Se sabe mucho más sobre la creación y mantenimiento de recuerdos que de la pérdida de estos. Normalmente, se achaca a que el cerebro encoge con la edad y va perdiendo conexiones entre neuronas, pero aún es una gran incógnita cómo y por qué perdemos la memoria con los años desde un punto de vista bioquímico, a nivel molecular. En enero, un equipo de investigadores descubrió una proteína que está relacionada con la memoria a largo plazo y su mantenimiento. La Proteína Funes fue bautizada en honor al personaje de Jorge Luis Borges (Funes el memorioso) y ya citada antes (https://tinyurl.com/359h3h46) en este blog (lapesteloca), como una chaperona molecular cuya función ha sido estudiada en investigaciones recientes lideradas por el científico español Rubén Hervás Millán quien en el Estudio en PNAS nos mostró que Funes, fue nombrada así por el relato de Borges, debido a su relación directa con la memoria.
La investigación internacional liderada por Rubén Hervás Millán, de la Universidad de Hong Kong (HKU), con la participación de Javier Oroz, investigador principal del grupo PLASTIMORF del Instituto del IQF-CSIC, muestra que la proteína Orb2, esencial para la formación de recuerdos a largo plazo, experimenta una transformación estructural progresiva durante el envejecimiento que compromete su función y va deteriorando la memoria.
A diferencia de las proteínas amiloides asociadas con enfermedades como el Alzhéimer (como la beta-amiloide), existen amiloides no patológicos y beneficiosos para el organismo y precisamente Funes promueve la forma activa de Orb2, una proteína esencial para la memoria a largo plazo. Hoy sabemos que con el paso del tiempo, la estructura de estos amiloides funcionales cambia y pierden eficiencia, lo que contribuye al deterioro natural de la memoria, pero al incrementar los niveles de la proteína Funes en moscas de la fruta de avanzada edad, los científicos observaron que las estructuras amiloides volvían a un estado juvenil y la memoria de los insectos mejoraba.
El equipo de Hervás Millán ha recibido financiación internacional (como un proyecto del gobierno de Hong Kong) para investigar si este mismo mecanismo biológico opera en humanos y abrir la puerta a futuros tratamientos para la pérdida de memoria asociada a la edad. Podemos resumir los hechos señalando que Funes resulta ser una proteína amiloide que parece ser esencial para formar recuerdos y sabemos que sufre cambios que deterioran la memoria con el envejecimiento...
Ese trabajo, con la participación del Instituto de Química Física Blas Cabrera (IQF) del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), muestra que en moscas de la fruta, al recuperar en esa proteína características estructurales de etapas juveniles se logra mejorar la memoria. Este estudio internacional con participación ha descubierto que Orb2, es una proteína amiloide funcional esencial para formar recuerdos, cambia progresivamente su estructura con el envejecimiento, lo que contribuye al deterioro de la memoria. Los investigadores comprobaron además en moscas de la fruta que recuperar en Orb2 rasgos estructurales propios de etapas juveniles que se pierden con la edad mejora la memoria. El trabajo se ha publicado en Cell.
Tradicionalmente, los agregados amiloides se han asociado con enfermedades neurodegenerativas como el alzhéimer o el párkinson. Sin embargo, existen algunas proteínas que también forman estructuras amiloides funcionales, que son necesarias para procesos biológicos normales. Es el caso de Orb2, hallamos a una proteína que participa en la consolidación y persistencia de la memoria a largo plazo. En general, los resultados muestran que la forma tridimensional que adoptan las proteínas, así como la capacidad de cambio de las diferentes estructuras que forman cuando se agrupan entre sí, están estrechamente relacionadas con su función bioquímica y, en el caso de Orb2, con la memoria.
Uno de los avances del estudio es la reconstrucción de la evolución estructural de los agregados de Orb2 durante la vida adulta de la mosca Drosophila melanogaster.
Hasta ahora, la mayoría de los estudios estructurales de amiloides habían proporcionado imágenes estáticas de determinadas conformaciones, sin permitir reconstruir cómo se reorganizan a lo largo de la vida de un organismo ni relacionar estas transformaciones con sus consecuencias fisiológicas.Aunque los resultados se han obtenido en Drosophila y todavía será necesario determinar si mecanismos semejantes operan en mamíferos, la investigación abre nuevas perspectivas para comprender la relación entre estructura proteica, función neuronal y pérdida de memoria. Se trata, por tanto, de un trabajo transformativo y con amplia relevancia en el campo de la neurodegeneración y la agregación de proteínas. Es la primera caracterización estructural de la evolución de un amiloide funcional a lo largo de la vida de un organismo, relacionando sus cambios conformacionales con la actividad molecular y el deterioro de la memoria. El estudio demuestra, además, que es posible favorecer la recuperación de estados estructurales de Orb2 característicos de los estados juveniles y mejorar la memoria en moscas de la fruta envejecidas. La investigación revela que estos agregados no son estructuras estáticas, sino que experimentan una reorganización progresiva con el envejecimiento.

Es de esta manera como, el estudio conecta, por primera vez, la evolución estructural de un amiloide funcional durante la vida de un organismo con cambios en su actividad molecular y en una función neuronal tan compleja como la memoria. Una de las conclusiones más relevantes del trabajo es que las consecuencias funcionales de estas transformaciones no son necesariamente irreversibles. Los investigadores estudiaron el papel de determinadas chaperonas moleculares, proteínas que participan en el control del plegamiento, la estabilidad y la organización de otras proteínas y esos experimentos demostraron que aumentar la presencia de la chaperona denominada Funes en determinadas neuronas de moscas envejecidas favorece la aparición de estados estructurales de Orb2 característicos de las etapas juveniles.
«Por primera vez hemos podido observar cómo la estructura de un amiloide funcional evoluciona a lo largo de la vida de un organismo y cómo estos cambios se relacionan con su pérdida de función y, consecuentemente, con la pérdida de memoria», comenta Rubén Hervás Millán, de la Universidad de Hong Kong.«Esta plasticidad estructural puede ser determinante para procesos fisiológicos esenciales, como la memoria, y también para comprender los mecanismos moleculares asociados a la neurodegeneración», añade Javier Oroz, del IQF-CSIC. Los resultados obtenidos refuerzan la importancia de los estados estructurales de Orb2 para su función neuronal y sugieren que la regulación de la plasticidad conformacional de los amiloides podría constituir una estrategia para investigar los mecanismos moleculares del deterioro cognitivo.
Maracaibo, sábado 7 de noviembre del año 2026








