“Levantas la vista y ves cajas de plástico en la esquina de la
habitación, son rojas, azules y amarillas. Hay hombres jóvenes y ellos se
agrupan alrededor de tres mesas. Gritan. Ellos creen que conversan, los acalla
el estridor de la rockola. El barullo tan solo es interrumpido por los tiros
que nacen de las piedras. Cena tres. Tres cinco. Viiiiiirga. ¡Callate no joda!
Cinco dos. Atendele al juego.
Las botellitas ambarinas se han multiplicado sobre las mesas y en el piso tintinean. No se caen. Aroma de cebada, ellas pululan mientras tú escuchas el rasgar de la aguja sobre la pasta negra y piensas en el perrito y la vitrola. Las cuerdas vibran, la guitarra de Carlos, ¡es Caslitos si! "Sus ojos se cerraron y el mundo sigue andando, su boca que era mía ya no me besa más"...
Entonces piensas en Yolanda y en tus hijos. Se apagaron los ecos
de su reír sonoro... Tú evocas la sensación aquella del asiento reclinable,
avión de Viasa, regreso a casa, el cielo sangrante a treinta mil pies de altura.
El mayor de tres años te mira y se asoma a la ventanilla. El segundo duerme en
tus brazos. El pequeñito de meses en los brazos de su madre. Con Viasa de
vuelta a casa. Pañales y teteros y deudas y tu primogénito te abraza.
La emoción de volver. Para tí, la incógnita del futuro cercano.
Regresas en Viasa, te espera la casa, la casa grande, su hogar de niña.
Retornar a tu tierra, volver a que tus padres, recuerdos de tu niñez y de tu
adolescencia. Regresar con esposa y tres hijos. ¡Ya tú no eres el mismo!
Recuerdas como repetías tercamente incansablemente, era como una letanía, nos
arreglaremos, nos adaptaremos, nos acostumbraremos, nos acomodaremos, nos
amoldaremos, nos que sé yo que más, nosotros, que fuimos tan sinceros, nosotros
que nos quisimos tanto…
Tú piensas en Yolanda, Yoli, Yolita, recordando aquellos días...
En realidad, era imposible buscar una casa aparte, era necesario vivir con los
suegros por un tiempo, en la casa grande, ¿Con qué se sienta la cucaracha? Tú
lo dijiste, ¿lo recuerdas? Cargas con el muerto, con el cargo, ¿cuál cargo?,
aquel cargo, el cargo, el puesto, el empleo, la oferta, y tú, cargando
muchachos, cargando sus padres con todos, tú sin cargo y entonces cargando tus
padres contigo, cargando con tus deudas. Cargar con un par de profesionales…
Vivir en la casa grande, meses, desempleado, esperando el cargo
prometido, el puesto ansiado, esperado, prolongado, prorrogado. Meses y meses y
el ya veréis allí sonando, tranquilizate, se van a arreglar las cosas,
despreocupate, ¡las teclas chico!, las palancas, los contactos políticos, tené
confianza, que vos, ya vais a ver, te tienen que dar el cargo, estate quieto,
quedate tranquilo, aguantate, ¿y tus investigaciones?...
Tú piensas en Lucidio y en su verborragia incandescente. "Penetraremos el cerco ultraderechista
que controla el Consejo de la Facultad ". "Hay cacería de brujas
chico". Lucidio el amigo, el periodista, el locutor. ¡A baile! Tú
nunca creíste que todo aquello te pudiese ocurrir en tu propia ciudad. Tú sí,
tú que ahora lo analizas y lo evalúas, entre el ruido de la rockola y los
latidos de tu corazón cuando lo asumes y piensas otra vez en Yolanda...
Moveme las piedras, ¿quién es mano?, revolvé vai, así. Tiros del
dominó y el ruido te lleva de Yolita a Lucidio. Los frentes populares, la lucha
armada, la abstención electoral, la guerra, la célula del partido... Tú ves
unas figuras con uniformes de color verde, en una selva. No son maoistas ni
barbudos, empinas tu cuartico, los ves con tu mente en unas montañas y el barullo
de las voces y la rockola y los disparos de las piedras, no te impiden
construir esas imágenes.
Otro trago largo a tu cerveza. Ahora las ves en blanco y negro.
Evocas recuerdos marchitos y crees olfatear una vaharada de emanaciones
sulfurosas, clorinadas, de un universo apestado y es como si se hubiese roto
algún séptimo sello apocalíptico.
Te hayas en un instante entre sanviteros de La Cañada, pero es
curioso, tus pacientes coreicos parecen embatolados, esas bartolas raídas, te
lucen conocidas, son sin duda del Siglo XIV. Ellos están preparados para la
guerra, cota de malla, niple, mandoble, metralleta, caballeros templarios,
guerrilleros, guerra santa, liceistas, cruzados, grupito ñángara, flagelantes,
marginales, desempleados, trapos raídos y cilicios, espinas y llanto. ¡Oh como
lloran! A gritos, familiares y amigos, asistentes al acto del sepelio.
Tú crees ver a Lucidio viniendo desde el solar del fondo, a
contraluz y tú sabes que no es cierto, que no puede ser real, pero oyes como te
dice. Dos más. Él se acerca y no te cabe duda, es él, seguramente viene desde
del urinario, piensas que es bueno saber que está vivo y que fue él quien al
final ganó la partida de ajedrez.
Mas, al pasar otra vez del contraluz a la sombra, su figura desaparece, se disfumina”...
NOTA: este breve artículo es copia textual de un fragmento del Capitulo I de mi primera novela
publicada, en Maracaibo el año 1997,
con el título de “La Peste Loca”.
En
Maracaibo el lunes 25 de mayo del año 2026