jueves, 23 de julio de 2026

Gerzaín Rodríguez Toro

 

El doctor Gerzaín Rodriguez Toro, Profesor Titular y Maestro Universitario, fue un referente de la patología colombiana e investigador ejemplar, formando a diferentes generaciones con ciencia, ética y humanidad. Gerzain fue un médico cirujano de la Universidad Nacional de Colombia, con estudios de posgrado en patología y microscopía electrónica de North Western University y del Instituto Mexicano del Seguro Social. En su vida profesional hizo aportes valiosos a la ciencia desde su posición como jefe del Grupo de Patología del @insaludcolombia, integrante del Comité Científico de la revista Biomedica desde 1991, al igual que docente e investigador de la Universidad Nacional de Colombia, la Universidad de La Sabana y el Centro Dermatológico Federico Lleras Acosta.

Honramos su legado académico que abarca más de un centenar de publicaciones científicas nacionales e internacionales. Hoy después de repasar su nombre en mi memoria esta noche estaba recordándolo y me he enterado de esta triste noticia. Gerzaín Rodriguez Toro, mi buen amigo, fallecería en septiembre del año pasado 2025 en Bogotá.

 

A Gerzaín Rodríguez Toro lo había invitado a participar en el Primer Simposio Venezolano de Patología Ultraestructural, en Maracaibo. ¡Muchos años atrás! Fue en el mes de abril del año 1971; el año de la visita de Fernández Moran al laboratorio de microscopia electrónica (ME) del Sanatorio del Dr Iturbe, el año del Primer Simposio Venezolano de Patología Ultraestructural que organizáramos en el hotel del Lago en el mes de abril y ese mismo año 1971, en noviembre se dio el Congreso de la Sociedad Latinoamericana de Patología en el hotel del Lago cuando, con JT Nuñez Montiel decidimos usar el ME para investigar el cuello uterino de sus pacientes. De allí nacería la historia del VPH relatada en 1973…

A Gerzaín lo había invitado al Simposio para que nos hablara de su trabajo sobre los virus usando el ME y mi amigo colombiano, si, llegaba de “el hermano país” que es de donde él era el número uno en la ultraestructura de las enfermedades virales. Existe la foto de Gerzaín, un joven de pelambre hirsuta, quien, en 1971, aparece entre los maestros doctores Franz Wenger y Rui Pérez Tamayo (ver).

Como dice aquel bolero, “pasaron desde aquel ayer, ya tantos años”, hasta que sería en el año 1995, cuando me invitaron a un Curso Internacional de Microscopía Electrónica en Santa Fe de Bogotá, donde no reconocía a un señor calvo quien intervenía para hacer un sin fin de acertadas preguntas, y quien resultó ser: ¡el propio Gerzaín! Poco tiempo después, casi al año siguiente, yo lo invité a Caracas y nos dio un par de conferencias en nuestro Instituto, el IAP de la UCV. Fue en aquella ocasión, cuando juntos cantamos el corrido de Juan Charrasqueado en una casa en San Antonio de Los Altos y consolidamos nuestra amistad. Nuevamente, han pasado desde aquel ayer ya muchos años, pero por internet me había enterado de que él estaba bien y siempre me contentaba saber que seguía siendo un gran patólogo del hermano país.

Había hecho algunos intentos en “la búsqueda de nombres perdidos”, ciertamente, aunque usualmente resultarían infructuosos. Recordaba a menudo a otro colega patólogo colombiano que por su simpatía y capacidad para relatar historias verídicas pero chistosas era un personaje maravilloso, pero de cuyo nombre no lograba acordarme, recordaba a su hija, igualmente una buena patóloga. Hasta enterarme hace ya más de un año que Raúl Sánchez vivía (yo suponía ya había fenecido) y recuerdo que le diría a Goyo Orta, de cuanto recordaba yo un encuentro que revivía en un sótano del Museo del Prado en Madrid, allí surgió de la nada Raúl con su risa contagiosa. Qué lástima no haberlo antes sabido pues estuve con Julia, anclados en Bogotá más de 15 días en 2024, para renovar la visa americana, donde no logré contactar a Gerzaín Rodríguez, mi muy recordado colega del hermano país, aunque afortunadamente me enteraría de que todavía vivía y estaba ejerciendo en Bogotá… Hubiésemos podido visitar a Raúl, le dije a Goyo cuando afortunadamente nuestro gran amigo el poeta Víctor Vielma nos alegró aquellos días en Colombia.

Hoy, no puedo decir lo mismo; el recuerdo de la bonhomía de Gerzaín permanece inalterable, y así esta noche, estaba pensando en mi amigo, y pude regresar memorizando conversaciones telefónicas, y recordé a Goyo con quien compartiría  el susto de mi diagnosticado melanoma y sobre tantos “casos de inmuno” conversados con Hilda a quien recuerdo le dejé con Gregorio mis saludos, allá lejos en el oriente del país y pude rememorar aquel trio que Hilda completaba con Zayda y Eugenia, todas patólogas crecidas en “el Vargas”, la escuela natural donde se forjaría lo que iba a ser el IAP de la UCV, donde pase todo aquel año 75 ejerciendo como neuropatólogo y al final me pasaría al IAP de la UCV que con los años sería designado Centro Nacional de Referencia en Anatomía Patológica cuando soñábamos aspirando darle ayuda a los Servicios de la especialidad del país, para terminar verlo ahora transformado en un cascarón semivacío, aunque sus paredes estén recién pintadas.

Como es comprensible, en mis pensamientos también y muy especialmente rememoré a mi maestro JoséÁngel, pues tras su partida, tan solo su viuda Claudia y yo, aparecemos casi como, los últimos sobrevivientes de la lamentable desaparición del IAP, de la UCV, aunque estén recién pintados sus muros… El desastre del país bajo el “socialismo del siglo XXI”, recién sella su impronta con la catástrofe de los edificios desplomados por los terremotos que nos convierte en observadores atónitos ante la debacle a lo ancho y largo del país-nacional desde el inicio de este siglo; un corolario de tristes consecuencias de muerte y dolor para miles de familias venezolanas cuando durante los últimos 27 años, le entregaron una nación otrora soberana, rica y poderosa, a una isla caribeña por razones dizque ideológicas, que ahora evidentemente ante los hechos, al fin todos entienden que eran otro cosa…

Sé que me he desviado de lo que debería ser un homenaje a la amistad de un gran amigo, Gerzaín Rodríguez Toro, quizás es por la terrible carga emotiva de esta tragedia que vivimos… Confío y espero que los lectores de este blog, por ello  entiendan y sepan excusarme.

En Maracaibo, el jueves 23 de julio del año 2026

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