la geología. El principal candidato en esta discusión era el Col du Clapier, que es un puerto de montaña de 2477 metros de altura que atraviesa el macizo del Mont Cenis, en los Alpes Cottianos y los Alpes Grayos, entre Saboya (en Francia) y el Piamonte italiano. Este sendero ecuestre, va desde Bramans (1220 m) hasta Susa (503 m) actualmente no hay carretera asfaltada. Análisis recientes han apuntado al Col de la Traversette como la via utilizada por Anibal. Los autores del nuevo trabajo, Emilio Berti, del Centro Alemán de Investigación Integrativa de la Biodiversidad (iDiv) y Fritz Vollrath, de la Universidad de Oxford, aportan un voto más a favor de la Traversette, esta vez con la biología en la mano.

El equipo aplicó un modelo biomecánico que estima el coste energético de moverse a partir de la masa corporal y la pendiente del terreno, y que funciona “desde insectos hasta elefantes”, explica Berti. Reconstruyeron cada posible cruce de los Alpes con datos de elevación y calcularon cuánta energía habría exigido a hombres, caballos y paquidermos y como resultado, concluirían que: la Traversette habría sido la ruta más corta y eficiente, con un coste total para todo el ejército de 5,42 teravatios-julio. Las otras tres opciones -el Col de Montgenèvre, -el Col du Clapier y -el Col du Mont Cenis- habrían requerido un 11 %, un 16 % y un 19 % más de energía, respectivamente. “La clasificación de las rutas es muy robusta”, subraya Berti. Y aunque los elefantes reales fueran algo más pequeños que los asiáticos usados en los cálculos, el orden no cambia.

Lo llamativo llega al mirar el desgaste corporal. En la Traversette, los soldados habrían quemado alrededor del 19 % de sus reservas de grasa, un dato que ayuda a explicar por qué solo la mitad de los hombres sobrevivió a la travesía. Los elefantes, en cambio, apenas habrían perdido un 4 %. Sus enormes depósitos de grasa les permitieron cruzar los Alpes gastando solo una pequeña fracción de ellos. Que un animal de tres toneladas escale mejor que un hombre parece contraintuitivo, pero tiene explicación biomecánica. “Piense en los elefantes como un vehículo con tracción a las cuatro ruedas, capaz de generar esa tracción con cada una de sus ruedas”, ilustra Berti. “Frente a un coche de dos ruedas motrices, esa biología les permite moverse por terrenos difíciles y empinados”, añade. Sumado a sus reservas de grasa, esta capacidad convierte a los elefantes en montañeros insospechados.

Pero… ¿Por qué llevar semejantes bestias a una guerra tan incierta y lejana? Berti apunta a varias razones. Una es la tradición militar: los cartagineses simplemente combatían con elefantes, “y los ejércitos se aferran a sus tradiciones hasta que se demuestran ineficaces” (como los tanques o los helicópteros en la era de los drones). La segunda razón es el efecto psicológico, porque los elefantes aterrorizan a la caballería. Una tercera sería el reclutamiento de los celtas del norte de Italia, ya hostiles a Roma, a los que impresionar bajando de los Alpes a lomos de animales nunca vistos. E incluso habría una cuarta explicación, la más pragmática: como cruzar les costaba tan poco, “más que preguntarse ‘por qué llevarlos’, Aníbal pudo haberse preguntado: ‘¿por qué no?’”, dice Berti.

La ironía es que el verdadero problema empezó al bajar. Reponer las reservas de los elefantes y mantenerlos vivos durante el invierno, aislados en territorio enemigo y sin líneas de suministro, resultó devastador: de los cerca de 30 que llegaron a combatir en Trebia, todos menos uno (su montura personal, Sirius) murieron el invierno siguiente.

El propio modelo tiene límites que Berti no oculta: un descenso muy pronunciado, como el de la Traversette, no ahorraba energía, sino que la gastaba, de modo que “compensa en parte” su ventaja, aunque la ruta sigue siendo mejor que las demás. Y el análisis no incluye ni el estrés mecánico sobre las articulaciones ni las caídas mortales que describe el historiador Polibio, la fuente más fidedigna de las campañas militares de Aníbal. Aun así, el investigador confía en que el trabajo abra camino. “Algunos historiadores estarán encantados de ver una nueva pieza de este rompecabezas”, dice Berti, con la esperanza de que su método se aplique a otros episodios del pasado.

Las narraciones modernas de la Segunda Guerra Púnica se basan mucho en relatos antiguos; los dos más importantes son las Historias de Polibio (el Libro III cubre el origen de la guerra hasta la batalla de Cannas) y Ab Urbe Condita de Tito Livio. Polibio es un escritor mucho más antiguo, que entrevistó a veteranos reales de la Guerra Aníbal, y su relato carece de muchos de los adornos (anécdotas, heroicidades y discursos elaborados) presentes en el de Tito Livio. Aunque no es perfecto (Polibio tenía muy buena relación con el clan Escipión, y definitivamente hay algunas anécdotas extraordinarias), el relato de Polibio es generalmente bastante llano y factual. Al tener algo de experiencia como soldado, tenía un gran interés en asuntos militares, por lo que cubre bastante bien las batallas y campañas de Aníbal.

Para lapesteloca en Maracaibo, el día lunes 20 de julio del año 2026

domingo, 19 de julio de 2026

Malvinas y futbol…

 

Las Islas Malvinas (en inglés Falkland Islands) es un archipiélago ubicado en el océano Atlántico Sur, a unos 500 kilómetros de la costa de la Patagonia argentina. Se cree que quién vio primero las Islas Malvinas, fue Esteban Gómez, miembro de la circunnavegación del globo (1519-1522) en la tripulación de Fernando de Magallanes. Se piensa, por otra parte, que fue el navegante inglés John Davis a bordo del Desire en 1592. Pero el primer avistamiento indiscutible corresponde al holandés Sebald de Weerdt, en torno a 1600, y el primer desembarco conocido fue el del capitán inglés John Strong en 1690. Strong no pareció impresionado y señaló que había "abundancia de gansos y patos", pero dijo entonces que "en cuanto a madera, no hay ninguna". Trazó un mapa del estrecho entre las dos islas, le puso el nombre del Primer Lord del Almirantazgo, el vizconde de Falkland, y zarpó.

 

A pesar de las disputas por la posesión que se sucederían durante los siguientes siglos, pocos de los colonos franceses, británicos o españoles que se turnaron para colonizar las islas parecían especialmente enamorados de ellas. "Me quedo en este miserable desierto, sufriéndolo todo por amor a Dios", se lamentaba en 1767 el reverendo Sebastián Villeneuva, primer sacerdote de la colonia española de Puerto Soledad. Cuatro años más tarde, el gobierno británico estaba tan ansioso por tener que reforzar la reclamación del país sobre las islas que encargó a Samuel Johnson que las menospreciara como "abandonadas al uso humano, tormentosas en invierno, estériles en verano... que ni siquiera los salvajes del sur han dignificado al habitarlas".

 

En 1816, la República Argentina declaró su independencia de España y las islas se convirtieron en un anárquico refugio de cazadores de focas, hasta 1829 cuando Argentina nombró un gobernador, Louis Vernet, que intentó imponer el orden arrestando a tres barcos cazadores de focas estadounidenses y en respuesta, Silas Duncan, capitán del U.S.S. Lexington, se dirigió al archipiélago, destruyó todas las instalaciones militares, arrasó todos los edificios y zarpó, declarando las islas libres de gobierno. Dado que las islas eran una propuesta más lucrativa por el crecimiento de la industria de la foca, el Reino Unido vio una oportunidad e intervino en el vacío, izando la Union Jack (la bandera del Reino Unido) el 3 de enero de 1833 y estableciendo formalmente las Islas Malvinas como colonia de la Corona en 1840.

 

Aunque son un territorio de ultramar británico, su soberanía es reclamada activamente por la República Argentina, por lo que existe una disputa histórica entre ambas naciones. El origen del conflicto se remonta a 1833, cuando fuerzas británicas expulsaron a las autoridades argentinas que administraban el territorio. Desde entonces, Argentina sostiene que las islas son parte indivisible de su territorio. La disputa escaló a conflicto bélico el 2 de abril de 1982 con la Guerra de las Malvinas, que duró 74 días y concluyó con la rendición de Argentina el 14 de junio de ese mismo año, con un saldo de 649 combatientes argentinos y 255 militares británicos fallecidos. En la actualidad, las islas cuentan con una población de mayoría británica. El reclamo de soberanía argentino continúa vigente y es llevado de forma pacífica a foros internacionales como la Organización de las Naciones Unidas. La guerra terminó pero la disputa, no.v

Muchos de estos datos “Wikipedicos” quizás son de todos conocidos, y estamos  actualizando la situación en este año del Mundial de futbol que se ha ejecutado en tres países vecinos, Canadá, Estados Unidos y México. “Por Malvinas, por el Diego, por la última de Leo”, cantaron los jugadores de la Selección Argentina en el vestuario después de la dramática victoria por 3-2 ante Egipto en el Mundial de 2026. La frase forma parte de “La cuarta estrella”, el nuevo cántico que acompaña a la selección argentina que reúne tres símbolos arraigados en la memoria colectiva del país: las Islas Malvinas, Diego Maradona y Lionel Messi. Inglaterra seria derrotada y la diatriba política continúa…


 

Lo que cantaban los futbolistas argentinos, no es una canción política oficial ni una declaración diplomática. Era un cántico de fútbol, y el fútbol argentino hace mucho tiempo aprendió a mezclar sus grandes símbolos: la patria, las derrotas, los héroes, las heridas y sus ídolos. Maradona ya había quedado unido para siempre a esa historia después del Mundial de 1986, cuando sus dos goles contra Inglaterra fueron interpretados por millones de argentinos con una carga que iba mucho más allá de un partido disputado apenas cuatro años después de la guerra. En este siglo XXI y cuarenta años más tarde, otra generación vuelve a pronunciar aquellas palabras dentro de un Mundial. Diez palabras, un archipiélago y una herida histórica que, incluso en 2026 aún resuenan.

 

Poco después de la medianoche del 2 de abril de 1982un destacamento de comandos argentinos desembarcó en las Islas Malvinas, y se dirigió por tierra hacia la capital del asentamiento, Puerto Stanley, para los británicos, o Puerto Argentino, para los argentinos, y unas horas más tarde, una fuerza de desembarco más numerosa comenzó a descargar tropas en el puerto de Stanley. A las 8.30 de la mañana, con 800 soldados argentinos en tierra y 2000 más a punto de unirse a ellos, el gobernador de las islas nombrado por los británicos reconoció la inutilidad de la resistencia de la pequeña guarnición de Royal Marines que disponía y aceptó rendirse. A las 4 de la tarde, hora local, llegó la confirmación a Londres, a 13 000 kilómetros de distancia. Para gran parte de la sociedad británica la noticia era chocante y confusaEn Argentina, el destino de las conocidas Islas Malvinas había sido una causa conocida por generaciones y su recuperación provocó celebraciones en Buenos Aires.

 

Poco más de cuarenta años después, Argentina sigue reivindicando su soberanía sobre las islas. Una encuesta realizada en 2021 reveló que el 81 % del país cree que debe seguir haciéndolo. Un Museo de las Malvinas, creado en 2014, presenta las reivindicaciones argentinas sobre el archipiélago. Por el contrario, en un referéndum celebrado en 2013, el 99.8 % de los habitantes de las Malvinas (cuyo número se ha duplicado y su riqueza ha aumentado en los años posteriores a la guerra) optaron por seguir siendo británicos. De los aproximadamente 1500 votos emitidos, solo tres fueron "no". Futbolísticamente en el Mundial de futbol del año 2026 Argentina le gana a Inglaterra y va a la final contra España. Ese triunfo contra Inglaterra fue celebrado como un evento de importancia nacional. Hoy se juega la final: España y Argentina.

 

Maracaibo, domingo 19 de julio del año 2026

sábado, 18 de julio de 2026

Carabelas portuguesas y las medusas


“Si cuando andas por el campo miras el tiempo, si nadas en una playa debes preocuparte del estado del mar y también de si hay medusas”…

 

Hemos hablado de medusas (https://tinyurl.com/3rcsrbbw ) en este blog y en una ocasión hablamos de “la medusa inmortal” ( https://tinyurl.com/h6x6nsfb ) y de otras especies de medusas (aunque las consideren “aguas malas”, de las que con orina se pueden aplacar sus efectos), seres que una vez que llegan a la edad adulta pueden deshacer el camino de sus vidas, regresando, o sea, volviendo a ser jóvenes. En su vuelta atrás, la medusa adulta va empequeñeciendo y cambiando en paralelo la estructura de sus tejidos. 

 

Conversamos también en este blog lapesteloca sobre los ctenóforos de quienes hablamos en 2023 (https://tinyurl.com/4d4ztyk7 ). Estos, resultan ser más complejos que las esponjas, y casi tan complejos como las medusas aunque en realidad terminan siendo más simples que nosotros, los animales bilaterales, es decir, los hechos de dos mitades que son imágenes especulares una de la otra. Esta “bilateralidad” ha conducido a la reconstrucción estándar de los orígenes de la vida animal en la Tierra: primero las esponjas, luego los ctenóforos y después los bilaterales. Pero la genómica acaba de transformar ese esquema ya que el genoma de los ctenóforos se parece mucho más que el de las esponjas al de nuestros ancestros unicelulares.

Fernando Taboada, científico del Centro Oceanográfico de Gijón-CSIC, ha estudiado a la carabela portuguesa, una falsa medusa formada por un conjunto de organismos de picadura muy dolorosa y grave. De ella ya hablamos en este blog en febrero del año pasado 2025 y mostramos como posee una forma distintiva de globo o vejiga llena de gas que puede medir hasta 30 centímetros de diámetro. Además, presenta largos tentáculos, de hasta 50 metros de longitud, que se reconocen fácilmente por su color azul o púrpura. La carabela portuguesa (Physalia physalis), también es conocida como fragata portuguesa, barquito portuguésagua malacarbella carvaio, aguaviva, botella azul,  el panta, medusa o yub-iri en la costa marroquí…

Al contrario que a las medusas, a la carabela se la detecta por la vela que asoma en superficie. Aparecieron ejemplares en las playas de Donosti, que eran pequeñas (diámetro menor de 10 centímetros). En estos casos, los socorristas izan la bandera amarilla junto a la de medusas. Si son de mayor tamaño, las playas se cierran.

Ante la picadura de una medusa o una carabela se debe acudir a los socorristas y, si se sufren vómitos, mareos, calambres musculares, dolor de cabeza o dificultad para respirar, acercarse a un centro sanitario y los  primeros auxilios, deben eliminar los restos de tentáculos sin frotar o usar arena y lavar con agua de mar, nunca con agua dulce porque se libera más veneno. Tampoco emplear vinagre (hay especies con las que no funciona), amoniaco u orina. Y aplicar frío con una bolsa de plástico con hielo (para evitar el contacto directo con la piel y que el agua dulce no dañe la zona afectada) durante 15 minutos para evitar la inflamación que el veneno pase al torrente sanguíneo.

La carabela portuguesa tiene apariencia de medusa, y en realidad es un organismo colonial cuyos individuos se especializan para mantener viva la colonia, mientras una vela gelatinosa de entre 15 y 30 centímetros le permite recorrer los océanos impulsada por los vientos, mareas y corrientes marinas, mientras que del cuerpo central cuelgan un gran número de tentáculos que sirven para atrapar las presas.

 

La carabela portuguesa resulta ser un carnívoro. Con sus tentáculos venenosos, atrapa y paraliza a su presa. Por lo general, captura pequeños organismos acuáticos como peces y plancton. Como sus depredadores están las tortugas boba y de carey, ya que su piel es demasiado gruesa para que el veneno de la picadura les afecte. La babosa de mar Glaucus atlanticus también se alimenta de la carabela portuguesa, al igual que el caracol violeta Janthina janthina.

 

Por otra parte, y para finalizar, regresemos a nuestros ya muy comentados pulpos: (https://tinyurl.com/yc2s6fak) el pulpo manta es inmune al veneno de la carabela portuguesa, e individuos jóvenes llevan tentáculos de carabela portuguesa, presumiblemente con fines ofensivos y/o defensivos. Como un detalle adicional, la dieta principal del pez luna consta de medusas, pero también puede incluir ejemplares de carabela… 

 

Maracaibo, sábado 18  de julio del año 2026

viernes, 17 de julio de 2026

El fuego de San Antonio (2)

Quiso comunicarle Jerónimo al joven de la roja hopalanda, que él, a su edad, no podría aceptar aquel despropósito… ¡Unicornio tierno! Lo murmuró para sí y de nuevo repitió mentalmente que no era un afrodisíaco lo que él deseaba… Pensó explicarle su problema al joven barbero, y decidido sencillamente le dijo que él pintaba, que esa era y había sido siempre su profesión y que él, la ejercía, de pie. El fuego de San Antonio le aparecía ardiendo en su pierna derecha y esto hacía ya un tiempo que estaba interfiriendo con su diaria labor. Las explicaciones del ya bastante arrugado artista del blusón azul, parecieron interesarle al joven de la hopalanda bermeja quien, no obstante, parecía tratar de infundirle confianza hablándole nuevamente sobre sus ungüentos… Entretanto, los cordeleros ya habían cesado sus discusiones y todos en la posada, se mantenían atentos a las palabras del joven barbero de profesión.

Le explicaría al pintor y a sus escuchas, cuán efectivos eran sus menjurjes, y tras informarle que él era discípulo de la prestigiosa Escuela de Salerno, insistió en que sus conocimientos no eran en absoluto producto de la magia ni de la improvisación, él leía en latín y conservaba un ejemplar de El Antidotarium de Nicolás Prepósitus donde podían buscarse todos los récipes existentes en el mundo, los mismos que sirven para la sanación de todas las enfermedades. Así se expresó el joven médico, quien también había leído, y también lo dijo, muchas veces el libro de Rogelio de Palermo sobre la curación de los males por el escalpelo.

Los cordeleros quienes le escuchaban silenciosos, habían suspendido la charla con el joven comerciante, el viajero empecinado en atravesar el bosque esa misma noche, y había cesado la música de la cornamusa mientras todos volteaban para mirar al desgarbado sujeto del rostro surcado de arrugas. En realidad, el pintor era conocido de Iñigo y de algunos cordeleros quienes le informaron al joven renano sobre el trabajo de Jerónimo. El tedesco miraba con asombrada curiosidad al enteco personaje. ¡No puede ser él! Eso exclamaba observando al pintor que se había ido a sentar muy cerca de la chimenea y saludaba amigablemente al posadero y a su mujer. Es él, con toda seguridad, insistió el gordo de los pantalones rayados y la bragueta verde. Es el mismo de quien ya te hemos hablado. Él de los infiernos, murmuro el tedesco…

Él es Hyeronimus… Le comunicó sigiloso el del zurrón en banderola al viajero renano, quien entonces sonrió de una manera extraña. Era como si todavía quisieran bromear con él sobre el bosque del Duque, pero súbitamente se puso de pie. Parecía decidido cuando dirigió sus pasos hacia la mesa donde estaba Iñigo l posadero y la jovencita del corpiño entreabierto, quien de pie se encontró casi ante él. Lo había visto levantarse y avanzar hacia ellos, acercándose, y el prior de los franciscanos, de reojo, creyó notar un destello febril en su mirada. Todo habría de sucederse de manera muy rápida.

El cálido y ambarino ambiente del establecimiento que albergaba a los viajeros en la posada a la vera del camino de Bois Le Duc pareció condensarse de momento alrededor de quien decidido marchaba hacia la desgarbada figura de Jerónimo con su pelambre lacia llena de hilos platinados que contrastaba sobre su blusón azul, todas y cada una de las hebras de su cabello brillaban lanzando destellos rojizos y anaranjados por efecto del fuego que ardía en la gran chimenea. Así lo veía también Iñigo. Ligia quien estaba de espaldas al viajante, sin verlo pudo observar en su hija, un súbito abrirse de sus ojos azules, con gran asombro, o susto, exageradamente, ante la inminencia de lo que habría de acontecer, más ella no podía entender nada pues ella estaba dándole la espalda al tedesco y tan solo un rictus en la expresión y la mirada de su niña, la hicieron presentir lo inevitable. Iñigo pareció notar algún signo en el rostro de Ligia y cuando levantó la vista fue para cruzarse con las lanzas de fuego que emergían de las pupilas verticales y amarillentas del viajero, cuando ya no había nada que hacer, puñal en mano se abalanzaría sobre el pintor.  

Brilló el acero en la mano del viajero tudesco, quien venía acercándose puñal en mano cuando el posadero se irguió empujando la mesa y a Jerónimo quien trastabillante caía sentado. El prior de los franciscanos manoteaba queriendo alertar a los cordeleros que lucían petrificados. Apartado a Jerónimo, el puñal se hundió en medio del pecho de Iñigo quien en ese instante notó algo que era incongruente, en realidad, el pintor del blusón azul y las greñas encanecidas no parecía ser Hyeronimus, eras tú mismo, tú, un muchacho sin las arrugas en el rostro, e Iñigo se percibiría en aquel instante más joven que nunca, con una tonalidad cetrina, ciertamente, pero lo más notorio quizás era, que en tan difícil trance, también lucía unos ojos de asombro, amarillentos con sus iris verticales, y con una amplia sonrisa mirabas a tu padre mientras casi a punto de carcajearte te desternillarías de risa al comprender que ya era demasiado tarde.

Sin oír proferir ni un quejido, aunque desde su mesa percibió la violencia del golpe, el joven de la hopalanda bermeja pudo notar como emergía desde el tórax del posadero un chorro de sangre casi negra, como si fuese un surtidor que él mismo se miraba notando que tenía un gran agujero, especie de caverna profunda en el lado izquierdo de su pecho, desde donde fluía, ahora en espasmos con vetas violáceas, un líquido tibio y le salían chorritos espasmódicos, brotando como si emanaran de una gran fuente e iban empapándolo todo, mientras estático, tú lograbas aun escuchar algunas carcajadas interrumpidas y percibías unos gritos, ya muy lejanos.

Iñigo llegó instantáneamente a pensar en poder comunicarle al joven cirujano médico barbero su inquietud ante lo que sucedía, pues sentía un dolor intenso en el pecho, comprendiendo que estaba desangrándose y le dolía tanto que pensó en Alí y por allá en las serranías de Falcón mientras el juglar que cantaba aquello de siento un gran dolor en el costillar, tal cual lo percibía él, pero ya no era capaz ni tan siquiera de articular media palabra y tú Ligia, estabas sonriendo, allí, viéndole doblarse, admirando la cara también  risueña de Hyeronimus el pintor, quien sorprendido, no hacía más que reírse, mientras Iñigo ya se resbalaba hasta el piso sintiéndose desfallecer y quiso buscar a Ligia con su mirada y giró por el recinto de la posada pero no vio a mas nadie, pues ella ya no estaba, y su hija también había desaparecido.

En aquel momento cuando todo comenzó a oscurecerse, y a pintarse de rojo, como el fuego de la chimenea y sus pavesas, y las castañas asándose y mientras él iba ahogándose, pensó que aquello era peor que el fuego de san Antonio y así sentía como su corazón cambiaba del galope tendido al trote y luego paso a paso, se hacía cada vez más lento. Al escuchar restallar las castañas en el fuego deseó estar en una playa de oleaje tibio, muy larga, quizás brumosa, en un atardecer…

NOTA: Así, todos hemos sido tomados de sorpresa (el fuego de San Antonio, era la lesión que provoca el virus del herpes zoster (la vulgar culebrilla en la piel ) y con este dato médico, sí que llegamos al final de “el fuego de San Antonio” para al blog  lapesteloca

En Maracaibo, el viernes 17 de julio del año 2026


jueves, 16 de julio de 2026

El fuego de San Antonio (1)

 

A la hora nona, las castañas se tostaban en el fuego de la gran chimenea. La lozana posadera secó sus manos en el delantal y atendió a los fuelles, ella iba soplando para que el pan caliente estuviese a punto. Su marido retiraba un plato con fiambres de la mesa del prelado. Entonces él se dio media vuelta, y notó como los cristales esmaltados del ventanal crujieron, pensó entonces que posiblemente era el viento provocando el roce de las ramas de los árboles. El vitral emplomado impedía que se colase la helada brisa. El hombre imaginó como seguramente el cierzo del noroeste recorrería los campos esa noche impidiéndole a cualquier ser humano arribar hasta los senderos que penetraban el bosque del Duque.  Es una noche de mil demonios, lo dijo para sí, y al recapacitar sobre su invocación rápidamente se santiguó.

Sentado en un sillón de cuero, el prior de los franciscanos captó un gesto cristiano del posadero, hizo una mueca frunciendo el entrecejo y torció la boca. En ese momento, la mujer cesó de atizar el fuego y atisbando desde lejos trató de interpretar el movimiento de los labios del prebendado. ¿Tal vez él está mascullando letanías? Ella lo pensó al notar como el fraile, todavía medio envuelto en una colcha de retazos, parecía hacer pucheros mientras entrecerraba los párpados. Está muerto de sueño se dijo ella y luego miró hacia el fondo de la gran sala donde su robusta hija batía sobre el mesón en una gran escudilla los huevos para hacer una tortilla con setas y habichuelas... Su marido, Iñigo, lentamente se acercaba hasta los cordeleros que tenían un rato alborotando, el les interrumpió ofreciéndoles un vino fuertemente especiado.

Ya algo más calmados, ellos aceptaron su invitación y unos gustosos y otros a regañadientes continuarían su discusión. Entonces, haciendo gestos de resignación, Iñigo se dirigió hacia otro de los mesones donde recién se sentaban dos sujetos desconocidos para él, uno ya entrado en años con barba poblada y entrecana quien le pareció al tabernero un hombre del campo, su rostro lucía curtido por el sol… Él notaría sus manos cuarteadas empuñando la jarra de cerveza y frente a él, su compañero, más joven, quien seguramente era, o le parecía ser al acucioso tabernero, un actor, o un estudiante, quizás hasta un bufón retirado, y eso también lo pensó concluyendo rápidamente que ambos debían ser tan solo unos juglares desempleados. Hasta médicos podrán ser, imaginó Iñigo mirando de soslayo en derredor y frunciendo el ceño, mientras interpretaba su postrer razonamiento al atenderle al color bermejo de la ancha hopalanda que vestía el jovencito...

El franciscano abrió sus ojos y se bebió de un solo trago un cubilete de agrio vino tudesco. Parecía haber despertado. Acariciaba la botella sobre la mesa y de soslayo atisbaba el corpiño entreabierto de la moza que batía los huevos; la boca del fraile se abría y su lengua sobresalía repasando los labios de izquierda a derecha. Se diría que se relame el desgraciado… Iñigo lo pensó algo molesto, notando como el religioso dejaba caer al suelo la colcha y al retirarse el capuchón de estameña dejaba ver su calva sudorosa. El posadero Iñigo, le sonrió a su mujer y ambos se acercaron hasta el mesón de la cocina donde la jovencita había vertido el contenido de la escudilla en un caldero que burbujeaba rumoroso. Los rescoldos de la chimenea arrojaban destellos gualda sobre todos los presentes.

La faz abotagada del prelado se contrajo al beber otro trago de vino. Sus ojillos migraron de las redondeces de la joven hasta el mesón vecino donde los parroquianos habían comenzado nuevamente a alborotar. Aquellos artesanos eran los empleados de una cordelería y reiniciaban su cháchara discutiendo con un joven comerciante de especies. Nunca antes le habían visto, más él insistía, venía desde la lejana Renania y les aseguraba que pretendía cruzar el bosque para pernoctar en la ciudad. Los cordeleros intentaban disuadirlo. No será posible si quieres seguir con vida, le decía uno de ellos, mientras el joven se reía a carcajadas y persistía en su idea mientras todos hablaban al unísono haciendo ininteligible la jerga flamenca. Se escuchaban restallar interjecciones y palabrotas entre la retahíla de dimes y diretes queriendo convencer al comerciante del disparate que sería adentrarse solo en el bosque. El tabernero Iñigo, siempre curioso, creyó atisbar en aquel joven un curioso tono bilioso en sus ojos muy claros y quiso pensar que algún problema tendría el renano con su salud, más pensó que ellos le convencerían y él estaría obligado a darle cobijo. Al final tendría que quedarse a dormir con los cordeleros y los demás en la posada. Lo pensó. Un corpulento cordelero que portaba un zurrón en banderola, insistiría en los peligros del bosque fastidiosamente, mientras a su lado otro hombretón obeso, sonreía y sostenía una cornamusa sobre su hombro izquierdo. Sin inmutarse infló sus carrillos soplando su chirimía y la gaita emitió un gemido profundo. En ese momento el joven viajero volvió a reírse soltando una sonora carcajada.

El prelado pareció despertarse y tras secarse el sudor de su cabeza pelada, volteó a mirar al grupo que continuaba discutiendo acaloradamente mientras la cerveza y el vino parecían haber encendido sus rostros. Afinó el sonido el gordinflón aplicándose nuevamente y estuvo resoplando por el caramillo unido al odre de cuero. El ambiente ambarino se inundó al instante con quejumbrosos sonidos musicales. En ese preciso momento la puerta se entreabrió, y rechinaron sus goznes para dejar entrar el viento y un remolino de hojas secas con un sujeto desgarbado vestido con un blusón azul, llegaba protegido por un jubón de estamilla y portando un sombrero de cuero muy lustroso. En un instante, se había hecho silencio y el personaje se despojó de su sombrero como para saludar a todos los sorprendidos presentes. Iñigo, el posadero, presto le reconoció. Era Jerónimo el pintor.

El hombre estremecido y tembloroso, seguramente por el frío, se acercó hasta la mesa más cercana donde dos extraños individuos bebían cerveza y con un murmullo le preguntó al hombre joven de la roja casaca si acaso conocía algún remedio para un fuego en la piel. El interpelado volteó a mirar el rostro surcado de arrugas y le pidió que le mostrase su piel enferma para saber cuál era el mal que precisaba de su ayuda. Comentó casi para sí mismo, que no cualquier ungüento o brebaje que él le indicase podía resultar el más apropiado… Todos los presentes hicieron silencio y escucharon la explicación que el hombre de la hopalanda roja le ofrecería al desgarbado viejo del blusón azul. Escucharían todos entonces, hablar al sujeto sobre los efectos contraproducentes que según dijo, ya estaban descritos cuando los preparados no eran utilizados para curar determinado mal. En el silencio absoluto de los cordeleros, el posadero Iñigo y su mujer presenciaban con interés aquella escena y todos verían como el sujeto del jubón azul se despojó de una de sus calzas y al remangarse el pantalón, pudo notarse como encendido sobre una pierna y parte del pie, su piel lucia el rubicunda con el fuego de San Antonio.

El joven de la hopalanda bermeja quien diría ser un experto en purgas y en eméticos, y señalaría que era además especialista en aplicar ventosas para extraer humores corrompidos. Sin rubor alguno, hizo alarde de su destreza con la lanceta, y no sólo para las sangrías soy bueno; lo aseguró alzando la voz como para que se escuchase más allá de quien con su pierna al aire oía sus palabras. Todos le escucharon con atención decir entonces, que él era uno de aquellos barberos cirujanos de batalla, de los que tasajeaban las heridas para limpiar los trayectos dejados por las hojas filosas de cuchillos o de espadas, siempre necesariamente lavadas con vino tinto especiado y con vinagre, lo advirtió señalando con su dedo índice al cielo, especificando las cosas que prefería él hacer seguramente antes de usar el escalpelo como cauterio. Explicó entonces ante aquella atónita y silente concurrencia, que ya con las quemaduras las cosas habían pasado a ser algo muy diferente. En esas circunstancias –y señalaba la pierna descubierta de Jerónimo el visitante - hasta en el campo de batalla, él se las ingeniaba para aplicar compresas empapadas en agua de rosas y siempre contaba con algún bálsamo, quizás uno especial, como el que pudiese recomendarle para la piel de aquella pierna, con su superficie focalmente enrojecida, ardiendo por el fuego de San Antonio.

Pero el fuego de San Antonio, era otra cosa y él lo sabía. El ungüento, si así usted lo desea, puede ser preparado en su casa, terció el joven barbero mirando directamente a su nuevo paciente e insistió. Usted mismo lo fabricará con cera de abejas y con miel y habrá de humedecerlo con vino de hipocrás, y es que, Micer, escúcheme, funcionará mucho mejor si usted le añade alguna raspadura de cuerno tierno de un unicornio, puedo garantizarle que con esto podrá lograr un doble efecto… Hyeronimus se cubrió la pierna y se rio con un estremecimiento gangoso. ¡Cuerno de unicornio tierno! Otra vez el asunto, pero… No era un afrodisíaco lo que él deseaba…

NOTA: este relato parece ser parte de uno de los “Doce relatos siniestros”, o de “Jeronimo el pintor”, libros ya publicados en Amazon. Para saber cómo termina, los lectores de lapesteloca, podrán enterarse mañana, del final de esta historia.

Maracaibo, el jueves 16 de julio del año 2026

miércoles, 15 de julio de 2026

Otra vez el LABURU

 

                                                                  para Tomás mi maracucho vasco

Después de publicar en este blog el 11 de mayo del año 2015 un artículo “El LABURU controversial signo de los celtas ¿y de los vascos?” Lo que denominaré “las redes” se activarían, y a través del buscador de este nuestro blog (lapesteloca) Limako Arantzazu Euzko Etxea – del LIMA BASQUE CENTER nos escribiría diciendo: -Creo que te zumba la cabeza... ¿Quienes estuvieron antes? ¿Puedes aclararlo? Los vascos estuvieron muy muy muy antes que los celtas ¿NO?

En este mismo orden de comunicaciones, el 20 de abril del 2020, Jpascu, también nos informaría su opinión... -“Basándonos en los restos arqueológicos y las fuentes clásicas, romanas, los celtas ocupaban lo que es hoy Álava, Vizcaya y Guipúzcoa. En aquellas zonas primero eran los Celtas. Y seguramente también en otras zonas ya que de los “Vascones” a como se referían las primeras fuentes que tenemos del que seguramente sería el origen del pueblo Vasco, son más tardíos que de los Celtas. Tenéis el estudio de Dr Martin Almagro Gorbea “Los orígenes de los vascos” que te lo explica desde un punto de vista científico”.

Tres meses después, el 8 de julio, Nony me dijo por “las redes”: -“No me sorprende para nada tu indagación y su resultado. Prácticamente la "historia" o lo que se nos ha hecho creer como "historia" está siendo continuamente reescrita. Cuanto más indago en los trabajos de historiadores y científicos (cualquier disciplina) non gratos para el stablishment más alucino. Al principio un montón, en estos momentos pienso "¡Vaya! Otra más para la colección". Hasta donde me parece comprender siempre o casi siempre hubo un pueblo anterior. Así, antes de los Celtas, en lo que ahora es el País Vasco y, por extensión el resto de la Península habitada, estaban los Íberos. Porque ... ¿Cuál era la región habitada por los Vascos antes de la migración de los Celtas? Pero no hay forma de saberlo a ciencia cierta. Hace muchos años adquirí un libro (que con el paso de los años extravié) editado por una pequeña editorial Guipuzcoana entre 1973 y/ó 1975 (No recuerdo cual) titulado "España, Ibérica o Vasca". El autor haciendo un auténtico alarde de conocimientos en toponimia-etimológica, podía sin esfuerzo tomar cualquier nombre de los sitios que ya eran antiguos cuando llegó el azote de los romanos, y buscar la raíz en el Vascuence, pero no en esa aberración llamada Batua, creada en un laboratorio de lingüistica en Madrid en la década de los '70, sino en el Euskera de José Miguel de Barandiarán; que por cierto, aún hay trabajos suyos solo accesible a eruditos y con permisos. Otra gran estafa en la que los vendidos del gobierno vasco apoyaron en su día para lanzar el Batua y así hacer que la gente olvidara el Vascuence de José Miguel, fue la construcción de aquel libro feliz y casualmente encontrado en no me acuerdo que biblioteca privada del País Vasco-Francés y que databa de un par de siglos de antigüedad poniendo así el broche de oro y cerrando la disputa sobre cómo se escribía en Vascuence. Para cualquiera que esté familiarizado con "los expertos en reescribir la historia", la oportunidad del "hallazgo" en el momento socio-político perfecto deja entrever que se trató de una falsificación en toda regla; esto es, se edita un libro con papel viejo o envejecido artificialmente, se encuaderna "a la antigua" y se le vuelve a dar otro proceso de envejecimiento, et voilá. Siempre es lo mismo, con todo y en todas partes.

Un año más tarde, el 24 de noviembre del año 2021 Josean respondería a través de “las redes”: -“Valiente tontería de cometario ¿Qué se ha robado a un pueblo vecino? ¿A cuál, a uno que desapareció hace 2000 años? Poco o nada tienen que ver los que se hacen llamar cántabros o astures hoy en día con los cántabros y astures celtas que lucharon contra los romanos como poco o nada tienen que ver los vascos de hoy en día con los llamados vascones de hace 200 años. Todos los símbolos que utilizamos todos hoy en día son préstamos que hemos tomado de otras culturas, no vayas a caer en la misma estupidez de ésos que se creen pertenecientes a un pueblo monolítico e inmutable a lo largo de los milenios. Mejor utilicemos la simbología para unir y resaltar lo que tenemos en común que para la discordia y las rencillas pueblerinas”.

Ya regresando a este blog, en el referido artículo del 31 de mayo del 2015 diríamos:  Ese símbolo lo utilizaban los antiguos celtas, aunque la versión que tenemos procede del estandarte que utilizaban los cántabros en las guerras y que era, según los romanos, similar a una cruz inclinada (tan inclinada como nuestro lauburu), los celtas llamaban a aquel estandarte lábaro y figuraba en muchas de sus obras artesanales y religiosas, de hecho ha sido utilizada en sus diferentes versiones como decoración hasta el día de hoy de modo ininterrumpido, entre los “lauburus vascos no existe ni uno solo anterior al siglo XVI, y como me da que los vascos no redescubrieron por acción divina un viejo símbolo milenios después de no tenerlo(porque jamás lo tuvimos ni como símbolo, ni como nada),deduzco que por alguna razón empezó a usarse.

Todo esto de mezclar el lábaro cántabro con los vascos y utilizarlo como símbolo procede de una línea netamente nacionalista, curiosamente nacionalista española en un principio y pseudonacionalista vasca después, aunque por aquellos tiempos venían a ser una misma cosa. Venían a afirmar lo siguiente, los romanos lucharon contra los cántabros ferozmente, como bien explican los propios romanos, y aquellos cántabros tenían ese símbolo(el lábaro), sin embargo en el siglo XVI los cántabros no tenían ni lengua propia, por contra si la tenían sus vecinos vascos, así pues debieron ser los vascos quienes se enfrentaron tan fuertemente a los romanos logrando conservar su lengua y, por tanto, el lábaro en realidad era un símbolo de los antiguos vascos a los que los romanos confundieron con los cántabros (estúpidos romanos, tan incivilizados que confundían tribus y culturas enteras),siendo así los vascos la referencia de la independencia de los iberos a los romanos.

Ese pseudo-nacionalismo vasco, anticipándose al nacionalismo actual, que defendía los sistemas medievales de gobierno frente a la ilustración, el ultraespañolismo de los vascos (los más españoles de España, pues resistieron a los romanos…supuestamente) todo esto fue desechado en la propia época y consideraron que no era muy normal decir sandeces, pero lograron que calara la imagen de que esos cántabros, no podían haber luchado contra los romanos, y que aquellos guerreros en realidad eran vascos. Que el lábaro, una cruz de 4 puntas, procedía claramente de la palabra lauburu (4 cabezas) lo cual demostraba aún más su vasquedad… Así fue como aterrizó el lauburu en euskadi, en base a una historia falsa, pues la palabra lábaro no procede del vasco lauburu, sino que del celta labaro, que significa “el que habla”,y es que los cantabros lo usaban como estandarte(como bien explican las crónicas romanas),un estandarte sirve para mandar mensajes, hablar, en mitad de una batalla donde de nada sirve vocear, y de ahí su nombre, labaro “el que habla”, y no 4 cabezas… ¡Por Dios y por Sabino!, un poco de por favor…

Llegamos al año 2015 hablando de el lauburu como símbolo del pueblo vasco milenario, y todos creyendo que es así y en realidad, sea un símbolo robado de una región vecina, el nacionalismo ha logrado que los vascos generen una identidad colectiva común que les diferencia del resto de España y de Francia, y el lauburu, sea falso o no lo sea, -es lo de menos-, es igual, no importa, que sea todo mentira si todos nos lo creemos…

En 2026 podemos decir que El lauburu un antiguo símbolo vasco con forma de cruz y cuatro brazos curvados. Su nombre significa "cuatro cabezas" en euskera. Representa al sol, la energía vital y el equilibrio. Es muy común verlo en casas, joyas y tumbas en el País Vasco,

Maracaibo, miércoles 15 de julio del año 2026

martes, 14 de julio de 2026

Los Nudibranquios


En septiembre del año 2016, en este blog (lapesteloca) hablamos sobre una babosa marina que prefiere vivir de la luz del sol a tener que deambular por el fondo del mar en busca de comida, era la Elysia Clorótica, con el aspecto de una hoja verde de la que sobresalen sus dos cuernecillos blandos como para recordarnos que no es un vegetal, sino un molusco de apenas seis centímetros. Las babosas de mar son moluscos que científicamente se conocen como nudibranquios,

Así queLas babosas”, no son tan “babosas”… Taxonómicamente se conocen por ser del orden de los moluscos, gasterópodos sin concha y de la infraclase de los opistobranquios, a los que se les conoce como “las babosas de mar” y el significado de su taxonomía es el de “andar con las branquias al desnudo”

Se caracterizan por tener el cuerpo no segmentado, con simetría bilateral, sin concha ni opérculo y su coloración alerta de su gran toxicidad (aposematismo). Poseen una cavidad o celoma en su interior donde se sitúan los órganos, una cabeza diferenciada con órganos sensoriales y un pie musculoso en la parte ventral que sirve de medio de locomoción. Lo que más llama la atención son sus espectaculares coloraciones. Algunas especies tienen el cuerpo transparente y la capacidad para emitir luz. Las especies más grandes pueden alcanzar los 40 cm. Respiran por branquias que tienen distintas formas y se localizan en distintas zonas del cuerpo. Poseen dos órganos sensoriales a modo de cuernos, muy coloreados, situados en la cabeza, denominados rinóforos.

De costumbres bentónicas, la mayoría pasan su vida adulta en el fondo del mar; algunas especies son pelágicas, (del griego pelagos, que significa océano) como todo lo que vive, ocurre o se encuentra en las aguas abiertas y libres de los océanos o grandes lagos, lejos de la costa y del fondo marino. Pueden vivir prácticamente en todas las profundidades en agua salada, pero consiguen su mayor tamaño en aguas profundas; hay más diversidad en aguas cálidas y poco profundas.

La dieta de estas singulares babosas es carnívora ya que se alimentan de otros invertebrados y hasta de los huevos de otros nudibranquios; para ello usan una lengua abrasiva llamada rádula. Son animales venenosos y con un eficiente sistema de defensa. Son hermafroditas y se reproducen en los meses de primavera y verano. Los huevos se agrupan por miles en cintas o ramos, no siempre de los mismos colores. No tienen depredadores, pero su supervivencia está muy condicionada por la temperatura del agua y las condiciones climatológicas. Algunos son de costumbres diurnas y durante la noche se esconden enterrándose en la arena. No tienen interés gastronómico.

Su llamativo color sirve para alertar a sus depredadores de su toxicidad. Algunos son luminosos o miméticos, pero siempre, perdida la cáscara, la belleza es su principal defensa. Así, la defensa de los nudibranquios se basa en el arte de la advertencia a través de sus colores. Las sustancias químicas se sitúan principalmente en las branquias y son generados gracias a su alimentación y las pueden captar de las esponjas que consumen. Los nudibranquios son ciegos y sus ojos solo son capaces de percibir la oscuridad de la claridad. Por el contrario, el olfato y el gusto lo detectan a través de sus apéndices sensoriales de su cabeza. Su tamaño es muy pequeño ya que lo más habitual es que midan escasos milímetros o centímetros.

Existen más de 3.000 especies de nudibranquios en el mundo y los científicos aseguran que todavía queden muchas más por descubrir. Los nudibranquios del Mediterráneo, son más de 200 especies, y son visibles en oquedades de las rocas y habituales de las costas, aunque la mayoría de ellos pasa su vida adulta en el fondo del mar. Su tamaño suele ser mayor en aguas profundas, aunque sí es cierto que la variedad es mayor en aguas cálidas y poco profundas. La alimentación de los nudibranquios se construye en base a otros invertebrados. Sin embargo, estas babosas marinas pueden alimentarse hasta de los huevos de otros nudibranquios. En cualquiera de los casos emplean la rádula, nombre específico que recibe su abrasiva lengua. De modo que nos encontramos ante una especie hermafrodita simultánea cuya reproducción tiene lugar en la parte central del año, es decir, durante los meses de primavera y verano. La puesta se compone de miles de huevos que pueden tener diferente coloración. Una curiosidad, es la escasa velocidad a la que se mueven los nudibranquios y se les ve cuando reposan sobre las rocas. Este es el motivo que ha llevado a que los buceadores se sientan especialmente atraídos por ellos y estas babosas marinas hayan adquirido semejante fama.

Algunas babosas marinas roban los "paneles solares" de las algas llamadas cloroplastos. Luego, los usan para hacer la fotosíntesis, que es el proceso de transformar la luz del sol en energía. Ellas absorben estos pequeños órganos vegetales al comer. Luego, los usan para hacer la fotosíntesis, que es el proceso de transformar la luz del sol en energía. Esto les permite vivir meses sin buscar alimento. Este proceso tiene pasos y datos muy interesantes: 1-El robo: La babosa marina Elysia chlorotica come algas llamadas Vaucheria litorea. 2-Secuestro celular: La babosa no digiere los cloroplastos por completo. En su lugar, los guarda dentro de sus propias células. 3-Energía solar: Los cloroplastos siguen funcionando dentro de la babosa. Fabrican azúcares usando agua, dióxido de carbono y luz solar.4-Supervivencia: Gracias a este sistema de "energía solar", la babosa puede sobrevivir hasta nueve meses sin comer nada más.  

Elysia chlorotica  desarrolla una relación endosimbiótica subcelular con cloroplastos del alga marina estramenopila  Vaucheria litorea de la que “toma prestados” sus cloroplastos que le proporcionarán un color intensamente verde por lo que también la llaman Elysia Chlorotica (Ver),

Es igual a tener un motor que funciona con luz. Un ejemplo real es la Elysia chlorotica, también llamada babosa esmeralda. Tiene forma de hoja y color verde brillante para captar mejor los rayos del sol. Se encuentran cloroplastos activos dentro de ciertas especies de babosas de mar. Este fenómeno científico real se conoce como cleptoplastia. Uno se preguntaría por el secreto genético: ¿Cómo hacen las babosas para reparar los cloroplastos si no son plantas? El proceso funciona mediante los siguientes mecanismos biológicos: Las babosas gasterópodas (principalmente del orden Sacoglossa) usan su aparato bucal para perforar las algas y succionar su contenido. En lugar de digerir los cloroplastos, sus células intestinales los absorben por fagocitosis. Los almacenan intactos en los divertículos digestivos, unos tejidos ramificados que recorren todo su cuerpo. Elysia se alimenta de un alga llamada

Así, se mantienen fotosintéticamente activos. Estudios científicos confirman que estos orgánulos capturan la luz solar. Con ella, fijan el carbono y el nitrógeno para sintetizar azúcares directamente dentro del tejido animal. El tiempo que dura esta actividad varía según la especie de babosa de mar.  Existen especies como Elysia timida que mantienen los cloroplastos funcionales por un par de meses. La babosa esmeralda (Elysia chlorotica) posee los registros más largos. Puede mantenerlos activos hasta por 9 o 10 meses. Esto le permite sobrevivir toda su etapa adulta sin ingerir alimento extra, sirviéndose únicamente de energía solar.  Investigaciones publicadas en revistas científicas como ScienceDirect detallan que las babosas crean estructuras celulares especializadas llamadas cleptosomas para proteger estos cloroplastos de la degradación.

La "oveja de mar" (Costasiella kuroshimae), otra famosa babosa fotosintética. La oveja de mar (una babosa marina llamada Costasiella kuroshimae) puede hacer la fotosíntesis. No fabrica este poder por sí misma. Se alimenta de algas y les roba los cloroplastos. Los cloroplastos son las partes de la planta que usan la luz del sol para crear energía.

Maracaibo, el martes 14 de julio del año 2026