lunes, 20 de julio de 2026

Los elefantes de Aníbal


Uno de los nombres más emblemáticos de un brillante estratega militar es Aníbal Barca, el legendario general cartaginés quien marcharía con elefantes sobre los nevados Alpes y se enfrentó a Roma, en aquel momento de la segunda guerra púnica el creciente poder en Europa. Superó a los mejores estrategas que Roma tenía para ofrecer y se apostó dos veces frente a las puertas de Roma con su ejército.

 

Nunca hubo duda alguna de que Aníbal serviría a su país en el ejército, pero nadie podría haber predicho cuán bien serviría a Cartago. Incluso siglos después, los romanos usaban la frase "¡Aníbal está a las puertas!" Como una forma de indicar una desgracia o miedo. Incluso los desastres naturales se comparaban con él. Sus acciones continuarían persiguiendo a los romanos durante siglos. Debido a la amenaza que había sido para ellos, la República romana se vio obligada a aprender a burlar a sus oponentes y no solo a vencerlos. Las acciones de Aníbal ayudaron a dar forma y a transformar a Roma en el poder militar en el que se convirtiera porque se dieron cuenta desde el principio de que no estaban tan seguros como habían pensado que lo estaban.

 

Patricia Fernández de Lis, es una periodista española, quien el 6 de julio de este año 2026, escribiría en El País, España, un trabajo en donde calcula el gasto energético de la travesía de Anibal Barca y sus elefantes por Italia, reforzando la hipótesis de, que por que el general cartaginés eligió el paso del Col de la Traversette para avanzar con sus elefantes, a través de un territorio ubicado entre Crissolo y Abriés, frontera actual entre Italia y Francia que separa el Monviso(3.841 m) del Monte Granero (3.171 m). Todos estos hechos acaecidos en el año 218 a. C. Existe un óleo sobre lienzo de Giovanni Antonio Pellegrini, titulado: Aníbal jurando a su padre Almicar Barca ser siempre enemigo de Roma (1731) (Ver)

Aquel año 218 a.C., fue cuando el general cartaginés Aníbal cruzó los Alpes en 15 días con 46.000 hombres y 37 elefantes de guerra, culminaría una marcha forzada de mil kilómetros desde su ubicación original en la actual España. Aquella fue una de las hazañas militares más extraordinarias de la historia y también uno de sus enigmas más persistentes, ya que nadie sabe con certeza por dónde cruzó las montañas el general. Un estudio publicado en la revista PNAS aborda la pregunta desde un ángulo inédito: la energía que costó la travesía, y esa investigación llega a una curiosa conclusión: los soldados lo pasaron mucho peor que los enormes elefantes.

Durante generaciones, el debate sobre la ruta que eligió Aníbal ha estado dominado por la filología y la geología. El principal candidato en esta discusión era el Col du Clapier, que es un puerto de montaña de 2477 metros de altura que atraviesa el macizo del Mont Cenis, en los Alpes Cottianos y los Alpes Grayos, entre Saboya (en Francia) y el Piamonte italiano. Este sendero ecuestre, va desde Bramans (1220 m) hasta Susa (503 m) actualmente no hay carretera asfaltada. Análisis recientes han apuntado al Col de la Traversette como la via utilizada por Anibal. Los autores del nuevo trabajo, Emilio Berti, del Centro Alemán de Investigación Integrativa de la Biodiversidad (iDiv) y Fritz Vollrath, de la Universidad de Oxford, aportan un voto más a favor de la Traversette, esta vez con la biología en la mano.

El equipo aplicó un modelo biomecánico que estima el coste energético de moverse a partir de la masa corporal y la pendiente del terreno, y que funciona “desde insectos hasta elefantes”, explica Berti. Reconstruyeron cada posible cruce de los Alpes con datos de elevación y calcularon cuánta energía habría exigido a hombres, caballos y paquidermos y como resultado, concluirían que: la Traversette habría sido la ruta más corta y eficiente, con un coste total para todo el ejército de 5,42 teravatios-julio. Las otras tres opciones -el Col de Montgenèvre, -el Col du Clapier y -el Col du Mont Cenis- habrían requerido un 11 %, un 16 % y un 19 % más de energía, respectivamente. “La clasificación de las rutas es muy robusta”, subraya Berti. Y aunque los elefantes reales fueran algo más pequeños que los asiáticos usados en los cálculos, el orden no cambia.

Lo llamativo llega al mirar el desgaste corporal. En la Traversette, los soldados habrían quemado alrededor del 19 % de sus reservas de grasa, un dato que ayuda a explicar por qué solo la mitad de los hombres sobrevivió a la travesía. Los elefantes, en cambio, apenas habrían perdido un 4 %. Sus enormes depósitos de grasa les permitieron cruzar los Alpes gastando solo una pequeña fracción de ellos. Que un animal de tres toneladas escale mejor que un hombre parece contraintuitivo, pero tiene explicación biomecánica. “Piense en los elefantes como un vehículo con tracción a las cuatro ruedas, capaz de generar esa tracción con cada una de sus ruedas”, ilustra Berti. “Frente a un coche de dos ruedas motrices, esa biología les permite moverse por terrenos difíciles y empinados”, añade. Sumado a sus reservas de grasa, esta capacidad convierte a los elefantes en montañeros insospechados.

Pero… ¿Por qué llevar semejantes bestias a una guerra tan incierta y lejana? Berti apunta a varias razones. Una es la tradición militar: los cartagineses simplemente combatían con elefantes, “y los ejércitos se aferran a sus tradiciones hasta que se demuestran ineficaces” (como los tanques o los helicópteros en la era de los drones). La segunda razón es el efecto psicológico, porque los elefantes aterrorizan a la caballería. Una tercera sería el reclutamiento de los celtas del norte de Italia, ya hostiles a Roma, a los que impresionar bajando de los Alpes a lomos de animales nunca vistos. E incluso habría una cuarta explicación, la más pragmática: como cruzar les costaba tan poco, “más que preguntarse ‘por qué llevarlos’, Aníbal pudo haberse preguntado: ‘¿por qué no?’”, dice Berti.

La ironía es que el verdadero problema empezó al bajar. Reponer las reservas de los elefantes y mantenerlos vivos durante el invierno, aislados en territorio enemigo y sin líneas de suministro, resultó devastador: de los cerca de 30 que llegaron a combatir en Trebia, todos menos uno (su montura personal, Sirius) murieron el invierno siguiente.

El propio modelo tiene límites que Berti no oculta: un descenso muy pronunciado, como el de la Traversette, no ahorraba energía, sino que la gastaba, de modo que “compensa en parte” su ventaja, aunque la ruta sigue siendo mejor que las demás. Y el análisis no incluye ni el estrés mecánico sobre las articulaciones ni las caídas mortales que describe el historiador Polibio, la fuente más fidedigna de las campañas militares de Aníbal. Aun así, el investigador confía en que el trabajo abra camino. “Algunos historiadores estarán encantados de ver una nueva pieza de este rompecabezas”, dice Berti, con la esperanza de que su método se aplique a otros episodios del pasado.

Las narraciones modernas de la Segunda Guerra Púnica se basan mucho en relatos antiguos; los dos más importantes son las Historias de Polibio (el Libro III cubre el origen de la guerra hasta la batalla de Cannas) y Ab Urbe Condita de Tito Livio. Polibio es un escritor mucho más antiguo, que entrevistó a veteranos reales de la Guerra Aníbal, y su relato carece de muchos de los adornos (anécdotas, heroicidades y discursos elaborados) presentes en el de Tito Livio. Aunque no es perfecto (Polibio tenía muy buena relación con el clan Escipión, y definitivamente hay algunas anécdotas extraordinarias), el relato de Polibio es generalmente bastante llano y factual. Al tener algo de experiencia como soldado, tenía un gran interés en asuntos militares, por lo que cubre bastante bien las batallas y campañas de Aníbal.

Para lapesteloca en Maracaibo, el día lunes 20 de julio del año 2026

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