lunes, 24 de agosto de 2026

El Instituto George Eliava


El Instituto George Eliava de Tiflis (Georgia), fundado en 1923, es el centro mundial más famoso de investigación y aplicación de la terapia con bacteriófagos (virus que destruyen bacterias específicas), utilizado como alternativa eficaz frente a las infecciones resistentes a los antibióticos.

 

Creado por el científico georgiano Giorgi Eliava (Ver) junto al franco-canadiense Félix d'Hérelle, con la idea de investigar y hacer diagnóstico, y producción de preparados de fagos para tratar enfermedades infecciosas humanas, veterinarias y agrícolas. Actualmente funciona como un referente internacional clave ante la creciente crisis global de resistencia bacteriana a los medicamentos tradicionales.


El instituto se inauguró en Tiflis , Georgia, en 1923 y era un laboratorio de bacteriología . Su fundador, el profesor George Eliava , no tuvo conocimiento de los bacteriófagos hasta 1919-1921. En esos años conoció a Felix d'Herelle durante una visita al Instituto Pasteur de París Allí, Eliava se mostró entusiasmado con el potencial de los fagos para curar enfermedades bacterianas e invitó a d'Herelle a visitar su laboratorio en Georgia. 

 

Félix d'Hérelle, (Ver)  había nacido en 1873 en Montreal, Quebec, Canadá; fallecería en febrero de 1949. Fue un microbiólogo franco-canadiense conocido como el descubridor de los bacteriófagos, que son virus que infectan bacterias. Tras estudiar medicina en París y Leiden, Hérelle se trasladó a Ciudad de Guatemala para dirigir el laboratorio de bacteriología del hospital municipal e impartir clases de microbiología en la facultad de medicina local. En 1909, el gobierno mexicano lo envió al Instituto Pasteur de París para estudiar microbiología. Allí, experimentó con una bacteria conocida por causar enteritis (inflamación del tracto digestivo) en ciertos insectos. Durante su trabajo, Hérelle observó ocasionalmente zonas sin bacterias en cultivos de gelatina de la bacteria en estudio. Posteriormente, investigó una forma de disentería que afectaba a un escuadrón de caballería francés durante la Primera Guerra Mundial y, por casualidad, mezcló un filtrado de estas zonas sin bacterias con un cultivo de bacterias causantes de la disentería. Las bacterias fueron destruidas rápida y completamente por un agente desconocido presente en el filtrado, al que Hérelle denominó «microbio invisible»; más tarde lo rebautizó como bacteriófago.

D'Herelle visitó Tiflis dos veces entre 1933 y 1934, y aceptó trabajar con el profesor Eliava. Se ha sugerido que D'Herelle se sintió atraído por la ideología comunista. En 1934, Iósif Stalin lo invitó al instituto de Tiflis; aceptó y trabajó allí durante unos 18 meses. D'Herelle dedicó uno de sus libros a Stalin, « El bacteriófago y el fenómeno de la curación» , escrito y publicado en Tiflis en 1935. Sin embargo, la colaboración entre los dos científicos no llegó a concretarse. Casi al mismo tiempo que d'Herelle se iba a instalar allí, en 1937 George Eliava fue ejecutado y declarado enemigo del pueblo .  

 

D'Herelle regresó a Francia. Los soviéticos nunca le permitieron volver a Georgia. Su libro también fue prohibido.  A pesar de este desarrollo, el instituto no cambió su especialización práctica y continuó su actividad en el campo de la investigación de bacteriófagos. En 1938, el Instituto de Investigación de Bacteriófagos y el Instituto de Microbiología y Epidemiología (fundados por separado en 1936) se fusionaron, y se formó el Instituto de Microbiología, Epidemiología y Bacteriófagos. Existió hasta 1951 y fue autorizado por el Comisariado Popular de Salud de Georgia. Después de 1951, pasó a estar bajo los auspicios del Ministerio de Salud de toda la Unión y fue renombrado como Instituto de Vacunas y Sueros. 

 

Desde su creación, el instituto estuvo compuesto por departamentos industriales y científicos (de investigación). En 1988, el instituto se reorganizó nuevamente y se convirtió en la Unión Científica Industrial "Bacteriophage" (SIU "Bacteriophage"). Por esa época, su sección científica pasó a llamarse Instituto de Investigación George Eliava de Bacteriófagos. Siguiendo las intenciones originales de D'Herelle y Eliava, el Instituto de Bacteriófagos mantuvo su liderazgo entre otros institutos de perfil similar a lo largo de los años. Teimuraz Chanishvili dirigió la parte científica del instituto durante más de 30 años, hasta su fallecimiento en agosto de 2007.

 

El instituto de Tiflis se convirtió en un centro soviético tras el Telón de Acero, o la cortina de Hierro, encargado del desarrollo y la producción de fármacos bacteriófagos. Pacientes con enfermedades infecciosas graves acudían de toda la Unión Soviética para recibir tratamiento allí. Los bacteriófagos se convirtieron en parte habitual del tratamiento en clínicas y hospitales. Se vendían y aún se venden en farmacias de toda Europa del Este a precios bajos ungüentos para la piel, pastillas, gotas y enjuagues que contenían fagos.

 

Tras la negativa de la República de Georgia a unirse a la Federación Rusa y el estallido de la Guerra Civil Georgiana en 1991, las instalaciones de Tiflis quedaron prácticamente destruidas. El Instituto Eliava sufrió daños en sus instalaciones y décadas de investigación sobre bacteriófagos estuvieron a punto de perderse. Miles de muestras de bacteriófagos identificadas a lo largo de los años y catalogadas en enormes "bibliotecas" refrigeradas sufrieron daños irreversibles debido a los frecuentes cortes de electricidad. Al parecer, los rusos trasladaron parte del equipo a su territorio y construyeron plantas para la producción de bacteriófagos en otros lugares. Evidentemente, reconocieron la importancia de la investigación y también la de la terapia con bacteriófagos. La situación en el Instituto Eliava siguió deteriorándose hasta estar al borde del cierre.

 

Sin embargo, en 1997, la BBC emitió un reportaje sobre el instituto  que desató un gran interés mediático en Occidente . Los titulares atrajeron a médicos y científicos a Tiflis y, sobre todo, a emprendedores dinámicos de todo el mundo, decididos a salvar el instituto y sus recursos, y a explorar a fondo el potencial de esta "nueva" y altamente eficaz terapia. Los científicos georgianos cuyos nombres estaban vinculados de alguna manera al instituto vieron una gran oportunidad, y algunos emigraron a Occidente para participar en proyectos conjuntos. Algunos de los proyectos del instituto con el resto del mundo pueden consultarse en la página web de la Academia de Ciencias de Georgia, la entidad que ahora incluye al Instituto Eliava.  Mzia Kutateladze es la actual directora del Instituto Eliava.

 

El Instituto incluye los siguientes laboratorios: Laboratorio de Fisiología de Microorganismos, Laboratorio de Bioquímica, Laboratorio de Morfología de Bacteriófagos, Laboratorio de Inmunología (que incluye el grupo de Virología ), Laboratorio de Estandarización y Depósito de Bacteriófagos (que incluye el grupo de Brucella y Bacteriófagos Anaeróbicos), Laboratorio de Biotecnología e Ingeniería Genética (que incluye el grupo de Selección y Taxonomía de Bacteriófagos), Laboratorio de Ecología Microbiana y Laboratorio de Genética de Microorganismos y Bacteriófagos.

 

Maracaibo, el lunes 24 de agosto del año 2026

domingo, 23 de agosto de 2026

El narval


“Un estudio descifra la alargada espiral que emerge del cráneo de estos unicornios marinos, formada por dos capas dentales que crecen en sentidos opuestos y le confieren gran resistencia”. Así lo anunciaba recientemente Ana Lozano del Campo, el18 de agosto de este año 2026, en un reportaje en el diario El País, de España, sobre el colmillo de- el narval-  “un “cuerno mitológico” que se adelantó miles de años a la ingeniería de materiales”.

Cuando en 1593 Cornelius de Jode publicó en Amberes su famoso atlas Speculum orbis terrarumdibujó sobre los mares cercanos al polo Norte un extraño animal: un caballo con cola de pez y un largo cuerno en la frente. Unas décadas antes, una imagen muy parecida había aparecido en un mapa de Escandinavia publicado por el sueco Olaus Magnus, quien describía el extraño ser como "un monstruo marino con un gran cuerno en la frente, con el que embiste los navíos que le salen al paso y los hunde. La bondad divina ha querido que sea una bestia tarda y muy lenta, de suerte que los marinos al verla pueden escapar fácilmente".

En el imaginario medieval existía una criatura con características similares a este monstruo: el unicornio. Compuesto por cuerpo de caballo, cabeza de cabra, cola de león, patas de toro y un largo cuerno que sobresalía de su frente.  Se creía que era una bestia feroz que vivía en la India. Prueba irrebatible de su existencia eran los cuernos de unicornio que empezaron a circular por Europa desde el siglo XII aproximadamente. Se vendían a precios elevadísimos y eran muy valorados por sus propiedades mágicas, en particular la de curar cualquier enfermedad y neutralizar el veneno vertido en las bebidas...

Siempre se había considerado al unicornio como un animal terrestre, pero… ¿Podía acaso haber unicornios marinos? En el siglo XVI, algunos empezaron a fijarse en el hecho de que los supuestos cuernos de unicornio se hallaban más fácilmente en los países de “la Europa atlántica”. Por su parte, los navegantes aseguraban haber visto animales marinos semejantes en aguas de América del Norte. Esto tal vez explicaría la referencia de Olaus Magnus al monstruo marino que él llamaba monoceros, esto es, "unicornio".

El navegante inglés Martin Frobisher pensó lo mismo cuando, -en el viaje que en 1577 hizo por aguas de América del Norte, entre Groenlandia y Canadá-, encontró "un pez muerto, que llevaba sobre su nariz un cuerno recto y enroscado, de 1,80 metros de longitud [...]. Dedujimos que se trataba de un unicornio de mar". Frobisher se trajo consigo el cuerno y lo regaló a la reina Isabel de Inglaterra, quien, encantada, lo hizo adornar con joyas.

El aumento de expediciones al Ártico hizo que se sucedieran los hallazgos en los años siguientes, lo que indujo a los estudiosos a analizar a fondo el asunto de los peces con cuerno. El médico danés Ole Worm fue el primero en afirmar, en una obra publicada en 1638, que los cuernos como los que había traído Frobisher no pertenecían al fantástico unicornio de mar, sino a un animal marino real: el narval. En 1676, el médico alemán Paul Ludwig Sachs dedicó al tema un extenso tratado, titulado “Monocerologia”, o, "La ciencia del unicornio".

En efecto, el narval, es una ballena emparentada con la beluga, que ha resultado ser la inspiración del imaginario unicornio marino. Cuando son adultos, los narvales pueden llegar a medir hasta cinco metros de longitud y viven mayoritariamente en las frías aguas árticas de Canadá, Groenlandia y Rusia. De estas zonas procedían los supuestos cuernos de unicornio que circulaban por la Europa medieval. Los inuit cazaban los narvales y los daneses se encargaban de comercializar los cuernos.

El impresionante apéndice que sale de la nariz del narval ha constituido durante largo tiempo un enigma para los científicos. En la actualidad, sabemos que el "cuerno" es en realidad un colmillo que ha ido creciendo exageradamente y que sólo está presente en los machos adultos. Para los narvales es un elemento imprescindible que garantiza su supervivencia en el Ártico, no como defensa sino por sus funciones sensoriales: con más de diez millones de conexiones nerviosas, el colmillo del narval puede detectar cambios en la temperatura, la salinidad y las partículas del agua.

Aun después de desligarse del unicornio mitológico, el colmillo de narval siguió siendo un objeto de deseo: el rey Federico III de Dinamarca (1648-1670) mandó construir un nuevo trono para su corte ornamentado con cincuenta pequeñas columnas hechas con trozos de colmillo de narval, como hoy puede aún verse en el castillo de Rosenborg, en Copenhague. El polvo de colmillo de narval siguió estando presente en las farmacopeas europeas hasta entrado el siglo XVIII como remedio infalible para curar dolencias y depresiones. Y hasta el nombre científico de la especie del narval, Monodon monoceros ("un diente, un cuerno"), remite al mítico unicornio que fascinó los hombres del Renacimiento.

En Maracaibo, el domingo 23 de agosto del 2026

sábado, 22 de agosto de 2026

Samuel Shepard

 

Samuel III, o Samuel “Sam” Shepard (1943- 2017)  fue un dramaturgo, guionista y actor  estadounidense, ganador del Premio Pulitzer en 1979 por su drama "Buried Child". Su padre, Samuel Shepard Rogers Jr. (1917-1984), fue oficial de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, cuando Sam nació, durante la II Guerra Mundial, estaba destacado en Italia como piloto de bombardero y posteriormente se dedicó a la enseñanza del español; Sam Shepard lo describiría como "un bebedor, un alcohólico dedicado". Su madre, Jane Elaine Schook (1917-1994), había nacido en Chicago y fue profesora.


La juventud de “Sam” estuvo marcada por la caída de su padre en el alcoholismo y el consiguiente deterioro familiar. Durante su paso por el High School empezó a escribir poesía y a actuar, a la vez que trabajaba como mozo de cuadra en un rancho de caballos. En esa misma época leyó la obra de Samuel Beckett Esperando a Godot, que le causó una gran impresión. "Buried Child". Es una producción teatral en directo de la obra de Sam Shepard sobre un nieto que lleva a su novia a casa para que conozca a su familia y descubre la naturaleza destructiva de los oscuros secretos familiares.

Buried Child, la obra de teatro escrita por Sam Shepard, se estrenó en 1978 y ganó el Premio Pulitzer de Drama en 1979 catapultando a Shepard a la fama nacional como dramaturgo. La obra retrata la fragmentación de la familia nuclear estadounidense en un contexto de decepción y desilusión de la mitología estadounidense y el sueño americano, la desaceleración económica rural de la década de 1970 y el colapso de las estructuras y los valores familiares tradicionales. En 1979, Shepard también ganó el Premio Obie de Dramaturgia. Shepard ganó los premios Obie (otorgados por el periódico Village Voice ) por sus obras Chicago, La madre de Ícaro y Cruz Roja . La producción de Broadway fue nominada a cinco Premios Tony en 1996 , incluyendo Mejor Obra .

Con 19 años se instaló en Nueva York, donde empezó a utilizar el nombre de Sam Shepard. Su debut como autor se produjo el 16 de octubre de 1964, con el estreno conjunto de Cowboys y Rock Garden en el Genesis Theatre. El estreno recibió buenas críticas. En 1966 recibió una beca de la Universidad de Minnesota y ese mismo año ganó tres premios Obie, por sus obras ChicagoIcarus's Mother y Red Cross. Estos premios impulsaron su carrera. Tras recibir una beca de la Fundación Rockefeller y una beca Guggenheim, se convirtió en escritor a tiempo completo. El 9 de noviembre de 1969 se casó con la actriz O-Lan Jones, de la que se divorció en 1984 y con la que tuvo a su primer hijo, Jesse Mojo Shepard. En 1971 tuvo una relación con la estrella de rock y poetisa Patti Smith y juntos escribieron la obra Cowboy Mouth. En 1971 se trasladó con su familia a Inglaterra, donde residió hasta 1974.

Shepard vivió en Inglaterra de 1971 a 1974, y varias obras de este período, en particular El diente del crimen (producida en 1972) y Geografía de un soñador de caballos (producida en 1974)—se estrenó en Londres . A finales de 1974 se convirtió en dramaturgo residente en elEl Magic Theatre de San Francisco , donde se estrenaron la mayoría de sus obras durante la década siguiente. Las obras de Shepard de mediados de la década de 1970 mostraron una intensificación de técnicas y temas anteriores. Por ejemplo, en Killer's Head (producida en 1975), el monólogo divagante, un recurso habitual de Shepard, mezclar el horror y la banalidad en los últimos pensamientos de un asesino antes de ser electrocutado; Ángel City (producida en 1976) retrata la maquinaria destructiva de la industria del entretenimiento de Hollywood ; y Suicide in B-flat (producida en 1976) explota el potencial de la música como expresión del carácter.

Cuando cumplió 30 años, ya había escrito 30 obras estrenadas. Al regresar a los Estados Unidos se instaló en San Francisco y trabajó como autor residente (inglés: playwright-in-residence) del Magic Theatre de dicha ciudad durante diez años. Fue durante esa época en San Francisco cuando escribió las obras que consolidaron su prestigio: Curse of the Starving Class (1976), Buried Child (1979), una historia de incesto y asesinato con la que ganó un Premio Pulitzer; y El auténtico Oeste (1980).

En 1978 empezó su carrera como actor de cine y ese mismo año inició su colaboración con Joseph Chaikin, que tendría como fruto varias obras teatrales. En 1982 conoció a la actriz Jessica Lange durante el rodaje de la película Frances, en el que ambos participaban, aunque nunca se casaron. Tuvieron dos hijos, Hannah Jane Shepard y Samuel Walker Shepard, con los que convivieron en un rancho en las afueras de StillwaterMinnesota. En la década de 1980 continuó su carrera teatral obteniendo numerosos premios. Su carrera cinematográfica como actor y guionista comenzó a despegar. Su película más popular y aclamada, París, Texas, ganó la Palma de Oro del Festival Internacional de Cine de Cannes de 1984. El guion era un encargo del director Wim Wenders y estaba inspirado en el libro de Shepard Crónicas de motel. En la década de 1990 siguió escribiendo teatro, pero a un ritmo más lento que en las décadas precedentes. Mientras su carrera como actor de cine seguía floreciendo.Como actor ha aparecido en películas como Elegidos para la gloriaMagnolias de aceroEl informe PelícanoBlack Hawk Down y Don't come knocking.

Entre las películas de Shepard se encuentran El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford (2007) y Blackthorn (2011), en las que interpretó a los forajidos estadounidenses Frank James y Butch Cassidy , respectivamente. Interpretó al tío curtido de un par de hermanos en la ruina (interpretados por Casey Affleck y Christian Bale ) en el violento drama de pueblo pequeño Out of the Furnace (2013) y a un padre cuyo suicidio precipita una crisis familiar en August: Osage County (2013), una adaptación de la obra de teatro de Tracy Letts . Shepard fue elogiado por su sombría interpretación de un hombre cuyo hijo muere durante un robo en el thriller de humor negro Cold in July (2014). En 2016 apareció en el drama In Dubious Battle , que fue basado en una novela de John Steinbeck sobre trabajadores agrícolas en huelga. También «Sam» Shepard Rogers, brilló en el cine como actor y fue nominado al Óscar por la película Elegidos para la gloria.  Shepard volvió a actuar a finales de la década de 1970, ganando elogios de la crítica por sus interpretaciones en películas como Días del cielo(1978), Resurrección (1980); Elegidos para la gloria (1983), por la que recibió una nominación al Premio de la Academia ; y Fool for Love (1985), escrita por Shepard y basada en su obra de teatro homónima de 1983. En 1982 fue elegido para participar en Frances, y durante el rodaje inició una relación con Jessica Lange que duró hasta 2009. También apareció en adaptaciones cinematográficas de novelas de otros autores, como The Pelican Brief (1993), Snow Falling on Cedars (1999), All the Pretty Horses (2000) y The Notebook (2004).

Entre las demás obras de Shepard se incluyen La Turista (1967), The Unseen Hand (1969),  Operation Sidewinder (1970), Seduced (1978), A Lie of the Mind (1985),Simpatico (1994 en película 1999), The God of Hell (2004), Ages of the Moon (2009) y  Heartless (2012) y A Particle of Dread (estrenada en 2014). Además, publicó varias colecciones de relatos, como Day out of Days (2010). En 1986, Shepard fue elegido miembro de la Academia Estadounidense de las Artes y las Letras. Mientras luchaba contra la esclerosis lateral amiotrófica , Shepard escribió su última obra, la novela. Espía en primera persona, donde se centra en las reflexiones de un hombre moribundo. El libro se publicó en diciembre de 2017, unos cinco meses después de la muerte de Shepard quien fallecería el 27 de julio de 2017 en Midway, Kentucky.

Maracaibo, el sabado 22 de agosto del año 2026.

viernes, 21 de agosto de 2026

Comiendo insectos


Comíamos insectos, sí, y claro está, que lo hacemos, pero muchos menos que los neandertales. Mientras nuestros 'primos evolutivos' devoraban moscas y mosquitos de forma habitual, un hallazgo con sello español revela que nuestros ancestros directos en Europa solo los ingerían por puro accidente

 

Hace alrededor de 45.000 años, cuando los humanos modernos (Homo sapiens, nosotros) pisamos por primera vez Europa, la cosa no estaba como para desaprovechar ninguna fuente de proteínas. De modo que junto a las bayas, las raíces, las frutas y la caza, a nuestra dieta se sumaban también los insectos. ¿O quizá no? Un nuevo estudio español, recién publicado en 'Science Advances' y llevado a cabo por un equipo de científicos del Instituto de Biología Evolutiva (centro mixto del CSIC) y la Universidad Pompeu Fabra (UPF), acaba de descubrir que nuestros antepasados directos consumían insectos, sí, aunque casi nunca de forma consciente y deliberada. Más bien se los tragaban por accidente, bichos ocultos en las hojas de las que se alimentaban, o ahogados en el agua que bebían.

 

Desde luego, resulta irónico que nosotros, herederos de aquellos humanos que al final acabaron perdiendo la capacidad genética para digerir un simple grillo, vayamos a volver a hacerlo muy pronto. Con la superpoblación y la crisis climática apretando las tuercas, instituciones como la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ya nos avisan de que las granjas de insectos serán en un futuro inmediato el pan nuestro de cada día. No en vano, hasta ahora 1.611 especies de insectos ya han sido catalogadas como comestibles.

Los chapulines son saltamontes comestibles con arraigo prehispánico en México, muy populares en estados como Oaxaca, Puebla y la Gobierno de México. Destacan por su alto contenido de proteína (hasta 60-70%), minerales y bajo impacto ambiental, consumiéndose tostados con limón, ajo y chile como botana o en tacos

El chapulín que más se come es el chapulín de la milpa o Sphenarium purpurascens. Es un pequeño saltamontes originario de México, muy popular en estados como Oaxaca, Puebla, Tlaxcala y la Ciudad de México. Comer chapulines es muy sano y nutritivo. 100 gramos de estos insectos aportan entre 60 y 70 gramos de proteína de alta calidad, vitaminas del complejo B, minerales como calcio, zinc y magnesio, además de ácidos grasos buenos y fibra en su caparazón que ayuda a la digestión.  Los beneficios principales de ingerir chapulines es que son ricos en proteínas. Mucha proteína, ¡Pos si! Superan por mucho el porcentaje proteico de la carne de res o de pollo. Bajos en grasa: Contienen pocas grasas y son insaturadas, es decir, saludables para el corazón. En cuanto a la salud digestiva: su exoesqueleto aporta fibra que beneficia la flora intestinal: El cuerpo los absorbe y digiere con mucha facilidad. Al comer chapulines, hay cosas que debes cuidar:1- Exceso de sal: Muchas veces se preparan tostados con sal, chile y limón en grandes cantidades, lo que eleva el sodio. 2- El origen y limpieza: Debes comprarlos en lugares limpios y confiables para evitar residuos de tierra, químicos o contaminantes del campo.  ¿Alergias? Si eres alérgico a los mariscos (como los camarones), podrías tener una reacción parecida porque comparten compuestos similares en su caparazón.

Como exploradores que estuvieses lanzados en busca del ADN de insectos, y dirigidos por el investigador Pablo Librado, y con Manuel Piñero como primer autor del estudio, los científicos se lanzaron a una misión que hace apenas una década habría sido imposible: rastrear el ADN de los insectos consumidos hace miles de años. ¿Y dónde buscaron semejante tesoro? En el sarro dental de nuestros lejanos antepasados. Para Librado y sus colegas, de hecho, examinar ese sarro prehistórico fue como tener acceso a una 'cápsula del tiempo' microscópica, porque a medida que esta placa se acumula y se calcifica (formando el cálculo dental), atrapa y preserva para la posteridad minúsculos fragmentos genéticos de todo lo que pasó por la boca de aquel individuo: bacterias, microscópicos restos de plantas, trazas de animales y, por supuesto, bichos.

La investigación demuestra que la repulsión occidental a comer bichos está escrita en nuestros genes. Así, y a través de complejas técnicas de metagenómica (que equivalen a reconstruir trillones de letras de un código de barras biológico destrozado por el tiempo) los investigadores lograron 'sentarse a la mesa' del Pleistoceno. El equipo analizó ni más ni menos que 745 muestras de sarro de individuos Homo sapiens de hasta 33.000 años de antigüedad repartidos por toda Europa y Asia central y oriental, y cruzó después esos datos con los de 18 neandertales y 96 grandes simios actuales. Los resultados no dejaron lugar a dudas. La placa de nuestros antepasados sapiens de Eurasia apenas tenía trazas de ADN de insectos. Y las pocas especies identificadas indicaban, sin duda, una ingesta inintencionada.

Al examinar la dentadura de los neandertales, sin embargo, la película cambió radicalmente. Nuestros fornidos 'primos' evolutivos, que dominaron Europa durante cientos de miles de años hasta su abrupta desaparición hace 40.000 años, poco después de nuestra llegada, sí que consumían insectos de forma habitual e intencionada. Su ingesta, de hecho, era tan abundante que resulta comparable a la de los chimpancés occidentales en la sabana africana actual. Curiosamente, los neandertales sentían una especial predilección por los dípteros, el gigantesco grupo al que pertenecen las moscas y los mosquitos. Resulta irónico que nosotros, herederos de los humanos que acabaron perdiendo la capacidad genética para digerir un simple grillo, vayamos a volver a comerlos muy pronto.

 

Estos datos encajan como un guante con otras investigaciones pioneras, también lideradas por españoles. un buen ejemplo es el estudio publicado en 'Nature' en 2017, en el que investigadores del CSIC, entre ellos Carles Lalueza-Fox y Antonio Rosasanalizaron el sarro de los neandertales de la cueva asturiana de El Sidrón y demostraron que estos homínidos no eran en absoluto los brutos supercarnívoros que pintaban los manuales. Incluso descubrieron que un individuo enfermo, al que le dolía una muela, se automedicaba masticando corteza de álamo (que contiene el principio activo de la aspirina) y hongos productores de penicilina, adelantándose a Alexander Fleming en casi 50.000 años. Ahora, el equipo del IBE añade un manjar inédito a ese menú: el consumo de mosquitos, cuyas larvas se recolectaban probablemente de los cadáveres de animales abandonados en áreas pantanosas.¡Guácala!

 

¿Y por qué los neandertales comían bichos como los mexicanos contemporáneos y nuestros ancestros europeos no? La respuesta no está en la cultura, sino escrita en nuestros genes. Los insectos están recubiertos de quitina, un polisacárido durísimo que forma una especie de 'armadura' biológica en su exoesqueleto. Y para digerirla sin dañar el estómago, el ser humano necesita fabricar unas 'tijeras químicas' muy concretas: las enzimas quitinasa ácida y quitobiasa. A través de complejas técnicas de metagenómica, el equipo de científicos logró 'sentarse a la mesa' del Pleistoceno usando el sarro dental como una cápsula del tiempo microscópica

Los científicos descubrieron que las poblaciones sapiens prehistóricas (y modernas) de Eurasia no tenían las mutaciones necesarias para producir estas enzimas de forma eficiente. En cambio, los neandertales, y también el enigmático homínido siberiano de Denisova, sí contaban con un genoma capaz de asimilar ese alimento. Como señala el propio Pablo Librado: «La escasa presencia de insectos en la dieta del norte de Eurasia sugiere que la ausencia de entomofagia no responde únicamente a factores culturales, sino también a una larga historia ecológica y evolutiva». En el fondo, todo se resume en términos de eficiencia energética. Al trazar el mapa mundial del genoma humano, a medida que nos acercamos al trópico las poblaciones conservan intacta esta capacidad enzimática. Manuel Piñero lo explica con total claridad: «Es necesario ingerir grandes cantidades de insectos para compensar el elevado gasto calórico que implica su recolección. En el trópico hay una mayor disponibilidad de insectos sociales, como termitas y hormigas: su biomasa y diversidad permiten una explotación sostenible durante todo el año, que incluso contribuye al control de plagas».

A diferencia de los 'sapiens', la ingesta de moscas y mosquitos entre los neandertales era tan abundante que resulta comparable a la de los chimpancés de la sabana africana actual. En los fríos y duros parajes de la Europa paleolítica, cazar moscas una a una, no era un 'negocio'. De manera que esa repulsión instintiva que hoy sentimos en occidente ante la idea de llevarnos un insecto a la boca no es un simple remilgo cultural moderno. Es el eco lejano de un instinto forjado durante decenas de miles de años de adaptación al frío. El procesado industrial moderno nos permitirá hoy aprovechar su valor nutricional sin necesidad de lidiar con su dura digestión. Un capricho evolutivo que, nos guste o no, terminará por devolvernos a una dieta que nuestros más lejanos tatarabuelos descartaron en la noche de los tiempos.

En Maracaibo, el viernes 21 de agosto del año 2026

 

jueves, 20 de agosto de 2026

La Expansión del Universo


El universo se está expandiendo. El propio tejido del espacio se estira y hace que las galaxias se alejen unas de otras. Este crecimiento comenzó con el Big Bang hace unos 13.800 millones de años y hoy en día ocurre de forma más rápida debido a la energía oscura.

Las galaxias lejanas muestran un cambio en su luz hacia el color rojo, lo que prueba que se alejan de nosotros. Cuanto más lejos está una galaxia, más rápido se aleja de nuestra posición.  A finales del siglo XX, los científicos descubrieron que el universo no frena su crecimiento. Al contrario, la expansión va cada vez más rápido. La fuerza misteriosa que causa esta aceleración se llama la energía oscura… Es una fuerza misteriosa y transparente que constituye aproximadamente el 68% del universo. A diferencia de la gravedad, que atrae la materia, la energía oscura actúa como una fuerza repulsiva que estira el tejido del espacio y acelera la expansión del cosmos. El universo visible desde siete planetas, donde la tierra (estrellas, planetas y gas) solo representa el 5%; la materia oscura es el 27%; y la energía oscura el 68% restante.

 

Recientemente se detectó en 1998 al observar que las supernovas (estrellas moribundas) lejanas se movían más rápido de lo esperado, algo que es constante y que no se debilita a medida que el universo crece; mantiene siempre la misma densidad en el espacio. Existe una constante cosmológica, la cual es una propiedad intrínseca del propio espacio vacío; el espacio tiene su propia energía que lo empuja a expandirse.

 

La expansión del universo fue descubierta mediante trabajos teóricos y observacionales independientes en la década de 1920. Desde entonces, la expansión se ha convertido en un aspecto fundamental del campo astrofísico de la cosmología .Muchos proyectos científicos importantes han buscado caracterizar la expansión y comprender sus efectos.

La expansión del universo puede definirse como  el aumento de la distancia entre las partes del universo lo que es observable que no están ligadas gravitacionalmente con el tiempo. Esto es una expansión intrínseca, por lo que no significa que el universo se expanda hacia algo o que exista espacio fuera de él. Si bien los objetos no pueden moverse más rápido que la luz, pero esa limitación se aplica solo con respecto a los sistemas de referencia locales y no limita las tasas de recesión de los objetos cosmológicamente distantes.

La expansión cósmica es una característica clave de la cosmología del Big Bang. Los físicos han postulado la existencia de energía oscura, que aparece como una constante cosmológica en los modelos gravitacionales más simples, como una forma de explicar eta aceleración tardía que se predice que será dominante en el futuro. El concepto de la expansión del universo es difícil de explicar, lo que da lugar a varias ideas erróneas sobre su naturaleza, origen y efectos.

Entre 1912 y 1914Vesto Slipher descubrió que la luz de galaxias distantes se desplazaba hacia el rojo, un fenómeno que posteriormente se interpretó como el alejamiento de las galaxias de la Tierra. En 1922, el astrónomo ruso Alexander Friedmann (1888-1925)(Ver) utilizó las ecuaciones de campo de Einstein para aportar evidencia teórica de que el universo se está expandiendo. La demostración astronómica clave de la expansión del universo se conoce como la ley de Hubble o, a veces, como la ley de Hubble-Lemaître. El nombre y, por lo tanto, el honor del descubrimiento, han sido objeto de debate. En 1924, el astrónomo sueco Knut Lundmark encontró evidencia observacional de la expansión. Si bien sus resultados fueron razonablemente precisos incluso para los estándares actuales, se basaron en mediciones del diámetro de las galaxias y la distancia a la galaxia de Andrómeda, que no estaban comprobadas en ese momento. 

En 1927Georges Lemaître (1894-1966), sacerdote católico  derivó soluciones para las ecuaciones de la relatividad general de Einstein y las aplicó a los datos publicados por Slipher y Hubble para proponer una relación lineal entre la distancia a las galaxias y su velocidad de recesión. (Ver) La relación lineal fue establecida firmemente por Edwin Hubble (1898-1929) uno de los más importante astrónomos estadounidenses del siglo XX, es famoso principalmente por haber demostrado en 1929 la expansión del universo midiendo el corrimiento al rojo de galaxias distantes a partir de las teorías de Georges Lemaître. Hubble es considerado el padre de la cosmología observacional aunque su influencia en astronomía y astrofísica toca muchos otros campos. 

El propio Hubble no asoció la relación ahora llamada ley de Hubble con la expansión del universo y su estimación de la constante de proporcionalidad fue demasiado grande por un factor de 7, pero sus publicaciones despertaron interés en el trabajo teórico anterior e iniciaron esfuerzos cada vez más sofisticados para medir la constante. El astrónomo Walter Baade recalculó el tamaño del universo conocido en la década de 1940, duplicando el valor anterior. 

El 13 de enero de 1994, la NASA anunció formalmente la finalización de las reparaciones relacionadas con el espejo principal del Telescopio Espacial Hubble, lo que permitió obtener imágenes más nítidas y, en consecuencia, análisis más precisos de sus observaciones. Poco después de que se realizaran las reparaciones, el Proyecto Clave de Wendy Freedman de 1994 analizó la velocidad de recesión de M100 desde el núcleo del Cúmulo de Virgo, ofreciendo una medición de la constante de Hubble. Más tarde ese mismo año, Adam Riess et al. utilizaron un método empírico de formas de curvas de luz en banda visual para estimar con mayor precisión la luminosidad de las supernovas, lo cual minimizó aún más los errores de medición sistemáticos de la constante de Hubble. En 2003, el análisis de David Spergel del fondo cósmico de microondas durante las observaciones del primer año del satélite Wilkinson Microwave Anisotropy Probe (WMAP) coincidió aún más con las tasas de expansión estimadas para las galaxias locales.

Un universo en expansión suele tener una edad finita. La luz y otras partículas solo pueden propagarse una distancia finita. La distancia comóvil que dichas partículas pueden haber recorrido a lo largo de la vida del universo se conoce como horizonte de partículas, y la región del universo que se encuentra dentro de nuestro horizonte de partículas se conoce como universo observable.

Si la energía oscura, que se supone domina el universo actual, es una constante cosmológica, entonces el horizonte de sucesos cósmicos converge a un valor finito en el futuro infinito. Esto implica que la porción del universo que podremos observar es limitada. Existen muchos sistemas cuya luz jamás podrá alcanzarnos, debido a un horizonte de sucesos cósmicos inducido por la gravedad repulsiva de la energía oscura.

En Maracaibo, para este blog (lapesteloca), el jueves 20 de agosto del año 2026.