Quiero conversar hoy sobre una canción en particular. “Maite” que es una canción, cuyo género musical es un zorcico
(zortzico en vasco) y es más breve
que Maitetxu mía… He relatado antes, como fue que, en el
orfeón del Colegio Gonzaga, hasta llegué a memorizar canciones en euskera, sin
entender lo que la letra relataba, pero Maite,
aprendida también en mis años de escolar, si estaba “en cristiano”, y siempre me gustó. Hube de cantarla varias veces;
“a capella”, frecuentemente
estando de viaje y para responderle cantando, a Eduardo Blasco, como lo hice
igualmente con Maitechu mía (la
canción de emigrante vasco).
Maite fue compuesta en 1941 por el compositor
vasco Pablo Sorozábal y estrenada por primera vez
en la película Jai Alai el año 1946, un filme que desapareció,
y ésta es una historia que ya la comenté en este blog el año 2019, desde
Mississauga, Ontario, y como hemos dicho antes (y de eso van ya más de seis
años) que “el cantar tiene sentido”. La letra de Maite dice:
Lejos de aquel instante /Lejos de aquel lugar /Al
corazón amante /Siento resucitar. // Vuelvo tú imagen bella /En mi memoria a
ver /Como un fulgor de estrella /Muerto al amanecer…
(Estribillo): Maite, yo no te olvido /y nunca, nunca te he de
olvidar /Aunque de ti me alejen /Leguas y leguas de tierra y mar. //
Maite, si un día sabes /Que he muerto ausente de tu querer /Del sueño de la
muerte /Para adorarte despertaré. Maite, Maite, Maite.
La letra
en euskera, es popular, pero en realidad no significa lo mismo.
Gabak
zabaltzen ditu, izarren bidean, Zure irudi maitea, dator ametsetan./ Egunak
galtzen ditu , izar eta ametsak; ala ondatzen nau ni zu nerekin ezak./ Maite! Eguzki eder, eguardi beteko argia!
Neke-miñen artean nere zorion-iturria./
Noizbait illuntzen ba'da, nigan zure irudi eztia, kontu egizu, maite,
galdu dedala nik bizia.
Maite! Eguzki eder, eguardi beteko argia! Neke-miñen artean nere
zorion-iturria. Noizbait illuntzen ba'da, nigan zure irudi eztia,
kontu egizu, maite, galdu dedala nik bizia. Maite!... Maite!...
Maite!
Hoy en 2026 reproduzco parcialmente en este blog,
el artículo del año 2002 de Carlos Roldán Larreta, Doctor en Historia del Arte:
con varias fotografías que están publicadas en el libro de José María
Unsain, El cine y los vascos, editado por Eusko Ikaskuntza, en la
Filmoteca Vasca y en la enciclopedia Auñamendi. La Filmoteca Vasca no ha logrado dar
nunca con pistas que lleven a el filme perdido.
López Echevarrieta, señalaba la importancia de este largometraje ya que, a partir de 1940, varias películas con temática vasca llegaron a las pantallas gracias a su ejemplo. José María Unsain en su obra El cine y los vascos, editada en 1985 por Eusko Ikaskuntza en La Filmoteca Vasca, cita también la película y la enmarca dentro de esa imagen rural y bucólica asociada a lo vasco en el cine, iniciada por Ramuntcho (1918) de Jacques Baroncelli y seguida por otras cintas como Le chemin d’Ernoa (1921) de Louis Delluc o La sirena del Cantábrico (1926) de Agustín C. Carrasco.
Esta visión, parece enmarcarse plenamente Jai
Alai, con sus paisajes y personajes típicos vascos, impregnada de un
tono folklórico incapaz de adentrarse con rigor en la realidad vasca en
películas como Le chant de l’exile (1943) de Andre
Hugon, El emigrado (1947) de Ramón Torrado o, Cancha
vasca (1955) de Aselo Plaza y Alfredo Hurtado. Koldo Larrañaga y
Enrique Calvo en Lo vasco en el cine (las películas), libro editado
por la Filmoteca Vasca en 1997, dan una completa ficha artística y técnica,
además de una sinopsis de la película.
López Echevarrieta ha hablado sobre Jai Alai, en su
libro “Cine Vasco: de ayer a hoy, época sonora” (1984), donde
señalaba que era un "filme misterioso, desconocido por casi todos y del
que no se conserva material alguno". El periodista bilbaíno, mostraba
el anhelo de "recuperar esta extraña película sobre el deporte de la
pelota vasca que tan mala suerte tuvo en tiempos de Franco".
¿Cómo es posible que la película se perdiera?
Aparentemente, en principio, la trama argumental de Jai Alai no
parecía haber despertado las iras de la terrible censura de la época, pues se
trataba de un folletín romántico sin pretensiones socio-políticas. Más
sorprendente parece, que fuera precisamente en 1940, el primer año de la
posguerra, cuando se admitieran nombres vascos como Mikel, Mirentxu, etc, en
las pantallas, o que se aceptara que un grupo de música, interpretando en
euskera el zortziko Maite.
Ayer tan solo, le comentaba a Miren, una hermana de
Aitor quien es muy amiga de Julita, que tengo 3 nietos guipuzkoanos, un
fenómeno que le explicaba, se lo debo a mi hijo Tomas, quien se fue a estudiar
cocina en el País Vasco hace ya muchos años, y allá se quedó. Ahora, resulta
que es más vasco que maracucho, -cosa que algunos le reclamamos y es
comprensible conociendo las bases de nuestro bien conocido y exagerado
“maracuchismo”-. Mi hijo Tomás, ahora es casi un “euskaldum asimilado” (en
realidad entiende, pero no habla la jerigonza del euskera) aunque parece ser
más vasco que los vascos mismos, pero ni él, ni mis hermosas nietas, Iruani y
Alanah o mi nieto vasco Jorge Izar, me han escuchado alguna vez cantando Maite…
Hasta aquí por hoy de peste loca, y de canciones en
euskera.
Maracaibo, sábado 7
de marzo del año 2026
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