María
Luisa Bombal Anthes (1910-1980)
fue una escritora chilena,
condecorada en 1974 con el Premio Ricardo Latcham
del PEN Club Chile(1969), en 1976 con el Premio
Academia Chilena de la Lengua y en 1978 el
Premio Joaquín Edwards Bello.
Muchos intelectuales de su país pedían que María Luisa recibiese el Premio
Nacional de Literatura, y la crítica nacional e internacional reconoció su
relevancia para el desarrollo literario de la región sudamericana. Su obra,
breve en extensión, se centra en personajes femeninos y su mundo interno, a
través del cual escapan de la realidad. Destacó, además, por no vincularse a
ninguna corriente de la época, alejándose conscientemente de las vanguardias y de el criollismo. Sus obras más
conocidas son las novelas cortas La última niebla y La amortajada.
En
marzo del 2021 en este blog (https://tinyurl.com/5e67pj78)
dijimos de ella, que: “Su pasión por idealizar el amor y el hombre imaginado, no
debe hacernos creer que María Luisa Bombal vaga envuelta en la neblina de sus
ensoñaciones”. En Valparaíso, de regreso
al culminar sus estudios literarios en Francia, María Luisa, se enamora de
Eulogio Sánchez, un hombre alto y fornido, pionero de la aviación chilena. Se
inicia así ese amor que, en realidad apenas dura, pero que se extenderá por
años en su memoria y en su imaginación como una irrenunciable pasión. Para
ella, la promesa de matrimonio no tarda en deshacerse en el aire y él se aleja
indolente… En ese período, la definió Pablo Neruda: “…la única
mujer con la cual se puede hablar seriamente de literatura.” María
Luisa conocía a Gabriela Mistral desde su paso por
Argentina y durante esta época entabla una gran amistad con ella, quien también
se encontraba radicada en dicho país. Además, es de las primeras personas que
asistiría a su sepelio en Los Ángeles, Nueva York.
En
1940, tras el estreno de la cinta de Saslavsky, luego de una estancia
prolongada en Buenos Aires y tras su primera visita a Estados Unidos, María
Luisa Bombal regresó a Chile. Un nuevo fracaso amoroso reactivaría su primera
pena de amor y la obsesión por la figura de Eulogio Sánchez. El 27 de enero de
1941 caminó lentamente por las calles del centro de Santiago hasta situarse
frente a la puerta del Hotel Crillón; allí,
esperó a Eulogio Sánchez, quien después de ocho años sin verla, ya casi no la
recordaba. Alrededor de las 5 pm, y luego de encararlo, le disparó, hiriéndolo
solo en el brazo.[] Fue
encarcelada, pero solo cumplió una condena de pocos meses (fue absuelta en
octubre), puesto que el herido la eximió de toda culpa. Una vez absuelta, viajó
a Estados Unidos. Cuando se le preguntó por el motivo de su acción, ella
declaró: “Al matarlo mataba mi mala suerte, mataba mi chuncho”… “Me arruinó la vida, pero nunca lo pude olvidar”
afirmó María Luisa sobre su relación con Sánchez años más tarde.
María Carolina Geel, era el seudónimo de Georgina Elena Silva
Jiménez (1913-1996). Fue una escritora y crítica de literatura chilena.
Catalogada como una mujer muy controvertida tanto por su propuesta narrativa
irreverente y atrevida, como por protagonizar uno de los crímenes más conocidos
de la época, llevado a cabo en el Hotel Crillón de Santiago. María Carolina a los 13 años se
inscribe en la Escuela de Bellas Artes para estudiar Escultura y Dibujo, que
tampoco finalizó. Desde pequeña era una lectora infatigable, autodidacta, con
solo 14 años leía a autores como Nietzsche, Cervantes, Dostoyevski, Proust,
Gide, Rilke entre otros. En 1926, con 15 años de edad, contrajo matrimonio con
Pedro Echeverría Muñoz, un funcionario de investigaciones que ejercía en un
juzgado de la capital. De este matrimonio nacería su primer y único hijo,
Sergio Alejandro Echeverría Silva, el 4 de abril de 1932. Sin embargo, tiempo
después y por motivos desconocidos, la pareja se divorció y tanto su hijo como
su ex marido se radicaron en México.
Maria Carolina, se
presentó como novelista con El
mundo dormido de Yenia (1946), que tuvo una recepción bastante
dividida entre los lectores. Posteriormente, publicó Extraño estío (1947), relato que lleva a la ficción la
vida de una mujer divorciada, Soñaba
y amaba al adolescente Perces (1949). Luego de su primer
fracaso matrimonial, buscando independencia económica, María Carolina ingresa a
trabajar como taquígrafa en
el Consejo de la Caja Nacional
de Empleados Públicos y Periodistas, puesto que
desempeñó con eficiencia hasta 1952. Se casó por segunda vez con un hombre
llamado René Cárdenas, un médico y del que más tarde también se divorció. Se
dice que María Carolina padecía Hiperestesia aguda lo
que le causaba fuertes dolores físicos.
En 1950, mientras
trabajaba en la Caja de Empleados Públicos conoce a Roberto Pumarino
Valenzuela, un joven empleado, segundo jefe de la sección máquinas de la caja
de empleados Públicos y Periodistas, militaba en el Partido Socialista y era
dirigente de la Asociación Gremial de los Empleados Fiscales. Pumarino estaba
casado y tenía un hijo, pero ambos comenzaron un romance a pesar de la
diferencia de diez años, ella tenía 37 y él 27. En febrero de 1955, Pumarino
enviudó debido a que su esposa sufrió un derrame cerebral. ]Él habría
intentado separase pero su esposa le negó la anulación. Después de enviudar le
pidió a María Carolina que se casara con él, sin embargo, la escritora lo
habría rechazado. A raíz de esto Pumarino se habría comprometido con otra
mujer, más joven que María Carolina, llegando a fijar la fecha de la ceremonia
para el 13 de mayo del mismo año.
El miércoles 13, María
Carolina llama a Pumarino para concertar una cita, acordaron tomar el té, a las
5 de la tarde, al día siguiente en el conocido Hotel Crillón.
El 14 de abril de 1955, a eso de las 4 y media de la tarde, Roberto Pumarino
arribó al Hotel. Subió las escaleras de mármol, se adentró al exclusivo salón
del té, pidió una mesa y encendió un cigarrillo mientras esperaba. Era la hora
punta del Crillón. Políticos, beatos y escritores... El murmullo de la vida
social ensamblado con un vals de Schubert. En una esquina el escritor Perico
Müller ("Perceval"), en la
mesa contigua, la poetisa Matilde Ladrón de Guevara ("Mi patria era su música") charlaba con su hermana Lucía.
Geel llegó quince minutos más tarde con un largo abrigo beige y su carterita de cuero. Se sentó frente a Pumarino, en una mesa al rincón del elegante salón, pidieron té y comenzaron a conversar calmadamente. Una media hora más tarde Pumarino pidió la cuenta, pero antes de que pudiera pagar, María Carolina Geel sacó del bolsillo derecho de su abrigo el arma que había comprado 2 días antes y disparo 5 veces contra su amante. el primer disparó directo en a su boca; el último en el hígado y se desató entonces la histeria en el lujoso salón, un griterío, tazas rotas, gente aterrada escondiéndose bajo las mesas o huyendo, más sin embargo, María Carolina, sin mayor contemplaciones se abalanzó al cuerpo sin vida de su amante, tomó su cara entre sus manos y lo besó en la boca, dejando que la sangre manchara su abrigo y se aferró a su joven amante hasta el arribo de carabineros. Al ser retirada por carabineros la sangre de su víctima bañaban su cara y sus manos, dejando al descubierto la macabra escena. Se entregó a carabineros sin oponer resistencia y al abandonar el Hotel cubrió su rostro ensangrentado con el cuello de su abrigo, tratando de ocultarse de los fotógrafos. Tras ser conducida ante el titular del Primer Juzgado del Crimen de Santiago, atinó a decir: "Señor juez, yo quería a Roberto."
En primera instancia
declaró que no pensaba matar a Roberto Pumarino, y que había comprado el arma
para suicidarse. Finalmente renunció a defenderse y fue condenada por el
tribunal a 541 días de prisión. Más tarde la sexta sala de la Corte de
Apelaciones la sentenció a 3 años y 1 día de prisión en la Cárcel Correccional
del Buen Pastor, ya que se concluyó que, si bien Georgina Silva actuó con un
control disminuido de sus impulsos, no se encontraba totalmente privada de
razón. Ella aceptó el fallo sin inmutarse. En el convento penitenciario,
escribió una de sus más exitosas novelas, Cárcel de mujeres (1956),
que causó una gran impresión y abrió paso a una literatura oscura que se
asemejaba tanto a la testimonial como a la de la ficción, afianzando la
realidad de las mujeres encarceladas y es también considerada la primera obra
con tintes lésbicos de la literatura chilena.
El 13 de agosto de
1956 Gabriela Mistral solicitaría al presidente Carlos Ibáñez del Campo el
indulto para María Carolina Geel. En septiembre de 1956, habiendo cumplido casi
la mitad de su sentencia (1 año, 4 meses y 10 días) de cárcel, gracias al apoyo
de círculos de intelectuales, como la Sociedad de Escritores de Chile, la
escritora no tuvo que cumplir la totalidad de su condena y, ya libre, prosiguió
con su profesión desde un lugar más apartado de la sociedad.
En Maracaibo, el sábado 4 de julio del año 2026