miércoles, 8 de julio de 2026

María Antonia (2)

 

En un pueblo lejano y muy distante, en Punta Cardón, en la península de Paraguaná a orillas del mar Caribe, se fue a vivir MariaAntonia sin decirle nada a nadie. Sola con su hija pequeña, en la casa de una prima casi olvidada de su familia. Allí, frente al mar, criando Julimary lloró hasta que el llanto se le secó con el sol, la sal y el yodo, para interminablemente continuar “canturreando las canciones más tristes, le diré a todo el mundo lo que tú me quisiste”... Sin poder olvidarlo, algunas veces pensaba...  Doquiera que tu vayas, si te acuerdas de mi, la pena que me invade, en sol se ha de convertir, fatalidad ya no existe, tu recuerdo será, resplandor en las noches doquiera que tú vas”...   Fuiste tomando color con tanto sol y te gustaba cantar los boleros tristones de Felipe Pirela y las canciones de puro despecho de Julio Jaramillo. Te divertía imaginar que tu Julio, lejos, en algún sitio, quizás también cantaría... “Yo sufro lo indecible si te entristeces, no quiero que la duda te haga llorar, hemos jurado amarnos hasta la muerte y si los muertos aman después de muertos amarnos más”... En las noches y ante la luna que se elevaba rielando en el mar, cantabas imitando a Blanca Rosa Gil... “Tengo el corazón hecho pedazos”..: “noches y más noches sin descanso” ... y luego, con lágrimas en los ojos decías para ti... “Más frágil que el cristal fue tu amor por mí”... Mirabas el astro de la noche para gimotear... Luna, ruégale que vuelva y dile que lo quiero, que por ti  lo espero a la orilla del mar... Luna tú que le conoces”...  Seguías amándolo, y buscabas justificarlo, pero siempre en silencio, mientras sin poder ocultar tu dolor entonabas... “Estoy sola, irremediablemente sola...  Hoy te has ido para siempre de mi vida y has abierto una herida, que jamás ha de cerrar”... ¡Ay Julio mío! “A tu amor mi cariño se aferró desesperadamente y no sé por qué tus labios pronunciaron, el adiós”.  En aquella soledad con el viento salobre del Caribemar pensaste que cada día transcurría como un mes y cada mes ya te parecía un año... “Un siglo de ausencia” y cantabas desgarrada de amor... “Tan separada de ti, pensar que no he de verte otra vez, fingir que soy feliz sin tu amor, llorar con mi dolor”... 

 

Pero todo tiene un final, hasta los dolores nacidos de amores contrariados, se acaban, y MariaAntonia pareció recapacitar. Con Julimary ya caminando, regresó un día a su casa del Barrio Obrero en Sabaneta. Allí se encontró otra vez con la sombra del Julio que ella había amado, un Julio arrepentido, enflaquecido, quien había sido despedido de su trabajo y vegetaba solo y contrito, en su casa, que parecía un mudalar de escombros. MariaAntonia volvió para hacer una limpieza profunda, y para tomar las riendas. En esa oportunidad fue cuando se entrevistó con el doctor José Asunción Carloni-Corso quien estaba a punto de abrir un Instituto de Neurología y Psiquiatría en la ciudad de fuego, y necesitaba una administradora que le llevara las cuentas y le organizara todo lo relacionado con el personal que estaban contratando. Así fue como MariaAntonia Polanco comenzó a formar parte del INP y de todos los festinados preparativos destinados a inaugurar en la cercanía del hospital y de la Facultad de Medicina, lo que debería haber sido una prestigiosa institución.

 

MariaAntonia nunca pensó que en aquel cargo habría de durar más de quince años, y menos aún que sería ella quien en muchas oportunidades habría de llevar las riendas para guiar y tascarle el freno a tantas gentes como las que trabajarían y debatirían sus vidas en aquella casa de locos.  Una de las críticas que siempre pesaron sobre la gestión de MariaAntonia es su querida institución, fue la protección que, desde su posición directiva, ejerció siempre sobre su hermana menor. Cuando Carloni la contrató en el INP, ella le consiguió un cargo como secretaria y quizás afortunadamente, Antonieta decidió casarse varios meses después y se fue a vivir en la ciudad de los crepúsculos con su marido nuevo, un flamante abogado más joven que ella con unas agallas de escualo depredador. En 1982, con dos hijas, de 5 y de 3 años, regresó a vivir con su madre, Chela Polanco, en el restaurante de Los Haticos. Más pronto que tarde, MariaAntonia lograría para su hermanita un cargo de secretaria en la biblioteca del INP, donde tendría bastante tranquilidad y además, sobrado margen para incumplir los horarios supervisados por su propia hermana. (…) No obstante, en el decir de Vitico Chourio, el “office boy” del INP, Antonieta lo que estaba era, comenzando, “a dar más funciones que El Variedades”. 


Durante el intenso período de rebullicio, que giró alrededor del regreso de Antonieta, la vida ordenada y metódica que MariaAntonia había consolidado alrededor de su importante posición en el INP, comenzó a sufrir un nuevo percance. Julio, después de una larga temporada, que él denominaba risueño, “de paro forzoso”, consiguió un nuevo trabajo, como supervisor de planta para el personal en una conocida fábrica de cerveza de la ciudad de fuego, situada precisamente en Los Haticos. MariaAntonia no había necesitado hacer de tripas corazón cuando perdonó a Julio y regresó a vivir con él. No estaba dispuesta a criar a Julimary sola y las letras de sus boleros la hacían cantar... “Esta vez, ya no soporto la terrible soledad, ya no te pongo condición, harás conmigo lo que quieras bien o mal”. Ella volvería a poner todo su empeño para olvidar los efluvios de la negrota inmensa que le había desquiciado a su marido, y se repetiría constantemente que tenía que creer en él, que necesitaba amarlo como antes... “Llévame si quieres hasta el fondo del dolor, hazlo como quieras por maldad o por amor, pero esta vez, quiero entregarme a ti en una forma total, no con un beso nada más, quiero ser tuya sea por bien o sea por mal”.

 

Un año después nacería otra niña, y Julio quería llamarla Zulay, pero se impuso MariaAntonia para ponerla Yolanda, como la de la canción de Pablito Milanés. “Si me faltaras no voy a morirme, si he de morir quiero que sea contigo, mi soledad se siente acompañada por eso sé que a veces necesito tu mano, tu mano, eternamente tu mano”... Julio trabajando en la cervecería, tenía la tentación al alcance de la mano... Entonces ella habló con el doctor Carloni y le pidió dos semanas de vacaciones. Sabía que necesitaba reflexionar y regresó a Cardón. Otra vez se hallaba frente al mar. Con sus dos hijas pensó que estaba en una nueva disyuntiva con su Julio y de nuevo cantó cuanto quiso, pero esta vez no lloró como antes lo había hecho. “Me tienes, pero de nada te vale, soy tuya, porque lo dicta un papel, mi vida la controlan las leyes, pero en mi corazón, que es el que siente amor tan solo mando yo”... Miraste el mar hasta que los ojos se te cansaron de otear la línea del horizonte, y pensaste... “Permíteme igualarme con el cielo, que a ti te corresponde ser el mar”... No sabías porqué, pero tú no podías dejar de quererlo.  No obstante, Julio ya se había atrevido a sincerarse. Te lo había dicho, había perdido el interés en tu vida, y en tus cosas...  Aunque ni Julio ni ella se querían divorciar el distanciamiento entre los dos fue cada día más grande... Ella confiaba en un milagro, pero sabía que él se sentía muy mal, porque su sueldo no era ni la mitad del de ella, y la argumentación de ella insistiendo en que esa era una actitud machista que debía superar, supuestamente era escuchada, mas no atendida. Ella sabía que sus palabras ya no surtían ningún efecto sobre Julio.  


Al regresar MariaAntonia de Punta Cardón, Julio comenzó a perderse de la casa por temporadas. A ella no le interesaba el divorcio, y argumentaba que no quería dejar a sus hijas sin padre. Antonieta discutiría con su hermana hasta cansarse. Había jurado que la convencería, y la invitaría reiteradamente, e insistiría en que tenía que salir, que conocer a otros hombres. Ella al fin aceptaría sus sugerencias y saldría una noche, y bebería hasta sentirse achispada, y su pareja que sería un hombre serio que ella bien conocía, un divorciado que sabía lo que buscaba, no era suficiente, y al final ella no se atrevería, y lo rechazaría. Ella no aceptaría sus propuestas, ¿cómo imaginarlo? En la madrugada habría de regresar a su habitación y sería un llorar interminable, amargamente, porque definitivamente ella estaría convencida de que la sombra negra de Julio no le dejaría vida, nunca más...  

 

Pero de todas aquellas cosas, querida MariaAntonia, lo que más furia te daba, ciertamente, era pensar en Julio, todo el tiempo, constantemente. Era oírte a ti misma, musitando en las noches, “en la multitud, busco los ojos que me hicieron tan feliz, y no logro hallar en otros labios la ilusión que ya perdí”... Era, imaginarte a Julio, con su melodiosa voz de terciopelo como otrora, diciéndote al oído. “Me da pena que sigas sufriendo tu amor desesperado, yo quisiera que tú te encontraras de nuevo otro querer”.  Era ya el colmo, y en medio del trabajo, que era tu único aliciente, peor resultaría tener que enterarte cada semana de una nueva historia de tu hermanita. Te enervaba saber que la hermosa Antonieta, día a día, bajo tu control, y tu supuesta supervisión, estaba cortando en su trabajo, rabo y orejas, o como ella misma lo decía, tumbando las chiritas por el cogote, iba tirándole palo a todo mogote, dándole por donde era a tutilimundachi, no importándole nada y haciendo su personal revolución.

 

NOTA: hasta aquí y para este blog (lapesteloca) la historia de MariaAntonia que es tan solo un fragmento de la novela “Ratones desnudos” (puedes buscarla en Amazon).

 

Maracaibo, el miércoles 8 de julio del año 2026

martes, 7 de julio de 2026

María Antonia (1)


Extraña manera esta de comenzar la historia de las hermanas Polanco en el INP, (así comienza el capítulo 10 de la novela “Ratones desnudos) pero es, al fin y al cabo, diferente, como casi todo este asunto. Sabemos que ambas dos, estaban bien preparadas, especialmente MariaAntonia, graduada de Contaduría Pública y de Economista, y Antonieta tenía también varios cursos de Secretariado Comercial, aunque en realidad la menor se dedicaría a ser la esposa de su marido, un joven abogado de la ciudad de los crepúsculos a donde se marchó a vivir la pareja en el 76, un año después de haberse casado tras un breve noviazgo. MariaAntonia era una mujer con una personalidad fuerte y decidida, de una eficiencia ejecutiva poco común, por lo que no le fue difícil transformarse en el cerebro pensante de las finanzas del INP. Carloni supo reconocer estos dones en cuanto la conoció y la contrató de inmediato durante el año 1975 cuando recién se había inaugurado el INP. Hablar sobre MariaAntonia obliga a asociarla con la música y especialmente con los boleros. Esto puede parecer extraño, puesto que ella es una fiel exponente de su signo astrológico, Libra, exageradamente equilibrada, precisa hasta hacer impensable una equivocación en cualquier renglón de su vida, y menos aún en el desempeño de su trabajo. Desde su ingreso al Instituto, y durante más de 15 años, esta mujer con gran capacidad de trabajo y un espíritu aparentemente ponderado, demostró poseer un alma romántica, que la llevó silenciosamente a ser víctima de una pasión melomaníaca incurable. Con una inquebrantable firmeza sería ella quien llevaría los hilos conductores de las finanzas del Instituto de Investigación Neurobiológica más importante del país nacional.

 

Julio Díaz era un sujeto moreno, alto y delgado, de labios gruesos y con una voz de locutor de radio que lograba tonos sedosos y registros profundos, acariciantes, sobre todo al desplegar su sonrisa, permanente e impecable, de nívea blancura. Julio era un tipo especialmente elegante. Vestía siempre con un flux de pana gris y corbata de colores radiantes, lucía un sombrerito adornado con una pluma de loro y fumaba cigarrillos “Camel” o “Chesterfield”, pero nunca en su sitio de trabajo. Desde hacía una década, era chofer exclusivo de una línea de taxis de las más antiguas y prestigiosas de la ciudad de fuego. En su diario trajinar “haciendo carreras”, Julio había conocido a MariaAntonia Polanco. En aquellos tiempos, ella era estudiante de la Universidad, ya se había graduado de Contabilista, estaba empleada en la Tesorería de la Municipalidad, y estudiaba por las tardes y noches Ciencias Económicas. Sus gastos por traslados desde la Tesorería en la plaza Bolívar hasta la Universidad en autos de la línea “Concordia”, eran costeados por el tesorero del Municipio, un viejo amigo de la señora Chela, su madre, quien de paso sea dicho, abrumaba a la hija con sus propuestas y galanteos. Para la época, la hija mayor de Chela Polanco de veinticinco años, se había transformado, de linda joven en una bella mujer, y sus amigos nunca le habían conocido novio fijo ni duradero. A pesar de no haber querido nunca comprometerse, asegurando que primero estaban sus estudios, MariaAntonia era una enamorada de la música romántica. Ella aseguraba conocer la letra de todos los boleros y, además, los cantaba magistralmente. (…) Por su buena educación, fluida conversación, y su natural elegancia, Julio Díaz, fue día a día, viaje tras viaje, envolviendo con su charla a la estudiante. Con rumorosa trama, el moreno arrullaba a la despierta muchacha, quien comenzó queriéndolo como un buen amigo. Lentamente, el elegante y conversador chofer, casi una década mayor que ella, se atrevió a insinuársele, y posiblemente él fue el primer sorprendido cuando la hija mayor de Chela Polanco aceptó su propuesta matrimonial. Antonieta objetó a aquel señor viejo, ¡de casi treinta y cinco años!, y con una sospecha pendiente sobre su vida, el hecho curioso de no existir ni una mácula en el historial del cumplido chofer de la línea “Concordia”. A pesar de los resquemores y de los chismes, Doña Chela les dio su bendición, y se casaron en la iglesia de San Judas Tadeo, para irse a vivir en una casita del Barrio Obrero, en el sector de Sabaneta, una populosa barriada de la ciudad de fuego... 


Estabas viviendo el amor de tu vida. Habías hallado en Julio algo especial, un no sé qué antes no conocido. Enamorada, cantabas las canciones de Benny Moré, preguntándote que como había ocurrido todo aquello... “Como fue, no sé decirte como fue, no sé explicarme que pasó, pero de ti me enamoré”. Así llegó hasta ti la felicidad, y se querían como locos, y se respetaban con una seriedad casi de personas mayores, y se amaban en el inmaculado apartamento del Barrio Obrero. Eran almas gemelas en el orden y en la pulcritud, en lo metódicos y comedidos, en lo desenfrenados en la cama, y era que no podías olvidar sus palabras, con aquella, su voz melodiosa de terciopelo, y por tantas cosas como eran, le creíste, confiaste en él con los ojos cerrados... “Muy juntitos los dos hallaremos un rincón cerca del cielo”, con un amor que prometía ser eterno, o al menos para toda una vida, “estaría contigo, no me importa en qué forma ni cómo ni dónde pero junto a ti”, y cantabas todo el tiempo, emocionada, “sin un amor, la vida no se llama vida, sin un amor, le falta fuerza al corazón, sin un amor el alma muere derrotada, desesperada en el dolor, sacrificada sin razón, sin un amor no hay salvación”. Eran, la pareja perfecta. Salían casi todos los fines de semana, tomados de la mano y se iban a sitios diferentes. Les encantaba tomar cerveza, o bailar, y se miraban lánguidos, perdidamente enamorados. No faltó la oportunidad de cantar a duo... “Cuando se quiere de veras, como te quiero yo a ti, es imposible mi cielo, tan separados vivir”... Ya les conocían en varios sitios nocturnos de la ciudad de fuego. Con tanto amor y romanticismo, vivías tus boleros, emocionada... “Por algo está el cielo en el mundo, por hondo que sea el mar profundo, no habrá una barrera en el mundo que mi amor profundo no rompa por ti...”  En tu casa, jugando entre las sábanas, le decías a Julio... “Tus besos se llegaron a recrear aquí en mi boca, llenando de ilusión y de pasión mi vida loca... tus labios me enseñaron a sentir lo que es ternura y no me cansaré de bendecir tanta dulzura”. Tú y Julio parecían estar convencidos de que, “una vez nada más, se entrega el alma, con la dulce y total renunciación, y cuando ese milagro realiza el prodigio de amarse, hay campanas de fiesta que cantan en el corazón”.


Así llegaron al embarazo y a la fecha cercana al nacimiento de Julimary, cuando en medio de tanta felicidad se produjo el accidente. Un camión con parachoques tipo “mataburros”, de esos usados para transportar ganado en zonas fronterizas, atropelló por detrás al LTD de la línea “Concordia” conducido por Julio Díaz y el atildado chofer habría de pasar varios meses en cama y luego otros tantos envarado, con un collarín, sin poder regresar a su trabajo. El seguro pagaría los daños del auto y sus gastos médicos, pero en la larga convalecencia, Julio comenzó a salir con varios amigos. Al nacer Julimary, todavía estaba incapacitado para conducir, mas no así para empinar el codo y para opinar con unas cervezas y unos rones de más, que él hubiese querido un varón como su primer hijo y no aquella bebé morena y regordeta. Como era de esperarse, estas cosas descontrolaron a MariaAntonia quien se sintió muy afectada por el comportamiento de su marido. Él, continuó llegando tarde con tragos encima, y ella comenzó a pelear, de manera que las cosas fueron empeorando. Antonieta estimulaba la querella mientras la abuela Chela suspiraba y la madre sufrida cargaba a su hija todo el tiempo dándole de mamar, y se pasaba las noches en un ir y venir, llorando, examinando camisas en busca de señales y husmeando la ropa de su marido quien dormía a pierna suelta con trepidantes ronquidos. MariaAntonia a pesar de que comprendía que algo anormal estaba sucediéndole a su Julio, no quería aceptar que los curiosos vahos que desprendían su ropa interior y sus camisas, pudiesen tener algo que ver con otra mujer. Ella seguía por lo bajito, cantando... “Entre tu amor y mi amor, debe existir la verdad, ya no podemos jugar, con nuestras almas los dos”... Pero era evidente que algo más que unos amigos y unas cervezas estaban trastornando la vida de su marido. Algo estaba creando un conflicto en la pareja, y ella no sabía cómo hacer para intentar una reconciliación. MariaAntonia cantaba amargada... “La distancia entre los dos es cada día más grande, de tu amor y de mi amor no está quedando nada, sin embargo el corazón no quiere resignarse, a escuchar el triste adiós que sea tu retirada”... Estaba dándole la teta a Julimary cuando una vecina chismosa vino a contarle que era una negra. Una negra grandota, más alta que él, ¡ y así de doble!, ¡así!, le decía su amiga de lo más expresiva, mientras ella lloraba en silencio convencida de que hasta allí había llegado su linda historia de amor y de cariño sincero. Pasaron varios días hasta la noche cuando Julio, medio borracho, con la camisa pintada “de creyón de bemba” como le dijera MariaAntonia, llegó, y sin escucharla se derrumbó rendido en la cama, antes de que ella tomase una decisión trascendental. Cargó con su hija y se fue de la casa sin decirle ni una palabra más. Esa misma noche desaparecería de la ciudad de fuego.

NOTA: esta historia que es parte de una novela, continuara y finalizara mañana miércoles para los lectores de lapesteloca.blogspot.com.

 

En Maracaibo, el martes 7 de julio del año 2026

 

lunes, 6 de julio de 2026

Las “células sintéticas”


Las células son los componentes fundamentales de la vida, pero están lejos de ser simples. El cuerpo humano contiene unos 37 billones de células, una cifra superior al número de estrellas en el cielo, y los científicos todavía no saben con exactitud cómo funciona cada tipo de célula ni qué contiene cada una de ellas.

Desde hace décadas, los científicos modifican mediante bioingeniería células naturales para resolver problemas humanos. Un ejemplo conocido es la inserción de genes de la insulina humana en células de la bacteria E. coli para producir insulina y tratar la diabetes. Los investigadores sostienen que las células sintéticas representan la próxima frontera de este campo, ya que podrían conducir al desarrollo de nuevos tratamientos contra el cáncer y de formas innovadoras de capturar carbono o fabricar sustancias químicas.

En Madrid el 01 de julio de este año 2026, el diario El País de España, nos muestra a Kate Adamala, una joven investigadora de la Universidad de Minesotta quien informa que su equipo ha publicado un estudio no revisado aun por expertos independientes en el que describe su creación... Aseguran haber creado una “célula sintética” capaz de realizar un ciclo completo: nacer, alimentarse y reproducirse.

El objetivo del equipo era explorar la vida artificial, algo que muchos equipos de todo el mundo persiguen desde hace años, pero el anuncio de Kate Adamala se ha hecho de forma completamente irregular, sin publicar un estudio revisado por expertos independientes, sino con un largo documento de 190 páginas que se ha subido a la web del equipo.

La responsable principal del estudio, Kate Adamala, de la Universidad de Minnesota, asegura que envió el estudio a la revista Cell, un referente de la investigación en biología molecular, y que lo rechazaron diciendo que esto no era biología, según la sección de noticias de Science. Tras este rechazo, Adamala contactó a unos cuantos periodistas de Estados Unidos para contarles el avance. Medios como The New York Times, CNN o el especializado Quantamagazine han publicado este miércoles la noticia.

La joven Kate Adamala explica que no le quería poner su nombre a su creación, así que decidió llamarla Spudcell, “célula patata”. Se trata básicamente de una esfera de grasa microscópica que compone el esqueleto celular, y en cuyo interior hay unas 90.000 letras químicas de ADN que componen un genoma reducido a su mínima expresión, unas 50 veces más pequeño que el de microbios naturales. Este material incluye la maquinaria molecular para leer y copiar ese ADN para permitir que estas células artificiales puedan replicarse.

Según el documento publicado por el equipo de Adamala, estas células creadas desde cero son capaces de alimentarse cuando los científicos les proporcionan alimento —pequeñas vesículas rellenas con compuestos bioquímicos—. También pueden poner en marcha su sencilla maquinaria genética y copiar su ADN para replicarse y producir otras células hijas. Pero este sistema funciona solo si los científicos intervienen aplicando fuerza para producir la división celular.

El proceso, además, es muy imperfecto. Para lograr múltiples rondas de división, los investigadores tuvieron que pasar las células a presión a través de una membrana con agujeros diminutos. Al hacer esto surge otro problema: debido a que los genomas replicados no se separan limpiamente durante la división, solo el 30% de las células resultantes conserva el genoma completo tras cinco ciclos de división. Y además los elementos clave de la maquinaria molecular necesaria van estropeándose y dejan de funcionar.

Los científicos aseguran que este nuevo sistema no solo se alimenta y reproduce, sino que también evoluciona. Han introducido una mutación en el genoma que hace que las células se alimenten con más avidez que otras y crezcan más rápido. En cinco generaciones, esa mutación se hace mayoritaria. Parece evolución natural, pero realmente no lo es, porque la mutación ha sido introducida adrede y la división celular, asistida por los científicos.

Uno de los principales objetivos de este campo de la biología sintética es crear formas de vida capaces de realizar “funciones a la carta”, como producir energía limpia a partir de residuos. Más allá, este tipo de experimentos intenta entender cómo pudo surgir la vida por primera vez y diseñar nuevos sistemas capaces de realizar las funciones fundamentales de las entidades vivas, sin ser exactamente seres vivos.

Hasta ahora, los mayores hitos en este campo se habían conseguido con una aproximación de características opuestas: partir de un microbio real, vivo, e ir reduciendo su genoma hasta su mínima expresión. Este esfuerzo, liderado por el recientemente fallecido Crag Venter, consiguió crear vida más sencilla que la vida natural.

La aproximación de Adamala es precisamente lo contrario: empezar de cero e ir construyendo los componentes básicos de un sistema autorreplicante, hecho de 36 enzimas, 90.000 letras de ADN y una membrana lipídica que envuelve el conjunto en una pequeña burbuja de grasas.

La célula sintética que Adamala y sus colegas construyeron “no representa “vida creada en el laboratorio”, sino “un verdadero hito en el camino hacia esa cuestión”, esto lo afirmó Yuval Elani, profesor asociado de Tecnologías Bioquímicas en el Imperial College London, quien no participó en la investigación.

Maracaibo, el lunes 6 de julio del año 2026

domingo, 5 de julio de 2026

La consulta médica y la IA


La fragmentación autonómica, la falta de formación y obsolescencia tecnológica ralentizan su avance, pero aquí van algunos datos sobre el uso de la inteligencia artificial (IA) en el diagnóstico médico. La IA avanza como una tecnología llamada a transformar el ecosistema sanitario en los próximos años. Veamos el ejemplo en España.

Para el sector de la salud, la IA ya no es una promesa futurista. En los últimos años, se ha empezado a implantar en centros de salud, hospitales, laboratorios clínicos y servicios de radiología, aunque de forma desigual y fragmentada, desde herramientas que transcriben automáticamente la conversación entre médico y paciente hasta algoritmos capaces de detectar lesiones en mamografías o a predecir riesgos clínicos.

En España, el Ministerio de Sanidad quiere convertirla en uno de los ejes de la transformación digital del Sistema Nacional de Salud (SNS). Para ello, el Consejo Interterritorial de este organismo aprobó en noviembre de 2025 la estrategia nacional de IA eI ASNS, una hoja de ruta que prevé desplegar de forma coordinada esta tecnología con las comunidades autónomas hasta 2029 y que sitúa entre sus prioridades ámbitos como la medicina personalizada, la monitorización remota, la detección precoz de enfermedades crónicas y los asistentes quirúrgicos robóticos.

“La implantación de la inteligencia artificial en España en atención primaria es parcial y muy dependiente de la comunidad autónoma”, explica Jorge Pérez González, coordinador del grupo de IA de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (SemFYC). Esta tecnología se está utilizando sobre todo para automatizar tareas administrativas, reducir burocracia y agilizar consultas. Uno de los usos más habituales son los sistemas capaces de transcribir conversaciones entre médico y paciente y generar borradores automáticos de informes clínicos. A ello se suman los modelos de lenguaje como ChatGPT o Gemini, que los profesionales están empleando para resolver dudas farmacológicas, interpretar pruebas complementarias o consultar evidencia científica reciente.

“Los últimos motores interpretan bastante bien electrocardiogramas o espirometrías. No sustituyen al profesional, pero sirven como una segunda opinión”, afirma Francisco Javier Sanz-García, coordinador del Grupo de Trabajo de Innovación Digital en Salud de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen). El especialista también cita otros casos de uso cotidianos: desde cálculos de dosis pediátricas hasta revisión de interacciones farmacológicas en pacientes polimedicados o generación automática de respuestas administrativas. “Antes podía tardar media hora en contestar una reclamación; ahora puedo responder cinco en el mismo tiempo”, añade…

El diagnóstico por imagen es otro de los ámbitos donde la IA está avanzando con más rapidez. Cataluña, una de las comunidades más activas en este terreno, ha impulsado el programa Salut/IA y una infraestructura común denominada IA-HES para integrar algoritmos de inteligencia artificial en el sistema sanitario público catalán. Entre los proyectos impulsados figuran herramientas para detectar retinopatía diabética a partir de imágenes del fondo del ojo, sistemas de apoyo al cribado de cáncer de mama mediante mamografías, análisis de radiografías de tórax para identificar patrones compatibles con neumonías o insuficiencia cardíaca y soluciones de apoyo al diagnóstico y priorización de lesiones dermatológicas sospechosas.

La revolución también alcanza a los laboratorios clínicos. Daniel Prieto Arribas, miembro de la Comisión de Ciencia de Datos de la Sociedad Española de Medicina de Laboratorio Semedlab, apunta que la IA ya está presente en áreas como hematología, microbiología o genética. “No partimos de cero. Los laboratorios clínicos llevan años incorporando automatización, sistemas de ayuda a la validación, algoritmos clínicos y herramientas de análisis de datos”, señala.

La inteligencia artificial aplicada a la salud deberá adaptarse a dos grandes normas europeas, el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) y la nueva Ley Europea de Inteligencia Artificial (AI Act). Esta última entró en vigor el 1 de agosto de 2024 y se aplicará de forma progresiva hasta 2027. Se prevén varias fases: desde febrero de 2025 quedaron prohibidos los sistemas considerados de “riesgo inaceptable”; en agosto de 2025 comenzaron a aplicarse obligaciones para modelos de IA generativa de propósito general; y a partir de agosto de 2026 entrarán plenamente en vigor la mayoría de las exigencias para sistemas de “alto riesgo”, categoría en la que se incluyen muchas aplicaciones sanitarias.

En salud, esto implica que las herramientas de IA deberán garantizar supervisión humana, trazabilidad, transparencia y control de sesgos, además de cumplir las estrictas normas europeas sobre protección de datos clínicos sensibles. Sin embargo, precisa que en la actualidad las nuevas herramientas pueden integrar más información, reconocer patrones más complejos y ofrecer apoyo a la decisión en tiempos compatibles con la práctica asistencial.

“No ha venido para sustituirnos, sino para hacernos mejores médicos o más eficientes”, sostiene Sanz-García, y este especialista de Semergen compara la irrupción de estas herramientas con la llegada de la historia clínica electrónica hace dos décadas. En aquel entonces, algunos profesionales se adaptaron rápidamente y otros mostraron mayor resistencia inicial, pero la digitalización finalmente terminó imponiéndose.

Pese al plan de Sanidad y al optimismo generalizado, los especialistas coinciden en que los desafíos por delante son aún enormes. El primero es tecnológico: muchos sistemas sanitarios continúan utilizando infraestructuras antiguas y poco interoperables. “La principal barrera es la integración de la inteligencia artificial en los sistemas de atención primaria”, avisa Pérez González. “Si para usarla tengo que abrir cuatro pestañas distintas, probablemente deje de utilizarla”, recalca. La fragmentación autonómica añade otra dificultad. “Estamos repitiendo el error de las historias clínicas electrónicas: cada comunidad desarrolla sus propias herramientas”, advierte Sanz-García. Los especialistas alertan de que esta falta de homogeneidad puede dificultar la interoperabilidad entre sistemas, ralentizar la implantación de soluciones a gran escala y generar desigualdades entre territorios en el acceso a determinadas tecnologías.

También complica la creación de bases de datos amplias y estandarizadas, uno de los elementos clave para entrenar algoritmos fiables y eficaces en el ámbito sanitario. La formación es otro desafío central. Los profesionales sanitarios necesitan aprender a utilizar estas herramientas de manera segura, no solo desde el punto de vista técnico, sino también ético y legal. “Aunque aprendamos a hacer buenos prompts, debemos tener siempre clara nuestra responsabilidad y la privacidad de los datos”, insiste Pérez González. A ello se suma la necesidad de generar confianza social y garantizar la protección de información especialmente sensible. Aunque los médicos consideran que el marco legal europeo es sólido, recuerdan que el verdadero desafío será ejecutar correctamente esa protección en la práctica diaria. Pese a todo, el consenso entre médicos, Administraciones y empresas es claro: la IA tendrá un papel central en la sanidad de la próxima década.

“Vamos hacia un modelo mucho más proactivo”, resume Mar Pujadas, CEO y cofundadora de Omniloy, una startup española especializada en asistentes conversacionales clínicos integrados en historias médicas electrónicas. La IA permitirá monitorizar pacientes de forma continua, reducir listas de espera, automatizar tareas repetitivas y liberar tiempo para que los profesionales puedan centrarse en lo verdaderamente importante, el paciente. El gran reto, y todos parecen coincidir en ello, es cómo integrar esta tecnología de forma segura, homogénea y útil en un sistema sanitario sometido a una creciente presión asistencial.

Maracaibo, domingo 5 de julio del año 2026

sábado, 4 de julio de 2026

Dos escritoras y un hotel…


María Luisa Bombal Anthes (1910-1980) fue una escritora chilena, condecorada en 1974 con el Premio Ricardo Latcham del PEN Club Chile(1969), en 1976 con el Premio Academia Chilena de la Lengua  y en 1978 el Premio Joaquín Edwards Bello. Muchos intelectuales de su país pedían que María Luisa recibiese el Premio Nacional de Literatura, y la crítica nacional e internacional reconoció su relevancia para el desarrollo literario de la región sudamericana. Su obra, breve en extensión, se centra en personajes femeninos y su mundo interno, a través del cual escapan de la realidad. Destacó, además, por no vincularse a ninguna corriente de la época, alejándose conscientemente de las vanguardias y de el criollismo. Sus obras más conocidas son las novelas cortas La última niebla La amortajada.

En marzo del 2021 en este blog (https://tinyurl.com/5e67pj78) dijimos de ella, que: “Su pasión por idealizar el amor y el hombre imaginado, no debe hacernos creer que María Luisa Bombal vaga envuelta en la neblina de sus ensoñaciones”. En Valparaíso, de regreso al culminar sus estudios literarios en Francia, María Luisa, se enamora de Eulogio Sánchez, un hombre alto y fornido, pionero de la aviación chilena. Se inicia así ese amor que, en realidad apenas dura, pero que se extenderá por años en su memoria y en su imaginación como una irrenunciable pasión. Para ella, la promesa de matrimonio no tarda en deshacerse en el aire y él se aleja indolente En ese período, la definió Pablo Neruda: “…la única mujer con la cual se puede hablar seriamente de literatura.” María Luisa conocía a Gabriela Mistral desde su paso por Argentina y durante esta época entabla una gran amistad con ella, quien también se encontraba radicada en dicho país. Además, es de las primeras personas que asistiría a su sepelio en Los Ángeles, Nueva York.

En 1940, tras el estreno de la cinta de Saslavsky, luego de una estancia prolongada en Buenos Aires y tras su primera visita a Estados Unidos, María Luisa Bombal regresó a Chile. Un nuevo fracaso amoroso reactivaría su primera pena de amor y la obsesión por la figura de Eulogio Sánchez. El 27 de enero de 1941 caminó lentamente por las calles del centro de Santiago hasta situarse frente a la puerta del Hotel Crillón; allí, esperó a Eulogio Sánchez, quien después de ocho años sin verla, ya casi no la recordaba. Alrededor de las 5 pm, y luego de encararlo, le disparó, hiriéndolo solo en el brazo.[] Fue encarcelada, pero solo cumplió una condena de pocos meses (fue absuelta en octubre), puesto que el herido la eximió de toda culpa. Una vez absuelta, viajó a Estados Unidos. Cuando se le preguntó por el motivo de su acción, ella declaró: “Al matarlo mataba mi mala suerte, mataba mi chuncho”… Me arruinó la vida, pero nunca lo pude olvidar” afirmó María Luisa sobre su relación con Sánchez años más tarde.

María Carolina Geel, era el seudónimo de Georgina Elena Silva Jiménez (1913-1996). Fue una escritora y crítica de literatura chilena. Catalogada como una mujer muy controvertida tanto por su propuesta narrativa irreverente y atrevida, como por protagonizar uno de los crímenes más conocidos de la época, llevado a cabo en el Hotel Crillón de Santiago. María Carolina a los 13 años se inscribe en la Escuela de Bellas Artes para estudiar Escultura y Dibujo, que tampoco finalizó. Desde pequeña era una lectora infatigable, autodidacta, con solo 14 años leía a autores como Nietzsche, Cervantes, Dostoyevski, Proust, Gide, Rilke entre otros. En 1926, con 15 años de edad, contrajo matrimonio con Pedro Echeverría Muñoz, un funcionario de investigaciones que ejercía en un juzgado de la capital. De este matrimonio nacería su primer y único hijo, Sergio Alejandro Echeverría Silva, el 4 de abril de 1932. Sin embargo, tiempo después y por motivos desconocidos, la pareja se divorció y tanto su hijo como su ex marido se radicaron en México.

Maria Carolina, se presentó como novelista con El mundo dormido de Yenia (1946), que tuvo una recepción bastante dividida entre los lectores. Posteriormente, publicó Extraño estío (1947), relato que lleva a la ficción la vida de una mujer divorciada, Soñaba y amaba al adolescente Perces (1949). Luego de su primer fracaso matrimonial, buscando independencia económica, María Carolina ingresa a trabajar como taquígrafa en el Consejo de la Caja Nacional de Empleados Públicos y Periodistas, puesto que desempeñó con eficiencia hasta 1952. Se casó por segunda vez con un hombre llamado René Cárdenas, un médico y del que más tarde también se divorció. Se dice que María Carolina padecía Hiperestesia aguda lo que le causaba fuertes dolores físicos.

En 1950, mientras trabajaba en la Caja de Empleados Públicos conoce a Roberto Pumarino Valenzuela, un joven empleado, segundo jefe de la sección máquinas de la caja de empleados Públicos y Periodistas, militaba en el Partido Socialista y era dirigente de la Asociación Gremial de los Empleados Fiscales. Pumarino estaba casado y tenía un hijo, pero ambos comenzaron un romance a pesar de la diferencia de diez años, ella tenía 37 y él 27. En febrero de 1955, Pumarino enviudó debido a que su esposa sufrió un derrame cerebral.  ]Él habría intentado separase pero su esposa le negó la anulación. Después de enviudar le pidió a María Carolina que se casara con él, sin embargo, la escritora lo habría rechazado. A raíz de esto Pumarino se habría comprometido con otra mujer, más joven que María Carolina, llegando a fijar la fecha de la ceremonia para el 13 de mayo del mismo año.

El martes 12 de abril de 1955, La escritora salió de su departamento rumbo a la farmacia de calle Moneda 941, en la esquina con Matías Cousiño. El analgésico para su hiperestesia estaba agotado. En la vereda del cine Cervantes, vio un depósito de armas nacionales. Caminó unos pasos hacia el local, pero se le ocurrió que la oficina de ferrocarriles para averiguar sobre los horarios de trenes a Mendoza, planeando emprender un viaje a Argentina y cambió el rumbo al saber que el tren salía el viernes a las seis de la mañana. En el trayecto decidió volver al depósito de armas, donde le mostraron varios modelos y le parecieron caros. A la vuelta de la cuadra, en el paseo Ahumada, encontró en otra armería una pistola baby browning belga calibre 6.35,] un arma semiautomática, pequeña y compacta, con cargador de 6 cartuchos. pagó por ella y volvió caminando a su departamento.

El miércoles 13, María Carolina llama a Pumarino para concertar una cita, acordaron tomar el té, a las 5 de la tarde, al día siguiente en el conocido Hotel Crillón. El 14 de abril de 1955, a eso de las 4 y media de la tarde, Roberto Pumarino arribó al Hotel. Subió las escaleras de mármol, se adentró al exclusivo salón del té, pidió una mesa y encendió un cigarrillo mientras esperaba. Era la hora punta del Crillón. Políticos, beatos y escritores... El murmullo de la vida social ensamblado con un vals de Schubert. En una esquina el escritor Perico Müller ("Perceval"), en la mesa contigua, la poetisa Matilde Ladrón de Guevara ("Mi patria era su música") charlaba con su hermana Lucía.

Geel llegó quince minutos más tarde con un largo abrigo beige y su carterita de cuero. Se sentó frente a Pumarino, en una mesa al rincón del elegante salón, pidieron té y comenzaron a conversar calmadamente. Una media hora más tarde Pumarino pidió la cuenta, pero antes de que pudiera pagar, María Carolina Geel sacó del bolsillo derecho de su abrigo el arma que había comprado 2 días antes y disparo 5 veces contra su amante. el primer disparó directo en a su boca; el último en el hígado y se desató entonces la histeria en el lujoso salón, un griterío, tazas rotas, gente aterrada escondiéndose bajo las mesas o huyendo, más sin embargo, María Carolina, sin mayor contemplaciones se abalanzó al cuerpo sin vida de su amante, tomó su cara entre sus manos y lo besó en la boca, dejando que la sangre manchara su abrigo y se aferró a su joven amante hasta el arribo de carabineros. Al ser retirada por carabineros la sangre de su víctima bañaban su cara y sus manos, dejando al descubierto la macabra escena. Se entregó a carabineros sin oponer resistencia y al abandonar el Hotel cubrió su rostro ensangrentado con el cuello de su abrigo, tratando de ocultarse de los fotógrafos. Tras ser conducida ante el titular del Primer Juzgado del Crimen de Santiago, atinó a decir: "Señor juez, yo quería a Roberto."

En primera instancia declaró que no pensaba matar a Roberto Pumarino, y que había comprado el arma para suicidarse. Finalmente renunció a defenderse y fue condenada por el tribunal a 541 días de prisión. Más tarde la sexta sala de la Corte de Apelaciones la sentenció a 3 años y 1 día de prisión en la Cárcel Correccional del Buen Pastor, ya que se concluyó que, si bien Georgina Silva actuó con un control disminuido de sus impulsos, no se encontraba totalmente privada de razón. Ella aceptó el fallo sin inmutarse. En el convento penitenciario, escribió una de sus más exitosas novelas, Cárcel de mujeres (1956), que causó una gran impresión y abrió paso a una literatura oscura que se asemejaba tanto a la testimonial como a la de la ficción, afianzando la realidad de las mujeres encarceladas y es también considerada la primera obra con tintes lésbicos de la literatura chilena.

El 13 de agosto de 1956 Gabriela Mistral solicitaría al presidente Carlos Ibáñez del Campo el indulto para María Carolina Geel. En septiembre de 1956, habiendo cumplido casi la mitad de su sentencia (1 año, 4 meses y 10 días) de cárcel, gracias al apoyo de círculos de intelectuales, como la Sociedad de Escritores de Chile, la escritora no tuvo que cumplir la totalidad de su condena y, ya libre, prosiguió con su profesión desde un lugar más apartado de la sociedad.

En Maracaibo, el sábado 4 de julio del año 2026

 

 

viernes, 3 de julio de 2026

Cayo Cilinio Mecenas


Según el Diccionario de la Real Academia Española, Mecenas se le dice a una persona que patrocina las artes y las letras. El término “mecenas”, se usa para los individuos que dedican parte de sus riquezas a financiar obras culturales diversas, museos, premios artísticos o literarios, o a personas tales como poetas o artistas plásticos. El primer Mecenas de la historia no fue sólo un protector de las artes, amigo y consejero de Augusto, el primer emperador de Roma. Cayo Cilnio Mecenas nació probablemente en Arretium, una localidad etrusca del centro de Italia y de él se decía que tenía sangre real, como descendiente de los monarcas etruscos de la ciudad a través de la familia de su madre, los Cilnios. 

 

No existe en castellano de una biografía completa de la vida del patricio romano que legó su apellido al acto de proteger artistas e intelectuales. En 1644 Jean-Louis Guez de Balzac publicaría dentro de sus Obras Diversas un capítulo sobre la Historia de la vida de Mecenas, escrita por Juan Pablo Martyr-Rizo en Madrid en 1626 y Henri Richer publicó en París en 1746 Vie de Mecenas avec des notes historiques et critiques. De Cayo Cilnio Mecenas quien fue confidente y amigo estrecho del emperador romano Augusto, sabemos que nació hacia el año 60 a. de J.C. y murió en el año 8 antes de la era cristiana, y que se destacó en vida por ser un protector de poetas de la talla de Horacio y Virgilio.


Aunque era unos años mayor, que el emperador Augusto, Mecenas fue gran amigo de Octavio, el sobrino de Julio César y tras la muerte de éste, en 44 a.C., apoyó la lucha por el poder en el triunvirato (Octavio, Marco Antonio y Marco Emilio Lépido (43-33 a. C.).  Mecenas fue quien en 40 a.C. arregló el matrimonio de Octavio con Escribonia, familiar de Pompeyo el Grande, para cimentar una alianza entre Octavio y el almirante republicano. El matrimonio, no fue feliz, pero le dio a Octavio su única descendencia, su hija Julia, cuyos nietos y bisnietos gobernarían el Imperio durante el siguiente siglo. Tres años más tarde, Mecenas marchó a Tarento como enviado personal de Octavio, y allí suscribió un tratado en el que se acordaba un nuevo reparto de las áreas de influencia entre éste y Marco Antonio que dejó a Lépido fuera de juego.

 

Mecenas participó, con Octavio, en la campaña militar que culminaría en la batalla de Actium, victoria definitiva sobre Marco Antonio. Mecenas persiguió implacable a los opositores del nuevo hombre fuerte de Roma y pasó a ser el influyente ministro de Augusto. Conocido como un perfecto sibarita, por su tren de vida derrochador y su afición ilimitada por los placeres y los refinamientos. Llamaba la atención su modo de vestir, su manera de ceñirse la túnica sobre las rodillas, o el modo que tenía de mantener la cabeza cubierta con su manto o pallium cuando presidía un tribunal. Ese amaneramiento se traslucía en el estilo recargado de los poemas que compuso. Su gusto por las piedras preciosas, y una gran residencia que se hizo construir en el monte Esquilino, rodeada por los “Jardines de Mecenas”, célebres en la que después pasaría a ser la residencia de Tiberio, el sucesor de Augusto. Allí Mecenas, un auténtico sibarita, celebraba banquetes con manjares que puso de moda en Roma, como la carne de monos jóvenes. Aficionado a la música, el teatro y también a la poesía, Mecenas se rodeó de los principales escritores de Roma, como Virgilio, Horacio y Propercio

 

Mediador y diplomático, intervino en algunos intrincados procesos de las negociaciones que permitieron al sobrino de César asegurar su poder. Solano Santos (1999) nos recuerda además que acompañó a Augusto en las batallas de Módena, Filipos, Perusa, Parola y Accio; y estuvo encargado del gobierno provisional de Italia durante tres años (Solano Santos, 1999). Las fuentes apuntan a rasgos contradictorios de su personalidad, para algunos sencillo y humilde por temperamento y carácter, otros lo retratan como un libidinoso amanerado, rencoroso y vengativo por las constantes humillaciones a las que lo sometía su casquivana esposa.

 

El otro consejero principal de Augusto, su yerno Marco Agripa de carácter adusto, contrastaba con Mecenas y su manera de actuar. Mecenas sabía que un simple poeta como Catulo había perjudicado la imagen de Julio César con acusaciones maliciosas e imaginó que para impedir que Octavio sufriera los mismos ataques, era mejor atraerse a los poetas más destacados de su generación y convencerlosde que cantaran las alabanzas del fundador del Imperio. Virgilio, estuvo dispuesto a jugar ese papel y La Eneida resultó ser un poema laudatorio de los antepasados de Augusto, a modo de «premonición» sobre éste como fundador y pacificador del Imperio. Mecenas no solo organizaba irresistibles banquetes y orgías, también ofrecía influencia, dinero y favores a sus poetas protegidos. Horacio, aceptó una modesta hacienda en la región de Sabina, pero en sus poemas declara que no aceptó prebendas, cargos públicos ni encargos de cantar las glorias de Augusto. Virgilio y Propercio, no puede decirse que alabaran en exceso al nuevo emperador.

 

Octavio fue proclamado emperador con el nombre de Augusto, en el año 27 a.C., y Mecenas desempeñaría un papel prominente en la corte, pero en un segundo plano frente a Cayo Agripa, a partir del momento cuando las relaciones con el emperador se enfriaron quizá por el affaire de Augusto con la esposa de Mecenas, Terencia,  o tal vez por su insistente intercesión para librar a su cuñado Terencio Varrón Murena de una acusación por traición. Al final, Mecenas prefirió retirarse a su palacio del Esquilino, donde se dedicó a sus libros y a sus artistas. Como no tenía descendencia, en su testamento legó toda su fortuna a Augusto, su protector y el hombre por quien tanto había hecho en vida y ante la posteridad.

 

Maracaibo, viernes 3 de julio del año 2026