¿Sabías
que una película blanca de sal prácticamente invisible afectaba el fresco ‘El Juicio Final’ de Miguel Ángel? Desde la última restauración, en la Capilla
Sixtina, hace 30 años, no había sido revisado el estado de este mural, hasta
que hace poco tiempo, cuando percibieron que necesitaba una restauración
urgente.
La Capilla
Sixtina se
construyó en la Ciudad del Vaticano durante el papado de Sixto IV al
norte de la Basílica de San Pedro y se completó
hacia el año 1481. Sus muros fueron decorados por numerosos pintores renacentistas considerados
de los más importantes de la Italia del siglo XV,
entre ellos Ghirlandaio, Perugino y Botticelli.
La decoración de la Capilla mejoró bajo el gobierno del papa Julio II gracias
a las pinturas de la bóveda hechas por Miguel Ángel entre
1508 y 1512 y con la pintura del Juicio Final,
también obra de Miguel Ángel, encomendada por el papa Clemente VII y terminada en 1541.
Los tapices del
nivel inferior, hoy conocidos como Cartones de Rafael, hechos entre 1515–16,
completaban el conjunto.
Los frescos de la bóveda de la Capilla Sixtina fueron objeto de numerosas intervenciones previas al proceso de restauración que empezó en 1480. Los problemas con la bóveda parece que empezaron con la penetración de agua a través de la planta superior. Hacia 1547 Paolo Giovio escribió que el techo parecía estar siendo dañado por salitre y grietas. El efecto del salitre es hacer que aparezca una eflorescencia blanca. Gianluigi Colalucci, jefe de restauración del Laboratorio para la Restauración de Pinturas de los Monumentos Papales, comentó en su ensayo Los colores de Miguel Ángel redescubiertos que los primeros conservadores trataron el problema aplicando aceita de linaza o de nuez, que hacían que los depósitos de salitre se volvieran más transparentes.
En 1625, Lagi, el "dorador residente", llevó a cabo una restauración limpiando el
techo con telas de lino y frotándolo con trozos de pan. Incluso usó pan húmedo
para eliminar las suciedades más persistentes. Sus reportes afirman que los
frescos "se restauraron hasta recobrar su belleza previa sin recibir
ningún daño". Colalucci señala que Laggi aplicó "casi con
seguridad" capas de barniz para revitalizar los colores pero que no lo
menciona en sus informes con la intención de "preservar los secretos de su
oficio".
Entre 1710 y 1713 se llevó a cabo una restauración
más de la mano del pintor Annibale Mazzuoli y su hijo. Usaron esponjas
humedecidas con vino griego, ya que según Colalucci era necesario por la
acumulación de mugre por el hollín y la suciedad que habían quedado atrapados
en los depósitos grasientos de la restauración previa. Mazzuoli trabajó toda la
bóveda, de acuerdo con Colalucci, fortaleciendo su contraste al repintar
algunos detalles. También repintaron algunas áreas cuyos colores se habían
perdido por culpa de la eflorescencia de las sales. Las áreas repintadas fueron
tratadas con pinceladas lineales. Colalucci menciona que Mazzuoli también
aplicó una buena cantidad de barniz. La restauración se centró en la bóveda y
le dio menos importancia al resto del esquema, como las lunetas.
La penúltima restauración fue llevada a cabo por el Laboratorio de Restauración del Museo Vaticano entre 1935 y 1938. El objetivo del trabajo era consolidar algunas áreas del intonaco (una capa de los frescos) en el extremo este del edificio y eliminar parcialmente el hollín y la suciedad.
En conjunto, estas pinturas conforman el más grande esquema pictórico del Renacimiento. Tomadas individualmente, algunas de las pinturas de Miguel Ángel de la bóveda están entre las obras de arte occidental más notables jamás creadas. Los frescos de la Capilla Sixtina, y en especial la bóveda y las lunetas de Miguel Ángel, han sido objeto de numerosas restauraciones, siendo la más reciente de ellas entre 1980 y 1994.
La restauración integral anterior,
realizada entre 1979 y 1999, eliminó siglos de hollín, suciedad y cera. El
Vaticano dejó fragmentos sin tratar para mostrar la diferencia con el fresco
limpio. Estos restos, visibles en los pisos superiores del andamiaje actual,
exhiben una superficie casi ennegrecida. Ahora que el Vaticano impulsa alternativas para
resguardar sus tesoros artísticos ante los efectos del clima y la multitud de
visitantes, el proceso de restauración, permitió revelar colores y formas
originales del mural renacentista la obra maestra de Miguel Ángel.
El Vaticano comenzó, una operación de limpieza sobre ‘El Juicio Final’ de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina, ubicada en la Ciudad del Vaticano, en un trabajo que consistía en eliminar la película blanca de sal que afectaba el fresco en un proceso que se realizó sobre un andamio instalado desde el suelo hasta el techo el cual permitiría que los visitantes siguiesen accediendo al lugar, aunque solo podrían ver una reproducción de la obra en una pantalla protectora.
El
responsable del equipo científico, Fabio Moresi, explicó en el portal
de noticias de The Associated Press, que la limpieza responde a la
acumulación de sal causada por la interacción entre el sudor de los visitantes
y los materiales de la pared y que es el ácido láctico, emitido por las
personas, que al reaccionar con el carbonato de calcio del fresco, produce la
película descrita intensificada por el
cambio climático, un fenómeno donde el aumento de la temperatura y la humedad
incrementa la sudoración de los espectadores y la formación de la película
salina.
El
trabajo del equipo de restauradores, consistió en aplicar minuciosamente hojas
de papel de arroz japonés empapadas en agua destilada sobre el mural para
retirar la sal sin dañar la pintura. La directora de los Museos
Vaticanos, Bárbara Jatta,
describió la película como una “catarata” fácil de eliminar, y afirmo que el público podrá apreciar el resultado una vez
que finalice el proceso de restauración y técnicas de limpieza en la
Capilla Sixtina, previsto para la
primera semana de abril.
La intervención en ‘El Juicio Final’ emplea métodos manuales que resaltan la diferencia
entre las áreas tratadas y las zonas aún cubiertas por la sal, y desde el
andamio, los expertos observan cómo los colores y detalles originales reaparecen tras la
limpieza, en contraste con las partes blanquecinas que permanecen sin
tratar. El cabello de Jesús y las
heridas de la crucifixión vuelven a destacarse en el centro del fresco.
De acuerdo con la información
oficial, este procedimiento no ha alterado
la rutina de visitas a la Capilla Sixtina. Los turistas encuentran una
reproducción digital del mural mientras el andamio bloquea la vista directa de
la obra. La Capilla Sixtina recibe su nombre del Papa Sixto IV, quien promovió
la construcción del edificio en el siglo XV. El Papa Julio II encargó a Miguel
Ángel la pintura del techo entre 1508 y 1512, y el Papa Clemente VII solicitó
en 1533 la realización del mural de ‘El
Juicio Final’.
Los frescos de la Capilla
Sixtina reciben limpiezas anuales. Los restauradores trabajan por la noche con
plataformas elevadoras, que se retiran cada mañana. Sin embargo, la ubicación
de ‘El Juicio Final’ detrás del altar, sobre una escalera de mármol, impide el
acceso completo con equipos móviles. Por ese motivo, los técnicos instalaron un
andamio fijo para abordar la totalidad del mural. El nuevo
tratamiento busca preservar la integridad de la pintura y evitar daños
futuros.
Maracaibo, martes 17 de marzo, del año 2026
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