El doctor Gerzaín Rodriguez Toro, Profesor
Titular y Maestro Universitario, fue un referente de la patología colombiana e
investigador ejemplar, formando a diferentes generaciones con ciencia, ética y
humanidad. Gerzain fue un médico cirujano de la Universidad Nacional de Colombia, con
estudios de posgrado en patología y microscopía electrónica de North Western University y del Instituto Mexicano del Seguro Social.
En su vida profesional hizo aportes valiosos a la ciencia desde su posición
como jefe del Grupo de Patología del @insaludcolombia, integrante del Comité Científico
de la revista Biomedica
desde 1991, al igual que docente e
investigador de la Universidad Nacional
de Colombia, la Universidad de La
Sabana y el Centro Dermatológico
Federico Lleras Acosta.
Honramos su legado académico que abarca más de un centenar de
publicaciones científicas nacionales e internacionales. Hoy después de repasar
su nombre en mi memoria esta noche estaba recordándolo y me he enterado de esta
triste noticia. Gerzaín Rodriguez Toro, mi buen amigo, fallecería en septiembre
del año pasado 2025 en Bogotá.
A
Gerzaín Rodríguez Toro lo había invitado a participar en el Primer
Simposio Venezolano de Patología Ultraestructural, en Maracaibo. ¡Muchos
años atrás! Fue en el mes de abril del
año 1971; el año de la
visita de Fernández Moran al laboratorio de microscopia electrónica (ME) del
Sanatorio del Dr Iturbe, el año del Primer
Simposio Venezolano de Patología Ultraestructural que organizáramos en el
hotel del Lago en el mes de abril y ese mismo año 1971, en noviembre se dio el
Congreso de la Sociedad Latinoamericana de Patología en el hotel del Lago
cuando, con JT Nuñez Montiel decidimos usar el ME para investigar el cuello
uterino de sus pacientes. De allí nacería la historia del VPH relatada en 1973…
A Gerzaín lo había invitado al Simposio para que nos hablara
de su trabajo sobre los virus usando el ME y mi amigo colombiano, si, llegaba de
“el hermano país” que es de donde él era el número uno en la
ultraestructura de las enfermedades virales. Existe la foto de Gerzaín, un
joven de pelambre hirsuta, quien, en 1971, aparece entre los maestros doctores
Franz Wenger y Rui Pérez Tamayo (ver).
Como
dice aquel bolero, “pasaron desde aquel
ayer, ya tantos años”, hasta que sería en el año 1995, cuando me invitaron a un Curso Internacional de
Microscopía Electrónica en Santa Fe de Bogotá, donde no reconocía a un
señor calvo quien intervenía para hacer un sin fin de acertadas preguntas, y
quien resultó ser: ¡el propio Gerzaín! Poco tiempo después, casi al año
siguiente, yo lo invité a Caracas y nos dio un par de conferencias en nuestro
Instituto, el IAP de la UCV. Fue en
aquella ocasión, cuando juntos cantamos el corrido de Juan Charrasqueado en una
casa en San Antonio de Los Altos y consolidamos nuestra amistad. Nuevamente,
han pasado desde aquel ayer ya muchos años, pero por internet me había enterado
de que él estaba bien y siempre me contentaba saber que seguía siendo un gran
patólogo del hermano país.
Había hecho algunos intentos en “la
búsqueda de nombres perdidos”, ciertamente, aunque usualmente resultarían
infructuosos. Recordaba a menudo a otro colega patólogo colombiano que por su
simpatía y capacidad para relatar historias verídicas pero chistosas era un
personaje maravilloso, pero de cuyo nombre no lograba acordarme, recordaba a su
hija, igualmente una buena patóloga. Hasta enterarme hace ya más de un año que Raúl Sánchez vivía (yo suponía ya había
fenecido) y recuerdo que le diría a Goyo Orta, de cuanto recordaba yo un
encuentro que revivía en un sótano del Museo del Prado en Madrid, allí surgió
de la nada Raúl con su risa contagiosa. Qué lástima no haberlo antes sabido
pues estuve con Julia, anclados en Bogotá más de 15 días en 2024, para renovar
la visa americana, donde no logré contactar a Gerzaín Rodríguez, mi muy recordado colega del hermano país, aunque
afortunadamente me enteraría de que todavía vivía y estaba ejerciendo en Bogotá…
Hubiésemos podido visitar a Raúl, le dije a Goyo cuando afortunadamente nuestro
gran amigo el poeta Víctor Vielma nos alegró aquellos días en Colombia.
Hoy, no puedo decir lo mismo; el recuerdo de la
bonhomía de Gerzaín permanece
inalterable, y así esta noche, estaba pensando en mi amigo, y pude regresar memorizando conversaciones telefónicas, y
recordé a Goyo con quien compartiría el
susto de mi diagnosticado melanoma y sobre tantos “casos de inmuno” conversados
con Hilda a quien recuerdo le dejé con Gregorio mis saludos, allá lejos en el
oriente del país y pude rememorar aquel trio que Hilda completaba con Zayda y
Eugenia, todas patólogas crecidas en “el Vargas”, la escuela natural donde se
forjaría lo que iba a ser el IAP de la UCV, donde pase todo aquel año 75 ejerciendo como neuropatólogo y al
final me pasaría al IAP de la UCV
que con los años sería designado Centro Nacional de Referencia en Anatomía
Patológica cuando soñábamos aspirando darle ayuda a los Servicios de la
especialidad del país, para terminar verlo ahora transformado en un cascarón semivacío,
aunque sus paredes estén recién pintadas.
Como
es comprensible, en mis pensamientos también y muy especialmente rememoré a mi
maestro JoséÁngel, pues tras su partida, tan solo su viuda Claudia y yo,
aparecemos casi como, los últimos sobrevivientes de la lamentable desaparición
del IAP, de la UCV, aunque estén
recién pintados sus muros… El desastre del país bajo el “socialismo del siglo XXI”, recién sella su impronta con la
catástrofe de los edificios desplomados por los terremotos que nos convierte en
observadores atónitos ante la debacle a lo ancho y largo del país-nacional desde
el inicio de este siglo; un corolario de tristes consecuencias de muerte y
dolor para miles de familias venezolanas cuando durante los últimos 27 años, le
entregaron una nación otrora soberana, rica y poderosa, a una isla caribeña por
razones dizque ideológicas, que ahora evidentemente ante los hechos, al fin
todos entienden que eran otro cosa…
Sé
que me he desviado de lo que debería ser un homenaje a la amistad de un gran
amigo, Gerzaín Rodríguez Toro, quizás es por la terrible carga emotiva de esta
tragedia que vivimos… Confío y espero que los lectores de este blog, por ello entiendan y sepan excusarme.
En Maracaibo, el jueves 23 de
julio del año 2026
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