Uno de los nombres más emblemáticos de un
brillante estratega militar es Aníbal
Barca, el legendario general cartaginés quien marcharía con elefantes sobre
los nevados Alpes y se enfrentó a Roma, en aquel momento de la segunda guerra
púnica el creciente poder en Europa. Superó a los mejores estrategas que Roma
tenía para ofrecer y se apostó dos veces frente a las puertas de Roma con su
ejército.
Nunca hubo duda alguna de que Aníbal serviría a
su país en el ejército, pero nadie podría haber predicho cuán bien serviría a
Cartago. Incluso siglos después, los romanos usaban la frase "¡Aníbal está
a las puertas!" Como una forma de indicar una desgracia o miedo. Incluso
los desastres naturales se comparaban con él. Sus acciones continuarían
persiguiendo a los romanos durante siglos. Debido a la amenaza que había sido
para ellos, la República romana se vio obligada a aprender a burlar a sus
oponentes y no solo a vencerlos. Las acciones de Aníbal ayudaron a dar forma y
a transformar a Roma en el poder militar en el que se convirtiera porque se
dieron cuenta desde el principio de que no estaban tan seguros como habían
pensado que lo estaban.
Aquel año 218 a.C., fue cuando el general cartaginés Aníbal cruzó
los Alpes en 15 días con 46.000 hombres y 37 elefantes de guerra, culminaría
una marcha forzada de mil kilómetros desde su ubicación original en la actual
España. Aquella fue una de las hazañas
militares más extraordinarias de la historia y también uno de
sus enigmas más persistentes, ya que nadie sabe con certeza por dónde cruzó las
montañas el general. Un estudio publicado en
la revista PNAS aborda
la pregunta desde un ángulo inédito: la energía que costó la travesía, y esa
investigación llega a una curiosa conclusión: los soldados lo pasaron mucho
peor que los enormes
elefantes.
Durante generaciones, el debate
sobre la ruta que eligió Aníbal ha estado dominado por la filología y la
geología. El principal candidato en esta discusión era el Col du Clapier, que es un puerto de montaña de 2477
metros de altura que atraviesa el macizo del Mont
Cenis, en los Alpes
Cottianos y los Alpes
Grayos, entre Saboya (en
Francia) y el Piamonte italiano.
Este sendero
ecuestre, va desde Bramans (1220 m)
hasta Susa (503 m) actualmente no hay carretera asfaltada. Análisis recientes han apuntado al Col de la
Traversette como la via utilizada por Anibal. Los autores del
nuevo trabajo, Emilio Berti, del
Centro Alemán de Investigación Integrativa de la Biodiversidad (iDiv) y Fritz
Vollrath, de la Universidad de Oxford, aportan un voto más a favor de la
Traversette, esta vez con la biología en la mano.
El equipo aplicó un
modelo biomecánico que estima el coste energético de moverse a partir de la
masa corporal y la pendiente del terreno, y que funciona “desde insectos hasta elefantes”, explica Berti. Reconstruyeron cada
posible cruce de los Alpes con datos de elevación y calcularon cuánta energía
habría exigido a hombres, caballos y paquidermos y como resultado, concluirían
que: la Traversette habría sido la ruta más corta y eficiente, con un coste
total para todo el ejército de 5,42 teravatios-julio. Las otras tres opciones -el Col de Montgenèvre, -el Col du Clapier y
-el Col du Mont Cenis- habrían requerido un 11 %, un 16 % y un 19 % más de
energía, respectivamente. “La clasificación de las rutas es muy
robusta”, subraya Berti. Y aunque los elefantes reales fueran algo más
pequeños que los asiáticos usados en los cálculos, el orden no cambia.
Lo llamativo llega
al mirar el desgaste corporal. En la Traversette, los soldados habrían quemado
alrededor del 19 % de sus reservas de grasa, un dato que ayuda a explicar por
qué solo la mitad de los hombres sobrevivió a la travesía. Los elefantes, en
cambio, apenas habrían perdido un 4 %. Sus enormes depósitos de grasa les
permitieron cruzar los Alpes gastando solo una pequeña fracción de ellos. Que
un animal de tres toneladas escale mejor que un hombre parece contraintuitivo,
pero tiene explicación biomecánica. “Piense en los elefantes como un vehículo
con tracción a las cuatro ruedas, capaz de generar esa tracción con cada una de
sus ruedas”, ilustra Berti. “Frente a un coche de dos ruedas motrices,
esa biología les permite moverse por terrenos difíciles y empinados”,
añade. Sumado a sus reservas de grasa, esta capacidad convierte a los elefantes
en montañeros insospechados.
Pero… ¿Por qué
llevar semejantes bestias a una guerra tan incierta y lejana? Berti apunta a
varias razones. Una es la tradición militar: los cartagineses simplemente
combatían con elefantes, “y los ejércitos se aferran a sus
tradiciones hasta que se demuestran ineficaces” (como los tanques o los
helicópteros en la era de los drones). La segunda razón es el efecto
psicológico, porque los elefantes aterrorizan a la caballería. Una tercera
sería el reclutamiento de los celtas del norte de Italia, ya hostiles a Roma, a
los que impresionar bajando de los Alpes a lomos de animales nunca vistos. E
incluso habría una cuarta explicación, la más pragmática: como cruzar les
costaba tan poco, “más que preguntarse ‘por qué llevarlos’, Aníbal pudo haberse
preguntado: ‘¿por qué no?’”, dice Berti.
La ironía es que el
verdadero problema empezó al bajar. Reponer las reservas de los elefantes y
mantenerlos vivos durante el invierno, aislados en territorio enemigo y sin
líneas de suministro, resultó devastador: de los cerca de 30 que llegaron
a combatir en Trebia, todos menos uno (su montura personal, Sirius)
murieron el invierno siguiente.
El propio modelo
tiene límites que Berti no oculta: un descenso muy pronunciado, como el de la
Traversette, no ahorraba energía, sino que la gastaba, de modo que “compensa
en parte” su ventaja, aunque la ruta sigue siendo mejor que las demás.
Y el análisis no incluye ni el estrés mecánico sobre las articulaciones ni las caídas
mortales que describe el historiador Polibio, la fuente más
fidedigna de las campañas militares de Aníbal. Aun
así, el investigador confía en que el trabajo abra camino. “Algunos historiadores estarán
encantados de ver una nueva pieza de este rompecabezas”, dice Berti,
con la esperanza de que su método se aplique a otros episodios del pasado.
Las narraciones modernas de la
Segunda Guerra Púnica se basan mucho en relatos antiguos; los dos más
importantes son las Historias de
Polibio (el Libro III cubre el origen de la guerra hasta la batalla de
Cannas) y Ab Urbe Condita de
Tito Livio. Polibio es un escritor mucho más
antiguo, que entrevistó a veteranos reales de la Guerra Aníbal, y su relato
carece de muchos de los adornos (anécdotas, heroicidades y discursos
elaborados) presentes en el de Tito Livio. Aunque no es perfecto (Polibio tenía
muy buena relación con el clan Escipión, y definitivamente hay algunas
anécdotas extraordinarias), el relato de Polibio es generalmente bastante llano
y factual. Al tener algo de experiencia como soldado, tenía un gran interés en
asuntos militares, por lo que cubre bastante bien las batallas y campañas de
Aníbal.
Para lapesteloca en Maracaibo, el día lunes 20 de julio del año 2026