jueves, 21 de noviembre de 2019

De mi madre y mi tío poeta


De mi madre y mi tío poeta

Tuve la suerte de conocer personalmente a mi tío Fernando, en Maracaibo el año 1947. En aquel entonces yo era un niño de ocho años, pero recuerdo perfectamente su visita a nuestra casa, “Los Arrayanes”. Mis hermanos y yo, sabíamos que era el mayor de nuestros tíos, que era poeta y que había combatido en la guerra del catorce. Estuvo unos meses en Maracaibo, antes regresar a Los Estados Unidos, donde fallecería al año siguiente, en agosto de 1948. No podía imaginarme, a la edad de ocho años, la importancia de mi tío como poeta, pero si comprendimos, mis hermanos y yo, que él era un personaje de esos que solo se encuentran en los libros de aventuras. 

En el año de 1907 tenía Fernando 17 años y un panorama imprevisto se abrió ante él. La posibilidad de abandonar el suelo nativo agitaría sin duda su corazón de soñador y poeta, él seguramente sopesaría la idea, posiblemente pensaría en sus padres, en sus hermanos, en Inés Dávila y decidiría aceptar el reto. A finales de ese mismo año, a lomo de mulas, en tren y luego embarcándose en varios vapores, marcharía para irse a estudiar en Norteamérica.  

En el Colorado College, de Colorado Springs habría de iniciar Fernando su periplo de personaje novelesco. Fue estudiante de ingeniería civil, profesor de español, deportista, dibujante, se fue a la guerra del 14 con sus compañeros y sus discípulos y ya en el frente de batalla estuvo dirigiendo una compañía de Infantería siendo condecorado por servicios con la medalla de guerra de la “Meuse Argonne”. Regresaría a Norteamérica y en el Colorado College volvería a ser profesor de español y se graduó de Filosofía y Letras. 

Casó con una norteamericana, fue obrero en molinos para la extracción de oro, lavaplatos en un restaurant neuyorkino, actor de cine, cowboy, guionista de películas, director de Publicidad de la Columbia Pictures, asesor de Producción de la Fox, premiado con un Oscar de la Academia de Artes Cinematográficas en Hollywood por el guión de la película “Sombras de Gloria” en 1935, ejerció el periodismo en Nueva York y con una sólida cultura humanística, se transformaría en un erudito, versado en literatura y filología. Hablaba y escribía en inglés y en francés con la misma perfección que en español, colaborador de numerosos periódicos y revistas de América Latina y España con los seudónimos de “Tom Ayala” y “El Conde de San Javier”, sus crónicas se titulaban “ Vistazos Neuyorkinos” y “Salpicón Cosmopolita”.   

Quisiera que regresámos al año de 1907, quizás en el mes de Septiembre cuando nació mi madre, la hermana menor del poeta... Fernando Carlos era un espigado mozo de 17 años quien ya estaba considerando la posibilidad de irse a estudiar en Norteamérica. Puede que esta fuese la razón del porqué sus padres, don Lorenzo y doña Albina decidieron nombrarle padrino de bautismo de su pequeña hermana recién nacida. Mi madre fue bautizada como María Amelia Jacinta del Monte Carmelo. Con los años ella se enteraría de cómo Fernando la alzó en brazos y su mamá, doña Albina, acaso presintiendo el próximo largo viaje que habría de emprender el hijo mayor y joven poeta, tomó la cadena de plata con la medalla de la Virgen de la Consolación que lucía la recién nacida y se la entregó a Fernando quien la conservaría para toda la vida.  


Desde su más tierna infancia en San Cristóbal, la pequeña Marujita sabía de su hermano mayor, le escribía cartas, en letras de molde las primeras, luego de niña relatándole la vida de su casa y preguntándole muchas cosas, de manera que con los años persistió un gran amor y veneración por su hermano mayor y padrino ausente a quien no llegaría a conocer sino mucho después a finales de los años treinta. Podemos leer en una postal no fechada, con una fotografía del mar y la luna en Corpus Christie, Texas...  “La luna riela en el mar  como una cinta de estrellas y al salpicar las espumas/ en las menudas arenas  parecen las tenues gotas/ diamantes de una diadema”. (Rivas Frade). “Esta postal me trajo a la memoria los versos de un drama y todos los dulces recuerdos de los días pasados; entonces tú eras un bebé rubio y rosado, Maricita, y así todavía existes en mis recuerdos. Felicidades para ti querida hermanita en este nuevo año y en los porvenir. Te besa tu hermano, Fernando”.

Me veo niño, sentado en una silla frente a mi tío, el poeta guerrero, y puedo escuchar en mi mente su voz, tarareando una tonada que luego silbaría quedamente para decirme que aquella era una canción popular inglesa y que los soldados en las trincheras, la susurraban y la silbaban para darse ánimo y espantar el miedo.  Luego me diría: - Siempre que la escuches, espero que te acuerdes de mí.  Eso me lo dijo el poeta, mi tío, una tarde calurosa del año 1947. No lo he olvidado. Puedo ver a sus camaradas preparándose para la batalla y él observándolos uno a uno...   ... “ Se han vestido los muchachos /para un día de revista /un “rendez vous”con la muerte / amante a quien no la esquiva.  Sin delatar la emoción / me fijo, al pasar revista,/ en cada rostro. Quisiera / grabarlos en la retina! / Van en “misión especial”; /son miembros del “Club Suicida”/ que han de cortar las hiladas / en la alambrada enemiga / al punto de la “hora cero” /  y a la señal convenida.”… Creo escuchar la despedida matutina del sargento... ... “-Al removerse y dejar / el rollo de sus cobijas/ -Si vuelven, aquí estarán / para quien venga a pedirlas/ I si no, pues... es...muchachos, / que ya no las necesitan. /  Good luck, boys, and give ém hell !/ Después, la orden de partida.”

Muchas de las vivencias del poeta en los campos de batalla en Francia, han llegado a mí a través del recuerdo de los relatos de mi madre. Ella nos hablaba del tío Fernando, su hermano mayor, tratando de que comprendiésemos en nuestra corta edad, el significado del valor, del arrojo y coraje que se necesita para pelear en las trincheras, pero sobretodo del sentido de la palabra amistad, la que le llevó a alistarse en el ejército para irse con sus compañeros de estudios a luchar en el extranjero en una guerra en la que ni siquiera le correspondía estar.

Con  su esposa, el poeta regresará a San Cristobal el año 1935. De vuelta al terruño, ha de ver a sus padres ya ancianos. En ese entonces se volverían a encontrar Fernando el poeta y su hermana menor, Maruja quien ya era una joven de 27 años y tenía un novio maracaibero, Jesús García Nebot, con quien se casaría el mes de julio del siguiente año, 1936. El 18 de octubre del año 1937 nacería su primer hijo a quien llamarían Fernando en honor al hermano mayor poeta, de nuevo ausente. Pero lo que sigue es ya otra historia que no tiene suficiente espacio aquí para contarla.  

Maracaibo viernes 22 de noviembre 2019

No hay comentarios: