sábado, 30 de mayo de 2026

Las autopsias, una historia…(1)


Durante la segunda mitad del siglo XX, el devenir en la historia natural de la autopsia en las naciones denominadas civilizadas del mundo y concretamente en Venezuela, había sufrido un decrecimiento notable. Para el año de 1985, la proporción de autopsias médicas hechas en todo el mundo y en los Estados Unidos en particular, había descendido a menos del 10%. El fenómeno, internacionalmente aceptado parecía un juego del destino para los patólogos venezolanos que comenzábamos a consolidar nuestra especialidad desde el inicio de los años cincuenta.

¿Qué posición asumir ante hechos que ocurrían en “el primer mundo”? Era como pregunta para un Hamlet shakesperiano… ¿Hacer autopsias o no hacerlas? He allí el dilema… Las autopsias de hospital: ¿en peligro de ex tinción o extintas?” Ese es el título de un artículo del año pasado, 2025 que estudiaba la caída de los índices de autopsias clínicas en el mundo. Las referencias incluían a EE.UU., Reino Unido, Francia, Suecia, Australia, Nueva Zelanda, Canadá, Austria. Ocurre lo mismo en los países que no están incluidos en las referencias.

Lo cierto es que, durante la primera mitad del siglo XX, no existía en el país ni tradición, ni interés en utilizar los resultados de las autopsias como un importante elemento de la medicina tradicional. Tampoco los médicos clínicos cuestionaban los orígenes de las enfermedades ni sus diagnósticos como para considerar que la autopsia podía ser parte importante de la Medicina. No obstante, recordaremos que mediados del siglo XX la práctica de las autopsias era parte integral del ejercicio de la medicina hospitalaria para la civilización occidental. Este hecho era por demás demostrable al comprobar cómo en los Estados Unidos más de la mitad de los enfermos que fallecieron en el año 1950 fueron autopsiados.

Los anatomopatólogos venezolanos, a mediados del pasado siglo XX, cuando comenzábamos a organizarnos como grupo de especialistas médicos interesados en los adelantos que ofrecía la ciencia, presenciaríamos como se iba a producir un paulatino declive de las autopsias en el mundo. Era como si nos convocaran a regresar casi sin haber ido… Antes de la extinción de la autopsia de hospital (autopsia-clínica) recordaremos episodios de intentos de establecer el sitio, las causas de las enfermedades y las causas de la muerte por el estudio de los órganos. Pasamos años repitiendo: “Las autopsias son el control de calidad de la medicina hospitalaria

“La autopsia de hospital” languidecía. “Nadie cubre sus costos y puede traer malas noticias”. Prosperaron las autopsias forenses, pues interesa saber quiénes son los culpables de una muerte, personas e instituciones, lo exigen, igual los familiares, los médicos, los jueces y las compañías de seguros. Tememos las malas noticias y los pleitos, nos defendemos, y practicamos la medicina defensiva...

Relatemos algo de historia… El primer escrito que describe la búsqueda de la causa de la muerte en los órganos es del año 1125. El historiador Guillermo de Malmesbury (c. 1095/6-c. 1143) en su Gesta regum Anglorum (“Hechos de los reyes ingleses”), cuenta que el rey noruego Lot Sigurd Jorsalfar (Sigurd I, el Cruzado) vuelve de la Tierra Santa, en el 1.111, pasa por Bizancio y allí muchos de sus hombres mueren. Sigurd cree que se debe a un vino fuerte que bebieron y ordena colocar en el vino sospechoso el hígado de un cerdo, luego manda abrir uno de sus seguidores muertos: el hígado tiene el mismo aspecto que el hígado del cerdo. Por lo tanto: el vino es la causa de la muerte de sus hombres. Este lacónico y oscuro fragmento lo encontró un médico e historiador noruego Fre drik Grøn (1871-1947) y lo publicó en una inhallable revista noruega. Fra Salimbene de Adam da Parma (1221-1288), fraile franciscano (“El mayor cronista latino del medioevo”), en su Crónica, fuente de la historia del siglo XIII en Italia, refiere que, en el invierno de 1286, en las ciudades del norte de Italia, hubo una epidemia que mató gallinas y humanos. En Cremona la epidemia mata a 48 gallinas de una mujer, y un médico anónimo que realiza las disecciones encuentra, en las gallinas y en un hombre muerto al mismo tiempo, abscesos (apostema) sobre el corazón. En Bolonia (Estados papales), en los siglos XIII y XIV los magistrados pedían y aceptaban testimonios de disecciones. Las autorizaban decretos del año 1209 del papa Inocencio III (1198-1216). La primera autopsia registrada como testimonio es del año 1302, el caso de Azzolino degli Onesti (¿envenenado?). Dos médicos y dos cirujanos de terminaron que la causa de la muerte era natural y no el envenenamiento.

Katharine Park, en un formidable artículo, sostiene que la iglesia, en el Medioevo, en el norte de Italia, no prohibía las disecciones y que se incluían en las costumbres funerarias de preservación. Pone como ejemplos, disecciones o autopsias realizadas en monasterios: Chiara da Montefalco murió con olor de santidad en el verano de 1308 y el cadáver, cinco días después de la muerte, permanecía incorrupto y las monjas decidieron embalsamarlo; ellas mismas evisceraron a Chiara; examinaron el corazón dos veces, en la primera encontraron en su interior una cruz o la imagen de Cristo crucificado, en la segunda la corona de espinas, la columna y el látigo de la flagelación, la caña con la esponja y tres clavitos. Entusiasmadas examinaron otros órganos y encontraron la vesícula biliar solo con cálculos. Chiara fue beatificada en 1737 y canonizada en 1881. Otro ejemplo: Margherita da Città di Castello, falleció en 1320, fue eviscerada y embalsamada, en su corazón se encontraron tres piedras grabadas con imágenes de la Sagrada Familia; el procedimiento se hizo ante el altar de una iglesia y con una “multitud de frailes” de testigos. Margarita fue beatificada en 1609. Las monjas buscaban en el cuerpo pruebas de santidad. Los cuerpos momificados de ambas todavía se conservan. En los sospechados envenenamientos ¿Qué métodos usarían los médicos? ¿El de Sigurd I el Cruzado? ¿Tirar los órganos sospechosos a los perros casi siempre presentes en las representaciones de autopsias y ver los resultados? ¿Qué harían cuando no se veían grandes lesiones a simple vista? La anatomía humana normal estaba todavía por venir. Y sobraba la fe… 

En Bolonia prosperaron las disecciones públicas autorizadas por la iglesia no solo con fines legales sino también con el objeto de enseñar anatomía a los médicos. De Bolonia surge el primer libro de anatomía humana, Anathomia corporis humani, escrito en el 1316, obra de Mondino de Luzzi (c. 1270-1326) un manual de disección y texto anatómico que se copiaba a mano; la primera edición impresa en Padua es de 1478, desde entonces se imprimieron más de 40 ediciones. Por 200 años fue el texto indiscutido. Mondino encontraba en las disecciones lo que decía Galeno que debía encontrar, no lo que veía. Además, ¿Cómo reconocer lo anormal si no se conocía lo normal? Por otra parte, si la causa de las enfermedades eran los humores alterados, no tenían importancia las anormalidades que pudieran haber, excepto las groseras.  Entre los años 1433 y 1502 en Florencia, Antonio Benivieni (1443-1502), un médico italiano, graduado en la Universidad de Pisa y Siena, escribiría “De abditis nonullis ac admirandis morborum et sanationum causis” que se traduce como Sobre algunas causas obscuras y admirables de la enfermedad y curación”. Esta obra fue publicada en 1507 y en ella reproduciría 111 observaciones clínicas y por vez primera describiría ciertos procesos patológicos, como los abscesos retrofaríngeos y del mesenterio, así como la perforación intestinal.  Benivienei es considerado como el fundador de la Anatomía Patológica y algunos de los métodos utilizados en las autopsias son similares a los utilizados actualmente.

Benivieni era un hombre culto que procedía de una familia noble y acaudalada y trabajó como médico, especialmente en el Hospital de Santa María Nuova. Fue un excelente humanista que, además de medicina, también escribió sobre filosofía, literatura y arte. Solía participar en la vida cultural de Florencia y cultivó amistad con los más importantes filósofos y poetas de la región. Era un estudioso de Galeno y de la medicina griega y árabe, y no se limitaba a ser un cuidadoso observador de sus pacientes, sino que también era un exitoso médico. Entre sus pacientes, se encontraban los nombres más aristocráticos de Florencia, como los Medici. Benivieni mantuvo un registro clínico cuidadoso de sus operaciones y de las enfermedades que afectaban a sus pacientes, con anotaciones muy objetivas y claras, y siguió a los pacientes hasta practicarles la autopsia. Así, durante más de 30 años de su actividad médica, fue coleccionando casos clínicos y tuvo el buen hábito de hacer notas breves de aquellos casos más importantes. Después de su muerte, y a instancias de su hermano Gerónimo, quien era poeta, en 1507 y por la insistencia de su entrañable amigo, Rosati, fue publicada la obra de Antonio Benivieni. 

Ya hacia finales del siglo XV, Benivieni hizo más de cien observaciones clínicas basándose en muchas y muy cuidadosas evaluaciones realizadas postmortem. En su obra describe, entre otros, casos de cálculos vesiculares, carcinoma estomacal, pericarditis fibrinosa, enfermedad degenerativa de cadera y perforación intestinal. Benivieni también descubre las fibras musculares de la vejiga urinaria y de sus esfínteres, descritos pero muy rudimentariamente por Galeno. Observó que la inserción de los uréteres intravesicales en forma oblicua evitaba el reflujo de orina hacia los riñones.  El libro, póstumo de Benivieni fue publicado en 1507, 36 años antes que el de Andrea Vesalio.

NOTA: esta desafortunada historia continuará y les prometo que finalizará mañana.

En Maracaibo el sábado 30 de mayo del año 2026

 

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