La «nueva ola» fue un fenómeno cultural que tuvo lugar en varios países de Hispanoamérica entre finales de los años
1950 y mediados a finales de los años 1960, y ligado a la expansión de nuevos estilos musicales orientados a los jóvenes
(como el pop,
el rock and roll y el twist) que “constituyeron los canales fundamentales para
la transformación del consumo, el ocio y las modas juveniles” de la época.
La Nueva Ola (New Wave), también
conocida por New Thing (en inglés), es también una corriente literaria dentro de la ciencia ficción surgida
durante los 60 y que duró hasta los 70. Nouvelle vague (traducido
literalmente del francés, “nueva
ola”) es la denominación que la crítica, especialmente de la revista Cahiers du Cinéma,
utilizó para designar a un nuevo grupo de cineastas franceses de
finales de la década de 1950. Surgido como un movimiento de reacción
contra las convenciones y estructuras presentes en el cine de masas de ese
momento, estos nuevos realizadores postularon como máxima aspiración la libertad de expresión y
la libertad técnica en la producción fílmica.
Cuando Cristóbal Colón descubrió
a América en el siglo XV encontraría toda una
civilización particular que había florecido en aquellas tierras, las cuales
para los europeos, eran desconocidas. “Los conquistadores” encontrarían, que
los naturales habían levantado grandes ciudades, en determinadas regiones con
magníficos templos en los que adoraban a sus propios dioses en sus
extrañas lenguas…
Se dice que nuestros
antepasados tienen la cuna de la humanidad en África… Entonces, ¿Cómo y cuándo
llegaron los primeros humanos a aquellas lejanas tierras separadas por un vasto
océano? Aquellas imponentes ciudades no crecieron de la noche a la mañana:
habían pasado milenios desde que estos homo-sapiens se habían establecido allí.
Se ha dicho que fueron grupos de
personas hace 15.000 años quienes cruzó a América desde Asia, por el estrecho
de Bering -que en ese momento estaba cerrado y conectaba los dos continentes en
lo que hoy están Siberia de un lado y Alaska del otro-. De ahí, se expandieron
de norte a sur, por todo el territorio, aquellos los 'americanos originales'
(todos los actuales moradores descienden de ellos salvo un reducto en el
Ártico). Relativamente poco tiempo después, hace 9.000 años, tuvo lugar una
segunda oleada migratoria que sustituyó, en parte, a la primera; “los
conquistadores”
Otros resultados,
con algunas sorpresas más, acaban de publicarse en la revista 'Nature'. Ahora, el ADN de 199 individuos indígenas
contemporáneos de 53 poblaciones (incluidas Argentina, Bolivia, Brasil,
Colombia, Ecuador, México, Paraguay y Perú) reescribe la historia y revela una tercera migración desconocida
ocurrida hace unos 1.500 años (mucho
antes de la llegada de Cristóbal Colón) que también influyó de manera
patente en los genes de los actuales nativos de Sudamérica.
El trabajo, de Nature fue liderado por el Instituto de Biología Evolutiva (IBE-CSIC) y la Universidad Pompeu Fabra (UPF), junto
con la Universidad de São Paulo, y es
el mayor estudio genómico realizado hasta la fecha sobre poblaciones nativas en
América. “Hasta ahora, solo se habían
caracterizado genéticamente dos poblaciones indígenas amazónicas, y debido a la
naturaleza particular de su entorno y su aislamiento, no eran muy
representativas”, explica Marcos Araújo Castro e Silva, investigador
postdoctoral del IBE y primer autor del artículo.
Esta información
genética, también ha sido completada con datos de ADN antiguo, es que,
efectivamente, la primera oleada ocurrió hace 15.000 años tras la
llegada inicial a Norteamérica. Sus huellas aparecen en algunos de los restos
humanos más antiguos del continente, desde Montana hasta Chile y Brasil. La
segunda, que ocurrió hace 9.000 años, aún se puede sentir en
el ADN de los actuales moradores de las regiones andinas y del Cono Sur. Después
está la sorpresa de la nueva ola hace 1.300
años. Aquellos nuevos pobladores venían de Mesoamérica, la región que
hoy ocupan el sur de México y parte de Centroamérica. Desde allí, grupos
humanos se habrían desplazado hacia Sudamérica y el Caribe, dejando una señal
genética detectable tanto en poblaciones indígenas actuales como en individuos
antiguos caribeños.
En pocas palabras, el ADN
de los indígenas sudamericanos señala que no hubo dos oleadas masivas
de homo sapiens, sino tres. La última, ocurrida hace 1.500 años desde lo que
hoy es México y Centroamérica hacia el sur, conformando la genética de los
actuales pobladores del sur de América.
El estudio también
pone de manifiesto hasta qué punto la ciencia había dejado fuera a estas
poblaciones. Los investigadores detectaron más de un millón de variantes
genéticas nunca registradas en bases de datos globales. No son genes 'nuevos',
sino fragmentos de diversidad humana que simplemente no habían sido estudiados
hasta la fecha, produciendo sesgos en el mapa genético actual. De hecho, este
es uno de los grandes problemas de la
genómica moderna. «Estos resultados demuestran la necesidad de
representar mejor a estas poblaciones», señala Tábita Hünemeier,
investigadora principal del IBE y líder del estudio. «Desde el diseño de fármacos
hasta la prevención de enfermedades, comprender la diversidad genómica humana
beneficia tanto a las comunidades indígenas como a la población mundial».
Ella sabe de lo que
habla, ya que fue su equipo el que describió
en 2023 la resistencia
genética a la enfermedad de Chagas en poblaciones amazónicas. Aparte, lideró el
proyecto 'ADN de Brasil', publicado en 2025, en el
que se arroja luz sobre el país con el mayor mestizaje reciente del mundo. Así,
buceando entre los nuevos datos, se encontraron mutaciones
vinculadas al sistema inmunitario, al metabolismo, crecimiento,
fertilidad y desarrollo físico. Esto responde a que aquellos moradores tuvieron
que adaptarse a ambientes extremos: Amazonía húmeda, altiplanos andinos con
poco oxígeno, zonas áridas, bosques tropicales y regiones frías. Miles de años
viviendo allí dejaron huella genética en ellos que ahora es revelada por este
nuevo estudio.
El estudio también ha
puesto de manifiesto hasta qué punto la ciencia había dejado fuera a estas
poblaciones. Los investigadores detectaron más de un millón de variantes
genéticas nunca registradas en bases de datos globales. No son genes 'nuevos', sino fragmentos de diversidad
humana que simplemente no habían sido estudiados hasta la fecha, produciendo
sesgos en el mapa genético actual. Este es uno de los grandes problemas de la genómica moderna. «Desde
el diseño de fármacos hasta la prevención de enfermedades, comprender la
diversidad genómica humana beneficia tanto a las comunidades indígenas como a
la población mundial», es la opinión de Tábita Hünemeier, investigadora
principal del IBE y líder del estudio.
No toda la historia genética habla de miles de años. Parte de ella habla de los últimos cinco siglos. El estudio confirma un enorme 'cuello de botella' demográfico tras la llegada europea. Ese colapso poblacional masivo fue causado por epidemias, violencia, esclavitud, desplazamientos y destrucción de formas de vida. Señalan los autores, que en muchas regiones la población indígena cayó hasta un 90%. Eso también queda escrito en los genomas en forma de menos diversidad, más fragmentación y más aislamiento. Y aun así, sobrevivió algo extraordinario: en ciertas zonas puede rastrearse continuidad genética de más de 9.000 años. Es decir, los genes de esa gente y sus antepasados apenas cambiaron en nueve milenios. La foto muestra mujeres y niños yanomami en un jardín forestal en Brasil. Brasil.
Además, como la
mayoría de poblaciones no africanas, los ancestros indígenas americanos también
heredaron fragmentos de ADN de grupos
humanos extintos como neandertales y denisovanos.
Concretamente, entre el 1% y el 3% del genoma analizado procede de esos cruces
antiguos, con variantes relacionadas con la inmunidad, el metabolismo y la
piel. Viejas herencias que quizá ayudaron a sobrevivir en nuevos ecosistemas. Más
allá de cifras y porcentajes, la gran lección es otra: la historia indígena
americana no fue simple, aislada ni uniforme.
Porque el ADN no solo guarda enfermedades o parentescos. Guarda memoria. Y la
de Sudamérica acaba de volverse mucho más compleja.
Maracaibo, 1 de mayo del año 2026