Así que, después de todo este cuento, -casi novela- que les estoy relatando, mientras formábamos los anatomopatólogos que el país necesitaba -me dediqué a escribir - y a escribir - A releer cuartillas para corregirlas y desde entonces he tratado de concienciar algo de lo que me enteré, -a través de mi maestro Eduardo Liendo-, dijera en una ocasión Oswaldo Trejo: “el compromiso primordial del escritor es, escribir”.
En 1986 y ya dándole los últimos toques a “La Entropía Tropical”, me metí en un proyecto acariciado desde hacía varios años. Quería escribir una novela sobre Rafael Rangel, y deseaba usar al presidente Cipriano Castro como contrafigura. Crear una novela que transcurriría durante los tres últimos años de la dictadura castrista, culminaría con la peste bubónica en La Guaira, el suicidio de Rangel y el exilio para siempre de Cipriano Castro. Aquellos tres años de sucesos a comienzos del siglo XX debían ir corriendo paralelos a varias historias vivenciadas en los treinta años de nuestro sistema democrático: era algo desmesurado, una idea disparatada…
Después de cuatro años de re escribir y de corregir algo que llamaría “La Peste Loca”, todo aquello se me había transformado en un hipertrófico manuscrito de más de 700 páginas. Acepté entonces los consejos de quienes me explicaron la imposibilidad para un autor desconocido, de publicar algo tan voluminoso, y decidí separar la historia del pasado, y la del período democrático y así nacieron, con la “Entropía Tropical”, “La Peste Loca” y “El movedizo encaje de los uveros”.
Debo contarles que había estado asistiendo durante 2 años (en 1992-y-1993) a un Taller de Narrativa dictado por el escritor Eduardo Liendo en un hermoso edificio en el mero centro de Caracas, aprendí muchas cosas sobre los escritores y su trabajo como oficio, y se estimularía mi entusiasmo por la escritura. Fue así como en 1994 mi novela “Escribir en La Habana” gano la Bienal de Literatura José Rafael Pocaterra del Ateneo de Valencia, y en 1997 en otra Bienal de Literatura, del Estado Falcón (Elías David Curiel) mi novela “Para subir al cielo” también sería la ganadora. Estos galardones estimularon mi interés por la escritura como oficio y desde aquellos días…
Quisiera señalar también, -sinceramente-, aprendí que si algo es importante- -es crucial- en el oficio de escribir, es hacerlo desde el fondo de cada quien; tratar de lograrlo desnudando el alma. Sin afanes de pedagogía, sin ideales políticos, sin proclamas reformistas, sin ser rebasado por lo sociológico o por sus propios conflictos… Esto puede ser difícil… Puede resultar muy complejo, porque, además de las vivencias de cada quien, existe lo que cada escritor haya ido incorporando a su intelecto como lector de muchos autores y es factible que él mismo se transforme en un espejo de todo lo aprendido y como nos decía Liendo citando a Federico Amiel, resulta que al escribir todos no somos más que “copia de copias reflejo de reflejos”…
Evidentemente, hay que cuidar la ortografía, la sintaxis y la prosodia. El estilo puede ser hiperbólico como en el barroco, puede ser desmesurado como los textos de Lezama Lima o puede ser de una erudición apabullante cual “Palinuro” de Fernando del Paso, o como a veces lo hacía nuestro Denzil Romero, pero más importante que una copiosa erudición, como la de “Terra Nostra” de Carlos Fuentes, puede resultar la economía de los medios de expresión, y en ella puede residir el secreto de la difícil sencillez que nos legara Tolstoi, o la diáfana claridad de Borges, quien sin circunloquios verbales siempre demostró que no es lo mismo ser simple que sencillo.
El lenguaje usado tiene que ser claro y preciso. Un lenguaje críptico, con frecuencia entorpece la lectura. También los lugares comunes pueden degradar un texto literario, o pueden ser usados por el autor para exagerar situaciones. Los riesgos que se corren al escribir, son numerosos. Eduardo Liendo, citaba a Santa Teresa como ejemplo, por aquello que, “de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno”.
Citaré unas frases sobre el oficio de escribir, que he puesto en boca de una joven, personaje de mi novela “Escribir en la Habana”. “Para escribir yo no quisiera plagiar la realidad, esa está en la prensa... (¿Recuerdan a Lavoe con aquello de: ¿y para que leer un periódico de ayer?) …Yo no escribiré para relatar vivencias, una debe escribir para inventar la vida”.
Mi novela “Para subir al cielo...” (Editada en Maracaibo en 1998), incursiona en temas pocas veces abordados por nuestros escritores, -el envejecimiento, la muerte, la religión, y la violencia en una ciudad como Caracas en la década de los 90-. Era el marco perfecto para una novela policiaca, que además está llena de música, de salsa, y recrea paralelamente, la vida del pintor neerlandés del siglo XVI- Hyeronimus Bosch, El Bosco… Todo sucede durante un domingo caraqueño del año 1995. Varios años después, (la edición del 98 de ARS Grafica permanecía olvidada) y ya viviendo en Maracaibo desde el 2005, hice una segunda edición de “Para subir al cielo… Con la Editorial AstroData y la publicamos en 2016.Como en “Para subir al cielo… incluye la vida del pintor Hyeronimus Bosch-El Bosco, voy a usar otro ejemplo: en mi novela Ratones desnudos que es muy de Maracaibo, el doctor Fernández Morán, aparece citado como parte de la historia de un Instituto de Investigaciones Neurológicas que supuestamente existió en Maracaibo, desaparecido diez años antes de lo que sucede en la novela. En 2016 también publicaría otra novela sobre mi admirado personaje Andrés Vesalio, el anatomista.
Mi profesor y amigo, el Dr. José Ángel Suárez un gran patólogo, llanero, fallecido el año 2024, cuando se refería a las publicaciones científicas acostumbraba decir que “el papel lo aguanta todo”, y yo usaré su refrán, para decirles que el papel aguantará lo que escriban y eso también vale, para dejar a un lado los miedos, y para atreverse a publicar las cosas que asedien los muros de la conciencia y que no son otra cosa más que fruto de nuestra imaginación.
No quiero terminar esta conversa, sin mencionar dos detalles finales: cuando de mi exilio capitalino regresé a Maracaibo, en 2005 y trabajé haciendo inmunohistoquimica (IHQ) diagnóstica en mi Laboratorio de Patología Molecular en “La Paraguita”(un pequeño centro comercial), todo esto fue hasta el año 2018 (13 años) e hicimos unas 60.000 “inmunos”(IHQ) para todo el país… En el ínterin, dicté un Taller de Narrativa el año 2009 en la Biblioteca Pública del Estado y he publicado un par de novelas más…
-A través de la plataforma Amazon he tratado de divulgar mis libros, pero quizás tan interesante como esto, es que creo debo comentarles como desde 2014 he venido escribiendo en internet en mi blog lapesteloca –y desde el año 2019 lo hago TODOS los días. O sea que son cerca de tres páginas diarias que en un año son 4.380 paginas, y que desde 2019 suman unas 23.000 páginas y si les sumamos los años anteriores llegarán a muchas de más de 25.000 páginas escritas -sobre muchos temas diferentes- ciertamente... Pero, ese es un ejercicio diario, este sí que es un oficio, no remunerado, pero es mi oficio… Por eso esta historia la divulgo como: El oficio de escribir… literatura.Quisiera concluir - con las breves palabras de mi amigo, lamentablemente ya desaparecido, el escritor Eduardo Liendo, a quien le debo el saber mucho, sobre lo que les he conversado con ustedes. Lo cito:
“Lo que más me fascina de la literatura es la posibilidad de ser otro, de ser yo y múltiple. Ser zorro y pez, nube y cometa, héroe y ratero, espuma y roca, eco y silencio... El escritor, por muy desamparado que se encuentre, por suicida que sea, es el amante preferido de la existencia. Por eso quizás su mayor desafío es vencer a la muerte con el filo de la palabra”.
Muchas
gracias-
En Maracaibo, el día miércoles 20 de mayo
del año 2026