viernes, 20 de agosto de 2021

Desde “La loca”…


Desde “La loca”…

El “Bar La loca”, que quedaba al lado del manicomio lucía tres puertas en esquina, y por afuera mostraba unas paredes pintadas de un verde y amarillo chillones; cuando el sol caía vertical y no soplaba ni una brisita, el alto enlozao de cemento parecía arder mientras pálidas y acanaladas, las tejas reverberan en el techo a dos aguas. Así recuerdo el sitio donde nos reuníamos los sábados…

El mostrador era de cartón piedra y fórmica queriendo disimular las cuatro cavas repletas de cerveza helada que por cierto siempre estaban como culoefoca. La pared del fondo lucía unos estantes atiborrados con cajas de jabón, esponjas, paquetes de arroz, hojillas, bolsas de sal, cigarrillos, galletas de soda, latas de salchichas, de sardinas, pepitonas y de diablitos. Las latas iban alternando con botellas, la mayoría de ron, caballito frenao y pechocuadrao, pero también las había de a litro y carteritas de caña anisada dobleu, y botellas de anís y de otras vainas, hasta de güisky habían, seguramente puyao…

En la pared colgaban varios almanaques de propaganda y había una puerta interna, siempre abierta. Daba a un pasillo que llevaba al patio y para llegar allá tenías que cruzar una especie de túnel, un corredor donde un mollejero de cajas de cerveza alineadas contra la pared formaban un muro plástico multicolor, como adobes gigantes, rojos de Regional, amarillos de Zulia y azules de Polar. En la pared al otro lado, desde unos recortes de revistas, medio descoloridas miraban lánguidas hacia la rockola, la Polaca, la Bomba de Puerto Rico y Lila Morillo. Finalmente, si llegabas al patio verías un cují escuálido intentando hacer sombra en la tierra y al fondo en una cerca de bahareque había un cartel en letras negras con una flecha que indican el sitio del miadero, “Orinario” decía….

Desde La Loca zarpábamos en extrañas singladuras, llevado yo por los expertos a visitar otras taguaras, dejando atrás nuestra rockola desde donde rasgaban las cuerdas de la guitarra de don Armando “el cantor de todos los tiempos” quien en un 45 decía... “ Tu boca es como una flor, linda fresca rosa y pura  es un manantial de amor que las penas de amor cura, un prodigio de marfil, un milagro de coral,  un arca fina y sutil donde se quiebra un cristal”... Alonso y Clavelo se pusieron de pie, como si no les interesara para nada la música. Dejame que te ponga a Lila les decía, pero ni media bola más me pararon. No más loca dijeron e insistían en que teníamos que salir con ellos y de paso conminaron a los demás, teníamos que seguirles, ellos eran los expertos y nos llevarían en visitar sus taguaras favoritas…


Así fue como a medio camino de aquel peligroso periplo, donde visitamos la esquina del tango, el rincón llanero y no sé qué más, cuando de repente me encontré ya mareado, apoyándome en aquella pared de mosaicos azules y blancos, sin que lo hubiese presentido, ni un instante siquiera y recordé cuando comenzábamos a beber cerveza y estábamos todos lúcidos, sin sospechar por cuales vericuetos nos llevarían, y de momento percibía que mis sandalias se adherían a una tierra cenagosa en aquella calle oscura encerrada entre muros rústicos de arcilla, y si hubieras sido vos, te lo juro por Dios y mi madre que vos si hubieras podido entender aquella jaiba, porque para mí era como un sueño, pero de esos donde te interesa el desarrollo de la trama por lo que en el fondo vos mismo ni te queréis despertar, una o pesadilla ¿me entendéis?

Sin embargo, a la vez era estar seguro de que vos no hubieras podido pelar el ojo, y así andaba yo en aquella especie de confusión cuando me llegó como una hedentina, y vos, estoy seguro, la hubieras captado allí mismo, porque era el olorcito ese, como el que exuda una pila de  trapos mojados y todo en sombras; o cuando hay basura pudriéndose, porque era un olor demasiado obvio, ni a butacón de tullío ni a bragueta e loco como seguro estoy que vos que me lo ibas a decir, era más bien como para imaginarte andar brincando entre una zamurada, y es que en la oscuridad ya podía oír el aleteo de los avechuchos girando y tropezándome entre el zumbido de miríadas de moscas…

Así lo percibía, y es que era difícil andar entre aquellos canales putrefactos y vos, porque vos sois machete en eso de ubicarte, estoy seguro y es que te lo puedo jurar, vos entre ese mosquero lo imaginarías en los ojos de tus enfermos, o rodeando a los leprosos, pero no en la isla, no, más bien en las afueras de la ciudad, cuando te los tropezáis en grupos, vos sabéis, así me lo habéis contado, antes sí, pero… ¿Cómo te digo?, yo estaba que no tenía las ideas claras ni con exactitud podía saber dónde carrizo andábamos y solo veía aquella pudrición circulando por unos canales en medio de la oscurana, entre las casas de paredes de arcilla y supongo que fue entonces, cuando al fin, me ubiqué…

¡De bola que yes mijo! Esto me dije y pensé... No puede ser que vos no reconozcáis el sitio, porque yo si ya estaba clarito, y me lo repetía… ¡Bértica! Tengo que estar en Babilonia. Tengo que andar en el mero centro, y es que este tipo de jaibas, vos sabéis que solo se ven cuando bajáis pal centro... Así pues, yo tenía ese rebullicio en la cabeza pensando en el fondo, que quizás había sido un error táctico, que no debía haber cambiado mi turno de la guardia, que quien sabe cómo estaría en ese momento la emergencia de niños repleta de alaridos y oliendo a puro berrenchín y a trapitoechina, que si aquello, que si esto, que si lo otro y si acaso lo de más allá, pero eso de haber abandonado la guardia, cambiándola para escaparme unas horas, sería lo que llamaban, fallas en el concepto de la responsabilidad, y yo en ese desiderátum estaba dando más vueltas que un perro paecharse, pensando, pero… ¿Que podéis hacer?

Buscando el miadero ya no viste ni flecha ni cujíes, estaba oscuro y sentíste como un escalofrío al salir el chorro y te quedáis mirando cómo se va mojando poco a poco la pared y te distraéis entre tanto mientras leéis las cosas que están inscritas en los muro de arcilla, y quien mea a tu lado insiste en que podéis conquistar la inmortalidad con tu actuación en la vida y habla de extrañas religiones mientras también mea mirando al techo y te explica lo que tenéis que hacer para enfrentar los designios de Marduck. Tendréis que vivir jugueteando con cientos de demonios, él te lo repetía y vos decidís que lo que está, es locoebola, y arrancais espitao del urinario. Cuando salís, si miráis el cielo veréis montones de estrellas y al fondo en un patio, vos mismo podéis ver a Clavelo que está apoyado sobre la capota de su Volswagen vomitando como un coñoemadre...

Un poco más allá en luces de neón vos podéis leer el letrero, que dice, "El León Dorado". Entonces se acerca una negra grandísima y brillante y me restriega sus tetas en la cara y entre ellas, solo puedo ver a Clavelo quien ya se ha repuesto de la troco e vomitada y se ahoga ahora, pero de la risa y sentís la mano de Alonso quien también huele a vómito, pero igual es, pues te pone unas monedas en el bolsillo y te dice, vai cogé los cobres, y en el fondo vos sabéis que no te vais a atrever, lo tuyo es otra cosa y por eso vos tratáis entonces de ponerte de pie, pero la mole negra te hace trastabillar pues se mueve y se restriega como si tuviera encima un hormiguero y las risotadas de todos terminan trepidando y van subiendo el volumen hasta volcar los tarros y luego se cae la mesa, así que vos te encontráis en el suelo otra vez, ahora por demás, bañado de cerveza, y casi espaturrao… ¿Y? …

¿Cuándo despertaste, dónde estabas? A tu pregunta, ya no supe que responder…

NOTA: este texto nació, fundiendo retazos ya publicados de mí novela “La Entropía Tropical” (Maracaibo 2003).

 

Maracaibo, viernes 20 de agosto, 2021

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