viernes, 9 de octubre de 2026

Del ejercicio literario (4)


Déjenme contarles que recientemente, he concluido otra novela... Se titula, “Para subir al cielo...” En ella incursiono en temas pocas veces abordados por nuestros escritores, el envejecimiento, la muerte, la religión, y la violencia de una ciudad como Caracas. Todo conforma el marco perfecto para una novela policiaca, además plena de salsa, y ella, la novela, recrea paralelamente, la vida del pintor neerlandés Hyeronimus Bosch, el Bosco, y todo esto durante un domingo caraqueño del año 1985. Es una especie de locura, ¿verdad? Les confieso que me divertí mucho escribiéndola. El aprender cómo mover las palabras, hasta hacerlas fluir como ríos internos, se logra con la práctica, puedo garantizarlo. Ese poder mezclar en las letras los sueños con lo vivido, se disfruta ensayándolo y corrigiéndolo, hasta transformarse en una pasión, en una obsesión por el oficio de saberse capaz de jugar con lo imaginario y mezclarlo con lo real y mantener las ilusiones siempre disfrazadas por una cierta delicada ambigüedad. Todo eso es crear una novela. Claro está que se tienen que producir vasos comunicantes entre el escritor y el lector, y lograr esa retroalimentación, debe ser, tiene que ser, la parte vital y más compleja del oficio de escribir. Una cosa es muy cierta. Para poder escribir bien hay que leer bien. Cito de nuevo un párrafo de “Escribir en la Habana” “Leer siempre es difícil, es complejo, leer un libro es más complicado que leer un periódico... Un libro puede leerse dos o más veces, la literatura es para releerla... Lo que cada quien encuentre en los libros, depende más del lector que del autor, sobretodo del lector que sea capaz de releer”. Fin de la cita.

Una pregunta que la gente a menudo se hace, es: ¿Para quién se escribe? ¿A quién va dirigida la obra escrita? ¿Una novela se escribe pensando en los que la van a leer? Muchos escritores dicen escribir para ellos mismos y eso en países como el nuestro debería ser la regla, puesto que los sistemas de divulgación o de comercialización de la literatura son un desastre. Publicar una obra literaria en Venezuela es toda una proeza donde hay que luchar contra roscas, compadrazgos y tercos editores, y debe uno transarse con libreros -usureros, donde si no se gana uno un premio de literatura bien famoso, el escritor sin palancas no tiene muchas oportunidades de publicar; el nuestro, sigue siendo el propio país de las reputaciones consagradas. Esto es tan cierto que llegamos hasta el punto de que todos los escritores venezolanos tienen que ejercer otro oficio para poder sobrevivir. Este hecho, en la tierra de Bello y de Baralt da tristeza, pero es la verdad, lo cual dicho sea de paso, no debe ofender a nadie, es un hecho consumado. El escribir para uno mismo frecuentemente es producto obligado de las circunstancias, el no publicar no tiene que ser siempre por el deseo intrínseco del escritor. 

Ya lo decía el propio Guillermo Meneses en uno de sus ensayos sobre “El hecho de ser escritor”. Cito: “...No significa que el escritor tenga que ser necesariamente un explicador, ni un maestro, como tampoco lo contrario, un hermético fabricante de fórmulas ininteligibles; cuando alguien escribe, necesariamente desea comunicar su experiencia, su razonar, su comprender”. Fin de la cita de Guillermo Meneses. Debo decir también que Meneses opinaba que, en ese intento de ofrecernos su experiencia, el escritor siempre se compromete. En nuestra historia existen una serie de personajes que se han destacado por lo inquisitivo de su pluma, o luchadores contra las dictaduras quienes plasmaron en libros sus guerras, no obstante, da la impresión de que el compromiso de nuestros escritores con sus ideales no ha sido excepcional; en realidad, durante este siglo nuestra literatura ha sido bastante pacata y la referencia obligada no va más allá del escándalo de “El Inquieto Anacobero” de Salvador Garmendia, y de las noveletas algo rupestres de Argenis Rodríguez, sin comentar una onda de narrativa erótica, en la cual destaca Rubén Monasterios, aunque lamentablemente la mayor parte de ella sea de cuestionable valor literario.

Tal vez una de las preguntas claves viene a ser: ¿Por qué se escribe? ¿Para qué? Si además es cierto que, para algunos escritores, quienes se toman el asunto en serio, como un verdadero oficio, y buscan el perfeccionamiento de sus textos, escribir es un trabajo arduo, pésimamente remunerado, y difícil de dar a conocer en sus resultados... ¿Cuál es la idea que se persigue con escribir literatura como un oficio? ¿Existe acaso una sola respuesta a la interrogante de, por qué se escribe? Carlos Noguera ha dicho que “Se escribe porque no se puede no escribir. Se escribe para sustituir al mundo que nos ha tocado en suerte, y se escribe por juego y por goce. Y se escribe a la par por una inmersión inevitable en la muerte y por un insaciado anhelo de totalidad”. Laura Antillano dijo una vez:“Lo que no entiendo de la vida, paso a entenderlo cuando lo escribo”. Hay quien ha propuesto que una de las razones de la creación literaria es el deseo de trascender y yo creo que esta aseveración tiene visos de verdad.

Ya les contaba al comienzo de esta charla como fue el temor a una enfermedad que me acercaría la hora de la muerte lo que me provocó el sentimiento de temer que mis vivencias personales de una época, terminasen en el olvido, y como fueron esas las razones que me llevaron a dedicarme a escribir como un oficio. Julio Cortázar en 1947 señalaba la diferencia entre “el hombre que existe para escribir y el hombre que escribe para existir”.

Quisiera concluir esta charla con unas palabras de mi amigo, el escritor tristemente ya desaparecido, Eduardo Liendo, a quien debo el saber una buena parte de lo que les he comentado hoy : “Lo que más me fascina de la literatura es la posibilidad de ser otro, de ser yo y múltiple. Ser zorro y pez, nube y cometa, héroe y ratero, espuma y roca, eco y silencio... El escritor, por muy desamparado que se encuentre, por suicida que sea, es el amante preferido de la existencia. Por eso quizás su mayor desafío es vencer a la muerte con el filo de la palabra” .

Nota: fin de El ejercicio literario en 4 partes.

Maracaibo, el viernes 9  de octubre del año 2026

jueves, 8 de octubre de 2026

Del ejercicio literario (3)

 

Después de cuatro años de escribir y corregir “La Peste Loca” se me había transformado en un hipertrófico manuscrito de más de 700 páginas. Acepté entonces los sabios consejos de quienes me explicaron la imposibilidad para un autor desconocido, de publicar algo tan voluminoso, así que decidí separar la historia del pasado, de la del período democrático, y nacieron entre 1989 y en 1990 “La Peste Loca” y “Bajo el encaje de los uveros”. Ambas novelas, con la “Entropía Tropical”, permanecían inéditas cuando escribiría todo esto... 

Vine a “un no sé qué” a Maracaibo y conocí a Jesús Ángel Parra Semprún, quien trabajaba en La Secretaría de Cultura de la Gobernación del Estado Zulia, le entregue con curiosidad el manuscrito de “La Peste Loca”, pues Arias Cárdenas era el gobernador del Zulia, y Jesús Ángel me dijo que él lo leería y supe que le gustó, yo nunca imagine que lo aceptaría para su publicación y así fue como nació la novela “La Peste loca”, mi primera publicación cuando yo pensaba que nadie se atrevería a publicar aquello que yo había denominado “la jerigonza apocalíptica”... 

Les relate este asunto entonces a los patólogos, mis colegas, en una reunión a la que me habían invitado para hablar sobre la escritura literaria… “Les aseguro que levantará un polvero. Les dije lleno de optimismo. Esperaremos, comenté y pensando que tal vez antes de noviembre de ese año... En realidad, más que contarles sobre el contenido de mis novelas, yo quería hablarles sobre el oficio de escribir y cómo fue que caí en la trampa de las letras. En una de mis novelas más recientes “Escribir en la Habana”, uno de los personajes interesado en la literatura dice: “En eso de escribir, lo más importante es querer hacerlo. Sentarse a escribir. Claro está que no es ir escribiendo allí lo que a cada cual se le ocurra. Sartre decía que, en la literatura, el asunto no es decir las cosas, sino decirlas de cierta manera. Pienso que en el lenguaje que usa el escritor reside el éxito de su obra. No es solo el fondo del cuento, el secreto está en el tratamiento de excelencia que se le dé a las letras, porque el tema, bueno ya probablemente todo está dicho”. 

Hay otra cita, creo es de Goethe, quien afirmaba que ya todo se ha escrito, de que no hay nada que no se haya escrito… “Lo difícil es decir las cosas por segunda vez” decía Eduardo Liendo.  Uno de los aspectos singulares de la escritura literaria como oficio, es que esta es una tarea que implica leer y releer lo escrito hasta lograr el tono y el ritmo adecuados a la acción. No creo que la creación literaria pueda ser vista como un proceso sencillo. Un artículo para un periódico, podría tal vez escribirse naturalmente, con un espontaneo desenfado, pero el fenómeno de la literatura, les aseguro que exige mucho más.

En 1853, Gustave Flaubert se refirió en varias cartas al oficio de escribir, hablaba sobre la creación de su gran novela “Madame Bovary”. En ella, según cuenta Flaubert, el escribir tan solo treinta páginas de un episodio, le llevó más de tres meses para lograr, según sus propias palabras “tratar de trasladar los valores de una sinfonía a la literatura” . Julio Cortázar dijo sobre su breve relato “Continuidad de los parques”... “Ese lo he escrito quince veces y todavía no estoy satisfecho. Creo que le faltan aún elementos de ritmo y de tensión para que pueda llegar a ser diminutamente perfecto”. ¿Ven cómo escribir cuentos no es tan fácil?

Luego de pasar un par de años asistiendo al Taller de Narrativa del CONAC dirigido por Eduardo Liendo, aprendí muchas cosas sobre los escritores y su trabajo como oficio; muchas de las cosas que estoy comentándoles son fruto de esos talleres. Sin lugar a dudas, si algo es crucial en el oficio de escribir, es el hacerlo desde el fondo de cada quien; lograrlo desnudando el alma, sin afanes de pedagogía, sin ideales políticos, sin proclamas reformistas, sin ser rebasado por lo sociológico o por sus propios conflictos y esto es difícil, es muy complejo, porque además de las vivencias de cada quien, existe lo que cada escritor haya ido incorporando a su intelecto como lector de muchos autores. El escritor puede ser un testigo de su tiempo, o puede bucear investigando en otras épocas, pero es factible que él mismo se transforme en un espejo de todo lo aprendido y como decia Liendo citando a Federico Amiel, resulta que todos no somos más que “copia de copias reflejo de reflejos”. Por ello, debe el escritor evitar el transformarse en exégeta de admirados literatos. En realidad, un autor puede ser muchos autores a la vez y cada cual debe buscar su estilo, el cual vendrá dado por el tono y el ritmo de las palabras. El uso polifónico del lenguaje como instrumento, es desde los tiempos de Don Alonso Quijano creado por Miguel de Cervantes, un hermoso proceso que se produce en la mente del escritor y que se plasma en palabras, mientras él trata de reinventar realidades sobre la vida misma. Bien lo dijo Kundera al afirmar “ el novelista solo tiene que rendir cuentas a Cervantes” . Por otra parte, parafraseando a Oswaldo Trejo, es importante señalar que “lo menos que se le puede pedir a un escritor es que escriba bien”. Evidentemente hay que cuidar la ortografía, la sintaxis y la prosodia. El estilo puede ser hiperbólico como el barroco, puede ser desmesurado como los textos de Lezama Lima o de Sarduy, puede ser de una erudición apabullante cual “Palinuro” de Fernando del Paso, o como a veces pareciera querer impresionarnos nuestro Denzil Romero, pero en ocasiones, más importante que una copiosa erudición, densa como la de “Terra Nostra” de Fuentes, puede resultar la economía de los medios de expresión, en ella puede residir el secreto de la difícil sencillez que nos legara Tolstoi, o la diáfana claridad de Borges quien sin circunloquios verbales siempre nos demostró que no es lo mismo ser simple que sencillo.

Un lenguaje críptico, con frecuencia entorpece la lectura, el lenguaje debe ser claro y preciso. Al escribir… ¡Cuan problemático puede en ocasiones ser lo obvio! Es impresionante como los lugares comunes pueden degradar considerablemente un texto literario, no obstante, pueden ser usados como muletillas por el autor o buscando exagerar situaciones. Los riesgos que se corren al escribir, son numerosos y como le escuchara comentar a Eduardo Liendo, puede citarse a Santa Teresa como ejemplo, por aquello que, “de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno”. De nuevo citaré unas frases sobre el oficio de escribir, puestas en boca de una joven, personaje de mi novela “Escribir en la Habana”. “Para escribir yo no quisiera plagiar la realidad, esa está en la prensa... Yo no escribiré para relatar mis vivencias, una debe escribir para inventar la vida”. Ednodio Quintero, ha descrito al novelista como un investigador que se asoma a los pasadizos del túnel de la novela, armado con la linterna del lenguaje. José Napoleón Oropeza también ha señalado que: “La grandeza de un creador está en su poder de sugerencia, en su inventiva y en ese don de convencer al lector de que aquello que está presenciando es pavorosamente real”. Por todas estas cosas, es la novela un género híbrido que permite, el mayor grado de aproximaciones; es un arte de imprecisas fronteras, el cual curiosamente al poseer esa capacidad inquisitorial, y dada su sorprendente plasticidad, resulta ser muy vulnerable y está expuesto a los ataques de muchos aspirantes imbuidos de fanatismo religioso, de absolutismo político, y de positivismo científico. Para Ednodio Quintero “La novela no es el lugar apropiado para la prédica, ni púlpito, ni Cátedra, ni tarima, es un espacio abierto, desolado tal vez, abismo a la intemperie, donde el escritor acompañado de su cómplice, puede desplazar los múltiples registros de su voz, donde le es permitido expresar su ansia por reconocer lo que aún le resta de humano, donde acepta, al fin, su parentesco con los dioses mortales, con el agua que corre y con el polvo estelar”. 

Si vuelvo a mis vivencias, les diré, a quienes, hayan o no leído la novela “Escribir en la Habana”, que pasé un par de años trabajando en ella. Era la época cuando asistía a los Talleres de Narrativa y estos me estimularon a escribir. En aquellos días, noté que era escasa la literatura sobre la Cuba revolucionaria. Es decir, literatura de veras, no panfletaria, ni mayamera, digo, literatura, e imaginé que la razón debía estar en eso de eludir el compromiso, a favor o en contra. ¿Cómo escribir sobre la Cuba de los últimos 40 años despojándose de la pasión política? Por otra parte el argumento me obligaba a escribir desde dentro del alma femenina y no de una, sino de dos mujeres de edades diferentes. ¡Era un reto! En el fondo, la novela es una sencilla historia de amor vivida en un entorno de espías y de narcotráfico. ¿Novela polifónica? ¿Lúdica? ¡No tanto! ¿Realidades factibles? Para muchos lectores es una novela anecdótica. Para mí, es sencillamente una creación literaria de estructura lineal con un narrador-escribidor y un yo narrativo que se reparte sin rigidez alguna, el cual en momentos puede ser onírico y que va variando los tiempos, presente, pasado y futuro imperfecto, fluyendo con la acción entre los diversos personajes, sean hombres o mujeres. Al finiquitarla, la envié a la Bienal de Literatura “José Rafael Pocaterra”, en Valencia – Carabobo, y ganó el premio de Narrativa-Novela, el año 1994. Un amigo vasco y donostierra, Eduardo Blasco Olaetxea la leyó y de inmediato la hizo publicar a través de la Fundación Gipuzkoa de San Sebastián en el País Vasco. Me traje unos doscientos ejemplares a Venezuela, fueron distribuidos por las librerías KuaiMare y se agotaron; ya la primera edición se acabó, me dije y con ciertas dificultades, estuve gestionando una segunda edición en nuestro país. Al final la hice con ARS Grafica, de Maracaibo, en 1998…

Nota: Mañana finalizaran estos 4 artículos sobre el ejercicio lietrario.

Maracaibo, jueves 8 de octubre del año 2026

 

miércoles, 7 de octubre de 2026

Del ejercicio literario (2)


Pero regresemos por un instante a hispanoamérica, donde los escritores de nuestra lengua castellana, ingresarán al extraño mundo, del “realismo mágico”, ese que Carpentier definiría como “lo real maravilloso”, e irán dándole cuerpo a una escritura barroca, rica en elementos mágicos y en sucesos en ocasiones recargados en fondo y forma, pero que irán paulatinamente depurando una novelística cambiante y prometedora. Surgirán sintiendo al indio, en sus países, Rulfo y Asturias y Arguedas. Borges en Buenos Aires y desde su exilio parisino Julio Cortázar nos llevarán de la mano por senderos que se bifurcan y nacerá “Rayuela”, sin duda una de las novelas más audaces de este siglo. Carlos Fuentes hará brillar la región más transparente ante la muerte de Artemio Cruz, García Márquez nos hablará de la soledad de Úrsula Buendía viendo llover en Macondo y Vargas Llosa dejará que escuchemos a los perros de la ciudad latiendo frente a la Casa Verde; ellos con tantos otros escritores, conformarán el llamado “boom” de la literatura latinoamericana, y todos estos autores de lengua castellana ingresarán en la historia de la novelística mundial. En nuestro país algunos escritores ya nombrados y otros como Miguel Otero Silva, Alfredo Armas Alfonso, Antonia Palacios, Oswaldo Trejo, Francisco Massiani, Luis Britto García, Carlos Noguera, José Balza, Laura Antillano, José Napoleón Oropeza, Denzil Romero, Eduardo Liendo y más recientemente Ana Teresa Terán, Luis Barrera Linares y Ednodio Quintero, pasarán a ser los mejores exponentes de nuestra novelística

Quiero insistir en que tan solo pretendía, hacer un preámbulo, una especie de introducción, para situarnos en el tema de la novela. Debo decirles, que yo hablándole a los patólogos, mis colegas de profesión, el año 1997 por invitación en Maracay, Estado Aragua, atrevidamente les diría…   En esta charla pretendo discutir el tema de la escritura como “oficio”. No voy a referirme a la escritura de trabajos de investigación, o la descripción de casos anatomopatológicos, ni tampoco la redacción de ensayos filosóficos o de artículos periodísticos; deseo conversar con ustedes sobre el oficio de escribir, novelas, sobre algo que pudiéramos denominar, el oficio de escribir, literatura. (Como conservo por escrito lo previamente y hace muchos años leído, lo puedo reproducir aquí…)

No he venido a hablar sobre literatura, ni sobre la narrativa latinoamericana, esa no es mi intención; tampoco conversaré sobre la novelística venezolana. De ninguna manera. Menos aún voy a disertar sobre literatura o sobre áreas como la retórica, la poesía o el teatro, cuyos géneros darían para horas de disquisiciones sobre preceptiva literaria. Esta charla no aspira, no pretende, tener una finalidad didáctica. Quisiera, relatarles algunas vivencias personales con el fin de explicarles el cómo y el porqué, un médico-anatomopatólogo pudo llegar a involucrarse con la literatura, hasta un punto tal, que paralelamente a su ejercicio como patólogo e investigador, se haya transformado en “escribidor” de novelas.  Este asunto se ha tornado para mí en un compromiso personal con las letras y me ha llevado durante el curso de varios años, ¡unos cuantos!, a intentar trajinar la escritura literaria como si fuese un verdadero oficio. ¿Qué hace un médico-patólogo escribiendo novelas? Quiero en esta oportunidad, tratar de compartir con mis colegas, este hecho, tal vez singular, pero para mí, muy gratificante. Me agradaría que percibiesen cuanto he disfrutado este proceso y confío en que pueda ser estimulante para algunos de ustedes. 

Me he atrevido a compartir con ustedes estas vivencias a riesgo de parecer pedante o fastidioso, porque francamente, he creído que les puede interesar escuchar el porqué, para qué y cómo, he venido durante  muchos-muchos  años ininterrumpidos escribiendo novelas; como me las he planteado, como las he ensamblado y las he borroneado, hasta considerarlas listas luego de escribir y corregir hasta el cansancio, como un oficio, enfrentarse a la página en blanco y escribir, diariamente,  repito, durante años.

Escribir literatura, para mí no ha significado el abandonar el trabajo que representa la redacción, corrección y publicación de manuscritos de carácter científico, de trabajos de investigación. Indudablemente que pueden establecerse paralelismos y puntos de contacto entre el oficio de escribir ciencia y literatura, pero hoy quiero crear un hiato, una división formal entre estas dos maneras de escribir, y lo hago exprofeso. Escribir literatura es otra cosa, es algo totalmente diferente a esa pasión por la verdad que implica el ejercicio de nuestra especialidad. Don Pío Baroja, escritor gipuzkoano quien también era médico señaló una vez: “Soy un aficionado a la Biología; naturalmente sin un rigor completo, porque en literatura, el rigor científico no puede existir”. Escribir novelas es un reto a la imaginación, es un querer ser invencionero y escribidor de todas las cosas que asedian los muros de nuestra conciencia. Finalmente creo que este proceso de escribir novelas, en mi modesta experiencia, debe tener un significado importante en mi vida y pienso que el tratar de explicárselo a ustedes, tal vez me ayude a comprenderlo mejor. 

Las novelas, como los cuentos, son ejemplos de narrativa en prosa. Escribir cuentos, bien logrados, para mí, es algo muy difícil. El cuento, real o imaginario tiene un comienzo, un meollo y un final y como todos saben es mucho más breve que la novela. Escribir un cuento brillantemente, siento que es una verdadera proeza. La novela es diferente. Sin duda alguna, es uno de los géneros más sensibles y más complejos de la literatura. Decía don Pio Baroja que la novela es “Multiforme y proteica” “la novela lo abarca todo”. La novela podría definirse como la vida reinventada. Escribir una novela puede parecerse a componer música. La novela debe tener un tono y un ritmo y el instrumento de cada obra, no es otro que el lenguaje.

Pero no quisiera teorizar más, pues les prometí, que iba a hablarles de mis vivencias y lo trataré de hacer. Comencé a escribir relatos inventados cuando era niño. En aquel entonces, es bueno decirlo, leía bastante. Entre los 10 y los 16 años escribí muchas cosas y si no fuese porque guarde por años algunas poesías, cuentos y esbozos de novelas de esa época, les juro que ahora creería que todo fue un invento o que me traiciona mi imaginación.

Quisiera ser breve para poder contarles cómo, en 1983, a los cuarenta y tres años, me supe hipertenso y calculé como el espesor de mi ventrículo izquierdo sería inversamente proporcional a la vida que me restaba y, en ese momento, sentí que una de las cosas más lamentables sería que nadie se enteraría de las vivencias sobre una ardua lucha, que había librado durante siete años en mi propia tierra, tratando de hacer investigación con un microscopio electrónico sin lograr convencer a los patólogos de mi terruño, de que valía la pena dedicarse a esos menesteres. Se me ocurrió pensar que la mejor manera de relatar aquellos hechos, de “echar el cuento”, tal vez era creando una novela. Al fin y al cabo, pensé que todo iba a parecer producto de una calenturienta imaginación ya que cuanto había acontecido en aquellos años, era, ¡increíblemente surrealista!

Así comencé a escribir y a escribir y así nació “La Entropía Tropical”, era un monstruo de casi 400 páginas llenas de personajes, con nombres diferentes a los reales (evidentemente), intertextualizado, lúdico, fragmentario, con una historia mesopotámica intercalada, de la cual no era muy difícil deducir que yo parangonaba a mi tierra natal con Babilonia. Cuando creí terminarlo, acudí a mostrarlo a gente tan seria como el doctor Ildemaro Torres, o la Licenciada Mariela Sánchez Urdaneta… Unos años más tarde, le di a leer “La Entropía...” al escritor Eduardo Liendo. Todos ellos me hicieron creer que aquello que había escrito, era, una novela.

Así que después de eso, me dediqué a escribir y a escribir y a releer cuartillas para corregirlas y desde entonces he tratado de concienciar algo que dijera no sé quién, “el compromiso primordial del escritor es, escribir”. En 1986 y ya dándole los últimos toques a “La Entropía Tropical”, me metí de lleno en un proyecto acariciado desde hacía varios años. Quería escribir una novela sobre Rafael Rangel, y deseaba usar al presidente Cipriano Castro como contrafigura. Una novela que transcurriría durante los tres últimos años de la dictadura castrista, la cual culminaría con la peste bubónica en La Guaira, el suicidio de Rangel y el exilio para siempre de Cipriano Castro. Esos tres años de sucesos a comienzos del siglo XX debían ir corriendo paralelos a varias historias vivenciadas en los treinta años de nuestro sistema democrático.

Nota: este articulo continuara mañana.

Maracaibo, miercoles 7 de octubre del año 2026

 

martes, 6 de octubre de 2026

Del ejercicio literario (1)


Este muy largo artículo llenará los espacios del blog “lapesteloca” por unos días y corresponde a unas charlas que se empatan unas con otras y se remontarán al “discurso de clausura” de la Semana Zuliana de la Narrativa el 28 de junio, del año 2014. Sin más preámbulos y para unos días, aquí van estas reflexiones sobre el ejercicio literario.

Quiero agradecer al Movimiento Poético de Maracaibo por haberme ofrecido este inmerecido protagonismo, dentro del programa de la Semana Zuliana de la Narrativa. Igualmente le doy las más expresivas gracias a La Alcaldesa y a las autoridades de la Alcaldía de Maracaibo por prestarnos los espacios del Museo de Artes Gráficas para haber podido desarrollar aquí las actividades de este evento.

Quise aprovechar esta oportunidad, para atreverme a relatarles cómo y por qué, un médico-anatomopatólogo llega a transformarse en “escribidor” de novelas. Este que es un hecho raro, poco frecuente, ciertamente, por eso quiero explicarles como he venido cumpliendo ininterrumpidamente, una actividad que para mí ha sido muy satisfactoria. Durante 31 años (lo decía en 2014) he redactado, corregido y borroneando palabras para escribir varias novelas, ocho en total, y debo informarles que disfruto este trabajo como un verdadero oficio. Escribir literatura, no obstante, no ha significado para mi abandonar el ejercicio de mi especialidad como diagnosticador e investigador de enfermedades, ni he dejado la redacción y publicación de manuscritos de carácter científico, los llamados “trabajos de investigación”. Aunque alguien pudiese plantear paralelismos o similitudes entre redactar artículos de ciencia y escribir literatura, quiero enfatizar que existe una división marcada entre esas dos formas de escribir. La literatura es algo totalmente diferente a la pasión por la verdad que implica el ejercicio de mi especialidad. Cito a Don Pío Baroja, escritor gipuzkoano quien también era médico y una vez señaló que “…en literatura, el rigor científico no puede existir”.  Escribir novelas no tiene mucho que ver con la verdad, es siempre un reto a la imaginación, es querer ser invencionero de cosas que asedian los muros de nuestra conciencia. Escribir una novela puede parecerse a componer música, la novela debe poseer un tono, y un ritmo, al final deberá acoplarse todo lo planeado, en palabras, como si fuese una sinfonía, solo que el instrumento no viene a ser otro que, el lenguaje.

Comencé a escribir relatos inventados cuando era niño. En aquel entonces, es bueno decirlo, leía bastante. Entre los 9 y los 16 años escribí muchas cosas y aún guardo algunos cuentos y esbozos de novelas de esa época, ¡hasta poesía escribí!, y al revisarlos compruebo que no me traiciona la imaginación. Existieron. En mi casa, en Maracaibo, puedo volver a verme, sentado, niño, o casi adolescente, leyendo a “Miguel Strogoff” de Verne, a “El último de los Mohicanos” de Fenimore Cooper, o “Los verdes años” de AJ Cronin, al “El Corsario Negro” de Emilio Salgari, o releyendo a “David Coperfield” y a “Oliver Twist” de Dickens, y recuerdo que, en esos años, me ilusionaba pensando en que cuando fuese grande, sería escritor. El amor por la literatura se afianzó en mi infancia. Mi padre era comerciante con el negocio en la Plaza Baralt y mi mamá era de SanCristóbal. Ambos nos llenaron de libros. Ella, mi madre querida, leía de todo, tocaba el piano, y puedo recordar, hace muchos, muchos años, verme niño, en mi casa escuchándola interpretar La Polonesa de Chopin, en los tiempos cuando la avenida Santa Rita aún era de tierra. En mi habitación compartida con mi hermano mayor existía una biblioteca presidida por los 12 tomos de la Historia Universal de Espasa Calpé y una colección de libros de Monteiro Lobato un escritor brasileño, también “El libro de Oro de los Niños”, y muchos otros libros y novelas algunas de las que leía mi madre y creo que todas estas cosas, despertaron en mí el amor por la lectura. Debo añadir que desde antes de los 8 o nueve años iba mucho al cine. Teníamos de un lado de la casa el CineLandia y del otro lado estaba el cine Venecia, solo a una cuadra. El cine fue un estímulo creativo desde mucho antes de que llegase la televisión. Bajo el cielo estrellado del Venecia pude admirar las películas de la Nouvelle vague francesa y el cine del neorrealismo italiano, películas que sin duda llenaron muchos recovecos de mi subconsciente. Estudié primaria y la secundaria con los jesuitas y tuve la suerte de tener como profesor de literatura a Mariano Parra León, un obispo siempre combativo muy recordado por todos en Maracaibo. Las novelas de nuestros escritores, como ya es sabido, estaban en su gran mayoría aferradas a los problemas de la tierra, al costumbrismo, muy pendientes de situaciones sociales y eran sumamente descriptivas, novelas vertidas hacia fuera, periodísticas si se quiere, pero cargadas de un tono pedagógico en las que el escritor llegaba hasta la exageración de explicarle las metáforas al lector.

En la Venezuela de los años cincuenta, ya conocíamos la prosa refrescante de las epístolas de María Eugenia Alonso, la joven creada por la genial Teresa de la Parra en “Ifigenia”, a través de una caricatura de la sociedad en la Caracas de Gómez; “Ifigenia” se editó en París en el año 1927. Precisamente ese año, 1927, Don Julio Garmendia, publicó su libro “La tienda de Muñecos” también en París, obra esta no reeditada en Venezuela hasta el año 1952. En ese libro, prologado por Jesús Semprún, Don Julio, se adelanta a la singular manera de narrar de muchos escritores latinoamericanos del presente, especialmente en un cuento titulado “El cuento ficticio” donde funde lo real e imaginario con lo ilusorio, con un humor paródico, creando nuestro primer vínculo con la literatura de la modernidad. En esa misma época y también en Europa, José Antonio Ramos Sucre publicará “La torre de timón”, “El cielo de esmalte” y “Las formas de fuego” poetizando en prosa sobre el exilio, la soledad y la muerte como ningún escritor venezolano ha logrado volver a hacerlo. La novela “Cubagua” de Enrique Bernardo Núñez fue publicada el año 1931, y mostraría  sobre el trasfondo histórico de la fundación de Nueva Cádiz, un estilo original que hace confluir los tiempos de la historia y la leyenda, adelantándose a las técnicas de la actual narrativa latinoamericana. Ya a mediados de este siglo aparecerá “La mano junto al muro”, que es el título del cuento con el cual Guillermo Meneses ganó el concurso de El Nacional el año 1951. Nunca antes se había escrito en el país un relato con una densidad y un ritmo semejantes; después vendría su novela “El Falso cuaderno de Francisco Espejo” que todavía nos sorprende con su brillo espejante, casi protagónico, el de una novela desdoblada en imágenes, donde la luminosidad de Caracas, pareciera todavía impregnar sus páginas. Serán, estas nuevas perspectivas en la manera de narrar, las que habrían de irse acentuando entre nuestros escritores, ellos reunidos alrededor del grupo “Sardio”, irán fraguando con “Las hogueras más altas” de Adriano González León en 1957 y “Los pequeños seres” de Salvador Garmendia en 1959, aquellas primeras novelas de nuestros años jóvenes. Sobre esta narrativa había dicho José Balza: “posee un rasgo que por enfático es ya casi patológico; la presencia de un narrador dentro de la narración”.

En este momento, creo que es necesario puntualizar que esta nueva manera de hacer literatura, la cual había comenzado a gestarse en el país en los años cincuenta y sesenta, no era en realidad un hecho local ni un fenómeno ultramoderno; esa manera de narrar, había sido la misma de Miguel de Cervantes y se puede percibir en Shakespeare, esa es la narrativa que desde siempre representa una especie de conciencia deslumbradora, la de los escritores magistrales. En las primeras décadas de este siglo, Jorge Luis Borges en la Argentina iba tras los pasos de Macedonio Fernández y del uruguayo Felisberto Hernández, en la búsqueda de un punto móvil, ese que conduce los hilos de la ficción y que no es otra cosa que el narrador-autor, transubstanciado e incorporado ambos en el lector. Ya en la época de la posguerra, después de Marcel Proust surgirá Thomas Mann con “La Montaña Mágica”, y Franz Kafka con “El proceso” publicadas ambas en 1925, otorgándole nuevo vigor al género de la novela; en España, Baroja se perfilaba como el renovador de la novelística, heredero de Galdós. Después vendría James Joyce, el ingenioso dublinés, con su “Ulyses” y con “Finegan´s wake”, para darle un espaldarazo a la novelística de este siglo al crear el “monólogo interior”, una narrativa capaz de trasladar a la conciencia del lector el discurrir silente del escritor-autor. La novela crecerá y se fortificará con escritores de la talla de Heminway, Miller y Faulkner en Los Estados Unidos, o con fenómenos como Lawrence, Moravia, Durrell, Camus y Sartre en Europa…  

Nota: este trabajo se dividirá en 4 partes y continuará a lo largo de esta semana.

Maracaibo, martes 6 de octubre del año 2026

lunes, 5 de octubre de 2026

“Los monstruos”


Existió una serie de la televisión animada sobre unos monstruos juveniles en entrenamiento, desarrollado para Nickelodeon en los Estados Unidos que duró hasta 2006, donde siempre los episodios se resolvían ya que los monstruos salían a la superficie en un basural fuera del área de la ciudad de Nueva York, más probablemente en Nueva Jersey. Ahora, la gran manzana tiene un alcalde musulmán y la gran manzana dice ser socialista en el gobierno del desequilibrado Donald Trump.

El 27 de mayo del año 2020 les decía en este blog (lapesteloca) cuanto habia disfrutado releyendo un artículo de Sergio Ramírez @sergioramirezm donde hablaba sobre Suetonio, a propósito de “los oscuros pasillos de la historia” que sabemos están llenos de mostruosidades…

Como una muestra, tipo Mel Brooks, este mismo año 2026, se iniciaría tempranamente con la defenestración de Maduro (conocido extranjero quien bajo la férula del régimen cubano usufructó la presidencia de Venezuela después de la muerte de Chávez Frías (quien esperaba eternizarse en el poder) pero en la actualidad…  “Maduro está, en una cárcel federal, precisamente en Nueva York, esperando juicio con su consorte por diversos cargos”…

 Suetonio, -a quien ya mencionáramos antes-, se referiría en su libro, muy concretamente, a CayoJulioCésarAugustoGermánico, el tercer emperador romano conocido también como "Calígula”, quien no vivió eternamente pues reinó tan solo durante cuatro años; no fue, ni como Chávez (apodado “el eterno comandante”) ni como Maduro quien completaría un cuarto de siglo enriquecido disfrutando de “el proceso” por sus corifeos, y los negocios de su mujer y familia de narcosobrinos, quienes al parecer también  creían que su reinado se iba a eternizar, más a pesar de la monstruosa cooperación de sus más fieles colaboradores -quienes de paso lo vendieron, defenestraron y entregaron –y no en bandeja de plata sino en lingotes de oro negro- han convertido a Venezuela en lo que es ahora ante el mundo… Una monstruosa tragicomedia de catastróficas consecuencias, que con el terremoto acabaría por mostrar ante el mundo la ineficiencia del actual régimen tutelado por Trump, quien nos ve felices ante la terrible tragedia que enlutaría cientos de hogares venezolanos.

Suetonio, al terminar la primera parte, de su célebre libro Vida de los Doce Césares, dice: "Hasta ahora hemos hablado del hombre; hablemos ahora del monstruo". Esto viene como una reflexión a propósito de la monstruosa crueldad de los dictadores y de las reacciones del pueblo al final de los regímenes tiránicos. La etimología folclórica nos conecta con las palabras ya dichas por Licaón el rey de Arcadia, quien brillaría en Las metamorfosis de Ovidio, convertido en un lobo rabioso cuando durante la visita de Zeus, hizo el intento de servirle carne de su propio hijo, esperando quizás refutar la divinidad de aquel su dios… ¡Toda una exageración! 

Pero no es todo, y es que existió otro Nicolás que hizo popular su mandato, no bailando y torturando presos, sino llegando a desafiar hasta a la URSS. Este Nico, provocaba la demolición de localidades enteras trasladando a sus habitantes a edificios de bloques en otras ciudades, así arrasó con varios pueblos húngaros en Transilvania dizque “para homogeneizar” la población. Su mujer se hacía llamar, “LaMadre de la Nación” y llegaron hasta la navidad de 1989, cuando ambos convocaron una manifestación de apoyo de la que salieron corriendo, y a pesar de haber escapado de aquel gentío en un helicóptero, fueron capturados, sometidos a juicio y condenados a muerte.

Cuando el emperador Calígula después de creerse dios, murió asesinado, solo tenía 29 años y gozaría durante apenas unos 4 años de su poder absoluto (el chavismo lleva ya más de un cuarto de siglo) sangre derramada, escándalos sexuales, incestos y una serie de ejecuciones ordenadas, algunas muy personales otras, fueron casi incalculables. A diferencia del emperador Nerón, quien incendió a Roma y persiguió a los cristianos, pero al morir con una espada ya clavada dijo "¡Qué artista pierde el mundo!", no hay constancia de que Calígula haya expresado unas últimas palabras, pero este otro gran megalómano, también fue conocido por creerse Dios y por la devoción a su caballo Incitatus, al que le otorgó un cargo político en el Senado… Como puede verse, lo de los cargos y otorgarlos a equinos y concretamente a verdaderos burros, es algo monstruosamente común en los dictadores, una mala costumbre que persiste entre los tiranos…

Se han buscado similitudes entre Julio César y Calígula. César había sido apuñalado por treinta conspiradores liderados por Casio Longino y por Bruto, de quien Shakespeare diría que “Ángel era del César”. Calígula, resultó muerto de igual modo, el 24 de enero del año 41, apuñalado en el Monte Palatino por igual número de conspiradores pretorianos y senadores al mando del prefecto Casio Querea, de quien el propio Calígula se burlaba llamándolo "afeminado" y "el peor recaudador de impuestos del imperio”. Sin embargo, existe una importante diferencia entre ambos personajes. Ante el cadáver de Julio César, de pie ante la estatua de Pompeyo manchada de sangre, Marco Antonio desplegó un memorable discurso donde al elogiar sus virtudes, levantó en odio y venganza al pueblo, que se lanzó contra los asesinos. En cambio, la visión del cuerpo yacente y ensangrentado de Calígula habría de desatar una masacre sin destinatarios: la furia y el dolor de sus guardaespaldas germanos fue una especie de contagioso tifón de sangre y acero que despertaría la monstruosa crueldad no sólo contra los conspiradores, que cayeron por decenas senadores, desde funcionarios menores, hasta simples e inocentes almas que acertaron a pasar cerca…

Maximilien François Marie Isidore de Robespierre (1758-1794), apodado “el Incorruptible”, era abogado y escritor, un político francés, quien gobernó a su país durante el periodo revolucionario conocido como “el Terror”. Había iniciado su carrera como juez penal y defensor de los sectores más desposeídos, y su fama se basaba en su fuerte oposición a la pena de muerte, pero de 1793 a 1794, decidiría “purificara Francia” de cualquier opositor a la Revolución, llegando a justificar la pena de muerte a la que tanto se había opuesto. Cuando finalmente, asaltaron el Ayuntamiento de París, Robespierre fue herido, arrestado y guillotinado el 28 de julio de 1794, junto a veintiún seguidores. Su muerte terminó con una época de monstruosa crueldad implantada por el régimen que se identificaba con “el Terror”. 

Todos dictadores, todos muertos, todos para finiquitar sus crueles y monstruosos atropellos contra su pueblo y de nuevo, mientras los acontecimientos se van desarrollando, es necesario citar como un recordatorio el famoso tango “Por la vuelta”, escrito por Enrique Cadícamo con música de José Tinelli, y si quieren, yo les sugeriría de preferencia, que se animen a recordarlo en la voz de Felipe Pirela… “La historia vuelve a repetirse”…

En Maracaibo, el lunes 5 de octubre del año 2026

domingo, 4 de octubre de 2026

Tus bacterias


En tu intestino viven billones de microorganismos, en su mayoría bacterias, con millones de genes, una comunidad a la que se le llama microbiota intestinal que participa en la digestión, en la defensa contra patógenos y en el entrenamiento de tu sistema inmune.

 

La microbiota empieza a formarse desde el nacimiento y en ella influye hasta el tipo de parto, la lactancia y la alimentación en los primeros años; después, la dieta, la actividad física, el lugar donde vives la siguen moldeando toda la vida. En ella dominan dos grandes grupos de bacterias, los Firmicutes y los Bacteroidetes, y juntos suman cerca del 90 %. Las personas con obesidad tienen menos diversidad bacteriana, más Firmicutes que Bacteroidetes, y menos algunas bacterias “protectoras” como Akkermansia muciniphila y Faecalibacterium prausnitzii.

 

¡¿Cómo es que tus bacterias le hablan a tu cuerpo?! Esto, hace unos días que lo preguntaba Noemi Cárdenas Rodríguez, el 28 de septiembre este año 2026 a través de WordPress… 

Noemi nos contaría que la pared del intestino es como “un muro vivo”; posee una sola capa de células unidas por las llamadas uniones estrechas, pero por esa pared se cuelan hasta la sangre los lipopolisacáridos (LPS), que son fragmentos de la pared de ciertas bacterias que el sistema inmune reconoce como amenaza y ellas van a producir una inflamación silenciosa y constante, de bajo grado, lo que hace que las células respondan peor a la insulina. A esto le llaman resistencia a la insulina, y es el primer paso hacia la diabetes tipo 2,

 

¿Qué pasa cuando comes fibra? Cuando comes fibra -o sea verduras- frutas, granos enteros, leguminosas en general, tus bacterias la fermentan y producen ácidos grasos de cadena corta, como el butirato, el propionato y el acetato, moléculas que activan receptores en el intestino, el páncreas y la grasa: ellas estimulan hormonas que te hacen sentir lleno (GLP-1 y PYY), ayudan a liberar insulina y a regular cuánta grasa se almacena. Las bacterias que transforman los ácidos biliares, también funcionan como señales para el metabolismo de azúcares y grasas.

 

Algunos nutrientes abundantes en la carne roja, el huevo y ciertas bebidas energéticas (colina y carnitina) son convertidos por las bacterias en una sustancia llamada trimetilamina (TMA), que el hígado transforma en óxido de trimetilamina (TMAO). El TMAO favorece que el colesterol se acumule en las paredes de las arterias y promueve la inflamación de los vasos. En más de 4 000 personas, quienes tenían el TMAO más alto, tuvieron más infartos, eventos vasculares cerebrales y muertes en un análisis de tres años.


No es para asustarse, también existen buenas nuevas, y la buena noticia es que la microbiota cambia con lo que comes, y esto lo hace relativamente rápido. Tú, come fibra todos los días. Lo recomienda Noemi: come verduras, frutas, granos enteros y leguminosas son el alimento favorito de las bacterias benéficas. La dieta mediterránea es un buen modelo. Reduce los “ultraprocesados”, el azúcar y el exceso de grasa: además, algunos aditivos industriales, como los emulsionantes, que pueden dañar la barrera intestinal y recuera, usar antibióticos solamente cuando los indique un médico: recuerda que ellos alteran la microbiota.

 

Noemi finaliza sus consejos proponiéndote: “muévete, duerme y cuida el estrés y el alcohol ya que ambos afectan la pared intestinal. Probióticos y prebióticos: bacterias como Lactobacillus y Bifidobacterium, y fibras como la inulina, han mostrado beneficios en algunos estudios, aunque no son una solución mágica. Entre tanto, en la clínica se exploran opciones más avanzadas, como el trasplante de microbiota fecal, la cirugía bariátrica (que también modifica las bacterias) y fármacos experimentales que bloquean la producción de TMAO (óxido de trimetilamina.

 

En este blog (lapesteloca) ya hemos conversado sobre estas cosas desde el 31 de julio del 2021, el 5 de octubre y el 23 de noviembre del 2024; si retrocedes y le echas un ojo, veras hasta donde hemos llegado con los trasplantes de caca (lease elegantemente “de microbiota”).

 

Hoy en Maracaibo, el domingo 4 de octubre d

sábado, 3 de octubre de 2026

Érase una vez en América


Érase una vez en América (Once Upon a Time in America) es una famosa película de coproducción italo-estadounidense de 1984, dirigida por el famoso director Sergio Leone (https://tinyurl.com/bdhk4f52) con música de Ennio Morricone  y protagonizada por Robert De Niro y James Woods. Es una película no lineal que transcurre en 1920, 1932/33 y 1968.

Fue la última película dirigida por Sergio Leone, y es la tercera parte de la trilogía conocida como Once upon a time Trilogy, precedida por las películas C'era una volta il West (1968) y Giù la testa (1971). Esta película cierra la también llamada "trilogía de América". Por su duración, se llegó a presentar en las pantallas de cine en dos partes, y la obra grabada se encuentra también en dos partes, aunque en el rodaje no hay intención de intermedio. Fue galardonada con el premio BAFTA 1984: a la mejor banda sonora (Ennio Morricone), y al mejor vestuario (Gabriella Pescucci).

Sergio Leone volvió al cine, casi por obligación, con Giù la testa, basada en la Revolución mexicana. Por último, dirigió la que muchos consideran su obra maestra, Érase una vez en América, un "western moderno" que trata sobre la vida de cuatro gánsteres judíos en la Nueva York de las décadas de 1920 y 30. En Europa tuvo gran éxito a pesar de las cuatro horas de duración, pero en EUA. se ofreció una versión recortada a casi dos horas, además de alterar su montaje. Sergio Leone falleció en 1989, cuando estaba preparando la película Leningrado,

La película comienza cuando Noodles tiene que abandonar Nueva York y se cuenta desde entonces con escenas retrospectivas cronológicas desde 1920.

1920 En el gueto judío del Lower East Side de Manhattan (Nueva York) David Aaronson "Noodles", un joven judío de clase baja, conoce a Maximilian Bercovicz "Max", otro joven de origen hebreo dispuesto a llegar lejos por cualquier método. Ellos entablan una gran amistad y forman, con otros amigos del barrio, Patrick Goldberg "Patsy", Philip Stein "Cockeye" y Dominic, una banda que prospera rápidamente con ayuda de otro amigo, Moe "Fat" Gelly, de cuya ambiciosa hermana Deborah, Noodles está enamorado y viceversa. Desgraciadamente, son perseguidos por Bugsy, el tipo para el que Noodles y sus amigos trabajaban anteriormente, y en uno de sus asaltos mata a Dominic. Por ello Noodles luego lo apuñala hasta matarlo y hiere a un agente de policía que intentaba separarlos; por lo que pasará 12 años en prisión.

1932-1933 Cuando Noodles sale de prisión, lo recibe Max, que sigue con su banda junto a los otros dos amigos, Patsy y Cockeye, y que ha prosperado aún más durante su ausencia. Los cuatro juntos, finalmente, consiguen convertirse, en tiempos de la Prohibición, en una de las más exitosas bandas de gánsteres del país. En su época dorada, Noodles quiere casarse con Deborah, pero ella lo rechaza por sus ambiciones artísticas y sociales, lo que lleva a la ruptura entre ambos.

Entretanto, a través de su éxito en el mundo criminal, la banda es contratada por políticos para ayudar al sindicato de la Hermandad internacional de camioneros en su lucha contra la patronal durante una huelga, ya que contrata a gánsteres para romperla. Tienen éxito en sus acciones y les ofrecen por ello un puesto permanente entre ellos, lo que significaría una subida social y económica, la posibilidad de contrarrestar con creces las pérdidas que ocasionaría el venidero fin de la Prohibición y la posibilidad de tener contactos en el mundo político y sindical. Todos, excepto Max, lo rechazan por desconfianza hacia los políticos.

Finalmente, pocos días antes de el fin de la Prohibición, todos excepto Noodles, que no estaba allí, son masacrados misteriosamente en una redada de la policía de Nueva York. Adicionalmente el dinero de la banda (US$1 millón) desaparece. Noodles, atormentado por lo ocurrido, tiene que despedirse de Fat y abandonar inmediatamente Nueva York para protegerse de asesinos, que, de repente, lo persiguen por ello.

1968    35 años después, Noodles, viviendo parcialmente fuera de la realidad y bajo una identidad falsa para protegerse, encuentra finalmente una pista sobre lo ocurrido a través de una extraña carta dirigida hacia él, donde se le informa que los restos de sus amigos se trasladaron a un lugar de lujo. Por ello, decide volver a Nueva York para resolver el misterio y enfrentarse a su pasado una última vez. Fat le ayuda al respecto, cuando se entera de todo. Descubre que el hombre que lo hizo es el Secretario de Comercio Christopher Bailey, un hombre importante en la política que se ha convertido en el protagonista de un escándalo sindical y político por ser el principal sospechoso de un sistemático fraude. También encuentra el equivalente del dinero de la banda y una invitación a su mansión. Finalmente, Noodles averigua que Deborah lo conoce. La encuentra y la obliga a confesar que Bailey en realidad es Max, quien ha sido su amante y ayudante de su exitosa carrera. La maldice por ello y se va, y ella ya no puede verse a sí misma.-   Noodles decide aceptar la invitación y va a la mansión para enfrentarse a Max. Él le cuenta que orquestó la matanza y destruyó su vida a través de contactos propios en el mundo criminal. También controlaban a los policías que cometieron la masacre y, para hacerlo posible, disparó contra ellos para que ocurriese una matanza con apariencia legal y así poder fingir su muerte con su ayuda, culpar a él de ello por su ausencia, robar luego el dinero de la banda y entrar con él en el mundo sindical y político con el nombre de Bailey sin trabas. Así pudo medrar allí con éxito y quitarle también su chica hasta que, en su codicia, lo cogieron. Enfrentándose a la ruina y a ser asesinado por parte de sus cómplices en ese fraude, así como en todo lo demás que hizo para que no hable, él averiguó el paradero de Noodles y lo invitó a su mansión para que lo mate y así, por lo menos, preservar a pesar de todo parte de su dignidad. Noodles se niega a matarlo y se va de la mansión. Luego él ve desde afuera cómo Max se suicida. Su muerte lo redime de su dolor, que lo persiguió desde la masacre, pudiendo así acabar con su vida pasada y continuar la del presente en mejores condiciones.

Reparto: 1-Robert De Niro, Scott Tiler ... David "Noodles" Aaronson  2-James Woods, Rusty Jacobs ... Maximilian "Max" Bercowicz (1905-1933)  3-Elizabeth McGovern, Jennifer Connelly ... Deborah Gelly  4-James Hayden, Brian Bloom ... Patrick "Patsy" Goldberg (1907-1933)  5-William Forsythe, Adrian Curran ... Philip "Cockeye" Stein (1907-1933)  6-Tuesday Weld ... Carol  7-Larry Rapp, Mike Monetti ... Moe "Fat" Gelly  8-Joe Pesci ... Frankie Minaldi  9-Treat Williams ... James Conway O'Donnell  10-Richard Foronjy ... Oficial "Fartface" Whitey  11-James Russo ... Bugsy  12-Burt Young ... Joe Minaldi  13- Danny Aiello ... Vincent Aiello- 14- Darlanne Fluegel ... Eve.

He aqui a Ennio Morricone:

El guion de la película está basado en la novela The Hoods, del escritor Harry Grey. Se editó en España con el nombre "¡Gangsters!" en 1953. El complicado guion fue escrito por el propio Leone junto a cinco colaboradores distintos, con saltos en el tiempo hacia atrás y hacia adelante. Para mejorarlo, Leone también se acercó a Harry Grey en 1968 para hacerle preguntas respecto a su novela semibiográfica, en la que participó en algunas de las actividades de Noodles y su banda, el cual aceptó a hablar con él, porque era un admirador de los spaguetti western de Leone. Ese encuentro, donde Grey le contestó sus preguntas, inspiró a Leone a contar el guion de la película de forma retrospectiva, como lo hizo más tarde. Finalmente, el guion se terminó en octubre de 1981 y tuvo 317 páginas.

Para este blog (lapesteloca) con el argumento absolutamente copiado de Wikipedia, valga este articulo para celebrar con esta obra maestra de la cinematografía a dos personajes inolvidables del cine y de la música Sergio Leone y Ennio Morricone.

En Maracaibo el sábado 3 de octubre del año 2026