Con gran sentido del
humor y una claridad a toda prueba, Diego Golombek (Buenos
Aires, 1964) un biólogo y escritor argentino,
llega a poner sobre la mesa del laboratorio su propio mapa genético y sus
experiencias personales para marcar los hitos de un recorrido imperdible: la
búsqueda de Dios en los pliegues del cerebro humano. Con el postulado de “Dios es uno de los mayores logros del cerebro humano”, el
biólogo argentino Diego Golombek analizaría en “Las neuronas de Dios” el por qué la selección natural favoreció la
aparición de la fe y la necesidad de entender la religión como un fenómeno
biológico antes que cultural.
—El
misterio siempre me atrajo, - confiesa
el autor -Aunque nunca fui una
persona religiosa, fui creyente desde niño y como cualquier chico, hablaba con un
ser superior, una costumbre que, sospecho, nunca nos abandona del todo… En 'Las neuronas de Dios' Diego Golombek cuenta cómo, en un momento dado, empezó
a notar una correlación demasiado estrecha entre lo que ese ser superior
opinaba y lo que él quería que opinase.
La fe es un fenómeno profundo que merece ser comprendido. -Ese Dios era yo mismo; como todos nosotros,
de alguna manera, somos nuestros propios dioses. Aquel
descubrimiento alejó a Diego Golombeck de la religión, aunque no perdería el
interés en ella. Lo maravilloso de la
ciencia -afirma, -es que nos permite
entender por qué hacemos lo que hacemos y por qué tanta gente mantiene su fe en
la vida adulta. La religión: se puede
estudiar científicamente a diferencia de otras pseudociencias movidas por
intereses o ideas ridículas.
Golombek menciona varias veces
en el libro que las alucinaciones nos llevan a algo interno, programado de
fábrica. ¿Cuánto de intrínseca es la figura de Dios? —La gran pregunta
sigue siendo, por qué, veintiún siglos después de Cristo y muchos más desde el
origen del pensamiento religioso, sigue existiendo con tanta fuerza la figura
de un Dios omnisciente y personal. Se podría argumentar que es una cuestión
meramente cultural, pues somos una mezcla de lo que traemos “de fábrica” (-lo
biológico y genético-) y lo que hacemos con ello (-lo cultural y lo social-).
-Cuando un
fenómeno se mantiene de forma tan robusta a lo largo de la historia y la
geografía, como biólogo me siento obligado a plantear una hipótesis biológica:
¿y si no fuera solamente cultural? Se
pregunta Diego Golombeck y luego afirma: Esta es la hipótesis: los humanos que creyeron fuertemente en algo
superior y tuvieron mayores
probabilidades de sobrevivir. A nivel individual, la fe pudo reducir el estrés
y ofrecer otra perspectiva vital. A nivel social, proporcionó un estandarte
común que otorgaba una ventaja estratégica sobre otras comunidades menos
organizadas, permitiendo que las tribus cohesionadas por la religión se
impusieran.
-La búsqueda de la verdad científica es una forma de ritual religioso
para el cerebro secular? Diego
Golombeck explica que la ciencia es, sin duda, una actividad ritual. Tiene sus rutinas y su propia lógica
interna, pero se distancia de lo religioso en sus pilares fundamentales.
Mientras que el pilar de la religión es la fe y el misterio, el pilar de la
ciencia es la evidencia. La actividad científica consiste en robarle secretos a
la naturaleza e iluminar lo que está a oscuras.
Diego Golombeck concluye reflexionando … -No hay duda que es una tarea ciclópea, lo oscuro es
infinito, y nunca podemos aceptar un límite definitivo. Aquí es donde los
rituales científicos y religiosos se separan. La religión se sostiene en el
mito y en la fe ciega; ese es su gran éxito y la razón por la que se mantiene.
Resulta fascinante que, en pleno siglo XXI, más del 80% de la población siga
siendo creyente. Sucede porque la religión ofrece respuestas certeras que
cierran preguntas, mientras que la ciencia, cuando da una buena respuesta, lo
que hace es abrir nuevas interrogantes. El éxito de la religión radica en que
esas respuestas definitivas brindan tranquilidad y reducen la ansiedad. No
podemos despacharlo simplemente como “el opio del pueblo”, porque efectivamente
tiene efectos positivos en el bienestar emocional.
—Una pregunta clásica es: ¿Puede alguien que no sea religioso tener esta
misma tranquilidad ante el final de la vida? Diego Golombeck reflexiona…-Creo
que, efectivamente, la muerte es una fuerza impulsora extraordinaria para la fe
y, sobre todo, para la religión, que ofrece una respuesta: nos dice que no nos
preocupemos, que todo irá bien en un paraíso. Ya sea el cielo cristiano o el de
los mártires musulmanes con sus vírgenes -sobre lo cual Enrique Jardiel Poncela
escribió un libro fascinante y divertidísimo titulado '¿Hubo alguna vez once
mil vírgenes?'-, la religión propone un destino. El miedo a la muerte es
absolutamente lógico; es el miedo a dejar de ser, al sufrimiento propio y al de
nuestros seres queridos. La religión no elimina esa angustia, pero la calma.
Quienes no somos religiosos también tenemos nuestros métodos. Nos angustiamos y
sentimos miedo, pero existe otra forma de procesarlo: pensarlo desde un punto
de vista biológico.
Existen áreas del cerebro que se activan frente a la religiosidad,
aunque no conocemos neuronas específicas dedicadas a ello…—¿Podemos ser realmente libres si nuestra
espiritualidad está predeterminada por la selección natural? Diego
Golombek respondería: —La cuestión de
fondo es si podemos ser realmente libres. Desde la neurociencia y el estudio de
la conciencia, existen fenómenos que cuestionan seriamente el concepto de libre
albedrío. No se trata de un determinismo genético absoluto, sino de que el
sistema nervioso establece un mapa del mundo antes incluso de que seamos
conscientes de ello…
Otra pregunta para Diego Golombek fue: ¿Qué es
más asombroso: que un Dios haya creado el cerebro, o que un cerebro de kilo y
medio haya sido capaz de crear a Dios? -No tengo duda:
lo más asombroso es que el cerebro haya creado una idea tan poderosa como la de
un ser superior, capaz de mantenerse a lo largo de las culturas y la historia.
Todo comienza con un Dios animista que dota de espíritu a la naturaleza -al
rayo, al sol, a las cosechas- para luego dar un salto hacia lo abstracto y lo
humano. En general, nuestras deidades tienden a ser humanoides, pero más
abstractas; ya no representan a la naturaleza, sino que son sus creadores.
Desde hace décadas está de moda la idea de una ciencia «contra» la religión.
Propongo un análisis preposicional: podemos poner la ciencia a un lado, la
religión al otro y jugar con las preposiciones. Hoy impera el versus, el
enfrentamiento, pero me parece una postura contraproducente.
Maracaibo, primero de marzo del año 2026
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