sábado, 4 de julio de 2026

Dos escritoras y un hotel…


María Luisa Bombal Anthes (1910-1980) fue una escritora chilena, condecorada en 1974 con el Premio Ricardo Latcham del PEN Club Chile(1969), en 1976 con el Premio Academia Chilena de la Lengua  y en 1978 el Premio Joaquín Edwards Bello. Muchos intelectuales de su país pedían que María Luisa recibiese el Premio Nacional de Literatura, y la crítica nacional e internacional reconoció su relevancia para el desarrollo literario de la región sudamericana. Su obra, breve en extensión, se centra en personajes femeninos y su mundo interno, a través del cual escapan de la realidad. Destacó, además, por no vincularse a ninguna corriente de la época, alejándose conscientemente de las vanguardias y de el criollismo. Sus obras más conocidas son las novelas cortas La última niebla La amortajada.

En marzo del 2021 en este blog (https://tinyurl.com/5e67pj78) dijimos de ella, que: “Su pasión por idealizar el amor y el hombre imaginado, no debe hacernos creer que María Luisa Bombal vaga envuelta en la neblina de sus ensoñaciones”. En Valparaíso, de regreso al culminar sus estudios literarios en Francia, María Luisa, se enamora de Eulogio Sánchez, un hombre alto y fornido, pionero de la aviación chilena. Se inicia así ese amor que, en realidad apenas dura, pero que se extenderá por años en su memoria y en su imaginación como una irrenunciable pasión. Para ella, la promesa de matrimonio no tarda en deshacerse en el aire y él se aleja indolente En ese período, la definió Pablo Neruda: “…la única mujer con la cual se puede hablar seriamente de literatura.” María Luisa conocía a Gabriela Mistral desde su paso por Argentina y durante esta época entabla una gran amistad con ella, quien también se encontraba radicada en dicho país. Además, es de las primeras personas que asistiría a su sepelio en Los Ángeles, Nueva York.

En 1940, tras el estreno de la cinta de Saslavsky, luego de una estancia prolongada en Buenos Aires y tras su primera visita a Estados Unidos, María Luisa Bombal regresó a Chile. Un nuevo fracaso amoroso reactivaría su primera pena de amor y la obsesión por la figura de Eulogio Sánchez. El 27 de enero de 1941 caminó lentamente por las calles del centro de Santiago hasta situarse frente a la puerta del Hotel Crillón; allí, esperó a Eulogio Sánchez, quien después de ocho años sin verla, ya casi no la recordaba. Alrededor de las 5 pm, y luego de encararlo, le disparó, hiriéndolo solo en el brazo.[] Fue encarcelada, pero solo cumplió una condena de pocos meses (fue absuelta en octubre), puesto que el herido la eximió de toda culpa. Una vez absuelta, viajó a Estados Unidos. Cuando se le preguntó por el motivo de su acción, ella declaró: “Al matarlo mataba mi mala suerte, mataba mi chuncho”… Me arruinó la vida, pero nunca lo pude olvidar” afirmó María Luisa sobre su relación con Sánchez años más tarde.

María Carolina Geel, era el seudónimo de Georgina Elena Silva Jiménez (1913-1996). Fue una escritora y crítica de literatura chilena. Catalogada como una mujer muy controvertida tanto por su propuesta narrativa irreverente y atrevida, como por protagonizar uno de los crímenes más conocidos de la época, llevado a cabo en el Hotel Crillón de Santiago. María Carolina a los 13 años se inscribe en la Escuela de Bellas Artes para estudiar Escultura y Dibujo, que tampoco finalizó. Desde pequeña era una lectora infatigable, autodidacta, con solo 14 años leía a autores como Nietzsche, Cervantes, Dostoyevski, Proust, Gide, Rilke entre otros. En 1926, con 15 años de edad, contrajo matrimonio con Pedro Echeverría Muñoz, un funcionario de investigaciones que ejercía en un juzgado de la capital. De este matrimonio nacería su primer y único hijo, Sergio Alejandro Echeverría Silva, el 4 de abril de 1932. Sin embargo, tiempo después y por motivos desconocidos, la pareja se divorció y tanto su hijo como su ex marido se radicaron en México.

Maria Carolina, se presentó como novelista con El mundo dormido de Yenia (1946), que tuvo una recepción bastante dividida entre los lectores. Posteriormente, publicó Extraño estío (1947), relato que lleva a la ficción la vida de una mujer divorciada, Soñaba y amaba al adolescente Perces (1949). Luego de su primer fracaso matrimonial, buscando independencia económica, María Carolina ingresa a trabajar como taquígrafa en el Consejo de la Caja Nacional de Empleados Públicos y Periodistas, puesto que desempeñó con eficiencia hasta 1952. Se casó por segunda vez con un hombre llamado René Cárdenas, un médico y del que más tarde también se divorció. Se dice que María Carolina padecía Hiperestesia aguda lo que le causaba fuertes dolores físicos.

En 1950, mientras trabajaba en la Caja de Empleados Públicos conoce a Roberto Pumarino Valenzuela, un joven empleado, segundo jefe de la sección máquinas de la caja de empleados Públicos y Periodistas, militaba en el Partido Socialista y era dirigente de la Asociación Gremial de los Empleados Fiscales. Pumarino estaba casado y tenía un hijo, pero ambos comenzaron un romance a pesar de la diferencia de diez años, ella tenía 37 y él 27. En febrero de 1955, Pumarino enviudó debido a que su esposa sufrió un derrame cerebral.  ]Él habría intentado separase pero su esposa le negó la anulación. Después de enviudar le pidió a María Carolina que se casara con él, sin embargo, la escritora lo habría rechazado. A raíz de esto Pumarino se habría comprometido con otra mujer, más joven que María Carolina, llegando a fijar la fecha de la ceremonia para el 13 de mayo del mismo año.

El martes 12 de abril de 1955, La escritora salió de su departamento rumbo a la farmacia de calle Moneda 941, en la esquina con Matías Cousiño. El analgésico para su hiperestesia estaba agotado. En la vereda del cine Cervantes, vio un depósito de armas nacionales. Caminó unos pasos hacia el local, pero se le ocurrió que la oficina de ferrocarriles para averiguar sobre los horarios de trenes a Mendoza, planeando emprender un viaje a Argentina y cambió el rumbo al saber que el tren salía el viernes a las seis de la mañana. En el trayecto decidió volver al depósito de armas, donde le mostraron varios modelos y le parecieron caros. A la vuelta de la cuadra, en el paseo Ahumada, encontró en otra armería una pistola baby browning belga calibre 6.35,] un arma semiautomática, pequeña y compacta, con cargador de 6 cartuchos. pagó por ella y volvió caminando a su departamento.

El miércoles 13, María Carolina llama a Pumarino para concertar una cita, acordaron tomar el té, a las 5 de la tarde, al día siguiente en el conocido Hotel Crillón. El 14 de abril de 1955, a eso de las 4 y media de la tarde, Roberto Pumarino arribó al Hotel. Subió las escaleras de mármol, se adentró al exclusivo salón del té, pidió una mesa y encendió un cigarrillo mientras esperaba. Era la hora punta del Crillón. Políticos, beatos y escritores... El murmullo de la vida social ensamblado con un vals de Schubert. En una esquina el escritor Perico Müller ("Perceval"), en la mesa contigua, la poetisa Matilde Ladrón de Guevara ("Mi patria era su música") charlaba con su hermana Lucía.

Geel llegó quince minutos más tarde con un largo abrigo beige y su carterita de cuero. Se sentó frente a Pumarino, en una mesa al rincón del elegante salón, pidieron té y comenzaron a conversar calmadamente. Una media hora más tarde Pumarino pidió la cuenta, pero antes de que pudiera pagar, María Carolina Geel sacó del bolsillo derecho de su abrigo el arma que había comprado 2 días antes y disparo 5 veces contra su amante. el primer disparó directo en a su boca; el último en el hígado y se desató entonces la histeria en el lujoso salón, un griterío, tazas rotas, gente aterrada escondiéndose bajo las mesas o huyendo, más sin embargo, María Carolina, sin mayor contemplaciones se abalanzó al cuerpo sin vida de su amante, tomó su cara entre sus manos y lo besó en la boca, dejando que la sangre manchara su abrigo y se aferró a su joven amante hasta el arribo de carabineros. Al ser retirada por carabineros la sangre de su víctima bañaban su cara y sus manos, dejando al descubierto la macabra escena. Se entregó a carabineros sin oponer resistencia y al abandonar el Hotel cubrió su rostro ensangrentado con el cuello de su abrigo, tratando de ocultarse de los fotógrafos. Tras ser conducida ante el titular del Primer Juzgado del Crimen de Santiago, atinó a decir: "Señor juez, yo quería a Roberto."

En primera instancia declaró que no pensaba matar a Roberto Pumarino, y que había comprado el arma para suicidarse. Finalmente renunció a defenderse y fue condenada por el tribunal a 541 días de prisión. Más tarde la sexta sala de la Corte de Apelaciones la sentenció a 3 años y 1 día de prisión en la Cárcel Correccional del Buen Pastor, ya que se concluyó que, si bien Georgina Silva actuó con un control disminuido de sus impulsos, no se encontraba totalmente privada de razón. Ella aceptó el fallo sin inmutarse. En el convento penitenciario, escribió una de sus más exitosas novelas, Cárcel de mujeres (1956), que causó una gran impresión y abrió paso a una literatura oscura que se asemejaba tanto a la testimonial como a la de la ficción, afianzando la realidad de las mujeres encarceladas y es también considerada la primera obra con tintes lésbicos de la literatura chilena.

El 13 de agosto de 1956 Gabriela Mistral solicitaría al presidente Carlos Ibáñez del Campo el indulto para María Carolina Geel. En septiembre de 1956, habiendo cumplido casi la mitad de su sentencia (1 año, 4 meses y 10 días) de cárcel, gracias al apoyo de círculos de intelectuales, como la Sociedad de Escritores de Chile, la escritora no tuvo que cumplir la totalidad de su condena y, ya libre, prosiguió con su profesión desde un lugar más apartado de la sociedad.

En Maracaibo, el sábado 4 de julio del año 2026

 

 

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