Fue precisamente comenzando el
año 1966, cuando el doctor Carloni volvió a su terruño por unos días y
sorpresivamente hizo los arreglos necesarios para regresar a Europa con Ana
María y sus dos hijos, Cheito y Luisito, de 6 y 7 años respectivamente. En
Edimburgo la familia disfrutaría durante un par de años de una vida plena de
oportunidades y de triunfos. La buena situación económica del profesor
Carloni-Corso habría de compensar el desamor
padecido como un mal crónico por su resignada esposa, y serviría para
que sus hijos iniciaran su educación en el extranjero. Con el correr de los
años, uno de ellos llegaría a ser representantes de la comunidad latina en el
Estado de
El año 1967 cuando el doctor
José Asunción Carloni-Corso regresó a su tierra proveniente del Reino Unido, se
mudó a una mansión en la urbanización “Virginia” y muy pronto daría inicio a un
ciclo de ágapes organizados con la ayuda de su simpática esposa, la sin par
AnaMaría. Después de su estadía en el Reino Unido, ella había desarrollado habilidades
sociales y en esa época aceptaría el rol de acaudalada matrona, feliz esposa de
su importante marido. Muchas veces haría de anfitriona para la variopinta alta
sociedad de la ciudad de fuego. En una de las primeras reuniones en su nueva
casa, Carloni invitó a su colega Josefina Dickson, psiquiatra conductista de
origen trinitario y a su marido un pediatra de menuda estatura, el doctor Ariel
Zambrano. La propuesta de colaboración laboral hecha a la morena psiquiatra,
sería acogida con beneplácito a muy corto plazo, y a la larga, vendría a ser
crucial en el devenir de sus vidas como profesionales. Las gestiones políticas
del profesor Carloni como consecuencia de sus progresos en el marco de la
sociedad de su terruño, le granjearon amistades importantes. Se incrementaron
sus contactos con la gente del principal partido político opositor. Habiendo
adquirido en 1969 luego de la elección del presidente Caldera un gran lote de
terrenos, y ya cumplido el proceso de la pacificación de las guerrillas, sus
negocios con el partido del pueblo, lo volvieron a poner en la cresta de la
ola. Llegaría el momento de colocar la primera piedra del futuro Instituto de
Psiquiatría en el vecindario del hospital Universitario, de
Carloni invertiría sus dividendos en mover
palancas políticas con aportes de consorcios financieros y de créditos
otorgados por sus amigos de la Banca Nacional. Él nunca desestimó los poderes
de su vieja amiga y confidente. Al regresar a su tierra, una de las primeras
cosas que hizo fue buscar una entrevista con Ágatha Gallegos. Para la época,
ella había ganado algunos kilos y la juncal rubia se había transformado en una
hermosa mujer de unos treinta años, casada con un capitán de
El doctor Carloni-Corso, triunfador en lo
social, lo político, económico y profesional, quizás no hubiese accedido a
acatar a pie juntillas las normas separatistas impuestas por la linda bruja,
máxime cuando sabía que su marido estaba obligado a pasar largas temporadas en
el mar, pero fue precisamente por esa época cuando él conoció a Minerva Romero.
Con nombre de diosa, Minervita era una impresionantemente escultural mujer de
19 años de cabellera lacia y negra que le daba a la cintura y que ella lanzaba
con un movimiento de torsión sobre su hombro derecho, mientras pestañeaba sus grandes
ojos negros lanzando tórridas miradas que derrumbarían a cualquier ser humano.
Cheo Carloni, al verla, creyó estar ante la reencarnación una madona
renacentista sin saber si era idéntica a una pintura de Leonardo, de Miguel
Ángel o quizás a una virgen de Rafael Sanzio. Flechado sin remedio, desde el
momento mismo cuando la conoció en
El Capítulo 22 de la novela se intitula: “Es Agatha quien habla” e
informa el relator: he de retomar uno de los monólogos de Agatha extraído de una de mis
cintas magnetofónicas y lo transcribiré… -“Si vos queréis que de
verdad yo te cuente sobre mi vida y la de Cheo Carloni, te la puedo resumir en
dos platos. Todo comenzó antes de que existiera el INP. Inmaginate vos lo que
sería el mundo en esos tiempos, cuando yo comencé a trabajar en el Manicomio de
esta ciudad. Calculá no más que todavía la gente hablaba del Sabio Brujo que
había curado a los locos del hospital psiquiátrico con un bisturí de brillantes
con los que él les operaba el coco. Cheo
era un carajito recién graduado, y yo era nada más que una coñita que llegaba
de las serranías de San Luis…
NOTA: esta
historia que finalizará mañana, ofrece la oportunidad a los lectores de este
blog lapesteloca, de leer fragmentos
de mis novelas publicadas en Amazon.
Maracaibo, domingo
12 de julio del año 2026
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