martes, 24 de marzo de 2026

Rebobinar (2)

La historia es insoslayable, no se pueden ocultar realidades que ya han acontecido. Es casi como si decidimos que no vamos a hablar de las dos guerras mundiales porque “a mi Hitler no me da nota”, o “es una exageración lo que dicen” o sencillamente, porque es desagradable el tema, con “mucho muerto”… O sencillamente, me dirán… ¡No me da la gana!  Saben que el comunismo siempre ha fracasado con miles de muertos encima, pero ellos, persisten… ¿Por tradición será? No lo sé, pero no logran deslastrarse del pesado fardo que, en sus mentes, en la conciencia -¿sera?- o hasta “en el corazón”, les pesa tanto, lo sé, como el que hube de arrastrar yo, durante muchos años de mi vida. Aquel mal recuerdo, y les aseguro, que no resultó fácil atreverme a corregirlo, y esto es necesario, si quieres, para poder sanar

A finales del año 2020, relataría en este blog la historia de mi relación con la mítica figura de Ernesto Guevera Lynch. He confesado como durante muchísimos años, debo aceptar que fui simplemente manipulado y viví quizás pretendiendo ignorar verdades que eran insoslayables. Hay quienes prefieren seguir fingiendo e ignorar verdades-verdaderas (¡aquí sí que vale la redundancia!). Conozco a muchas personas, algunos hasta son, -o dicen ser-, mis amigos, de esos que de veras quiero no “con” sino “por sus defectos”-, quienes poseen y hasta disfrutan sosteniendo la muy consensuada alienación de hacerse los locos sobre cosas que son obvias e irrefutables.  Ellos sí que saben, cual es, y como es, la cosa…   -p  e  r  o …

El Che jamás cuestionó los crímenes de Stalin y de Mao, ni las concepciones totalitarias del Marxismo-Leninismo, definitivamente las suyas eran incompatibles con ideas de libertad y de democracia. Él vivió defendiendo hasta su muerte sus ideas de corte estalinista y su fanatismo lo hizo implacable enemigo de la libertad individual. El escritor francés Regis Debray, autor de “Revolución en la revolución”, escribió sobre el Che tras entrevistarlo: “Él era adepto del totalitarismo hasta el último pelo del cuerpo”.

Voy sencillamente a traer nuevamente su: "Mensaje a la Tricontinental", del 16 de abril de 1967, cuando Guevara Lynch escribió: "El odio como factor de lucha, el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar. Nuestros soldados tienen que ser así; un pueblo sin odio no puede triunfar sobre un enemigo brutal.” …“El camino pacífico está eliminado y la violencia es inevitable. Para lograr regímenes socialistas habrán de correr ríos de sangre y debe continuarse la ruta de la liberación, aunque sea a costa de millones de víctimas atómicas".

Antonio Guedes, un hombre que vivió en primera persona los comienzos de la revolución y que llegó a conocer personalmente al “Che”, ha relatado su experiencia y la de muchos cubanos en los años 60; Guevara era un marxista-leninista cuyo único propósito era imponer un régimen al estilo chino o moscovita. Guedes diría: “Querer mitificarlo es fruto de la ignorancia”. “El 'Che' no fue Gandhi; nadie puede olvidarse de que Ernesto Guevara fue el responsable de la mayoría de los fusilamientos de la cárcel de La Cabaña. El 'Che' no fue nada parecido a un pacifista. El 'Che' no quería los derechos humanos. El 'Che' dijo que el hombre debía convertirse en una maquinaria de matar al enemigo. El 'Che' era un terrorista, violento y tenía todas esas cosas que hoy alarman a la sociedad mundial y sin embargo, en su caso, hay todavía quienes lo ensalzan".

Entre los actos censurables que se le atribuyen a Guevara Lynch se encuentran las ejecuciones de cientos de opositores entre militares y torturadores de Batista, cuando comandó la Fortaleza de La Cabaña, así como de campesinos en las regiones controladas o visitadas por sus fuerzas guerrilleras. Paco Ignacio Taibo II en su libro “Ernesto Guevara, también conocido como el Che” afirma que Guevara estaba a favor de los juicios sumarios pero que resultan irreales las versiones que lo ponen como el responsable de la mayoría de los fusilamientos que se produjeron en La Habana. Según cifras de “El Libro Negro del Comunismo” Ernesto Guevara aparece como “Fanático defensor de la filosofía comunista, ha sido responsable por la muerte de cerca de 100 millones de personas”.

En esta re-bobinada no quiero venir ahora a despotricar sobre el Che Guevara. ¡No faltaba más!… Regreso hoy, rebobinando, a un artículo publicado en este blog (lapesteloca) hace tan solo un par de años, uno que originalmente había titulado como “Mea máxima culpa”… Aquel artículo, finalmente lo publique como Mea culpa”, en junio del 2024 y supongo que lo hice para tratar de acercarle y ofrecerle mayor claridad a uno de mis queridos hijos,-o para descargar mi conciencia- o sobre lo que creo es la “verdad verdadera”, redundancia muy maracucha, pero que hoy, es justamente de lo que venimos hablando en esta re-bobinadiadera….

Mostraba en 2024 la fotografía de uno de mis 7 hijos, quien aparece -joven aun y para la época con vistosa cabellera- (la calvicie como herencia paterna a través de dos abuelos muy calvos, -como todo este asunto de este re-bobineo-, se hace genéticamente inevitable). El chamo en la foto, estaba cocinando -pues es chef- mientras la imagen del Che parecía mirarle de reojo desde un afiche que él mismo había colocado como para tenerlo siempre presente… Con seguridad, el mentado afiche, se lo había regalado yo mismo, unos cuantos años antes de la fotografía tomada en Euskadi, el País Vasco, en los albores de este siglo XXI.

En mi casa no se hablaba de “política”, pero a través de mi jesuítica educación aprendí mucho y conocí del mundo y de mi país; en el Colegio tuvimos un Rector, hermano de un perseguido político asesinado durante “la dictadura militar” y a través de “escuelas para obreros”, de incursiones en barriadas, ocasionalmente en el mundo rural, y luego estudiando Medicina, conoceríamos a fondo un país que llamábamos “La patria”- por la que sabíamos, tendríamos que luchar mucho, para que hubiese verdadera justicia social.

Tengo un amigo y colega que fue mi discípulo y vive cerca, pero en una isla y solo nos conectamos por internet; él, es correntino lo que significa más que simplemente ser argentino. Él, no creo que tenga que ver con los jesuitas quienes en la vecindad de aquellas tierras evangelizaron y enseñaron a 150.000 guaraníes, y entiendo que ser correntino implica poseer la cultura del chamamé, de el mate, y cierta forma de expresarse con chispa criolla, pero por sobre todas las cosas saber que en Corrientes siempre te ayudarán a afrontar la vida con coraje y un fuerte sapukái. No hace mucho tiempo que amistosamente, conociendo mis desvelos y “epifanías” Ricardo, me recordó como hace ya muchos años, le había regalado un cuadro donde pinté al óleo las figuras de 3 luchadoras, Jesucristo, don Quijote, y la de, el Ché…

Puedo releerme mitificando la figura de, el Ché en mi novela (especie de Opera prima) “La Entropía Tropical” donde andaba buscándole paralelismos con Gardel. En el 83 cuando comprendí en La Habana que la revolución no era la epopeya frustrada que relató Jesús Díaz en “Las raíces de la tierra” todavía tardé unos años, cuestionándome y criticaría crudamente nuestra decadente y partidocrática democracia en mi novela “La Peste Loca”, así como desnudé la “revolución cubana” en “Escribir en La Habana”. 

Finalizo esta especie de perorata expiatoria ya demasiado larga, donde no he hecho otra cosa más que referirme a verdades, para mí absolutamente claras, prístinas diría yo, sobre singulares aspectos que, no sé si será por vergüenza, o hasta por miedo, siento que tienden a ser soslayados, o a mantenerse “entaparados”, o cubiertos por alfombras lo cual me sugiere la existencia de una “amnesia” que quiere solicitar olvido en vez de justicia, para hechos ya acaecidos. Siento que el día cuando se hará justicia, sin contemplaciones, y con el “más vale tarde que nunca” como corolario, el día habrá de llegar y confiemos en que debe estar muy cerca ya.

Escrito en Maracaibo para lapesteloca el martes 24 de marzo del año 2026

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