Según el Diccionario de la Real Academia Española, Mecenas se le dice a una persona que patrocina las artes y las
letras. El término “mecenas”, se usa para los individuos que dedican parte de
sus riquezas a financiar obras culturales diversas, museos, premios artísticos
o literarios, o a personas tales como poetas o artistas plásticos. El primer
Mecenas de la historia no fue sólo un protector de las artes, amigo y consejero
de Augusto, el primer emperador de Roma. Cayo Cilnio Mecenas nació
probablemente en Arretium, una localidad etrusca del centro de Italia y de
él se decía que tenía sangre real, como descendiente de los monarcas etruscos
de la ciudad a través de la familia de su madre, los Cilnios.
No
existe en castellano de una biografía completa de la vida del patricio romano
que legó su apellido al acto de proteger artistas e intelectuales. En 1644
Jean-Louis Guez de Balzac publicaría dentro de sus Obras Diversas un capítulo
sobre la Historia de la vida de Mecenas, escrita por Juan Pablo Martyr-Rizo en
Madrid en 1626 y Henri Richer publicó en París en 1746 Vie de Mecenas avec des notes
historiques et critiques. De Cayo Cilnio Mecenas quien fue confidente y
amigo estrecho del emperador romano Augusto, sabemos que nació hacia el año 60
a. de J.C. y murió en el año 8 antes de la era cristiana, y que se destacó en
vida por ser un protector de poetas de la talla de Horacio y Virgilio.
Aunque era unos años mayor, que el emperador
Augusto, Mecenas fue gran amigo de Octavio, el sobrino de Julio César y tras la
muerte de éste, en 44 a.C., apoyó la lucha por el poder en el triunvirato
(Octavio, Marco Antonio y Marco Emilio Lépido (43-33 a. C.). Mecenas
fue quien en 40 a.C. arregló el matrimonio de Octavio con Escribonia,
familiar de Pompeyo el Grande, para cimentar una alianza entre Octavio y el
almirante republicano. El matrimonio, no fue feliz, pero le dio a Octavio su
única descendencia, su hija Julia, cuyos nietos y bisnietos gobernarían el
Imperio durante el siguiente siglo. Tres años más tarde, Mecenas marchó a
Tarento como enviado personal de Octavio, y allí suscribió un tratado en el que
se acordaba un nuevo reparto de las áreas de influencia entre éste y Marco
Antonio que dejó a Lépido fuera de juego.
Mecenas participó, con Octavio, en la campaña militar que
culminaría en la batalla de Actium, victoria definitiva sobre Marco Antonio.
Mecenas persiguió implacable a los opositores del nuevo hombre fuerte de Roma y
pasó a ser el influyente ministro de Augusto. Conocido como un perfecto
sibarita, por su tren de vida derrochador y su afición ilimitada por los
placeres y los refinamientos. Llamaba la atención su modo de vestir, su manera
de ceñirse la túnica sobre las rodillas, o el modo que tenía de mantener la
cabeza cubierta con su manto o pallium cuando presidía un tribunal. Ese
amaneramiento se traslucía en el estilo recargado de los poemas que compuso. Su
gusto por las piedras preciosas, y una gran residencia que se hizo construir en
el monte Esquilino, rodeada por los “Jardines
de Mecenas”, célebres en la que después pasaría a ser la residencia de
Tiberio, el sucesor de Augusto. Allí Mecenas, un auténtico sibarita, celebraba
banquetes con manjares que puso de moda en Roma, como la carne de monos
jóvenes. Aficionado a la música, el teatro y también a la poesía, Mecenas se
rodeó de los principales escritores de Roma, como Virgilio, Horacio y Propercio
Mediador
y diplomático, intervino en algunos intrincados procesos de las negociaciones
que permitieron al sobrino de César asegurar su poder. Solano Santos (1999) nos
recuerda además que acompañó a Augusto en las batallas de Módena, Filipos,
Perusa, Parola y Accio; y estuvo encargado del gobierno provisional de Italia
durante tres años (Solano Santos, 1999). Las fuentes apuntan a rasgos
contradictorios de su personalidad, para algunos sencillo y humilde por
temperamento y carácter, otros lo retratan como un libidinoso amanerado, rencoroso
y vengativo por las constantes humillaciones a las que lo sometía su casquivana
esposa.
El otro consejero principal de Augusto, su yerno
Marco Agripa de carácter adusto, contrastaba con Mecenas y su manera de actuar.
Mecenas sabía que un simple poeta como Catulo había perjudicado la imagen de
Julio César con acusaciones maliciosas e imaginó que para impedir que Octavio
sufriera los mismos ataques, era mejor atraerse a los poetas más destacados de
su generación y convencerlosde que cantaran las alabanzas del fundador del Imperio. Virgilio,
estuvo dispuesto a jugar ese papel y La Eneida resultó ser un poema laudatorio de los
antepasados de Augusto, a modo de «premonición» sobre éste como fundador y
pacificador del Imperio. Mecenas no solo organizaba irresistibles banquetes y
orgías, también ofrecía influencia, dinero y favores a sus poetas protegidos.
Horacio, aceptó una modesta hacienda en la región de Sabina, pero en sus poemas
declara que no aceptó prebendas, cargos públicos ni encargos de cantar las
glorias de Augusto. Virgilio y Propercio, no puede decirse que alabaran en
exceso al nuevo emperador.
Octavio fue proclamado emperador con
el nombre de Augusto, en el año 27 a.C., y Mecenas desempeñaría un papel
prominente en la corte, pero en un segundo plano frente a Cayo Agripa, a partir
del momento cuando las relaciones con el emperador se enfriaron quizá por el
affaire de Augusto con la esposa de Mecenas, Terencia, o tal vez por
su insistente intercesión para librar a su cuñado Terencio Varrón Murena de una
acusación por traición. Al final, Mecenas prefirió retirarse a su palacio del Esquilino,
donde se dedicó a sus libros y a sus artistas. Como no tenía descendencia, en
su testamento legó toda su fortuna a Augusto, su protector y el hombre por
quien tanto había hecho en vida y ante la posteridad.
Maracaibo, viernes 3 de julio del año 2026