domingo, 1 de marzo de 2026

Las neuronas de Dios (1)


Con gran sentido del humor y una claridad a toda prueba, Diego Golombek (Buenos Aires, 1964) un biólogo y escritor argentino, llega a poner sobre la mesa del laboratorio su propio mapa genético y sus experiencias personales para marcar los hitos de un recorrido imperdible: la búsqueda de Dios en los pliegues del cerebro humano. Con el postulado deDios es uno de los mayores logros del cerebro humano”, el biólogo argentino Diego Golombek analizaría en “Las neuronas de Dios” el por qué la selección natural favoreció la aparición de la fe y la necesidad de entender la religión como un fenómeno biológico antes que cultural.  

Diego Golombek (Buenos Aires, 1964) biólogo, cronista, es uno de los divulgadores más audaces de la ciencia en español, y disecciona en 'Las neuronas de Dios' (Siglo XXI), el fenómeno donde no se propone -la tarea imposible- de demostrar, no la tarea imposible del Creador, sino la de rastrear su huella biológica en los pliegues de nuestra corteza cerebral.

—El misterio siempre me atrajo, - confiesa el autor -Aunque nunca fui una persona religiosa, fui creyente desde niño y como cualquier chico, hablaba con un ser superior, una costumbre que, sospecho, nunca nos abandona del todo En 'Las neuronas de Dios' Diego Golombek cuenta cómo, en un momento dado, empezó a notar una correlación demasiado estrecha entre lo que ese ser superior opinaba y lo que él quería que opinase.

La fe es un fenómeno profundo que merece ser comprendido. -Ese Dios era yo mismo; como todos nosotros, de alguna manera, somos nuestros propios dioses.  Aquel descubrimiento alejó a Diego Golombeck de la religión, aunque no perdería el interés en ella. Lo maravilloso de la ciencia -afirma, -es que nos permite entender por qué hacemos lo que hacemos y por qué tanta gente mantiene su fe en la vida adulta. La religión: se puede estudiar científicamente a diferencia de otras pseudociencias movidas por intereses o ideas ridículas.

Golombek menciona varias veces en el libro que las alucinaciones nos llevan a algo interno, programado de fábrica. ¿Cuánto de intrínseca es la figura de Dios? —La gran pregunta sigue siendo, por qué, veintiún siglos después de Cristo y muchos más desde el origen del pensamiento religioso, sigue existiendo con tanta fuerza la figura de un Dios omnisciente y personal. Se podría argumentar que es una cuestión meramente cultural, pues somos una mezcla de lo que traemos “de fábrica” (-lo biológico y genético-) y lo que hacemos con ello (-lo cultural y lo social-).

-Cuando un fenómeno se mantiene de forma tan robusta a lo largo de la historia y la geografía, como biólogo me siento obligado a plantear una hipótesis biológica: ¿y si no fuera solamente cultural? Se pregunta Diego Golombeck y luego afirma: Esta es la hipótesis: los humanos que creyeron fuertemente en algo superior y  tuvieron mayores probabilidades de sobrevivir. A nivel individual, la fe pudo reducir el estrés y ofrecer otra perspectiva vital. A nivel social, proporcionó un estandarte común que otorgaba una ventaja estratégica sobre otras comunidades menos organizadas, permitiendo que las tribus cohesionadas por la religión se impusieran.

Es una hipótesis, pero existen ciertas evidencias al respecto. Se han hallado indicios genéticos que sugieren que las personas con mayores niveles de religiosidad presentan ciertas variaciones o polimorfismos en sus genes y uno podría preguntarse: Si descubrimos que Dios vive en el lóbulo temporal… ¿Eso lo hace menos real o simplemente explica el «hardware» que usamos para escucharlo? Cuando Diego Golombeck explica la idea de Dios, lo hace destacando el hecho de que: - Dios es inexplicable, incluso desde la ciencia, porque no es una pregunta científica. Si partimos de ahí, pues nos ponemos de acuerdo. Lo que sí es una pregunta científica es qué correlatos tiene Dios en el comportamiento de la gente o en el sistema nervioso de la gente (por ejemplo, si hay áreas del cerebro que se activan frente a rituales o rezos), y eso es donde la ciencia puede hacer doble clic. Jamás puede poner la lupa y sería una estupidez que lo hiciera en la existencia misma de Dios. Eso sería un problema, obviamente, teológico, filosófico, pero no científico

-La búsqueda de la verdad científica es una forma de ritual religioso para el cerebro secular? Diego Golombeck explica que la ciencia es, sin duda, una actividad ritual. Tiene sus rutinas y su propia lógica interna, pero se distancia de lo religioso en sus pilares fundamentales. Mientras que el pilar de la religión es la fe y el misterio, el pilar de la ciencia es la evidencia. La actividad científica consiste en robarle secretos a la naturaleza e iluminar lo que está a oscuras.

Diego Golombeck concluye reflexionando … -No hay duda que es una tarea ciclópea, lo oscuro es infinito, y nunca podemos aceptar un límite definitivo. Aquí es donde los rituales científicos y religiosos se separan. La religión se sostiene en el mito y en la fe ciega; ese es su gran éxito y la razón por la que se mantiene. Resulta fascinante que, en pleno siglo XXI, más del 80% de la población siga siendo creyente. Sucede porque la religión ofrece respuestas certeras que cierran preguntas, mientras que la ciencia, cuando da una buena respuesta, lo que hace es abrir nuevas interrogantes. El éxito de la religión radica en que esas respuestas definitivas brindan tranquilidad y reducen la ansiedad. No podemos despacharlo simplemente como “el opio del pueblo”, porque efectivamente tiene efectos positivos en el bienestar emocional.

—Una pregunta clásica es: ¿Puede alguien que no sea religioso tener esta misma tranquilidad ante el final de la vida? Diego Golombeck reflexiona…-Creo que, efectivamente, la muerte es una fuerza impulsora extraordinaria para la fe y, sobre todo, para la religión, que ofrece una respuesta: nos dice que no nos preocupemos, que todo irá bien en un paraíso. Ya sea el cielo cristiano o el de los mártires musulmanes con sus vírgenes -sobre lo cual Enrique Jardiel Poncela escribió un libro fascinante y divertidísimo titulado '¿Hubo alguna vez once mil vírgenes?'-, la religión propone un destino. El miedo a la muerte es absolutamente lógico; es el miedo a dejar de ser, al sufrimiento propio y al de nuestros seres queridos. La religión no elimina esa angustia, pero la calma. Quienes no somos religiosos también tenemos nuestros métodos. Nos angustiamos y sentimos miedo, pero existe otra forma de procesarlo: pensarlo desde un punto de vista biológico.

Existen áreas del cerebro que se activan frente a la religiosidad, aunque no conocemos neuronas específicas dedicadas a ello—¿Podemos ser realmente libres si nuestra espiritualidad está predeterminada por la selección natural? Diego Golombek respondería: —La cuestión de fondo es si podemos ser realmente libres. Desde la neurociencia y el estudio de la conciencia, existen fenómenos que cuestionan seriamente el concepto de libre albedrío. No se trata de un determinismo genético absoluto, sino de que el sistema nervioso establece un mapa del mundo antes incluso de que seamos conscientes de ello…

Otra pregunta para Diego Golombek fue:  ¿Qué es más asombroso: que un Dios haya creado el cerebro, o que un cerebro de kilo y medio haya sido capaz de crear a Dios? -No tengo duda: lo más asombroso es que el cerebro haya creado una idea tan poderosa como la de un ser superior, capaz de mantenerse a lo largo de las culturas y la historia. Todo comienza con un Dios animista que dota de espíritu a la naturaleza -al rayo, al sol, a las cosechas- para luego dar un salto hacia lo abstracto y lo humano. En general, nuestras deidades tienden a ser humanoides, pero más abstractas; ya no representan a la naturaleza, sino que son sus creadores. Desde hace décadas está de moda la idea de una ciencia «contra» la religión. Propongo un análisis preposicional: podemos poner la ciencia a un lado, la religión al otro y jugar con las preposiciones. Hoy impera el versus, el enfrentamiento, pero me parece una postura contraproducente.

 NOTA; este articulo continua y concluye mañana...

    Maracaibo, primero de marzo del año 2026

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