jueves, 21 de mayo de 2026

El pequeño lagarto “carnicero”


Resulta que los museos no solo son valiosos por lo que exponen, también lo son por lo que esconden, o almacenan, en ocasiones sin saberlo, pero existen auténticos tesoros que, una vez que salen a la luz, pueden llegar a cambiar lo que se creía sobre algunos capítulos de la historia natural.

En 2022 identificaron “una sexta gran extinción masiva”, que impulsó el reinado de los dinosaurios, pero… ¿Cómo? ¿Sera posible que un lagarto descubierto en un armario adelante el origen de estos animales 35 millones de años? Pue así resultaría ser. El llamado 'pequeño carnicero' por sus dientes afilados, pasó desapercibido 70 años en los almacenes del Museo de Historia Natural de Londres.

 

Este el el ejemplo de un lagarto ha sido bautizado como 'Cryptovaranoides microlanius'. La primera parte de su nombre significa 'lagarto oculto', por haber permanecido en un cajón y también por el hecho de que vivía en grietas en la piedra caliza en pequeñas islas que entonces existían alrededor de Bristol. El dibujo, corresponde a la Impresión artística del lagarto Cryptovaranoides por Lavinia Gandolfi(Ver). En realidad, este es un género extinto de reptil del Conglomerado Magnesiano del Triásico Tardío de Inglaterra, el cual contiene una sola especie ,el  Cryptovaranoides microlanius.

La segunda parte de su nombre es 'pequeño carnicero', por sus mandíbulas repletas de dientes afilados para cortar, se puede apreciar en el dibujo de sus mandíbulas (Ver). Piensan que probablemente se alimentaba de artrópodos y pequeños vertebrados y este pequeño “carnicero” está emparentado con lagartos vivos como los monitores o los monstruos de gila, pero cuando fue descubierto en los años 50 nadie supo reconocer su valor, ya que entonces no existía la tecnología necesaria para exponer sus características contemporáneas.   El fósil de este pequeño lagarto, fue almacenado en una colección de museo, incluidos especímenes de una cantera cerca de Tortworth en Gloucestershire, al suroeste de Inglaterra.

David Whiteside, de la Escuela de Ciencias de la Tierra de Bristol, vio el espécimen por primera vez en un armario lleno de fósiles de los almacenes del museo, donde es un científico asociado. El lagarto estaba catalogado como un reptil fósil bastante común, un pariente cercano del Tuatara de Nueva Zelanda, que es el único sobreviviente del grupo Rhynchocephalia, que se separó de los lagartos escamosos hace más de 240 millones de años. Los científicos escanearon con rayos X el fósil, lo reconstruyeron en tres dimensiones y se dieron cuenta de que, en realidad, estaba más relacionado con los lagartos modernos que con el grupo Tuatara.

Según explica el equipo en la revista 'Science Advances', Cryptovaranoides es claramente un escamoso por diferentes características físicas, como las vértebras del cuello, la forma en que los dientes están colocados en las mandíbulas, la arquitectura del cráneo, etc. Solo hay una característica primitiva importante que no se encuentra en los escamosos modernos, una abertura en un lado del extremo del hueso del brazo superior, el húmero, por donde pasan una arteria y un nervio.

Además, el fósil tiene algunos otros caracteres aparentemente primitivos, como unas pocas filas de dientes en los huesos del techo de la boca, pero los expertos han observado lo mismo en el lagarto de cristal europeo moderno y existen muchas serpientes -como las boas y las pitones- que tienen múltiples filas de dientes grandes en la misma zona…

«En términos de importancia, nuestro fósil cambia el origen y la diversificación de los escamosos desde el Jurásico medio hasta el Triásico tardío», dice Mike Benton, coautor del estudio. «Esta fue una época de gran reestructuración de los ecosistemas terrestres, con el origen de nuevos grupos de plantas, especialmente coníferas, así como nuevos tipos de insectos, y algunos de los primeros grupos modernos como tortugas, cocodrilos, dinosaurios, y mamíferos«, explica.

«Agregar los escamosos modernos más antiguos completa el cuadro. Parece que estas nuevas plantas y animales entraron en escena como parte de una importante reconstrucción de la vida en la Tierra después de la extinción masiva del final del Pérmico hace 252 millones de años, y especialmente el Evento Pluvial Carniense, hace 232 millones de años, cuando los climas fluctuaron entre húmedo y cálido y causó gran perturbación a la vida».

 

El episodio pluvial del Carniense (EPC), también conocido como evento pluvial del Carniense, fue un intervalo de cambio climático global de hace unos 234-232 millones de años[ que coincidió con cambios importantes en la biota terrestre y marina. La parte final del Carniense, es una subdivisión del período Triásico Superior, el cual duró aproximadamente entre 1 y 2 millones de años. El EPC. Durante este el EPC aparecieron algunos de los primeros dinosaurios (incluyendo los ancestros de las aves), lepidosaurios (ancestros de los lagartos y serpientes modernos) y formas de mammaliaformes (ancestros de los mamíferos).

Los dinosaurios no siempre fueron tan frecuentes en los ecosistemas del Mesozoico como lo fueron durante el Jurásico y el Cretácico. A lo largo del Triásico Tardío , este grupo desempeñó un papel más discreto en los paisajes terrestres, y su radiación inicial abarcó algunos eventos clave. La mayoría de los primeros dinosaurios eran animales pequeños, de no más de 1,5 veces  el tamaño faunístico del Carniense , con unas 10 especies reconocidas hasta ahora; sus fósiles nunca representan más del 5 % de los registros de tetrápodos terrestres de las unidades estratigráficas en las que aparecen. Aunque esta hipótesis necesita ser examinada con mayor profundidad, estudios recientes han demostrado que esta diversificación inicial de los dinosaurios fue casi sincrónica con el Episodio Pluvial del Carniense, lo que sugiere que ambos eventos podrían estar relacionados de alguna manera. 

Maracaibo, jueves 21 de mayo, del año 2026

miércoles, 20 de mayo de 2026

“El oficio”…Una charla…(2)


Así que, después de todo este cuento, -casi novela- que les estoy relatando, mientras formábamos los anatomopatólogos que el país necesitaba -me dediqué a escribir - y a escribir - A releer cuartillas para corregirlas y desde entonces he tratado de concienciar algo de lo que me enteré, -a través de mi maestro Eduardo Liendo-, dijera en una ocasión Oswaldo Trejo: “el compromiso primordial del escritor es, escribir.

En 1986 y ya dándole los últimos toques a “La Entropía Tropical”, me metí en un proyecto acariciado desde hacía varios años. Quería escribir una novela sobre Rafael Rangel, y deseaba usar al presidente Cipriano Castro como contrafigura. Crear una novela que transcurriría durante los tres últimos años de la dictadura castrista, culminaría con la peste bubónica en La Guaira, el suicidio de Rangel y el exilio para siempre de Cipriano Castro.  Aquellos tres años de sucesos a comienzos del siglo XX debían ir corriendo paralelos a varias historias vivenciadas en los treinta años de nuestro sistema democrático: era algo desmesurado, una idea disparatada…

Después de cuatro años de re escribir y de corregir algo que llamaría “La Peste Loca”, todo aquello se me había transformado en un hipertrófico manuscrito de más de 700 páginas. Acepté entonces los consejos de quienes me explicaron la imposibilidad para un autor desconocido, de publicar algo tan voluminoso, y decidí separar la historia del pasado, y la del período democrático y así nacieron, con la “Entropía Tropical”, “La Peste Loca” y “El movedizo encaje de los uveros”.

Eran tres novelas, que permanecerían inéditas, hasta que, en un viaje a Maracaibo, le enseñe un manuscrito a un buen amigo -Jesús Ángel Parra, ahora Semprun-, en la Secretaría de Cultura de la Gobernación del Estado Zulia y a él le gustó aquello que yo llamaba “la jerigonza” y así nació “La Peste Loca”. Cuando yo pensaba nadie se atrevería a publicar aquello, en la gobernación de Arias Cárdenas, en mi Maracaibo y –en 1997-  ¡publicaron mi primera novela!

Debo contarles que había estado asistiendo durante 2 años (en 1992-y-1993) a un Taller de Narrativa dictado por el escritor Eduardo Liendo en un hermoso edificio en el mero centro de Caracas, aprendí muchas cosas sobre los escritores y su trabajo como oficio, y se estimularía mi entusiasmo por la escritura. Fue así como en 1994 mi novela “Escribir en La Habana” gano la Bienal de Literatura José Rafael Pocaterra del Ateneo de Valencia, y en 1997 en otra Bienal de Literatura, del Estado Falcón (Elías David Curiel) mi novela “Para subir al cielo” también sería la ganadora. Estos galardones estimularon mi interés por la escritura como oficio y desde aquellos días…

Quisiera señalar también, -sinceramente-, aprendí que si algo es importante- -es crucial- en el oficio de escribir, es hacerlo desde el fondo de cada quien; tratar de lograrlo desnudando el alma. Sin afanes de pedagogía, sin ideales políticos, sin proclamas reformistas, sin ser rebasado por lo sociológico o por sus propios conflictos…  Esto puede ser difícil… Puede resultar muy complejo, porque, además de las vivencias de cada quien, existe lo que cada escritor haya ido incorporando a su intelecto como lector de muchos autores y es factible que él mismo se transforme en un espejo de todo lo aprendido y como nos decía Liendo citando a Federico Amiel, resulta que al escribir todos no somos más quecopia de copias reflejo de reflejos”…

Evidentemente, hay que cuidar la ortografía, la sintaxis y la prosodia. El estilo puede ser hiperbólico como en el barroco, puede ser desmesurado como los textos de Lezama Lima o puede ser de una erudición apabullante cual “Palinuro” de Fernando del Paso, o como a veces lo hacía nuestro Denzil Romero, pero más importante que una copiosa erudición, como la de “Terra Nostra” de Carlos Fuentes, puede resultar la economía de los medios de expresión, y en ella puede residir el secreto de la difícil sencillez que nos legara Tolstoi, o la diáfana claridad de Borges, quien sin circunloquios verbales siempre demostró que no es lo mismo ser simple que sencillo. 

El lenguaje usado tiene que ser claro y preciso. Un lenguaje críptico, con frecuencia entorpece la lectura. También los lugares comunes pueden degradar un texto literario, o pueden ser usados por el autor para exagerar situaciones. Los riesgos que se corren al escribir, son numerosos. Eduardo Liendo, citaba a Santa Teresa como ejemplo, por aquello que, “de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno”.        

Citaré unas frases sobre el oficio de escribir, que he puesto en boca de una joven, personaje de mi novela “Escribir en la Habana”. “Para escribir yo no quisiera plagiar la realidad, esa está en la prensa... (¿Recuerdan a Lavoe con aquello de: ¿y para que leer un periódico de ayer?) …Yo no escribiré para relatar vivencias, una debe escribir para inventar la vida”.

Mi novela “Para subir al cielo...” (Editada en Maracaibo en 1998), incursiona en temas pocas veces abordados por nuestros escritores, -el envejecimiento, la muerte, la religión, y la violencia en una ciudad como Caracas en la década de los 90-. Era el marco perfecto para una novela policiaca, que además está llena de música, de salsa, y recrea paralelamente, la vida del pintor neerlandés del siglo XVI- Hyeronimus Bosch, El Bosco… Todo sucede durante un domingo caraqueño del año 1995.  Varios años después, (la edición del 98 de ARS Grafica permanecía olvidada) y ya viviendo en Maracaibo desde el 2005, hice una segunda edición de “Para subir al cielo… Con la Editorial AstroData y la publicamos en 2016.

Como en “Para subir al cielo… incluye la vida del pintor Hyeronimus Bosch-El Bosco, voy a usar otro ejemplo: en mi novela Ratones desnudos que es muy de Maracaibo, el doctor Fernández Morán, aparece citado como parte de la historia de un Instituto de Investigaciones Neurológicas que supuestamente existió en Maracaibo, desaparecido diez años antes de lo que sucede en la novela. En 2016 también publicaría otra novela sobre mi admirado personaje Andrés Vesalio, el anatomista.

Mi profesor y amigo, el Dr. José Ángel Suárez un gran patólogo, llanero, fallecido el año 2024, cuando se refería a las publicaciones científicas acostumbraba decir que “el papel lo aguanta todo”, y yo usaré su refrán, para decirles que el papel aguantará lo que escriban y eso también vale, para dejar a un lado los miedos, y para atreverse a publicar las cosas que asedien los muros de la conciencia y que no son otra cosa más que fruto de nuestra imaginación.

No quiero terminar esta conversa, sin mencionar dos detalles finales: cuando de mi exilio capitalino regresé a Maracaibo, en 2005 y trabajé haciendo inmunohistoquimica (IHQ) diagnóstica en mi Laboratorio de Patología Molecular en “La Paraguita”(un pequeño centro comercial), todo esto fue hasta el año 2018 (13 años) e hicimos unas 60.000 “inmunos”(IHQ)  para todo el país… En el ínterin, dicté un Taller de Narrativa el año 2009 en la Biblioteca Pública del Estado y he publicado un par de novelas más…

-A través de la plataforma Amazon he tratado de divulgar mis libros, pero quizás tan interesante como esto, es que creo debo comentarles como desde 2014 he venido escribiendo en internet en mi blog lapesteloca –y desde el año 2019 lo hago TODOS los días. O sea que son cerca de tres páginas diarias que en un año son 4.380 paginas, y que desde 2019 suman unas 23.000 páginas y si les sumamos los años anteriores llegarán a muchas de más de 25.000 páginas escritas -sobre muchos temas diferentes- ciertamente...  Pero, ese es un ejercicio diario, este sí que es un oficio, no remunerado, pero es mi oficio… Por eso esta historia la divulgo como:  El oficio de escribirliteratura.

Quisiera concluir - con las breves palabras de mi amigo, lamentablemente ya desaparecido, el escritor Eduardo Liendo, a quien le debo el saber mucho, sobre lo que les he conversado con ustedes. Lo cito:

“Lo que más me fascina de la literatura es la posibilidad de ser otro, de ser yo y múltiple. Ser zorro y pez, nube y cometa, héroe y ratero, espuma y roca, eco y silencio... El escritor, por muy desamparado que se encuentre, por suicida que sea, es el amante preferido de la existencia. Por eso quizás su mayor desafío es vencer a la muerte con el filo de la palabra”.

Muchas gracias-

En Maracaibo, el día miércoles 20 de mayo del año 2026

martes, 19 de mayo de 2026

“El oficio”…Una charla…(1)


Me han sugerido, o me han pedido, que explique cómo es ese asunto mío, de escribir… Novelas. Habiendo publicado más de un centenar de trabajos de investigación y algunos libros de patología, resulta que, desde hace casi 40 años he venido escribiendo y publicando libros de contenido literario; son más de 10 novelas y libros de relatos, los culpables de que me encuentre hoy aquí, ante ustedes, tratando de esclarecer el cómo y el por qué he adoptado esta variante escritural.

Para conversar sobre el tema de la escritura “como oficio”. No voy a referirme a la escritura de trabajos de investigación, ni la descripción de casos anatomopatológicos, ni tampoco a la redacción de ensayos filosóficos o de artículos periodísticos; deseo conversar con ustedes sobre algo que denomino “el oficio de escribir”, y que pudiéramos concretar cómo, el oficio de escribir, literatura. Por cierto que sobre este asunto del “Oficio de escribir”, el mismo Jorge Luis Borges dijo una vez que los oficios, son actividades remuneradas, y este -Oficio de escribir-para los escritores de verdad, nunca ha sido muy remunerado, o mejor dicho, ha sido siempre “mal remunerado”…

No voy a hablar sobre la literatura en general ni de la narrativa latinoamericana, no es mi intención tampoco conversar sobre la novelística; menos aún disertar sobre áreas como la retórica, la poesía o el teatro. Sencillamente, quisiera, recordar algunas vivencias personales con el fin de responder a lo consultado. Quisiera explicarles -el cómo y el por qué-, un médico-anatomopatólogo, pudo llegar a involucrarse con la literatura, hasta un punto tal, de que paralelamente a su ejercicio como patólogo e investigador, se haya transformado en “escribidor” … De novelas.  

Este asunto, se ha tornado para mí en un compromiso personal con las letras y me ha llevado durante el curso de varios años, ¡casi 40 ya creo que lo dije!, a intentar trajinar la escritura literaria como si fuese un verdadero oficio. ¿Qué hace un médico-patólogo escribiendo novelas? Quiero, compartir con ustedes mis colegas, este hecho, tal vez singular – que, para mí, ha sido gratificante-. Me agradaría pues, relatarles cuanto he disfrutado en este proceso y confío en que pueda estimular la creatividad literaria en algunos de ustedes.

Me he atrevido a compartir estas vivencias a riesgo de parecer pedante, porque francamente, he creído que puede interesarles escuchar porqué, para qué y cómo, he venido ininterrumpidamente escribiendo, mayormente novelas; como me las he planteado y con toda seriedad -como un oficio-, me he enfrentado a la página en blanco para ir ensamblado y borroneado palabras, para escribir y corregir diariamente, durante años. 

Escribir literatura, para mí no ha significado tener que abandonar el trabajo que representa la redacción, corrección y publicación de manuscritos de carácter científico, o sea, de trabajos de investigación. Indudablemente que pueden establecerse paralelismos y puntos de contacto entre el oficio de escribir ciencia y literatura, pero hoy quiero destacar un hiato, una división formal, entre estas dos maneras de escribir. Lo hago exprofeso, porque escribir literatura es otra cosa. Es algo totalmente diferente a esa pasión por la verdad que implica el ejercicio de nuestra especialidad. 

Don Pío Baroja, escritor gipuzkoano quien también era médico señaló una vez: “Soy un aficionado a la Biología; naturalmente sin un rigor completo, porque en literatura, el rigor científico no puede existir”. Escribir novelas es un reto a la imaginación, es un querer ser invencionero y escribidor de todas las cosas que asedian los muros de nuestra conciencia. Este proceso de escribir novelas, en mi modesta experiencia, debe tener un significado importante en mi vida y espero pueda servir para que ustedes igualmente se interesen y algunos se entusiasmen, en arriesgarse a perseguir esta aventura…

Las novelas, como los cuentos, son ejemplos de narrativa en prosa. Escribir cuentos, bien logrados, para mí, es algo muy difícil. El cuento, real o imaginario tiene un comienzo, un meollo y un final y como todos saben, es mucho más breve que la novela. Escribir un cuento brillantemente, siento que es una verdadera proeza. La novela es diferente. Sin duda alguna, es uno de los géneros más sensibles y más complejos de la literatura. Decía don Pio Baroja que la novela es “Multiforme y proteica” -“la novela lo abarca todo”- La novela podría definirse como la vida reinventada. Escribir una novela puede parecerse a componer música. La novela debe tener un tono y un ritmo determinado y el instrumento de cada obra, no es otro que: el lenguaje.  

Pero no quisiera teorizar más, pues prometí, que iba a hablarles de mis vivencias, y trataré de hacerlo. Comencé a escribir relatos inventados cuando era niño. En aquel entonces, es bueno decirlo, entre los 10 y los 16 años leía mucho, bastante diría yo …y escribí muchas cosas: si no fuese porque guardé por años algunas poesías, cuentos y esbozos de novelas de esa época, les juro que ahora creería que todo fue un invento o que me traiciona la imaginación.

El amor por la literatura se afianzó en mi infancia. Mi padre era comerciante con el negocio en la Plaza Baralt y mi mamá era de SanCristóbal. Ambos nos llenaron de libros. Ella leía de todo, y tocaba el piano… Puedo recordar, hace muchos años, niño, en mi casa escuchándola interpretar La Polonesa de Chopin, en los tiempos cuando la avenida Santa Rita aún era de tierra... En mi habitación compartida con mi hermano mayor existía una biblioteca presidida por los 12 tomos de la Historia Universal de Espasa Calpé y una colección de libros de Monteiro Lobato un escritor brasileño… Además del libro de Oro de los Niños, y muchos otros libros y novelas algunas de las que leía mi madre y creo que todas estas cosas despertaron en mí el amor por la lectura. Puedo verme, en mi casa, en Maracaibo, sentado, muy joven, o leyendo sobre la grama a “Valle Verde” y “Alegre” de Hugo Wast, que eran novelas de mi madre, o “Las leyendas” de Gustavo Adolfo Becquer que me regalaron en la primera comunión… Recuerdo a “Miguel Strogoff” de Verne, y a “El último de los Mohicanos” de Fenimore Cooper, o “Los verdes años” y “La ciudadela” de AJ Cronin. Me veo releyendo a “David Coperfield” y a “Oliver Twist” de Dickens, y puedo asegurarles que, en esos años, me ilusionaba pensando en que cuando fuese grande, sería escritor.

Después se me pasó todo aquello cuando empecé a estudiar Medicina, y finalmente la Patología y la investigación sobre la ultraestructura y los virus, absorbieron mi espíritu durante muchos-muchos años, creo que hasta el fanatismo.

Quisiera ser breve para poder contarles cómo, en 1983, a los cuarenta y tres años, me supe hipertenso y calculando temeroso el espesor de mi ventrículo izquierdo imaginándolo inversamente proporcional a la vida que me restaba, en ese momento, sentí que lo más lamentable para mí, sería que nadie se enteraría de mis vivencias sobre una ardua lucha, que había librado durante siete increíbles años- en mi propia tierra zuliana, luchando para hacer investigación con un microscopio electrónico, sin lograr convencer a los patólogos de mi terruño, de que valía la pena dedicarse a esos menesteres. Se me ocurrió pensar que la mejor manera de relatar, de “echar el cuento”, era tal vez, creando una novela. Al fin y al cabo, pensé que, si lo escribía, todo, y les cambiaba los nombres a los personajes, iba a parecer producto de una calenturienta imaginación… ya que… lo que había acontecido en aquellos años, había sido, ¡increíblemente surrealista!

Así que, ya viviendo en la capital (y me acostumbré a decir que vivía “en el exilio”) comencé a escribir y a escribir - y así nació un libro que habría de llamarse “La Entropia Tropical”. Yo escribía y escribía y el manuscrito crecía como un monstruo de más de 400 páginas- llenas de personajes, con nombres y apellido -diferentes a los reales (evidentemente)-… Aquella era una escritura intertextualizada, lúdica, fragmentaria, con una historia mesopotámica intercalada, de la cual no era muy difícil deducir que yo parangonaba a mi tierra natal con Babilonia.

Cuando creí terminarlo, acudí a gente tan seria como el doctor Ildemaro Torres-director de Cultura de la UCV, o la Licenciada Mariela Sánchez Urdaneta, quien unos años después sería presidenta de la editorial Monte Ávila Años más tarde, le daría a leer “La Entropía...” al escritor Eduardo Liendo.       Todos ellos me hicieron creer- que aquello que había escrito, - era, una novela.

¿I si dejamos esta charla para finiquitarla mañana? Les aseguro que mañana la terminamos…

En Maracaibo, en el martes 19 de mayo del año 2026

 

 

lunes, 18 de mayo de 2026

La inerte anatomía


Este artículo con un título invertido, como Inerte anatomía, fue publicado hace 4 años, en noviembre del 2021… Veníamos de pasar el COVID 19 y parecía adecuado para los días aquellos… Después, comenzando el final… Me refiero a que estábamos a lunes 9 de diciembre y ya era casi terminal el convulsionado 2024, de modo que tras rehacer “por encimita” el tema anatómico, me dije: publicaré nuevamente sobre el anatómico asunto…No es un simple “antojo”… A propósito de mi última novela publicada este año 2026 “La elipsoidal y anti parabólica historia de un maracucho”, me han preguntado públicamente del porque esa especie de obsesión mía con “la muerte”… Quizás este viejo “refrito”, ayude a elaborar una respuesta.

Pensando en que tenía una novela inédita, aún sin buscarle un título, publiqué unos fragmentos de un manuscrito en febrero del 2016… - Me animé a publicar un adelanto de aquello, que escribí pensando en que quizás existiría la posibilidad de crear una novela alrededor de un maracucho que empezaba a estudiar Medicina. El proyecto, nunca se consolidó, y hoy me he tropezado, ya no con un par de páginas de aquel texto, sino con el tema derivado de lo que espero no debe ser visto como “un re, re-frito”…

-Vos me dijiste que ibas a hablarme de realidades destacando el hecho de que tu relato, dizque estaba insuflado por un extraño“tremor anatómico”. Por aquí teníamos que comenzar todos, te respondí yo, recordándote aquello de... –Sí; todos comenzábamos leyendo el letrero colocado encima de la gran puerta “Sala de Disección”. Eran los días lejanos cuando estábamos iniciándonos en el primer año de los estudios médicos y todo era novedoso y hasta emocionante. Vos me aclaraste que había entre tus recién conocidos compañeros, quienes preferían llamar a aquel recinto “el anfiteatro”. Mirándome un instante, medio de reojo, murmuraste… ¡No era anfiteatro ni un carrizo! Repetiste entonces que me relatarías, tan solo la pura verdad.

Era un salón muy amplio, con las paredes tapizadas por baldosas blancas y existían unos doce mesones de concreto y granito simétricamente ordenados para colocar los cadáveres. La idea era que los íbamos a conocer, manoseándolos. Yo te miré, y ni abrí la boca y vos añadiste. Después te doy más detalles. Supuse que se te había ocurrido que tenías que ir primero a relatarme el cuento del local anexo. Así lo denominaste, vos mismo y era aquello que existía más allá, en el fondo, con otra puerta, una de metal que se divisaba en el extremo opuesto del salón. Me aclaraste que vos me lo querías explicar con detalles, porque eran muy necesarios para entender lo de los mesones... Me enteré entonces de que, al cruzar el umbral, existía un breve túnel, y desde allí mismo se abría un área cerrada, muy oscura y poco visitada, la del gran estanque. ¿Qué más?

Quienes se atrevieron alguna vez, -¿me entendéis?-, a ingresar en aquel ambiente, siempre hablaban de la humedad y del olor penetrante a formol y todo-todo, estaba muy oscuro… Me contaste entonces que, cuando ya comenzabas a ver algo, en ese momento, te tropezaste con un hombre muy flaco, moreno, que estaba de pie, luciendo una especie de mono de trabajo gris oscuro. El tipo ya era famoso, desde hacía muchos años, y lo conocían como “El pez espada”. Escuché otros detalles que narraste sobre aquel ser desgarbado y tétrico, a quien yo imaginaba con una guadaña, pero quien realmente complementaba su atuendo con unas botas largas de caucho. “El pez” se encargaba, así me dijiste, de tapar y destapar el gran estanque y de remover los cadáveres usando una vara larga con un gran gancho de acero en el extremo. Yo me quedé pensando en que no era guadaña sino garrocha, y usado como arma quizás podría ser el origen de su apodo, mientras vos atropelladamente me dabas más detalles que prefiero obviar aquí. El frío y lúgubre amo de aquel recinto, el “pez-espada” parecía ser supuestamente el único conocedor de todos los cadáveres que ya formolizados nadaban en el gran tanque. Era él quien los buscaba para localizar “los mejores”, en ocasiones complaciendo peticiones de profesores o de estudiantes “preparadores”.

Todos andábamos siempre enfundados en unas batas de color blanco ya amarillentas, así me lo recordaste o informaste y entendí que los estudiantes las requerían para cumplir sus tareas en las disecciones anatómicas. Vos quisiste entrar en detalles y me contaste que habías podido presenciar varias veces las tareas del pezespada y que no siempre los magros difuntos aceptaban su garfio. Me aseguraste que algunos se escapaban, iban girando por su cuenta y se hundían a discreción, para resistirse al reclamo del señor del recinto sin dejarse pescar por su garfio...

Cuando vos me explicaste detalladamente lo difícil que era aquella diaria tarea del pezespada, especialmente cuando se atrevía a ofrecer entregas de “un dos por uno”, lo que llegó a mi mente -sinceramente y parecerá inverosímil-, pero fue aquel valse peruano de vamos amarraditos los dos… Gracias a la pericia de su manejo de pica y garfio, los cadáveres terminaban por ser colocados en los mesones. Me dijiste, que el pezespada los secaba para que no llorasen los estudiantes… Por el formol digo, me comentaste esclarecedor; y al entenderte recuerdo que pensé… Llorar… ¡Ni que fuera cebolla!

Era siempre impresionante la sensación de humedad colándose fría a través de los guantes… Vos me lo asegurabas como si el formol hubiese embebido ya y para siempre tus manos por la humedad de aquellos cuerpos entecos, grises o muy oscurecidos, algunos ya con un tinte violáceo. De manera que así, fue como vos, paso a paso me fuiste relatando tus primeras vivencias anatómicas y quizás para humanizarlas un tanto, me decías que mirabas las inquietas manos de tu compañera de equipo, aunque cubiertas por el látex de sus guantes, y yo pensé en la de los ojos verdes, mientras vos supuestamente imaginabas lo que podía estar ella sintiendo al manosear los músculos, tendones y aponeurosis de los entecos pero fríos y remojados difuntos.

Vos dizque le atendías a sus ojos –a los de ella- atisbando otros cadáveres y yo pensé “verdes son las esmeraldas, verde el color del que espera, y las ondas del océano y el laurel de los poetas”… Sobre las mesas de piedra, sus manos, -pero a vos como que ni te paraba una micra-, ella quizás pensando decidirse por buscar alguno mejor conservado (a los cadáveres me refiero, porsia…). “Tus ojos verdes me matan, cada vez que los veo”… A los difuntos en las mesas me refiero… Si acaso ella llegase a mirarte… Vos dizque lo pensaste, pero no era posible y yo de regresé a pensar en un valsecito, y con aquellas estrofas de ojos verdes Bequerianos, pensé: se estilan tus ojazos y mi orgullo, como si la música en mi cerebro tratase de aplacar el olor a formol que impregnaba tu historia del siruyo....

Vos la mirarías a ella, mientras sus manos enguantadas reposaban tranquilas sobre una pierna negruzca y notaste como volteaban sus ojos atisbando los rasgos de otro cadáver, una mujer delgada indígena, escuálida, seguramente fue tuberculosa. Eso me dijiste vos, ya que dizque lucía sus cavernas pulmonares ya curadas por años de formol. Ella dejaba ver sus dientes con una sonrisa triste. ¿Tal vez fue madre, alguna vez? Me preguntaba eso, cuando me contaste que sus músculos fijados, delgados como fuetes, volarían por los aires en la oscuridad durante una clase de proyecciones histológicas. Así habían sido las cosas, y todos, según vos afirmarías, ciertamente eran irrespetuosos, pero valía todo en medio de la felicidad de aprender, de salir de la ignorancia con la ayuda de ellos, los silenciosos maestros.

En ocasiones me dijiste que te daba por preguntarte… ¿Quiénes serían en vida aquellos muertos? Yo regresé a mi musical contraparte imaginando algún recrujir de almidón que tal vez nacería en sus ropas, pues seguramente ellos vivirían luciendo sus atuendos, quizás la gente los miraría con envidia por la calle y de ellos tal vez murmuraban los vecinos los amigos y el alcalde… Ahora tan solo eran cadáveres, que instruían silenciosos sus lecciones. Nunca más vestidos… Mientras vos con los demás compañeros, vivían todo aquello, impertérritos y hasta engreídos, cuando observaban los grises y mudos maestros de anatomía, rígidos, desnudos, cada uno seguramente con su historia personal, que terminarían siendo inventadas por los mismos estudiantes. Ellos silentes, bajo su piel de un ocre pardo oscuro, solo enseñaban, aunque nada decían…

¿Quién sería el misterioso gigantón de los grandes serratos? Contaban que era un polaco cargador de bultos en el malecón. Frente a la mesa de granito, los ojos verdes de ella te miraban, ¿interrogantes? Entonces vos, serio y altanero, supongo yo que en tu mente le responderías…Yo sé que se estilan tus ojazos y mi orgullo cuando voy de tu brazo por el sol y sin apuro… Así lo quise pensar yo, mientras vos querías explicarme todo lo que contaban las leyendas de los previos pasantes. ¿Usaría alguna vez un traje de casimir aquel polaco? Cuál si fuese un humano… Sí, y tal vez andaría muy galante, dominguero quizás, y yo repetía mis preguntas… Desde luego parece un juego, que pensara en el valse aquel en vez de regresar a Bécquer “ante aquel contraste de vida y misterio, de luz y tinieblas” pero ni pensé un momento en la soledad de ellos, los mudos maestros, tan solos… que solos, se quedan los muertos

Al despedirme regresé a mi valsecito peruano y añoré no poder saludar a mí amigo con un gesto como tocando el ala de mi sombrero mejor, pero hube de aceptar que en estos tiempos, ya no se estila, ni tan siquiera un sombrero para defendernos de nuestro marabino sol, tan fiero, ya sé que no se estila, ni se acostumbra ahora que para cenar te pongas jazmines en el ojal, y es que los tiempos han cambiado y aunque no habría nada mejor que ser un señor de aquellos que vieron mis abuelos, será, posible mejorar gracias a que en las universidades, muchos apacibles cadáveres se permiten enseñarle en silencio la anatomía del cuerpo humano a tantos bisoños estudiantes, y es así y así será, como se sigue estudiando la inerte anatomía entre nosotros.

Maracaibo, lunes 18 de mayo del año 2026

domingo, 17 de mayo de 2026

“Marcellus”


Entre todos los animales, no hay duda de que los cefalópodos se encuentran entre los más inteligentes. Pulpos, calamares y sepias han demostrado en muchas ocasiones ser capaces de resolver problemas de gran dificultad, y todos ellos cuentan con sistemas nerviosos de una complejidad solo comparable a la de los mamíferos. El 3 de agosto de 2015, cuando el genoma del pulpo se publicó en 'Nature', algunos de los científicos que trabajaron en su secuenciación se referían a este animal como a “lo más parecido a un extraterrestre”. En 2022, un estudio en 'Science Advances' publicado por Rajewsky y sus colegas del Centro Max Delbrück, en Berlín, explicaron que los pulpos poseen un repertorio enormemente expandido de microARN (miARN) en su tejido neural.

La estación de investigación marina Stazione Zoológica Anton Dohrn, en Nápoles, se examinaron muestras de 18 tipos diferentes de tejido de pulpos muertos y estos estudios revelaron que estos pulpos llevaban a cabo una gran cantidad de edición de ARN, con una espectacular expansión de un conocido grupo de genes de ARN, los microARN y se encontraron 42 nuevas familias de miARN, en el tejido neural y principalmente en el cerebro. Los micro-ARN son pequeñas moléculas de ARN no codificantes que regulan la expresión génica a nivel post-transcripcional. Generalmente actúan sobre la expresión genética mediante el silenciamiento o la degradación de los ARNm, y están implicados en la regulación de varios procesos biológicos, como la diferenciación celular, la proliferación, la apoptosis y en el desarrollo embrionario y tisular. Los miARNs representan solo un 2-3% del genoma humano, y se calcula que pueden regular la expresión de aproximadamente un 60% de los genes.

En diciembre del año 2021 (https://bit.ly/3LvRdo4) ya les decía que los pulpos “tienen un sistema de ganglios que forman centros nerviosos y envían mucha información desde todo el cuerpo: algo similar a una red, tal y como el Internet”… Desde una perspectiva evolutiva, los pulpos son los únicos entre los invertebrados, que tienen un cerebro central y un sistema nervioso periférico, que es capaz de actuar de forma independiente. En 2023 cuando hablé del ARN de los pulpos en este blog lapesteloca dije que, entre todos los animales, no cabía duda alguna de que los cefalópodos se encuentran entre los más inteligentes. Un pulpo común tiene alrededor de 500 millones de neuronas. Los seres humanos, en comparación, tenemos cerca de 100.000 millones. La antigüedad de estos cefalópodos sugiere que su inteligencia evolucionó independientemente de la nuestra. 

Los pulpos son en realidad completamente diferentes de cualquier otro animal en nuestro planeta. Su genoma muestra un nivel nunca antes visto de complejidad con la asombrosa cifra de 33.000 genes codificadores de proteínas identificadas, más que en un ser humano, tantos que un investigador estadounidense, el Dr. Clifton Ragsdale, de la Universidad de Chicago, afirmaría que: El pulpo parece ser totalmente diferente de todos los otros animales, incluso de otros moluscos, con sus ocho brazos prensiles, su gran cerebro, y sus habilidades para resolver problemas de una manera inteligente.

Mi sangre aunque plebeya también tiñe de rojo el alma en que se anida, mi incomparable amor” cantaba el inolvidable astro mexicano Pedro Infante en “El Plebeyo” sin duda refiriéndose a no ser un tipo “de sangre azul” y ya en el año 2017 también señalaba en  lapesteloca  la existencia (https://bit.ly/3I5nlKFde “pulpos de sangre azul”, destacando que los peces antárticos, pueden regular el abastecimiento de oxígeno a través del “pigmento” de la sangre, la hemoglobina, pero los pulpos antárticos ajustan su hemoglobina de forma que sigue liberando suficiente oxígeno a los tejidos incluso a 0 ºC.   O sea, que, maracuchamente hablando no cabe sino decir… ¿Qué más queréis?

Pero, hay más… El 8 de mayo de este año 2026 con Netflix la actriz Sally Field de quien hablamos ayer en este blog (lapesteloca), protagonizaría brillantemente la película  Criaturas luminosas (Remarkably Bright Creatures) una película de este año 2026, que es una especie de drama de misterio, co-escrito y dirigido por Olivia Newman, como una adaptación de la novela del mismo título (Remarkably Bright Creatures), de Shelby Van Pelt. El filme es protagonizado por Sally Field, en el rol de Trova y con Lewis PullmanJoan ChenKathy BakerBeth GrantSofia Black-D'EliaColm Meaney. Alfredo Molina es la voz de el pulpo “Marcellus”.


Cuando en Augosto del 2024, se anunció que Neflix adaptaría la novela de Shelby Van Pelt's Remarkably Bright Creatures (2022). Olivia Newman fue seleccionada para escribir el guion y dirigir el filme con John Whittington, y Sally Field en el rol de Tova. Adicionalmente Katie Silberman escribiría el guion en marzo 2025. Lewis PullmanColm MeaneyJoan ChenKathy BakerBeth GrantSofia Black-D'Elia, y Laura Harris se incorporarían al elenco en Mayo 2025 en Vancouver, Canada, con  Ashley Connor en las cámaras. A través de los insólitos vínculos que se forjan durante los turnos nocturnos en un acuario local, Tova, una mujer viuda, descubre algo que le cambiará la vida y que puede devolverle la alegría y la capacidad de asombrarse.   

Marcellus, es un pulpo que vive en el acuario donde Tova's conversa con él y lo quiere y lo protege, pero el pulpo, como muchas veces lo ha corroborado este blog, es muy inteligente, comprensivo y ante sus problemas personales le tiene gran cariño. Toda esta maravilla fue posible gracias a Acuario de Vancouver y a un pulpo gigante del Pacifico en el rol de Marcellus quien piensa  y opina a través de la Alfredo MolinaMarcellus es un pulpo increíblemente curioso y descarado. Cada día, mucha gente pasa por delante de su tanque en el acuario de Sowell Bay, aunque pocos se detienen demasiado. En cambio, Sally Field quien es Tova, la limpiadora, le ha cogido gran cariño y, mientras barre, le cuenta cuánto echa de menos a su hijo, desaparecido hace treinta años en el mar.

A Marcellus no se le escapa nada y es mucho más inteligente de lo que nadie podría imaginar, pero cualquiera podría imaginar que nunca se le ocurriría mover un solo tentáculo para ayudar a uno de sus captores humanos... Hasta que, escuchando y entendiendo a Tova, comienza a forjarse una inesperada amistad, la cual, con su perspicacia de detective, Marcellus ha deducido lo que sucedió la noche de la desaparición del hijo de la señora que limpia los cristales del acuario. Y ahora tendrá que ingeniárselas desde el otro lado del cristal para revelarle la verdad, antes de que sea demasiado tarde.


Una novela deslumbrante y conmovedora sobre una amistad capaz de vencer la peor de las soledades. Y una historia de esperanza sobre dos almas generosas, criaturas imperfectas... y  quizás por eso, increíblemente luminosas. Shelby Van Pelt es una jovencita que nació y creció en la región del Pacifico Noroeste de los Estados Unidos y en la actualidad vive en Chicago con su familia, y ¡¡“Criaturas luminosas” es su primera novela!! 

Sobre la novela de Shelby The Washington Post ha dicho que esMemorable y tierna” y Booklist la ha calificado como “Única y luminosa». El diario Irish Independent, la describe comoUna irresistible y totalmente original novela feel-good con un toque de misterio y llena de personajes inolvidables”. Spectrum anunciaría que “Su calidez e ingenio te deleitarán”. Para la revista Elle, la novela… “Impregnada de un tierno humor, la elegante historia de Van Pelt sobre una viuda que encuentra comprensión y conexión en un inteligente pulpo resulta refrescante y sorprendentemente cercana”. Angie Han del The Hollywood Reporter opina: "Como película sobre personas, su suave sentido del humor y su profundidad de sentimientos bastan para arrastrarte en una ola de emoción". 


Hasta aquí sobre otro increíble filme de Sally Field que nos vale para volver a hablar de los muy curiosos e inteligentes seres que son los pulpos.

En Maracaibo, el día domingo 17 de mayo del año 2026