Malva Marina
María Antonia Hagenaar, “Maryka” era hija de unos colonos holandeses, quienes
llevaban un par de siglos instalados en el sudeste de Asia y posiblemente ella tenía
algún ancestro malayo. Maryka medía más de un metro 80 de estatura y lucía
elegante aunque las vicisitudes de la vida en Malasia la habían dejado sola con
su madre. Su padre y sus dos hermanos varones habían muerto antes de que ella
conociera al escritor Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto, para la época
disfrutando de un cargo diplomático, quien sin duda la deslumbraría. Tras
conocerse en un partido de tenis celebrado en uno de los clubes más refinados
de Java, Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto, quien sería a la postre mejor
conocido como el poeta Pablo Neruda y Maria Hagenaar Vogelzang conocida en Java
como Maryka, se casaron. Sería una luna de miel corta. Regresarían
a Chile y luego se irían a Europa, en lo que había de ser un matrimonio con un final
traumático. La primera esposa del laureado escritor, fue la madre de Malva
Marina, su única y malograda descendiente.
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El nacimiento de una hija enferma sorprendió al
poeta. Primero la ocultó “es un ser perfectamente ridículo”
llegó a decir, -“es una especie de punto y coma”- y después decidió borrar de su
vida a la niña, a quien denominaría, la “vampiresa de tres kilos”,
abandonándola para siempre. El hombre que encarnaba la vanguardia poética, el
intelectual militante convertido en dirigente político, una figura que por
décadas fue un imán para el socialismo en Sudamérica, se olvidó de su hija, y le
negó a su primera esposa a quien el poeta rebautizará como Maruca, no solo la ayuda económica
para sostener a la niña enferma,
a la que no quiso volver a ver desde sus dos años, también les negaría el
salvoconducto de canje de ciudadanos que las habría rescatado de una Europa
sumida en las penurias de la Segunda Guerra Mundial. Maryka, quien solo se
comunicaba con él en inglés: “My dear pig”, lo llamaba ella en sus
cartas una vez separados, cartas que escribiría para reclamarle -sin éxito y durante
años y, aun así, tratado con inaudita cortesía, -la cuota alimentaria para la
hija.
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En 2008 no se conocían imágenes de su tumba, en el
Oude Begraatplats, un viejo cementerio católico en las afueras de Gouda, y Malva Marina ha tenido la
reivindicación de unas pocas fotos familiares tomadas por Hendrik Julsing, su
padre de adopción en Holanda y conservadas por su hijo Fred Julsing, quien creció como hermano de la niña. El chileno Antonio Reynaldos, emigrado
a Holanda en los años 80 es uno de los periodistas que difundió la ubicación de
la tumba de Malva Marina, pero él no quisiera aceptar ver a Neruda desprestigiado, ya que según
él, es un error juzgarlo por los parámetros de nuestra época. Es su opinión
personal. Hoy en 2020, existen dos
novelas, Es tan largo el olvido
(En het vergeten so lang), de la holandesa Pauline Slot, sobre “Maryka”
Hagenaar, y ahora a aparecido Malva,
la primera novela de la poeta Hagar Peeters, un monólogo donde la niña interpela
al padre majestuoso en una suerte de diatriba amorosa. Malva acaba de traducirse al castellano, editada por Rey
Naranjo en España.
La novela “Malva” en su
confección y sinceridad, es contundente para desmontar un mito erigido sobre su
propia contradicción; existen padres que abandonan a sus hijos, que los olvidan,
padres quienes los hacen desaparecer de sus vidas, como si les estorbasen, y
para las criaturas debe ser una sensación muy dolorosa. Hagar Peeters dice haber sufrido la misma percepción con el
alejamiento con su propio padre, y la novela implanta con precisión poética la
figura también de la madre, quien debe asumir además de la pobreza y el olvido,
el cuidado total de su hija como misión de vida ante el abandono de su
compañero.
Maracaibo sábado 4 de julio, 2020
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